Psicología, Ética y Derechos Humanos


Módulo VII · La ética en la perspectiva tecno-científica



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Módulo VII · La ética en la perspectiva tecno-científica
Un deseo que no sea anónimo. Tecnologías reproductivas: transformación de lo simbólico y afectación del núcleo real” – A. Kletnicki –

El listado de las nuevas tecnologías reproductivas incluye: inseminación artificial, fecundación in vitro, donación de semen y de óvulos, participación de donante no anónimo de semen regulado por un contrato que fija sus funciones, alquiler de vientres u otras formas de maternidad subrogada, interrupción selectiva del embarazo, selección de sexo y manipulación genética, reducción de fetos, clonación, producción de híbridos, fusión de preembriones entre si para la obtención de quimeras, gestación en el vientre de un animal, gestación en mujeres clínicamente muertas y otras modalidades de utilización post-mortem de material crio preservado, ectogenesis o útero artificial, embarazo masculino.

Debe poder decidirse cuales de estas tecnologías se presentan como intervenciones medicas para abordar la falla de una función, y cuales son el punto de partida de modificaciones que atañen al campo de la subjetividad. Lo significativo desde el punto de vista de la constitución del sujeto no es el medio físico en el que la fecundación se produce, siendo este un dato seguramente mas relevante para el quehacer de la biología.

Las consecuencias para los sujetos implicados no pueden ser anticipadas, sino analizadas a posteriori.

Otra cuestión que debe poder definirse es en que condiciones la utilización de una tecnología determinada produce y promueve el desarrollo de lo simbólico y en que casos favorece su relativización o fomenta su aplastamiento.

El uso de las tecnologías nombradas puede tornarse promotor de lo simbólico: el saber anticipado sobre la llegada de un hijo con un problema determinado (por ej. síndrome de down) puede permitir a unos padres que tengan decisión de no abortar un encuentro distinto con ese niño diferente.

Las nuevas tecnologías reproductivas presentan entre si diferencias significativas en sus fundamentos y sus consecuencias.

J. C. Indart afirma que una estructura tiene por función la transmisión, de una generación a otra, de aquello que garantice que la cría humana sea parlante y tenga el mínimo de ubicación en un sistema de intercambio. En la actualidad, la familia se presenta como la institución social encargada del sostén de esa transmisión. Se trata, en la familia, de la transmisión y el sostén de un núcleo social no anónimo y singular.

Lacan hace referencia a la función materna (al Otro del lenguaje), como aquella que produce al sujeto parlante por la vía de la transmisión de un deseo que es siempre singular, y como lugar de establecimiento de la simbolización, ya que es la madre quien transforma lo real en significante. También alude a la función paterna (al Otro de la ley), abrochamiento de ese deseo a un nombre, para que, articulada con la ley de la prohibición del incesto, se de cabida a la sucesión generacional que funda un orden matemático, y no natural, en ese corte.

Se ha ubicado como condición necesaria para la constitución subjetiva la transmisión de un núcleo real no anónimo y singular. Esta cualidad debe ser diferenciada del estilo y contenido de las marcas inscriptas en el sujeto que en el mismo movimiento en que apuntan a su constitución en lo humano, lo determinan. Toda trama se presenta como productora de marcas subjetivantes: un lugar en el deseo del Otro que es condición ocupar y que significa, primariamente, que alguien debe donar un sitio donde el sujeto se aloje.

La cuestión es que, aun ofreciendo este lugar, las cualidades de lo ofertado no están garantizadas. La plena determinación encuentra limite en lo imprevisible, en una respuesta del niño que no queda explicada acabadamente apelando al deseo inconsciente de los padres.

La vocación totalizadora de la ciencia encuentra su limite allí donde la complejidad propia de lo humano produce un resto no formalizable en la singularidad del deseo y del goce. Se marca la producción de un corte entre la pretensión de la ciencia de constituirse en un saber absoluto y el acontecer único, singular, en que se construye la historia de cada sujeto.

La inscripción de lo real, planteada como movimiento estructural, universalizable, no puede efectuarse si no es singularmente. Hay un real en juego anudado a la constitución del sujeto en relación con un deseo que no sea anónimo, y su desconocimiento tendrá como efecto la disolución de la constitución del sujeto en el deseo, de la que no podemos esperar sino estragos.

Los nuevos desarrollos científico-tecnológicos llevan al extremo una característica ya presente en el discurso medico, que es la de producir el borramiento subjetivo como consecuencia de la reducción del cuerpo a objeto. Como estas nuevas tecnologías operan sobre el cuerpo humano, el efecto es una tecnologización progresiva de la vida, la sexualidad y el deseo.

Pero allí donde un real irrumpe, y en la medida que haya eficacia de lo simbólico, el intento es servirse de eso simbólico para producir la inscripción de lo que interroga en lo real. Esa inscripción es siempre singular: tiene como base la transmisión de un núcleo real, no anónimo y singularizado, la donación y apropiación de marcas subjetivantes, la construcción de determinadas operaciones simbólicas y, en la medida en que dichas operaciones han sido fundadas, el ordenamiento que realiza la estructura, haciendo posibles ciertos recorridos e inhibiendo otros.
Saber creacionista y ficción fundadora” – C. Gutiérrez

La leyenda del Golem: el Golem es un muñeco construido con arcilla que puede ser animado a partir de la pronunciación de determinadas frases. Golem significa amorfo, pero resulta curioso porque el Golem es un muñeco con forma humana. Finalmente el Golem es un cuerpo sin nombre, una deformidad innominada. La animación del Golem estaba sujeta a la posibilidad de conocer, de adquirir una sabiduría, la que conducía a descifrar los textos sagrados y a conocer el enigma de su ordenación. Hay una sabiduría que es necesario conseguir, la sabiduría de Dios, la que permitiría finalmente construir al muñeco. El Golem no tiene capacidad locutiva, no habla. La secuencia de palabras dirigidas al Golem tiene tal importancia que de acuerdo con el sentido, con la dirección en que esto se lleve a cabo, dará origen a un ser masculino o a un ser femenino. No obstante ser producto de la palabra, de una combinación literal, el Golem no puede hablar y no es nominado. El Golem, entonces, es un mudo cuerpo sin nombre.

El no-saber del Otro, en relación con el origen de la vida, determina al sujeto al punto de constituirlo como sujeto del inconsciente. El no saber del Otro divide al sujeto mostrando el carácter fecundo de esta falla. El Otro se muestra sin ese saber absoluto que el niño suponía en un punto clave: el tema del origen. Ante la pregunta por el origen el Otro cuenta un cuento, por lo tanto en el origen hay un mito.

Entre una necesidad de la constitución psicosexual y la insatisfacción del niño por las explicaciones recibidas, producirá sus propias teorías al respecto: teorías sexuales infantiles. El saber es posible pero a espaldas de la verdad según Lacan. Si se trata de alcanzar el saber absoluto, esto conduciría a obtener la omnipotencia y la grandeza del padre de la horda primitiva. Grandeza del padre que corresponde al segundo tiempo del Edipo y que necesariamente tendrá que dar paso al siguiente: el tiempo en el que el padre terrible da paso a aquel que transmite la ley; no ya que es la ley sino que la transmite. Se trata de transmitir una ley alojada en los ritos de una tradición.

Si se trata de criar a los hijos, de hacerlos hijos de una tradición, esta ya esta instalada dentro de la cultura a la que cada uno pertenece. Se trata de transmitir algo de esa cultura, aquello que tiene que ver con los ritos de iniciación, las marcas simbólicas que una cultura tiene reservadas para la crianza de sus hijos. Nadie en este sitio puede ser reconocido como poseedor de un saber original. De lo que se trata es de transmitir una legalidad instalada en la tradición misma de nuestra cultura. Cuando una crianza se ve afectada en este punto, las consecuencias se presentan. Si los laberintos del deseo han provocado el extravío de tal función, no es algo que pueda resolverse impartiendo algunas instrucciones para conducirse mejor en la vida. Enseñar a vivir no ha sido nunca la solución a nada.

Si el origen de un niño esta sostenido en los mitos, el saber de la ciencia disuelve el carácter ficcional de la fundación y lleva a cabo un aplastamiento de toda significación mítica. La ciencia sabe como generar un sujeto y por lo tanto puede desarrollar sin enigmas como y de donde proviene un niño. En esta posición de la ciencia, lo que queda forcluido es el sujeto mismo.

Lo que se trata de enfatizar es la confrontación entre la estructuración de un sujeto por lo simbólico (que nunca es completo sino fallado por estructura) y la posición que pretende crear desde la nada, la creación ex-nihilo que la ciencia propone desde su saber –8que se presenta como totalizador, sin falla); saber que afecta a la subjetividad abriendo un interrogante sobre este punto crucial. Todo ingresa en el campo del saber de la ciencia sin mito que lo recubra. En el mundo mercantil es el terreno donde las nuevas tecnologías de reproducción humana encuentran su despliegue casi ilimitado. Existe un mercado ávido de estas nuevas tecnologías, sostenidas en el deseo de procrear, aunque quizás no se trate del deseo.

El problema de la ciencia debe ser planteado para establecer cuales de estas tecnologías se erigen como practicas cuestionables éticamente en la medida en que afectan la condición simbólica de la especie. Se trata de que manera nombrar, significar al real puesto en juego con el avance tecnológico. La legislación tiene la posibilidad de sancionar favorablemente el estado de cosas desplegado de hecho, o por el contrario puede funcionar en tanto ficción productora de lazo social poniendo un limite (la prohibición) que opere como resguardo del deseo.


El doble de la clonación y la división del sujeto” – C. Gutiérrez y J. Fariña –

Como afirma Susana Sommer: “de la cigüeña a la probeta”. La certeza de la ciencia intentando desplazar al mito. Mito cuyo sentido se ocupo de desentrañar a Freud y que se haya débilmente sostenido por la nueva reproducción.

Al conocer que los adultos podían ser clonados, se supuso que era posible producir un clon tan idéntico que incluso duplicara el momento del desarrollo que atraviesa el sujeto clonado. Según tal ilusión, si se clona un adulto, el clon es tan adulto como aquel.

Según Legendre la genealogía proporciona: un principio de identidad, un principio de diferenciación subjetiva y un principio de causalidad.

La función de la genealogía es separar, introducir la sucesión de las generaciones nombrando los lugares para permitir que cada uno tenga el suyo y que estos lugares no se confundan unos a otros. Cuando se penetran es el incesto. La palabra nombra separando, ordenando la sucesión, haciendo testamento. Hacer un hijo es afiliarlo a esta función jurídica de la palabra. La palabra aliena y separa, afilia y desafilia a la vez. El rechazo es diferente porque es una pretensión de impedir la inscripción de las marcas aunque ello no significa que las marcas se desentiendan de el.

La separación permite hacer lazo genealógico.

La clonación es una tecnología productora no de lo semejante diferenciado, de aquello que busca la semejanza porque difiere, sino de lo idéntico. Allí no hay espacio para la diferenciación como operación humana que la palabra habilita. Es el reino de lo doble, de la duplicidad especular, de la duplicación incesante de si mismo que busca desplazar a la castración de su lugar de marca irrepetible. El clon no es otro sino algo nacido de si mismo, autoengendrado por un cuerpo que de ese modo busca alejar al infinito la posibilidad de la muerte. La clonación pretende la producción de un sujeto doblado, duplicado a la perfección, sin falla ni brecha. No hay producción de humanos, y si es así estaría indicándonos una dirección sucesoria de otro orden: ser hijos de una imagen al margen de la palabra.

La reproducción en cambio, es repetición sin mimesis. Hay reproducción de aquello que nunca es idéntico. Volver a reproducir lo reproducido: procrear. La producción es creacionista. La reproducción en cambio es sexuada y es el lugar por donde la muerte se presenta la ser viviente, al tiempo que instala un enigma al carecer de un termino que la inscriba en el campo del saber inconsciente. La reproducción es un acto de transmisión generacional que no transmite otra cosa que el limite a la omnipotencia. La castración separa al sujeto al tiempo que lo divide fundándolo como deseante. El clon es doble, el sujeto es dividido.

La clonación busca hacer de la reproducción humana una reiteración que sostiene una perpetuidad ilusoria, alienándose a su imagen en un infinito juego de espejos.

El deseo frío, la metáfora con la Michel Tort evoco las tecnologías reproductivas, se ve hoy largamente excedida: la clonación se coloca por fuera del campo del deseo. Al dejar en el camino al partenaire del sexo masculino, la reproducción prescinde del sexo mismo, de lo sexuado de la reproducción.

¿Para que clonar? La respuesta de los científicos es para banco de órganos, para reproducir ventajas biológicas, para procrear sin necesidad del padre...Nunca faltan razones para justificar las demandas del mercado.

¿Para que sirve reproducir humanos? Con estas preguntas, y en la era utilitarista, el sujeto deviene un puro objeto de la ciencia como Otro del saber absoluto.

La pregunta por el origen de la vida (la sexualidad) y sobre la muerte encuentra en el científico la respuesta ultima que pretende destituir toda ficción fundadora para ubicar su saber en el lugar de la fundación.

Seria prudente salir de la pregunta ¿para que clonar? (sostenida en un principio utilitarista) para preguntarse ¿por qué clonar? (formular la pregunta por el fundamento). Y en tanto pregunta por el fundamento conviene dejar vacío el lugar de la respuesta. O mejor será sugerir una historia de duplicaciones y singularidades.


Actas del Comité Consultivo Nacional de Ética, París, 1987”. Sevé, L.

El texto es el resumen y las conclusiones del comité consultativo nacional de ética para la ciencia de la vida y la salud.

Textual:

El propósito de nuestra gestión es acompañar en conciencia el pujante progreso de la investigación biomédica a fin que en el mismo sea respetado todo hombre y todo el hombre.

1-Respetar la persona humana, es en principio valorar los inmensos beneficios reales o posibles de la biomedicina para la salud.

Consideramos favorablemente toda investigación apuntada al progreso terapéutico, diagnóstico, desde el momento en que se observe la regla principal de no dañar.

(…) Nos esforzamos de esclarecer las conciencias y procedimientos injustificables, poner en guardia contra prácticas que amenazan hacer estallar el parentesco.

2-Respetar la persona humana, es también proscribir toda concepción reduccionista. Pues el hombre no es solamente un organismo biológico de una excepcional complejidad.

(…) Esto quiere decir que no es ético un procedimiento en el cual el ser humano se halle poco o muy cosificado. (…) Así ninguna experimentación en el hombre sería liberada de requerir previamente el consentimiento libre y claro del sujeto con respecto a la aplicación del tratamiento al principio del ensayo; que la libertad esté desfalleciente en el enfermo mental, muda en el que está en estado vegetativo permanente, inexistente en el embrión, nos compromete a ser los tutores de todos esos abandonados.

3-Hay conflictos de valores. Se busca salir de estas situaciones inextricables siguiendo una línea creciente de respeto al hombre. A la cuestión controvertida del estatuto del embrión, se le debe considerar como una persona humana potencial, noción no biológica, pero ética, que no impone creer que una persona está realmente presente allí, pero sí rendirse a la evidencia que nuestra forma de tratarlo compromete nuestra relación con la persona y con la colectividad humana entera.



4-Nos esforzamos allí en el límite de nuestro rol consultivo, trabajando en desarrollar fructíferas relaciones entre comités de ética a nivel nacional, instalar el diálogo entre investigadores y practicantes, crear y profundizar las condiciones de una información válida y de una formación deseable de la opinión. En fin, el socio mayor de una ética pública de la investigación biomédica es la nación.




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