Psicología Esotérica II


Enfermedades Respiratorias de los Místicos



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Enfermedades Respiratorias de los Místicos

Poco puede decirse sobre esto. Constituirá una de las ma­yores dificultades a medida que los grupos acrecientan su fuerza y su poder. La dificultad se acrecentará de acuerdo a su objeti­vidad y no a su subjetividad. Me refiero a esas enfermedades que afectan al aparato respiratorio y surgen de los contactos grupales; no me refiero a las mismas dificultades que produce el individuo al grupo. Esotéricamente la razón de esto debería ser evidente. Los errores cometidos al hablar, las charlas y las habladurías vanas, el efecto que producen las palabras del diri­gente -tendrán resultado subjetivo que no será captado ni com­prendido por el estudiante común, y todos producen un efecto físico- ya sea bueno o malo. Debido a la novedad de este tema y a la falta de evidencia para sustanciar mis afirmaciones, sólo puedo llamarles la atención sobre las posibilidades latentes y de­jar que el tiempo demuestre lo correcto de mi posición. En forma curiosa el tema de la respiración -individual y grupal- evoca su propia y paralela solución en el énfasis puesto por los nume­rosos grupos esotéricos en los ejercicios de respiración y en la pronunciación del Aum (que es el aliento del alma, cuando se pronuncia correctamente) y en la práctica (basada en distintas fórmulas) del ritmo. Estos esfuerzos -de naturaleza instintiva y planeada, en forma más que inteligente- no son aún recono­cidos por el grupo para contrarrestar ciertos peligros grupales presentidos.


Estas prácticas pueden ser benéficas si se las lleva a cabo cuidadosamente, pero con frecuencia provocan sus propios pro­blemas peculiares. Por ejemplo, pronunciar el Aum, por quien no está preparado, o por los grupos que están intrigados por esta actividad, pero que no tiene la menor idea de lo que hacen, acarrea marcadas dificultades. Sin embargo, las dificultades es­peciales del trabajo grupal de la nueva era pueden contrarres­tarse mediante ciertas prácticas y ejercicios esotéricos vincula­dos a las vías respiratorias. Más que esto no puedo decir, porque los nuevos grupos están en su infancia y no se han producido dificultades grupales en amplia escala, ni existen futuros pro­blemas (incidentales al ocultismo y al pronunciado misticismo de estos grupos) tan definidos como para detallarlos comprensiva­mente.
d. PROBLEMAS DE LOS MISTICOS, VINCULADOS CON LAS ACTUALES INFLUENCIAS DE RAYO
En la actualidad observamos el retiro de la energía del sexto rayo y el acrecentado poder y actividad del séptimo rayo. La energía que se está retirando de nuestro planeta constituye una de las crisis cíclicas que durante siglos se ha expresado por me­dio del plexo solar planetario y también, como podrá deducirse, por medio del centro plexo solar del aspirante común. Esto ha producido gran parte de los desórdenes digestivos, además de los problemas emocionales (muy estrechamente relacionados) que ha sufrido la mayoría de las personas en esta generación y época. La actitud de intensa centralización, el estado mental fa­nático, el sacrificio de la vida personal por un ideal percibido, han producido una condición peligrosa en los órganos del cuer­po situados debajo del diafragma. Esto no deben olvidarlo.
El séptimo rayo que actúa a través del centro situado en la base de la columna vertebral, tendrá un efecto peculiar sobre el sistema circulatorio, porque este centro básico está vinculado con la fuerza vital y, como ya saben, “la sangre es la vida”. Actúa con el centro más elevado del cuerpo y por lo tanto está relacionado con el problema de las polaridades. En consecuencia, es uno de los factores que hará aumentar las dificultades rela­cionadas con las distintas “separaciones” sicológicas que hemos tratado anteriormente. Concierne a la triplicidad humana, espíritu, alma y cuerpo, a la dualidad alma y personalidad, y a los aspectos principales de la deidad, espíritu y materia, como también a la infinidad de grupos de pares de opuestos que preo­cupan constantemente al místico y que oportunamente han de convertirse en una unidad. El reconocimiento de esto demostrará cuán complejos son los problemas y las posibilidades que surgen por el estimulo que se sentirá a medida que “la voluntad de circu­lar, la voluntad de relacionar y la voluntad de expresarse” hace sentir su presencia, al manifestarse el séptimo rayo. Esta fuerza, en lo que concierne al individuo, actuará sobre el centro que se halla en la base de la columna vertebral, despertándolo a una actividad hasta ahora desconocida. Estos aspectos de la vida de la voluntad están, afortunadamente para la humanidad, muy le­jos de su pleno desarrollo, pero gran parte de la confusión mun­dial de hoy y la oscilación entre los extremos expresados pueden atribuirse a la actividad de estas nuevas fuerzas. La mayoría de la inoportuna y excesivamente enfatizada expresión del as­pecto Voluntad de ciertas naciones e individuos, está vinculada con la entrada a la manifestación de este séptimo rayo y la salida del sexto. El problema aumenta grandemente por el hecho de que existe aparentemente una pronunciada afinidad entre la voluntad idealista y fanática del sexto rayo -énfasis cristaliza­do, dirigido, firme y emocional- y la fuerza de voluntad del trabajador mágico, no entrenado, que está influenciado por la energía del séptimo rayo, actuando a través del centro que está en la base de la columna vertebral.
La diferencia que existe entre estas dos fuerzas y su expre­sión, es en extremo sutil, siendo muy difícil que las distinga el neófito. Cada una acarrea sus propias dificultades. Sólo las men­ciono aquí porque constituyen un problema de naturaleza mística que la Jerarquía debe enfrentar, pero el aspirante común no debe intentar resolverlo todavía.
Al finalizar esta discusión sobre los problemas y enferme­dades de los místicos me doy cuenta más que ustedes, lo poco que he podido decir sobre estos últimos puntos, especialmente sobre los que están vinculados con los problemas grupales o de rayo. Esto fue ineludible e inevitable. Los grupos de la nueva era son todavía muy reducidos, aunque están viniendo a la ma­nifestación muchas personas que pertenecen a la nueva era. Sólo a mediados del próximo siglo aparecerán los nuevos tipos de grupos. Las tentativas iniciales de formar dichos grupos ya se están realizando, pero su éxito o fracaso es impredecible y tan efímero que no es fácil someterlos a la ley. Por ejemplo, una persona ambiciosa y desleal puede destruir al grupo; una per­sona desinteresada y dedicada que no critique, puede llevar al grupo a realizar un trabajo exitoso. Esto les demostrará el po­der que tiene el individuo y el hecho de que, temporariamente y en un momento determinado, puede ser más fuerte que el grupo, porque éste todavía no ha llegado a comprender verdaderamente la actividad, la coherencia y la vitalidad grupales. Por lo tanto, el místico sufre como resultado de esta condición, produciéndole enfermedades y desórdenes sicológicos que no sólo son personales sino que frecuentemente son el resultado de las condiciones ver­sátiles en que tiene que vivir.
Una de las razones que garantizan el poder de la Jerarquía y su carencia de cualquier problema sicológico inherente al tra­bajo grupal y a desórdenes místicos y ocultistas, es su estabi­lidad y coherencia y la seguridad de su contacto con la vida. El místico y el ocultista atraviesan a menudo períodos de insegu­ridad, pasando de la duda, sobre las futuras y posibles revela­ciones, a la creencia de que el testimonio de las épocas se basa en hechos irrebatibles. Al místico común y al estudiante de ocul­tismo le faltan estabilidad en las condiciones ambientales y fe en sus afiliaciones grupales. La mayor contribución hecha al mundo del pensamiento, en la actualidad, es el reconocimiento en todas partes, de lo finito que es el conocimiento del hombre, de la insuficiencia de la sabiduría que ha acumulado para enca­rar la situación mundial y de su incapacidad de formular un plan aplicable para sacar a la raza de su actual dificultad y encru­cijada. Los seres humanos no están seguros de sí mismos ni de los demás, y cuanto mayor es su sensibilidad más compleja es su reacción y más complicados y desastrosos los efectos fisioló­gicos y sicológicos. La humanidad, en su totalidad, está siendo mística en su orientación y conciencia. Los intelectuales de la raza agregan a esa percepción mística (que siempre ha existido, aunque no reconocida ni rechazada) el rápido desarrollo de la comprensión oculta.
La conciencia atlante de la humanidad adolescente está sien­do reemplazada por la conciencia más desarrollada del ser hu­mano adulto. Los problemas, las dificultades, las enfermedades y los desórdenes del hombre místicamente orientado, introspec­tivo e investigador, cederán su lugar durante los próximos siglos. a los problemas y complejos del hombre que va siendo consciente del grupo y que trabaja con una percepción extrovertida en cual­quier grupo que sea. Les recordaré aquí que -como resultado de la influencia pisciana durante los últimos dos mil años- di­chos grupos son predominantemente idealistas.
Esto nos lleva a una de las partes más interesantes de este tratado, la influencia que ejercen los rayos en la actualidad y en la era acuariana que está sobre nosotros, lo cual será de valor práctico. Llevemos al trabajo del nuevo ciclo que se abre ante nosotros, una renovada aspiración, un profundo amor y una fe más vívida, recordando, a medida que estudiamos el futuro, que la Fe es una de las mayores necesidades, pues constituye “la Sustancia de las cosas deseadas y la Evidencia de las cosas no vistas”.
CAPÍTULO III
LA HUMANIDAD DE HOY(1)
1. La Situación Mundial

La manifestación de la Nueva Era, en la Tierra, conjun­tamente con el surgimiento del quinto reino de las almas, es una tarea que demanda los esfuerzos concertados y unidos de todos aquellos que se dedican a alcanzar este objetivo. Necesita del esfuerzo colaborador de esa parte más evolucionada de Ja humanidad, sensible a estas nuevas influencias, que puede cap­tar la naturaleza de estos importantes acontecimientos y sus po­tencialidades de largo alcance y está, por lo tanto, preparada para participar lo mejor que pueda en satisfacer la necesidad de este momento crucial y del servicio que los Grandes Seres tratan de prestar. Este esfuerzo de colaboración realizado por esa parte más receptiva de la humanidad, es lo que la Jerarquía, en realidad, quiere establecer entre los hijos de los hombres.


La presión ejercida hoy sobre la Jerarquía y quienes están colaboración y extrema actividad, pues Quienes guían la evolución vinculados con ella en el Sendero del Discipulado y en el Sendero de la Iniciación es muy grande. Ha sido necesaria una constante humana se han preocupado profundamente por mantener el equilibrio necesario en el mundo. De ser ello posible, ha de evitarse llevar la situación a una rápida culminación, sea a una confla­gración general (como posible alternativa), a una intranquilidad efervescente, de tan amplias proyecciones y de carácter tan per­sistente, que los pueblos del mundo serán, en el primer caso, devastados por la guerra, con su corolario de hambre y pestes y, en el otro, agotados por el sufrimiento engendrado a raíz del ma­lestar económico, las privaciones y la explotación de las masas por los fanáticos, los que buscan la popularidad y los idealistas bien intencionados, pero poco prácticos.
Los peligros que existen para la raza y su evolución, de que se desate una guerra o guerras desastrosas son tan grandes e indeseables, como lo son las similares condiciones donde no hay un desarrollo real y efectivo, sino décadas en que predominan la actual encrucijada y la bancarrota económica. Contrarrestar estas posibilidades y, al mismo tiempo, producir durante los próximos diez años el máximo cambio deseado, ha sido el objetivo de la Jerarquía planetaria (ese grupo oculto de Trabajadores que el cristianismo denomina el Cristo y sus Discípulos), y constituye el punto focal de la lucha. He utilizado premeditadamente la pa­labra lucha. La Jerarquía está luchando denodadamente contra las denominadas “fuerzas del mal”, y el Nuevo Grupo de Servi­dores del Mundo es actualmente, en el plano físico, el instrumento con que la Jerarquía debe trabajar, pues no posee otro.
¿ Qué se quiere significar con las palabras “fuerzas del mal”? No significa ejércitos perversos y pecaminosos creados por una ficción de la imaginación, ni el demonio o ningún supremo anti­cristo, pues tal ejército no existe, y tampoco existe un gran ene­migo de Dios que presente batalla al Altísimo. Sólo existe una humanidad sufriente, semidespierta aún, que comete errores, pre­siente tenuemente la visión, lucha por liberarse de la esclavitud del pasado, con sus deshonrosas alianzas e incontroladas lealtades del pasado. Las fuerzas del mal son, en último análisis, los antiguos y arraigados ideales y hábitos mentales que han cumplido el propó­sito de llevar a la. raza al punto actual de evolución, pero que ahora deben desaparecer si queremos introducir la Nueva Era. Los an­tiguos ritmos establecidos, inherentes a las antiguas formas de religión, política y orden social, deben dar lugar a los nuevos idea­les, a la comprensión sintética y al nuevo orden. Las leyes y los modos de proceder, característicos de la Nueva Era, deben reem­plazar a los antiguos, y esto instituirá, a su debido tiempo, el nuevo orden social y un régimen más incluyente.
En la actualidad, se están realizando muchos experimentos, especialmente en lo que concierne al sector gubernamental, tenta­tivas de los hombres en todas partes de aplicar los nuevos y tenue­mente percibidos ideales que van apareciendo, los cuales deben ser aplicados a nuestras condiciones modernas de vida y eventualmente reemplazarlas. No existe forma alguna de experimento nacional que no esté basada en algunos de estos ideales, ni que sea esen­cialmente el esfuerzo realizado por alguna escuela idealista para mejorar las condiciones del mundo o llevar alivio a un grupo de seres humanos. Éste es uno de los axiomas que debe ser aceptado desde el comienzo y sobre esto se respalda el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Por lo tanto, niega todo antagonismo político. Durante el proceso de materializar el ideal, en un esfuerzo por lograr su reconocimiento y obtener la aceptación del propósito vital de la idea, los métodos empleados, los odios provocados, las crueldades cometidas en su nombre, la aceptación exigida por la fuerza y los males perpetrados en nombre de los nuevos objetivos, han producido una condición de carácter tan enardecedor que quienes están detrás de los asuntos mundiales y del desarrollo de la humanidad se han visto dificultados para mantener las cosas en calma.
¿ Qué pasa actualmente en el mundo? -pues las separaciones se evidencian día a día, y la situación puede observarse con mayor nitidez. Los que no poseen visión, pero sí un punto de vista miope, respecto a los hechos ambientales, consideran que lo que sucede en el mundo va empeorándose y agravándose cada día. No ven la luz en la oscuridad, e irreflexivamente dicen que nuestra civilización está condenada. Otros ven en la situación una oportunidad para llegar a destacarse y ponerse al frente de algún sector de acti­vidad mundial. Así explotan a las masas y tergiversan la situación en beneficio propio, a veces con la mejor intención, otras porque ven la oportunidad de alcanzar el poder y predominar y. aún otras, porque la vida, el destino, el sino o el karma (aplique­mos el término que mejor nos parezca), los coloca en esa posición y se convierten en hombres del destino. Empuñan el timón de la nave de algún estado, y son agentes que controlan algún partido, grupo, situación religiosa, política o económica. Sin embargo, sólo son peones en las manos de Aquellos que trabajan para lograr un objetivo mayor.
Toda la cuestión puede analizarse desde dos ángulos, y qui­zás resulte provechoso hacerlo, recordando siempre que el obje­tivo del nuevo orden social, la nueva política y la nueva religión consiste en alcanzar el desenvolvimiento de la conciencia humana a fin de instituir y presentar a los hombres valores más elevados y terminar con el reinado del materialismo. Después de todo, es la meta que se han fijado los verdaderos conocedores y los hom­bres espiritualmente orientados durante épocas, para establecer el Reino de Dios, el control por el alma, cuya naturaleza es amor, y llevar a cabo el trabajo que inició el Cristo -una era de paz en la tierra y de buena voluntad entre los hombres. Esto lo de­muestra claramente el difundido énfasis puesto sobre la paz mun­dial, proclamado por los grandes líderes políticos, y que las igle­sias de todas partes, tratan de obtener.
Los pueblos del mundo se pueden clasificar en cuatro grupos, según el punto de vista de Quienes tratan de guiar a la humani­dad hacia la Nueva Era. Ciertamente ésta es una amplia genera­lización, habiendo muchos grupos de enlace entre las cuatro prin­cipales agrupaciones.
Primero, las masas ignorantes: éstas, debido a la pobreza, la desocupación, el analfabetismo, el hambre, la desesperación y la falta de esparcimiento y de medios para adquirir cultura, están enardecidas. Tienen suficiente desarrollo para responder a las sugerencias y al control mental de las personas un poco más evo­lucionadas que ellas. Son fácilmente regimentadas, influenciadas, estandarizadas e impulsadas a una actividad colectiva por los lí­deres de cualquier escuela de pensamiento, que sean suficiente­mente inteligentes y emotivos, para despertar los deseos materia­les, el amor a la patria y el odio hacia quienes poseen más que ellos. Estas personas pueden ser controladas por el temor y, por lo tanto, impulsadas a actuar por la demanda emotiva.
Como no conocen nada mejor y padecen tantos sufrimientos son fácilmente arrastradas por los fuegos del odio y del fanatismo, y constituyen una de las más grandes e inocentes amenazas de esta época. Son juguetes en manos de los que están bien infor­mados, y se hallan indefensas contra quienes tratan de utilizarlas para cualquier propósito. Pueden ser conmovidas con más faci­lidad por las exhortaciones emocionales y las promesas, porque las ideas casi no llegan a impresionar sus conciencias, debido a que no están desarrolladas suficientemente para pensar por sí mismas. La mayor parte de ellas son almas jóvenes, aunque naturalmente hay excepciones. No es el idealismo de los líderes o de los demagogos lo que las impresiona y las impulsa a la acción (generalmente de naturaleza violenta), sino el deseo de tomar represalias, el ansia de poseer bienes materiales y la determina­ción de ser, como vulgarmente se dice, “el jefe”. Encarnan la sico­logía, el régimen y la violencia de la plebe. Están indefensos, son explotados y -porque son seres humanos irreflexivos e irrazo­nables- presentan un problema verdaderamente serio como bien sabemos y lo comprenden todos los gobiernos. La violencia ciega e irreflexiva hasta ahora ha sido enfrentada por la fuerza armada. Esto es lo que sucede hoy. Las masas luchan y mueren azuzadas por fogosas arengas, y pocas veces saben de qué se trata. Sus condiciones de vida deben ser mejoradas, pero no por la explota­ción ni por el derramamiento de sangre.
Segundo, la llamada clase media y sus dos categorías, supe­rior e inferior: constituye el grueso de cada nación, la burguesía inteligente -diligente, inquisidora, de mente estrecha y esencial­mente religiosa, aunque repudia frecuentemente los requisitos de la religión. Es arrastrada por el conflicto económico, y constituye sin excepción el elemento más poderoso de cualquier nación, por su capacidad para leer, discutir, pensar, invertir dinero y apoyar a cualquier bando. Representan la mayor parte de los partidarios del mundo, los que luchan por una causa y forman grandes gru­pos, sea a favor o en contra de uno u otro partido. Les agrada reconocer y elegir a un líder, y están dispuestos a morir por la causa y a hacer incesantemente mayores sacrificios por sus ideales, basados en las ideas presentadas por sus líderes elegidos.
No establezco diferencias ni ubico a la llamada aristocracia de un grupo, porque eso constituye una diferencia de clase, ba­sada en gran parte en el patrimonio y en el capital; los modernos reajustes nacionales la van fusionando rápidamente en la gran clase media. Tratamos aquí cuestiones fundamentales, con agru­paciones cimentadas en actitudes correctas y no con divisiones que emergen cuando entran en consideración los recursos naturales. La mentalidad burguesa compenetra hoy. constante y pau­latinamente, las masas, el proletariado y también ese círculo que hasta ahora ha sido llamada clase aristocrática. Existe como es­tado de conciencia en la aristocracia de cualquier nación y la está absorbiendo el actual proceso nivelador. Debido a que en to­das partes se lleva a cabo esta nivelación, puede surgir ahora la aristocracia espiritual -basada en la comprensión de su origen y meta divinos, que no conoce distinción de clases, barreras reli­giosas ni diferencias separatistas. Por lo tanto, tratamos las divi­siones humanas y no las diferencias de clases.
El segundo grupo constituye el campo más fructífero de don­de se extraen los nuevos líderes y organizadores. Forman un grupo intermedio entre los pensadores del mundo, los intelectua­les y las masas humanas. En último análisis, son el factor que determina los asuntos mundiales. Las masas sufren por las con­diciones mundiales y por la situación que crea las actividades de este segundo grupo, al responder, de un modo u otro, a las nuevas influencias, a los nuevos ideales y a los nuevos factores que con­trolan el mundo moderno. Este inmenso grupo, a su vez, sufre en manos de quienes tratan de imponer los nuevos ritmos a los pueblos -los grupos políticos, los idealistas y fanáticos religiosos, y los protagonistas del nuevo orden social y de los regímenes eco­nómicos (según lo interpretan, correcta o erróneamente, sus lí­deres).
Debido a su inteligencia, a las mayores posibilidades que tienen de adquirir cultura, a su habilidad para leer, al impacto de los nuevos métodos de propaganda, la prensa y la radio, consti­tuyen el grupo más poderoso del mundo en cada nación, y a ellos se dirigen los líderes, demandando su apoyo y lealtad partidista, trayendo el triunfo de cualquier líder. Son los únicos que contri­buyen con la mayoría de los votos en los asuntos nacionales. Se hallan dominados por la incertidumbre, la duda y el temor, profun­damente arraigados, y el deseo de que se haga justicia y se esta­blezca el nuevo orden de cosas. Sobre todo, desean la paz, esta­bles condiciones económicas y un mundo ordenado. Están dis­puestos a luchar por ello, combatir en todos los partidos y grupos por los ideales políticos, nacionalistas, religiosos, económicos y sociales. Si prácticamente no luchan en sentido físico, lo hacen por medio de la palabra, discursos y libros.
Tercero, los pensadores del mundo: son los hombres y muje­res inteligentes y muy cultos, que captan las ideas y las formulan en ideales. Estas personas hablan, escriben artículos y libros y utilizan todos los métodos conocidos para llegar a educar al pú­blico en general, y así hostigan a la burguesía obligándola a entrar en actividad, agitando, por medio de ella, a las masas. La función y el papel que desempeñan es de suprema importancia. De sus filas egresan quienes influencian firmemente el curso de los acontecimientos mundiales, una veces con fines buenos, otras con fines egoístas. Manejan la mente humana como un músico maneja su instrumento, estando en sus manos el poder de la prensa, la radio y la tribuna pública. Su responsabilidad es enorme. Algunos pocos, quizás más de lo que parece, trabajan desintere­sadamente inspirados por la nueva era. Se dedican a aliviar las condiciones humanas y a mejorar los asuntos mundiales, aplican­do (correcta o erróneamente) ciertas líneas que, para ellos, cons­tituyen la esperanza del futuro y la elevación de la humanidad. Se hallan en todo gobierno, partido, sociedad y organización, igle­sia y grupo religioso. Constituyen hoy la entidad más influyente, porque a través de ellos se llega a la gran clase media, influen­ciándola y organizándola para fines políticos, religiosos y sociales. Sus ideas y expresiones se infiltran a través de la clase elevada y de la clase media, llegando finalmente a oídos de los individuos más avanzados de las masas no evolucionadas.



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