Psicología Esotérica II



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Estas reglas parecen sencillas y familiares, pero son muy difí­ciles de seguir, especialmente en el caso del síquico común, y ello por dos razones: primero, porque no desea perder el poder que dichos poderes le otorgan y, segundo, porque, por regla general, su percepción mental está tan poco desarrollada que el esfuerzo por transferir su conciencia a los niveles superiores de expresión resulta una tarea demasiado ardua. Pero cuando la voluntad está activa y donde se percibe el peligro si se continúa trabajando en los niveles astrales inferiores, entonces se hará a su debido tiempo el esfuerzo necesario.
Las reglas anteriores son aplicables al síquico que tiene la voluntad y la inteligencia suficientes para cambiar su orientación y tipo de trabajo. Pero ¿qué debe hacer el hombre que se ha deslizado en los caminos peligrosos del siquismo inferior y posee conciencia aria y no atlante? ¿qué puede hacer cuando el centro deI plexo solar está excesivamente activo y ha abierto totalmente puerta al plano astral? Tratará de cerrarla y de funcionar normalmente; desconfiará y temerá a sus poderes síquicos de ver y oír. No existe una regla específica de conducta, porque mucho depende de la causa originante, pero sugeriré varias re­glas y normas terapéuticas de conducta.


  1. Si la puerta astral se ha abierto por practicar ciertos ejer­cicios de respiración, además de la adopción de ciertas pos­turas y otros métodos enseñados por los instructores igno­rantes de la actualidad, sugeriría que se den los siguientes pasos necesarios y preliminares:




  1. Que el hombre abandone todo ejercicio y postura y evite todo contacto con el instructor. Éste es el primer paso necesario.




  1. Que viva una vida de plena actividad física, sin dedicar tiempo a la introspección. Si es materialista debe cumplir sus obligaciones comerciales, económicas y sociales, se­gún las prácticas del plano físico y su correspondiente responsabilidad, con toda la capacidad que posea, sin pensar en forma retrospectiva.




  1. Que enfoque su atención sobre las cosas del vivir físico, hasta el momento en que la evolución lo lleve a la etapa del enfoque mental y a la orientación espiritual. Antes de poder realizarlo debe cerrar la puerta inferior. En consecuencia debe controlar la emoción, porque la emotividad mantiene abierta de par en par la puerta y faci­lita la experiencia astral.




  1. Que “aprenda a trabajar y a pensar con la columna ver­tebral y la cabeza y no con la parte delantera del cuer­po”, de acuerdo a lo que se traduce de una antigua regla. Esto significa que el síquico común considera que el plexo solar y el centro laríngeo (los únicos dos de los cuales parece saber algo) están ubicados adelante, en el centro del torso o adelante de la garganta, lo que hace que la energía descienda por el camino involutivo y no ascien­da por el camino evolutivo de la columna vertebral. Esto es muy importante.




  1. Si la puerta del plano astral se ha abierto por derecho na­tural de primogenitura, por la actividad de vidas anteriores y por la afluencia de fuerzas enfocadas normalmente en el plexo solar, el problema es mucho más difícil. Por lo tanto será necesario:




  1. Adquirir cierta comprensión de la constitución etérica del hombre. Se debe impartir enseñanza sobre la natu­raleza de los centros de fuerza, para que el síquico ario tenga algún antecedente inteligente sobre el cual traba­jar. Debe hacerse un esfuerzo para construir un cuerpo saludable.




  1. Hacer hincapié sobre las metas superiores y recalcar la necesidad de una vida dedicada al servicio. Recordaré que servicio es un método científico mediante el cual las fuerzas que despiertan, estimulan y controlan el plexo solar son dirigidas al centro cardíaco, cerrando en for­ma absoluta la puerta astral y descentralizando el inte­rés síquico. Dicha descentralización se cumple técnica­mente cuando el plexo central ya no constituye un factor dominante y cambia el interés mental del hombre.




  1. Aquí cabría otra sugerencia práctica que podría ser de utilidad. Cuando el síquico está en la etapa ariana de des­arrollo y no simplemente en la atlante, entonces le haría mucho bien usar con frecuencia el color amarillo. Debe rodearse de ese color, porque sirve para mantener en la cabeza las energías que afluyen, o para evitar que no desciendan más abajo del diafragma. Esto hace que no afluya constantemente la energía del plexo solar, y tam­bién ayuda a liberar al síquico del plano astral. Les in­dicaré que el síquico que posee conciencia atlante (lo cual constituye la mayoría) funciona normalmente cuan­do despliega las facultades síquicas, aunque en un arco retrógrado, pero si el hombre que posee conciencia aria despliega esos poderes es un anormal.




  1. Donde existe un grave peligro que produce gran tensión nerviosa o excesiva debilidad, debe tenerse mucho cuidado. Cuando se está librando una lucha violenta contra la acti­vidad síquica, o hay un colapso nervioso y falta de dirección y control mental, entonces es esencial a veces forzar al síquico a tomarse largos descansos en la cama llevando una dieta liviana y absteniéndose totalmente de todo con­tacto. A veces será necesario refrenarlo. En la actualidad, innumerables casos como este -que luchan denodadamente para obtener el equilibrio mental y tratan de cerrar la puer­ta astral- son considerados de demencia o que están al bor­de de la insania. Su situación se empeora por la incom­prensión de sus amigos, del médico y del síquico. Su difi­cultad no es mental, sino que está totalmente relacionada con el plexo solar. Sólo cuando esto se reconozca se comen­zarán a tratar correctamente estos casos-problemas. Cierta­mente que es raro encontrar un sicólogo que honestamente admita las posibilidades de estas premisas.

Cuando surgen desórdenes síquicos en el místico avanzado, en el discípulo o en el estudiante ocultista, la forma de enca­rarlos debe ser más definidamente científica, porque la dificul­tad está muy profundamente arraigada debido a que la mente está más implicada. Trabajar exclusivamente con los centros ubi­cados a lo largo de la columna vertebral y en la cabeza, es co­rrecto, pero debe llevarse a cabo bajo una cuidadosa vigilancia. No puedo dar aquí los ejercicios que conducen a




  1. cerrar los distintos centros,

  2. abrir los centros superiores y

  3. transferir la fuerza de un centro a otro.

La finalidad de este tratado, que será muy leído por la pró­xima generación, es llegar al público. Si diera aquí dichos ejer­cicios los lectores podrían experimentar con ellos, y lo único que lograrían sería dañarse a sí mismos.


La Ciencia de la Respiración, ciencia del laya yoga o ciencia de los centros, tiene profunda importancia, y también constituye un serio peligro. En último análisis es la Ciencia de la Energía, y enseña el método para controlar la energía, dirigirla y utili­zarla, a fin de expandir la conciencia, establecer correctas rela­ciones entre el hombre y su medio ambiente y, ante todo (en lo que respecta a los miembros de la Gran Logia Blanca), practicar magia blanca. Esta energía pránica actúa a través del cuerpo vital y corre por los innumerables nadis que allí existen. Hay millones de ellos y son diminutos canales de fuerza que subyacen en todo el sistema nervioso del hombre. Constituyen la contraparte de ese sistema y son el factor animador, hacen posible la sensi­bilidad e inician la acción y la reacción que convierte el mecanismo de un hombre en un complicado receptor de energía y di­rector de fuerza. Cada una de estas diminutas líneas de energía es de naturaleza quíntuple y se asemejan a cinco hilos o fibras de fuerza, compactamente tejidas dentro de una envoltura de dis­tinta fuerza, las cuales están en forma transversal ligadas entre sí.
Además se ha de observar que estos cinco tipos de energía forman cada uno una unidad compactamente tejida, constituyen­do en su totalidad la envoltura etérica. A través de estos cinco canales fluyen cinco pranas principales energetizando, activan­do y controlando todo el organismo humano. No existe parte del cuerpo físico en el cual no se encuentre ni subsista. esta red de energía, lo cual constituye la verdadera forma o sustancia.
Cuando las líneas de fuerza se cruzan y entrecruzan, a me­dida que repiten en el microcosmos los arcos involutivo y evo­lutivo del macrocosmos, se forman cinco zonas a lo largo de la columna vertebral y dos en la cabeza, donde las energías son más poderosas que en otra parte, porque allí están más concentra­das. Así aparecen los centros mayores. Por todo el cuerpo se cru­zan y entrecruzan y así viene a la existencia el equipo de los centros de energía:


  1. Donde las líneas se cruzan veintiuna vez, se hallará un cen­tro mayor, de los cuales hay siete.




  1. Donde se cruzan catorce veces, aparecen los centros meno­res, a los cuales ya me referí anteriormente.




  1. Donde se cruzan siete veces, tenemos centros diminutos, de los cuales hay centenares.

Algún día se harán diagramas del cuerpo etérico y entonces se podrá ver la dirección general de dichas líneas de fuerza. El gran impulso de estas energías será evidente y se establecerá con ma­yor facilidad el grado de evolución, indicando infaliblemente el estado síquico. La complejidad del tema es sin embargo muy grande, debido justamente a esta diferencia del desarrollo evo­lutivo de los vehículos, al nivel alcanzado por la expansión de conciencia y a la receptividad del estímulo que posee el ser hu­mano. La Ciencia de la Meditación con el tiempo absorberá a la ciencia del laya-yoga, pero sólo en la forma más elevada de esta yoga. La meta de la meditación es producir la libre acción de todas las fuerzas entrantes a fin de que no haya impedimentos para la energía entrante del alma, ni obstáculo o congestión al­guna ni se carezca de poder -físico, síquico, mental y espiri­tual- en parte alguna del cuerpo. Esto significa que no sólo habrá buena salud y que se podrán utilizar plena y libremente todas las facultades, superiores e inferiores, sino que habrá con­tacto directo con el alma. Se renovará constantemente el cuerpo, característica de la expresión de la vida del iniciado o maestro, lo mismo que del discípulo, sólo que en menor grado. Producirá una expresión rítmica de la vida divina en la forma. Cuando el adepto observa en forma clarividente al aspirante o discípulo, se origina:




  1. La manifestación rítmica, causa de la aparición y desapari­ción de la forma. Al observar el cuerpo, el adepto puede de­cir cuánto tiempo ha estado encarnado y cuántas veces más encarnará. El estado en que se encuentran los canales prá­nicos revelan esto con toda exactitud, especialmente los que están debajo del diafragma. Eso lo revela el centro en la base de la columna vertebral, donde está asentada la voluntad de vivir (que rige la simiente del principio vida en el corazón).




  1. El ritmo de la vida síquica, que es en realidad la revelación respecto a la ubicación del hombre en relación con la con­ciencia y sus contactos. Cuando el adepto desea informarse sobre este punto, primero, observa el centro plexo solar y, luego, los centros cardíaco y coronario, porque en estos cen­tros y en su relativa “luz y radiante fulgor”, le es revelada toda la historia del individuo. El centro de la cabeza que se ha de observar en el hombre común e inferior, es el que se halla entre las cejas, el ajna. En el caso del aspirante, del místico y del discípulo, se observa el centro más elevado, el coronario.

A medida que prosigue la evolución y las fuerzas vitales fluyen más libremente por los nadis a través de los centros -mayores, menores y diminutos- aumenta la rapidez de la distribución, de la afluencia y de la consiguiente radiación del cuerpo. Las paredes divisorias dentro de la envoltura que cubre a los mi­núsculos canales de fuerza, eventualmente se desintegran (bajo el impacto de las fuerzas del alma) y desaparecen, y así los nadis del discípulo avanzado adquieren una nueva forma, lo cual indica que ya es, en consecuencia y esencialmente, doble y por lo tanto una personalidad integrada. Es alma y personalidad. La fuerza del alma puede fluir sin impedimentos a través del canal central del “nadi” y las demás fuerzas pueden hacerlo libremente a su alrededor. Mientras se lleva a cabo este proceso y se fusionan las fuerzas dentro de los “nadis” formando así una sola energía, aparecen las enfermedades del místico, particularmente las que se relacionan con el corazón.


Simultáneamente con la aparición de la dualidad en los “na­dis”, el discípulo es capaz de utilizar los dos canales -ida y pingala- que están ubicados a lo largo de la columna vertebral, a cada lado del canal central. Ya puede ascender y descender li­bremente la fuerza por estos dos “senderos de fuerzas” y pasar así externamente a los “nadis”, empleando la zona alrededor de cualesquiera de los centros mayores como zonas de distribución, energetizando a voluntad para que entre en actividad cualquier parte del mecanismo, o para que todo el mecanismo inicie una actividad coordinada. El discípulo ha llegado a la etapa de des­arrollo donde la trama etérica, que separa a los centros a lo largo de la columna vertebral, ha sido consumida por los fuegos de la vida. El “sushumna” o canal central, puede entonces utili­zarse lentamente. Esto va a la par de ese período en que afluye libremente la fuerza proveniente del alma a través del canal central de los “nadis”, que oportunamente entra en plena acti­vidad. Todo esto lo puede ver el ojo clarividente del Maestro.
He dilucidado el tema detalladamente porque la práctica de los ejercicios de respiración, activa definitivamente las fuerzas que fluyen a través de los “nadis” y las reorganiza, por lo gene­ral, prematuramente. Acelera el proceso de derribar las barreras que separan a cuatro fuerzas de la quinta energía, y permite que­mar más rápidamente las tramas etéricas protectoras a lo largo de la columna vertebral. Si esto sucede mientras el énfasis de la vida está puesto debajo del diafragma, y el hombre ni siquiera es un aspirante o una persona inteligente, se estimulará excesivamente la vida sexual y también se abrirá el plano astral, por lo cual sobrevendrán numerosos desórdenes y enfermedades fí­sicas. Ocultamente dicho “libera a los fuegos interiores y el hom­bre será destruido por el fuego”; entonces no será (como está destinado a ser) “la zarza ardiente que arde eternamente y nunca puede ser destruida”. Cuando tiene lugar la destrucción por el fuego, mediante un proceso forzado y no está correctamente di­rigido, inevitablemente habrá dificultades. Cuando el hombre se halla en el Sendero de Purificación o Probación, o en las prime­ras etapas del discipulado, en que el énfasis de su intención está puesto arriba del diafragma, entonces existe el peligro de des­arrollar excesivamente el egotismo, de sobrestimular el centro cardíaco (con la consiguiente aparición de las diversas dolencias cardíacas y las distintas formas de emotividad producidas por las condiciones grupales) y contraer enfermedades relacionadas con la glándula tiroides y el cerebro, y también dificultades vincu­ladas principalmente con el cuerpo pituitario.
Podría proporcionarles ciertos ejercicios de respiración que serían útiles para algunas personas, al tratar de reorganizar el cuerpo vital y por consiguiente el etérico, pero debido a los peli­gros que involucran para la mayoría de mis lectores, no es conveniente darlos. La antigua regla de que los aspirantes han de encontrar su camino a una escuela esotérica o de misterios, to­davía es aplicable. Lo que puedo hacer -como ya lo he hecho- es proporcionarles ciertas directivas y enseñarles ciertas reglas seguras y generalmente muy conocidas, que sentarán las bases para realizar el trabajo más avanzado que debe llevarse a cabo bajo una cuidadosa supervisión personal. Por esta razón, una vez que haya pasado la actual crisis mundial, se deberán sentar las bases para las verdaderas escuelas esotéricas. Dichas escuelas todavía No existen. Hoy los aspirantes y discípulos trabajan en las escuelas esotéricas modernas (como la Escuela Arcana y la Sección Esotérica de la Sociedad Teosófica -para mencionar sólo dos de las más importantes) y allí aprenden algunas de las ver­dades fundamentales del esoterismo; comienzan a controlar la naturaleza emocional y de la mente; aprenden a purificar el cuer­po y a captar los postulados básicos de la Sabiduría Eterna. En­tonces estarán bajo la dirección subjetiva de algún discípulo avanzado que conoce cuál es la próxima verdad necesaria y ha desarrollado en sí “el sentido de contacto” y el poder de la per­cepción intuitiva. Pocas personas, unas aquí, otras allá, trabajan definidamente dirigidas por uno de los Maestros. Sólo cuando hay dirección, conocimiento de los rayos que rigen al hombre y comprensión de las indicaciones astrológicas sobre el “sendero de la vida del hombre”, pueden darse algunas reglas verdaderas, pero peligrosas, que conducirán a:


  1. Distribuir correctamente la energía.




  1. Enfocar las fuerzas en los centros.




  1. Quemar las paredes que separan y las tramas etéricas que dividen.




  1. Elevar en el cuerpo las energías cada vez mas arriba, me­diante el poder de la voluntad dirigida.

Gran parte de las dificultades de los místicos y de los ocultistas en la actualidad se deben a que literalmente “están jugando con fuego” y no se dan cuenta de ello; tampoco mantienen la correc­ta u ordenada secuencia de desarrollo, como ha sido delineada anteriormente; llevan a cabo prácticas para las cuales no están todavía preparados, que no han sido modificadas de acuerdo al tipo de cuerpo occidental, y las siguen ciegamente sin compren­der el proceso ni sus resultados. A no ser que se capte la regla fundamental de que “la energía sigue al pensamiento”, son inevi­tables los desastrosos resultados. Por ejemplo, el místico cuyo pensamiento está enfocado en el Cristo, considerando que Él se halla en alguna parte del cielo, pero fuera de sí mismo, cuya aspiración hace del Cristo el objetivo de todos sus deseos, fre­cuentemente se debilita y está físicamente enfermo. ¿ Por qué su­cede esto? Porque la energía que trata de penetrar en él y com­penetrar todo su organismo, sólo llega hasta el centro cardíaco, siendo allí rechazada constantemente y expulsada del cuerpo fí­sico por el poder rector de su pensamiento místico. Para él, el Cristo está en otra parte. Su pensamiento está fuera de sí mis­mo y en consecuencia la energía se escurre de su cuerpo. Entre los iniciados de hoy se discute mucho el problema de si la condi­ción generalmente débil de la raza humana no se debe en parte al hecho de que la aspiración y los pensamientos del género hu­mano han sido dirigidas constantemente a una meta externa y no (como debería haberse hecho) al centro de la vida y del amor, dentro de cada ser humano, lo cual ha agotado gran parte de la energía necesaria del hombre. A pesar de que se le ha enseñado durante siglos que el reino de Dios está adentro, los pueblos de Occidente no lo han aceptado ni han actuado sobre la premisa presentada, sino que han buscado la realidad en lo externo y han puesto su atención sobre la Personalidad de Aquel que les ha enseñado una verdad mayor. En ningún momento Él deseó ni buscó su devoción. El precio de esta distorsión de la verdad ha sido pagado repetidas veces con un cuerpo desvitalizado y con la incapacidad del místico común de vivir una vida concreta y, sin embargo divina sobre la tierra.


Muy poco más puedo decir respecto a los problemas y a las dificultades que acarrean los poderes síquicos a medida que se desarrollan en la humanidad y en una vuelta más elevada de la espiral que en el pasado. A medida que prosigue la evolución, las facultades síquicas humanas y animales están disponibles para el discípulo. La humanidad ha elegido seguir adelante mediante el método de “prueba y error”, y por muchas razones es una elec­ción sensata, pero muy lenta, y conduce a períodos de crisis y momentos de dificultades insoportables en la historia de la raza. En el caso del místico y del discípulo que tratan de controlar esos instintos innatos, el problema se agranda debido a que la vitalidad física de la raza es tan baja, muy poco comprendida y se cuida tan poco el cuerpo, que su poca salud libera los pode­res inferiores más fácilmente que en el caso contrario. Por con­siguiente se desarrollan prematuramente, antes de conocerse su función o naturaleza y de captarse las leyes que rigen su control. Sería iluminador si se admitiera esta afirmación; se progresaría mucho si se aceptaran las distintas premisas que he formulado como hipótesis valederas y se actuara de acuerdo a ellas. Como resultado se abriría la puerta a una nueva comprensión de las facultades síquicas, y con ello se enriquecería la sicología y la medicina.
Entraremos ahora a dilucidar dos problemas relacionados con los poderes síquicos superiores, pero de un tipo más avan­zado, que dependen del desarrollo mental más que de la concien­cia del plexo solar.
Problemas del Desarrollo de la Visión Mística.
Este proceso de presentar la meta, de hacer contacto con el ideal y de visualizar los innumerables símbolos que velan al alma y describen pictóricamente el destino final y el propósito, cons­tituyen la prerrogativa reconocida del aspirante místico. Como bien saben, en la literatura mística de las religiones del mundo proliferan las descripciones sobre dichas visiones, que abarcan desde el acercamiento sexual, en el Canto de Salomón o en los escritos de infinidad de místicos femeninos de la iglesia, hasta las asombrosas revelaciones hechas en los antiguos Puranas o en el Apocalipsis. Éstos abarcan toda la gama, desde la formulación de “una vida de deseo” de alto grado del místico, hasta la verdadera previsión del futuro de la raza, que se encuentra en las Escrituras proféticas. No tengo intención de entrar en deta­lles. Ha sido considerado por los sicólogos modernos y los ins­tructores religiosos, y los escritores eclesiásticos ya los han tratado extensamente. Sólo quiero referirme a los efectos que dichas experiencias producen sobre el místico. También quiero pedirles que recuerden que estoy generalizando y no especificando. Las dificultades a que están propensos dichos místicos son cuatro:


  1. Desvitalización. El místico es atraído constantemente “hacia arriba” (tal como considera y aplica el término) hasta el país de sus sueños, la persona de su idealismo o el ideal espi­ritual (personificado o no) de su aspiración, aplicando a la inversa el proceso normal y saludable del “Camino de la cons­tante materialización de lo Real”. Vive totalmente en el mundo de su aspiración, deslizándose de la vida del plano físico, llegando a ser no sólo impráctico sino negativo en dicho plano. Lleva todas las fuerzas de su vida hacia arriba, de manera que el cuerpo fí­sico y la vida en el plano físico sufren. Técnicamente, las fuerzas del plexo solar no son llevadas hacia arriba, al centro cardíaco como debería ser, ni la energía del corazón se derrama en amor desinteresado por la humanidad; todas se enfocan y distribuyen en el nivel más elevado de la conciencia astral y son enviadas a nutrir las fuerzas del cuerpo astral. Por lo tanto, revierten el proceso normal, y el cuerpo físico sufre grandemente por ello.

Un estudio sobre la vida de los santos y los místicos revela­rá muchas de estas dificultades e incluso los casos relativamente raros donde se presta un servicio definido a la humanidad, cuyos móviles consisten frecuentemente (podría decir generalmente) en satisfacer un requisito u obligación, que sirva al místico y le otor­gue una recompensa y satisfacción emocionales. Esta desvitalización fue a menudo tan excesiva que no sólo produjo debilidad nerviosa, trances y otros desórdenes patológicos, sino que a veces acarrearon la muerte.




  1. Ilusión. El drama de la vida del místico y el constante cultivo de la visión (cualquiera sea) condujo en la mayoría de los casos a serios desórdenes sicológicos, aunque no se los reco­nociera. La visión absorbe toda la atención del místico y en lugar de indicarle la meta que podría lograr algún día, o que existía en su conciencia como símbolo de una realidad interna -que al­gún día conocería-, vive siempre dentro de la forma mental de su meta. Este poderoso sueño, esta forma mental definida (cons­truida año tras año por la aspiración, la adoración y el anhelo) termina por obsesionarlo en tal forma que finalmente llega a confundir el símbolo con la realidad. A veces muere por el éxta­sis provocado al haberse identificado con su visión. Sin embargo, les diré que el verdadero logro de la meta mística, cuando desapa­rece la visión y se conoce la realidad, nunca ha matado a nadie. Lo que mata es la ilusión. Sólo cuando el enfoque de la vida está puesto en el cuerpo astral, cuando la afluencia de la fuerza del alma desciende allí, y cuando el centro cardíaco está excesiva­mente energetizado, el místico muere como resultado de su aspiración. Si no acontece la muerte (y esto es algo poco común) pueden aparecer serias dificultades sicológicas. Esto ha preocu­pado mucho a los eclesiásticos, en todas las épocas, y a los sicó­logos modernos, y ha desacreditado todo el tema del desarrollo místico, particularmente en esta moderna era científica.

En la materialización de la visión en sustancia astral, en su desarrollo por el poder de la emoción (disfrazada como devoción) y en el fracaso del místico para entrar en el reino de la percep­ción mental, o expresar físicamente su sueño idealista, reside la raíz de la dificultad. El hombre es engañado por lo mejor que hay en él; es víctima de una alucinación que personifica lo más elevado que conoce; es vencido por el espejismo de la vida espi­ritual; no sabe distinguir entre la visión y el Plan, entre la ela­borada irrealidad de las épocas de actividad mística y lo Real, que siempre permanece en el trasfondo de la vida del ser humano integrado.


No olviden que la visión (del cielo, de Dios, del Cristo, de cualquier guía espiritual o de cualquier milenio) en la mayoría de los casos se funda en la existencia de los sueños y aspiraciones de los místicos, los cuales, durante el transcurso de las épocas, han abierto un camino místico, han usado la misma terminología y han empleado los mismos símbolos para expresar lo que sienten, aspiran y anhelan fervientemente. Todos sienten la misma realidad que se halla detrás del espejismo de la aspiración mun­dial. Todos revisten sus deseos y anhelos con las mismas formas simbólicas -el matrimonio con el Amado, vivir en la Ciudad Santa, participar de la misma visión estática de Dios, adorar la misma Individualidad deificada y amada, como el Cristo, el Buddha, Shri Krishna, caminar junto a Dios en el jardín de la vida, el jardín del Señor, alcanzar la cima de la montaña donde se encuentra Dios y todo es revelado. Éstas son algunas de las formas con que revisten su aspiración y satisfacen su sentido de dualidad. Estas ideas existen como poderosas formas mentales en el plano astral y atraen -como imanes- la aspiración del devoto que siglo tras siglo sigue el mismo sendero de ansiosa búsqueda al expresar imaginativamente una vida de deseos espi­ritual profundamente arraigada y un surgimiento externo y emo­tivo hacia la divinidad, descrito a veces como “la elevación del corazón hasta Dios”.
Desvitalización e ilusión constituyen el historial del místico puramente emocional. Cuando este ciclo astral haya terminado y más adelante (probablemente en otra vida) él entre en un es­tado mental francamente agnóstico, se restablecerá el equilibrio y será posible un desarrollo más saludable. Los frutos verdade­ros y valiosos de la experiencia mística del pasado nunca se pier­den; la realización espiritual interna sigue latente en el contenido de la vida, para ser revividos más tarde en su verdadera expre­sión, pero la ambigüedad y el sentido de dualidad, oportunamente deben trasformarse en una definida claridad mental, el dua­lismo debe ser reemplazado por la experiencia de la unificación y las brumas deben desvanecerse. El místico ve a través de un cristal oscuro, pero algún día debe conocer como se lo cono­ce a él.
En estos tiempos modernos, cuando la persona de orientación mística está bajo el cuidado de un sicólogo inteligente, se le debe aconsejar a éste que desarrolle suave y gradualmente en el pa­ciente un período de duda que lo llevará, incluso, a un agnosti­cismo temporario. Como resultado se obtendría un rápido restablecimiento del equilibrio deseado. Les llamaré la atención sobre las palabras “suave y gradualmente”. Alentar una vida física normal, con sus objetivos comunes, cumplir con sus obligaciones y responsabilidades y las usuales funciones físicas de la natura­leza, deberían producir una orientación saludable, muy necesaria.


  1. Delirio. Uso deliberadamente esta palabra fuerte al re­ferirme a las difíciles y peligrosas etapas de la vida del místico. Cuando las ilusiones y la desvitalización han ido más allá de cierto grado, llega la etapa donde no ejerce verdadero control interno, desarrollando el sentido místico a tal grado que ya no tiene un sentido de proporción, y los convencionalismos, correctos o erró­neos, el entrenamiento social, la responsabilidad económica, los deberes humanos y todos los aspectos de la vida diaria que inte­gran la parte humana en la totalidad de la humanidad, ya no rigen la naturaleza inferior. Su expresión externa se hace anor­mal y (desde el punto de vista de los valores mejores y más elevados) se hace antisocial. Dicha actitud abarcará desde el fa­natismo, relativamente común, que obliga al fanático a ver sólo un punto de vista entre los muchos, hasta ciertas formas pro­nunciadas y reconocidas de demencia. Entonces el místico se ob­sesiona por su propia forma mental peculiar de la verdad y la realidad. En su cabeza sólo existe una idea. Su mente no está activa porque su cerebro se ha convertido en el instrumento de su naturaleza astral y sólo registra su devoción fanática y obsesión emocional. El centro ajna entra en actividad antes de que haya una verdadera integración del entero hombre y de que su actividad tenga un propósito útil y verdadero.

Sobreviene un período en que el hombre expresa sus nume­rosas modalidades indeseables, que incluyen la excesiva e inten­sa centralización, el verdadero fanatismo, el sadismo, animado por un supuesto motivo espiritual (tal como sucedió en la Inquisición), y ciertas formas de colapso mental. Hablando en sentido oculto, “la visión ígnea consume a su víctima destruyendo el hilo que mantiene a su mente y cerebro en estrecha amistad”. Esta ardiente fiebre astral produce lógicamente un efecto en el cuerpo físico y también en la expresión de la personalidad, y entonces otros pueden reconocer que es muy real y que sus consecuencias y efectos son graves. Con frecuencia muy poco es lo que se puede hacer; a veces la intención de ayudarlo de nada sirve. El místico ha cometido un daño irreparable que durará sólo durante esta vida. La influencia curativa de la muerte y el intervalo de la vida más allá del plano físico deben realizar su tarea benéfica, antes de que el hombre pueda nuevamente alcanzar la normalidad y comenzar a trasmutar su Visión de lo Bueno, lo Bello y lo Ver­dadero, en expresión activa en el plano de la vida diaria. Enton­ces abocará su mente al problema y descubrirá que la visión es sólo el reflejo del Plan de Dios. Sabrá que el poder de personi­ficar la aspiración debe ser trasformado en el poder de llegar a ser impersonal, antes de dedicarse a servir y colaborar con la Jerarquía.




  1. Desapego. Constituye una de las principales dificulta­des sicológicas que conducen al fenómeno común de la separati­vidad. Es una de las más difíciles de manejar. El místico que sólo puede ver su visión y la registra únicamente en términos de for­mas simbólicas, deseo sexual, angustiosas aspiraciones y una intensa “vida de deseos”, de sueños y anhelos, que oportunamente puede interrumpir las correctas relaciones, tanto en sí mismo (por un lado su cuerpo físico, por otro su vida emocional y su mente ocupada en otra cosa) como en su medio circundante, además de las responsabilidades ambientales, vive totalmente en el mundo de su propia creación -desapegado, inconmovible e impasible ante las demandas humanas y los asuntos naturales. Esto a veces también se produce por el deseo no reconocido de eludir la responsabilidad, el dolor, la irritabilidad, que produce la vida diaria, y las caricias de quienes lo aman; puede haberlo traído de otra vida en que ha pasado experiencias místicas y que en ésta debe trascender y sobrepasar permanentemente, pues ya ha servido un propósito útil y realizado un trabajo necesario. Este tipo de desapego es erróneo.

Comprendo que a medida que imparto esta enseñanza sobre las dificultades de la vida mística -desvitalización, ilusión, de­lirio y desapego-, los que han adquirido mucho conocimiento de los místicos y en la actualidad se inclinan al misticismo, expre­sarán violentamente su desacuerdo. Trataré de explayarme con claridad sobre estos puntos. El método místico es el correcto para las personas que han llegado a cierto grado de evolución, la etapa atlante, siempre y cuando no sea llevado hasta la demencia, la alucinación, el fanatismo violento y las complicaciones sicopáti­cas. Correctamente expresado constituye un proceso útil y nece­sario por el cual reorientar el cuerpo astral, luego la aspiración espiritual comienza a reemplazar al deseo. Es necesario tener vi­sión, porque donde no hay visión los pueblos perecen. La verda­dera visión es el reflejo astral del Plan divino, reflejado en los niveles superiores de la conciencia astral del planeta; allí esos seres humanos, cuyo enfoque de la vida es elevado, la presienten y hacen contacto con el Plan, cuya “intención es dirigirse a Dios y lograr la rectitud”, y en la actualidad son introvertidos, tienen poco conocimiento técnico de la ley divina, de la constitución del hombre o de la vida planetaria; sus mentes no dudan y perma­necen pasivas, excepto en un sentido emocional, para aliviar la propia angustia espiritual y el deseo de paz y satisfacción del místico. Tenemos, por ejemplo, pocos escritos de los místicos de la Edad Media (ya de Oriente o de Occidente) que den algún indicio sobre la necesidad mundial o la demanda de la huma­nidad para lograr la iluminación.


El reflejo astral del Plan constituye la visión. Allí las fuerzas de la vida, de naturaleza física mística, de su cuerpo astral y de su alma (dos fuerzas y una energía) se unen, produciendo una poderosa expresión de deseo enfocado, de profundo e inci­piente anhelo, de vívida imaginación y de una forma mental construida que expresa todo aquello con que el místico quiere hacer contacto o ver manifestado.
A medida que pasa el tiempo, irá desapareciendo poco a poco este acercamiento místico. El trabajo de lograr la belleza y el instinto de dirigirse a la divinidad están ahora tan profunda­mente arraigados en la conciencia racial que el trabajo equili­brador de la mente y la presentación del Plan, en lugar de la vi­sión, puede seguir adelante sin peligro. Los niños de la raza que poseen todavía conciencia atlante continuarán empleando el acer­camiento místico, y la belleza de esa contribución seguirá siendo la herencia de la raza. Pero el ciclo de experiencia y esfuerzo místico será considerablemente breve y estará controlado cientí­ficamente, porque se comprenderá mejor su propósito, el lugar que le corresponde en el desarrollo racial y su contribución a la “doctrina de la Realidad”.
Este ciclo místico tiene su analogía en el ciclo de la adoles­cencia, en la vida valiosa de la juventud visionaria dadora de vida, que impele a la correcta orientación y a la estabilización de ciertas normas y valores. Dicho ciclo, sin embargo, será reconocido como indeseable cuando llegue el momento en que una nueva norma superior de valores y una técnica controlada y más espiritual lo reemplace. El propósito de la vida, un plan recono­cido y una actividad correctamente dirigida, reemplazarán opor­tunamente todos los anhelos, los sueños, las ansias imaginarias y la aspiración adolescente en la vida del individuo y de la raza.
No me interpreten mal. La visión, es la visión de la reali­dad. El Eterno Soñador sueña, y el más grande de todos los Místicos es el Divino Logos Mismo; Su sueño debe ser registrado en nuestra conciencia como el Plan de Dios; la visión mística, el aspecto soñador de la naturaleza de Dios, es lo que necesita desarrollar el ser humano aunque en forma pasajera. Reflexio­nen sobre esto porque contiene la revelación para quienes refle­xionan correctamente.
La Revelación de la Luz y del Poder

y las Dificultades Derivadas
Los problemas que ahora vamos a tratar son de categoría totalmente distinta. No tienen relación alguna con la emoción ni el plano astral, pero constituyen dificultades específicas del aspi­rante, del hombre evolucionado o del discípulo que ha aprendido a enfocarse en la naturaleza mental. Son problemas vinculados con los contactos establecidos con el alma, y dan por resultado la iluminación de la mente y una definida afluencia de poder.
Estas dificultades sólo se le presentan a aquel que está des­pertando los centros laríngeo y ajna. En cuanto se percibe algu­na dificultad relacionada con el fenómeno de la luz, el sicólogo o el médico podrán saber que está involucrado el cuerpo pitui­tario y que, en consecuencia, comienza a despertar y a entrar en actividad el centro entre las cejas, el ajna.
El problema del poder, poder que percibe el aspirante y trata de expresar en su vida, puede clasificarse en dos categorías:


  1. El sentido de poder que se adquiere por el esfuerzo de reali­zar un definido trabajo creador, implica, necesariamente, la actividad del centro laríngeo. Donde existe esta afluencia de fuerza creadora y donde no se emplea verdaderamente la energía que afluye para producir el trabajo creador, es fácil que surjan dificultades en la glándula tiroides.




  1. El sentido de poder que se expresa como ambición y la inte­gración que se logra por la fuerza de dicha ambición. Fre­cuentemente subordina los distintos aspectos de la natura­leza inferior a esa ambición. Cuando esto tiene lugar el centro ajna se halla activo y sincroniza su vibración con la del cen­tro laríngeo. Esto conduce a verdaderas dificultades, y es la forma más común de la ambición a la cual sucumben los aspirantes y discípulos.

El problema de la luz también puede clasificarse, si se desea, en dos grupos de dificultades -uno relacionado con el registro fí­sico de la luz en la cabeza y el otro con la adquisición de cono­cimiento.


El registro de la luz dentro de la periferia del cráneo está vinculado a la relación que existe entre los centros coronario y entre las cejas, es decir, entre esa zona (ubicada alrededor del cuerpo pituitario) y la que está alrededor de la glándula pineal. Como saben, el efecto vibratorio de esos dos centros puede llegar a ser tan fuerte que ambas vibraciones, o su “palpitante activi­dad rítmica”, invadan el campo de actividad del otro y establecerse un campo magnético unificado que llegue a ser tan poderoso tan brillante y pronunciado, que el discípulo podrá verlo con toda nitidez al cerrar los ojos, pudiendo percibirse y conocerse visualmente. Con el tiempo y en algunos casos puede afectar definiti­vamente al nervio óptico; no es que lo dañe, sino que despierta la parte más sutil del sentido de la vista. Entonces el hombre puede ver etéricamente y también la contra parte etérica de todas las formas tangibles. Este es un poder fisiológico y no síquico, y es muy distinto de la clarividencia. No podrá haber visión eté­rica fuera del órgano común de la visión, el ojo. Sentir y regis­trar esta luz en la cabeza puede acarrear sus propios problemas peculiares cuando el proceso no se comprende ni se controla correctamente, así como registrar el poder de la energía (prove­niente de la mente en su aspecto voluntad, o desde el alma, a través de los pétalos de la voluntad) y perjudicar definidamente a la personalidad cuando no está consagrada ni purificada.
El registro de la luz tiene también ciertas etapas definidas y se efectúa en determinados grados de desarrollo del ser hu­mano, pero es más probable que ocurra en las primeras etapas y no en las posteriores, y ellas son:


  1. Percibir una luz difusa fuera de la cabeza, sea delante de los ojos o sobre el hombro derecho.




  1. Percibir una luz difusa y nebulosa dentro de la cabeza, que aparentemente compenetra toda la cabeza.




  1. La concentración de esta luz difusa hasta que adquiere la apariencia de un sol radiante.




  1. La intensificación de la luz de este sol interno. En realidad es el reconocimiento de la radiación del campo magnético establecido entre el cuerpo pituitario y la glándula pineal, como expresiones de los centros coronario y ajna. Dicha radiación a veces puede ser demasiado brillante para so­portarla.




  1. La extensión de los rayos de este sol interno, primero hasta los ojos, y finalmente más allá del radio de la cabeza, de manera que (para la visión del clarividente) la aureola apa­rece alrededor de la cabeza del discípulo o aspirante.




  1. El descubrimiento de que existe en el mismo corazón de todo esto, un punto de luz azul eléctrico oscuro, que gradualmente aumenta hasta adquirir el tamaño de un círculo bastante grande. Esto ocurre cuando la luz en la cabeza irradia desde la abertura central que se halla en su cima. A través de esta abertura pueden sintetizarse las diversas energías del alma y las fuerzas de la personalidad, que afluirán al cuer­po físico por medio de los centros mayores. También cons­tituye una “puerta esotérica de salida” a través de la cual puede el alma retirar, cuando el individuo duerme, el aspecto conciencia y, en el momento de la muerte, el aspecto con­ciencia y el hilo de la vida.

El registro de esta luz interna a veces causa una profunda preocupación y dificultad a la persona inexperta, y la intensidad de su preocupación y temor le hace pensar tanto sobre su pro­blema que llega a obsesionarse “con la luz y no ven al Señor de la Luz y aquello que la Luz revela”, como se dice ocultamente. Indicaré aquí que no todos los aspirantes y estudiantes de ocul­tismo ven esta luz. Verla depende de varios factores -tempera­mento, cualidad de las células físicas del cerebro, la naturaleza del trabajo o la tarea particular que se ha realizado y la extensión del campo magnético. No debería haber ninguna dificul­tad, si el aspirante utilizara la luz que existe en él para ayudar a sus semejantes. El místico autocentrado provoca estas dificul­tades, así como también lo hace el ocultista que emplea la luz que ha descubierto en sí mismo, para propósitos egoístas y fines personales.


Una dificultad incidental surge a veces cuando se descubre y convierte en una puerta “a otros mundos”, no en una puerta para ser usada correcta y debidamente, sino para huir de las vici­situdes de la vida y como escapatoria de la experiencia física consciente. Entonces el vínculo entre el místico y su vehículo físico es cada vez menos firme y el eslabón comienza a aflojarse acrecentadamente hasta que el hombre dedica la mayor parte de su tiempo a estar fuera de su cuerpo en una condición de semi­trance o de profundo sueño.
Los estudiantes no deberían realizar ningún esfuerzo para tratar de ver esta luz en la cabeza, pero cuando se la percibe y ve, entonces deberá ser registrada y regulada cuidadosamente. Los tipos que pertenecen al segundo rayo responderán más fá­cilmente a este fenómeno, con mayor frecuencia que los tipos que pertenecen al primero y tercer rayos. Las personas de primer rayo registrarán la afluencia de fuerza y de poder con mucha fa­cilidad, y descubrirán que su problema reside en controlar o dirigir correctamente dichas energías.
Gran parte de la encrucijada por la que atraviesa la perso­nalidad de los aspirantes del mundo se debe al hecho de que la luz que reside en ellos no está dirigida, y el poder que afluye a través de ellos no lo utilizan, o lo aplican mal. Gran parte de la ceguera física y la miopía que hay en el mundo se debe (a no ser como resultado de algún accidente) a la presencia de la luz en la cabeza -que no ha sido reconocida ni utilizada-, produ­ciendo así o iniciando, un efecto definido sobre los ojos y el ner­vio óptico. Hablando técnicamente, la luz del alma -localizada en la región de la glándula pineal- actúa y debería ser dirigida a través del ojo derecho, que (como ya se ha dicho) es el órgano de “budhi”, mientras que la luz de la personalidad -localizada en la región del cuerpo pituitario- actúa a través del ojo izquierdo. Aun no ha llegado el momento de que esta afirmación signifique algo, excepto para el estudiante muy avanzado, pero debería registrarse para que en el futuro lo apliquen los discípu­los y aspirantes.
También quisiera señalar que una de las dificultades de hoy, consiste en que la luz de la personalidad está mucho más activa dentro de la cabeza que la luz del alma, la cual tiene mayor capa­cidad de quemar que la luz del alma. esta produce un efecto estimulante y ocultamente frío. Pone en actividad funcionante a las células cerebrales, evocando respuesta de las células que en la actualidad están pasivas y dormidas. A medida que estas células se ponen en actividad mediante la afluencia de la luz del alma aparece el genio, acompañado con frecuencia por cierta ca­rencia de equilibrio o de control, en algunos aspectos.
La totalidad del tema de la luz y del poder es tan vasto y tan poco comprendido en su verdadero significado, como expre­sión (en forma dual) de la energía que asciende desde la per­sonalidad y desciende desde el alma, que sólo cuando haya más personas que puedan recorrer el sendero, el problema se verá en su verdadera luz y así oportunamente será manejado en forma correcta. Ahora me referiré brevemente a algunos de los proble­mas, a fin de proporcionarles el germen o la simiente del pensa­miento sobre el cual se desarrollará el estudio y la investigación futuros. Pueden ser resumidos de la manera siguiente:


  1. El tema de la luz y de la energía está estrechamente vincu­lado al problema (pues eso es en la actualidad) del sistema glandular; por lo tanto, es de importancia fundamental que se comprenda esta relación, pues constituye una de las cosas básicas sobre las cuales descansa la salud de todo el cuerpo y su correcto funcionamiento.




  1. Cuando se capte correctamente este tema se hallará que el cerebro y los dos centros de la cabeza (activando al cuerpo pituitario y la glándula pineal) son los agentes que dirigen todas las actividades del hombre en el plano físico. Hoy está dirigido casi totalmente por los instintos animales, por su vida sexual y por sus reacciones emocionales, o por sus acti­vidades creadoras cuando se expresan a través del centro laríngeo. Pocas -muy pocas- de sus actividades están diri­gidas desde el corazón; pero oportunamente los hombres deberán controlar la expresión de su vida desde la cabeza por medio de los órganos duales del alma y de la persona­lidad -el centro ajna, trabajando a través del cuerpo pitui­tario y expresando la vida de la personalidad en máximo grado, y el centro coronario trabajando a través de la glán­dula pineal, que responde a los impulsos del alma. Entonces se establecerá un equilibrio, serán dirigidas correctamente todas las fuerzas de la vida y se desarrollarán debidamente (siguiendo lo que indican los rayos) todos los centros del cuerpo.




  1. Por medio de este correcto reajuste de las fuerzas de la vida del cuerpo y su consiguiente “iluminación y energetización”, los hombres serán capaces de realizar dos cosas, simbóli­camente hablando:




  1. “Verán a Dios” y estarán en contacto con el alma.




  1. “Sabrán lo que hay en el hombre” y podrán actuar inte­ligentemente y trabajar en forma constructiva.




  1. Serán capaces de “horadar el espejismo del plano astral” y continuar actuando sin errores, y así iluminar sin impedi­mentos el cerebro, distribuyendo en él el conocimiento.

De lo antedicho deducirán que muchas de las alucinaciones, es­pejismos, ambiciones y errores cometidos por el místico moderno, se remontan a las primitivas etapas de los comienzos embriona­rios de estos desarrollos. Por lo tanto, indican desarrollo, pero desgraciadamente no se comprenden lo que son, y la luz y la energía disponibles son mal aplicadas o dirigidas hacia fines egoístas y personales. Por ahora nadie puede evitarlo, excepto los discí­pulos y ocultistas más avanzados y experimentados; la mayoría de los aspirantes deben continuar durante algún tiempo destru­yéndose a sí mismos (desde el ángulo de la personalidad y du­rante esta vida) por lo que ha sido denominado “la ígnea luz de su errónea comprensión y el fuego ardiente de la ambición de su personalidad”, hasta haber obtenido esa humildad y apren­dido esa técnica científica que los hará directores inteligentes de la luz y del poder que afluyen en y a través de ellos con­tinuamente.


Por lo tanto el estudio de los tres tipos de dificultades que surgen por el desarrollo y el desenvolvimiento de los poderes sí­quicos me conduce a hacer una amplia generalización, y deben recordar que en ella hay muchas excepciones:


  1. La aparición de los poderes síquicos inferiores generalmente indica que el hombre, que es su víctima (porque aquí sólo nos ocuparemos de las anormalidades de la ciencia sí­quica), pertenece al tercer rayo, o el tercer rayo predomi­na en su personalidad, o es el factor que controla el equipo de su personalidad. En esto tendremos a menudo un cuerpo astral controlado por el tercer rayo.




  1. El registro de la visión mística y sus dificultades derivadas se facilita cuando el segundo rayo controla y es poderoso, porque está vinculado peculiarmente con la visión y la luz.




  1. Será evidente que la revelación del poder constituye parte de la expresión del tipo de primer rayo.

De esta manera, aunque el discípulo pase eventualmente todas las experiencias, las tres dificultades principales que hemos tra­tado -los poderes síquicos, los problemas incidentales a la visión mística y la revelación de la luz y el poder- tienen relación y están vinculados a la expresión del rayo. Esto deberían tenerlo en cuenta los sicólogos, el investigador y el médico. La sensibi­lidad síquica, la dualidad mística y el poder dominante -los tres principales problemas del aspirante- deberían ser estudiados y comprendidos. Afectan a los tres centros mayores -el coro­nario, el cardíaco y el centro entre las cejas- del discípulo, por­que la sensibilidad síquica está relacionada con el corazón, la dualidad mística con el centro ajna y el problema del poder con el centro más elevado de la cabeza.


Afectan la garganta, el plexo solar y el centro sacro del aspirante o del ser humano avanzado, pero como esto se debe sobre todo a una expansión de la conciencia, no se registra un efecto perceptible en el hombre no evolucionado o el hombre co­mún, preocupado con la vida del plano físico y las reacciones emo­cionales. No está pasando por una estimulación sino por un pro­ceso disruptor de reorientación, de reconocimiento de la duali­dad y de fusión de la personalidad. Como hemos observado anteriormente el proceso de integración acarrea sus propios pro­blemas.
A medida que pasa el tiempo serán estudiadas más cuidado­samente las etapas difíciles, desde el ángulo de la hipótesis ocul­tista, y entonces habrá un marcado progreso; esto será así en forma peculiar si se estudian los problemas de la adolescencia, porque constituyen los problemas de la conciencia atlante y del desarrollo místico.
Quisiera señalar que así como el embrión en la matriz reca­pitula las diferentes etapas del desarrollo animal, así el ser hu­mano, durante la infancia, la adolescencia y la juventud, hasta los treinta y cinco años de edad, recapitula las varias etapas de la conciencia racial. A esa edad debería afirmarse en él la etapa del discípulo inteligente. Mucho se adquirirá cuando se reco­nozca este proceso de recapitulación, que -en la nueva era, que va está sobre nosotros- hará mucho para controlar y determi­nar cuáles serán los procesos de desarrollo a que serán some­tidos el niño y el joven, por el educador inteligente.
e. ENFERMEDADES VINCULADAS CON LAS CONDICIONES GRUPALES
Este tema lo trataré brevemente debido a que el trabajo grupal -entendido esotéricamente- es relativamente nuevo, y también el individuo que en la actualidad trabaja en un grupo, apenas es afectado por estos factores, en razón de su integración relativamente parcial. Me refiero a su integración en el grupo. Las personas están todavía tan aisladas dentro de sus personali­dades que se cierran en muchos casos al estímulo, efectos e im­pulsos grupales. Sólo cuando se descentralizan y, por lo tanto, responden más fácilmente a las ideas, al idealismo y al aura gru­pales (con su inhalación, exhalación y vivencia también grupales) pueden sucumbir y sucumbirán a las dificultades que impone la vida grupal. Hoy, a la figura central de la vida grupal, a la personalidad dominante o alma, es a quien se dirigen la vida y los pensamientos grupales, con todas las consecuencias que esto implica. El individuo sobre quien gira la vida grupal (si puedo emplear tal término) es la víctima del grupo y el que paga el precio de cualquier debilidad grupal. La expresión de la actitud grupal halla salida en él y a veces es prácticamente muerto por el grupo. En la actualidad no existe un grupo perfecto. Todos están en la etapa experimental y compuestos, en gran parte, por unos pocos acuarianos, innumerables piscianos y numerosas per­sonas que están en la etapa de transición entre ambos. El guía o guías de los nuevos grupos son generalmente del tipo más puro de la nueva era, o carácter acuariano, que es posible obtener actualmente. Esto explica el fracaso del grupo, por’ regla gene­ral, ya para comprender al dirigente o colaborar con los nuevos ideales como se desea. El dirigente es un precursor en el nuevo campo del pensamiento y de la intención y, por lo tanto, sufre el castigo de su osadía y de su espíritu emprendedor.
No tengo la intención de ocuparme aquí de las dificultades del grupo porque no es mi tema. Sólo estoy considerando las di­ficultades (a veces son enfermedades físicas) y los problemas del individuo que es sensible a la presión y vida grupales -algo muy diferente de los problemas comunes de los místicos del pa­sado. Éstos sólo pueden ser estudiados e investigados hoy, con­siderando las vidas, la condición física, los problemas, las difi­cultades y la muerte de los líderes de los grupos. Les llamo la atención sobre esto. Los miembros del grupo -aunque no quie­ran reconocerlo- todavía no están dispuestos a sufrir mucho por la vida, la emanación y la energía grupales, porque aún no se han integrado suficientemente en el grupo.
El problema que consideramos puede dividirse en dos cate­gorías principales, y a medida que trato de dilucidarlas me doy cuenta que tengo muy poco que decir sobre ellas. En el próximo siglo los problemas serán más definidos y las dificultades nítida­mente delineadas. Éstas son:


  1. Las que surgen como resultado del pensamiento dirigido de un grupo. Sobre esto algo puedo decir.




  1. Las enfermedades vinculadas con las vías respiratorias. Sobre éstas poco puedo decir.

Por lo tanto, analicemos dichos problemas. Primero, debemos estudiarlos desde el ángulo de aquel a quien más lo afectan -el dirigente o punto focal del grupo. Estos mismos problemas pue­den también afectar a tres o cuatro personas que conjuntamen­te con el guía del grupo y en colaboración con él, dirigen la política del mismo.






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