Psicología, Ética y Derechos Humanos



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Psicología, Ética y Derechos Humanos
Módulo I. La ética contemporánea: dialéctica de lo particular y lo universal-singular.
*Michel Fariña, J. J.: El doble movimiento de la Ética contemporánea. Una ilustración cinematográfica. En la transmisión de la ética. Clínica y deontología

La transmisión de la ética se asienta hoy en un doble movimiento, doble movimiento que se expresa en la dialéctica de lo particular y singular. Un primer movimiento indica el tránsito de los juicios morales al universo de conocimientos disponibles en materia de ética profesional. Se trata de una transformación reflexiva del cuerpo, ya que supone poner entre paréntesis las concepciones sobre el bien y el mal, para situar el problema en una suerte de estado del Arte que da cuenta de los avances alcanzados por la disciplina. Este “estado del Arte” permite deducir el accionar deseable del profesional ante situaciones dilemáticas de su práctica. Da cuenta del “qué debería hacer y por qué”. Se prescinde del caso singular. El conocimiento necesario para resolver el dilema existe, antecede a la situación misma, disponga o no de él el profesional que debe resolverlo.

Hay un segundo movimiento. Suplementario del anterior, éste da cuenta de las singularidades en situación. Son aquellos escenarios dilemáticos para los cuales no existe en sentido estricto un conocimiento disponible, sino que es la situación misma la que funda conocimiento al sustraerse de la lógica precedente. Este movimiento interroga la norma más allá de todo campo reflexivo, suplementando el universo al decretar su incompletud. Da cuenta no del “qué debería hacer…” de la pauta deontológico particular, sino del “qué hacer” allí donde la situación se revela a posteriori como desbordando el conocimiento que la antecede.
Apuntes de clase teórica de Fariña:

Primer movimiento (encuadre particular). Supone pasar de la intuición moral al Estado del arte integrado por los conocimientos disponibles. Dimensión deontológica. Da cuenta del deber. Códigos de ética, serie de enunciados, principios generales.

El método es de los tres tiempos lógicos:

1-Vistos: Se presenta una situación que necesita interrogación. 2-Considerandos: Se despliegan los ejes que articulan la complejidad de la situación. 3-Resolución: Momento para concluir. No es si estuvo bien o mal, sino que se amplia la información contenida en los vistos. Se aplica una medida.

Este es el método del primer movimiento. No funciona en todos los casos. Se adapta a las situaciones de las que ya hay conocimiento. El conocimiento antecede a la situación y se confronta el caso con ese conocimiento.

Cuando se presenta un caso lo pensamos como un caso en general, se hace un recorte particular, se lo piensa como un caso “tipo”. Esto es lo que diferencia los movimientos, porque en el segundo movimiento se hace un recorte singular del caso. Se relevan los elementos singulares del caso que no podrían estar contemplados en las generales de la ley.

Segundo movimiento: Singularidad en situación. Interroga el Estado del arte (códigos de ética)

El conocimiento no antecede a la situación, es la situación misma la que inaugura el conocimiento. Se transforma en particular lo que antes se suponía universal. El nuevo conocimiento no es ni opuesto, ni complementario sino suplementario. Se presenta una singularidad que interpela la existencia del conocimiento previo. Lo que era un aparente universal se revela como un particular.



Particularismo: surge en la conjunción del campo de lo particular, universal-singular. Cuando lo universal es reducido a particular.
*Ética, un horizonte en quiebra

Michel Fariña Qué es esa cosa llamada ética. Capítulo II y III

Ejemplo de Bart Simpson. Bart se estaba realizando un tatuaje con la palabra madre (mother) dentro de un corazón cuando llega Marge e interrumpe al tatuador echándolo. El tatuaje queda mostrando un corazón que encierra la apalabra ‘Moth’ que en inglés singnifica polilla. El sentido de la interrupción es claro: interceptar el destino incestuoso del tatuaje original. Al negar a su hijo semejante iniciativa, su madre abre en él la condición de posibilidad para que algún día Bart pueda grabar en su brazo el nombre de una mujer que no sea ella. Lo importante es la evidencia de esa prohibición que constituye la función de la Ley. Ese universal de la castración simbólica o de la interdicción, no se realiza sino en la forma de lo singular. Nada sabemos de él sino a través de su emergencia singular. En este ejemplo, la formula moth(er), mamá polilla, será la marca que realice en el cuerpo de Bart la función universal de la interdicción.

El carácter singular se evidencia en las circunstancias irrepetibles de la experiencia. No existe lo universal sino a través de lo singular y recíprocamente, el efecto singular es una de las más infinitas formas posibles de realización de lo universal.

La dimensión universal-singular de carácter indisoluble de sus términos, dimensión sobre la que se comenzará a dibujar el horizonte de la ética.

Lo particular no puede comprenderse separado de lo universal-singular y, a su vez, eso que hemos llamado universal-singular no existiría sin lo particular. Ante todo, lo particular es un efecto de grupo. En otras palabras, un sistema de códigos compartidos. Si lo universal-singular denotaba lo propio de la especie, lo particular será el soporte en que se realiza ese universal-singular.

La dimensión ética se despliega en el circuito universal-singular, sosteniéndose (de manera siempre provisoria) en el campo de lo particular, del que toma prestado se carácter de código.

El efecto particularista es distintivo de la falla ética y se verifica en la pretensión de que un rasgo particular devenga condición universal.

Mientras que la moral remite a cierta contingencia, la ética va más allá.

Más estrictamente, la pauta moral se corresponde con los sistemas particulares (culturales, históricos, de grupo), mientras que el horizonte ético, si bien puede soportarse en tales imaginarios, siempre los excede. De allí la afirmación que asigna a la dimensión ética alcance universal. Pero lo universal-singular de la ética no puede ser colmado por ningún sistema moral (particular).
Capítulo IV: Lewkowicz, I. Particular, Universal, Singular.

Las singularidades éticas además de ser éticas son de por sí singularidades. Y el término singular esconde su enorme potencia cualitativa tras una inocente apariencia cuantitativa. Primera advertencia: las intuiciones meramente cuantitativas (singular para uno solo, particular para unos cuantos, universal para todos) no sólo son insuficientes sino también contraproducentes en este terreno.

En una situación suelen estar trabajando las tres dimensiones conjuntamente, no son claramente discernibles entre sí y lo más decisivo de su funcionamiento radica en las relaciones complejas que establecen entre sí.

La singularidad está por fuera del “uno”, el universal va más allá del “todos”.

La singularidad es lo que se sustrae al régimen del uno: la presentación de “algo” incalificable según el lenguaje de la situación. El universal es lo que va más allá de “todos”: no es un todo gigantesco, una bolsa descomunal en la que se acumulan las entidades reales e imaginarias posibles, sino el hecho mismo de que para cada universal postulado, un algo singular lo obliga a ir más allá de su aparente totalidad. El universal es este hecho de (una vez destotalizado por un singular) ir más allá de sí.

Un conjunto se determina por sus propiedades. Una propiedad determina un conjunto. El universal, si existiese, tendría que se también, a su vez, un conjunto. Para ser, tendría que verificar una propiedad, pero no es formulable semejante propiedad capaz de dar existencia al universo.

En ausencia de universo universal, los “todos” postulados como tales no son más que particulares precarios. El universal es la potencia de desborde, de exceso, es el gesto de ir más allá de las totalizaciones supuestamente clausuradas al devenir. El “todo” es sólo la parte nombrable, discernible, formulable bajo las propiedades que determinan la universalidad restringida de ese universo. El universal de comienzo se revela retroactivamente como particular; el carácter de universal se desplaza entonces del aparente universo de partida al gesto de desbordar tal universo y acotarlo como particular.

No es el hecho de ser uno el que lo vuelve singular. Un singular no es “uno solo”, porque uno solo es uno más: un término previsible, nombrable, discernible bajo las propiedades que estructuran el lenguaje de la situación (o conjunto) en cuestión. Podremos hablar de singularidades sólo cuando algo que se presenta hace desfallecer las capacidades clasificatorias de la lengua de la situación, cuando ese algo no se deje contar como un individuo por ninguna de las propiedades discernibles (estructurantes) de la situación.

El término será singular si no pertenece al universo en que irrumpe, si su presentación hace tambalear las consistencias previamente instituidas.

Se dirá que una ley de un código que regula exhaustivamente una situación cualquiera es siempre particular: está sometida (o suspendida) hasta la sorpresiva irrupción de una singularidad que (destotalizando como particular la legalidad del universo previo) exija un gesto de suplementación (universalización) en nombre de una nueva ley “más alta”.

Las singularidades sólo son un modo de relación con una situación que irrumpen.

Una situación es, en principio, un universo (restringido como todos) que es ciego a la restricción que lo funda. Como el lenguaje que lo ordena simbólicamente es un lenguaje, bajo ninguna circunstancia podría armar un todo coherente sin exclusiones. Su coherencia depende de las exclusiones. Pero esas exclusiones no son discernibles de antemano, no derivan de un gesto explícito de apartar deliberadamente tales o cuales términos indeseables para luego asegurar la consistencia de los términos admitidos. Estas exclusiones se instauran implícita y ciegamente con el acto mismo de instituir un universo, una situación, una ley o un lenguaje. Tales universo, situación, ley o lenguaje ignorar radicalmente lo que excluyen. Lo que está excluido simplemente, no existe, sin más. Por eso el advenimiento singular suplementa realmente el universo de lo existente.

Una singularidad es entonces, irremediablemente, un proceso situacional.

La irrupción de puntos singulares requiere la invención de los nombres pertinentes, de los enunciados que nominen. La singularidad no es una función monótona. Por eso requiere de una intervención subjetiva que la produzca (nominación). No es concebible una singularidad de por sí, dispuesta ahí enfrente como un objeto a ser reconocido o conocido. Las singularidades no son objetividades dispuestas para el conocimiento de un sujeto puesto enfrente sino intervenciones subjetivas que producen una novedad en la inmanencia de la situación. De ahí que una de las condiciones de posibilidad para que existan singularidades es la posibilidad de intervención. De ahí se sigue que una singularidad sólo lo es para la situación en la que irrumpe y sólo si existe el trabajo subjetivo de lectura, producción y nominación.

Una ley moral, por ejemplo, parece enunciar unos principios en cuya ejecución quedarían codificadas todas las situaciones posibles. Pero se le presenta un punto en que fracasa. La ley no sabe pronunciarse (y se sabe impotente para operar en estas circunstancias). Ese punto de impasse es el campo de intervención sobre el que ha de constituirse una singularidad. El universal previo se revela como meramente parcial. El punto de singularidad vehiculiza la exigencia de una nueva ley, ésta sí universal, que deje atrás el limitado horizonte restrictivo de la legalidad previa. El universo se ha ensanchado, se ha suplementado a partir de una singularidad. Esa singularidad era el único lugar en que se estaba poniendo en juego un universal que fuera más allá del restringido universo situacional.


*Capítulo VI Fariña, J. Del acto ético

Lo principal es la referencia que hace Fariña a las nociones de particularismo y mediaciones instrumentales y normativas siempre en relación a Antígona.

Habla de particularismo al mandato de Creonte: a Eteocles que murió defendiendo su tierra le serán reservadas los funerales reales; a Polinices que murió peleando contra los suyos en cambio no le será provisto rito funerario alguno, ni se le sepultará. Completa el edicto amenazando con privar de la vida a quien ose desobedecerlo.

Fariña dice que en el edicto de Creonte hay un ejemplo paradigmático de particularismo. Porque para Creonte el acto de traición cometido en vida por Polinices lo alcanza más allá de la muerte, privándolo del derecho a una tumba. No dice “como Polinices fue un traidor será sepultado sin honores o no me siento convocado a su entierro. Si lo hiciera no se le reprocharía nada desde la ética, sería más bien una cuestión moral.

Se refiere a mediaciones instrumentales a los arados, redes, ardides nombrados en los coros. Los cueles son entes mediadores entre el hombre y la naturaleza. Estos mediadores pueden ser elementales como un arado o sofisticados como una computadora.

Luego el coro habla del lenguaje y las ideas etéreas que también constituyen mediaciones pero no ya con la naturaleza sino con el resto de los seres de la especie. Mientras que las aptitudes instrumentales suponen un entrenamiento, el lenguaje se aprende por sí solo. El coro sigue diciendo: “y los comportamientos que imprimen un orden a las ciudades”. Este verso está en relación la Ley. Fariña llama mediaciones normativas a estas instancias. El hombre es la cosa más formidable, de un lado se ha mediado con la naturaleza, generando instrumentos que lo emancipan de ella; y de otro dispone de un lenguaje y de la Ley, mediadores por excelencia entre los sujetos. El hombre es la cosa más formidable y es por eso que tiene problemas éticos.


*Teórico desgrabado de Lewkowicz: Paradoja, infinito y negación de la negación.

La pregunta moral más frecuente es: “¿Qué debo hacer?” Ésta se responde desde un sistema moral determinado. En la dimensión moral hay veces en que no es posible saber qué hacer. Situaciones que por su estructura suscriben o prohíben un saber sobre qué se debe hacer, allí entra en juego la dimensión ética.

Una ley moral rige para el universo de todas las situaciones, pero como esto no es posible la moral rige para algunas situaciones y en otras colapsa.

La singularidad no es la individualidad, es un elemento de la situación. Una singularidad muestra que el universo no es universal, era universal, pero se le revela una singularidad. Si a un universo se le declara una singularidad, deja de ser universo. El eje ético une el universal-singular e intercepta o particular. La dimensión ética une un singular con un universal y corta el eje particular.

Si a un universo se le declara una singularidad deja de ser universo, este singular dice que la estructura del universo deja de ser consistente. Si el universo destituido no asume esta destitución tenemos que un particular pretende para sí un rango de universal. Declarada la singularidad el universo deviene particular. El universo no admite el accidente que lo ha destituido. Si no cabe un el universo un nuevo término entonces no es universo, es restringido, por tanto es particular. Esto es un particularismo: cuando una parte del universo pretende imponer su regla particular como ley del todo. En el particularismo no se admite la marca de una ley superior, ni la marca que hace caer una ley. El particularismo no admite marca alguna, o sea lo singular.

El devenir particular deviene particularista si se niega la singularidad. Es más fácil negar la singularidad si esta se niega por sí misma. Para que se niegue una singularidad debe haber un universal que siga reivindicando su valor universal y una singularidad que niegue su valor de singularidad cayendo en un particularismo.

-Apuntes Tomados en clase:


Lo universal tiene una íntima relación con lo singular, están en el mismo eje y se cruza con el eje de lo particular. Lo universal es el campo de la constitución del sujeto. Es lo propio de la condición humana, aquello que no varía con lo histórico, es invariante y estructurante. ¿Qué es lo propio de la condición humana? Lo simbólico, el lenguaje. La realidad no se le presenta sino que se le representa (mediatizada por la palabra) es lo que lo hace un ser simbólico. La legalidad que gobierna al sujeto es una legalidad simbólica, es una legalidad del no-todo, siempre hay algo que queda interdicto para el sujeto. Hay una falta estructural, un sujeto gobernado por el deseo. Lo universal es el campo de constitución del sujeto, donde permanentemente se da la transmisión de la imposibilidad estructural. Lo universal es pura legalidad sin contenido, transmite un no-todo.

La relación entre universal y particular es doble; lo universal afecta a lo particular y lo particular le da un soporte material a esa legalidad sin contenido. Es una relación de consonancia. Lo universal puede manifestarse en lo particular.

Lo particular como categoría supone una lógica de conjunto. Esa es su característica principal, hacer conjunto. Cada sistema particular incluye los pares de opuestos (A / -A), cada sistema particular cuando funciona es como un universo que cae cuando aparece una singularidad y no se le encuentra sentido dentro de ese particular.

Lo singular es en principio un proceso situacional. No existe por fuera de la situación en la que emerge. Nosotros debemos crear las condiciones para que lo singular emerja. Es existencial como la ética, es una existencia que se afirma. Lo singular quiebra el universo desde ese punto de inconsistencia que el universo desconocía. Lo universal prevé que algo nuevo (lo singular) puede surgir. Lo singular es algo nuevo que no puede ser nombrado por ese universo anterior. Se exige un acto de nominación intervención subjetiva. El universo se ensancha. Si una singularidad impacta el universo hay una trastocación, universalización. La singularidad provoca una universalización para esto es necesario el acto de nominación. Lo singular se refiere al efecto sujeto.


*Ariel, A. Moral y ética. Una poética del estilo.

(Entre “<>” se agregan algunos apuntes tomados de la clase de Fariña sobre el texto.)

Sitúa falsos pares de oposiciones: estilo y estética, pasión y deber, sujeto y estado, moral y ética.

Por moral vamos a situar lo que es pertinente a la conducta social de un sujeto entre otros, vamos a definir a la moral de ese modo: lo pertinente a la conducta social de un sujeto entre otros. Sería lo que llamaríamos los deberes del sujeto frente al estado, frente a la ley. La moral es temática, siempre se sitúa en un tema, la moral es temporal, es decir, es la moral de una época, es siempre referenciada a una época. Además la moral es subsistencial permite algún ordenamiento de la existencia de ese sujeto en lo social.

La ética es la posición de un sujeto frente a su soledad, no la posición en lo social por su relación con los otros, sino la posición frente a un sujeto con su soledad. Frente a lo que está dispuesto a afirmar, a firmar.

La ética propone otro plano de existencia y, en ese sentido la ética es atemporal, es atemática y existencial.

La ética no se contrapone a la moral. La ética, la existencia del sujeto desorganiza la moral, no pretende suplantarla (es suplementaria). No genera conflictos, salvo en determinados momentos muy singulares.

La estética son las condiciones de posibilidad de la experiencia de la belleza en el orden social. Sin estética, sin condiciones de posibilidad no habría posibilidad de esa experiencia de la belleza.

La estética es, al igual que la moral, temporal, es decir, histórica. Hay una determinada estética de una época y una determinada estética de otra época. Es temática, y podemos decir que la estética, en lo social siempre es un crimen contra el sujeto. Es un crimen contra el uno, pues propone el para todos.

Con respecto al estilo, que aparece como un par contrapuesto, diremos que es la posición del sujeto frente a su soledad, pero aquí no frente a lo que está dispuesto a afirmar sino frente a lo que está dispuesto a crear, frente a lo que está dispuesto a crear más allá de la belleza. El estilo indicará, entonces, una posición del sujeto en el acto creador que va más allá de la belleza. Y es por ello atemporal, resiste las épocas. Es atemática, no histórica y no personal.


En el orden social vamos a colocar la Moral, esta pertinencia de la conducta de sujetos entre otros. Vamos a oponer términos en la moral misma. Bueno y malo; verdadero y falso. Y sí y no. Estas oposiciones en el orden social, son oposiciones que son necesarias, humanas y culturales, con las que el sujeto se encuentra en el comienzo mismo.

Del otro lado, no es complementario del orden social, ni opuesto, es suplementario. Este nivel suplementario del sujeto excede y desorganiza el orden social cada vez que crea. Es la desorganización necesaria de un orden, para que haya acto creador. Pues de no haber la desorganización de un orden, el acto creador será un dormir en las condiciones de la estética de la época.




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