Psicología humanista y sus implicaciones en la orientacióN1



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PSICOLOGÍA HUMANISTA Y SUS IMPLICACIONES EN LA ORIENTACIÓN1

María Gisela Escobar Domínguez

Para concretar el campo de la Psicología Humanista en la Orientación es necesario comprender sus elementos contextuales, a fin de no asumir una postura reduccionista y por tanto contraria a los planteamientos que propone esta escuela psicológica. Para conocer cómo se concibe una educación humanista como fundamento del campo de la Orientación, se iniciará este recorrido precisando las propuestas de algunas corrientes filosóficas, científicas y culturales que influyeron en el surgimiento de la Psicología Humanista como una de las más importantes teorías psicológicas contemporáneas. Una vez señalados estos antecedentes y sus relaciones, analizaremos los procesos del aprendizaje desde esta perspectiva.

El humanismo se ha manifestado en la historia de las ideas humanas desde tiempos remotos, sosteniendo como premisa fundamental la reivindicación del Ser Humano como centro del conocimiento y su Libre Albedrío, es decir, la esencia de la libertad y la capacidad del individuo de trazar su destino a partir de la autonomía en sus decisiones.

En la edad del Renacimiento del siglo XIV surge el primer humanismo que proponía indagar en las ideas clásicas griegas para redescubrir la esencia del ser humano, asumida y controlada por la Iglesia católica desde inicios de la Edad Media. El humanismo renacentista proponía restaurar todas las disciplinas que ayudaran a un conocimiento y comprensión del ser humano a partir de las ciencias (filosofía, literatura, retórica) como el más puro y elevado rasgo del espíritu humano frente al insuficiente y autoritario pensamiento religioso de la Edad Media. Tres postulados básicos de aquel humanismo renacentista son fundamentales para comprender el humanismo contemporáneo: a.) El antropocentrismo o consideración de que el hombre es centro y medida de todas las cosas; b.) la restauración de la fe, que se desplaza de Dios al ser humano y c.) la aceptación optimista de la naturaleza y los valores humanos frente al pesimismo inquisidor de la religión medieval.

Esta filosofía humanista es el tronco fundamental del cual se derivarán otras propuestas filosóficas y científicas. A partir de este postulado general podemos dar un salto histórico para puntualizar otros antecedentes que influyen directamente en el surgimiento de la Psicología Humanista a mediados del siglo XX.



El Humanismo Existencialista o Existencialismo. Este enfoque filosófico se desarrolló durante la primera mitad del siglo XX y se difunde a las artes, las letras y las ciencias humanas y sociales contemporáneas, proponiendo que son los actos de los seres humanos los que le otorgan el significado de sus vidas. Con esta idea, los filósofos existencialistas se centraron en el análisis de la condición de la existencia humana, la libertad y la subjetividad, proponiendo en las personas la creación de una ética individual apartada de cualquier sistema de creencias externo a él, como es el caso de la religión o la ciencia positivista. En tal sentido, la postura existencialista consideraba que la ciencia debería funcionar para comprender al ser humano subjetivamente sin matematizarlo.

El escritor francés Jean-Paul Sartre es quien masifica el término existencialismo para referirse a la corriente que se gesta en Francia después de la Segunda Guerra Mundial. Sartre centra su crítica en la psicología experimentalista que había prevalecido hasta el momento y en su lugar propone la necesidad de un abordaje fenomenológico de la experiencia y las emociones como aspectos fundamentales de la existencia humana. Como veremos más adelante la fenomenología y la subjetividad son dos conceptos centrales en el enfoque humanista que se enfrentan a las posturas objetivistas de la psicología positivista.



La Psicología de la Gestalt: Se desarrolla en Alemania a principios del siglo XX, a partir de las investigaciones de un grupo de psicólogos (Max Wertheimer, Wolfgang Köhler y Kurt Koffka) interesados en estudiar el fenómeno de la percepción y otros procesos de la conciencia humana. El término Gestalt es traducido como “forma total”; en esta propuesta rechazaban la idea de descomponer el estudio de los fenómenos psicológicos en elementos y en su lugar proponían asumirlos como totalidad.

El planteamiento de totalidad de la Gestalt es asumido por el psicólogo estadounidense Abraham Maslow, (quien fuera alumno de Wertheimer cuando este emigra a EEUU), a partir del cual propone una comprensión holista de los procesos psicológicos, es decir, una psicología que comprenda al ser humano y su psique desde un enfoque integral, donde las emociones también desempeñen un papel fundamental. Con esto, Maslow anuncia el surgimiento de una “Tercera Fuerza”, para referirse a la Psicología Humanista como nuevo paradigma que se contrapone al reduccionismo del conductismo y el psicoanálisis.



El Psicoanálisis: Si bien se argumenta que la Psicología Humanista se enfrenta al psicoanálisis, es necesario aclarar que esta oposición se plantea frente al excesivo determinismo que otorga el psicoanálisis a la noción de inconsciente como propulsor de la vida psíquica. No obstante, es indudable que el psicoanálisis constituye un importante antecedente de la Psicología Humanista, ya que nutrió la formación de varios de sus exponentes, como Abraham Maslow (quien mantuvo contacto con el psicoanalista Alfred Adler) o Erich Fromm.

El humanismo asume una de las nociones fundamentales del psicoanálisis: el concepto de Sí mismo (self) como principio integrador de la psique humana que incorpora la imaginación activa de la conciencia. Esta noción se extrapola al Yo creativo y en desarrollo pleno de la Psicología Humanista, cuyo contenido veremos más adelante.

Por otro lado, la noción de Inconsciente que propone el psicoanálisis de Freud no es desestimado del humanismo. El ser humano, en tanto totalidad sostiene relaciones sistémicas con los componentes internos (inconsciente, emociones, sexualidad, motivaciones) como externos (sociedad, cultura). No obstante, es importante enfatizar que a diferencia del Psicoanálisis el inconsciente en el humanismo no es impulsor determinante del Yo sino más bien un inconsciente orientado a metas, lo cual guarda relación con los postulados de autorrealización en la Psicología Humanista

Movimiento contracultural norteamericano: Otro de los antecedentes de la Psicología Humanista que no podemos dejar de lado, se refiere a un movimiento cultural que se desarrolla entre la década de los 50´s y 60´s del siglo XX en los Estados Unidos. Se trata de un conjunto de acciones sociales y propuestas intelectuales que involucran las artes, las ciencias, la política para oponerse a las grandes guerras que reclutaban a una gran parte de la población joven. En ese momento histórico, los jóvenes universitarios de los Estados Unidos estaban impregnados de una actitud rebelde y contestataria fuertemente comprometida con valores filosóficos y espirituales que se oponían a una sociedad que catalogaban como deshumanizada.

En ese contexto de cambios y cuestionamientos algunos investigadores comienzan a interesarse por el estudio de procesos psicológicos que habían sido desestimados por la psicología experimental y positivista (y específicamente por el conductismo) como son el amor, la creatividad o los estados alterados de la percepción, los cuales se consideraban inobservables y acientíficos. Esta nueva búsqueda que incorpora realidades subjetivas como objeto de estudio psicológico también abonará el terreno fértil para que se consolide un nuevo paradigma denominado Psicología Humanista en las Universidades norteamericanas.



Consolidación de la Psicología Humanista: A partir de la influencia de la filosofía existencialista, de la Gestalt y del psicoanálisis comenzamos a identificar el surgimiento de la Psicología Humanista alrededor de los años 50 y 60 del siglo XX. Hemos visto que estas escuelas filosóficas y psicológicas se desarrollan fundamentalmente en Europa; no obstante, el nacimiento de la Psicología Humanista se produce en los Estados Unidos gracias a la migración de científicos y pensadores europeos hacia las universidades norteamericanas durante y después de la 2º Guerra Mundial. En este contexto es indudable el aporte del psicólogo norteamericano Abraham Maslow, quien recibe formación de las tradiciones científicas europeas, lo cual le permitió nutrirse con ideas alternativas a los modelos psicológicos tradicionales, especialmente del conductismo que dominaba la academia de los EEUU.

Se ha señalado que durante la primera mitad del siglo XX la Psicología caminó en dos direcciones notablemente diferentes e incluso opuestas entre sí. Por un lado, la orientación conductista, de naturaleza objetivista y positivista. Por el otro, el Psicoanálisis. Estas dos corrientes tenían como denominador común un principio básico: el determinismo. Por un lado, la conducta interpretada como un proceso automático estimulado por el medio ambiente exterior; por el otro, la personalidad se considera como un producto desencadenado por impulsos internos inconscientes.

Así, la “Tercera Fuerza” (tal y como denomina Maslow a la naciente Psicología) emerge como un nuevo paradigma o modelo de conocimiento que propone comprender al ser humano desde su totalidad en un sistema de relaciones que involucra tanto las dinámicas internas (emocionales, cognitivas, perceptivas, inconscientes), como las externas (conductuales, sociales y culturales).

Psicología Humanista y Orientación Educativa:

Una vez realizada esta breve revisión de los antecedentes y condiciones que dieron origen al surgimiento de la Psicología Humanista, podemos analizar cómo se integra al campo de la Orientación

La noción de aprendizaje en la Psicología Humanista está íntimamente relacionada a su concepción de persona. Recordemos que el humanismo tiene una consideración optimista de la naturaleza del ser humano, por tanto se asume que el individuo es proactivo, orientado a la autorrealización y gestor de sus propias decisiones. Este planteamiento fundamenta la corriente de la Orientación que se dedica al desarrollo humano, proponiendo que el individuo tiene motivaciones que lo guían hacia un fin. Pero ese fin no es único sino un proceso para desarrollar un Yo auténtico; en esto consiste el “llegar a ser” que señala Carl Rogers, (1984)

Esta propuesta subyace a distintas áreas de la orientación.

A.- En la orientación vocacional: La psicología humanista promueve el desarrollo de las preferencias vocacionales de acuerdo a los intereses de la persona. El orientador en este caso es un “acompañante” del proceso y no impone sus propios criterios en cuanto a lo que el joven debe elegir como carrera u oficio, respetando las decisiones y motivaciones personales del estudiante. Por ello, el orientador vocacional en la perspectiva humanista, no se conforma con la aplicación de instrumentos psicométricos para definir una preferencia sino que suministra diversidad de alternativas, posibilidades, materiales e información para que el estudiante haga su selección sin imposiciones externas.

B.- En la orientación educativa, en los planteles en los diversos niveles, se propone que los docentes sean también facilitadores de los aprendizajes. Desde la visión humanista propone superar los modelos de la educación tradicional concebidas como “depósito” de conocimientos, (tal y como señala Paulo Freire, 1999) y en su lugar propone que todo aprendizaje se genere a partir de la integración de experiencias vividas y sentidas por el estudiante. Aprender es sinónimo de descubrir, por ello el aprendizaje debería ser alegre y creativo y debería llevar el placer de descubrir que algo es posible. Para ello el docente debe estar dispuesto a suministrar al estudiante de variados recursos para que éste seleccione de acuerdo a sus intereses y motivaciones en un clima de libertad.

Asimismo, la figura del orientador del plantel está integrada al aula y no se trata de un trabajo meramente administrativo.

C.- En el enfoque personal y social: La orientación se relaciona con la psicología humanista como facilitador de los procesos emocionales del propio individuo quien reconstruye sus experiencias y les da significado. En este caso el orientador-terapeuta también acompaña al individuo en la identificación de sus debilidades y la potenciación de sus fortalezas, lo cual le permitirá su continuo descubrimiento y desarrollo. El orientador desde este enfoque ayuda al individuo a reivindicar el papel de ser autor y creador de su propia, ya que en su interior de habita algo particular y único, que debe explorar para definir su identidad o “yo real”



BIBLIOGRAFIA

Capó, Jaume (1986): Psicología humanista y Educacion Anuario de Psicología (34)

Freire Paulo (1999): Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI

Martínez, Miguel. (1991) La investigación cualitativa etnográfica en educación. Caracas: Texto.

Morris Ch. Y Maisto, A. (2005): Psicología. Mexico: Pearson

Rogers, Carl (1980) Libertad y creatividad en la educación. Barcelona: Paidós.



Rogers, Carl (1981) El Proceso de Convertirse en Persona. Barcelona: Paidós

1 Este trabajo es una versión del capítulo titulado Psicología Humanista y sus implicaciones en el aprendizaje de el libro: Psicología del Aprendizaje. Departamento de Psicología. Universidad de Los Andes



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