Psicologia de la conducta jose bleger



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3. Encuadre genético



Se refiere al estudio de los fenómenos en función de su origen; implica i supuesto de que todo fenómeno u objeto tiene un origen último o rimero, que es posible detectar o situar, y antes del cual no existía en bsoluto. La tradición religiosa de tal enfoque es muy evidente, en el senti­do que supone que cada existente tiene un origen propio y exclusivo, negando la relación y transformación de todos los fenómenos. Para la con­cepción genética más ortodoxa, cada especie y cada fenómeno natural tiene un origen propio y exclusivo en el pasado, que se remonta a la creación divina.

Aplicado con dicho rigor, el encuadre genético es, en la actualidad, insostenible, porque sabemos que no hay tal origen primero o absoluto, sino que, en la interrelación de todos los fenómenos, determinados momentos históricos pueden ser tomados como puntos de partida —gené­ticos-, pero en forma relativa y no absoluta; es decir, en el decurso del tiempo algún momento aparece como más significativo o decisivo. El estu­dio genético de la locomoción —por ejemplo— puede ser referido al momento en que el niño adopta la posición erecta, tanto como al momen­to en que gatea o a los movimientos de la vida intrauterina.

El encuadre genético, rigurosamente sostenido, corresponde a una actitud predominante en el campo científico durante el siglo XIX, en la cual lo más importante era indagar el punto inicial de cada objeto, especie, institución social (estado, familia, propiedad, etcétera), y tiene estrecha vinculación con el enfoque metafísico que considera todos los fenómenos como aislados y cada uno con su iniciación y decurso propio e individual, estableciéndose a posteriori las relaciones entre ellos.

Nosotros lo separamos del encuadre histórico, porque este último puede ser utilizado independientemente del genético, aunque con gran fre­cuencia no se hace diferencia entre ambos y se habla —como en el caso del psicoanálisis- de un método histórico-genético, en el que lo genético implica indagar no sólo el origen de un fenómeno, sino también la conti­nuidad del mismo. Algunos psicoanalistas, como Hartmann y Kris, adoptan también el criterio de la conveniencia de separar y fijar su autonomía. Estos autores caracterizan el encuadre genético diciendo que "describe cómo una condición sometida a observación se ha originado del pasado individual y desarrollado a través del tiempo", y agregan que la genética describe cómo en una situación pasada fue adoptada una solución especí­fica, por qué ésta fue retenida como pauta de conducta, y qué relación existe entre esta solución y el desarrollo posterior.

D. Rapaport, en un estudio superpone el encuadre genético con el



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evolutivo y le da el sentido de epigénesis, es decir, que las cualidades psj. cológicas no existen preformadas ni tienen un punto de origen absoluto sino que se constituyen gradualmente en el curso del desarrollo. En un' artículo en colaboración con M.M. Gilí, estos autores definen el punto de vista genético como "la exigencia de que toda explicación psicoanalítiCa de todo fenómeno psicológico incluya proposiciones relativas a su origen y desarrollo psicológico".

Freud no incluyó el encuadre genético en su metapsicología, ni 10 definió expresamente, pero en uno de sus artículos del año 1913 dice que el psicoanálisis "consiste en la reducción de un producto psíquico a otros que le han precedido en el tiempo y de los cuales se ha desarrollado". Él método pácoanalítico no conseguiría suprimir un solo síntoma patoló­gico si no investigara su génesis y su desarrollo, y de este modo el psicoaná­lisis hubo de orientarse desde un principio hacia la investigación de procesos evolutivos. Así, descubrió primero la génesis de los síntomas neuróticos y, en su ulterior progreso, hubo de ampliar su radio de acción a qtros productos psíquicos y realizar con ellos la labor de una psicología genética.



Para Piaget, la genética implica que todo fenómeno tiene que ser estu­diado desde el ángulo de su desarrollo en el tiempo, es decir, como un proceso continuo en el que no se puede jamás fijar ni el comienzo ni el fin.

El encuadre genético es, entonces, un encuadre histórico, pero que tiende al estudio del origen relativo de un fenómeno y su desarrollo en el curso del tiempo, con lo cual se superpone, en parte, con el encuadre evolutivo y también con el dinámico tal como lo estudiaremos más adelante; asimismo ocurre esta superposición en el creador del término "psicología genética", J. M. Baldwin. Lo más característico del encuadre genético es la referencia a la investigación del origen. Su importancia pri­mordial se pone de relieve en el encuadre de la continuidad genética.



4. Encuadre evolutivo

Es un encuadre histórico, de tal manera que con frecuencia se habla de histórico-evolutivo, pero que por su importancia se considera por separado; abarca en forma unitaria todos los fenómenos y .todos los campos cientí­ficos, y toma gran incremento a partir de los estudios, fundamentalmente, de Darwin en biología, Spencer en psicología y H. Jackson en neurología-Postula que el desarrollo de un fenómeno no es uniformemente con­tinuo, sino que presenta discontinuidades o saltos, que son el resultado de la acumulación crítica de cambios graduales y permanentes, de tal manera

ue todo el fenómeno puede ser estudiado en función de niveles evoluti-y de grados de variación dentro de éstos. El encuadre evolutivo puede aplicado tanto a una conducta (el lenguaje, por ejemplo), como a un . jjviduo como totalidad, a una especie, a todas las especies, a todos los fenómenos vivos, a todo lo existente, relacionando los fenómenos inorgáni­cos y l°s orgánicos; constituye una verdadera teoría general, muy vasta y fflUy amplia, cuyas características presentaremos sucintamente.

El encuadre evolutivo sostiene que los fenómenos complejos se han desarrollado a partir de fenómenos extremadamente simples, pasando progresivamente por niveles. Cada nivel ulterior es más complejo, más orga­nizado, más integrado, más lábil o inestable, más diferenciado, más hete­rogéneo y especializado. Los niveles superiores de integración superan pero contienen a todos los anteriores, de tal manera que estos últimos no quedan totalmente abolidos. Cada nivel superior de integración presenta nuevas cualidades o propiedades, que no estaban presentes en los ante­riores.

Los distintos niveles de integración al ser estudiados en el desarrollo de un individuo, de una especie, reciben el nombre de ontogénesis, mien­tras que el estudio del desarrollo de las distintas especies como correspon­dientes a distintos niveles evolutivos de integración recibe el nombre de filogénesis. La ontogénesis reproduce la filogénesis: es el postulado o prin­cipio de Serres, popularizado por Haeckel como ley biogenética, y a la que Perrier llamó ley de patrogonía.

Históricamente, la teoría evolutiva fue, en el pasado, justamente todo lo contrario de lo que significa en la actualidad: afirmaba la antigua teoría de la preformación, con un contenido opuesto al de la teoría de la epigé­nesis, desarrollando el supuesto de que todo fenómeno preexiste ya, total o completamente formado, en el germen del cual procede; la evolución, aquí, no hace sino "des-envolver" lo que estaba "en-vuelto", pero no hay verdadera creación de cualidades o fenómenos nuevos y originales.

Estudiando el concepto de evolución en su acepción amplia, Bidney enumera tres principios relacionados entre sí, que han sido formulados en el curso del tiempo:


  1. Principio de los niveles: postula que todos los existentes pueden ser graduados en una escala de acuerdo con su grado de perfección.

  2. Principio de continuidad: formulado por Kant, establece la existen-0,3 de una transición entre todas las especies, por un gradual incremento de la diversidad.

  3. Principio de plenitud: postula un máximo de diversidad en los 'enómenos de la naturaleza.

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Cuando se combinan a) y b), se arriba a la noción de un "continuum jerárquico", esto es, niveles en los que los fenómenos constituyen series que difieren en grado pero no en calidad. Los principios b) y c) no están necesariamente co-implicados; a) y c) son compatibles con una metafísica estática, en la que el tiempo es secundario, tanto como con una cosmo-logia dinámica. Por otra parte, la temporalización de la cadena biológica es compatible con la idea de especies fijas.

Es entonces cuando se combina el principio del "continuum jerár­quico" (a y b) con la hipótesis de un proceso temporal natural, cuando se formula el principio evolucionista de la transformación de las especies.

Si se postula la existencia de niveles que son independientes y que no tienen nada de común entre sí, se llega a la teoría de la evolución emergen­te, formulada por G.H. Lewes y C.L. Morgan y sustentada por Alexander McDougall; se caracteriza por el hecho de que cada uno de los niveles sale (emerge) del otro, sin que sea una producción en el sentido de una relación de causa a efecto. El evolucionismo emergente recibe, por otra parte, el impulso de la concepción bergsoniana de la "evolución creadora". Para Piaget, la teoría de la emergencia tiene una relación inmediata y directa no sólo con la teoría de la forma sino, además, con la filosofía fenómeno-lógica, en la cual la emergencia se da por una reestructuración del campo total, como si el apelar a la Gestalt fuese en realidad una verdadera solución.

La conducta está también sometida a este proceso de integración por niveles progresivos, en los cuales se va haciendo más diferenciada, discri­minada e integrada, y este proceso puede ser seguido tanto sobre el plano psicológico, como sobre los niveles neurológicos. Al igual que la conducta, todas las funciones tanto como la personalidad total tienen la misma inte­gración, desarrollo y organización por niveles.

No sólo la progresión se hace con una sistemática organización de niveles; la desorganización tampoco se hace en forma caótica, sino por una regresión a un nivel anterior ya superado. Esto ha permitido estudiar sis­temáticamente las enfermedades y trastornos de la conducta (tanto como las afecciones neurológicas) como una regresión o reactivación de niveles anteriores, que fueron normales en el curso del desarrollo, es decir, que la enfermedad o los trastornos de conducta no se hacen al azar, sino siguien­do una cierta sistemática.

El nivel inmediato anterior no debe emplearse como explicación causal de la organización del nivel evolutivo que lo continúa, porque la evolución no es por sí misma una fuerza que origine el desarrollo; la expli­cación total de los fenómenos de un nivel dado, por la organización del nivel inmediato anterior, constituye lo que se llama el "reduccionismo", que por cierto no ha escaseado en el caso de la psicología, anunciándose asi


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su total anulación, por el hecho de que los fenómenos psicológicos asien­tan sobre un nivel neurológico; pero al proceder así, se anulan cualidades ue son específicas del nivel psicológico de integración.

Ni la evolución ni la regresión explican la génesis o la causa de una conducta o de un síntoma; sólo nos proveen de las líneas directrices en las cuales los fenómenos ocurren, y si -como en el caso de la enfermedad o del síntoma- ellos constituyen reactivación de niveles de integración supe­rados y, por lo tanto, pueden ser considerados como conductas arcaicas, es únicamente la situación presente la que confiere la motivación y el signifi­cado de la aparición de esas conductas arcaicas. En el campo de la psico-patología, en lugar de la ley biogenética fundamental de Haeckel, se presenta la llamada teoría de la recapitulación, según la cual "la enferme­dad mental es la repetición de una vida orgánica especial y propia de perío­dos más inferiores de la evolución natural". (Carus.)

En el encuadre evolutivo en psicología se tiene que enfrentar funda­mentalmente dos problemas básicos: uno, el de determinar la estructura de las diversas fases del desarrollo, y otro, el de establecer la ordenación gené­tica de las mismas.

El encuadre evolutivo facilita o posibilita estudios comparativos entre la organización psicológica del niño, del hombre primitivo, de ciertos ani­males más evolucionados, así como de distintos estados anormales. La regresión no es siempre patológica, sino que hay una oscilación funcional entre distintos grados de organización de un fenómeno dado: tal es el caso del dormir, del sueño, de la fantasía. De la misma manera, hay que consi­derar que no siempre todos los aspectos de la personalidad se desarrollan en el mism^ grado de organización, sino que puede haber desigualdades notables, por ejemplo, entre un alto grado de desarrollo de la vida intelec­tual y un alto grado de infantilismo o inmadurez afectiva.



5. Encuadre situacional

Llamado también a-histórico o sistemático por K. Lewin, postula que un fenómeno es la resultante de un campo presente, es decir, de la totali­dad de factores coexistentes y mutuamente dependientes en un momento dado. Si un fenómeno tiene lugar en un momento dado, las causas del mis­mo están presentes en ese momento.

Un campo, definido de esa manera, es en realidad un corte transver­sal e hipotético de una situación dada; es decir, es un momento de un pro­ceso, de tal manera que el estudio pleno se logra cuando se reconstruye el proceso a partir de los momentos sucesivos. Aislar el campo (el momento)

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del proceso total conduce a contraponer artificial y estáticamente el pa. sado con el presente, el encuadre situacional con el histórico, genético y evolutivo. Seguramente que, por reacción contra los abusos del historiéis-mo, el encuadre situacional se utiliza contra el histórico-genético, pero ambos están tan en oposición y tan en relación como lo está el presente con el pasado. La totalidad de un fenómeno sólo puede ser abarcada en la conjunción de ambos encuadres, en una interacción dialéctica en que el presente se transforma permanentemente en pasado y éste a su vez vive y opera en el presente; pero el encuadre situacional introduce un orden metodológico de suma importancia en cuanto enfatiza el estudio de lo que está sucediendo ahora, aquí, es decir, en el momento y el lugar presentes. La conducta es un proceso que debe, por lo tanto, ser estudiado en función del tiempo, es decir, en función de la dialéctica pasado-presente. El encuadre situacional no excluye la importancia de la historia ni de la prospectiva, las considera permanentemente activas en el campo actual, y sólo en esas condiciones son factores que intervienen en la producción de la conducta. El pasado se actualiza en función del presente y se integra con él; este último implica un momento o una organización dada de la historia, porque desde el punto de vista psicológico el pasado no es uno solo, sino que, según las condiciones vigentes, se actualiza un segmento del mismo o se organiza de una manera dada. No hay ninguna situación sin historia, pero las experiencias pasadas que integran el campo presente dependen de la organización de este "aquí-ahora". De la misma manera ocurre cuando cada generación "reescribe" o reinterpreta la historia, actualizando los fac­tores de la misma que se reactivan en una estructura social dada.



La investigación de la conducta exige una descripción correcta y pro­funda de la situación total de la que emerge; la omisión de esta exigencia da origen al abstraccionismo y las generalizaciones equívocas, porque cuanto más abstractas las conductas, más eternas resultan las categorías y más estáticas las esencias.

El encuadre situacional ha abierto, o ampliado, la posibilidad de la investigación en psicología en condiciones experimentales. No es posible aplicar el método experimental a los acontecimientos históricos; esto sólo es posible cuando podemos manejar variables presentes y actuales, posibi­lidad que se ha abierto con el empleo sistemático del encuadre situacional. Se ha convertido en el instrumento con el cual, por ejemplo, la sesión psi-coanalítica puede ser utilizada como una situación experimental de indaga­ción.

La introducción del encuadre situacional en el trabajo psicoanalitico nos ha llevado, personalmente, a diagnosticar algunas contradicciones actuales entre teoría y práctica, una de las cuales consiste en que, mientras



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• psicoanálisis formula sus teorías en el encuadre histórico-genético, su técnica de trabajo y de investigación (sistemáticamente en la transferencia) un empleo consecuente del encuadre situacional: toda conducta del naciente es un emergente de la situación total, del campo configurado "aquí y ahora", y todos los elementos históricos que aparecen no son tomados en sí, sino como elementos de reactivación o de actualización a partir del campo presente. La conducta que se repite (transferencia!) está siempre integrando una estructura presente, originaria y original de este "aquí y ahora"; este repetir una conducta tiene la misma validez que el recordar: son regresiones al pasado, pero son conductas presentes con causas presentes, que deben ser estudiadas como tales.

El encuadre situacional no implica siempre el establecimiento de la causalidad de la conducta que se estudia, porque lo que se recuerda puede ser significativo (puede aludir) a condiciones presentes, que no pueden ser captadas y explicitadas como tales.

6. Encuadre prospectivo

No ha tenido una profundización específica en la psicología moderna, en concordancia con la tradición filosófica que desde muy antiguo trae esta concepción, pero de todas maneras se halla involucrada, implicada o admitida en cierta medida en algunos desarrollos de la investigación.

La teleología afirma, fundamentalmente, la existencia y la importan­cia de las causas finales en oposición a la causalidad mecanicista; y esta oposición se ha visto indudablemente favorecida por la estrechez concep­tual del mecanicismo. En la actualidad no se acepta la existencia indepen­diente y opuesta de un determinismo causal y un determinismo teleoló-gico, ya que este último se resuelve en la dialéctica del primero.



Para la conducta tiene especial importancia la teleología, porque la afirmación de la existencia de una finalidad y un sentido en los fenómenos orgánicos y psicológicos ha sido siempre considerada como una posición metafísica y anticientífica, por ser anticausalista. Felizmente esta estrechez ha sido superada y podemos admitir que la conducta se orienta hacia algo, una finalidad y un objeto, sin que tengamos que recurrir a.potencias ni entidades extrañas a los fenómenos mismos. En el campo de la conducta está contenido tanto el presente como el pasado y las tendencias hacia un futuro, hacia un objetivo o una finalidad; pero esta tendencia hacia el futu­ro está incluida como elemento presente, en el campo actual (en cuyo condicionamiento interviene), y no como elemento aislado, superpuesto, que actúa por sí, como causa final. Es decir, que el futuro no es causa de

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por sí, sino que interactúa en el campo presente y a su vez emergente del mismo. Siguiendo un término de L.K. Frank, K. Lewin llama "perspectiva temporal" a esta inclusión del pasado y del futuro en el campo psicológico

Nos parece preferible hablar de un encuadre prospectivo, que tiene sobre el término teleología la ventaja de eludir una aclaración filosófica que debiera repetirse insistentemente; se trata de describir un fenómeno v un encuadre y no de filiarse en la teleología o en la teleofobia.



Adler, en su Psicología individual, dio un lugar de preeminencia a la meta que cada individuo tiene en la vida, es decir, los objetivos que cada uno se propone alcanzar. Esta meta interviene en forma muy predomi­nante en la configuración de la conducta presente, como una especie de ficción conductora o impulsora. Esto hace que el individuo utilice un tipo de "técnica" que es peculiar, y con la cual tiende a obtener los objetivos que le compensen las inferioridades que el sujeto trae desde la infancia; estas "técnicas" son las que Adler llamó el "estilo de vida".

Adler rechaza todo criterio explicativo de carácter causalista, para ubicarse decididamente en una teleología o determinismo finalista y, para él, toda la conducta del ser humano —normal y patológica— sólo puede entenderse en función de los objetivos que con ella se persiguen.



Aunque no en la forma exclusiva en que lo plantea Adler, la dirección que él estudió fue incorporada por Dembo, especialmente en la psicología social, como un factor importante de la conducta del ser humano, con la denominación de "nivel de aspiración". Se describe con ello la tendencia del ser humano a lograr continuamente una superación de lo ya logrado, y este propósito es una determinante de importancia de la conducta, con lo que se tiende a crear nuevos campos de intereses, de inestabilidad y de ten­sión. El nivel de aspiración incluye el conjunto de expectativas que el suje­to tiene, y en función de ello incrementa su lucha o se siente más frustrado en la medida en que no lo satisface. O, aun satisfaciéndolo, se renueva sobre un nuevo y más alto nivel. Este factor prospectivo tiene un alto con­dicionamiento cultural, tanto en sus cualidades como en su intensidad.*

De todas maneras, como factor prospectivo es un elemento actual que integra el campo presente en el que se desarrolla la conducta. Y en reali­dad, toda teleología se resuelve, en última instancia, en la causalidad.

* Aquí debe recordarse el concepto de "proyecto" desarrollado por Sartre y anteriormente por Heidegger. Algunos aspectos de este capítulo son tratados más de­talladamente en uno de los capítulos del Apéndice de este libro.



7. Con tin uidad genética

ES el encuadre que, en la actualidad, se presta mejor para el estudio detallado y para la investigación de la conducta como proceso; no se trata realidad de un encuadre totalmente nuevo, sino de una integración o sistematización dialéctica de todos los anteriores. En la continuidad gené­tica se estudia la estructura de campos psicológicos sucesivos, de tal manera que, además del estudio de cada campo como memento en sí, se estudia el desarrollo progresivo de la estructura de cada campo a partir del anterior. De esta manera establecemos un nexo gradual entre el presente y el pasado tanto como con el futuro psicológico.

La continuidad genética abre grandes posibilidades en la investigación en psicología, algunas de las cuales ya se han llevado a la práctica, tanto en psicoanálisis como en la investigación topológjca, especialmente.





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Podemos decir, sucintamente, que en los encuadres relativos al tiem. po, las contradicciones, incompatibilidades y exclusiones se presentan s' se los considera metafísicamente, es decir, en forma aislada, y no dialéc-ticamente. Las mejores condiciones de interacción están cubiertas, en si máxima posibilidad actual, por el encuadre de la continuidad genética en el que se resuelven las antinomias estáticas en un proceso y que permite' trabajar y operar en psicología con un gran ajuste metodológico, por ser el encuadre que mejor integra las exigencias del método científico, sin qui­tar su especificidad a los fenómenos.



S. Isaacs da, en una de sus publicaciones de la que ahora presentamos un resumen, una exposición de lo que consideramos el método de estudio con el encuadre de la continuidad gene'tica, estableciendo un enlace muy íntimo entre los métodos de observación y la técnica analítica, a través de tres principios fundamentales: a) consideración de los detalles; b) observa­ción del contexto; c) estudio de la continuidad genética.

En lo que respecta al primero de ellos, coinciden las exigencias de la técnica analítica con las de la observación psicológica, en la necesidad de una observación precisa de detalles e indicios, cualquiera sea el tipo de fenómeno que se esté investigando. Ilustran este principio las investigacio­nes de Gesell, Shirley, Bayley, Winnicott, Middlemore, entre otros. Son muy importantes las modificaciones técnicas utilizadas en psicología para facilitar el examen, la observación y el registro minucioso de detalles de la conducta.

El principio de observar y registrar el contexto se refiere a la necesi­dad de observaciones precisas de detalle de "la totalidad del medio en que la misma (la conducta) se desarrolla, en sus aspectos social y emocional". Observar, cuando aparece una manifestación, quién está presente o ausente en ese momento, la relación del sujeto con las otras personas, la naturaleza o carácter de la situación, teniendo siempre en cuenta que lo que actúa no es nunca sólo un estímulo aislado, sino una situación total en la cual el estímulo es uno de sus integrantes. Ejemplos de este tipo de sistemática los halla S. Isaacs en los trabajos -entre otros- de Freud, Goodenough, Valentine, M.M. Lewis, L.D. Murphy. Todos ellos consideran los detalles precisos de la conducta en el contexto total.

El tercer principio, el de la continuidad genética, referido por J. Riviére en 1936, tiene igualmente suma importancia en los estudios psi­cológicos y psicoanalíticos; se refiere al hecho de que cualquier fenómeno se desarrolla gradualmente desde los anteriores, incluyendo en esto tanto la conducta como el contexto. Como lo subraya S. Isaacs, el principio de la continuidad genética "es un instrumento concreto de conocimiento". Nos impone no aceptar ningún hecho particular de la conducta o proceso

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mental como sui generis, ya hecho, o surgiendo bruscamente, sino consi­derarlo como parte de una serie evolutiva.

El conjunto de estos tres principios detallados por S. Isaacs consti­tuye Para nosotros> las características de una metodología estricta y detallada que transcurre en lo que hemos designado como el encuadre de la continuidad genética.

A todos estos elementos técnicos se agrega, en la técnica psicoanalí-tica el estudio especialmente llevado a cabo en la relación emocional del analizado con el analista, ya que ésta (la transferencia), se transforma en un instrumento fundamental para observar in situ la conducta, el contexto Y la continuidad genética de los mismos, de tal manera que no tenemos que depender de terceros en la recopilación de datos. Inclusive en la trans­ferencia quedan bajo observación directa manifestaciones y conductas pre­téritas, pero que se manifiestan "aquí y ahora", con la ventaja que pode­mos no sólo observarlas en detalle sino, además, observar el contexto y la continuidad genética. A todo esto se agrega la posibilidad de someter una verificación, casi experimental, las hipótesis o deducciones que inferimos en la investigación, introduciendo modificaciones (variables) y examinan­do las respuestas. Es decir, tenemos en un mismo encuadre la posibilidad de un estudio detallado del encuadre situacional, del prospectivo, del gené­tico, histórico y evolutivo, con lo cual ratificamos nuestra tesis de que todos estos encuadres separados, y las escuelas que los sustentan en forma exclusiva y excluyente, derivan del desmembramiento o la "elementariza-ción" de un solo proceso dialéctico, múltiple pero unitario; resulta algo parecido al caso en que con un objeto duro y brillante se forman dos "escuelas" opuestas: la de la "dureza" y la del "brillo". Por otra parte, al rehacer el proceso original en un solo encuadre, se enriquece cada una de sus fases en el tiempo, con las observaciones realizadas en otras fases, ven­taja que queda anulada en la separación de los encuadres en pasado, pre­sente y prospectivo, dado que algunos factores que no resulta posible discriminar u observar en contexto (situacional), se distinguen en la suce­sión genética, y viceversa, en forma recíproca y potenciada.



El encuadre de la continuidad genética, tanto como todos los encua­dres aislados que de él se derivan por "elementalización", pueden ser uti­lizados tanto para el estudio de una o todas las áreas de la conducta, para todos los ámbitos (psicosocial, sociodinámico o institucional), todos los niveles de integración y todos los campos (psicológico, de conciencia y geográfico).

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8. Encuadre dinámico

Asume gran importancia en la psicología contemporánea, cuyo adv nimiento y desarrollo posibilita hasta un punto tal que, para muchos ns-cología moderna es sinónimo de psicología dinámica. Se origina com reacción contra el encuadre estático de la psicología tradicional y, al surgir posibilita el desarrollo consecuente de todos los encuadres en el tiemnn' preparando además el terreno para el encuadre dramático. Se cuentan entre sus antecesores inmediatos, Bergson, Roustan, W. James, para quie­nes el fenómeno psicológico se caracteriza por ser una comente o un flujo en continuo movimiento. Decisivamente se impone con el advenimiento del psicoanálisis, pero no se superpone totalmente con él.

El término dinámica, utilizado en psicología, implica varios significa­dos, que es imprescindible distinguir y no superponer indiscriminadamen­te, para evitar errores y confusiones.

  1. Una primera acepción es aquella que utiliza la palabra dinámica como opuesta a estática y significa el estudio de la conducta como proce­so, en movimiento, en sus cambios y transformaciones. Este estudio de la conducta como proceso, y no como cosa, ha significado un adelanto muy importante en psicología, porque nos permite indagar las modificaciones y cambios del comportamiento, como fenómenos integrantes de un solo proceso unitario; nos permite, además, considerar la continuidad entre lo normal y lo patológico.

  2. Una segunda acepción es aquella que reserva el término dinámica para la reducción de todo fenómeno a las fuerzas que lo originan y condi­cionan. El término, tanto como esta acepción, derivan de la física mecani-cista, en la que el movimiento se considera siempre originado por fuerzas externas e independientes de los objetos que resultan movidos. El predece­sor más importante en este encuadre es Herbart y, más modernamente, podemos citar los estudios de P. Janet, Freud, K. Lewin. Incluimos aquí también, los desarrollos no sólo en función de fuerzas, sino también de energías y tendencias (Ribot, Hóffding, McDougall, Monakow, Jung, W. James).

Freud se ciñó estrictamente al esquema mecanicista y en el año 1926 define, en la Enciclopedia Británica, el punto de vista dinámico del psicoa­nálisis como un derivar "todos los procesos psíquicos —salvo la recepción de estímulos exteriores- de un interjuego de fuerzas que se estimulan o se inhiben mutuamente, que se combinan entre sí, que establecen transaccio­nes las unas con las otras, etcétera. Todas estas fuerzas tienen originalmen­te el carácter de instintos, o sea que son de origen orgánico". Es decir que,

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Freud, el proceso de la conducta es el resultado de un interjuego de J zas y estas fuerzas son s instintos. Aunque Freud mismo tenía con­cia del carácter relativo e hipotético de este esquema teórico, le fue ^'dudablemente muy útil en la investigación, y gracias a los descubrimien-



1 hechos con esta misma teoría dinámica de los instintos, estamos hoy en f ndiciones de reemplazarla. El mismo autor llamó a su teoría de los ins-

■ tos su mitología, porque los instintos se constituían en entidades reales . como divinidades mitológicas, tenían supeditado el destino de los

eres humanos. Freud reconoció, en un primer momento, los instintos

exuales y los instintos de conservación y, ulteriormente, distinguió entre el instinto de vida y el instinto de muerte.

Fenichel, discípulo de Freud, aunque no acepta el instinto de muerte, incorpora este concepto de dinámica, pero no lo distingue claramente de la acepción que hemos visto más arriba y dice que "la psicología psicoanalí-tica explica los fenómenos psíquicos como el resultado de la acción recí­proca y de la acción contraria de fuerzas, esto es, de una manera dinámica. Una explicación dinámica es al mismo tiempo genética, puesto que no sólo examina un fenómeno como tal, sino también las fuerzas que lo producen. No estudia actos aislados; estudia los fenómenos en términos de proceso, de desarrollo, de progresión o de regresión".

Nosotros creemos que es fundamental este distingo, porque en la psi­cología contemporánea se tiende a conservar la primera acepción y a aban­donar la segunda. Pareciera que, como seres humanos, tenemos una dificul­tad que sólo superamos muy gradualmente, y que se presenta sistemática­mente en la investigación científica, en todos los campos: observamos fenómenos concretos y teorizamos como si estuviésemos estudiando ente-lequias; sólo en un estadio posterior, y muy gradualmente, reducimos nues­tros esquemas teóricos a la realidad concreta. Actuamos como los niños que ven a sus padres dejar los juguetes durante la noche y siguen creyendo que son los reyes magos los que los han dejado, o bien como una persona que —por ejemplo— traduciendo al inglés un texto escrito en castellano, creyera por ello que el texto está escrito en inglés.

La concepción topológica de K. Lewin también es dinámica y recurre al concepto de fuerza, pero de manera distinta a Freud. Para este último, las fuerzas originan los fenómenos, mientras que para Lewin las fuerzas derivan de las interrelaciones que se establecen, en cada momento, entre los elementos coexistentes en cada campo, es decir, que no tienen existen­cia independiente ni autónoma; se acerca, de esta manera, a la concepción más actual y más rigurosamente científica que del concepto de fuerza se tiene en las ciencias naturales. Para diferenciarlos, llamaremos al utilizado por Janet y por Freud, encuadre dinámico causal, y al utilizado por K.



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Lewin, dinámico vectorial. En este último se incluye también Tolrnan representante del conductismo moderno, con su concepto de "pulsión"' c) Una tercera acepción de dinámica se refiere a todo estudio psicoló! gico que centra su estudio en las motivaciones de la conducta. Se compren-de fácilmente que si se sostiene que las motivaciones de la conducta están dadas por fuerzas, se borran las diferencias existentes entre la acepción dinámico-causal y la que estamos ahora presentando; pero conviene man­tener el distingo, porque esta diferencia es fundamental, ya que no siempre se superponen, y el estudio de las motivaciones concretas y reales de los seres humanos, diferenciadas netamente de las fuerzas consideradas como motivaciones, es lo que introduce un clivaje fundamental entre el encuadre dinámico y el dramático.

mico en la acepción "a"; puede ser dinámico en la acepción motivacional, «ero es totalmente excluyente del dinámico-casual, porque en este último , dramática queda totalmente postergada, excluida y reemplazada por las fuerzas que le dan, supuestamente, origen. Por otra parte, en la acepción dinámico-vectorial, la modalidad incorporada por K. Lewin, dramática y dinámica se complementan e integran.

9. Encuadre dramático

Significa realizar el estudio de la conducta en términos de experiencia, de acontecer o de suceso humano, es decir, dentro del mismo nivel de inte­gración en el que realmente ocurre; implica, por lo tanto, mantener la des­cripción y el estudio de la conducta en el nivel psicológico. Fue promo­vido por G. Politzer, y sus peculiaridades coinciden totalmente con las de la conducta en el nivel psicológico de integración.

Así como el concepto de conducta centra toda la psicología y ha sido, como fenómeno -de manera explícita o implícita, consciente o incons­ciente— el punto de partida de todas las escuelas psicológicas, así también el carácter dramático de la conducta es el punto de partida de todas las corrientes y de todos los encuadres en psicología; es el hecho común del cual derivan todas las teorías y todas las descripciones.



Después de muchos años de desarrollo científico de la psicología, nos volveremos a encontrar en el punto de partida: reconocer que los hechos son lo que son, y que deben ser estudiados como tales. Pero ahora el punto de partida es lúcido, no inconscientemente contenido. El encuadre dramá­tico implica la exigencia metodológica de emplear y conservar la descrip­ción psicológica, en todos los campos de la psicología, sin recurrir a una "reducción" neurológica, fisicoquímica o mitológica. Ahora los datos con los que tenemos que trabajar en psicología son los hechos psicológicos.

La continuidad genética puede ser tanto dinámica como dramática, de la misma manera como pueden serlo, aislada o individualmente, cada uno de los encuadres en el tiempo.



Las correlaciones entre dramática y dinámica son múltiples, y algunas totalmente excluyentes. Así tenemos que el encuadre dramático es dina-





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Encuadres para el estudio de la conducta \ 27




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