Psicología, Ética y Derechos Humanos



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Naturaleza


La vulnerabilidad frente a la naturaleza es propia de la condición humana. Mediante el desarrollo de las fuerzas productivas la humanidad ha generado los medios para protegerse de las inclemencias de la naturaleza pero siempre existe un núcleo irreductible, un punto de exceso en el que la naturaleza no puede ser controlada. De esta manera, se revela la insuficiencia e ineficacia de las mediaciones simbólicas (instrumentales y normativas), confrontando a los seres humanos con ese punto de indefensión estructural. Algunas de esas manifestaciones agreden al individuo desde afuera (desastres atmosféricos y geleologicos) y otras se desarrollan dentro de su propio cuerpo (virus del HIV o los genes mutados).

Accidentes


Los accidentes suponen la intervención del azar sumada al error humano, la negligencia o los intereses creados. Se sitúan en un punto de intersección entre la actividad humana y el orden natural. La naturaleza, que se había visto transitoriamente superada, vuelve a imponer sus limites y, aquello que operaba como mediación deviene un factor de agresión contra el propio ser humano.

Economía


Esta ligada a la condición de escasez del ser humano. Puesto que los medios para la supervivencia de la especie son limitados, se debe hacer de ellos una cuidadosa economía. El actual sistema económico ha significado un avance con relación a los sistemas económicos que lo precedieron, a la vez que ha traido consecuencias negativas.

Armamento


La fabricación de armamento influye directamente en la relación que el ser humano establece con el semejante en tanto rival. Se trata no ya de las fuerzas productivas sino destructivas.

Instituciones


La agresividad constitutiva de los seres humanos se ve exacerbada en nuestro tiempo histórico por un deterioro de las mediaciones normativas. Se tratan dos tipos de violencias: la creciente inseguridad de la vida cotidiana (secuestros, robos, asaltos) y la que se origina cuando las instituciones destinadas a proteger y formar (policía, educadores, justicia, familia) devienen agentes de agresión.
Niños desaparecidos en Argentina: lógica genocida y apropiación ilegal” – A. Kletnicki –

Interesa indagar en que medida las apropiaciones ilegales de niños, producidas durante la dictadura militar a partir de marzo del ´76, admiten ser leídas dentro del marco conceptual de genocidio.

La destrucción de un número de miembros de un grupo tiene como causa central su identidad. En cuanto al genocidio, la victima del acto homicida no es elegida en función de su identidad individual, sino en razón de su pertenencia al grupo receptor de la violencia.

El campo de intervenciones del psicoanalista es el de las singularidades en situación.

En cuanto a la apropiación ilegal de niños, el grupo que sufre la acción criminal se configura a partir de la mirada del genocida, que es quien convierte a una serie heterogénea de criaturas completamente imposibilitada de constituir una comunidad, en la minoría receptora de su violencia.

El autor se pregunta que rasgo es el que unifica, a priori, a estos niños desaparecidos de su identidad.

Los hijos son desaparecidos porque los han sido sus progenitores. La lógica genocida esta incrustada en la dinámica del crimen filiatorio que constituye la apropiación ilegal. Dicha catástrofe pueden ser en si mismas generadoras de subjetividad ya que al secuestro y apropiación física del niño debe adicionarse la apropiación psicológica, teniendo en cuenta que la usurpación de los lugares paternos y las marcas que desde esta posición se transmiten, se aportan las condiciones para estructurar un sujeto.

Hallamos en la verificación del robo de las funciones parentales el núcleo del crimen filiatorio, ya que la función de filiar imprime sobre el niño un orden estructural y unos contenidos que no están predeterminados. El eje fundamental de la cuestión reside en reconocer que no hay sujeto en el inicio, que no hay en el inicio condición subjetiva dada, siendo dicha subjetivacion una condición de llegada, una adquisición derivada de un proceso de construcción.

En cuanto a la restitución, hay que considerar que la subjetividad no se rearma como un rompecabezas que se desarmo, buscando un encastre correcto, ya que una vez que una situación se ha puesto en movimiento, generara una catarata de efectos sobre el sujeto, enfrentándonos con las huellas de lo probablemente irreparable. Cuando el objeto en cuestión es un sujeto, la complejidad de la situación deja entrever los limites de la ilusión reparadora del derecho.

La lógica genocida no se ha limitado a producir la desaparición física de los padres de las criaturas secuestradas, sino que también se ha hecho extensiva a la supresión de la identidad, extendiendo sus consecuencias a la interrupción de la trama generacional que funda el orden humano y ha producido una ruptura que no es solo individual sino también social.

Respecto a quien ha sido apropiado ilegalmente, el crimen filiatorio se dirige a dos lugares diferentes: apunta a la supresión de su identidad singular proponiendo el corte con la generación que lo antecede, pero también es un crimen que vuelve a desaparecer a sus padres, ya que se orienta en la dirección opuesta a la de la historizacion de sus biografías personales y de los sucesos de su tiempo.

Pero el crimen filiatorio agrega la complejidad de una tercera muerte, ya que adiciona un corte brutal en la historia singular y colectiva, en tanto interrupción en la continuidad de las generaciones.

El restablecimiento de la ley social, la eficaz operatoria de la intervención jurídica o el reservorio de la memoria colectiva no alcanzan para subsanar lo roto en el campo de la constitución del sujeto, poniendo en evidencia los limites para reparar las consecuencias del crimen filiatorio.

La ley, mediador simbólico por excelencia, puede pensarse en una doble acepción: una LEY con mayúsculas) que es condición necesaria para la fundación y estructuración del psiquismo y una ley (con minúsculas) cuya producción hace referencia a cada uno de los sistemas sociales, particulares, en los que el hombre se desenvuelve.

Cabe pensar que lo simbólico no se deja apresar completamente por la ley escrita, en tanto que el signo distintivo de cada acontecer humano es ser una singularidad en situación. Pero además, la instancia jurídica no tiene atribuciones para abarcar por completo los acontecimientos singulares sobre los que resuelve, ya que hay algo fallido en el ordenamiento de su intervención. Por esa razón, algo quedara siempre por fuera de lo que la misma llega a regular. La inconsistencia de la ley para cubrir todo el campo de acontecimientos sobre los que legisla, requiere la puesta en acto de la responsabilidad subjetiva, ya que el vacío de certeza propio del campo jurídico solo puede ser suplementado por una decisión del sujeto. Entonces, en la sanción jurídica queda resaltado un punto de inconsistencia que denuncia la presencia de una falta real, de un imposible, que no puede recubrirse del todo con ningún elemento de lo simbólico.

La trasgresión de la ley social y la determinación de la culpa jurídica que conlleva, encuentran en el marco del derecho la consecuencia del castigo. Pero las fallas de la ley que se expresa por la vía del padecimiento subjetivo no funciona de igual modo el contexto judicial de penalización.

El robo de las funciones parentales ha forzado el crecimiento de un niño en el seno de una familia que no es la suya y a partir de ese entramado ofrecido le resultaría posible inscribirse en lo humano y constituirse como sujeto. Toda apropiación ilegal es una herida abierta en el seno de una sociedad, al tiempo que una marca singular para quien sigue padeciéndola continua e ininterrumpidamente.

Tanto si un niño ha sido expropiado de muy chico o de mas edad, tiene el derecho de elegir conocer su identidad (restitución de la identidad, tendiente a subjetivar la identidad recuperada) y habrá que ver en que sentido cada sujeto pronuncia su respuesta, ya que parece no quedarle otra opción que la de hacerse responsable de lo que decida. Justamente la operación de que tiende a subjetivar la identidad recuperada es la operación que resta, que escapa a la garantía de la ley social, ya que su realización depende de si se han podido fundar las categorías que hagan eficaz el trabajo de lo simbólico para que el sujeto pueda cuestionar las viejas incertidumbres y reconstruir las representaciones en las que se asentaba hasta el develamiento de la verdad. En el caso de los jóvenes que todavía ignoran su origen, no ha servido para detener la ejecución de un crimen pero, el paso del tiempo ha hecho que se puedan homologar la lógica de la responsabilidad subjetiva con la jurídica, porque para ambos ordenamientos el estado carece de autoridad para decidir en nombre del sujeto (aun cuando se trate de un sujeto victima de un crimen filiatorio). Se trata del sujeto jurídico en tanto tiene derecho a la identidad pero también del sujeto del deseo, que no se puede hacer culpable pero tampoco desresponsabilizarlo, ya que una vez que ha realizado su movida, y ha tomado la decisión de saber o no saber, no podrá de hacerse cargo de los efectos que produzca su jugada.

En la actualidad, la potestad del estado para intervenir se ha reducido, priorizándose el derecho a la intimidad por sobre cualquier otro con el que entra en conflicto. La posibilidad de restituir la identidad queda subordinada a la decisión previa de quien ha sido apropiado ilegalmente, el sujeto deberá desear saber, tendrá que poder cuestionar sus certezas y pronunciarse sobre el recorrido a seguir. En tanto psicoanalistas, y sin renunciar al deseo de develar la verdad, habrá que prestarle el tiempo que requiera para interrogar sus propias fisuras. Se trata de poder interrogar hasta donde nos esta permitido avanzar cuando el sujeto en cuestión no demanda saber. Nos preguntamos si alguien debe ser obligado a conocer su historia.
Veinte años son nada” – J. Fariña y C. Gutiérrez –

¿Qué ha sido la empresa nazi sino un gigantesco sacrificio al Otro? La maquina totalitaria organizada a partir del ideal de la raza pura reclama mas y mas cuerpos ofrendados en el altar del dios oscuro.

En el holocausto ¿desaparece la responsabilidad del victimario? ¿y de las victimas?. Detrás de esas figuras de la culpa o de la exculpación Será necesario interrogarlo. Responsable es aquel de quien se espera una respuesta. El sujeto debe responder por sus actos y se trata en general de una apelación para que ésta pueda asumir sus dichos o actos (dichos o actos que se suponen siempre voluntarios y concientes). Se la interpela en el plano de lo manifiesto, tratando así tales acciones como meros hechos que escapan a su conciencia.

Pero desde nuestra materia, la pregunta por la responsabilidad no supone un cuestionamiento a la persona sino a la interpelación al sujeto, se trata del deseo inconsciente. La culpa se constituye así en el reverso de la responsabilidad. Cuando la responsabilidad del sujeto se halle ausente, aparece como reverso el sentimiento de culpa, el remordimiento, el arrepentimiento.

El obediente no escucha, oye la orden y la ejecuta, en cambio del sujeto responsable se espera que escuche y que hable.

Ej. de sobreviviente de la ESMA, electricista, que una vez dejado en libertad fue llamado a que arregle una picana eléctrica. Respondió “no puedo” y frente a eso no tomaron represalias para con el, comenzaron a torturar a las personas con un instrumento mas rudimentario que producía muertes mucho mas frecuentes. Conmovieron a este hombre al punto tal de cambiar su decisión y reparar finalmente la picana. En su testimonio aclara que tomo la decisión porque no soportaba ver a los torturados en esas condiciones.

La tragedia de la tortura hará de cada cual lo que su cuerpo le dicte. Ante la opción de hablar o callar hay alguien que elige. El problema etica no lo tendrá el sujeto durante la tortura, solo después, si vive para contarlo. Se trata de construir una verdad histórica en cada uno, vestir ese vacío con el velo del recuerdo encubridor. Pero esta no e suna operación clínica, es una operación cultural que castigue los delitos, que señale a los distintos responsables sin aceptar la infame coartada de la obediencia y que introduzca una verdad insoslayable, una legalidad que en tanto lazo social sea soporte de lo humano.

Veinte años señala un extenso lapso de tiempo para la vida humana, un tiempo suficiente para olvidar incluso los dolores mas intensos. Pero los 3 tiempos de la exculpación (punto final, obediencia debida, indulto) han pulverizado esa medida. Veinte años no son nada cuando, dándole la espalda a toda posibilidad de olvido genuino, se nos empuja a sofocar el dolor de cada día, a no mirar el rostro que aun llora y a no oír por la noche el grito que no cesa.


El desastre y su procesamiento: la insuficiencia jurídica” – C. Gutiérrez e I. Lewkowicz –

La idea del texto es presentar como se enfrenta la cultura a circunstancias de desastre, como se enfrenta discursivamente a los desastres que sobrevienen, especialmente cuando son generados por los propios seres humanos. Se sitúan en el juicio a los responsables del exterminio nazi, 17 personas enjuiciadas de los cuales 4 fueron absueltas y el resto condenado a pensa de muerte.

Se discute si solo esas 17 personas fueron los responsables de los horrores de la guerra y de la planificación del exterminio. Especialmente se detienen en el juicio de Eichmann (transportista), juicio para muchas personas, que fue realizado con el objetivo de establecer la responsabilidad de esta persona respecto del exterminio.

El era un simple engranaje, un simple agente de transmisión, era un brillante empleado administrativo, que debía organizar la disposición de los trenes que transportaban a los deportados. En esas cosas el era un especialista.

Eichmann responde “yo tenia ordenes y debía ejecutarlas de acuerdo a mi juramente de obediencia. Por desgracia no podía sustraerme y de hecho nunca lo intente. Era un instrumento en las manos de fuerzas superiores. así es como las cosas ocurrían, así era la guerra. Las cosas estaban agitadas, todos pensaban que es inútil luchar contra eso, seria como una gota de agua en el océano, cosa que no hará ni bien ni mal”. Luego agrega “todo lo que yo no hubiera hecho lo habría hecho otro”. Todos sus argumentos sostienen la idea de la determinación a la que se estaba sometido.

En esta perspectiva no puede hacerse responsable a nadie en la medida en que tiene que haber voluntad de hacer daño para que la responsabilidad tenga lugar en el campo del derecho. Todo aquello que decía lo exculpa ante los ojos del derecho porque lo ubica en el terreno de la obediencia debida a los superiores.

Todo su testimonio no fue mas que un esfuerzo constante y sistemático de negación de la verdad y esto para anular su verdadera cuota de responsabilidad, o por lo menos para disminuirla lo mas posible.

Se logro fijar la responsabilidad de Eichmann quien, según la Corte, se había demostrado que había actuado sobre la base de una identificación total con las ordenes y una voluntad de realizar los objetivos criminales y en la medida que se identificaba con las ordenes criminales, compartía la voluntad de hacer daño.

Pero la verdadera cuestión reside en que la obediencia no es ajena a la responsabilidad. La obediencia es el crimen. La responsabilidad del sujeto reside exactamente allí, en ese punto en que se ofrece como instrumento de la maquinaria. El decidió ser un engranaje, que se cuente con el y no con otro hombre.

La lógica del derecho no alcanza a comprender que la obediencia puede ser algo del orden de la responsabilidad y de este modo se cancela la posibilidad de creación de sentido que permita reconstituir no lo perdido, sino la continuidad histórica.

Eichmann dice que no tuvo intervención en el exterminio, solo en la deportación. Y es justamente esta obediencia lo que lo hace culpable de los asesinatos en serie.

Hay un desastre cuando algo de lo real se le escapa absolutamente a nuestra regla de cálculo. Un desastre o una catástrofe indica en principio una alteración en el orden regular de las cosas. ¿Qué pasa con un orden de regularidades cuando le sobreviene algo que lo excede?. Procesar una catástrofe es algo mas que dejar tras las rejas a los responsables: es también pensar la responsabilidad. Como se planteo en el caso de Eichmann, incluso si se lo deja tras las rejas no se produce la responsabilidad, porque no esta en la capacidad del dispositivo jurídico juzgar la responsabilidad de este tipo de crímenes, de delitos que llamamos catástrofes.

Se plantean 3 esquemas: catástrofe, trauma y acontecimiento.

Bajo el esquema de la inundación que se retira, el trauma puede ser llamado trauma como esquema de un desborde. Cuando se van las aguas se reconstituye un orden. Finalmente con las marcas simbólicas previas se puede procesar eso que cuantitativamente lo excedía porque cualitativamente era compatible.

En el caso del acontecimiento se puede pensar que sobreviene algo en exceso cualitativo respecto de una estructura y no le alcanza a la estructura previa para procesarlo, entonces hay que inventar otra cosa. El acontecimiento nombra ese termino suplementario que puede procesar a la vez los términos previos y lo que ha sobrevenido. La alteración no ha sido temporaria sino estructural.

En el caso de los juicios nazis, el procesamiento jurídico de la situación no puede inscribir una marca suplementaria porque es justamente la organización jurídica la que ha colapsado para procesar lo que es un juicio.

Se puede llamar catástrofe a las situaciones en las que ninguna marca previa sobrevive con eficacia al aluvión, ninguna marca previa tiene capacidad simbólica para operar.

La ley jurídica funciona como mediación normativa: es norma pero no media, ejerce pero no funciona, administra sellos y papeles pero no ordena la situación de modo tal que haya humanidad pues su función mediadora ha caído. La insuficiencia de lo jurídico refiere a un estado de catástrofe perpetua porque es cosa ya juzgada, porque ya esta juzgado pero la cuestión sigue ahí intacta, intocada. Esta en la misma estructura de la ley la imposibilidad de procesar algo de esta cualidad nazi. Hay una incapacidad del orden jurídico de señalar otro orden de responsabilidades que no sea jurídico.

Un evento histórico no queda procesado cuando se logra decir “es justicia” sino que queda procesado cuando a partir de esa operatoria se instituye un nuevo mapa de responsabilidades sobre lo hecho y sobre lo por hacer. Que haya gente tras las rejas no significa que haya responsables. Para que sean responsables tienen que ser responsables de sus actos.

Sobre condiciones anticipables, la ley establece que se debe hacer y que no y establece que en condiciones que no son anticipables “se vera”. El “se vera” es un agujero legal en la ley que es constitutivo de la estructura misma de la ley. Cada vez que estamos frente al estado de excepción, Auschwitz es posible. La ley sabe muy bien procesar los crímenes que anticipa, pero no puede procesar su estructura misma, que admite la excepción. Entonces los juicios nazis bien podrían ser llamados catástrofes porque las marcas previas, no pueden procesar eso de manera tal que haya mediación entre los hombres en condiciones de nazismo. El virus no es el nazismo, sino el estado de excepción. Lo jurídico es insuficiente, lo cual no significa que haya insuficiencias en lo jurídico. Lo jurídico como tal no es el ordenador, no es el remedio, no es el estructurante para este tipo de situación que opera en los puntos ciegos de lo jurídico a partir del estado de excepción.

La catástrofe es el punto en el que no hay precomposición, no hay reestructuración, no hay reorganización. En ese punto tiene que ocurrir algo por primera vez y si no, no acontece nada. Ocurre siempre lo mismo.
Especificidad en la tortura como trauma. El desierto humano cuando las palabras se extinguen” – M. Viñar -

De la tortura, de eso no se quiere saber ni se puede creer. Lo mas traumático no es el trauma mismo, sino la desmentida del hecho traumático.

Cuando el psicoanalista recibe un sujeto marcado por situaciones extremas como torturados, sobrevivientes del campo o de masacres, ¿cuál es su posicionamiento como terapeuta y como investigador?, ¿qué materia traen a elaborar en análisis los sujetos de estos vejámenes, los afectados y su entorno?.

Reducir el horror a una categoría común de trauma es conceptualmente erróneo, además de éticamente condenable.

Hay un inalcanzable de la representación del horror por lo que la solución de ese trauma no es accesible por la vía catártico-abreactiva. La meta terapéutica no es la resiliencia, la meta terapéutica busca un reencuentro con la temporalidad psíquica, con un devenir y una reapropiación del fuero interior que permita discriminar el pasado del presente, que el sujeto pueda acceder a su actualidad y no quede incrustado, anclado al trauma, como fuerza de atracción que satura el presente y el futuro en un determinismo lineal y fatal con aquel pasado. Se trata de leer no tanto al trauma sino en como cada sujeto lo registra, lo inscribe y lo significa: la singularidad de la respuesta.

En análisis se trata de repersonalizarse, cuando se esta fuera de si es necesario rehabitarse. Un modo de fracaso es cuando el analizando se instala irreversiblemente en la posición de victima.

Es un desafío para el psicoanálisis tener acceso a un espacio de intimidad, construirlo al mismo tiempo que se lo convoca. No quedarse en una semiologia exterior objetivante que habla de secuelas, sino fundar una semiologia relacional, donde desde la experiencia intima el sujeto transforma la secuela en marca creativa que define su retorno a la condición de ser humano singular. De esta manera, el objeto de estudio no es solamente identificar las secuelas y la minusvalías de los afectados, sino integrar su experiencia y su relato en un proyecto de vida.




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