Psicología Esotérica II



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Empleo el término subconsciente para significar la vida ins­tintiva de la forma, las tendencias heredadas y las predisposiciones innatas, las características adquiridas y acumuladas (adquiridas en encarnaciones pasadas, frecuentemente aletargadas, a no ser que sean repentinamente evocadas por la urgencia de las circuns­tancias) y todos los deseos y anhelos no formulados que impulsan al hombre a la actividad, además de los deseos reprimidos y no reconocidos y las ideas inexpresadas, presentes aunque incompren­didas. La naturaleza subconsciente es como una profunda laguna de la cual un hombre puede extraer casi todas las experiencias pasadas, si lo desea, cuyas aguas pueden ser agitadas hasta convertirse en una caldera hirviente, causando muchos trastornos.
Lo consciente se limita a aquello que el hombre sabe lo que él es y posee en la actualidad -el tipo de las cualidades, las carac­terísticas, los poderes, las tendencias y los conocimientos de cual­quier índole, constituyen los dones naturales del hombre, de los cuales éste o el sicólogo, es definidamente consciente. Los expone a la vista de todos y hacen de él lo que aparentemente es ante el mundo que lo observa.
Por superconsciente quiero significar esos poderes y conoci­mientos disponibles, con los cuales no se ha hecho contacto todavía ni se han reconocido y no tienen, por lo tanto, aplicación inmediata. Constituyen la sabiduría, el amor y el idealismo abstracto, inheren­tes a la naturaleza del alma, pero que aún no han sido ni serán parte del equipo disponible para ser utilizado. Oportunamente todos estos poderes serán reconocidos y empleados por el hombre. A estos poderes y realizaciones se le da en Los Aforismos de Patanjali el interesante nombre de “la nube de cosas cognoscibles”. Estas “cosas cognoscibles” se introducirán en el aspecto conscien­te de la naturaleza del hombre y se convertirán en parte integrante de su equipo intelectual. Finalmente, a medida que prosigue la evolución y transcurren las épocas, penetrarán en el aspecto sub­consciente de su naturaleza, a medida que aumenta la capacidad de comprender lo superconsciente. Podría aclararles este punto si dijera que, así como la naturaleza instintiva está ubicada actual­mente en el reino de lo subconsciente, a su debido tiempo la parte intelectual del hombre (de la cual en la actualidad, él es cada vez más consciente) será relegada a una posición similar y caerá bajo el umbral de la conciencia, que luego será reemplazada por la intuición. A muchas personas les es imposible valerse libremente de la intuición, porque reside en el reino de lo superconsciente.
Dichos movimientos dentro del reino de la conciencia -desde lo subconsciente hasta lo inmediatamente consciente y desde allí a lo superconsciente- constituyen esencialmente crisis de inte­gración, produciendo situaciones momentáneas que deben ser resueltas. Quisiera que observaran aquí que cuando un individuo llega a ser consciente de los aspectos más elevados de sí mismo, que exige la integración, y es consciente de su naturaleza y de la parte que ésta podría desempeñar en la expresión de su vida, frecuentemente lo embarga un complejo de inferioridad. Tal la reacción de los aspectos inferiores que se integran al aspecto superior. Él experimenta un sentido de futilidad; las comparacio­nes que hace internamente sobre una posible realización y el punto ya alcanzado, le imparten un sentido de fracaso y de impotencia, que se debe a que lo visualizado al principio es demasiado grande y no se considera capaz de realizarlo. La humanidad ha hecho tanto progreso en el sendero de evolución que afecta poderosamente a dos grupos de hombres:


  1. Los que han reconocido la necesidad de tender el puente entre la naturaleza emocional y la mente, y por medio de su inte­gración han alcanzado el nivel de la inteligencia.




  1. Los que han tendido ya este puente y son conscientes de una tarea mayor, la de tender el puente que existe entre la perso­nalidad y el alma.

Estos grupos incluyen en la actualidad un gran número de perso­nas; el complejo de inferioridad es muy grande y causa muchos tipos de dificultades. Sin embargo, si se enfrenta y maneja la causa en forma más inteligente, se observará que el desarrollo de la verdadera perspectiva es más rápido.


Cuando se ha alcanzado la integración surge otra verdadera dificultad, en el caso de quienes han integrado toda su naturaleza inferior y han fusionado las energías de la personalidad. Las energías implicadas en dicha fusión poseen cualidad y la combi­nación e interacción de estas cualidades (cada una determinada por alguna particular energía de rayo) conforman el carácter de la persona. Durante un largo período, después que la integración ha sido alcanzada, se producirán frecuentes conflictos, exclusiva­mente en la esfera del carácter y de la conciencia inmediata del Hombre. Una energía tras otra comenzará a hacerse valer y a luchar por la supremacía. Sería de valor si les presentara un caso hipotético, describiendo las energías de rayo que lo rigen, y si les recordara que su fusión es el objetivo. En el caso en cuestión, el sujeto ha fusionado los vehículos de la personalidad en un todo activo y es definidamente una personalidad, pero la principal fusión del alma y la personalidad no ha sido lograda.
Energía mayores:

Energía egoica ler. Rayo. La energía de la voluntad o

poder.

Energía de la personalidad 4to. Rayo. La energía de la armonía a



través del conflicto.

Energías menores:

Energía mental 3er. Rayo. La energía de la inteligencia.

Energía astral 6to. Rayo La energía de la devoción.

Idealismo.

Energía física ler. Rayo. La energía de la voluntad

o poder.
He aquí un campo quíntuple de energía en el cual todos los factores están activos excepto la energía del ego o alma. Fueron definitivamente fusionadas. Al mismo tiempo aumenta la percep­ción de la necesidad de una fusión aún más elevada o incluyente, y del establecimiento de una relación definida con el alma. El pro­ceso ha sido el siguiente: Primero, el hombre era simplemente un animal, consciente sólo de la energía física. Luego empezó a incluir dentro de su campo de percepción a la naturaleza emocional, con sus deseos, exigencias y reacciones sensitivas. Después se descu­brió como mente, y la energía mental comenzó a complicar su problema. Finalmente, llegó a esa expresión de la vida (y esto es realmente interesante) que estamos considerando hipotéticamente, donde posee:




  1. Un cuerpo físico de primer rayo, con un cerebro dominado y controlado por una mente de tercer rayo. Esto significa capacidad para una realización intelectual muy diversa.




  1. Una naturaleza emocional que, al estar regida por la ener­gía de sexto rayo, puede ser rápidamente impulsada a una orientación fanática y propensa al idealismo.




  1. Todo el problema se complica por la rápida emergencia de energías de cuarto rayo de la personalidad, lo cual significa que la meta de la personalidad es lograr la armo­nía, la unidad y la habilidad de vivir, adquirida por medio de un intenso conflicto, librado dentro del campo cuádru­ple de energías que constituyen el yo inferior.

En consecuencia, será un hombre que ambiciona poder, pero con justo motivo, porque es verdaderamente un idealista que luchará inteligentemente por conseguirlo, pero que batallará fanáticamente para lograr dichos fines, porque su personalidad de cuarto rayo y su cuerpo astral de sexto rayo lo obligarán a hacerlo, y su cuerpo y su cerebro de primer rayo lo capacitarán para presentar una enérgica batalla. Al mismo tiempo, la energía egoica de primer rayo está tratando de dominar y, oportunamente, lo hará por intermedio de la energía mental de tercer rayo, influenciando a su cerebro de primer rayo. El primer resultado obtenido por la influencia del alma producirá una intensificación de todas las cosas de la personalidad. El desequilibrio se localizará en el cuerpo mental o en el cerebro, y abarcará desde la idea fija y la cristalización mental, hasta la insania (si el estímulo es excesivamente poderoso o posee taras hereditarias). Puede expresar en forma arrogante el éxito obtenido en el campo donde ha elegido trabajar, que lo hará una persona dominante y desagradable, o podrá expre­sar la fluidez de la mente de tercer rayo y hará de él un intrigante, un confabulador, o un luchador al servicio de grandes proyectos que en realidad nunca podrán materializarse. En este análisis no he incluido las tendencias evocadas en vidas anteriores, que están ocultas en el subconsciente, ni su herencia y medio ambiente. He tratado simplemente de mostrar una cosa: las energías en con­flicto dentro de un hombre pueden producir serias situaciones. Pero la mayoría de ellas pueden ser corregidas mediante la correcta comprensión.


Por lo tanto, es evidente que uno de los primeros estudios a efectuarse en este nuevo acercamiento al campo sicológico, será descubrir:


  1. Qué rayos mayores y menores condicionan y determinan la naturaleza del hombre y evocan la cualidad de su vida diaria.




  1. Cuál de estas cinco energías (en el momento de dificultad) es la que predomina, y a través de qué cuerpo o vehículo se enfoca.




  1. Cuál de estas energías de rayo lucha contra el predominio mencionado, las cuales pueden ser:




  1. Los aspectos variables de la misma energía dentro de su propio campo particular.




  1. Las energías superiores que se esfuerzan por controlar las energías inferiores, lo que indica una separación en la naturaleza del hombre.




  1. La energía del proceso de fusión que unifica las energías inferiores en una personalidad funcionante.




  1. El reajuste del proceso de tender el puente entre las dos

energías principales, lo que dará por resultado la unifi­cación del alma y de la personalidad.
Todo esto constituye las zonas de mayores dificultades, habiendo en cada uno de estos campos de energías en conflicto centros menores de conflicto, creados frecuentemente por circunstancias y acontecimientos ambientales.
Dados todos estos factores y considerando que nuestro caso hipotético es un hombre que posee una naturaleza altamente inte­ligente y un buen equipo para expresarse diariamente, ¿ en que forma procedería el sicólogo esotérico? ¿ Cómo manejaría al hom­bre y qué haría? ¿ Sobre qué principios amplios y generales actuaría? Sólo puedo indicar brevemente algunos de ellos, recordándoles que, en el caso que estamos considerando, el sujeto está definidamente colaborando con el sicólogo y se interesa por obtener buenos resultados. La meta del esfuerzo del sicólogo consistirá en respon­der a las siguientes preguntas:


  1. ¿ Qué razones le asisten para querer “reordenarse”? Esta frase, siendo una expresión familiar, tiene un profundo signi­ficado, pues indica el reconocimiento de la necesidad del alineamiento.




  1. ¿Qué es lo que le hizo sentir esta necesidad y evocó el deseo de someterse a un proceso específico de reajuste interno?




  1. Conociendo la naturaleza de la constitución interna del hom­bre en ¿ qué vehículo es necesario tender el puente? ¿ Dónde reside el punto de separación y, por lo tanto, el punto de la actual crisis? ¿ Es esta dificultad una crisis mayor o menor?




  1. ¿ Cuáles son las cinco energías de rayo que condicionan al sujeto?




  1. ¿ Hasta qué punto las normas en la vida del hombre, su voca­ción y sus deseos coherentes innatos coinciden con la tenden­cia establecida por




  1. el tipo de energía del rayo del alma,




  1. el tipo de rayo de la personalidad?

Gran parte de las dificultades, en lo que a los discípulos concierne, se hallará en esta zona de expresión.




  1. ¿ En qué período de la actual manifestación de vida apareció dicha separación? o, ¿ la integración alcanzada es la que pro­dujo esta difícil situación? Éste, ¿es un problema?




  1. de separación, que requiere tender un puente que con­duzca a una fusión de energía o




  1. de integración, que requiere una correcta comprensión de lo que ha sucedido, y conduzca al correcto reajuste de los poderes fusionados con las condiciones ambientales?




  1. ¿ Se halla el hombre en la etapa en que debería:




  1. Integrarse como una personalidad y, en consecuencia, lle­gar a ser más estrictamente humano?




  1. ¿ Desarrollarse como un místico y aprender a reconocer el aspecto superior y su relación con el inferior, con miras a su unificación?




  1. ¿ Entrenarse como un ocultista y llegar mentalmente a tal estado de conciencia que las naturalezas o aspectos supe­riores e inferiores comiencen a funcionar como uno? Esto implica la fusión de las fuerzas de la personalidad y la energía del alma, fusionándose en una expresión divina, “la parte dentro del todo”.




  1. ¿Qué se puede hacer, en último análisis, para que “la zona iluminada” de la conciencia inmediata sea de tal naturaleza que la parte subconsciente del hombre pueda ser “iluminada a voluntad por el rayo de la mente” y la mente misma pueda trasformarse en un faro que penetra en la superconciencia, revelando así la naturaleza del alma? En realidad, éste es un problema de expansión de la conciencia. Hay por delante un amplio campo de investigación sicológica, en conexión con el empleo de la mente como si fuera “el sendero de luz entre las naturalezas subconsciente y superconsciente, que enfoca sin embargo a ambas en un punto brillante de luz dentro de la naturaleza consciente”.

Para los esotéricos todo este problema de la unificación está estrechamente vinculado con la construcción del antakarana. Así es denominada la línea de energía viviente que vincula los diversos aspectos humanos con el alma y contiene la clave de la verdad oculta: “antes de que el hombre pueda recorrer el Sendero debe convertirse en el sendero mismo”. Cuando se hayan eliminado todas las separaciones, superados y pasados los diversos puntos de crisis y hayan tenido lugar las fusiones requeridas (simples etapas en proceso) se produce la unión o unificación. Entonces el hombre se introduce en nuevos campos de energías, las reconoce y domina y luego se abren ante el progre9ista peregrino, nuevas



zonas de conciencia.
La gran realización planetaria del Cristo ha sido expresada por San Pablo en las siguientes palabras: ..... para formar en si mismo un nuevo hombre, trayendo así la paz” (Ef. II, 15).
Las palabras “paz” y “buena voluntad” son términos clave que expresan la unión de dos separaciones: Una, en la naturaleza síquica del hombre, en particular entre la mente y el vehículo emocional, que significa el logro de la paz, y la otra entre la personalidad y el alma. Esta última constituye la eliminación de una grieta básica y se logra definidamente por la voluntad «1 bien, la cual no sólo elimina la principal separación en el individuo, sino que produce la grande e inminente fusión entre la humanidad inteligente y el gran centro espiritual denominado la Jerarquía espiritual del planeta.
El reconocimiento casi inconsciente de estas separaciones y de la necesidad de su fusión han hecho del matrimonio y de su acto consumador, el gran símbolo místico de las fusiones internas mayores.
Quisiera recordarles también que estas separaciones existen en la conciencia o la percepción, pero no en la realidad ¿ Les resulta demasiado difícil comprender esto? Reflexionen sobre ello.
c. PROBLEMAS DEL ESTÍMULO
Ahora llegamos a la parte más interesante de nuestro estudio sicológico, porque encararemos y consideraremos los resultados obtenidos por el estímulo.
Este tema es de gran interés en los momentos actuales debido a la tendencia mística, al anhelo espiritual que caracteriza a toda la humanidad y a los resultados definidos -unos malos, la mayoría buenos- que la acrecentada práctica de la meditación está pro­duciendo en el mundo de los hombres. Los resultados obtenidos por la aspiración mística y espiritual y la meditación ocultista aplicada o intelectual (en contradicción con el acercamiento mís­tico), deben ser enfrentados y comprendidos, o se perderá una gran oportunidad y aparecerán ciertos desarrollos indeseables que luego será necesario contrarrestar.
Les sorprende ¿ no es verdad? que hable de la tendencia mís­tica de la humanidad. Sin embargo, la aspiración del género huma­no nunca ha sido de orden tan elevado y general como ahora. Nunca se ha esforzado tanta gente por llegar al Sendero del Discipulado. Nunca se han abocado tantos hombres a descubrir la verdad. Nunca ha sido tan definido y tan real el Acercamiento a la Jerarquía. Esta situación justifica ciertas reacciones. ¿ De qué naturaleza serán estas reacciones? ¿ Cómo debemos considerar y tratar la Oportunidad con la cual nos enfrentamos? Por el desarrollo de las siguientes actitudes: la determinación de aprovechar la corriente que obliga a la humanidad a acercarse al mundo de las realidades espirituales en tal forma, que los resultados serán fehacientes Y probados; la comprensión de que lo que millones de hombres buscan es digno de ser buscado y constituye una realidad hasta ahora desconocida; el reconocimiento de que ha llegado el día de la oportunidad para todos los discípulos, iniciados y trabajadores, pues la marea está en su apogeo y los hombres pueden ser influen­ciados decisivamente en esta época, lo cual ‘no será posible poste­riormente. No siempre hay épocas de crisis, pues son una excep­ción, no la regla.
Sin embargo, la crisis de la época es poco común. No obstante, hay un punto plasmado en mi mente que quisiera exponer enfá­ticamente. En estos momentos de crisis y de consiguiente oportu­nidad, es esencial que los hombres comprendan dos cosas: primero, que es una época de estimulación y también un momento de crisis tanto para la Jerarquía como para los hombres. Esto último ha menudo se olvida; la crisis jerárquica es de gran importancia, porque ocurre relativamente raras veces; las crisis humanas son frecuentes y -desde el punto de vista del tiempo- suceden casi regularmente. Pero no es así en lo que respecta a la Jerarquía. Además cuando una crisis humana y una crisis jerárquica coinci­den y son simultáneas, emerge un momento en que la oportunidad es trascendental por las siguientes razones:


  1. La atención de los Grandes Seres se enfoca totalmente, debido a los asuntos planetarios, en una dirección particular. Enton­ces surge una síntesis del planificado esfuerzo.




  1. Estas ocasiones son tan raras que cuando suceden tienen una significación solar y también planetaria.




  1. Ciertos poderes y fuerzas, externos al gobierno del sistema solar, han sido puestos en actividad debido a la emergencia planetaria, siendo ésta de tal importancia (desde el punto de vista de la conciencia) que el Logos solar ha considerado necesario invocar la ayuda de agentes externos. Y Ellos están ayudando.

Si se suman a estos hechos la atención reorientada y enfocada de la humanidad sobre lo que se denomina “el moderno idealismo”, tendremos un momento o acontecimiento muy importante -pues ambas palabras son sinónimas.


En todas partes los hombres aspiran a obtener libertad, com­prensión mutua, buenas condiciones de vida, correctos modos de pensar grupales y personales y correctas relaciones externas e internas. Este hecho generalmente se reconoce. La humanidad está hastiada y cansada de los malsanos modos de vivir, de la explotación de los indefensos, del aumento del descontento y de la cen­tralización del poder en manos erróneas y egoístas. Ansía la paz, correctas relaciones, adecuada distribución del tiempo y la com­prensión y empleo correcto del dinero. Estas modalidades poco comunes son de naturaleza profundamente espiritual.
¿Qué resultados han traído dichos desarrollos en el gobierno espiritual subjetivo y en el mundo de los asuntos humanos?
Ante todo y en forma predominante, la evocación de un Acer­camiento conjunto: uno lo constituye el anhelo y el deseo de la Jerarquía de solucionar el problema humano, el reajuste del sufri­miento humano y también el correcto surgimiento del gobierno espiritual (gobierno de correctos valores) ; el otro consiste en la determinación del hombre de crear correctas condiciones y situa­ciones ambientales donde puedan desarrollarse adecuadamente los seres humanos y percibirse y reconocerse los verdaderos valores. Es aquí donde la Jerarquía y la humanidad están unificadas. No tiene gran importancia que infinidad de seres humanos estén tan poco desarrollados que no puedan captar debidamente estas aspi­raciones, pues trabajan inconscientemente para lograr los mismos fines que la Jerarquía.
Allí donde existen simultáneamente estas situaciones afines, se producirá necesariamente una respuesta sincronizada y (tam­bién, lógicamente,) producirá un estímulo. La situación en rela­ción con toda la humanidad es exactamente la misma que la situa­ción en la vida de un místico individual. Esto debe ser cuidado­samente tenido en cuenta, porque la tendencia de la aspiración humana es mística y no ocultista. De allí lo oportuno de mis pala­bras y su aplicación mundial.
Sin embargo, pienso limitarme a los problemas del místico individual y dejar a mis lectores que establezcan los paralelismos necesarios.
Sería de valor si ante todo definiéramos la palabra estimulo, considerándola desde el punto de vista ocultista y no la dada por los diccionarios técnicos. El estímulo es el punto crucial de nuestro problema y podríamos muy bien enfrentarlo y comprender que hablamos con conocimiento de causa y sabemos lo que implica.
Insistentemente he acentuado la necesidad de reconocer la existencia de la energía. En ocultismo (en forma esotérica) em­pleamos la palabra energía para expresar la actividad viviente de los reinos espirituales y de esa entidad espiritual que es el alma. Empleamos la palabra fuerza para expresar la actividad de la naturaleza de la forma en los dominios de los diversos reinos de la naturaleza. Este es un punto muy interesante e implica dife­renciación.
Por lo tanto, el estímulo podría ser definido como el efecto que produce la energía sobre la fuerza. Es el efecto que produce el alma sobre la forma y el efecto de la más elevada expresión de la divinidad sobre lo que denominamos la expresión inferior. Sin embargo, todos son igualmente divinos en tiempo y espacio y respecto al grado de evolución y al todo. A fin de aclarar los numerosos y diferentes tipos de mente, enumeraré de distinta forma los efectos que produce esta energía:


  1. El acrecentado ritmo y vibración.




  1. La capacidad de aprovechar el tiempo y, por lo tanto, realizar más en una hora, del llamado tiempo, que lo que la persona común puede hacer durante dos o tres horas.







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