Psicología, Ética y Derechos Humanos


Módulo VI · Bioética y filiación: nuevas cuestiones éticas y epistemológicas



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Módulo VI · Bioética y filiación: nuevas cuestiones éticas y epistemológicas


Abuela opinas sobre Doltó

El texto hace referencia a un diálogo con la Dra. Fracoise Doltó publicado en ‘Psyché’ en diciembre de 1986 el cual evidencia una desinformación de y a la Dra. Doltó. El diálogo se concentra alrededor de un equívoco insistente: la adopción de niños homologada a la apropiación de niños.

Textual:

La opiniones de Doltó están referidas a una realidad que no corresponde a la nuestra. Nuestros niños, bebés, bebés nacidos en cautiverio fueron criminal y violentamente arrancados de los brazos de las madres, padres, hermanos, abuelas y abuelos. Están ilegalmente adoptados como propios, es decir, apropiados, privados de su verdadera identidad, lo que implica ser tratados como objetos, partes del saqueo. Aún alimentados y cuidados ésta es la condición que subyace.

Las situaciones de hecho son de fraude y falsificación sin Ley y sin Verdad. Las figuras de los apropiadores no representan figuras parentales o de padres adoptivos sino que ocupan el lugar parental desde la impostura.

La voluntad de apropiación utiliza la invalidez del infans para montar un andamiaje de mentira que lo captura en dicha invalidez. El aparato psíquico de los niños secuestrados se desarrolla en esta situación de captura y de enajenación de su deseo.

Lo que funda la identidad es el deseo de vida de los padres unido a la propia pulsión de vida del bebé. El deseo de vida se va haciendo autónomo, pero debe pensarse, en el origen, íntimamente ligado al motor que lo generó; el deseo parental. Esta configuración de deseos que es origen de la vida, es la base de la identidad. Lo que hay en la impostura es un intento de alienación del deseo inconsciente, de reducir al niño a su necesidad, a enajenarlo como persona, como sujeto de deseo.

Las Abuelas de Plaza de Mayo llaman restitución al acto de recuperación de los niños secuestrados. Acto psíquicamente fundante porque se asienta en la verdad y en la Ley y libera al psiquismo infantil de la fundación falsa en la que se encuentra capturado; porque restablece un orden de legalidad familiar que posibilita el deseo, el encuentro con la propia identidad y la inserción en la legítima cadena generacional.

En el texto se puntúan diferentes opiniones de Doltó expresadas en el diálogo donde hay confusión reiterada del contexto y las Abuelas responden a cada una. Las más importantes son las siguientes:

*-Dice Doltó: ‘Si se lo arranca de la familia adoptiva se le puede estar repitiendo la experiencia que vivió con los padres naturales.”

-Aquí se tratan como homogéneas la situación de restitución y la situación de arrancamiento-cercenamiento del secuestro-apropiación.

En la situación de apropiación los niños fueron arrancados, sin palabras y con violencia real, sumergiéndolos en un proceso de ocultamiento y de enajenación, arrancados de su identidad, de su historia personal y familiar. En este tipo de actos se desconoció toda ley, la trasgresión se hizo ley y la perversión la modalidad de vínculo.

En la situación de restitución no hay repetición, las palabras son dichas y, desde la ley se permite el acceso a la verdad. Es una situación nueva que se basa en la articulación de la verdad y la justicia. El revelamiento de la verdad, aunque dolorosa es la posibilidad de volver a tomar contacto con el proyecto de vida de sus padres y con la configuración de deseos que son su origen. También resulta profundamente estructurante saber que sus padres jamás los abandonaron y que sus familias los han buscado tenazmente desde su desaparición.

*-La Dra. Doltó expresa su preocupación por resguardar el período edípico de los niños.

-Estos niños, en el proceso de estructuración de su identidad se vieron obligados a desplazar los referentes parentales en figuras identificatorias falsas. Al encontrarse con la verdad, no hay crisis de identidad y nada ‘demuele’ su estructura psíquica. Lo que e observa en la práctica es el desmoronamiento de las figuras fraudulentas de sus captores. Los lugares identificatorios parentales vuelven a ser ocupados por las figuras de sus legítimos padres, finalmente los legítimos significantes primordiales.

*-El contexto del cual Doltó extrae su experiencia al referirse a las ‘secuelas de la guerra’ o a los ‘acontecimientos de la guerra’, es el de la Segunda Guerra Mundial.

-Nuestros niños no son niños abandonados o perdidos por sus familias durante una guerra y a quienes cualquiera acoge. Son niños identificables, con familiares ubicables. Niños secuestrados de sus propios hogares o nacidos después del secuestro, en un contexto de Terrorismo de Estado sólo comparable al exterminio judío por los nazis.
Restitución del padre” – C. Gutiérrez –

La cuestión referida a los niños expropiados durante la dictadura militar era como nombrar a los padres biológicos de los niños y también como nombrar a los “padres” con los que pasaron a convivir. Surgieron nuevos términos para designar una antigua función: “padres biológicos”, “padres del corazón”, “padres de crianza”, “padres psicológicos”. Pero no se trata solo de términos.

Es necesaria una decisión jurídica sobre la paternidad. La paternidad necesita una decisión desde la ley. Lo jurídico supone la ley atada a la palabra que se dice, a la palabra enunciada por alguien en particular.

Plantea 2 ejemplos:



  1. La decisión del Rey Salomón para dirimir la disputa entre dos mujeres que reclaman un mismo niño

  2. El ex-comisario Samuel Miara, apropiador de los mellizos Matías y Gonzalo Reggiardo Tolosa

1) Ante el soberano se presentan 2 prostitutas que reclaman al mismo niño como propio. Una de ellas asfixio a su hijo y ahora reclama un hijo ajeno. Ambas dicen que el niño vivo es el propio y que el muerto es el de la otra. No hay testigos ni forma de constatar la verdad de los hechos.

El padre no es cierto pero la paternidad es verdadera. Ella solo se sostiene en tanto función y se reconoce en un doble movimiento. El hijo puede reconocer a su padre solo si este lo ha reconocido previamente. Tal reconocimiento esta sujeto a leyes de cada cultura: red simbólica que nomina el lugar paterno prescindiendo de la constatación genética. Entonces si padre y madre no se corresponde necesariamente con sus funciones biológicas es posible indicar que el hijo nace tanto del padre como de la madre. Se trata de aquel que encarna la función y cumple su oficio de transmitir una ley en carácter de agente de la misma.

Volviendo al ejemplo, el rey ordena que se corte al niño en 2 y que se le entregue una mitad a cada una de ellas. La decisión del rey Salomón debe ser considerada como un gesto de fastidio, una decisión terrible que expresa un capricho sanguíneo. Queriendo un hijo, la mitad de eso se parece a la nada. ¿Qué es el padre real? El que obliga a una doble renuncia: hacia la madre y hacia el hijo. Salomón es quien introduce esa decisión del corte. Frente al corte, cada una de las mujeres dará su respuesta. Una de ellas decide renunciar al niño, decide cederlo para mantenerlo vivo y frente a esa respuesta, Salomón advierte que ahí hay una madre. No se trata de haber descubierto a la madre, sino de haber encontrado una madre. La renuncia funda un lugar que Salomón sanciona como el lugar materno.

La otra mujer en cambio, acepta el despedazamiento del niño.

¿Qué es una madre? La que cede su objeto mas preciado, la que por su castración se somete a la ley paterna en una renuncia del lado de la cultura.

Para que el orden humano sea tal, no basta con el padre, la madre y el niño: hace falta un termino decisivo que es la ley. Ese termino ordena las distintas funciones y es el que permite que de la cría nazca un hijo encadenado a una genealogía fundadora. Es la instancia de la ley la que instituye y nombra todos los lugares.
2) Los mellizos Matías y Gonzalo Reggiardo Tolosa fueron apropiados ilegalmente por el sub-comisario Miara y su esposa, la Sra. Castillo (quien había perdido un embarazo y su marido lo “resolvió” entregándole a dos niños).

En este juego alguien pierde. Un hijo pierde al Padre porque Un-Padre impostor usurpo su lugar. Ese encuentro en el lugar perdido es el espacio propicio para la perdida de una función.

Hablar desde el lugar paterno en nombre de la ley convoca a la prohibición y Miara, en cambio, habla desde la usurpación, y de ahí no puede surgir prohibición alguna.

Miara, con su mentira, hace un intento por velar la verdad de la castración, de la propia. ¿Qué es el padre simbólico? El que introduce una tercera renuncia, la propia. No se trata de ser padre, porque el padre no tiene ser, sino de oficiar de padre, y es el resultado de lo instituido por una tradición.


Destacar como decisivo el amor de la crianza es forjar una variante sentimental que oficia de coartada para un acto de delincuencia profunda, al llamar paternidad a una practica de pillaje. Designar como “padres históricos” a los ladrones de niños es una operación renegatoria de la historia misma.

Se trata de lograr que el padre recupere su lugar, a situar un discurso de la verdad, un discurso que remite a principio de división fundador. Para cada uno de nosotros, ser hablado por los procedimientos jurídicos de la sociedad constituye el elemento primero de nuestra entrada en la vida. La restitución de niños desaparecidos a sus legitimas familias, es un acto de restauración de la función paterna. La restitución no es del niño sino del Padre. Si reintegrar el sujeto a su historia tiene algún sentido humano, solo lo será al sostener la ley desbaratando la impostura.


Niños desaparecidos: la construcción de una memoria” – A. Kletnicki –

La apropiación de niños toma como punto de partida la realización de un delito que comienza con la desaparición del niño que debió ser, continua en la negación del nombre, de la historia, del deseo que lo esperaban y extiende sus consecuencias en la interrupción de la trama generacional que funda el orden humano, produciendo así una ruptura no solo individual sino al mismo tiempo social, colectiva, porque son niños que han quedado perdidos en el entramado generacional.

Veinte años después de la dictadura militar, se sigue hablando sobre los efectos en la constitución del psiquismo de la acción de un delito continuado y permanente.

Catástrofes como la nombrada, pueden ser en si mismas generadoras de subjetividad, en tanto lugar de producción de las únicas marcas con las que se ha podido contar. Desde la usurpación de los lugares paternos y de las marcas que desde esa posición se transmiten, se aportan las condiciones para estructurar un sujeto. La restitución aparece como la pieza clave de una etica centrada en el develamiento de lo oculto.

Respecto de la restitución, es ilusorio sostener una reconstrucción de lo destruido, una reparación de lo perdido, un reencuentro con lo que hubiera correspondido ser. Cuando el objeto en cuestión es un sujeto, la complejidad de la situación deja entrever los limites de la ilusión reparadora del derecho.

Puede pensarse para la ley una doble acepción: una Ley (con mayúscula), condición necesaria a la fundación y estructuración del psiquismo y una ley (con minúsculas) cuya producción hace referencia a cada uno de los sistemas sociales, particulares, en los que el hombre se desenvuelve. La transgresión de la ley social y la determinación de culpa jurídica que conlleva, encuentran en el campo del derecho la consecuencia del castigo, pero para las fallas de la otra Ley, las que se expresan por la vía del padecimiento subjetivo, no funciona el contexto judicial de penalización. Si el campo del derecho tiene como pretensión poner fin al delito y restablecer con la sanción la situación anterior, hallamos una dificultad para pensar con igual criterio y optimismo sobre sus consecuencias en el sujeto. Si para el derecho la ley cubre lo que falta y repara lo que se ha roto, el psicoanálisis indica que algo de lo alterado no vuelve al lugar original. Hay un real allí sobre el que no puede volverse atrás del todo.

Lo ofertado por los apropiadores, implica la constitución de una configuración identificatoria falsa, en la medida en que toda la situación se asienta en el robo. La verdad que revela el derecho es una verdad a medias: devela el delito y restituye al apropiador al lugar del criminal. Así lo desaloja de la paternidad. Pero eso no significa que reacomoda al niño, ni que anule las identificaciones que le daban consistencia imaginaria.

SI a pesar de las circunstancias originales de la apropiación se han podido fundar en el sujeto las operaciones que hagan eficaz lo simbólico y permitir procesos de reconstrucción de las representaciones en las que se asentaba, puede producirse un quiebre que no conduce a una fragmentación devastadora y las posibilidades de escribir una historia distinta para ese sujeto es factible.

Debe saberse que la subjetividad no se rearma como un rompecabezas que se desarmo un día porque si hay reconstrucción posible se hará con otras piezas, aunque no pueda prescindirse del todo de las reglas o los recortes del juego original. La salida a producir no obedece a causas puramente azarosas porque se resalta que esta articulada con aquello que la estructuración del sujeto este en condiciones de generar.
*”Cuestiones éticas y epistemológicas ante la experimentación psicológica con niños.” Fariña, M.

Se presentan diferentes casos:

Argentina: a fines de 1984 se publica en el diario La Capital un artículo titulado “Los verdaderos padres son los padres psicológicos” íntegramente dedicado a analizar el proceso de restitución de niños encarado por las Abuelas de Plaza de Mayo. La autora se mostraba adversa al proceso de devolución de los niños a sus legítimas familias. El argumento utilizado consistía en afirmar que el lazo sanguíneo que unías a los niños con sus abuelas era irrelevante frente a los casi diez años que en algunos casos habían permanecido en sus familias sustitutas. Un grupo de psicólogos ligados al movimiento de derechos humanos ensayó una respuesta bajo el título “Los verdaderos padres son los padres”.

Guatemala: En un filme documental llamado “Guatemala, democracia bajo el fusil” se puede ver una imagen que espantó al mundo: en los desfiles militares durante la actual democracia, un niño encabeza la formación de infantería. Ataviado con boina negra y el clásico uniforme camuflado, la ‘mascota’ del ejército guatemalteco es, en realidad, un huérfano cuyos padres campesinos fueron muertos por las propias acciones militares al devastar las aldeas. Queda en evidencia la estrategia de ‘mejoramiento’ llevada adelante por los militares en Guatemala. Muchos niños fueron arrancados de sus aldeas y desplazados a las llamadas “aldeas modelo”, donde se les impone el español como lengua normativa y se los educa en un clima de aceptación de la presencia militar como rasgo tutelar de sus vidas. Muchos más tarde ingresan al ejército incorporando una ideología de odio por las comunidades campesinas.

Estados Unidos: El caso de Baby M. un matrimonio, cuya mujer era infértil, realizó un contrato legal con una joven, en virtud del cual ésta sería inseminada artificialmente. Al cabo de nueve meses, de nacer la criatura sana, el bebé sería entregado al matrimonio y la joven recibiría a cambio U$S10.000. al nacer la niña, la madre decidió quedarse con ella y dejar sin efecto el compromiso contractual. Luego de un controvertido fallo, la corte dictaminó que la niña pertenecía al matrimonio. El fallo de la corte fue apelado y se desató una de las polémicas jurídicas más conmovedoras.

Finalmente, la corte resolvió que el bebé era hijo del hombre (quien aportó el esperma) y de la joven, otorgando sin embargo la tenencia de la criatura a la pareja y regimentando para la joven un sistema de visitas.

En 1986 Doltó visita la Argentina y produce un gigantesco equívoco al proponer la noción de ‘segundo trauma’ para comprender el problema de los niños secuestrados.

Otros profesionales han manifestado, siempre en nombre de las condiciones culturales de vida del niño, el ambiguo satatus de “deseo del niño”; esto llevó a algunos funcionarios e intelectuales a reclamar la opinión de los propios niños afectados a la hora de tomar la decisión judicial. Descargando sobre el niño el peso de una decisión que no está en condiciones de tomar.

El caso de Mariana Zaffaroni, una niña desaparecida junto a sus padres en 1977 y localizada por Abuelas en 1984 se constituiría en uno de los paradigmáticos de este drama.

Cuando los abogados de Abuelas y la justicia argentina inician las acciones destinadas a restituir a la niña a su familia de origen, el agente furci se fuga al Paraguay llevándola consigo. Antes de partir, la niña, inscripta bajo el nuevo nombre de Daniela Romina Furci envía dos cartas a su abuela de sangre. En estas es obvia la manipulación de Furci en la redacción de las cartas, aunque la firma de la niña es auténtica y elementos posteriores mostraron que la niña llegó a suscribir sus contenidos.

Declaraciones de Seineldin en un célebre reportaje representan una interesante síntesis de la lógica militar. Al ser interrogado acerca del secuestro y cambio de identidad de niños él responde con soltura y convicción: “se trataba de niños sin padres, cuyos padres estaban condenados a muerte, entonces, hicimos lo mejor que se podía hacer por ellos, les dimos nuestros hogares, nuestras propias familias.” Así se expresa la idea de ‘mejoramiento’ de los niños: separándolos de sus hogares naturales, se espera modificar su futuro.

En el secuestro de niños hijos de ‘subversivos’ los militares no temieron la biología. La genética no constituyó un problema para la adopción fraudulenta. Estas formas de experimentación sobre la filiación de los niños ya tenía antecedentes. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el III Reich aún soñaba con la hegemonía de la raza aria. Se pusieron en marcha dos estrategias: la de los célebres ‘Lebesborn’ (fuentes de vida), maternidades en las que jóvenes alemanas eran fecundadas por oficiales SS. Y la otra es la del secuestro de niños yugoslavos y polacos que reunían los rasgos físicos arios, s los trasladaba a Alemania y se los adoptaba en familias nazis que no podían tener hijos.


Lecciones de Potestad” Fariña, M.

Potestad:

Monólogo se inicia con un personaje en escena, El hombre cincuentón, macizo, se presenta a si mismo, a su mujer y a su hija, reconstruyendo una escena ocurrida en el pasado. Se empieza a dibujar una escena familiar. La descripción de la posición de la mujer subraya aún más el difícil vínculo que existe entre ellos. Problemas de comunicación, problemas sexuales. La posición y movimientos de la hija acentúan los rasgos de identificación a su padre. Un marido ex deportista que reprocha a la mujer una indiferencia que lo desautoriza como macho; una esposa ausente, aislada tras sus auriculares; una hija, aparentemente púber, estudiando su lección de historia en el living de la casa de familia.

Suena el timbre y al dirigirse a la puerta se encuentra con un desconocido que le quiere hablar a solas con su hija Adriana. El se niega pero el desconocido insiste: “… por favor, ya no estamos en la época de antes…”El desconocido ingresa luego de un forcejeo verbal y toma a Adriana del brazo. Ana María intenta impedir la acción pero es hábilmente esquivada y golpeada contra una pared. El hombre, sujetado por un segundo personaje, contempla paralizado como se llevan a Adriana.

Empieza a recrear anécdotas de la vida cotidiana de Adriana. Habían tenido dificultades para tener chicos y la llegada de Adriana había representado la última esperanza. Luego recuerda lo que sufrió la nena y como conoció a los padres, muertos. Tuvo que certificar dichas muertes.

La revelación contenida en la tercera parte de la obra resignifica el sentido de las dos primeras. La primera se situa en 1984 y corresponde a los funcionarios judiciales encargados de la restitución de la niña una vez que se verificó el delito del médico raptor., Se confronta al espectador con este presunto “padre” que resulta ser a la vez cómplice de la muerte de los padres de la niña. La referencia a Adriana guarda la impronta de su deseo sobre el de la niña: “Ella lo copio de mi…”. El doble carácter de “padre” y de cómplice del genocidio resultaba intolerable.

¿Puede un hombre cumplir la función paterna respecto de un niño habiéndolo robado luego de participar en el asesinato de sus verdaderos padres? Decididamente no. La pareja que intenta resolver sus frustraciones respecto de la paternidad robando un niño, se condena a una doble imposibilidad. Por un lado, cancela cualquier posible función parental respecto del menor, por otro, impugna definitivamente el vínculo que los une.

Mientras que el hombre puede sostener la farsa incluso más allá de las evidencias elementales, la mujer sabe de su déficit respecto de esa hija y, cuando se desbarata la patraña, ya no puede seguir adelante con ella. Se trata de una confirmación, por la negativa, de las diferentes posiciones que adoptan padre y madre frente a un daño en el hijo. Este lugar de resignación estaba en rigor anticipado en el instante en que Ana María pretendió devenir madre aceptando el “regalo” de su marido. Esta posición objeto respecto del hombre supone toda una elección. El “no preguntar” representa un agravante desde el punto de vista de la responsabilidad subjetiva.
*”El padre en función” Salomone, G.

Comienza con el relato de un suceso que tuvo gran repercusión en los medios de comunicación y en la opinión pública en general. Resultó llamativa la intensa movilización social que ocasionó y el vehemente pronunciamiento, en especial, en relación con cuestiones vinculadas al tema de la paternidad.

Se trataba del caso de una joven madre y su pequeña hija, quienes llegaron al país desde Canadá, lugar de nacimiento de la niña. La mujer reclamaba la tenencia de la menor y pedía una intervención judicial que la amparara en su propósito, ya que intentaba establecerse en Buenos Aires; vale aclarar que el viaje se había realizado sin el consentimiento de su ex marido (padre de la niña) quien residía en aquel país junto a su nueva pareja.

La mujer acudió a los medios de comunicación solicitando explícitamente el apoyo de la comunidad para lograr el ejercicio exclusivo de la tenencia, puesto que el padre (quien había decidido residir en forma permanente en Canadá) también la reclamaba.

La respuesta de la población no se hizo esperar: la opinión pública se pronunció a favor de la madre, abogando por le vínculo madre-hija. Pero al mismo tiempo, no podríamos eludir la marca de las fantasías edípicas que se evidenció implícita en las manifestaciones de la comunidad: movilizaciones que tenían como objetivo ejercer presión para lograr un fallo favorable a la madre de la niña, lo cual equivalía a la exclusión del padre. En otras palabras, este caso brindó la oportunidad de proclamar la prescindibilidad del padre.

Freud plantea el mito de la horda primitiva para rastrear el origen de la agresión, del superyó, de la conciencia moral y del sentimiento de culpa. Si el padre de la horda primitiva encarna la ley que él mismo crea, se produce una relación de identidad entre la ley y el que la encarna. El padre sólo puede representar la ley a condición de diferenciarse de ella. Si el padre de la horda es idéntico a la ley, no hay función y no hay Ley.

Con el asesinato del padre se erige el totemismo. Así, a modo de reparación, los hombres se someterán a la ley que el tótem representa: la prohibición de matar al tótem y comer su carne (ley que representa la prohibición de matar al padre), y la efectivización de la ley de prohibición del incesto.

El agente de la función paterna está sometido a la función que transmite, es decir, está atravesado por la imposibilidad.

Freud se valió de este mito para situar el origen de la cultura, y ubicó en el mismo punto el origen de la organización social.

Es de importancia destacar el sistema jurídico en el marco de un orden social dado, como un modo legítimo de expresión de la legalidad simbólica fundante de la cultura; es decir, expresión de la función paterna en el orden social, tal como lo muestra el mito.

Freud ubica en ese punto de origen también la instauración del superyó como signo de la interiorización de la ley.

Así pues, el complejo de Edipo es la forma en que, vía superyó, el registro de la ley se inscribe en la vida individual, donde también la persona del padre aparece ligada a la ley, y donde también se expresa su eficacia en términos de inscripción de la imposibilidad.

En el mito desarrollado en “Tótem y tabú”, se figura la triple fundación del campo de imposibilidad: el orden cultural, el orden social y el sujeto. A la vez, se manifiesta la función paterna, es decir, la eficacia simbólica y su potencia fundante, en la regulación de la sexualidad y la limitación de la agresividad.

Entonces en el mito de Tótem y tabú se ubica el origen de la agresión, del superyó, de la conciencia moral y del sentimiento de culpa. La fundación simultánea de la cultura, lo social y lo singular.

Los deseos edípicos son un modo de escenificar el goce como posible; lo cual equivale a decir un modo de velar la castración estructural. Por eficacia de la función paterna, aquellos deseos incestuosos, presentes en la humanidad toda, caen bajo la represión y sólo encuentran satisfacción en la dimensión de la fantasía.

Los diques culturales que limitan el “amor de madre” (la función paterna oficia de límite al goce materno, pero es al mismo tiempo, ella misma límite al goce del padre) fueron pesquisados en la figura del padre, que representó entonces un “peligro”. Pero, a su vez, ese mismo peligro fue asociado legítimamente al sistema jurídico que es también resultado de la eficacia simbólica, a la vez que es portador de esa eficacia en el orden social.

Algo peculiar de nuestro tiempo histórico insiste en un ataque al estatuto simbólico de la paternidad en sus diferentes niveles de eficacia: la cultura, el orden social y lo singular.




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