Psicologia de la conducta jose bleger



Descargar 1.57 Mb.
Página1/20
Fecha de conversión03.12.2017
Tamaño1.57 Mb.
Vistas4029
Descargas1
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20

índice


PSICOLOGIA DE LA CONDUCTA
JOSE BLEGER


Prólogo 11

/ I. La psicología y el ser humano 13



  1. Enfoque de la psicología 13

  2. La psicología y su objeto de estudio 14

  3. El mito del hombre natural 16

  4. El hombre aislado 18

  5. El hombre abstracto 19

  6. Individuo-sociedad 19

  7. Innato-adquirido 20

  8. El ser humano 21 Bibliografía 22

* II. Conducta 23

  1. La conducta en psicología 23

  2. La conducta como fenómeno central en la psicología 26

  3. Unidad y pluralidad fenoménica de la conducta 28

  4. Coexistencia y preponderancia de las áreas de la conducta 31

  5. Ciencias de la conducta 31

  6. Áreas de la conducta y las "partes del alma" 32

  7. Predominio sucesivo o alternante de las áreas de la conducta 34

  8. Predominio estable de un área de la conducta 34

  9. Coincidencia y contradicción de las áreas de la conducta 35 Bibliografía 37

III. Situación y campo 39

  1. Conducta y situación 39

  2. Abstracción de la situación 41

  3. Campo de conducta 42

  4. Subestructuras del campo 43

  5. Coincidencia y disociación de campos 44

  6. Teorema de W. I. Thomas 49

  7. Otro papel de la disociación 51 Bibliografía 52

IV. Ámbito de la conducta 53

  1. Campo y ámbito 53

  2. División del ámbito 53

6

Indice

7

  1. El sentido como suceso humano

  2. Modalidades del sentido

  3. Sustancialización del sentido

  4. Significado no es relación causal

  5. Carácter subjetivo u objetivo del significado Bibliografía

X. Encuadres para el estudio de la conducta

  1. Los encuadres

  2. Encuadre histórico

  3. Encuadre genético

  4. Encuadre evolutivo

  5. Encuadre situacional

  6. Encuadre prospectivo

  7. Continuidad genética

  8. Encuadre dinámico

  9. Encuadre dramático Bibliografía

XI. Motivación de la conducta

  1. Determinismo de la conducta

  2. Tipos de causalidad

  3. Causalidad histórica y a-histórica

  4. Series complementarias

  5. Causalidad y niveles de integración

  6. Causalidad y ámbitos de la conducta

  7. Causalidad y campo de la conducta

  8. Motivación consciente e inconsciente

  9. Causalidad psicogenética y organogenética




  1. Sobredeterminación causal

  2. Los instintos

  3. Variables Bibliografía

' XII. Conflictos y conducta

  1. Conflictos

  2. Frustración y conflicto

  3. Tipología de los conflictos

  4. Ambivalencia y divalencia

  5. Conflictos de áreas y campos

  6. Objeto bueno y objeto malo 154


8

índice

  1. Ansiedad y conflicto 15 5

  2. Unidad genética de los conflictos 156

  3. Síntesis 157 Bibliografía 157

/. XIII. Conductas defensivas 159

  1. La defensa 159

  2. Proyección 160

  3. Introyección 162

  4. Regresión 163

  5. Desplazamiento 164

  6. Represión 164

  7. Conversión 165

  8. Aislamiento 165

  9. Inhibición 165




  1. Racionalización 166

  2. Formación reactiva 166

  3. Sublimación 166 Bibliografía 167

XIV. Estructura de la conducta 168

  1. Los "grados de libertad" o repertorio de conductas 168

  2. Estructura paranoide 171

  3. Estructura ansiosa 173

  4. Estructura depresiva 174

  5. Estructura evitativa 17 5

  6. Estructura ritualista 175

  7. Estructura esquizoide 176

  8. Estructura histérica 177

  9. Estructura hipomaníaca 177




  1. Estructura confusional 178

  2. Estructura accesional 178

  3. Estructura hipocondríaca 179

  4. Dinámica de las estructuras 179

  5. Estructuras y ritmos 181 Bibliografía 182

* XV. El problema metodológico en psicología 183

  1. La escisión metodológica 183

  2. Método comprensivo y explicativo 186

  3. Método subjetivo y objetivo 189

índice

  1. Método racional e irracional

  2. Método racional y método empírico

  3. La observación científica

  4. Esquema referencial

  5. Observación e introspección

9. Método experimental y método clínico
10. Síntesis

Bibliografía



XVI. Psicología y filosofía

1. Ciencia y filosofía




2. Materialismo e idealismo




3. Idealismo




4. Materialismo




5. Metafísica y dialéctica




6. Materialismo mecanicista 0 metafísico y

materialismo dialéctico




7. Monismo-dualismo




8. Psicología, idealismo y materialismo Bibliografía

XVII. El psicólogo y las escuelas de psicología

  1. El psicólogo

  2. Trabajo de campo

  3. ¿Cuántas psicologías?

  4. Conducta y escuelas

  5. La crisis de la psicología Bibliografía

XVIII. Conducta y personalidad

  1. Retorno al ser humano

  2. División de la personalidad

  1. El análisis formal de la conducta y la personalidad

  1. Constitución, temperamento y carácter

  2. Análisis cualitativo de la conducta

  3. Aprendizaje

7. Personalidad y cultura
Bibliografía

10

índice










Apéndice

Psicología y niveles de integración

Meta final ficticia y fantasía inconsciente.

Estudio comparativo



  1. Meta final ficticia

  2. Fantasía inconsciente

  3. Estudio comparativo Sinopsis

Bibliografía del apéndice Bibliografía general

247 247


259 259 265 269 277

279 281



En el abigarrado panorama de la psicología actual, coexiste en forma aislada y contrapuesta un numeroso conjunto de escuelas y subescuelas, de métodos y técnicas, de corrientes e ideologías. El con/unto ofrece la apariencia de una verdadera dispersión, sin orden, sin nexo, sin sentido, sin comunicación.



Este libro tiende a llenar, en cierta medida, esta falta de coherencia y unidad, presentando una especie de plano o proyecto de una psicología general de la conducta. Recoge, refleja o desarrolla la convicción de que las distintas escuelas o corrientes han aportado conocimientos fragmenta­rios de una única y misma totalidad, y que cuando cada una de ellas ha creído ver el todo en su segmento, han dado lugar a teorías erróneas, dis­torsionadas o exageradas. A pesar de este proceso (o gracias a él), cada escuela o corriente refleja parte de la realidad, que es necesario reencontrar y reubicar en la totalidad y unidad original; las distintas escuelas o corrien­tes han tomado estructuras o fragmentos distintos de un mismo proceso, pero la segmentación y el olvido del proceso y del contexto total y concre­to hicieron creer a cada una de ellas que captaba la totalidad en su seg­mento. De esta manera, la solución de muchos problemas reside únicamen­te en replantearlos.

A esta dispersión del objeto se agregan la fragmentación y dispersión del proceso mismo del conocimiento y la investigación en momentos que son aislados y a los que se constituye en métodos por sí.

Hay que volver a recuperar lo que las escuelas, los métodos y los cam­pos de ¡a psicología desmenuzaron y dispersaron, desarticularon y formali-

* En esta nueva edición de Psicología de la conducta -obra que se publicó por pri­mera vez en el año 1963- además de algunas notas aclaratorias, referencias y diagra­mas, se ha añadido un Apéndice formado por dos capítulos: uno de ellos amplía la consideración de algunos temas del texto y el otro, que trata sobre "Niveles de inte­gración", modifica lo desarrollado en el capítulo correspondiente del libro. Buenos Aires, 1968.



l¿ Prólogo

zaron Y esta tarea no es un eclecticismo que tiende a salvar contradiccio­nes, sino, todo lo contrario, acepta y enfrenta las contradicciones porque ellas pertenecen a la realidad de los fenómenos y a su respectivo movi­miento dialéctico. Gran parte de la tarea que incumbe realizar consiste en disolver falsas antítesis, transformando las antinomias irreductibles en lo que en realidad son: momentos de un solo proceso único. Las barreras entre las escuelas ya no son fijas y se derrumban. Este libro quiere contri­buir a ello, para que se pueda construir dentro de un encuadre filosófico y científico libre de divisiones y limites arbitrarios, estrictos y dogmáticos. No estoy totalmente seguro de haber podido eludir el peligro de oscilar entre una exposición sencilla o simplificada en algunos temas y la profundización en otros. Por supuesto que el propósito fundamental es el de repensar la psicología, como tarea fundamental del psicólogo. No se trata solamente de aprender o enseñar psicología; se trata de pensar psi­cológicamente. Aquí trato de aplicar mi convicción de que los libros no son para leerlos, sino para pensarlos.

Capítulo I La psicología y el ser humano

1. Enfoque de la psicología



Es muy difícil poder precisar en una definición escueta lo que es la psicología, tanto como lo es delimitar exactamente el objeto de cualquier ciencia. Las definiciones se incluyen siempre al comienzo de los libros y sólo se comprenden al final, cuando ya se tiene una perspectiva total de la materia. En un intento de resolver o eludir la estrechez de las defini­ciones, se ha dicho de otro campo científico (la sociología), que ella es lo que hacen los sociólogos. Si trasplantamos esta fórmula a la psicología, no adelantamos nada, porque además de constituir un truismo o una tautología, las disciplinas psicológicas no tienen todavía tan plenamente ganado un terreno, como actividad práctica u oficio, como lo tiene el sociólogo; en la sociología, según lo describieron distintos autores, la prác­tica precedió a la sistematización teórica y se inicia como una paraciencia, mientras que en la psicología la teoría y la especulación filosófica prece­dieron a la práctica y aun en gran medida, todavía ahora, la remplazan; como lo dice Boring, la psicología vino primero, los psicólogos vinieron más tarde.

La psicología llega muy tarde a estructurarse como campo científico. Como todas las ciencias, se separa muy gradualmente de la filosofía, aun­que conservando con ella muy estrechos lazos. El término psicología data del siglo XVI, pero aún en el siglo XVIII era muy raro su empleo; adop­tado por Kant, se difundió posteriormente. Comte no la incluyó de manera especial en su clasificación de las ciencias, y aún en la actualidad tiene que enfrentar muchas resistencias y desconfianzas; tanto la ideali­zación como el desprecio representan verdaderas trabas en su desarrollo.

El conocimiento científico incrementa nuestro poder real sobre las cosas, pero aminora y lesiona nuestra fantasía y nuestra omnipotencia mágica. Freud señaló que tres son los descubrimientos que más han lesio­nado nuestro narcisismo: el de que nuestro planeta no es el centro del universo, sino uno de los tantos, entre los que no ocupa ningún puesto de privilegio; en segundo lugar, el de que no somos los reyes de la creación,


14

José Bleger

la psicología y el ser humano

15



sino productos de la evolución de las especies animales; y en tercer lugar, en orden cronológico, el de que no somos seres íntegramente racionales, sino que buena parte de nuestra conducta es desconocida, en sus moti­vaciones, por nosotros mismos. El estudio de las cosas del cielo y de la tierra no se ha hecho sin esfuerzos ni sin ansiedades, pero éstos se poten­cian en el caso de estudiarse el ser humano a sí mismo. Por ello, las ciencias del hombre llegan tarde y se hallan aún en período formativo.

Las ciencias naturales han tenido, en su tiempo, que vencer también fuertes resistencias, similares a las que se presentan en la actualidad para el caso de las ciencias del hombre, especialmente la psicología y la socio­logía. Pero también esta resistencia es tanto mayor cuanto más se acerca e incluye al propio ser humano; la física y la química, como observa Fenichel, vencieron la resistencia antes que la biología, y ésta, antes que la anatomía y la fisiología. Estas, a su vez, antes que la psicología. No está muy lejano el tiempo en que al anatomista y al patólogo les estaba prohibida muy severamente la disección de los cadáveres. Seguramente que este desarrollo no tiene exclusivamente sus causas en la evolución de las resistencias psicológicas ni en un puro progreso en el dominio de las ideas, pero no es menos cierto que esta resistencia actúa en algunos momentos, en forma independiente y muy intensa. El desarrollo de la ciencia se halla muy vinculado al desarrollo de la sociedad humana y a la de sus necesidades técnicas o, en otros términos, a la necesidad de supervivencia de la especie. Hasta ahora, todo progreso científico ha propulsado los factores de cambio social que, por supuesto, entran en pugna con todas las fuerzas sociales que tienden a la preservación de una con­figuración social dada. De esta manera, los avances y retrocesos cientí­ficos y filosóficos se hallan ligados a complejos procesos históricos de intereses de clases en conflicto.

2. La psicología y su objeto de estudio

Ateniéndonos exclusivamente al hombre, y según todo lo que llevamos expuesto hasta aquí, podemos decir que la psicología estudia los seres humanos, pero que indudablemente con esto no queda confi­gurado ni delimitado con exactitud su campo de operación, porque muchas otras ciencias se ocupan del hombre y lo enfocan como objeto de estudio (historia, antropología, filosofía, sociología, etcétera).

Si, de acuerdo con esto, la psicología tiene un objeto de estudio en común con muchas otras disciplinas, la identidad de cada una de éstas y la respectiva delimitación de las mismas sólo puede hacerse a través

de dos caminos: considerar que cada una de ellas toma una parte del objeto para su estudio, o bien que cada una de ellas enfoca de una manera exclusiva y privativa el mismo fenómeno, enfoque exclusivo que corres­ponde a un grupo, clase o nivel de las cualidades del objeto. Creemos que __en términos generales- el primer criterio ha privado en la historia de la psicología, mientras que el segundo es el que desarrollaremos aquí y que no debe ser confundido con la posición que explica y admite solamente la existencia de "puntos de vista" distintos para el mismo suceso o cualidad.

Entre las disciplinas científicas, se puede reconocer un grupo que se caracteriza por tener un objeto propio de estudio, que le pertenece en tota­lidad: los seres vivos son estudiados por la biología y los astros por la astronomía; otro grupo recibe su denominación y se configura, o se confi­guró inicialmente, por el empleo de un instrumento de investigación: microbiología, espectroscopia, ultramicroscopía, etcétera. Otro grupo de ciencias estudia aspectos distintos de un mismo objeto: la química y la física estudian los mismos objetos, diferenciándose en la forma en que lo hacen, formas que se corresponden con dos aspectos o cualidades distin­tas, reales, del mismo objeto; una mesa, un músculo, pueden ser estudiados tanto por la física como por la química. Esto no pretende ser una clasifi­cación de las ciencias, sino un cuadro que nos sirva de orientación para ubicar la psicología. Además, las delimitaciones son válidas sólo en cierta medida, porque los fenómenos, en la realidad, se superponen, continúan o suceden.

Con respecto a la psicología, podemos decir que estudia los seres humanos, pero lo hace desde un ángulo o enfoque particular, que responde a la necesidad de atender determinado plano de su organización como seres vivos. La psicología no es la única que estudia al hombre y, por lo tanto, comparte su objeto con otras ciencias. Los intentos de hallar un objeto específico y privativo para cada ciencia tienen mucha relación con los supuestos metafísicos de estudiar entidades o sustancias, y estas falacias han conducido históricamente a la psicología a definir su objeto de estudio como el alma, la conciencia, la mente o el psiquismo, olvidando que éstas son entidades abstractas con las cuales sé reemplazan los fenómenos concretos. Con este tipo de definición, el objeto de estudio no queda clara­mente delimitado, sino que, por el contrario, se desemboca en una compli­cada mitología de la que aún no se han desembarazado del todo las modernas corrientes psicológicas. Estas definiciones estructuran una psico­logía verbalista, o bien se desarrolla una contradicción entre los fenómenos concretos estudiados y las respectivas formulaciones teóricas.

No hay tal cosa como alma, psique, mente o conciencia; hay sí, fenó-


16

José Bleger

la psicología y el ser humano

17



menos psicológicos o mentales, pero el atributo no debe ser transformado en sujeto ni en sustancia.

Por todo ello, nos parece importante partir de la afirmación de que la psicología estudia, o debe estudiar, seres humanos reales y concretos. Sabe­mos que el planteo de un problema implica un encuadre o limitación de las respuestas al mismo; ya Sócrates decía que el que responde a una pregunta no es el que la contesta, sino el que la formula. Si la psicología estudia al hombre, siempre se halla implícita en ella una determinada concepción del mismo. Inclusive dentro de la psicología que se define como el estudio de la mente o el alma, se halla incluida una concepción del hombre que éste tiene de sí mismo en un determinado momento histórico; porque estos supuestos no son meras especulaciones que surgen por sí mismas de una actitud totalmente contemplativa, sino que se hallan siempre vinculados a las características culturales, sociales, de cada época. Cada organización histórico-social tiene un tipo de imagen de sí misma.

Nos interesa partir de una concepción científica del hombre, a la cual ya ha contribuido la psicología misma, y -como núcleo fundamental-oponernos a algunas falacias, con las que históricamente se ha constituido la psicología tradicional, pero que subsisten en cierta medida aún en la psi­cología contemporánea.

3. El mito del hombre natural

Se postula, en este tipo de concepción, la existencia de un estado o esencia originaria del ser humano, que se ha corrompido o distorsionado por la influencia de la civilización; en pugna con lo socialmente adquirido, que constituye lo artificial, el estado natural del hombre es sustentado como lo genuino o ideal. De aquí se ha inferido en algunas oportunidades que el camino correcto es el de la "vuelta a la naturaleza", el retorno al estado originario, natural, desechando o apartando todo lo culturalmente adquirido y condicionado en el ser humano.

Es evidente, en esta hipótesis, la tradición religiosa de la misma, aunque ha sido sustentada por autores no religiosos. En la actualidad tiene un valor histórico, pero no es infrecuente encontrar que forma parte de la posición teórica o del esquema referencial de algunos desarrollos psicoló­gicos.



En este tipo de postulación se implica que el hombre natural es bueno, y tiene cualidades que se pierden o perturban por influencia de la organi­zación social; de tal manera se llegó a construir una imagen de este tipo ideal de ser humano, o a suponerlo existente en culturas o poblaciones de

organización primitiva. El desarrollo de la cultura da, así, un barniz super­ficial al ser humano, pero por debajo de éste se halla su naturaleza origina­ria, que de esta manera es inamovible y fija, y puede ser reencontrada o puesta nuevamente en primer término.

En este aspecto, sostuvieron posiciones similares autores tan diversos como Rousseau, Klages y Lessing; en el siglo diecisiete Hobbes, Spinoza y Lócke postulaban un "estado natural" anterior a la civilización, y ello implicaba considerar a esta última como artificial y convencional. Para Rousseau, las artes y las ciencias han producido una decadencia del ser primitivo, esencialmente bueno, que así se ha corrompido por la influencia cultural, apartándose de su relación directa y sana con la naturaleza y de su bondad originaria; la cultura es algo artificioso, y por ser antinatural provoca la decadencia del ser humano. Más modernamente, Klages sostuvo una oposición entre alma y espíritu; la primera se halla en relación directa e inmediata con la naturaleza, mientras que el espíritu es la esfera racional, la fuerza lógica que destruye progresivamente a la primera. Lessing desarro­lló también un "naturalismo" como la fuente auténtica de la vida, distor­sionada por la acción de los hombres.

En la teoría del "hombre natural" hay que reconocer, según lo establece correctamente Bidney, dos cosas diferentes: por un lado la supo­sición de un estado natural prehistórico originario, del cual ha emergido el hombre actual, y -en segundo lugar y por otra parte- un estado universal presente, por el cual el hombre en todos los lugares y en todos los tiempos es el mismo; no se trata, en este último caso, de una condición genética pretérita, sino de una condición universal del ser humano que subsiste como tal por debajo de las modificaciones culturales, que son así mera­mente superficiales.

Sabemos en la actualidad que no existe tal "hombre natural", y que esta teoría es la prolongación, en el campo científico, de una fantasía de carácter religioso, que supone al hombre engendrado en forma "pura" Por las manos de Dios, para luego sufrir una decadencia o "caída" en el pecado y la culpa. La teoría del hombre natural no es tampoco una postulación aislada, sino que integra o forma parte de toda una concepción que considera el mundo total como invariable y fijo, y que, además del hombre natural, postula una justicia natural, un derecho natural, etcétera. En otros términos, es parte de una ideología.

Las investigaciones antropológicas han demostrado, en forma incon­trovertible, que los individuos de culturas primitivas tampoco son seres naturales, y que su personalidad está funcionalmente correlacionada con la estructura total de su respectiva organización social, que tampoco es simple y sencilla, sino altamente compleja.


18

José Bleger

la psicología y el ser humano

19



Sabemos que el hombre es un producto histórico; transfórmala natu­raleza y, en ese proceso, crea la cultura y transforma su propia naturaleza. Con el hombre aparece una nueva manera de adaptarse: la de crear nuevas condiciones ambientales transformando el medio natural, y este proceso lo puede realizar, en parte, previendo los resultados y los objetivos. El hombre mismo es también producto de un desarrollo histórico y deviene una nueva naturaleza: la humana.

4. El hombre aislado

Es otro de los supuestos muy enraizados en nuestra cultura y, por lo tanto, en nuestras teorías científicas. Se supone que el ser humano es originaria y primitivamente —tanto como especie cuanto como individuo— un ser aislado, no social, que asimila con esfuerzo y gradualmente la nece­sidad de relacionarse con otros individuos; de esta manera, un problema que se planteaba a la psicología era el de investigar cómo los seres humanos entran en relación los unos con los otros y, para ello, se emitió la hipóte­sis -entre otras— de un instinto gregario o de una energía especial, la libido.

Esta abstracción está muy estrechamente relacionada con la anterior, la del hombre natural, y ambas pasan por alto el hecho de que el hombre sólo es tal en función de ser social y que, incluso, el alto grado de indivi­dualidad del cual es un reflejo este postulado, es también un producto social. En síntesis, se puede decir que aun este hombre aislado, que toma en cuenta con frecuencia la psicología, es también un producto social, y que esta teoría, llamada por algunos la teoría de los Robinson Crusoe, no tiene ningún fundamento valedero.



El problema viene justamente, en la actualidad, a plantearse en térmi­nos totalmente invertidos; ya no se trata de saber cómo individuos aislados devienen seres sociales, sino cómo de integrantes de una cultura y de seres eminentemente sociales, llegan a producirse o resultar hombres aislados. Inclusive, desde el punto de vista de su desarrollo biológico a partir de la vida intrauterina, el ser humano vive en una intensa y profunda compene­tración con la vida de otros seres humanos, en una- verdadera situación simbiótica, y la investigación recae en el complejo proceso de aculturación por el cual se pasa de esta condición indivisa, primitivamente no diferen­ciada, a la condición de individuo y persona.

5. El hombre abstracto



Es uno de los errores conceptuales y metodológicos más serios en que se incurre en el campo de la psicología, por derivación del error filosófico correspondiente. Consiste en estudiar al ser humano como determinado, aislado de las situaciones reales, históricas y presentes, en las que trans­curre su vida, se forma su personalidad y se establecen sus relaciones de todo tipo.

De esto resulta que cuanto más abstracto es el hombre que se estudia, más idénticas resultan todas sus características y más fijas, eternas e inmu­tables las categorías que se elaboran. La abstracción conduce tanto a la concepción del hombre aislado como a la del hombre natural, descartando las variantes sociales y culturales como agregados no sustanciales del ser humano, que se superponen e incluso subvierten una primitiva naturaleza.

Esto ha conducido a generalizaciones y conclusiones erróneas, a conceptos y nociones estériles, y a una mitología de entidades psicoló­gicas. Pero además, como lo expresa Foucault, "tratándose de los hombres, la abstracción no es solamente un error intelectual", porque trasciende como ideología no sólo al campo científico, sino también al campo políti­co y social, como instrumento de dominio y control.

Por lo contrario, la psicología moderna tiende a considerar todos los fenómenos psicológicos como derivados de determinadas relaciones e interacciones concretas del ser humano, como ser social, con las situacio­nes reales de su vida. Este es el aspecto que, aun con inconsecuencias y errores diversos, incorpora a la psicología el advenimiento de las distintas escuelas de los últimos cincuenta o sesenta años, y éste es el déficit más serio de la psicología tradicional. En esta última se estudia al hombre en general, la percepción y la memoria, por ejemplo, como entidades en sí, y no a este hombre que percibe o que recuerda, a esto que es percibido y recordado, en esta estructura social y económica, en este momento y en esta situación.

Este proceso de abstracción, realismo y formalismo de la psicología tradicional y el papel innovador de las corrientes psicológicas modernas han sido analizados en forma talentosa por Politzer, a cuyo libro remitimos al lector interesado.

6. Individuo-sociedad

Es una falsa antinomia de la cual aún está profundamente impreg­nada la psicología, tanto como otros campos científicos. Supone que el


20 José Bleger

individuo está limitado, distorsionado o coaccionado por la organización social. Se relaciona muy estrechamente con la concepción del hombre ais­lado, en cuanto supone que para lograr los beneficios de la vida social, los seres humanos hemos tenido y tenemos que sacrificar la satisfacción de tendencias individuales, que son incompatibles con las normas sociales y la organización cultural en general.

Estos supuestos tienden a ocultar el ingrediente irracional de la orga­nización social, adjudicándolo a una primitiva organización animal del ser humano que aún subsiste en cada uno de nosotros, con lo que se salva superficialmente una contradicción profunda implícita en la misma estruc­tura social. Esta es, en sí, compleja y contradictoria, y tales contradiccio­nes se reflejan en el ser humano, social e individualmente considerado. Se trata así de "salvar" la sociedad en su organización presente, conside­rando malo y animal al hombre, atribuyendo a este último todos los desa­justes de nuestra organización. Es lo contrario del mito del hombre natural, en el cual el hombre es bueno y la sociedad es mala; por ello en algún período, esta última tesis fue sustentada como una crítica social y una tendencia renovadora y progresista.

Si tomamos el caso de la delincuencia, la guerra o la prostitución, el esquema planteado por esta antinomia individuo-sociedad las postula como resultantes de impulsos instintivos, primitivos o animales, que aún subsisten en todos los individuos y que, en un momento dado, sobrepasan las barreras del control y la represión cultural. El problema reside, realmente, en que la misma sociedad que reprime y prohibe la delincuencia y la prostitución y rechaza las guerras tiene contradictoriamente en su seno - los elementos causales de las mismas, en forma de componentes sociales irracionales, no dominados.

Hay una permanente y estrecha relación entre individuo y sociedad y sólo se puede comprender el uno por el otro; como seres humanos, dependemos en alto grado de la naturaleza, de nuestros semejantes y de la organización social para satisfacer necesidades.

7. Innato-adquirido

Es una antinomia en la que se ha concentrado durante mucho tiempo la investigación y la polémica, y que está muy relacionada con otras antinomias, como las de naturaleza-sociedad, herencia-aprendizaje, etcé­tera.

Todas estas contradicciones están acuñadas en el formalismo y en la falta de comprensión del proceso dialéctico, pero a su vez esto no ocurre


21


la psicología y el ser humano

únicamente como proceso intelectual o ideológico, sino que además enclava o se sustenta en la lucha entre el "fijismo" y las corrientes sociales progresistas; todas las posiciones y fuerzas en lucha por mantener el concepto de una naturaleza y una sociedad fija e inmutable, hecha ya de una vez para siempre, se adhirieron a las teorías que postulaban lo innato, mientras que todas aquellas fuerzas que propugnaban el mejoramiento y el progreso de la organización social pusieron el énfasis sobre el aprendizaje, lo adquirido, el cambio y el desarrollo.



8. El ser humano

En contraposición a los dualismos metafísicos de los cuales aún está impregnado todo nuestro conocimiento científico, la concepción dialéc­tica tiende a considerar en un primer plano la unidad e interdependencia de todos los fenómenos, y a ver todas las antítesis como fases o momentos de un proceso. De esta manera pierden vigencia las discusiones e investiga­ciones que aislan al ser humano, o tratan en forma abstracta una parte de sus manifestaciones, sin conexión con la naturaleza y su medio social. El ser humano puede ser entonces caracterizado por lo siguiente:

  1. Su condición de pertenecer a una naturaleza muy peculiar: la humana. A partir del Renacimiento es cuando el hombre comprende que forma parte de la naturaleza, pero mucho más tardíamente acepta que forma parte, además, de una naturaleza distinta y muy particular; su condi­ción de ser social hace que paulatinamente se estructure una síntesis inte­grada de naturaleza y sociedad, en la que esta última no es un factor superficial que modifica características transitorias o no esenciales del ser humano, sino que cambia profunda y sustancialmente la primitiva condi­ción de ser natural, en el sentido de depender en gran parte, o totalmente, de la naturaleza.

  2. Su condición de ser concreto, esto es, que pertenece a determinada cultura, a determinada clase social, grupo étnico, religioso, y que esta pertenencia no es casual o aleatoria, sino que integra su ser y su personali­dad. Que no se debe estudiar la conciencia o la atención in abstracto, sino la conducta concreta de tal individuo o de tal grupo en tales condiciones concretas y en un momento dado.

  3. Su condición de ser social, sólo por lo cual es un ser humano, que sólo llega a ser tal por la incorporación y organización de experiencias con los demás individuos; el conjunto de las relaciones sociales es lo que define al ser humano en su personalidad.

  4. Su condición de ser histórico, tanto en el sentido individual como



Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos