Psicología Esotérica II



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La perturbación de la vida de la personalidad que conduce -si se la enfrenta correctamente- a percibir con claridad el cumplimiento de las obligaciones kármicas.




  1. La intensificación de todas las reacciones, incluidas en ellas las que emanan del mundo del diario vivir (y, por consiguien­te, del ambiente), del mundo de la vida de aspiración, de la mente y del alma, la gran Realidad en la vida del individuo encarnado (aunque lo ignore).




  1. El esclarecimiento de los objetivos de la vida, de allí el énfasis predominante sobre la importancia de la personalidad y la vida de la personalidad.




  1. El proceso de destrucción en desarrollo, que implica asuntos que están más allá de la capacidad de la personalidad para resolverlos.




  1. Ciertos problemas fisiológicos y sicológicos basados en la capa­cidad, las inherentes debilidades y fortalezas y las cualifica­ciones de los instrumentos de recepción.

Debemos recordar aquí que todo estímulo se basa en la reacción (o poder de recibir y registrar) de la naturaleza inferior cuando se pone en relación con lo superior y no en la reacción de lo supe­rior a lo inferior. Una vez obtenida la recepción se produce una aceleración de lo8 átomos que componen los vehículos de la perso­nalidad; luego las células del cerebro que hasta ahora han estado aletargadas, son energetizadas para que entren en actividad, así como también las zonas del cuerpo alrededor de los siete centros, particularmente en las analogías orgánicas y fisiológicas de los centros, conjuntamente con la captación de las posibilidades y oportunidades. El resultado puede ser un fracaso desastroso o un desarrollo significativo.


La estimulación del sistema nervioso del sujeto responde a todo esto, de allí que los efectos sean pronunciadamente físicos, los cuales pueden significar la liberación por el correcto consumo de la energía afluyente y, en consecuencia, no serán graves, aun­que haya condiciones indeseables o signifique que el instrumento esté en tal condición que la energía afluyente sea destructora y peligrosa y pueda traer malos resultados, y éstos incluyen:
Problemas mentales.
Trataremos en especial este tema. El estímulo mental es com­parativamente raro si se considera en totalidad la población del planeta, aunque prevalecen frecuentemente en los pueblos de la civilización occidental y en la elite de la civilización oriental. Para mayor claridad, dichos problemas pueden clasificarse en tres grupos o categorías:


  1. Los que surgen de la intensa actividad mental, que producen los excesivos enfoques y énfasis mentales, el acercamiento intelectual unilateral y la cristalización.




  1. Los que surgen de los procesos de la meditación, que han traído exitosamente la iluminación, que a su vez produce ciertas dificultades, como:




  1. La hiperactividad de la mente que capta y percibe dema­siado.




  1. La revelación del espejismo y la ilusión. Esto conduce a la confusión y al desarrollo del siquismo inferior.




  1. La hipersensibilidad a los fenómenos de la luz interna, registrados en el cuerpo etérico.




  1. Los que surgen del desarrollo del siquismo superior, con la consiguiente sensibilidad a:




  1. ser guiados,




  1. colaborar con el Plan,




  1. establecer contacto con el alma.

Los tres últimos problemas, relacionados con la sensibilidad, son muy definidos y reales en la experiencia de los discípulos.


El primer grupo (los que surgen de la intensa actividad mental) corresponde al que se destaca intelectualmente y recorre toda la gama desde un estrecho sectarismo cristalizado hasta ese fenómeno sicológico llamado idea fija. Constituyen en gran parte problemas de la construcción de formas mentales y, por su intermedio, el hombre se convierte en víctima de lo que él mismo ha construido; es la criatura de un Frankenstein que él mismo ha creado. Como puede verse, esta tendencia actúa en toda escuela cultural y de pensamiento, siendo principalmente aplicable al hombre conductor y al que piensa independientemente y es, por lo tanto capaz de pensar con claridad y movilizar libremente la sustancia mental o “chitta”. Por lo tanto, en los días venideros, es necesario ocuparse de este problema particular, pues prevalecerán mentalidades con acrecentada frecuencia. A medida que avan­za la raza hacia una polarización mental, tan poderosa como la actual polarización astral, de la cual está surgiendo, será acre­centadamente necesario educar a la raza sobre


  1. la naturaleza de la substancia mental,




  1. el triple propósito de la mente como:




  1. Medio para expresar ideas, mediante la construcción. de las necesarias formas mentales que las incorporen.




  1. Factor controlador en la vida de la personalidad, mediante el correcto empleo del poder creador del pensamiento.




  1. Reflector de los mundos superiores de la conciencia per­ceptiva e intuitiva.

El pensamiento creador no es lo mismo que el sentimiento creador, y esta diferencia pocas veces es captada. Todo lo que pueda ser creado en el futuro se basará en la expresión de las ideas. Se realizará, en primer lugar, por la percepción del pensamiento, luego, por la concreción del pensamiento y finalmente por la vitalización del pensamiento. Sólo posteriormente la forma mental creada descenderá al mundo de los sentidos y asumirá la cualidad sensoria necesaria que impartirá color y belleza a la forma mental ya construida.


Aquí se presenta el peligro para el estudiante. La forma mental de una idea ha sido potentemente construida. Ha adquirido color y belleza. Por lo tanto es capaz de aferrar al hombre, mental y emocionalmente. Si no tiene sentido de equilibrio, de proporción y de buen humor, la forma mental puede llegar a ser tan poderosa que lo convierte en un acérrimo fanático, incapaz de retractarse. No podrá ver, creer, ni trabajar en nada que no sea esa idea corporificada que lo mantiene tan poderosamente cautivo. Tales personas son los violentos partidarios de cual­quier grupo, iglesia, orden o gobierno. Frecuentemente poseen temperamento sádico y son partidarios de cultos y ciencias capa­ces de sacrificar o dañar a cualquiera que parece estar en contra de su idea fija sobre lo que es correcto y verdadero. Los hombres que dirigieron la Inquisición española y fueron responsables de las depravaciones en la época de los Covenantes, son ejemplos de las peores formas de esta línea de pensamiento y desarrollo.
Las personas afectadas por este desorden sicológico, el de adherirse ciegamente a las ideas y de idolatrar a las personalida­des, están en toda organización, iglesia, religión, grupos políticos y científicos y también en cada organización esotérica y ocultista. Son sicológicamente enfermizos y los trastornos que padecen son prácticamente contagiosos. Constituyen una amenaza, al igual que la viruela. Este tipo de dificultad no se considera que es un pro­blema sicológico, hasta el momento en que el hombre está tan afectado que se convierte en un problema grupal, o es considerado un sujeto peculiar o desequilibrado. Sin embargo, definidamente este desorden sicológico es de un tipo muy específico que requiere un tratamiento cuidadoso. Es también difícil tratarlo ya que en las primeras etapas demuestra aparentemente estar sano. Traba­jar en algún grupo o con un instructor, frecuentemente se lo con­sidera como un medio definido de salvación sicológica, pues tiende a extrovertir al místico y proporcionar la liberación adecuada a fin de reconocer la energía que afluye. Mientras no haga más que eso, no hay verdadero peligro, pero en cuanto disminuye o comien­za a desaparecer la visión que el hombre tiene de otras y mayores posibilidades; cuando le embarga totalmente su atención y cuando un conjunto de doctrinas, una escuela de pensamiento o un expo­nente de cualquier teoría excluye todos los puntos de vista o posibilidades, en ese momento las simientes de los desórdenes sicológicos pueden ser debidamente observadas y el hombre está en peligro.
También en el momento en que todo el poder mental que puede tener el hombre, lo aplica en una sola dirección, como, por ejemplo, el éxito en los negocios o el predominio financiero, en­tonces en ese instante se convierte en un problema sicológico.
Esto constituye particularmente uno de los problemas de la integración, debido a la estimulación de la mente al querer asumir el control de la personalidad. Entonces sobreviene un sentido de poder. El éxito nutre el estímulo, aunque sólo sea por el dudoso éxito de atraer la atención de algún instructor al que ha ideali­zado o adorado, o por haber logrado alguna transacción financiera que le fue favorable.
Llegará el momento en que el problema de la personalidad será mejor comprendido y, cuando esto suceda, el excesivo énfasis puesto sobre la profesión, la vocación, la ideología o el pensamien­to, será considerado como síntoma indeseable y, entonces, se intentará lograr dos cosas: el desarrollo total y la fusión cons­ciente con el alma y el grupo.
No intento tratar los problemas relacionados con la demencia, pues existen y son frecuentes y, esotéricamente, los agruparemos en tres secciones:


  1. Los que se deben totalmente a:




  1. La materia cerebral enferma.




  1. El deterioro de las células del cerebro.




  1. La condición anormal en una zona del cerebro, como tumo­res, abscesos o quistes.




  1. Los defectos estructurales de la cabeza.




  1. Los que se deben a la ausencia del ego o alma.

En estos casos se hallará que:




  1. El verdadero morador del cuerpo está ausente; el hilo de la vida está introducido en el corazón, pero el hilo de la conciencia no está arraigado en la cabeza. Se habrá abstraído y por lo tanto el alma no es consciente de la forma. En estos casos tenemos la idiotez, o simplemente un animal humano de grado muy inferior.




  1. Ciertos casos de posesión u obsesión; el hilo de la vida está ligado al morador original del cuerpo, pero el hilo de la conciencia es el de otra persona o ente -desencar­nada y muy ansiosa de expresarse en el plano físico. En casos comunes, donde el verdadero morador del cuerpo está ausente, la situación no es de gran importancia y a veces sirve un propósito útil, pues permite al ente obsesionante continuar poseyéndolo. Me refiero a esos casos en que el ego encarnante se ha retirado y queda una casa totalmente vacía. Éstos son casos raros y no se oponen a que sea ocupada, mientras que en los casos comunes de posesión u obsesión, existe el problema de la doble per­sonalidad y hasta de varias personalidades. Entonces surge el conflicto y trae resultados desastrosos -desastrosos desde el punto de vista del verdadero morador del cuerpo. Los casos a los cuales me refiero son incurables, porque no hay alma que entre en actividad y fortalezca la volun­tad o la condición física del ser humano, cuando trata de expulsar a los intrusos. En muchos casos de posesión la cura es posible, pero me he referido a los que son incu­rables.




  1. Los casos en que el cuerpo astral es de naturaleza tan incon­trolable y siendo el hombre víctima de todo tipo de deseo desenfrenado posee, sin embargo, una fuerza intelectual de tal poder que puede crear una forma mental dominante que incor­pore ese deseo. Estos “maniáticos astrales” son los más difíciles y penosos de tratar, porque mentalmente son casi normales. Sin embargo, la mente no puede controlar y queda relegada definitivamente a segundo plano; permanece inútil e inerte mientras el hombre expresa (con violencia, o con sutileza, según el caso) algún deseo básico. Puede ser el deseo de matar o de tener una experiencia sexual anormal, o tam­bién el deseo de estar siempre en movimiento y, por lo tanto, constantemente activo. Parecen ser tipos muy simples y co­munes, pero no trato aquí su expresión normal sino lo que no puede ser controlado y para lo cual el único remedio con­siste en que el hombre se proteja de sí mismo y de sus propios actos.

Estas tres formas de demencia, por ser incurables, no podrán ser ayudadas sicológicamente. Todo lo que se puede hacer es aliviar la situación, proporcionar el cuidado adecuado al paciente y pro­teger a la sociedad hasta que la muerte ponga fin a este intervalo en la vida del alma. Es interesante recordar que estas condiciones se relacionan mucho más con el karma de los padres o con el de los que tienen a su cargo el caso, que con el paciente mismo. En muchos de estos casos, no hay persona alguna dentro de la forma, sino únicamente un cuerpo viviente animado por un alma ani­mal, no por un alma humana.


Principalmente nos ocuparemos de esos problemas que surgen de la naturaleza mental del hombre y del poder que posee para crear con sustancia mental. Hay un aspecto de esta dificultad al cual no me he referido todavía y es el poder del pensamiento en dicho caso y el estímulo dinámico de la mente que estamos con­siderando, a fin de evocar respuesta del cuerpo de deseo y activar la naturaleza inferior al unísono con el anhelo mental conocido y la demanda mental predominante. Cuando ella es suficientemente fuerte, puede actuar en el plano físico como acción poderosa y aún violenta, y conducir al hombre a grandes dificultades, a un con­flicto con la sociedad organizada, haciéndolo así un ser antisocial, en desacuerdo con las fuerzas de la ley y el orden.
Estas personas se dividen en tres grupos, y sería conveniente para los que estudian sicología analizar estos tipos detenidamente, pues aparecerá un acrecentado número de ellos, debido a que la humanidad está cambiando cada vez más su foco de atención al plano mental:


  1. Los que permanecen mentalmente introvertidos y están pro­fundamente preocupados por las formas mentales autocreadas y el mundo mental creado, centrados alrededor de una forma mental dinámica que ellos han construido. Dichas personas van siempre de una crisis a otra, y es interesante observar que esta crisis puede ser interpretada por el mundo como:




  1. La revelación de un genio, tal como sucede cuando algún gran científico expone las conclusiones obtenidas durante el período en que ha reflexionado y enfocado su atención.




  1. El esfuerzo de un hombre para expresarse en alguna línea creadora.




  1. Las violentas y a veces peligrosas manifestaciones de frus­tración, en las cuales el hombre trata de aplicar los resul­tados de sus lucubraciones internas en la línea elegida. Todos estos grupos varían en su manifestación de acuerdo al equipo original con el cual el hombre inicia su vida de pensamiento en el plano mental. En el primer caso ten­dremos un genio; en el otro (si lo acompaña una rica naturaleza emocional) el producto de una imaginación creadora; en el tercero se tendrá lo que el mundo considera insania, curable con el tiempo, y sus efectos no serán per­manentes, siempre que se proporcione cierta forma de liberación emocional creadora e imaginativa, que consti­tuye, a menudo, el punto de lucha de las personalidades que pertenecen a los rayos segundo, cuarto y sexto.




  1. Los que llegan a ser asombrosamente autoconscientes y se consideran lumbreras. Están obsesionados por su propia sabi­duría, poder y capacidad creadora, pasando rápidamente de allí a un estado de completo aislamiento o separatividad. Esto puede conducir a una megalomanía aguda, a una intensa preocupación y a una admiradora satisfacción por el yo, el yo inferior, la personalidad. La naturaleza emocional, sensoria y de deseo, está totalmente controlada por el dinámico pensa­miento autocentrado, lo único que percibe el hombre es ese momento. Por lo tanto, el cerebro y todas las actividades del plano físico están análogamente controladas y dirigidas hacia el planeado engrandecimiento del hombre. Esta condición aparece en distintos grados, de acuerdo a la etapa de evolu­ción y al tipo de rayo, siendo curable en las primeras etapas. Sin embargo, si persiste, hace que el hombre con el tiempo sea intocable, pues se atrinchera en la fortaleza de sus propias formas mentales en lo que a él se refiere y a sus actividades.

Cuando es curable, deberá procurarse descentralizar al sujeto, evocando en él un interés distinto y más elevado, desarrollando la conciencia social y, si es posible, estableciendo contacto con el alma. Esta condición constituye a menudo el punto de lucha de las personalidades que pertenecen a los rayos primero y quinto.




  1. Los que llegan a ser excesivamente extrovertidos, debido al deseo de imponer a sus semejantes (a través del enfoque mental centralizado) las conclusiones a que ellos han llegado. Constituye, muy a menudo, el punto crucial de la dificultad para las personas que pertenecen al tercero y sexto rayos.

Se verá que dichos individuos incluyen al teólogo bien inten­cionado y doctrinario dogmático, que se halla prácticamente en todas las escuelas de pensamiento, hasta el fanático que hace insoportable la vida a todos los que lo rodean, al tratar de imponerles su punto de vista, y el maniático que se obse­siona tanto con su visión que, para proteger a la sociedad, debe ser encerrado.


Por lo tanto es evidente cuán prometedora puede ser la perspectiva si los educadores y sicólogos (principalmente los que se especiali­zan en el entrenamiento de la juventud) les enseñan a equilibrar los valores con el debido cuidado y a tener una visión del todo y conocer la naturaleza de la contribución que los muchos aspectos y actitudes hacen al todo. Esto es de profunda utilidad en la época de la adolescencia donde se requieren tantos reajustes difíciles. Cuando la persona ha llegado a la edad adulta es generalmente demasiado tarde para realizarlo, porque durante largo tiempo ha construido sus formas mentales y ha cavilado y se ha identificado en tal grado con ellas realmente, que su existencia no es indepen­diente. La destrucción de tal forma mental o conjunto de formas mentales, que esclavizan al hombre, pueden provocar condiciones tan serias que traerán como consecuencia el suicidio, una enfer­medad prolongada o una vida inútil, debido a la frustración.
Sólo dos cosas podrán realmente ayudar: Primero, por la constante presentación en forma amorosa de una visión más amplia que debe mantenerse, ante los ojos del hombre, por alguien que sea tan incluyente que la comprensión constituya la tónica de su vida o, segundo, por la actividad de su propia alma. El primer método requiere mucho tiempo y paciencia. El segundo puede ser instantáneo en sus efectos, como por ejemplo en la conversión, o sino un gradual derrumbe de los muros mentales, mediante los cuales un hombre se separa del resto del mundo y de sus seme­jantes. El sonido de las trompetas del Señor, el alma, puede derrumbar las murallas de Jericó. Esta tarea de evocar la dinámica acción del alma en bien de la personalidad aprisionada, e inexpugnablemente circundada por un muro de materia mental, cons­tituirá parte de la ciencia de la sicología que se desarrollará en el futuro.
Los problemas de la meditación y sus resultados: ña Iluminación.
Ante todo quisiera señalar que cuando empleo aquí la palabra meditación lo hago en una de sus acepciones. El intenso enfoque mental que produce indebido énfasis mental, actitudes equivoca­das y un vivir antisocial, es también una forma de meditación, pero realizada totalmente en la periferia de la pequeña zona mental de determinado individuo. Esta enunciación es real e importante, lo cual restringe e impide todo contacto con otras zonas de percepción mental, provocando un intenso estímulo men­tal unilateral, de índole particularmente poderoso, que no tiene salida, excepto hacia el cerebro, mediante la naturaleza de deseo. La meditación que mencionaremos en esta parte del estudio se refiere al enfoque y a la actitud mentales que tratan de relacio­narse con lo que existe más allá del mundo mental del individuo. Constituye parte de un esfuerzo que lo pondrá en contacto con los mundos que están más allá del fenoménico y del ser. Expongo esto así a fin de impartir las ideas de expansión, inclusión e iluminación. Tales expansiones y actitudes no deberían convertir al hombre en un ser antisocial, o aprisionarlo en una celda fabricada por sí mismo. Deberían convertirlo en un ciudadano del mundo; inducir en él el deseo de mezclarse y fusionarse con sus semejantes; despertarlo a las más elevadas premisas y realidades, y arrojar luz en los lugares oscuros de su vida y en los de la entera humanidad. Los problemas que surgen como resultado de la iluminación, son prácticamente contrarios a los que acabamos de considerar, no obstante, constituyen a su vez verdaderos problemas que deben ser enfrentados, porque las personas inteligentes del mundo están ahora aprendiendo a meditar en amplia escala. Muchas cosas indu­cen a esta tendencia hacia la meditación. A veces la fuerza de la circunstancia económica obliga al hombre a concentrarse y la concentración es uno de los primeros pasos en el proceso de la meditación; otras, es el anhelo de realizar un trabajo creador que lleva al hombre a perseguir algún tema o materia, para expresar su creatividad. Silos hombres sólo se interesaran en forma acadé­mica por el poder del pensamiento, o si por una vislumbre de la visión se convirtieran en estudiantes de la verdadera meditación (mística u ocultista), tendríamos el hecho de que surgirían serios problemas, aparecerían condiciones peligrosas y, la naturaleza inferior, en cada caso, evidenciaría la necesidad de adaptarse a los impulsos o demandas superiores o, si no lo hicieran, sufrirían como consecuencia muchas dificultades. Deben hacerse los reajus­tes necesarios, o sobrevendrán inevitablemente desórdenes sicoló­gicos, sicopáticos y nerviosos.
Quiero recordarles, nuevamente, que la razón de esto radica en que el hombre ve, conoce y comprende más de lo que es capaz de hacerlo como una simple personalidad que actúa en los tres mundos, estando por lo tanto, en un verdadero sentido, ajeno al mundo de la actividad del alma. Ha “dejado entrar” energías más fuertes que las fuerzas que él generalmente percibe. Son intrínsecamente fuertes aunque aparentemente no son las más fuertes debido a los hábitos muy arraigados y a los antiguos ritmos de las fuerzas de la personalidad con las cuales entra en conflicto la energía del alma. Necesariamente esto conduce a tensiones y dificultades, y a no ser que exista una adecuada comprensión de esta lucha, podrán producirse terribles resultados que el sicólogo entrenado deberá estar preparado para enfrentarlos.
No me ocuparé de este tipo y naturaleza de concentración ni con el tema de la meditación, porque sólo estoy considerando los resultados, no los métodos para producirlos. Baste decir que los esfuerzos que realiza el hombre durante la meditación le han abierto una puerta a través de la cual puede pasar la voluntad (y eventualmente con facilidad) a un nuevo inundo de fenómenos, de actividad dirigida y de ideales distintos. Ha abierto una ventana por la cual puede entrar la luz, revelando lo que es, siempre ha sido y existe en la conciencia del hombre, iluminando los lugares oscuros de su vida, de otras vidas y el ambiente en que actúa. Ha liberado dentro de sí mismo un mundo de sonidos e impresiones, tan nuevos al principio y tan diferentes, que no sabe qué pensar de ellos. Su situación llega a ser tal que requiere mucho cuidado y equilibrado reajuste.



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