Psicología Esotérica II



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Teóricamente, el ideal de la hermandad ha sido presentado por muchas organizaciones, fraternidades y grupos teosóficos; pero los que han promulgado la idea de la hermandad en estas diversas organizaciones son demasiado separatistas y sectarios para llevar adelante el trabajo en forma constructiva. En la actua­lidad a ellos no les corresponde organizar a los hombres de buena voluntad en el mundo porque insisten en los títulos, en ciertas ex­clusiones, en trabajar para su organización más que para la hu­manidad y en la necesidad de que la gente se asocie a ellos. Ponen de relieve la, urgencia de adherirse a ciertos credos formulados, por ejemplo, la doctrina de la reencarnación como base de la hermandad, o la realidad de la existencia de los Maestros como estructura fundamental del Plan; pero los hombres de buena vo­luntad pueden o no creer en todo eso. Tales doctrinas no afectan el reconocimiento de ciertas tendencias evolutivas y tampoco la ne­cesidad de las relaciones esenciales del hombre. Sin duda es ver­dad que el servicio prestado por los grupos que han promulgado estas ideas es inconmensurable y que la humanidad ha contraído una gran deuda con ellos. También es correcto que centenares de miembros de las distintas organizaciones están afiliados al Nue­vo Grupo de Servidores del Mundo, pero la función primordial de este Nuevo Grupo es materializar esas ideas que hasta hoy sólo fueron teorías. Deben apartar la teoría del sentimiento, del idea­lismo y de la aspiración mística, y toda la cuestión debe ser lle­vada ante el público como un factor concreto y demostrado.
Deben acentuar la manifestación de la buena voluntad y el cumplimiento de la ley del amor, no la afiliación a las organiza­ciones con sus títulos y doctrinas. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo debe mantenerse al margen de todo ello, o de lo con­trario, el trabajo se estrellará en las antiguas rocas de la doc­trina y la organización. Los miembros del Nuevo Grupo deben permanecer superficialmente vinculados por la mutua y buena voluntad y la unanimidad de sus objetivos, expresados a pesar de los límites nacionales, las diferencias raciales y los prejuicios re­ligiosos. Han de poner el peso de su influencia detrás de todos los movimientos que luchan por eliminar las diferencias y expresar objetivos similares. Sus miembros fomentarán, ayudarán y alen­tarán todas las tareas que llevan a la síntesis y a la comprensión internacionales y que expresen esas interpretaciones religiosas que inculcan el espíritu de unidad.

El poder que el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo mane­jará oportunamente, será extraído de dos fuentes: primero, de ese centro interno o gobierno mundial subjetivo, cuyos miembros son responsables de la difusión de esos ideales e ideal que han conducido a la humanidad hacia adelante, época tras época. Este centro interno ha existido siempre, y todos los grandes conduc­tores de la raza, en todos los sectores, han estado vinculados con él. Los grandes idealistas y trabajadores mundiales (como el Cris­to y Su gran hermano el Buddha y esos trabajadores menores como Platón, Espinoza, Abraham Lincoln y Florence Nightingale), han estado asociados a ese centro. Es enorme la cantidad de asociados, e innumerables las categorías de estos trabajadores, pero lo que ha caracterizado a todos ha sido el autosacrificio por el mejora­miento de la vida humana y el amor a sus semejantes. Sin embar­go, todos extrajeron su luz e inspiración de este punto central de enfoque. Los miembros que componen este gobierno mundial sub­jetivo podrán vivir en cuerpos físicos o estar desencarnados. Se supone que quienes leen estas páginas creen en la inmortalidad -la creencia en que la conciencia del alma se perpetúa en alguna dimensión. Estas grandes almas se distinguen principalmente por el hecho de que no conocen limitación mental, y su inclusividad es tal que para ellos no existen distinciones raciales ni diferencias religiosas.


La segunda fuente de donde el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo extraerá su poder, será de los hombres de buena vo­luntad que existen en el mundo en cualquier momento dado. Se­rán capaces de poner en actividad, en determinado instante, tal fuerza de pensamiento y tal trascendental opinión pública, que oportunamente estarán en posición de afectar definidamente los asuntos mundiales. Una de las funciones consistirá en poner en contacto a los hombres de ideales similares y también dirigir y fomentar su esfuerzos.
El conocimiento de estos ideales será divulgado en todas par­tes a pesar de la oposición y la desconfianza. Estas verdades de­ben expresarse en todos los idiomas y por todos los medios dis­ponibles, y se harán circular utilizando a toda persona que esté dispuesta a ello. No deberá escatimarse ahora esfuerzo alguno ni en los próximos años. Ante todo, este trabajo debe realizarse por medio de la palabra escrita y, luego, cuando haya disponibles personas entrenadas, por medio de la palabra hablada. Debe haber síntesis de esfuerzo y eliminarse los aspectos innecesarios y perso­nales del trabajo.
Los miembros del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo aprenden generalmente por el oído y la concentrada atención que proviene de la actitud interna de oír constantemente. Están de­sarrollando esa percepción espiritual latente, pero inactiva en el hombre común. Deben captar las nuevas Palabras de Poder a medida que surgen del centro de luz y fuerza espirituales del mun­do y también estar atentos al llamado de la humanidad, que ex­presa sus más elevadas esperanzas, anhelos y deseos. Esta acti­tud de oír y el rápido y consiguiente reajuste a los mandatos in­ternos recibidos, son las características del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. A las masas humanas que eventualmente reu­nirán a su alrededor deberán enseñarles a que aprendan por la vista, la palabra escrita y, posteriormente, por la percepción de la visión. Deben recordarse estos dos puntos al proyectar el tra­bajo y buscar a los trabajadores.
Aquí diré unas breves palabras acerca de los peligros que debe evitar el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Ante todo se ha de recordar que muchas personas, de distintas razas y pun­tos de vista religiosos, forman parte, consciente o inconsciente­mente, de este grupo. Algunas de ellas se hallan tan cerca del Plan, que su claridad de visión y su comprensión son muy reales. Saben y sin embargo necesitan estar muy seguras sobre la correcta ac­ción que deben iniciar desde el ángulo del tiempo. Su principal pro­blema es actuar con habilidad y no obtener una percepción exacta. Otras no están tan cerca del Plan y sólo lo conocen en forma vaga y general. Son almas consagradas y dedicadas, pero la ambición personal y los prejuicios nacionales y religiosos, todavía rigen sus mentes, reacciones y modos de expresarse. A veces se sienten mo­lestos porque otras personas de distintas razas, tradiciones y sen­timientos religiosos, están tan cerca del Plan y de los Custodios del Plan como lo están ellos. Dudan de la autoridad de los indi­viduos que forman el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, y a veces tratan de anular a esos discípulos que están en el mismo campo que ellos y esto no debe suceder. No hay tiempo hoy para tales trivialidades como lo es el prestigio personal, o para poner el énfasis sobre una organización a expensas de otra, o para que prevalezca determinada enseñanza, y aunque son cosas sin im­portancia, obstaculizan. Lo importante, actualmente, es el frente unido que podrán presentar en el mundo las personas de buena voluntad durante los próximos años a fin de modificar el curso de los asuntos humanos, evitar una posible catástrofe e intro­ducir la era de unión, paz y abundancia. Las ambiciones persona­les deben desaparecer. El deseo personal, la autoafirmación y la defensa propias, no tienen lugar en las filas del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. ¿ Cómo puede fomentarse la buena voluntad en el mundo, si los que la profesan luchan entre sí? ¿ Cómo puede progresar el PIan de los Grandes Seres, y la conducción del mundo pasar a manos de los que tienen un objetivo definida­mente espiritual, si luchan por el cargo, la posición y la prioridad? Las personalidades no cuentan, sólo las almas tienen poder.

Por lo tanto, los que pertenecemos al Nuevo Grupo de Servi­dores del Mundo o respondemos a su mensaje de buena voluntad, sacrifiquemos nuestras diferencias personales, nuestras interpre­taciones mezquinas y nuestras ambiciones egoístas en aras del servicio mundial y la amistad. Entonces podremos ofrecer a los Custodios del Plan un instrumento que Ellos podrán utilizar con plena libertad.


Existe otro peligro que puede surgir si se pone indebido én­fasis en el aspecto organización del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Debe recordarse que no es una organización común, como las que existen generalmente en el mundo. El grupo es un organismo, no una organización, tampoco es un grupo propagan­dista, como generalmente se entiende el término, ni le interesa la política, la religión o la categoría que pueda tener. Su tarea consiste en educar al ser humano y en expandir la conciencia humana para que puedan captar las nuevas y verdaderas ideas. Su función radica en difundir el mensaje de buena voluntad inter­nacional y la unidad religiosa. Los miembros del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo son, primordialmente, intérpretes. Si los asuntos van como se desean, podrán ocupar posiciones y lugares destacados, ser poderosos e influyentes, trabajar mediante la palabra hablada o escrita, y emplear todos los medios posibles, que pueden ser utilizados por el cerebro o el dinero, para realizar sus esfuerzos y evidenciar mayor capacidad en la acción; pero deben considerarse como simples medios para un fin -el estable­cimiento de una buena voluntad mundial, comprensión amorosa inteligente, unión, paz y abundancia.
La organización externa es importante, hasta donde pueda conducir al hábil aprovechamiento de la oportunidad y del dinero, pero es también un medio para un fin. No es posible formar una organización con el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Sus miembros deben permanecer siempre sin organizarse, sin poseer títulos y estar libres para trabajar individualmente como crea apropiado. Me refiero a la organización de los recursos disponibles para que se pueda promover el Plan, lleguen a ser prácticos los ideales y se lleve a cabo inteligentemente el trabajo.
Los diversos planes en consideración, para el desarrollo y progreso del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo deben ir e irán continuamente adelante. Las ideas, ya brevemente delineadas, deben desarrollarse en forma detallada y también entrenarse a las personas para la expansión de estas ideas. Al público se lo debe educar sobre los ideales y objetivos del nuevo grupo. Deben for­marse grupos de meditación que se dedicarán a hacer contacto con la visión, y extraer la sabiduría y el poder necesarios. Debe emplearse cada vez más la Gran Invocación, y repetirse diariamente y a toda hora. La esencia de lo expuesto aquí deberá re­ajustarse y readaptarse para el público en general, porque los hombres aprenden únicamente por la repetición constante, y estas cosas deben repetirse una y otra vez antes de que sea evidente el verdadero trabajo del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo.
La función del Nuevo Grupo consiste en equilibrar las fuer­zas que conducen a la desintegración y a la destrucción, incorporando en sí mismo las fuerzas de integración y construcción. Di­cho grupo contrarrestará, con el tiempo, la tendencia (tan pre­valeciente hoy) al odio racial, y la enseñanza dada tenderá a ne­gar las actuales ideas, pues son de gran poder para producir las brechas y las barreras actuales entre los hombres, causando la separación y la guerra. Donde existe un grupo o grupos, que ex­presen ideas, que acentúen potentemente un sector de la opinión pública o un aspecto de la vida, inevitablemente debe aparecer bajo la ley del equilibrio aquello que lo contrarrestará. En el pe­riodo actual de la historia de la raza, aparecieron primeramente el grupo o grupos que fomentan las separaciones o brechas, y erigen las barreras que impiden el libre albedrío del hombre, los cuales realizan el necesario trabajo porque están también inclui­dos en el Plan. Luego, de acuerdo a la ley, deben aparecer el gru­po o los grupos, que personifican esas ideas que conducen a la integración y a la obra constructiva, los cuales llevarán al mundo a una vuelta más elevada de la espiral, eliminarán las brechas y destruirán las barreras dando fin a las separaciones.
c. FUNCIONES DEL NUEVO GRUPO DE SERVIDORES DEL MUNDO
A fin de lograr una clara idea del trabajo a realizarse du­rante los próximos años, será de valor indicar tres de las activi­dades de este Nuevo Grupo. Su trabajo está destinado a:


  1. Producir el equilibrio de las fuerzas que existen hoy en el mundo, responsables del prevaleciente desasosiego y caos, para que la raza pueda volver a un punto de equilibrio.




  1. Actuar como intérpretes de las nuevas actitudes y activida­des que, oportunamente, regirán a la humanidad en la Nueva Era.




  1. Lograr la eventual síntesis y unificación de las personas com­prensivas y de buena voluntad de un grupo coherente. La ma­yoría de quienes trabajan aisladamente en los diversos cam­pos de la actividad humana (política, religiosa, científica y económica) deben ser puestos en contacto entre sí y hacerles comprender su unidad esencial.

El principal objetivo y propósito de los que están asociados con el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo es poner orden en el caos y lograr que las cuestiones ampliamente separatistas de la vida moderna adquieran cierta estabilidad. Entonces los hombres tendrán tiempo para establecer los reajustes necesarios, reca­pacitar y llegar a algunas conclusiones vitales y alcanzar un periodo de relativa quietud donde se puedan establecer nuevos mo­dos de vivir, a fin de percibir y desarrollar cosas más impor­tantes.


Existe en la actualidad tanta angustia mental y escasez eco­nómica y están tan profundamente arraigadas las ilusiones, que lo inminente no tiene oportunidad de precipitarse. No es posible que las nuevas ideas, que constituyen los ideales futuros de la raza, progresen realmente. Los que presienten y valoran estas ideas son sólo unos cuantos intuitivos y pensadores, mientras tanto las masas son inconscientes de lo que implica el nuevo orden. Estos pensadores pueden ser orientados hacia la unión y la buena vo­luntad; pero muchos se apoderan de los ideales que les presentan, los adaptan a sus propias ambiciones, los distorsionan y los apli­can erróneamente para sus propios fines egoístas. Imponen me­didas drásticas a los pueblo, para que la opinión pública igno­rante e insatisfecha, acepte dichas ideas.
Vivimos en una era de extremismos; extrema riqueza y ex­trema pobreza; extrema ignorancia y extrema cultura; extremo descontento y extrema satisfacción de las ambiciones personales; extremo egoísmo y extremo autosacrificio. Vemos por todas par­tes el desmoronamiento de las instituciones del pasado y el caos, el desastre, la desesperación y el sufrimiento consiguientes. Al mismo tiempo, tenemos el trabajo activo y el vocerío de ciertos idealistas que se aprovechan de la oportunidad que se les presen­ta para llevar a las masas y a las naciones a que desarrollen cier­tas actividades en las esferas religiosa y gubernamental. Los lí­deres autoimpuestos piensan y creen que tales medidas son bue­nas y correctas, pero, en último análisis, son sólo ideales mal in­terpretados, surgidos de una idea vagamente captada, y general­mente la imponen o aplican errónea e injustamente. Las masas -inermes, impotentes, irreflexivas, fácilmente influenciadas, re­gimentadas- oscilan entre estos extremos.
Existen en todos los países del mundo personas comprensi­vas y de buena voluntad. Se sabe que existen millares de ellas, sin embargo, los embarga el temor, o un sentimiento de futilidad porque comprenden que el trabajo a realizar es de tal magnitud que sus insignificantes esfuerzos aislados son totalmente inútiles para derribar las barreras del odio y de la separación existentes en todas partes Se dan cuenta de que no hay en apariencia una difusión sistemática de los principios que parecen contener la solución de los problemas mundiales; no conciben la fuerza numérica que constituyen aquellos que piensan como ellos y en con­secuencia, se sienten impotentes por su aislamiento, su falta de unidad y el peso de la inercia que los circunda. Los pensadores poderosos, los demagogos ambiciosos y los hombres que profesan verdadero amor a su país (pero que tienen sus propias ideas res­pecto a la solución de los problemas nacionales), se aprovechan hoy de la inercia general, la depresión y la crisis mundial, para imponer (si es necesario por la fuerza) los sistemas de gobierno y de control que materializarán sus interpretaciones del ideal. Las masas deben aceptar esto y, debido a que normalmente siguen la línea de menor resistencia y no reflexionan, fácilmente se los obliga a obedecer.
Los líderes argumentan que las masas no poseen amplia vi­sión, y no saben ni pueden saber lo que es bueno para ellas. Sin duda esto es verdad. Por lo tanto hay que decirles lo que deben hacer y llevarlas ciegamente o por la fuerza, a ese estado o forma de civilización, que los líderes y sus asociados creen (a menudo sinceramente) que es el mejor. Durante el proceso, los que no están de acuerdo o tienen ideas propias, son necesariamente lle­vados al paredón y silenciados, para bien de la totalidad. Ésta es la situación general con ciertas diferencias nacionales de poca importancia, en vista de los problemas básicos. Podrá sentirse y desearse el bienestar de la vida nacional, pero parece ser que los líderes no tienen mucha visión respecto a la integración de esta vida nacional a ese gran todo, denominado humanidad.
Es una antigua costumbre que un partido ataque a otro en la vida pública, nacional o política, o que un grupo de pensadores (abogando por sus ideas peculiares) ataque a otro cuyas ideas di­fieren. Durante este proceso los más poderosos destruyen a los más débiles. Se explota a las masas imponiéndoles lo que deben hacer y pensar, y no se realiza ningún verdadero esfuerzo para llevarlas a una correcta comprensión. Lo mismo sucede en el cam­po religioso, pero las diferencias religiosas de la raza datan de tan largo tiempo que no es necesario enumerarlas aquí. El mun­do ha sido reducido a un torbellino y está totalmente desunido y debilitado a causa de los militaristas y pacifistas, comunistas y conservadores, socialistas y nazis, republicanos y fascistas, demó­cratas y progresistas, trabajo y capital, católicos y protestantes, agnósticos y fanáticos, políticos e idealistas, criminales y los que imponen una ley mal interpretada, las masas ignorantes y unos cuantos ciudadanos inteligentes, además de las diferencias socia­les y raciales y los feudos religiosos en ambos hemisferios.
Dadas estas condiciones, ¿ cómo puede restablecerse el orden? ¿ Cómo puede estabilizarse la situación económica y llevar al mun­do a una condición en que haya lo justo y lo suficiente para todos? ¿ Cómo pueden subsanarse las diferencias nacionales y eliminarse los odios raciales? ¿ Cómo pueden los diferentes grupos religiosos continuar el trabajo de conducir a los hombres a que manifiesten su divinidad de acuerdo a la tendencia hereditaria individual, y al mismo tiempo convivir en armonía y presentar al mundo un frente unido? ¿ Cómo se pueden evitar las guerras y lograr que reine la paz en la tierra? ¿ Cómo puede establecerse una verdade­ra prosperidad, resultado de la unión, la paz y la plenitud?
De una manera solamente: Por la acción unida de las per­sonas comprensivas y de buena voluntad que hay en todos los paí­ses y en todas las naciones. Constante y silenciosamente, sin prisa ni pausa deben hacer tres cosas:
Primero, descubrirse unos a los otros y ponerse en contacto. Así se contrarrestará el sentido de debilidad y de incapacidad. Éste es el primer deber y tarea del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo.
Segundo, dilucidar y esclarecer esos principios básicos que con­ducen a una vida correcta, a la buena voluntad y a la armonía, reco­nocidos y no aplicados por las personas que hoy piensan correctamen­te. Es preciso formular estos principios en términos simples y con­vertirlos en acción práctica.
Tercero, educar dentro de tales principios al público en general. Firme, regular y sistemáticamente es necesario enseñarle los princi­pios de hermandad e internacionalismo, basados en la buena voluntad y en el amor hacia sus semejantes, en la unión de las religiones y en la interdependencia colaboradora. Es preciso que los individuos de toda nación o grupo, aprendan a desempeñar su parte importante con bue­na voluntad y comprensión; el grupo debe hacerse cargo de la respon­sabilidad que tiene con los demás grupos, debiendo explicarse y acen­tuarse la responsabilidad que tiene una nación con otra y todas las naciones para con el mundo de naciones.
Éste no es un proyecto impracticable, ilusorio o místico. No socava, ni ataca a ninguna autoridad o gobierno. No intenta de­rrocar gobiernos ni derribar partidos nacionales o políticos. Re­quiere un inteligente y práctico esfuerzo. Exige la colaboración de distintos tipos de mente, y de distintos ejecutivos entrenados. Las personas de buena voluntad de todos los países deben ser descu­biertas, y registrados quienes responden a estos ideales, a fin de mantener correspondencia. Es preciso solicitar y sistematizar su colaboración. Oportunamente, este proyecto demandará la ayuda de conferenciantes y escritores, que trabajen con los mismos ideales, pero con diferentes métodos. Se les deberá dar libertad para que trabajen en la forma que crean más conveniente a su nación de acuerdo al conocimiento que poseen de su país y a la manera más efectiva de hacer conocer a sus compatriotas estas verdades fun­damentales. Ellos y todos los hombres y mujeres de buena volun­tad formarán el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Un grupo central, elegido entre ellos, sintetizará el trabajo y lo coordinará, dando al mismo tiempo la más amplia libertad a los servidores y trabajadores individuales.
Este proyecto requerirá paciencia y mucha colaboración. Los Miembros del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo deberán ser descubiertos por la forma de reaccionar frente a estos ideales, ser entrenados sobre las nuevas premisas, educados en la técnica del recto pensar, para actuar sin agresividad, eliminando los anta­gonismos de cualquier tipo; se les debe enseñar la manera de expresar y obtener los ideales fundamentales de unidad mundial, síntesis económica y colaboración religiosa. Es necesario aplicar la Ley del Amor, expresada inteligentemente, en todas las rela­ciones humanas.
La tarea de educar a los hombres y mujeres de buena voluntad debe proseguir lo más rápidamente posible, sin embargo, se ha de llevar a cabo sin interrumpir la armonía. No se debe interferir con proyectos y preferencias nacionales, ni despreciar al gobierno nacional cualquiera que sea. Tampoco se utilizará el nombre del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo para ninguna actividad política. Semejante acción significaría continuar con los métodos caducos y perpetuar los antiguos odios. No deberá atacarse a nin­gún partido o grupo, ni criticar a dirigente o actividad nacional alguna. Durante mucho tiempo se han utilizado dichos métodos y no han logrado establecer la paz en la tierra. Los miembros del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo y los que se asocian a ellos no apoyan a partido, no están a favor ni en contra de grupo alguno y tampoco aceptan control alguno. Tal es la posición impe­rativa que deben adoptar. No tienen tiempo, energía ni dinero para atacar o contraatacar. Sin embargo, su actitud no constituye una “resistencia pasiva”. Trabajan para equilibrar las fuerzas del mundo y para acrecentar el grupo de quienes postulan la buena voluntad, la comprensión y la hermandad.
El mundo de los hombres puede ser dividido hoy en dos grupos principales. Los que luchan a favor de un partido político, forma de gobierno nacional, tendencia religiosa, social o econó­mica, se oponen a todo lo que no está de acuerdo a su tendencia y aquellos que van en contra del otro grupo. El partidismo, la lu­cha a favor o en contra, y el espíritu partidista, caracteriza al mundo moderno de los hombres. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo no tiene tiempo ni se interesa en esas actividades que conducen a la separación, división y lucha. Apoya todas esas ten­dencias que llevarán oportunamente a la formación de un tercer partido, libre de odios políticos y religiosos y no es conocido ni comprendido, siendo relativamente impotente para impresionar definidamente el pensamiento del mundo. Sin embargo si hay ha­bilidad en la acción y adhesión a los principios de colaboración armónica, puede, en pocos años, demostrar verdadero poder o influencia.



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