Psicología, Ética y Derechos Humanos


Módulo IV · La ética ante situaciones extremas



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Módulo IV · La ética ante situaciones extremas.



Diagnóstico y responsabilidad” – Carlos Gutiérrez –

- El diagnóstico como coartada

La intervención del profesional de la psicología en el ámbito jurídico suele ser la ocasión para una forma de manipulación del conocimiento científico en cierta lógica de la exculpación prevista en la letra de la ley. Como si sujeto y su responsabilidad fueran un apéndice que cuelga del diagnóstico.

Como en el caso de Althusser, si el testigo experto reemplaza al acusado, la escena judicial pierde toda su eficacia al quitarle la palabra al acusado para dársela a los expertos. Así el acusado deja de ser el sujeto de la interpelación para pasar a ser el objeto de una observación clínica. Se deja de lado cualquier consideración sobre las acciones que alguien llevo a cabo para dar lugar al diagnostico que recubra su acción. Lo que cuenta no es ya lo que hizo sino lo que es, él es solo una victima de la naturaleza psíquica.

La ironía final es que la búsqueda de un diagnostico que intentaba dar protección a las victimas de la tortura en Sudáfrica, devino refugio de los torturadores y asesinos.

Cualquier diagnostico tiene un carácter encubridor de la posibilidad de que cada uno, que no es cualquiera, pueda inscribir su sufrimiento o su responsabilidad sin refugios de ninguna índole.

El discurso social desconoce la singularidad del sujeto apelando a generalizaciones bajo el nombre de victima o afectado.

La mirada de los técnicos funda un saber que opera como un segundo encubrimiento del sujeto asignándole un diagnostico derivado mecánicamente del síntoma o construido en la observación cuidadosa de aquello que segrega el trauma.

Confundir el síntoma con un diagnóstico, sustituyendo uno por otro, es borrar las huellas que conducen a una pregunta, huellas que invitan al sujeto a interrogarse por eso que el porta. Hacer del síntoma un diagnostico es transformar ese interrogante en una convicción nosográfica donde encuentran refugio malestares diversos. A su vez el diagnostico empuja al sujeto a la creencia acerca de que hay otros que sufren de lo mismo que el.

El diagnostico no puede ser utilizado como una coartada para ocultar actos atroces como ha sucedido con los perpetradores en el caso sudafricano.

La escena judicial interpela al acusado concediéndole la palabra para hablar en su nombre respecto de su acto. Esta interpelación opera como la ocasión propicia en la que puede emerger una posición subjetiva que se sustraiga de la acción criminal para inscribirse como acto del sujeto en un campo de legalidad.

El titulo habilitante de los profesionales intervinientes, puede ser utilizado para llevar a cabo tareas que son contrarias a toda obligación ética.

Se trata de todo un aparato dispuesto a consagrar una impunidad que mucho mas allá de los “beneficiarios” directos, extiende sus efectos al conjunto de la sociedad.
La seducción totalitaria” – C. Calligaris –

Cualquier dirigente nazi seria responsable. La posición de Speer (1er. arquitecto de Hitler y luego ministro de armamentos del Reich) podría ser resumida así: la guerra era inevitable porque estaban los medios técnicos para hacerla.

Speer tenía todo para ser un antifascista estético pero no lo fue. Era un excelente padre de familia, un hombre culto, sensible. En el fondo, cuando el defiende la idea de lo que aconteció fue a consecuencia del desenvolvimiento de la técnica en cuanto tal, esta diciendo en cierto modo la verdad, evidentemente nunca toda la verdad.

El semblante de saber construido puede ser cualquiera, lo esencial es que sea sabido y compartido y que de pronto nosotros quedemos funcionando, sabiendo lo que tenemos que hacer, como instrumentos de este saber. Esto es lo esencial, “el contenido” de este saber no tiene la mas mínima importancia. Este semblante de saber, cuando esta funcionando, es necesariamente totalitario en dos sentidos: el sentido por el cual necesariamente el tiene que extenderse, porque el hecho de haber personas, sujetos, que no reconocen este saber que estamos compartiendo, personas que no aceptan funcionar como instrumentos de este saber, es algo que lo contradice, entonces el solo puede extenderse en un horizonte totalitario. Lo que por otro lado no es muy difícil porque en el fondo la muerte del sujeto que no estaría aceptándolo a este saber realiza el funcionamiento de este saber, porque reduce finalmente a este sujeto a la posición de instrumento de este saber.

Respecto de la pasión de la instrumentalización, hay una segunda hipótesis a comentar: la satisfacción de esta pasión de la instrumentalización, esta salida de la neurosis del lado de perversión, no tiene precio para el neurótico. Que un sujeto para funcionar en un sistema tenga que matar a millones de personas, esto es un precio que tal vez la mayoría de los neuróticos este dispuesto a pagar para tener acceso a este tipo de funcionamiento.

A Rudolf Hoess se le pregunto como podría gozar matando así, como ese goce fue posible. A lo que responde que ellos son los errados porque su goce no era matar personas, su goce era ser un funcionario ejemplar, y para ser un funcionario ejemplar hasta estaba dispuesto a matar personas.

En cuanto a la obediencia debida, para poder conseguir una salida al sufrimiento neurótico banal, el neurótico pueda considerar que cualquier precio es bueno.

El autor piensa que esta pasión de la instrumentalización es el ordinario de la vida social y su inercia natural, pues la responsabilidad no puede considerarse como siendo solo de los dirigentes. Pero el lazo inercialmente es totalitario, en el sentido en el cual la tendencia natural va en dirección de la alineación total del sujeto a su posición instrumental. La inercia normal del lazo social es que el sujeto sea cada vez mas, nada mas que un instrumento del funcionamiento del lazo.

El principio básico de un régimen totalitario es efectivamente una gestión total de la vida cotidiana. Cada vez mas para llegar a una verdadera alineación en la cual un sujeto se sustenta solo en su función de instrumento.

La constitución neurótica podría ser descripta como relación a un saber paterno siempre supuesto y entonces como una incertidumbre acerca de lo que se quiere. Desde este punto de vista, saber lo que hacer consigo mismo como instrumento es evidentemente un privilegio.

Encuentro que el pasaje del lado del ser para el lado del tener, es un fenómeno decisivo de nuestra modernidad y tiene una implicación importante relativa a lo que hablamos antes: cuanto mas lo que estábamos persiguiendo (el ideal fálico) esta del lado del tener, tanto mas el saber paterno va a presentarse como saber sabido y compartido.

Tal vez ya estemos en una transformación del síntoma social, que para Freud es un síntoma social neurótico, en un síntoma social perverso.

Un horizonte que introduce la promesa de un goce satisfactorio en el semblante. Porque promete el acceso a un saber sobre lo que queremos y puede prometerlo, en la medida en que lo que queremos esta del lado del tener.
La ética del analista ante lo siniestro” – Fernando Ulloa –

El psicoanálisis se sostiene en un propósito: el develamiento de aquella verdad que estando encubierta, para el propio sujeto que la soporta, se presenta como síntoma. El psicoanálisis es una propuesta ética.

La condición humana es de naturaleza trágica en tanto entrecruzamiento conflictivo del amor y del odio, del cuidado y la agresión, de solidaridad y egoísmo.

Un-heimlich

fliar
siniestro

El secreto de familia, que como factor patógeno, opera en la historia de algunos individuos. En estas familias algunos de los personajes “están en el secreto”, el secreto les es familiar e incluso les confiere poder. El resto de la familia, de acuerdo a la naturaleza de lo oculto, suelen sufrir sin saberlo a ciencia cierta, las consecuencias de la malignidad infiltrante de lo que les es ocultado. Se convive con algo que se ignora aunque se lo presiente inquietamente. Se puede sumar a lo oculto la propia negación frente a lo extraño. Comienza así a surgir el efecto siniestro. Es como la malignidad infiltrante de un cáncer ignorado, o quizás denegado, pero existente.

Ej. “caso Paula”. Siendo secreto no hay oportunidad de palabra que articule los hechos de un relato. Entonces le secreto infiltra y pervierte todos los vínculos y estructuras psíquicas de Paula.

El único remedio posible contra la malignidad de lo siniestro es el develamiento de aquello que lo promueve, simultáneamente al establecimiento de un nuevo orden de legalidad familiar. Aun dentro de lo doloroso de esta explicación, de este hacer justicia, la verdad operara como incisión para drenar, aliviar y curar el abceso de lo siniestro. El escenario de lo siniestro traspasa los limites de una familia y cobra la dimensión de la sociedad.

Los efectos de lo siniestro dependen del lugar que se alcanza con relación a lo oculto.

El lugar de las victimas esta ilustrado en los terribles relatos de los sobrevivientes.

La propia lucha por romper lo oculto fortalece frente a sus efectos. Son los que intentaron salirse del lugar paralizante desenmascarando lo clandestino.

La mayor verdad es la mentira que encapucha la evidencia.

Quien se propone psicoanalista esta atrapado en la cuestión de ser o no ser frente a miles de calaveras, recuperadas o desaparecidas que lo interrogan no tanto en cuanto a lo que aconteció, sino principalmente en cuanto al testimonio de verdad que su practica rinda.

El olvido como valor social, no solo instaura una cultura siniestra con todos sus efectos, sino que promueve la repetición de los hechos.

El psicoanalista, concorde con su ideología, podrá o no aproximar su colaboración directa al campo de los derechos humanos, pero si es cabalmente analista, si su practica no desmiente las propuestas teóricas del psicoanálisis, no podrá dejar de hacer justicia desde la promoción de verdad como antídoto frente al ocultamiento que anida lo siniestro.

La tortura es absolutamente contrarrevolucionaria en cualquier circunstancia.


La transmisión de un patrimonio mortífero: premisas éticas para la rehabilitación de afectados” – Marcelo Viñar –

No es lo mismo el horror, que el relato ante el horror.

El testimonio y la denuncia son una necesidad y una trampa, un compromiso ineludible donde hay que entrar y salir, no quedar capturado en la narración de la escena sádica.

El retorno y la actualización del horror implica una responsabilidad etica en el consultorio de la escena publica. No todo silencio implica complicidad adaptativa ni todo sufrimiento implica elaboración y progresión que construye.

Necesitamos otro marco distinto del modelo médico para emprender nuestras acciones, para justificar nuestra ética, para revisar nuestro errores. No se trata de combatir sino de pensar.

No hay salud en la transmisión de un patrimonio mortífero y violento. Hay apenas la pena de una reapropiación dolorosa, simbólica, menos loca y menos mortífera, en el punto final que en el de partida.

Sabemos que el horror no metabolizado, no significado simbólicamente, vuelve, retorna, insiste como el virus que contagia mordiendo siempre a los mas débiles.

¿Qué tipo de psicoterapia para torturados?

Lo único que podemos hacer es lo que sabemos hacer: descifrar enigmas. Explorar como cada persona singular se inscribe en el abanico de respuestas de lo que socialmente llamamos traumatismo o catástrofe social. Leer en cada quien su sufrimiento y su silencio, leer con el lo que es reconocimiento y lo que es omisión y negación frente a lo acontecido.

En la transmisión del patrimonio mortífero que es herencia de todos, cada elaboración y significación deja su resto de indescifrable, de incomprensible y excesivo. Cada sujeto y cada generación se apropian de la historia al advenir a ella y materializan o encarnan los mitos de los que preceden.

No hay psicoterapia especial para torturados o familiares. Lo que hay, o no hay, es sensibilidad y disposición del terapeuta para recorrer un itinerario de horror en que la realidad ha redoblado y confirmado los espantos del fantasma y cuando se esta disponible no alcanza con el humanismo heroico.

Mirar el horror de lo que paso y con ello construir el porvenir, sin la captura de la repetición traumática que redobla el traumatismo. Restablecer la disociación pasado-presente y calmar la intrusión alucinante del traumatismo, restituyéndolo a la categoría de recuerdo pensable, son un duro trabajo.

Mal servicio hacemos a los pacientes confirmándolos en su posición de héroes o víctimas que el discurso social les asigna.
Desastres y catástrofes” – Ficha de Cátedra –

Los desastres y catástrofes son los modos en que la naturaleza, el propio cuerpo y la relación con el semejante se manifiestan en sus formas extremas desbordando las capacidades materiales y simbólicas para enfrentarlos.

Desastre se trata de un trastocamiento de los elementos que están por fuera de la órbita del sujeto, identifica al evento cuya gran magnitud lo torna disruptivo.

Catástrofe refiere a la alteración de las referencias simbólicas en los sujetos cuando la magnitud del evento excede las capacidades singulares y colectivas.

El primero de los términos pondría el acento en el fenómeno objetivo mientras que el segundo lo haría en lo subjetivo.

Freud afirma que el desvalimiento y la desprotección, si bien sentimientos infantiles, acompañan al hombre a lo largo de toda su vida. La humanidad ha generado en todos los tiempos modos de mitigar tal desvalimiento, a través de representaciones, de mediaciones simbólicas que hacen posible soportar el desvalimiento humano constitucional promoviendo sistemas de sentido y formas posibles de acción aun sobre el trasfondo de la indefensión irreductible. Sin embargo, la naturaleza, el propio cuerpo y el orden social constituyen fuentes permanentes de amenaza. Ciertas circunstancias, enfrentan al sujeto a la desprotección estructural a la que está sometido desde el nacimiento.

El desastre se torna a su vez catástrofe subjetiva.




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