Psicologia de la conducta jose bleger



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Lo que se estudia y la forma de estudiarlo, en cuanto son forma y con­tenido en complicada relación, presentan entre sí distintos nexos que sur­gen de un complejo proceso, en el que ora es el contenido lo determinan­te, ora entra éste en contradicción con la forma. Con estas someras anti­cipaciones, que tienden solamente a señalar la complejidad del asunto, entraremos en el tema de los encuadres, subrayando que no estudiaremos aquí las implicaciones filosóficas de los mismos, sino sólo sus delimitacio­nes como instrumentos implícitos en toda indagación (espontánea, inge­nua, científica). Sostengo que, en el campo científico, lo que decide la vali­dez de un instrumento no es la filiación de la ideología que implica, sino su correcta ubicación en el proceso dialéctico de los fenómenos, con la cual de inmediato entra a enriquecer la dialéctica y a enriquecerse con ella, rectificando las implicaciones filosóficas erróneas que sustentaba y que lo

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José Elege,

sustentaban. Las distintas corrientes o escuelas psicológicas se ubican en encuadres unilaterales que ellas mismas aportan y que, por ser unilaterales desembocan o vienen provistos, ya, de errores y falsas implicaciones ideo! lógicas. La discusión de estas últimas cae en la esfera del filósofo, quien puede rebatirlas y anularlas, pero con ello se rebate la ideología y no el conocimiento o el instrumento científico que aportan, aun habiendo tra-bajado con supuestos falsos explícitos o implícitos. Todo instrumento y todo conocimiento debe ser científicamente verificado, comprendido y ubicado en el proceso dialéctico de la investigación y en el de los fenóme­nos que se estudian. Y ésta es la tarea del científico en la que jamás podrá ser reemplazado por el filósofo, así como tampoco podrá reemplazar a éste

La necesidad metodológica y lógica de los encuadres tiene una carac­terística fundamental, que es su ventaja y al mismo tiempo su defecto: utiliza un escaso número de variables (relaciones) y supone constantes las variables (relaciones) excluidas. Por ello, estos artificios de la investigación que en el momento presente todavía no pueden ser totalmente superados exigen una cuidadosa valoración de los resultados en la reubicación del fenómeno en su totalidad originaria y en la realidad de la cual, en cierta medida, se lo ha abstraído y simplificado. Al trabajar con ellos se irán logrando instrumentos cada vez más fieles, cosa que no ocurrirá mientras se haga únicamente una crítica filosófica y se espere, en forma latente, un genio salvador.

Los encuadres para el estudio de la conducta son muy numerosos y sólo nos ocuparemos aquí de los más importantes en la psicología contem­poránea, agrupados en dos tipos, según su ubicación en el tiempo y según el tipo de relato utilizado. Será considerada también la diferencia entre los encuadres en función del reposo o el movimiento de los fenómenos, así como los encuadres descriptivos y motivacionales. Otros encuadres impor­tantes, como el elementalista, totalista, conductista, "mentalista", serán incluidos en el desarrollo de otros capítulos.





encuadres para el estudio de la conducta i07

Estos distintos encuadres pueden, a su vez, ser relacionados con encua­tes elementalistas o totalistas, conductistas o "mentalistas". En forma •urna"3» so*° 'os relacionaremos entre sí, tanto como con las áreas de

onducta, los ámbitos (psicosocial, sociodinámico e institucional), los campos (de conciencia, psicológico y geográfico) y con los niveles de

ntegración (psicológico, sociológico, axiológico, biológico, físico-quí­mico)-

2. Encuadre histórico

Difícilmente se pueda valorar actualmente, en forma correcta, el pro­greso que ha significado para las ciencias la introducción del encuadre his­tórico, echando por tierra las concepciones estáticas, "fijistas", que supo­nían todo lo existente como invariable y como algo que había existido siempre y no podía seguir existiendo de otro modo que no fuera ése, inva­riable. Esto se refería o abarcaba todos los fenómenos, tanto de la natura­leza como la organización social, el régimen político, las leyes, etcétera. Sin ánimo de realizar un estudio, ni siquiera medianamente exhaustivo, del encuadre histórico, debemos sin embargo discriminar distintas acep­ciones del mismo, en lo que atañe específicamente al estudio de la con­ducta.

A) En forma bastante general y amplia se entiende por encuadre his­tórico la descripción, relato, recuerdo o reconstrucción, realizado en una seriación cronológica, de acontecimientos, conductas, circunstancias. En psicología, utilizado en esta acepción, se debe distinguir entre la historia o "las" historias que relata, recuerda o reconstruye el sujeto y la historia que realmente ha ocurrido, debiendo darse valor a ambas, tanto en sus coinci­dencias como en sus discrepancias y contradicciones. Se trata, en síntesis, en todos los casos, del estudio o indagación del curso de las conductas y/o acontecimientos (sea en el campo psicológico, de conciencia o geográfico y en sus relaciones).

El relato, descripción o recuerdo debe a su vez -para un estudio intenso- ser indagado en función de la situación presente en la cual se relata, describe o recuerda, y considerar estas manifestaciones como conductas actuales. Ampliaremos estas consideraciones al referirnos más adelante al encuadre situacional, pero desde ya es necesario aclarar que el relatar, describir o recordar la historia es reproducirla y revivir (en distin­tas áreas) los sucesos pasados, porque no se reproduce la historia sino como respuesta o emergente de una situación actual de la cual el sujeto es un integrante.



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B) El encuadre histórico es, sin embargo, mucho más que eso: indaga o deriva una lógica o una relación entre distintas conductas, fenómenos o acontecimientos, que se han sucedido en el curso del tiempo. Aquí debemos, todavía, reconocer tres formas de distinto valor:



  1. La que establece relaciones entre distintos momentos de la misma conducta (considerada en una sola área, o bien en sus distintas modali­dades sucesivas); tal es el caso cuando se estudia, por ejemplo, la locomo­ción, desde el nacimiento hasta el dominio de la posición erecta, o cuando se estudia la presentación sucesiva o alternante de la ansiedad, angustia y miedo, como modalidades de un solo tipo de reacción. El caso en que apa­rece en distintos ámbitos se da al estudiar, por ejemplo, un rasgo de carác­ter de un chico (psicosocial) en relación con la estructura de su familia (sociodinámico).

  2. La que establece relaciones o nexos entre distintas manifestaciones aparecidas en el curso del tiempo, sea en la misma o en .distintas áreas de conducta; en este caso ya no se estudia una conducta dada en función de sus cambios, sino que se establecen relaciones con otras conductas que la han sucedido o precedido. El nexo o la relación que se establece no es causal, sino el de ser manifestaciones de un solo proceso o de un mismo conflicto; es el caso del chico cuya tendencia y necesidad de romper cosas en su casa se relaciona con la aparición de dificultades escolares o, más tarde, de robos a los vecinos, cuando cede aquella primera conducta. La sucesión no establece una relación de causa a efecto, sino que son manifes­taciones, por ejemplo, del desamparo afectivo en su hogar. Esta acepción es la utilizada también en el caso que relaciona, por ejemplo, el temblor de un sujeto con la cefalea que lo reemplaza y posteriormente con la locuaci­dad, todas manifestaciones distintas de una misma situación conflictiva que el sujeto no puede resolver.

  3. La que establece relaciones y postula inferencias entre conductas que se repiten en el curso del tiempo, en la historia de un individuo, un grupo o una colectividad, sea en igual forma o igual en sus resultados. Es lo que Freud ha denominado la compulsión de repetición; el caso, por ejemplo, del individuo frustrado en reiterados noviazgos, rechazado por distintos profesores, y del chico aislado por sus hermanos y falto de protec­ción por parte de sus padres. El nexo no sólo está dado por una pauta de conducta que se reitera, sino por ser además él mismo agente en la estruc­turación de situaciones similares, y en promover conductas de rechazo en el prójimo o en las personas que quiere. La relación tampoco es, en este caso, de causa a efecto, sino que son todas conductas promovidas por un conflicto común estereotipado. No es tampoco el pasado que actúa como causa del presente, sino que las pautas de conducta del sujeto son también

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actuales, aunque estereotipadas, configurando campos presentes también iterativos.



C) Una tercera modalidad es el establecimiento de una relación, o un nexo causal o significativo, entre distintas conductas o acontecimientos de la vida del sujeto. Esta es una acepción actualmente predominante cuando se habla del encuadre histórico en forma genética, es decir, el derivar el presente del pasado, sea en forma significativa o causal. Y, en este último caso, se superpone con el encuadre dinámico motivacional, que estudiare­mos más adelante. En el ejemplo anterior, y según esta tercera modalidad, se daría como causa del rechazo que sufre el sujeto en sus noviazgos, el rechazo que sufrió históricamente en su hogar siendo niño, en lugar de considerar -como en el caso anterior— que ambos rechazos, en distintas edades, obedecen a otra causa. En este mismo ejemplo, el nexo de carácter significativo aparece cuando los sucesos históricos aclaran un suceso pre­sente, en la medida que adquieren sentido como un estilo de vida, o en cuanto se deduce un significado común a todos estos episodios de rechazo: el de buscar castigo, sin que esto sea no obstante la causa, sino a su vez expresión de una situación conflictiva.

El encuadre histórico ha sido y es el utilizado tradicionalmente por el método clínico y constituye una de las bases fundamentales en que se ha apoyado y construido el psicoanálisis; en él la historia es una explicación del presente por el pasado y, especialmente, del presente adulto por el pasado infantil. Freud no ha desestimado, en su teoría de las series comple­mentarias, otros factores causales, pero ha dado preferencia en su investi­gación a la historia infantil, no como una simple sucesión cronológica de conductas y acontecimientos, o una recopilación de hechos (crónica), sino con un nexo de sentido y causalidad. De esta manera, el psicoanálisis no sólo aporta, enfatiza y promueve la importancia del relato e indagación de lo acontecido -para la investigación y la terapia— sino que aporta una forma específica de comprender, de manejar dicho relato, es decir, una teoría histórica del presente tanto como una teoría de la historia indivi­dual, estableciendo determinadas relaciones causales entre acontecimientos de distinto orden y diferentes momentos de la vida; aunque ha prevalecido en el psicoanálisis el estudio de la historia individual (psicosocial), en la que una conducta actual se explica por conductas pretéritas del mismo individuo, dicho enfoque se amplía progresivamente con la historia total del grupo familiar tanto como en otros grupos e instituciones sociales (sociodinámico e institucional).

El conductismo también ha utilizado el encuadre histórico, al que


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Kantor llama la "biografía reaccional", es decir, la historia del comporta-miento del individuo.

K. Lewin considera que el haber enfatizado el pasado como causa de los fenómenos se debió al temor de caer en la "metafísica de la teleolo-gía"; para él, este énfasis del pasado es uno de los motivos del desarrollo del asociacionismo y su derivación en la repetición, por exclusión de la finalidad y la dirección del comportamiento, consideradas como teleolo­gías.

En rigor, y ello ocurre también en el psicoanálisis, el encuadre histó­rico es también un encuadre hístórico-genético, pero conviene examinarlos por separado y distinguir uno de otro; de igual manera el encuadre evolu­tivo es también histórico, pero por su importancia se lo estudia aparte.

Resumen del encuadre histórico y sus acepciones

A) Descripción, relato, recuerdo o reconstrucción de acontecimientos y/o conductas. Puede referirse a una sola o a todas las áreas de conducta, ámbitos de estu­dio (psicosocial, sociodinámico e institucional), o niveles de integración.



La importancia mayor de esta modalidad del encuadre histórico está dada por la discriminación entre campo geográfico, psicológico y de conciencia; pueden utilizarse todos o sólo uno de ellos. Otro hecho importante a considerar es el délas características del momento presente desde el cual se realiza la descripción, relato, recuerdo o reconstrucción.





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