Psicología Esotérica II



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Estas trasferencias y organizaciones internas producen, lógica y naturalmente, perturbaciones y conflictos en la vida del místico, dificultades de naturaleza definidamente sicológica y con frecuen­cia dificultades patológicas. Deberán observar, por lo tanto, la serie de transferencias, dificultades sicológicas y resultados pato­lógicos.
Estas ideas pueden, por ejemplo, aclararse por sí mismas en sus mentes si les expongo ciertos hechos referentes al centro sacro, que rige durante tan largo tiempo al animal y a la vida física creadora del ser humano. En el proceso de la evolución el centro sacro pasa por esas etapas donde actúa automática e inconscien­temente, como sucede con el hombre estrictamente animal; luego viene la etapa en que actúa impulsado por el deseo, el placer y la satisfacción física, cuando la imaginación comienza a ejercer su influencia, y después el período en que hay una consciente subordinación de la vida al impulso sexual, de naturaleza distinta del que mencioné primero. El sexo llega a ser una idea predomi­nante en la conciencia, y muchas personas en la actualidad están pasando por esa etapa. Todos, en algún momento o en alguna vida, pasarán por ella. A esto le sigue el período de transferencia donde la atracción física del sexo y el anhelo de crear físicamente ya no domina tanto, y las fuerzas comienzan a reunirse en el plexo solar. Allí serán controladas en su mayor parte por la vida astral imaginativa, mucho más que por la inconsciencia animal o la vida consciente de deseo. Se mezclarán con las fuerzas del plexo solar y serán gradualmente ascendidas al centro laríngeo, pero siempre a través del centro cardíaco.
Tenemos aquí el punto principal de las dificultades que afectan al místico, quien rápidamente viene al ser y a la actividad funcional. Llega a hacerse dolorosamente consciente de la duali­dad, la atracción del mundo y la visión mística; de las posibilidades divinas y las potencias de la personalidad; del amor, en lugar del deseo y la atracción, y de la relación divina, en vez de las rela­ciones humanas. Sin embargo, el tema todavía continúa interpre­tándose en términos de dualidad. El sexo aún persiste imagina­tivamente en su conciencia y no ha sido relegado a un lugar equilibrado como el que ocupan los otros instintos de la naturaleza humana, lo cual da por resultado un interés casi patológico en el simbolismo del sexo y lo que podría denominarse una vida sexual espiritualizada. De ello tenemos grandes ejemplos en los escritos y experiencias de muchos místicos de la edad media. En ellos hallamos expresiones tales como la “desposada de Cristo”, el “matrimonio en los Cielos”, la representación de Cristo como “esposo celestial” y muchos otros símbolos y frases. En el Canto de Salo­món tenemos la rendición masculina del mismo acercamiento sexual básico al alma y a su omniabarcante vida.
Éstos y muchos otros ejemplos desagradables de la sicología sexual están mezclados con la verdadera y pronunciada aspiración y ansiedad mística y el genuino anhelo de unirse a lo divino. La causa de todo reside en la etapa de transferencia. Las energías inferiores están sujetas, como podrá verse, a dos etapas de trans­ferencias: Primero, al plexo solar y de allí, al centro laríngeo, centro que durante este período no está suficientemente activo ni despierto para absorber y utilizar las energías del sacro, que en algunos casos son detenidas durante su ascensión, y retenidas momentáneamente en el centro cardíaco, produciendo el fenómeno del impulso sexual (acompañado a veces por una definida reacción sexual física), del erotismo religioso y, generalmente, de una actitud malsana que abarca desde la verdadera sexualidad hasta el celibato fanático. Este último es un extremo tan indeseable como el otro, y ambos producen resultados muy indeseables. Con frecuencia, cuando se trata de un místico masculino, habrá una expre­sión sexual super desarrollada en el plano físico, perversiones de distintos tipos o una pronunciada homosexualidad. En los casos fe­meninos puede haber muchas perturbaciones en el plexo solar (en lugar de perturbaciones en el sacro) y la consiguiente afección gás­trica, una vida imaginativa malsana, que abarca desde el endeble prurito hasta formas definidas de enajenación sexual, acompañadas frecuentemente por una poderosa inclinación religiosa. Quisiera recordarles que estamos tratando las anormalidades y en conse­cuencia debo referirme a cosas desagradables. Si en las etapas primitivas del desarrollo místico existiera una correcta orientación de la vida mental y de los pensamientos, además de una valiente explicación del proceso, se evitarían grandes dificultades. Estas primitivas etapas se asemejan mucho al interés demostrado por el adolescente hacia el sexo y la religión. Ambos están íntimamente aliados durante este período particular de desarrollo. Si los edu­cadores, progenitores y los que están vinculados al entrenamiento de la juventud, pudieran prestarles una ayuda correcta, ciertas tendencias indeseables (tan prevalecientes ahora) no se converti­rían en hábitos y estados mentales como ocurre hoy.
Otro interrogante que podría surgir en la conciencia del estudiante seria el siguiente: ¿ Cómo este proceso de despertar los centros, de utilizarlos como canales para la fuerza (inconscien­temente al principio y luego con creciente conciencia) y final­mente, de transferir la energía hacia centros cada vez más elevados, puede traer problemas, enfermedades e innumerables y variadas dificultades de naturaleza fenoménica, que parece haber heredado la humanidad, una vez que la experiencia mística se convierte en meta y en algo que parece deseable? Vuelvo a recordar que el problema debe ser interpretado en términos de expandir la con­ciencia y de reunir en etapas progresivas los distintos tipos de energía. El cuerpo humano es, en último análisis, un conjunto de unidades de energía. En el cuerpo vital hay (condicionando los sistemas endocrino y linfático) ciertos puntos focales a través de los cuales afluye energía al cuerpo físico, impresionando y estimu­lando los átomos del cuerpo, logrando así afectar poderosamente todo el sistema nervioso subyacente en todas partes. El cuerpo vital o etérico, es la contraparte sutil de la estructura nerviosa del cuerpo físico, y los centros de energía condicionan y controlan el sistema glandular. Así las energías, las influencias, las potencias y las fuerzas afluyen y pasan a través del cuerpo físico -cons­cientemente en algunos casos e inconscientemente en la mayoría- desde los tres mundos de la actividad y empresa humanas. Cuando el centro cardíaco y el coronario están activos y son utilizados por las fuerzas internas y externas, tenemos el comienzo de una vida mística y ocultista.
Existen dos razones por las cuales se produce este período de excesiva dificultad:


  1. El hilo de la conciencia está introducido en la cabeza cerca de la glándula pineal. El hilo de la vida está arraigado en el corazón. Cuando las fuerzas que están debajo del diafragma se dirigen al plexo solar y de allí al corazón y a la cabeza (una proveniente de la Mónada que pasa a través del cuerpo del alma y va al centro cardíaco, y la otra que proviene directamente del alma y va al centro más elevado de la cabeza) el místico se da cuenta de estas dos corrientes principales de energía. Entonces es consciente de las posibilidades que ofrece la vida y del extenso campo que puede abarcar la conciencia, y la zona y amplitud de su capacidad. Éste es el período de percepción interna.




  1. La afluencia de fuerzas planetarias y solares que pasan del centro coronario al centro cardíaco y de allí a los otros centros. Esta afluencia produce:




  1. El estímulo de los centros mayores y menores, llevado a cabo de acuerdo a las influencias y tendencias de rayo.




  1. La revelación del bien y del mal, es decir, los mundos de expresión de la personalidad y del alma. Este proceso dual continúa en forma simultánea.




  1. Por lo tanto, cuando la existencia de la dualidad llega a comprenderse y los grandes pares de opuestos, alma y personalidad, se fusionan, pueden traer y traen la unifi­cación.

El resultado de estas realizaciones conscientes, inevitablemen­te conduce a las luchas, conflictos y aspiraciones, además de una continua frustración; este proceso trae los reajustes que deben hacerse cuando el hombre va siendo más consciente de la meta y está cada vez más “alerta”. La expresión de la vida (el triple hombre inferior) debe habituarse a los nuevos niveles de concien­cia y a las zonas de percepción que se abren ante él y acostum­brarse a los nuevos poderes que emergen, pues lo capacitan para introducirse con mayor facilidad en los extensos campos de servi­cio que va descubriendo.


Podría decirse aquí en sentido amplio y general que:


  1. El estimulo produce el despertar de los poderes síquicos infe­riores si la energía entrante se dirige al plexo solar o al centro laríngeo. Pone en intensa actividad los centros y, en las primeras etapas, puede causar trastornos síquicos definidos. Para ilustrar esto quisiera indicarles la naturaleza general de las dificultades a las cuales está propenso físicamente el místico:




  1. El despertar del centro coronario puede originar serias perturbaciones, si se logra prematuramente, y a veces puede conducir a la demencia. La irritación de ciertas zonas del cerebro y determinadas clases de tumores cere­brales pueden ser provocados por la afluencia demasiado rápida de una energía más elevada que la que el hombre puede recibir antes de la iniciación. Sin embargo, esto sólo ocurre en esos casos en que el hombre de tipo mental es muy evolucionado. En otros casos de afluencia prematura de la energía del alma a través de la abertura que se halla en la cima de la cabeza, se abre camino hasta uno de los centros, de acuerdo al tipo de rayo o etapa de desarrollo donde hay un mayor enfoque de la conciencia del hombre y está centralizada la fuerza de la vida (aunque incons­cientemente), las energías entrantes afluirán casi auto­máticamente a ese punto.




  1. El despertar del centro ajna que, como hemos visto, es primordialmente el resultado del desarrollo de la perso­nalidad del hombre, hasta lograr la integración, puede conducir (si las energías involucradas no son controladas correctamente) a serias dificultades de la vista, a muchas dolencias auditivas, a diversas formas de neuritis, dolores de cabeza, jaqueca y afecciones nerviosas en distintas partes del cuerpo. También puede producir muchas do­lencias vinculadas con el cuerpo pituitario y situaciones sicológicas que emanan de esta importante glándula con­troladora, además de innumerables y definidas dolencias físicas.




  1. El despertar del centro cardiaco (que en la actualidad se está efectuando rápidamente) es responsable de las diver­sas afecciones cardíacas y de las distintas dificultades vinculadas con el sistema nervioso autónomo, particular­mente en relación con el nervio neumogástrico. Las dis­tintas formas de afecciones cardíacas que prevalecen en la actualidad, especialmente entre los intelectuales, profesionales y financistas, se deben al despertar de éste centro y al descubrimiento de esa capacidad desconocida, por la humanidad, de prestar servicio en forma grupal y de ser concientes del grupo. La glándula timo que controla en forma peculiar el aspecto vida del hombre, está estrechamente vinculada con el centro cardíaco, como es de esperar. Con el tiempo esta glándula estará más activa que ahora en el adulto, así como la pineal, cuya función no se comprende ni capta, ya no será en las futuras razas humanas un órgano atrofiado, sino una parte activa e importante del equipo del hombre. Esto lógica y normal­mente tendrá lugar a medida que el hombre aprende a actuar como alma y no únicamente como personalidad.




  1. Gran parte del malestar que sienten las personas actual­mente se debe también al despertar del centro laríngeo. Este centro rige y condiciona la glándula tiroides y la paratiroides. Puede producir, cuando está excesivamente desarrollado, o se ha despertado prematuramente, hiper­tiroidismo con sus consiguientes dificultades y a veces peligrosos efectos sobre el corazón y el metabolismo del cuerpo. Los efectos sicológicos son bien conocidos y tam­bién reconocidos. Dichas dolencias se acrecientan y el centro creador superior se estimula indebidamente y llega a ser un peligro en lugar de una ayuda para que el ente pueda expresarse, debido al celibato forzado a que se ven obligadas muchas personas por la lamentable actual situa­ción económica. Tales condiciones hace que las personas se abstengan de contraer matrimonio y, por lo tanto, no tienen oportunidad de utilizar (o abusar de) la energía que fluye a través del centro sacro. Los místicos son análogamente propensos a tal dificultad. El centro larín­geo no se emplea en forma creadora, ni el centro sacro se utiliza debidamente. La energía del sacro asciende prema­turamente al centro laríngeo, donde produce un excesivo estímulo. El equipo del hombre implicado no ha alcanzado la etapa donde pueda emprender el trabajo creador en cualquier campo. No hay expresión creadora de ninguna índole, porque el desarrollo del hombre no le permite ser un creador en sentido elevado. Los suizos, aunque son muy inteligentes, en este sentido no son creadores. La energía que fluye a través de la glándula tiroides no se emplea en forma destacada en el arte creador, la música o las letras, de allí que prevalezca tanto el bocio y las dolencias ocasionadas por la glándula tiroides. Mucha energía fluye a y por medio de la glándula tiroides, sin embargo se la emplea muy poco.




  1. La acrecentada actividad y el estímulo del centro plexo solar constituye en la actualidad una fuente fructífera de dificultades. Produce la mayor parte de los desórdenes nerviosos a los cuales están particularmente propensas las mujeres y también muchas de las enfermedades gástricas y hepáticas actuales, así como también los desarreglos intestinales. Una de las fuentes más poderosas que produce el cáncer en distintas partes del cuerpo (excepto en la cabeza y el rostro), esotéricamente puede atribuirse a la congestión de la energía en el centro plexo solar, con­gestión que tiene un efecto amplio y general. Dolencias que surgen por el despertar de los centros coronario y plexo solar (ambos están íntimamente vinculados y efec­túan una acción recíproca durante un largo período de tiempo en la experiencia mística) tienen también un efecto poderoso en la corriente sanguínea. Están conectados con el principio vida que siempre “se manifiesta sobre las olas del deseo” (según antiguos escritos) y cuando se impide que esto se exprese plenamente, por falta de desarrollo u otras causas, produce zonas cancerosas en el cuerpo, donde los tejidos corporales son débiles.




  1. El despertar del centro sacro tiene un origen tan antiguo que no es posible actualmente remontarnos a la verdadera historia del desarrollo de los desórdenes vinculados con la manifestación sexual y tampoco sería deseable hacerlo. He dilucidado mucho el tema del sexo en otros de mis tratados, especialmente en Tratado sobre Magia Blanca. Llamo la atención sobre esto, porque en el transcurso de la vida mística frecuentemente hay un período de dificul­tad si el místico no ha aprendido a controlar el sexo, ni ha equilibrado en la misma proporción las actividades de la vida e instintos naturales de la conciencia. De lo con­trario cuando alcance las cumbres del contacto espiritual y atraiga la energía de su alma y la lleve a la personalidad, esa energía descenderá directamente al centro sacro y no se detendrá en el centro laríngeo como debía hacerlo. Cuando esto ocurre aparecen las perversiones sexuales, o bien se le da excesiva importancia a la actividad sexual, o se puede estimular peligrosamente la imaginación sexual, conduciendo a la falta de control y a muchos de los tras­tornos ya conocidos por médicos y sicólogos. El resultado es siempre una excesiva actividad en la vida sexual en una u otra forma.




  1. El despertar del centro de la base de la columna vertebral durante las últimas etapas de la experiencia mística supe­rior lleva consigo sus propios peligros, los cuales afectan definidamente a la columna vertebral y, por lo tanto, a los nervios que se ramifican en todas direcciones desde la columna vertebral. La ascensión de la fuerza kundalini -si se realiza prematura e ignorantemente- podrá que­mar rápidamente la trama protectora de materia etérica que separa las distintas zonas del cuerpo (controlada por los siete centros). Esto produce serios trastornos nervio­sos, irritación de los tejidos, enfermedades de la columna y trastornos cerebrales.

He indicado determinadas dificultades, en un esfuerzo por presentarles un panorama general del problema que enfrenta el místico.




  1. La utilización de un centro. Permítanme explicar esta frase. Ciertas dificultades surgen también cuando un centro se utiliza en tal medida que queda abandonada la actividad de otros. De este modo son ignorados temporariamente zonas enteras de la conciencia. Debería recordarse que la meta de todos los esfuerzos del místico es lograr ese desarrollo cabal en el cual utiliza todos los centros en forma sucesiva y correcta y de acuerdo a los correspondientes métodos de rayo. No obstante, muchas personas (una vez que uno de los centros se despierta y estimula subjetivamente) descubren inmediata­mente que la utilización de ese centro es la línea de menor resistencia y, por lo tanto, comienzan a actuar casi exclusi­vamente a través de dicho centro. Esto puede ser ilustrado con dos ejemplos.

En la actualidad, el plexo solar está muy activo en los hombres y en las mujeres. En todos los países existen millones de personas hipersensibles, frecuentemente tan emocionales que llegan a la histeria, son soñadores, visionarios, temerosos y sumamente nerviosos. Esto ocasiona los prevalecientes tras­tornos gástricos, indigestiones, dolencias, enfermedades del estómago y el hígado y desarreglos intestinales. La raza está excesivamente propensa a todas estas dificultades, que a veces suelen ir acompañadas de erupciones de la piel. La causa es doble:




  1. El sobreestímulo del centro plexo solar debido a que se lo utiliza casi exclusivamente, y la consiguiente afluencia de fuerzas provenientes del plano astral, para las cuales el plexo solar es una puerta ampliamente abierta.




  1. El empleo acrecentado y constante de dicho centro a me­dida que su ritmo y vibración se hacen demasiado pode­rosos para ser controlados. Entonces el hombre sucumbe a la tentación de enfocar el interés y la atención de su vida en el mundo astral, haciéndolo cada vez con mayor interés y conciencia, obteniendo así resultados fenomé­nicos.

Por lo tanto, el hombre es víctima de ciertas fuerzas que, de otro modo, producirían la acumulación de “lo que es inferior” y necesa­riamente se transferiría en lo que es superior. Entonces cumpliría el propósito requerido, pero -en el caso que estamos consideran­do- dichas fuerzas están concentradas en esa zona central del cuerpo que simplemente está destinada a ser el centro de distri­bución de “lo que está abajo a lo que está arriba”. En lugar de suceder lo antedicho se origina un tremendo remolino de fuerzas que no sólo produce variados trastornos físicos (como se explicó anteriormente) sino que constituye la fecunda fuente de separaciones que el sicólogo moderno enfrenta en la actualidad. Tan poderosas son las fuerzas generadas por el excesivo uso del plexo solar (el más poderoso de los centros) y por la consiguiente afluen­cia de fuerzas astrales de toda índole -aumentando así las difi­cultades-, que oportunamente asumen el absoluto control de la vida. Las fuerzas que están debajo del diafragma y las que están arriba se separan, debido a este vibrante y poderoso centro central de fuerza. Las separaciones, el astralismo, las ilusiones, las aluci­naciones, los trastornos nerviosos y las dolencias de naturaleza física, que afectan indefectiblemente a los intestinos, el hígado y el páncreas, constituyen sólo parte de los problemas que se origi­nan por el uso incontrolado del centro plexo solar. El hombre es controlado por éste, en lugar de ser él el factor controlador como está destinado a serlo.


El segundo ejemplo tiene relación con el desarrollo del centro cardíaco, el reconocimiento de la vida grupal y la consiguiente responsabilidad grupal. Actualmente puede observarse cuán rápi­damente se está desarrollando en todas partes. Los estudiantes son propensos a creer que el despertar del centro cardíaco y el con­siguiente reconocimiento del grupo debe expresarse en términos de religión, amor y divinidad. Por lo tanto, lo convierten en algo espiritual, tal como interpreta el término el hombre religioso ortodoxo. Pero es mucho más que eso. El corazón está relacionado con el aspecto vida, porque en él reside el asiento del principio vida y la energía de la vida está allí introducida. Está conectado con la síntesis, la mónada y con todo aquello que es algo más que el yo separado. Cualquier grupo dirigido y controlado por un sólo hombre o un conjunto de hombres, sea una nación, una gran institución comercial o cualquier organización (un gran hospital por ejemplo), están vinculados con la vida que reside en el corazón. Esto es verdad aunque el móvil o los móviles, sean diversos e indeseables o estrictamente egoístas. El magnate financiero que maneja grandes intereses donde innumerables vidas dependen de las contingencias de la empresa fundada y presidida por él, comienza a actuar a través del centro coronario. De allí que prevalezcan ciertas afecciones cardíacas por las cuales sucumben con frecuencia innumerables personas importantes y poderosas. El corazón es sobreestimulado por el impacto de las energías que afluyen sobre el hombre que está sujeto, entre otras cosas, a los pensamientos dirigidos de quienes están vinculados a su organiza­ción. En consecuencia podrán ver por qué los miembros avanzados de la Jerarquía, que trabajan a través de los centros coronario y cardíaco, se mantienen apartados de la vida pública y evitan la mayor parte del contacto humano. Estos dos ejemplos ayudarán a esclarecer en sus mentes el sentido en que empleo el término “utilización de un centro”.


  1. Durante el período de transferencia en que las fuerzas del cuerpo se hallan en un estado de mutación y de flujo anorma­les, se evidencia el peligro para el místico y el discípulo, y cuán serios pueden ser los resultados de cualquier transferencia efectuada forzadamente en vez de seguir el curso natural de la evolución. Esto explica, en forma parcial, el trastorno y el caos existentes en el mundo. Las fuerzas que afluyen en la actualidad a través del conglomerado de hombres comunes e inteligentes (con ello quiero significar esas personas cultas, capaces de interpretar las noticias mundiales y discutir los acontecimientos y tendencias del mundo), constituyen el terreno experimental para transferir la energía del centro sacro al centro plexo solar, lo que conduce inevitablemente a una conmoción, al sobrestímulo, a la rebeldía y a muchas otras dificultades.

Por consiguiente, los problemas son numerosos, pero pueden ser solucionados. Esto no debe olvidarse. El tema es vasto, pero muchas mentalidades tratan hoy de encararlo, y trabajan desinte­resada y altruistamente para producir los cambios necesarios, una mejor comprensión de la naturaleza física y sicológica del hombre y un nuevo acercamiento -tanto en la religión como en la educa­ción. Cuando el acercamiento místico y sus consecuencias -buenas y malas, materiales y espirituales- sean mejor comprendidas por el estudio y el experimento, llegaremos a una más plena compren­sión de nuestro problema y se desarrollará un programa mejor para el desenvolvimiento humano.


Quisiera hacerles ver que empleo aquí las palabras “místico y mística”, porque espero que lo que voy a decir despierte el interés de quienes reconocen la realidad del acercamiento místico a Dios y la vida mística del alma, pero aún rehusan ampliar el concepto que incluya también el acercamiento intelectual a la identifica­ción divina.

Las notas clave que en la actualidad reconocen los místicos y que los pensadores y escritores religiosos se inclinan a admitir, son el sentimiento y la sensibilidad hacia la existencia divina, y el reconocimiento de una visión de Dios, suficiente para enfrentar las necesidades individuales y proporcionar alivio, paz, comprensión y percepción de la divinidad interna y externa, y además de la relación existente entre el hombre y algún factor foráneo llamado Dios, Yo, o el Cristo. Esta actitud siempre está coloreada por un sentido de dualidad que conduce a lograr la unión -unión que en la relación matrimonial sigue siendo el mejor ejemplo y símbolo, según lo atestiguan los escritos de los místicos de todas las naciones y épocas, y que aún mantiene la conciencia de las dos identidades.


Las notas clave de la vida ocultista han sido, como correspon­de, el conocimiento, el acercamiento mental al problema de la divi­nidad, el reconocimiento de la divina inmanencia y el hecho de que “así como Él es, así somos nosotros”. Sin embargo, allí no existe un sentido de dualidad. La meta consiste en lograr una identifica­ción aprobada y determinada que convierte al hombre en lo que es -un Dios y, con el tiempo, Dios en manifestación. Esto no es lo mismo que unión mística.
No obstante, el tema es místico e innatamente subjetivo. Ha de llegar el momento en que el místico apreciará y seguirá el camino de la cabeza y no sólo el del corazón. Aprenderá a perder su sentido del Amado cuando sepa que él y el amado son uno, y que la visión debe desaparecer y desaparecerá a medida que la trasciende (observen esta frase) por medio del proceso mayor de identificación a través de la iniciación.
El ocultista, a su vez, debe aprender a incluir la experiencia mística con plena comprensión y conciencia como si fuera un ejercicio de recapitulación antes de trascenderla y pasar a una síntesis e inclusividad de la cual el acercamiento místico es sólo el comienzo, del que el místico es inconsciente.
El místico es propenso a creer que el ocultista sobrestima el camino del conocimiento, y repite volublemente aquello de que la mente es el matador de lo real y que nada puede aportarle el intelecto. Similarmente el ocultista tiende a despreciar el camino místico y a considerar “que ha dejado muy atrás” el método místico. Ambos deben aprender a hollar el camino de la sabiduría. El místico deberá llegar, e inevitablemente llegará, a ser ocultista, le guste o no el proceso. A la larga no podrá eludirlo; el ocultista no lo será verdaderamente hasta que recupere la experiencia mís­tica y la traduzca en términos de síntesis. Observen la estructura de las palabras que empleo en este último párrafo, porque servirán para elucidar el tema. Por lo tanto, empleo las palabras “místico y mística” en esta parte del tratado para describir al hombre inteligente y muy mental y los procesos que utiliza en el Sendero del Discipulado
Al tratar los problemas y enfermedades de los místicos que están en esta etapa de evolución, donde hacen una de las principa­les trasferencias de la fuerza, se debe observar que en las etapas primitivas puede transcurrir un largo período de tiempo entre el primer esfuerzo realizado, para transmutar y transferir las energías, y esa determinada vida en que las energías finalmente son reuni­das y ascendidas, como lo expresa técnicamente el término esotéri­co que comúnmente se emplea. En este punto de actividad enfocada (que reemplaza los esfuerzos esporádicos y versátiles anteriores) hay un período definido de crisis en la vida del místico.
A menudo surge la siguiente pregunta: ¿Por qué son tan frecuentes las dolencias, desórdenes nerviosos y las diversas con­diciones patológicas entre los santos de la tierra y los que están claramente orientados hacia La luz? Responderé que la tensión sobre el vehículo físico, debido al cambio de fuerzas, es por lo general excesivamente grande, produciendo así esas condiciones indeseables. Éstas también aumentan con frecuencia, debido a las tonterías que comete el aspirante cuando trata de controlar su propio cuerpo físico. Sin embargo, es mucho mejor que los resul­tados indeseables se produzcan sólo en el vehículo físico y no en los cuerpos astral o mental, lo cual raras veces se tiene en cuenta, por eso se acentúa tanto la idea de que las enfermedades, la mala salud y las dolencias, indican que el individuo ha cometido errores, ha fracasado y ha pecado. Lógicamente pueden originar todas estas cosas, pero en el caso del verdadero aspirante que trata de disciplinar y controlar su vida, siempre se deben a estas causas. Inevitablemente son el resultado del choque de fuerzas -las ener­gías que han despertado y están en proceso de ascender, y las energías del centro, al cual están ascendiendo. Este choque produce tensión, malestar físico y (como hemos visto) muchas clases de desórdenes angustiosos.
Las enfermedades y la mala salud que prevalecen en todas partes actualmente, son causadas por la trasferencia masiva que se lleva a cabo en la raza en forma constante. Por medio de esta transferencia el centro plexo solar entra en actividad anormal, y libera en consecuencia fuerzas astrales de toda índole en la con­ciencia del hombre -temor, malos deseos y muchas características emocionales, causa de tantas angustias. El proceso es el siguiente:
la conciencia registra ante todo estas impresiones astrales, luego las convierte en formas mentales -y como la energía sigue al pensamiento- se establece un círculo vicioso involucrando al cuerpo físico. En la consiguiente vorágine, producida por estas fuerzas que chocan, las cuales


  1. ascienden desde abajo al plexo solar,




  1. se vierten en el plexo solar desde el plano astral y




  1. reaccionan al poder magnético atractivo de los centros superiores,

la vida interna se convierte entonces en un torbellino de energías antagónicas, produciendo efectos desastrosos en los intestinos, el hígado y los demás órganos que están debajo del diafragma. Como es bien sabido, el místico frecuentemente es dispéptico y no siem­pre la dispepsia ha sido producida por el alimento inapropiado ni los erróneos hábitos físicos. En muchos casos se produce debido a los procedimientos de transferencia que se llevan a cabo.


Una de las dificultades que tienden también a aumentar la tensión, es la incapacidad del místico común de disociar su mente de su situación física. La energía inevitablemente sigue al pensa­miento y donde hay una zona afectada, parece ser que la mente pone allí toda su atención, lo que hace que la situación no mejore, sino por el contrario, empeora constantemente. La regla mental mas eficaz que los místicos debieran adoptar sería mantener la mente apartada definidamente sobre y lejos de la zona donde se lleva a cabo la transferencia, excepto en esos casos en que se emplean métodos esotéricos para forzar el proceso y acelerar y facilitar los procesos de elevación. Entonces (bajo la correcta dirección y guía, más un conocimiento de las reglas) el místico puede trabajar con el centro involucrado en la columna vertebral. Trataré de explicar esta técnica académica en una instrucción posterior, porque primeramente quisiera ocuparme de las dificultades síqui­cas del místico, pues las dificultades físicas y síquicas se producen debido a una misma causa fundamental y pueden ser contrarres­tadas y controladas con el mismo y correcto conocimiento ocultista y sicológico.
Por lo tanto, las enfermedades que tratamos, se deben a innumerables causas. Sería útil si se las enumerara aquí, recor­dándoles que los centros ubicados a lo largo de la columna vertebral y en la cabeza, rigen zonas determinadas del cuerpo. Dichas zonas son afectadas y controladas por los centros, y es en ellas donde se deben buscar los indicios de los trastornos.
Hablando en forma general, las enfermedades pueden agru­parse en cinco categorías principales, y sólo nos ocuparemos de la última, y son:


  1. Enfermedades hereditarias:




  1. Inherentes al planeta mismo, que tienen un efecto definido sobre la humanidad, por el contacto con el suelo y el agua.




  1. Desarrolladas en el género humano durante épocas pasa­das y heredadas de una generación a otra.




  1. Características de alguna familia determinada y hereda­das por el miembro de esa familia como parte del karma elegido. Hay almas que nacen en ciertas familias debido a esta oportunidad.




  1. Enfermedades originadas por las tendencias del hombre, regi­das por su signo astrológico -el signo solar o el signo ascen­dente, lo cual consideraremos más adelante.




  1. Enfermedades contagiosas (epidémicas o endémicas) de ori­gen grupal, que conciernen al hombre como parte del karma grupal de su grupo, pero frecuentemente no tienen relación con su karma personal.




  1. Enfermedades adquiridas y accidentes resultantes de las accio­nes imprudentes, o de las costumbres ignorantes que en esta vida condicionan definidamente su futuro karma. Aquí podría decirse algo interesante respecto a los accidentes. Frecuen­temente se producen debido a lo que podríamos considerar “explosiones de fuerzas”. Éstas las generan un hombre, o un grupo de seres humanos por odio, envidia o venganza, defec­tos que producen reacciones o “son devueltos” a la vida indi­vidual como un “boomerang”.




  1. Las enfermedades de los místicos, que nos conciernen en estos momentos, provocadas, hablando en forma general, por la energía de un despierto y activo centro inferior que está siendo transferido a otro superior. Esto se realiza en tres eta­pas y cada una de ellas acarrea sus propias dificultades fisiológicas:




  1. La energía del centro inferior entra en intensa actividad previamente a su elevación. Producirá una excesiva acti­vidad de los órganos en la zona física regida por ese centro con la consiguiente congestión, inflamación y, por lo general, enfermedad.




  1. Cuando el “proceso de elevación” se efectúa, produce una intensa actividad del centro superior y disminuye la del inferior. Sobreviene un período de fluidez en que las fuerzas van y vienen entre los dos centros, lo cual explica la vida irregular del místico durante las primeras etapas de su desarrollo. Esto es así particularmente en lo que se refiere al plexo solar. Al principio el centro superior rechaza la energía, y luego es reabsorbida por el centro inferior para ser elevada repetidas veces hasta que el centro superior puede absorberla y transmutarla.




  1. La energía es elevada definitivamente al centro superior, conduciendo a un difícil período de reajuste y tensión, que también produce males físicos pero, esta vez, en la zona controlada por el centro superior.

Por ejemplo, cuando la energía del centro sacro es elevada al plexo solar, aparecerán muchas dolencias que afectarán, como ya hemos observado, a los intestinos. Cuando la energía de los centros inferiores, que están debajo del diafragma (pero no a lo largo de la columna vertebral), son elevadas al centro plexo solar, surgirán dolencias que abarcarán frecuentemente la vesícula biliar y los riñones. Hablando en sentido oculto, cualquier proceso de ascender o “elevar”, produce automáticamente la muerte, la cual afecta a los átomos de los órganos involucrados y origina las etapas preliminares de la mala salud, la enfermedad y la desintegración, porque la muerte no es otra cosa que la desintegración y el retiro de la energía. Cuando la ciencia de transferir la energía de un centro inferior a uno superior sea comprendida, entonces se arro­jará luz sobre el problema de la muerte, y la verdadera Ciencia de la Muerte vendrá a la existencia, liberando a la raza del temor que le inspira.


Los estudiantes harían bien en detenerse en esta etapa y considerar cuidadosamente los siguientes puntos:


  1. Cuáles son las zonas controladas por los cinco centros que se hallan a lo largo de la columna vertebral y por los dos centros de la cabeza.




  1. Los tres puntos principales de trasferencia son: el plexo solar, el centro laríngeo y el centro ajna en la cabeza. El centro cardíaco y el centro más elevado de la cabeza, como puntos de transferencia, sólo conciernen al iniciado.




  1. La condición cambiante y fluida que se produce por el proceso de despertar, transferir y enfocar las energías en el centro superior. Estas tres actividades principales son condicionadas por las etapas intermedias de:




  1. Radiación activa del centro inferior.




  1. Respuesta del centro inferior a la atracción magnética del superior.




  1. Interacción posterior entre los centros superior e inferior, condicionados al principio por una repulsión y atracción rítmicas. Éste es un reflejo de la actuación de las duali­dades durante el transcurso de la existencia del ser humano.




  1. Esto va seguido por una concentración de la energía infe­rior en el centro superior.




  1. Luego los puntos focales superiores de energía y su inte­racción rítmica controlan él o los centros inferiores.

Entre estas diferentes etapas hay “puntos de crisis” de mayor o menor importancia. La intensa actividad interna que se lleva a cabo durante la vida subjetiva de la humanidad produce efectos buenos y malos y reacciones sicológicas y fisiológicas. En la actualidad la transferencia masiva de las fuerzas del centro sacro al plexo solar, es responsable de la mayoría de las incapacidades modernas y físicas de la raza. Debido también al retiro lento, en escala racial, de las fuerzas sacras llevadas al plexo solar, se está formando una condición que a veces se la denomina “suicidio racial”, y para contrarrestarla es necesario el esfuerzo de muchos gobiernos a fin de detener el rápido decrecimiento de la natalidad en los respectivos países.


EL resumen dado anteriormente a cerca de la triple actividad que se lleva a cabo continuamente en el cuerpo humano, dará una idea de la tensión bajo la cual debe actuar el individuo y explica, por lo tanto, gran parte del malestar y las enfermedades de esa zona del cuerpo humano regida y controlada por determinado centro. Quisiera agregar los siguientes puntos a la información ya dada:


  1. La intensa actividad del centro sacro producirá a menudo enfermedades y anormalidades fisiológicas vinculadas a los órganos de reproducción (tanto femeninos como masculinos). Estas dificultades son de dos tipos:




  1. Aquellas a las que está propensa la humanidad normal, muy conocidas por los médicos, cirujanos y sicólogos.




  1. Las que son el resultado de la excesiva estimulación, debi­do al exitoso esfuerzo realizado por el místico para hacer descender la energía de los centros superiores y de fuentes que están fuera de la estructura humana.




  1. En todos los casos de transferencia la intensa actividad que se produce causará todo tipo de tensión y reacción, trayendo como resultado congestión, inflamación y enfermedades de los órganos vitalizados. Esto sucede particularmente hoy en relación con los centros sacro y plexo solar. Las glándulas -mayor y menor, endocrina y linfática- ubicadas en la zona abdominal, son poderosamente afectadas, y debido a su hipersensibilidad o “deficiencia causada por la abstracción”(como se denomina esotéricamente), constituyen una fructífera fuente de desórdenes.




  1. La actividad actual del centro plexo solar, resultado de esta transferencia, produce la anormal tensión que caracteriza a la raza. Esta tensión, en lo que respecta al hombre común, controla los intestinos y sus conexiones, tanto arriba como abajo del diafragma. En lo que atañe al hombre evolucionado produce tensión en los centros superiores, afectando definidamente al corazón y al nervio neumogástrico. Debería obser­varse que muchas de las enfermedades inherentes a la forma racial a las que está propenso el ser humano debido a la existente enfermedad planetaria, vienen a la actividad como resultado del estímulo del plexo solar. A medida que la huma­nidad vaya siendo menos astral en su conciencia y el plexo solar no esté tan activo ni domine tanto, desaparecerán tales dificultades, y que el centro cardíaco y los centros supe­riores asumen el control, las enfermedades como el cán­cer, la tuberculosis y las distintas dolencias sifilíticas (debido a la milenaria actividad del centro sacro), gradualmente desaparecerán.




  1. La actividad del centro cardiaco, conforme




  1. atrae magnéticamente las energías del plexo solar y




  1. va involucrándose en una interacción recíproca con el plexo solar, constituye una fecunda fuente de desórdenes nerviosos para el místico y el aspirante avanzado. El centro cardíaco afecta poderosamente al nervio neumogástrico, al sistema nervioso autónomo y a todo lo que ello implica; estas dificultades co­mienzan recientemente a ser comprendidas y tratadas. El es­clarecimiento vendrá cuando se acepte la premisa de la exis­tencia de los centros y sus tres “actividades de interacción”, aunque sólo sea una posible hipótesis. La incomprendida glán­dula timo contiene la clave de gran parte del conocimiento concerniente a la actividad controladora del nervio neumogás­trico -realidad generalmente no reconocida. Posteriormente la profesión médica utilizará un procedimiento cuidadosa­mente controlado a fin de estimular la glándula timo y su se­creción, lo cual conducirá a un mejor funcionamiento del sis­tema nervioso y del nervio neumogástrico que lo controla. Aquí sólo puedo insinuar posibilidades, porque aún no ha sido reconocida la premisa fundamental de la existencia de los centros de fuerza. Es interesante observar que se reconoce ya al plexo solar (como un gran centro de nervios), y ello se debe a que el grueso de la humanidad está transfiriendo hoy la fuerza a ese centro. Constituye para las masas el receptor principal de fuerzas, proveniente de arriba y de abajo del diafragma y del medio ambiente.




  1. La actividad del centro laríngeo aumenta constantemente de­bido a la actividad creadora, al ingenio inventivo (que produce un elevado estímulo) y a los conceptos idealistas de los inte­lectuales del mundo. Esta actividad es responsable fisiológi­camente de la mayoría de las enfermedades de las vías respiratorias. La energía es llevada a la garganta, pero no se la emplea en forma adecuada y produce, por lo tanto, con­gestión o análogas consecuencias. Pero, en forma curiosa, gran parte de las dificultades relacionadas con el aparato respira­torio están vinculadas a las condiciones grupales. De ellas me ocuparé más adelante. La concentración de energía produce hoy serios efectos sobre la glándula maestra, la tiroides. Di­chos efectos rompen el equilibrio del cuerpo físico e involucran también a las glándulas paratiroides. El metabolismo del cuerpo se desequilibra produciendo las dificultades atinentes. La raza avanza tan rápidamente en su desarrollo, que dentro de poco tiempo este centro rivalizará con el centro plexo so­lar, para llegar a ser el centro más importante y principal de distribución en el cuerpo humano. Quisiera que reflexionaran detenidamente sobre esta afirmación porque es muy alentadora. Indica, sin embargo, muchos cambios fisio­lógicos y problemas y sobre todo muchas dificultades sico­lógicas.




  1. La actividad del centro ajna se acrecentará grandemente durante el siglo venidero, trayendo consigo los problemas concernientes. Su estrecha relación con el cuerpo pituitario y la creciente interacción entre




  1. el centro ajna y el cuerpo pituitario y




  1. el centro en la cima de la cabeza (abarcando la glándula pineal) y el centro ajna, producirán serios problemas vinculados con el cerebro y los ojos. El centro ajna enfoca la energía que ha sido abstraída de los cinco centros que se hallan a lo largo de la columna vertebral, y es el asiento del poder de la personalidad. De acuerdo a como se emplee ese poder y a la dirección de la fuerza enviada por la personalidad integrada y dirigida a través del cuerpo, así serán afectados los órganos del cuerpo. El plexo solar puede ser estimulado desde ese centro y pro­ducir efectos desastrosos; el centro cardíaco puede ser impul­sado a una actividad indebida por la imposición de la fuerza de la personalidad, y su energía desviarse hacia abajo y enfocarse en forma egoísta; el plexo solar puede hipervitalizarse de tal manera que todas las fuerzas de la personalida­des y se subordinen a fines puramente egoístas y sepa­ratistas, produciendo así una personalidad poderosa que, al mismo tiempo, detendrá momentáneamente la vida espiritual del hombre. Cuando tiene lugar esta suspensión, las fuerzas del cuerpo que han sido “ascendidas” son impulsadas hacia abajo nuevamente, poniendo al hombre en armonía con la humanidad común que actúa por medio de los centros inferiores, lo cual hace que la personalidad obtenga un gran éxito. Es interesante observar que cuando esto tiene lugar las energías -concentradas en el centro ajna- descienden al plexo solar o al centro sacro, y raras veces al centro cardíaco. El centro cardíaco tiene poder propio para producir lo que se denomina “aislamiento oculto”, porque es el asiento del prin­cipio vida. El centro laríngeo en este caso recibe estímulo, pero raras veces en tal grado que produzca dificultades. El hombre es un poderoso pensador creador, polarizado egoístamente, que hace contacto emocional con las masas por medio del plexo solar, y sufre frecuentemente de un fuerte complejo sexual en una u otra forma.




  1. La actividad del centro coronario es aún escasamente conocida y poco puede decirse que sea de beneficio, porque no me creerían. Este centro constituye el factor central de la vida humana, pero en él todavía no está ubicado el enfoque de las fuerzas corpóreas superiores e inferiores. Además de producir hipertensión (tan prevaleciente en la actualidad, entre las personas más avanzadas del mundo) y ciertas formas de tras­tornos cerebrales y desórdenes nerviosos, su poder, en su mayor parte, se observa en los pronunciados efectos sicológi­cos que produce. De ellos me ocuparé a continuación al considerar el desarrollo de los poderes síquicos, la evolución de la visión mística y la revelación de la luz y del poder. Este centro controla la glándula pineal y, en consecuencia, ciertas zonas del cerebro. También afecta en forma indirecta al nervio neumogástrico. Conciencia y vida, sensibilidad y propósito dirigido, son las grandes energías que se expresan por medio de dicho centro, pues como bien saben, conciencia es una forma de energía, y la vida es la energía misma.

b. DESARROLLO DE LOS PODERES SÍQUICOS


Las fuerzas responsables del despertar de los centros son innumerables. La principal es la fuerza de la evolución misma, además del anhelo, inherente o innato, de ir adelante hacia esa mayor inclusividad que reside en todo ser individual. Este aspecto secundario del principio evolutivo debe ser analizado detenida­mente. Durante un período muy extenso nos ocupamos de desa­rrollar el aspecto forma de la naturaleza, a fin de que sea cada vez más sensible a su medio ambiente, construyendo así un meca­nismo que va perfeccionándose. Pero debe acentuarse la doble idea (o debería decir rectilidad, porque eso es) del desarrollo acre­centado de la capacidad de ser incluyente y la realidad de la exis­tencia del factor interno, el Yo, lo cual hace posible que el desa­rrollo sea constante. Desde el punto de vista del estudiante ocul­tista, tres ideas residen detrás de esta creencia:


  1. La realidad del Morador Interno, el Ente dentro de la forma que observa la vida a medida que se va desenvolviendo, desarrolla la percepción del medio ambiente y se hace inclu­yente -hasta llegar eventualmente a la síntesis.




  1. La realidad de la capacidad inherente (que existe en todas las formas de vida y en todos los reinos) de progresar hacia una mayor inclusividad, pasando de un reino a otro durante el proceso de desarrollo.




  1. La realidad de que la humanidad constituye el punto central desde el cual puede desarrollarse conscientemente dicha inclu­sividad. Hasta ahora el desarrollo ha sido natural, normal y parte del anhelo de evolucionar, que aún subsiste, pero el proceso puede ser acelerado (y a menudo lo es) a medida que el hombre logra controlar sus procesos mentales y comienza a trabajar (como el consciente Morador Interno) hacia fines ya establecidos.

Quise aclarar adecuadamente estos puntos porque tienen una defi­nida conexión con el tema que concierne a las dificultades síquicas del hombre moderno. Dichas dificultades aumentan rápidamente y causan mucha angustia en quienes creen que el desarrollo de los poderes síquicos inferiores constituye un obstáculo para el verda­dero desarrollo espiritual. Ciertos místicos creen que estos poderes indican un don divino y garantizan la realidad de su esfuerzo, y otros, que significa “no estar en gracia de Dios”. Por lo tanto, me parece que un análisis de estos poderes, su correcta ubicación en el sendero del desarrollo y la comprensión de la diferencia que existe entre los poderes superiores y los inferiores, será de mucho valor y permitirá a los estudiantes, en el futuro, seguir adelante con mayor seguridad y conocimiento. Estarán así más seguros de la naturaleza de los contactos que perciben y de los medios por los cuales estos contactos pueden ser establecidos y encarados.


La idea principal que quisiera recordarles es el desarrollo de la Inclusividad. Inclusividad es la característica sobresaliente del alma o yo, sea el alma de un hombre, la naturaleza sensible del Cristo cósmico o el ánima mundi, el alma del mundo. La inclusi­vidad tiende hacia la síntesis, y puede observarse cómo actúa ya en un punto definido de la realización del hombre, porque él incluye en su naturaleza todas las adquisiciones de los precedentes ciclos evolutivos (en otros reinos de la naturaleza y en ciclos humanos anteriores), además de la potencialidad de una mayor inclusividad futura. El hombre es el macrocosmo del microcosmo; las adquisiciones y las propiedades peculiares de los otros reinos de la naturaleza le pertenecen, porque se han convertido en facul­tades de conciencia; sin embargo, está circundando por y es parte de un macrocosmo aún mayor, y debe ser cada vez más consciente de ese Todo mayor. Dejen que la palabra inclusividad rija sus pensamientos, a medida que leen la instrucción que aquí imparto sobre los poderes síquicos y su efecto.
La otra idea sobre la cual quiero llamarles la atención es que el ser humano tiene el poder de ser incluyente en muchas direcciones, del mismo modo que se puede trazar una línea desde el centro del círculo a cualquier punto de la periferia. Debe recor­darse que durante casi toda la vida y en la parte más importante de su experiencia humana, sigue siendo el actor dramático que domina el centro del escenario y se ve desempeñando el papel estelar; siempre es consciente de su actuación y de cómo reacciona a esa actuación. Cuando el hombre era poco más que un animal, y estaba en ese estado que anteriormente denominamos conciencia lemuriana y la primitiva conciencia atlante, vivía irreflexivamente; la vida se desplegaba ante sus ojos como un panorama; se identi­ficaba con los episodios descritos y no conocía la diferencia que existía entre él y lo que aparecía en el panorama; simplemente observaba, desempeñaba su pequeño papel, comía, se reproducía, reaccionaba al placer y al dolor, y raras veces o nunca, pensaba o reflexionaba.
Le sigue el período familiar para todos nosotros, donde el hombre se convierte en el centro dramático de su universo -vi­viendo, amando, planeando, actuando, consciente de su auditorio y de su medio ambiente, demostrando en su máxima capacidad las posteriores características atlantes y las actuales características arias. Es inteligentemente consciente de su poder y conoce pocos de sus poderes; es una personalidad funcionante y (debido a que la mente controla o comienza a controlar) los poderes del animal inferior y el siquismo atlante, que lo han caracterizado, comienzan a desaparecer. Pierde esos poderes inferiores, aunque no ha desarrollado todavía los superiores. De allí la reacción que se observa en todas partes en la actualidad, hacia los poderes tales como los de la clarividencia, la clariaudiencia, etc., por eso los intelectuales del mundo los consideran totalmente fraudulentos.
Después viene la etapa mística donde el ser humano evolu­cionado, el aspirante y el discípulo, perciben la existencia de otro reino de la naturaleza que debe ser conquistado, el reino de Dios, con su propia vida y fenómenos; registra la existencia de otros poderes que él puede desarrollar y utilizar si así lo desea y está dispuesto a pagar el precio; reconoce que puede incluir una esfera más amplia del ser en su propia conciencia, si se deja conquistar por ella.
Se deduce de lo anterior que existen dos grupos de poderes latentes en el equipo humano -el poder inferior es recuperable, si se cree deseable, y el superior debe ser desarrollado; estos dos grupos son:


  1. Los antiguos poderes y facultades, que desarrolló y poseía la humanidad en épocas pasadas, fueron relegados a segundo plano en su concienca y debajo del umbral de la percepción común, a fin de desarrollar la mente y convertir al ser humano en un conquistador y en una personalidad.




  1. Los poderes y facultades superiores que son la prerrogativa del alma consciente. Constituyen los poderes superiores a los que se refirió el Cristo, cuando prometió a sus discípulos que algún día harían cosas más grandes que las que Él hizo.

Sin embargo, debe recordarse que todos los poderes síquicos son facultades, capacidades y poderes del Alma Una, pero algunos son, en tiempo y espacio, expresiones de la conciencia o alma animal, otros lo son del alma humana y aún otros del alma divina.


La siguiente clasificación de los poderes síquicos en desarrollo, a medida que se fusionan en la conciencia de los tres reinos de la naturaleza, podrá ser de utilidad aquí, si se hace un cuidadoso estudio de las relaciones inferidas:
Animal Humano Divino
1. Los cuatro instintos principales Los cinco instintos principales Los cinco instintos transmutados

a. Autoconservación Autoconservación creadora Inmortalidad

b. Sexo Sexo. Amor Humano Atracción

c. Instinto de rebaño Instinto gregario Conciencia grupal

d. Curiosidad Investigación. Análisis mas Anhelo de evolucionar

Afirmación propia Control ejercido por el yo


2. Los cinco sentidos Los cinco sentidos Los cinco sentidos

a. Tacto Tacto. Contacto Comprensión

b. Oído Oído. Sonido Respuesta al Verbo

c. Vista Visión. Perspectiva Visión mística

d. Gusto (embrionario) Gusto. Discriminación Intuición

e. Olfato. (Agudo) Olfato. Idealismo emocional Discernimiento espiritual


3. Poderes síquicos inferiores Analogías humanas Poderes síquicos superiores

a. Clarividencia Expansión por medio Visión mística

de la visión

b. Clariaudiencia Expansión or medio Telepatía. Inspiración

del oído

c. Mediumnidad Intercambio. Lenguage Mediación

d. Adivinación. Previsión. Creatividad.

e. Curación por medio del Curación por medio de Curación por medio de

magnetismo animal la ciencia la magia espiritual

Extraido del Tratado sobre el Fuego Cósmico


Extracto N0 1:




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