Psicología Esotérica II



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Cuarto, el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo: son los que comienzan a formar un nuevo orden social en el mundo. Políticamente no pertenecen a partido o gobierno alguno. Reconocen a todos los partidos, credos, organizaciones sociales y económicas y a todos los gobiernos. Se hallan en todas las naciones y organizaciones religiosas, y se ocupan de formular el nuevo orden social. Desde el ángulo estrictamente físico, no luchan por lo mejor que existe en el viejo orden, ni por mejorar las condiciones del mun­do. Consideran que los antiguos métodos de lucha, partidismo y agresión, y las antiguas técnicas de luchas partidarias han fraca­sado totalmente, y que los medios empleados hasta ahora, en to­das partes y por todos los partidos y grupos (luchas, violentos partidismos por el líder o una causa, ataques a los individuos cuyas ideas o modos de vida se consideran perniciosos para el género humano>, están fuera de época y son considerados inútiles e in­apropiados para obtener las deseadas condiciones de paz, plenitud económica y comprensión. Están ocupados en la tarea de inau­gurar el nuevo orden mundial, formando en todo el mundo -en cada nación, ciudad o pueblo- una agrupación de personas que no pertenece a partido alguno ni apoya a un bando, pero postula una tribuna clara y definida y un programa tan práctico como el de cualquier partido. Se apoyan en la esencial divinidad del hombre; su programa se basa en la buena voluntad, característica básica de la humanidad. Por lo tanto, están organizando actual­mente a las personas de buena voluntad de todo el mundo, expli­cándoles un programa definido y postulando una tribuna en la que tienen cabida todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Afirman y creen que su llamado inicial ha sido de tal natu­raleza, que si se les proporciona la ayuda de las mentes entrenadas que pertenecen al tercer grupo descrito, y si se les facilita la nece­saria ayuda financiera para realizar el trabajo educativo reque­rido y la propaganda para difundir la buena voluntad, podrán cambiar de tal modo el mundo (únicamente por medio de las per­sonas de buena voluntad) que -sin guerra, sin despertar el odio entre los hombres, sin atacar ni apoyar causa alguna- el nuevo orden podrá ser firmemente establecido sobre la tierra. Su pro­grama y su técnica se detallan más adelante.
Detrás de este cuádruple panorama humano, se hallan Aque­llos cuyo privilegio y derecho consiste en vigilar la evolución hu­mana y guiar los destinos de los hombres. Esto no lo llevan a cabo por medio de un control impuesto, que infringe el libre albe­drío del espíritu humano, sino mediante la implantación de ideas en las mentes de los pensadores del mundo, y la evocación de la conciencia humana, de manera que estas ideas reciban debido reconocimiento y se conviertan, con el tiempo, en factores con­troladores de la vida humana. Entrenan a los miembros del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo en la tarea de convertir las ideas en ideales. Dichos ideales, a su vez, se convierten en los objeti­vos deseados por los pensadores, quienes los inculcan a la gran clase media, erigiéndolos en sistemas mundiales de gobierno y de religión, formando las bases del nuevo orden social al cual se van incorporando pacientemente las masas.
Al llegar a este punto, es necesario recordar que los hombres y mujeres de buena voluntad pertenecen a todos los grupos men­cionados anteriormente, y en ello estriba su fuerza y utilidad para el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo.
La fuerza del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo radica en tres factores:


  1. Ocupan una Posición intermedia entre las masas humanas y el subjetivo e interno gobierno mundial.




  1. Extraen sus miembros (si puede emplearse una palabra tan inadecuada) de todas las clases -la aristocrática, la intelec­tual, la burguesa, la clase alta y la baja, y también de los estratos superiores del proletariado. Por lo tanto, son real­mente representativos.




  1. Están estrechamente interrelacionados y en constante con­tacto y armonía entre sí, debido a la unidad de objetivo, mé­todos definidos, uniformidad de técnicas y buena voluntad.

Veamos por un momento el panorama mundial, tal como lo comienza a reconocer el observador inteligente de los asuntos mundiales. Nada de lo que aquí pueda decirse debe considerarse como critica, porque sería infringir una de las reglas básicas del Nuevo Grupo y, por lo tanto, no existe tal intención. En consecuencia, no se mencionarán grupos, naciones o partidos especí­ficos, y tampoco me referiré a determinada personalidad. Sólo me ocuparé de un tema, el de introducir el nuevo orden mundial. Para hacerlo se ha de reconocer la situación tal como es. Expon­dré la formación de ese nuevo partido que reunirá en sus filas a todos los hombres de paz y de buena voluntad, sin interferir en sus afiliaciones y esfuerzos específicos, aunque probablemente se modifiquen sus métodos en forma considerable, si están basados en el antiguo orden. Este nuevo partido puede ser visto como personificando el emergente Reino de Dios en la tierra, pero debe recordarse que este reino no es cristiano ni un gobierno terrenal. Constituye la agrupación de aquellos que -perteneciendo a to­das las religiones mundiales, naciones y partidos políticos- no abrigan un espíritu de odio ni de separatividad, y tratan de es­tablecer en la tierra las buenas condiciones por medio de la buena y mutua voluntad.


En el mundo actual el fermento ha penetrado hasta las pro­fundidades más inferiores de la humanidad. Todos los sectores humanos del pensamiento están implicados en esta división y con­fusión. En el pasado, las naciones han sido arrastradas, repetidas veces, a las guerras agresivas, las que son cada vez menos fre­cuentes y nuestras desavenencias se basan hoy primordialmente en nuestras necesidades económicas. Existen varías razones obje­tivas evidentes. La superpoblación, las barreras comerciales, el desequilibrio entre la oferta y la demanda, además de las ambi­ciones y los experimentos bien intencionados llevados a cabo en todos los sectores de la vida y del pensamiento humanos, son res­ponsables de tales disturbios. No es necesario decir nada más, porque generalmente se reconocen las causas y estoy esbozando una solución práctica. Pero la verdadera razón se halla profun­damente arraigada y no es fácil reconocerla, aunque los pensa­dores del mundo comienzan a ocuparse de ella y a ver claramente sus contornos. La causa radica en el antagonismo que existe entre ciertos grandes ideales, fundados en conceptos espirituales, que han sido pervertidos por objetivos que llevan a la separatividad, al odio, a la lucha partidista, a la guerra civil, a la angustiosa situación económica, al terror por una posible conflagración total y al temor en todo sentido. Estamos rodeados de temores, incer­tidumbre, agobiante pobreza, desconfianza, además del derrum­be general producido en los baluartes religiosos y gubernativos, que hasta ahora parecían brindar refugio.
Los dirigentes nacionales y religiosos, están tratando, en todas partes, de resolver estos problemas, llevados a veces por un verdadero amor hacia la humanidad; otras, impelidos por la am­bición o impulsados a actuar violentamente por algún ideal de mejoramiento humano, racial o nacional. La sinceridad y la fal­sedad, el odio y el amor, el servicio y la explotación, la separación y la unión, abundan. En todas partes se oyen frases sugestivas, tales como: unidad religiosa, estandarización del género huma­no, libertad humana, el problema de los partidos de derecha e izquierda, comunismo, fascismo, nazismo, Nuevo Trato (New Deal), liberalismo y conservadurismo, vida creadora, problemas de la vivienda, esterilización, utopías, derechos del pueblo, dictadu­ras, tácticas de rearme defensivo, educación pública, diplomacia secreta, aislacionismo, son algunas palabras que están hoy en boca de todos e indican que la humanidad está alerta respecto a los problemas, a las dificultades que afronta y a la encrucija­da a que parece haber llegado. La gente presenta en todas par­tes algunas soluciones, funda partidos y lucha por sus ideales.
El dinero corre como agua para contrarrestar la propa­ganda de algún líder, o apoyar las ideas de otro. Se empren­den campañas en todo el mundo para reunir los fondos nece­sarios para derrocar un antiguo y arraigado ideal o reemplazarlo por una nueva idea. Los hombres y mujeres de ambos hemisferios son impulsados por el deseo de cambiar el antiguo orden y traer la nueva era de bienestar económico y de vida pacífica, dedicando sus vidas a defender algún principio que creen de capital importancia para derrocar otro principio im­portante para sus semejantes. El ataque a las personalidades, la difamación, la imputación de móviles y la estimulación del odio, forman parte de la técnica de los que -con buena inten­ción- tratan de salvar al mundo, poner orden en el caos y defender el derecho tal como lo ven. El amor a la humanidad y el deseo de ayudar están sin duda presentes. Sin embargo, el caos se expande, el odio se acrecienta, la guerra se propaga y los esfuerzos realizados durante el pasado parecen ser inútiles para detener la marea que podría arrastrar a la humanidad al borde del desastre.
La futilidad y el cansancio incidental de la gran lucha, son reconocidos por los dirigentes de todas partes. Se demandan nuevos métodos, se indaga sobre lo que anda fundamentalmen­te mal, y se quiere descubrir por qué el enorme autosacrificio realizado y los esfuerzos divinamente motivados por centena­res de hombres y mujeres no pudieron detener la guerra, solucio­nar el problema económico y liberar a la humanidad.
Podría decirse que el fracaso se debe principalmente a dos cosas:


  1. El esfuerzo se ha puesto sobre los efectos y no se han tocado las causas subyacentes, conocidas por unos pocos. El inten­to ha sido hecho para corregir errores, desenmascarar el mal y a las personalidades malignas y atacar a organiza­ciones, grupos, partidos, religiones y experimentos nacio­nales. Esto ha llegado a ser, en apariencia, una inútil pér­dida de tiempo, fuerza, energía y dinero.




  1. No se ha hecho esfuerzo alguno para reunir y fusionar en un todo organizado a los hombres de buena voluntad, de intención amorosa y pacífica, inteligentemente amable y bondadosa, a fin de colaborar conjunta y masivamente. Cons­tituyen una cantidad increíble de personas que odian la gue­rra porque consideran hermanos a todos los hombres, pero no ven la forma de darle fin, porque todas las organizacio­nes que persiguen ese objetivo son, en último análisis, impo­tentes. Se apenan por la desgracia económica, pero no saben qué hacer, porque los diversos grupos que tratan el problema culpan a los demás y buscan la víctima propiciatoria, siendo conscientes del fracaso de los innumerables esfuerzos para lograr el bien.

El espíritu de buena voluntad prevalece en millones de seres y evoca el sentido de responsabilidad. Es el primer indicio, en la raza, de que el hombre es divino. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo cuenta con este constante acrecentamiento de buena voluntad e intenta utilizarla. Subsiste en los miembros de todos los grupos que se dedican al mejoramiento mundial, y constituye un poder no utilizado ni organizado en un grupo, porque hasta ahora las personas de buena voluntad han dado individualmente ~u lealtad y esfuerzo a sus organizaciones o empresas. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo no tiene la intención de interferir esta lealtad, ni paralizar actividad alguna, sino reunir en un to­do organizado a dichas personas, sin crear una nueva organiza­ción, ni desviarlas del trabajo emprendido.


El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo es ya un grupo activo funcionante. Todo hombre y mujer de ambos hemisferios, que trabaja para eliminar las brechas que existen entre los pue­blos, evocar el espíritu de hermandad, fomentar el sentido de interrelación sin establecer barreras raciales, nacionales o reli­giosas, es miembro del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, aunque no lo haya oído nombrar.
Los miembros del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo no pertenecen a partido o religión en particular, no obstante perte­necen a todos los partidos y a todas las religiones; no asumen actitudes ni adoptan posiciones a favor o en contra de ningún gobierno, religión u orden social existentes. No realizan activi­dad política de ningún tipo y tampoco atacan a un orden existente. No están en pro o en contra del gobierno o la iglesia; no invier­ten dinero, ni organizan campañas, no envían literatura que po­dría considerarse ofensiva o que ataca o defiende alguna organi­zación de carácter político, religioso, social o económico. No pro­nuncian ni escriben palabras que puedan nutrir los fuegos del odio o que tiendan a separar a un hombre de otro o a una nación de otra. Tales miembros se hallan en cada partido político y reli­gión mundial. Representan una actitud mental.
Los miembros del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo no constituyen, por lo tanto, un grupo de místicos imprácticos. Saben exactamente lo que tratan de hacer, y sus planes están trazados de tal manera que sin perjudicar -a situación existente alguna descubren y reúnen a los hombres de buena voluntad en todo el mundo. Demandan en forma unida que estos hombres de buena voluntad se mantengan comprensivamente juntos, constituyan un grupo de personas que aumente lentamente, se interesen por el bien de la humanidad y no por el propio e inmediato bien del me­dio ambiente. Aunque su interés por el bien general es muy am­plio, no impedirá que sean buenos ciudadanos de la nación que el destino les ha deparado. Se conformarán con, y aceptarán la situación en que se encuentran, pero trabajarán (en esa situa­ción y bajo cualquier gobierno u orden religioso) para la buena voluntad, derribar las barreras y para la paz mundial. Evitarán todo ataque a los regímenes y personalidades existentes y cum­plirán las leyes del país en que viven; no cultivarán el espíritu de odio, valiéndose de toda oportunidad para acentuar la herman­dad de las naciones, la unidad de la fe y la interdependencia eco­nómica. Se empeñarán en no pronunciar una palabra ni desa­rrollar una acción que produzca separación o genere antipatía.
Estas amplias generalizaciones rigen la conducta de los hom­bres de buena voluntad que tratan de colaborar en el trabajo que realiza el Nuevo Grupo de Servidores del mundo. A medida que aprenden a hacerlo con eficacia, y logran una firme y correcta actitud hacia sus semejantes, son gradualmente absorbidos en las filas del Nuevo Grupo, no mediante un proceso formal de afilia­ción, puesto que éste no existe (no hay una organización formal) sino desarrollando las cualidades y características necesarias. Aquí es de mucho valor repetir que el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo no es una organización No tiene sedes, sino sólo unida­des de servicio en todo el mundo y tampoco presidente o comi­sión directiva; sólo posee servidores en todos los países, los cua­les se ocupan sencillamente de descubrir a las personas de buena voluntad. Ésta es la tarea inmediata. Las personas de buena vo­luntad deben ser descubiertas y entrenadas en la doctrina de la no separatividad, educadas en los principios de la colaboración y en las características del nuevo orden social, pues esencialmente es un realineamíento subjetivo, cuyo resultado será un pronun­ciado cambio originado por el peso de la opinión pública, basado en la buena voluntad, que no conoce barreras nacionales, raciales, ni diferencias religiosas. Año tras año deberán efectuar un tra­bajo muy activo, divulgando ampliamente las enseñanzas sobre la buena voluntad universal, para que deje de ser un bello senti­miento, se convierta en la aplicación práctica de la buena voluntad, mediante la acción en los asuntos cotidianos y en todos los países del mundo.
Empleando los términos de la enseñanza cristiana, los ciuda­danos del reino que el Cristo vino a fundar, deben ser descubier­tos y reconocidos por el espíritu de síntesis, el punto de vista in­cluyente y el énfasis puesto en la unidad mundial, basada en la síntesis internacional (el verdadero reconocimiento de las rela­ciones humanas), la unidad religiosa, como hijos de un sólo Pa­dre, y la bien conocida y casi totalmente ignorada, interdepen­dencia económica. La educación de los hombres y mujeres de bue­na voluntad estará relacionada con la expresión de una comprensión amorosa y práctica. El Nuevo Grupo de Servidores del Mun­do sabrá quienes son dichos ciudadanos y donde se encuentran.
La próxima tarea, a la que el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo consagrará su esfuerzo, será eliminar el temor que im­pera en el mundo. Esto puede lograrse y tendrá lugar cuando los hombres y mujeres de buena voluntad se den cuenta de que el tesoro de la buena voluntad existe en todos los países. Hay millo­nes de personas de buena voluntad en el mundo; aumentaron constantemente como resultado del sufrimiento de la guerra mun­dial, pero al verse solos se han sentido aislados, impotentes y fú­tiles, relegados, inútiles e insignificantes. Como individuos aisla­dos, lo son, pero no como parte de un gran movimiento mundial que tiene una base espiritual y expresa la divinidad esencial del hombre. El poder conjunto de la buena voluntad, algo que hasta ahora no habla sido organizado, se descubrirá que es irresistible. El trabajo del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo hasta mayo de 1942, consiste en organizar este poder latente, expresarlo y fo­mentarlo mediante métodos educativos, indicando constantemen­te las líneas por donde este poderoso espíritu puede manifestarse.
El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo deberá, sin em­bargo, organizar un programa que cubra este período, dirigido por Aquellos que vigilan desde el mundo interno y espiritual de la vida. Este programa debe tener tres objetivos:


  1. Descubrir, educar y fusionar a los hombres de buena volun­tad, demostrándoles que en cualquier país del mundo, sin excepción, se está realizando mucho en cuanto a:




  1. La comprensión internacional y la hermandad de las na­ciones.




  1. El mejoramiento de las condiciones humanas, logrado por los grupos, las iglesias y las organizaciones que trabajan de acuerdo a nuevas líneas, sin odio, sin atacar a grupos o personas, ni exteriorizar un espíritu partidista.




  1. La unidad religiosa y el desarrollo espiritual dentro y fuera de las iglesias.




  1. La actividad educativa orientada a inculcar la no separatividad y la amplia inclusividad. Esto podría realizarse editando una revista, como órgano de los hombres de bue­na voluntad.




  1. Preparar a las personas de buena voluntad para repetir, en escala muy amplia, el “acto de demanda” que tuvo lugar el 6 de mayo de 1936. Entonces, millones de seres utilizaron la Gran Invocación, y no han quedado dudas respecto a su efi­cacia. Esto reforzó grandemente las manos de la Jerarquía y estableció un “canal de contacto” que ya no podrá interrum­pirse. Deben realizarse esfuerzos similares y mayores duran­te los años venideros, que personificarán un gran esfuerzo y serán la expresión espiritual de las personas de buena volun­tad, porque el período intermedio entre uno y otro esfuerzo será preparatorio. Si es posible debe emplearse la radiodi­fusión en forma más amplia para que sucesivamente y si­guiendo la trayectoria del sol, se eleve por el espacio este lla­mado a Dios, en el momento del plenilunio. El día de la de­manda expresará la actitud espiritual de la humanidad, y con­ducirá a una síntesis espiritual subjetiva entre los hom­bres de buena voluntad, el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo y la Jerarquía interna espiritual, la cual está traba­jando para traer a la manifestación el nuevo orden en la tierra, inaugurar la Nueva Era y materializar el reino de Dios en el plano físico.

Es necesario reflexionar sobre este futuro día de de­manda o de plegaria mundial, y prepararse para que los re­sultados alcanzados sean aún más definidos y poderosos que en la primera y exitosa tentativa. La demanda o plegaria po­drá ser o no una forma poderosa para poner en movimiento ciertas grandes fuerzas. Las edades atestiguan su eficacia.




  1. Mantener ante la humanidad, como parte de la instrucción viviente, que los hombres de buena voluntad enseñarán y vivirán en su vida diaria, la necesidad de participar grupal­mente en el Día del Perdón y del Olvido, lo cual será factible dentro de pocos años, pero puede hacerse un eficaz ensayo en 1942. Dicho perdón se basa en el reconocimiento de la universalidad de los errores humanos cometidos en el pasado, y en el hecho de que no se puede culpar a éste o aquel grupo, nación o iglesia en particular, sino que abarca a la totalidad, pues todos hemos cometido errores, no hemos tenido la sufi­ciente comprensión y fuimos culpables de la falta de amor y de tolerancia. Sin embargo, no se refiere al perdón que se basa en el espíritu de magnanimidad, o en el sentido de su­perioridad o conveniencia, sino en el deseo de olvidar el pa­sado, impulsar adelante hacia la Nueva Era y participar en el nuevo orden social, libres de antiguos odios, olvidando vie­jos errores políticos, juicios o métodos, e ignorando las ba­rreras comunes y nuestros normales instintos separatistas.

El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo se ha comprome­tido a desarrollar este triple programa en que se nos insta a par­ticipar. Para esta tarea, llamará, a su vez, a los hombres de buena voluntad. No tiene otra intención ni otro proyecto.


Los miembros del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, tal como aquí se ha descrito, se mantienen libremente unidos por la mutua comprensión y la similitud de objetivos, sean conscientes o inconscientes de los demás y del grupo. A través de ellos se des­cubren los hombres de buena voluntad. Sus nombres y direcciones han sido anotados y se han confeccionado listas para enviarles li­teratura. Cualquiera sea la capacidad para servir a sus seme­jantes, deberá ser registrada y utilizada cuando sea posible. Así, por intermedio de los hombres de buena voluntad, se podrá nutrir y desarrollar, en todos los países, el principio de buena voluntad y, oportunamente, aplicarlo en forma práctica. Estas personas cons­tituirán un nuevo grupo de pensadores prácticos en cada nación que no serán una amenaza para ningún gobierno, ni trabajarán en contra del orden establecido. Se volcarán a esos movimientos y emprenderán esas actividades que de ninguna manera fomentan el odio, el antagonismo, ni causan separaciones en sus semejantes. Ningún gobierno o iglesia puede hacer objeciones respecto a este grupo.
El peligro consiste en establecer reglas y hacer pronósticos. Esto sólo conducirá a una actividad prematura y a un procedimiento precipitado. Si el trabajo aquí trazado se hace de acuerdo a las líneas deseadas, y si por el empleo diario de la Gran In­vocación:
Que las Fuerzas de la Luz iluminen a la humanidad, Que el Espíritu de Paz se difunda por el mundo, Que el espíritu de colaboración una a los hombres de buena vo­luntad dondequiera estén,

Que el olvido de agravios por parte de todos los hombres sea la tónica de esta época.



Que el poder acompañe los esfuerzos de los Grandes Seres, Que así sea y cumplamos nuestra parte,
se ampliará y se establecerá firmemente el canal y se implantará un día de oración debidamente organizado; si el reconocimiento diario del perdón, según lo expresó San Pablo, cuando dijo “Olvidando las cosas pasadas sigue adelante”, se convierte en una norma en los hombres de buena voluntad, que conduzca eventualmente a un día mundial de perdón, entonces la tarea del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo marchará adelante en forma cons­tructiva y fructífera y llegará a triunfar. Aquellos que tratan de conducir y guiar en los mundos internos tendrán también una ra­zón para continuar con mayor confianza, y el Cristo verá los frutos “de los afanes de Su alma y estará satisfecho”.



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