Psicología Esotérica II


Enfermedades y Problemas Evocados por el Pensamiento Dirigido del Grupo



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Enfermedades y Problemas Evocados por el Pensamiento Dirigido del Grupo

Es evidente que la principal y más importante de estas difi­cultades surge de la crítica grupal, ya sea verbal o fuertemente sentida. La crítica puede estar fundada en muchas cosas, pero generalmente tiene sus raíces en la envidia, en la ambición re­primida u orgullo del propio intelecto individual. Cada miem­bro de un grupo, especialmente los que pertenecen al círculo in­mediato del dirigente o dirigentes, son propensos a erigirse en jueces. La responsabilidad no es de ellos, no conocen los proble­mas como realmente son, por lo tanto, les es fácil criticar. Deberemos recordar aquí que la crítica es un veneno virulento. En todos los casos perjudica a su debido tiempo al que critica y -debido a que ha sido dirigido verbalmente- perjudica mucho más al que ha sido criticado. Cuando hay móvil puro, verdadero amor y una gran medida de desapego, los cuerpos sutiles de aquel que es atacado pueden permanecer inmunes, pero los efec­tos físicos serán muy definidos, y cuando hay una debilidad física o limitación, allí se localizará el veneno proyectado.


La crítica que no ha sido verbalmente difundida es muy pe­ligrosa, porque está poderosa y fuertemente enfocada, aunque no ha sido dirigida individualmente; surge continuamente como cho­rro constante enviado en aras de la envidia, la ambición y el orgullo, porque ha habido una captación personal de una su­puesta situación y el que crítica cree que comprende correcta­mente y que podría -si se le ofrece la oportunidad- actuar de­bidamente. Cuando la crítica se emite y se expresa en palabras. se refuerza, por consiguiente, mediante la colaboración de los que han sido influenciados por la crítica, y las consecuencias de este pensamiento dirigidos grupalmente pueden ocasionar un desastre físico y la desintegración del cuerpo físico del dirigente o de los dirigentes. Esto quizás podrá ser algo nuevo para algunos, y hará que la mayoría de quienes componen los grupos de la nueva era detengan sus pensamientos y libren a sus guías del impacto desastroso de sus críticas.
Aquí no me refiero al odio, aunque a menudo está presente, ya sea consciente o inconscientemente, sino que se “erigen en jueces” de las vanas murmuraciones que parecen tan necesarias para el miembro común del grupo. Se asemeja al aliento de la muerte que no sólo mata al líder por el veneno acumulado y la angustia, sino que también puede matar la vida grupal y hacer abortar el esfuerzo que podría ser, si se le dedicara la debida colaboración y tiempo, un agente constructivo a través del cual la Jerarquía podría trabajar.
De todas partes y de todos los grupos le llegan al dirigente del grupo oleadas de críticas, pensamientos ponzoñosos, falsas ideas, vanas habladurías destructivas, imputación de móviles, en­vidia y odio inexpresados, ambiciones frustradas de los miembros de un grupo, resentimientos y deseos insatisfechos de des­tacarse, ser reconocido por el líder o líderes, o el deseo de verlo reemplazado por ellos mismos o por alguien, más otros tipos de egoísmo y orgullo mental. Esto produce resultados en el cuerpo físico del líder y frecuentemente en el cuerpo emocional. Por lo tanto, la responsabilidad de un miembro del grupo es muy grande, y muy pocas veces la reconoce o acepta. Resulta difícil apre­ciar los efectos desastrosos cuando una persona es el blanco de las críticas del grupo y cuando el pensamiento dirigido de un grupo de personas se enfoca en uno o dos individuos.
Cuanto más evolucionado sea el dirigente del grupo, mayor será el dolor y el sufrimiento. Las personas que pertenecen al primer rayo, que tienen por naturaleza “una técnica para aislarse”, sufren menos que la mayoría, pues saben cómo detener estas corrientes de fuerza dirigidas y cómo desviarlas y -cuando no son personas profundamente espirituales- pueden devolverlas a los que las originaron y provocar así grandes desastres en sus vidas. Las personas que pertenecen al segundo rayo no trabajan ni pueden hacerlo de esta manera. Son absorbentes por natura­leza y atraen magnéticamente todo lo que en su medio ambiente va dirigido hacia ellos. Esta es la razón por la cual el Cristo sufrió la pena de muerte. Fue muerto no sólo por Sus enemigos, sino por Sus seudo amigos.
Aquí podrán muy bien preguntar: ¿ Qué puede hacer un conductor o grupo de dirigentes en estas circunstancias desgra­ciadamente anormales y comunes? Nada, sino continuar con el trabajo. Retirarse dentro de sí mismo; decir la verdad con amor cuando se ofrece la oportunidad, rehusar amargarse por el dolor que le ocasiona el grupo y esperar hasta que sus miembros aprendan la lección de colaborar, de guardar silencio, de saber apreciar amorosamente y de captar y comprender inteligente­mente los problemas que enfrentan todos los dirigentes de gru­pos, en estos días difíciles e individualistas. Ya llegará ese mo­mento.
Luego tenemos el reverso de este problema que debe enfren­tar la mayoría de los dirigentes de grupo. En esta situación con­traria, el guía es vencido (si puedo utilizar tal palabra) y opri­mido por la devoción de ciertos miembros del grupo. Los guías del grupo casi pueden ser aniquilados por el amor que demues­tra la gente hacia la personalidad, pero esto no es de naturaleza tan ponzoñosa como las dificultades ya mencionadas, porque -aunque constituye un obstáculo que conduce a innumerables formas de dificultades, malas interpretaciones y reacciones gru­pales-. se produce por el amor, no por la separatividad y el odio. Trae lo que se denomina esotéricamente la invalidación “de aquel que trata de servir y lo ata de pies y manos
Trataré otra dificultad muy importante, porque es una acti­vidad grupal llevada a cabo como un todo y no el acto de un individuo o de un puñado de individuos dentro del grupo. Me refiero a la forma en que hoy el grupo agota la vida de su líder o dirigente. El cordón umbilical (hablando simbólicamente) rara vez se corta entre el dirigente y el grupo. Esto constituye el ma­yor error cometido por los grupos de la era pisciana. Permane­cían siempre vinculados a él o -cuando los impulsaba el odio o el desagrado- truncaban violentamente el vínculo y rompían las relaciones causando gran angustia e innecesario sufrimiento al grupo y al dirigente. En la nueva era, el cordón será tempra­namente cortado en la vida del grupo, pero el líder o el grupo de líderes permanecerán siendo durante largo y tiempo (como la madre y el hijo) la inspiración guiadora, la fuerza amorosa pro­tectora y un venero de instrucción y enseñanza. Cuando esto su­cede el grupo puede emprender su camino y vivir su vida como un agente autodirigido, aunque el líder haya partido para el más allá, o se produzca un cambio en el liderazgo por una u otra razón.
De acuerdo a como afluye la vida grupal y la actividad, así será el efecto -emocional y físico- producido sobre cualquier miembro sensitivo del grupo; cuanto más frecuente sea el con­tacto físico entre los miembros del grupo, más definidos serán los problemas y las dificultades grupales. Los grupos de la nueva era se mantendrán unidos por el eslabón subjetivo y no por una reacción emocional provocada por un contacto externo. Les pe­diré que reflexionen cuidadosamente sobre este último párrafo, porque contiene la clave para el trabajo exitoso de los nuevos grupos. De la vida grupal y de la atmósfera grupal provienen muchas infecciones que conducen a dificultades de naturaleza física. La enfermedad generalmente tiene origen grupal y a ella sucumben los místicos y los sensitivos del mundo. En estas primeras etapas de verdadero trabajo grupal, las dificultades que sobrevienen debido a los contactos grupales, son con frecuen­cia puramente fisiológicas y no están tan profundamente arrai­gadas como aquellas que hemos analizado anteriormente. Esto es algo que debe recordarse. Las dificultades y las enfermedades físicas no son tan serias como las sicológicas.




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