Psicología Esotérica II



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Cuando tiene lugar el alineamiento de cuarto rayo y el dis­cípulo se da cuenta de ello, también se produce una crisis. La frase “el discípulo se da cuenta de ello” es significativa, pues indica que esos estados de conciencia pueden existir y el discípulo no percibirlo. Sin embargo, son subjetivos y no pueden ser aplicados hasta que descienden a la zona del cerebro y son reconocidos por el discípulo en su conciencia física y vigílica. No tienen beneficio práctico para el hombre en el plano físico. La crisis precipitada así conduce a una nueva iluminación cuando se la maneja hábil­mente. Dichas crisis se producen por el encuentro (a veces, el choque) de las fuerzas superiores de la personalidad y la energía del alma. En consecuencia, no pueden producirse en una etapa inferior del desarrollo evolutivo, donde las energías de grado inferior están activas y la personalidad no está integrada, refi­nada, ni posee cualidades elevadas. (¿ Es posible emplear la frase “energías de grado inferior” si todas son divinas? La frase nos da la idea y eso es lo que se desea). Las fuerzas implicadas en tal crisis son las fuerzas de integración que actúan en una perso­nalidad de orden muy elevado y poseen necesariamente una potencia relativamente elevada; la fuerza de la personalidad integrada, puesta en relación con la energía del alma, siempre produce el tipo de crisis que aquí se analiza. En consecuencia, constituye un momento o momentos muy difíciles en la vida del discípulo.
La crisis de cuarto rayo evocada mediante la correcta com­prensión y el correcto empleo de la fórmula de cuarto rayo produce los siguientes y sucesivos resultados:


  1. El sentido de aislamiento. En léxico moderno significa que se produce un complejo de la misma índole del que venció mo­mentáneamente a Elías. Fue abrumado por la claridad de su visión respecto al problema que lo enfrentaba y su excepcio­nal respuesta al mismo, y también por el sentido de soledad que lo atormentaba.




  1. El sentido de desesperante futilidad. Las fuerzas alineadas contra el discípulo parecen ser tan grandes que su equipo es inadecuado y débil.




  1. La determinación de permanecer en el medio, y aunque no triunfe por lo menos no debe aceptar la derrota, adoptando con determinación la posición expresada por Pablo en las palabras “Después de haber realizado todo, permanecer




  1. El repentino reconocimiento del Guerrero interno, invisible y omnipotente, que sólo puede iniciar Su verdadero trabajo cuando ha logrado alinear la personalidad y reconocer la crisis y está presente la voluntad de vencer. Sería de valor reflexionar sobre esto.

Por lo tanto, cuando se ha alcanzado este estado mental y el discípulo y el Maestro interno, el soldado y el Guerrero, son cono­cidos como uno, entonces tiene lugar lo que se ha denominado en algunos libros antiguos “la irrupción de la luz de la victoria’-victoria que no inflige derrota a los contendientes, sino que constituye la triple victoria de ambos contrincantes y del Uno que está en el centro. Los tres avanzan hacia la perfección. Esto es típico de la culminación de cuarto rayo, y si este concepto se aplicara con la debida reflexión al problema del cuarto reino de la naturaleza, la cuarta Jerarquía creadora, la humanidad misma, inevitablemente se evidenciaría la belleza de la fraseología y la verdad de la afirmación.


Conjuntamente con el surgimiento de esta luz viene la reve­lación expresada tan adecuadamente en las palabras finales de la fórmula del cuarto rayo. El hombre ve y capta el propósito final de la raza y la meta que tiene por delante el cuarto reino en la vastedad de la manifestación divina. Sería también de valor recordar que esta revelación llega a la raza en tres etapas:


  1. Individualmente. Cuando el discípulo “abandona la lucha a fin de detenerse y descubrir así la victoria que tiene por delante, logrando entonces la unicidad con el enemigo, el Guerrero y el Uno”.




  1. Grupalmente. Este acercamiento a la revelación se está de­sarrollando ya y produciendo en el mundo momentos de extrema crisis en conexión con el trabajo del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Su momento crítico reside en el futuro inmediato.




  1. En la familia humana, como totalidad. Esta revelación vendrá a la raza al finalizar la era, de manera que por ahora no nos ocuparemos de ella. Es esencialmente la revelación de todo el Plan, abarcando los diversos aspectos del mismo a medida que, ciclo tras ciclo, la raza ha ido captando los aspectos y las revelaciones menores y ha conseguido, con el tiempo, manifestarlos en forma concreta. Constituyen la revelación de los propósitos de la Deidad -propósitos pasados, presen­tes y futuros- tal como la captan quienes han desarrollado los aspectos divinos y, en consecuencia, pueden comprenderla.

Esta serie de acontecimientos espirituales o desenvolvimien­tos de conciencia, en la vida del individuo y del grupo, producen una integración definida en los tres niveles de la actividad de la personalidad (mental, emocional y física). También preparan el terreno para esos procesos de fusión que amalgamarán los rayos de la personalidad y del alma. Si se aplica este concepto de inte­gración (llevada a cabo en los tres niveles de los tres mundos del esfuerzo humano) a las actividades y relaciones grupales, se halla­rán cosas muy interesantes y de valor informativo, en lo que concierne al trabajo del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Este grupo constituye, si puedo expresarlo así, un esfuerzo para exteriorizar la personalidad de un grupo de discípulos relacionado con la Jerarquía. Si reflexionamos sobre esto se evidenciarán la función y la relación.


Ahora agregaremos a las tres palabras que expresan la fór­mula de cada uno de los tres rayos dados, la palabra que corres­ponde a este Rayo: Persistencia. En consecuencia, tenemos:

Primer Rayo Inclusión.


Segundo Rayo Centralización.
Tercer Rayo Quietud.
Cuarto Rayo Persistencia.
A medida que cavilamos sobre estas palabras y las tres que se indicarán más adelante, se aclarará en nuestra conciencia la nota clave que corresponde hoy a los discípulos del mundo que están en situación de descubrir que sus personalidades o almas, perte­necen a uno de esos rayos. El empleo de estas palabras, en conexión con los rayos de la personalidad y su expresión, por quienes no son discípulos juramentados, puede ser muy indeseable. La perso­nalidad de tercer rayo, por ejemplo, cuando pone el énfasis sobre la quietud, descubrirá que cae en el letargo; la personalidad de primer rayo, al tratar de desarrollar la inclusividad puede llegar a extremos y considerarse un centro incluyente. Éstas son Pala­bras de Poder cuando las emplea un discípulo, y debe emplear­las a la luz del alma, de lo contrario tendrán un efecto extrema­damente perjudicial.
Quinto Rayo:
“‘Atraigo hacia mi las vestiduras de mi Dios. Veo y conozco Su forma. Tomo esas vestiduras una por una. Conozco su forma, su color, su contorno y su tipo, sus partes componentes, propósitos y usos. Me ha sorprendido y no veo nada más. Penetro en los misterios de la forma, pero no en el Misterio. Veo la vestidura de mi Dios y nada más’.

Amar la forma es bueno, pero sólo cuando la forma se conoce por lo que es, o sea, el ánfora que vela la vida. El amor a la forma nunca debe ocultar la Vida que está detrás; el Uno que trajo la forma a la luz del día la conserva para Su uso -el Uno que vive, ama y sirve la forma, el Uno Que Es.


La Palabra surge del alma y llega a la forma: ‘Detrás de esa forma estoy Yo. ConóceMe. Aprecia, conoce y comprende la naturaleza de los velos de la vida, pero también conoce al Uno que vive. ConóceMe. No permitas que la forma de la naturaleza, sus procesos y poderes impidan que busques el Misterio que te trajo los misterios. Conoce bien la forma, pero déjala alegremente y búscaMe.
“‘Aparta tu pensamiento de la forma y descúbreMe esperando bajo los velos de los contornos multifacéticos, los espejismos y las formas mentales que ocultan mi verdadero Yo. No te engañes. Descú­breMe. ConóceMe, luego emplea los formas, que no velan ni ocultan al Yo, sino que permiten a la naturaleza de ese Yo trascender los velos de la Vida, revelando toda la radiación de Dios, Su poder y magnetismo, y todo lo que hay de forma, de vida, de belleza y de utilidad. La mente revela al Uno; la mente puede mezclar y fusionar la forma y la vida. Tú eres el Uno, tú eres la forma, tú eres la mente, sábelo’.”
Esta fórmula de quinto rayo es excesivamente poderosa en esta época y debería ser utilizada con frecuencia, pero con mucho cuidado por quienes están en la línea de la energía divina. Posee propiedades integradoras muy poderosas, pero la persona que la emplea debe tener la precaución de visualizar y mantener en el ojo de la mente la distribución equitativa, balanceada y equili­brada de la energía divina, puesta en movimiento por el empleo de esta fórmula de quinto rayo a fin de que los tres aspectos de la entidad espiritual involucrada -la mente, el Uno que la em­plea (el Yo) y la naturaleza forma- puedan ser estimulados simi­larmente. Esta afirmación significa que si toda la fuerza dispo­nible de la energía del alma se derrama, por ejemplo, sobre la naturaleza inferior, el hombre natural, puede producir la desin­tegración de la forma y la consiguiente inutilidad del hombre para servir. Por otra parte, si toda esta energía se vierte en el cáliz receptor de la naturaleza astral, puede servir únicamente para intensificar el espejismo y despertar el fanatismo:


  1. El hombre síquico, físico y astral inferior, debe recibir una dosis equilibrada de fuerza.




  1. La mente debe recibir su parte de energía iluminadora.




  1. La tercera dosis de esa energía debe ser retenida dentro de la periferia de la naturaleza del alma para equilibrar a las otras dos.

Ésta es una réplica de la experiencia de la Mónada cuando viene a la manifestación, porque retiene una medida de energía dentro de sí misma y la envía, la cual se arraiga en ese centro de energía denominado alma. También afluye más energía por conducto del alma para crear un ser humano -una expresión del alma- en el plano físico, así como el alma constituye la expresión de la mónada en el plano mental y ambas son también expresiones de esa sola mónada.


El empleo de esta fórmula produce, con el tiempo, una rela­ción precisa entre el alma y los diversos aspectos de la forma y también el alineamiento necesario (considerados ya anteriormente que trae y evoca una crisis, que produce dos crisis menores en la conciencia de la personalidad:


  1. Aquella en que se logra el equilibrio, o lo que podría deno­minarse “un punto de vista equilibrado”, visión equilibrada que trae muchas dificultades y conduce a lo que podría deno­minarse “la terminación de esa vida de gozo y deseo”, experiencia que no es placentera para el discípulo y lleva a una árida experiencia en la vida y a un sentido de pérdida; esto demanda a menudo un hábil manejo y con frecuencia mucho tiempo antes de que el discípulo haya pasado la experiencia.




  1. Esta condición equilibrada en que el no-yo y el Yo, el aspecto vida y el aspecto forma, se ven como esencialmente son (me­diante la ayuda y el empleo de la facultad discriminadora de la mente), conduce oportunamente a una crisis de elección y a la tarea principal que debe desempeñar el discípulo en la vida, la cual consiste en zafarse del aferramiento a la for­ma y prepararse consciente, rápida, intencionada y defini­damente, para las grandes expansiones de la iniciación.

Cuando haya terminado esta doble crisis, o lo que ella ha evocado haya sido manejado correctamente, entonces afluye la luz que conduce a la revelación de la relación entre la forma y el alma. Ambas se ven como una, algo no logrado anteriormente, y que su relación es muy distinta de las presentadas teóricamente por las comunes enseñanzas ocultistas y religiosas. Por lo tanto se evidenciará que una nueva relación y un nuevo tipo de inte­gración son posibles y que la cualidad mental del quinto rayo (crí­tica analítica, separatista y excesivamente discriminadora puede llegar a ser lo que en la edad media se llamaba “sentido común”.


Cuando esto tiene lugar, la forma y la vida son ciertamente una unidad, y el discípulo utiliza la forma a voluntad como ins­trumento del alma para desarrollar los planes de Dios, planes unificados con la intención jerárquica. Tenemos cinco palabras que deben ser estudiadas por los discípulos que pertenecen a cada

uno de los cinco rayos:


Primer Rayo Inclusividad.
Segundo Rayo Centralización.
Tercer Rayo Quietud.
Cuarto Rayo Persistencia.
Quinto Rayo Desapego.
Sexto Rayo:
“‘Veo una visión. Satisfago el deseo; estimulo y nutro su creci­miento. Ofrendo mi vida en el altar del deseo -lo que se ve, lo que se siente, lo que me atrae, la satisfacción de mi necesidad- la nece­sidad de lo material, lo que nutre la emoción, satisface la mente, res­ponde a mi demanda por la verdad, por el servicio y a mi visión de la meta. Es la visión que percibo, el sueño que sueño, la verdad que sostengo, la forma activa que satisface mi necesidad, lo que Capto y comprendo. Mi verdad, mi paz, mi deseo satisfecho, mi sueño, mi visión de la realidad, mi ideal limitado, mi pensamiento finito de Dios -por éstos me esfuerzo, lucho y muero’.

“El amor a la verdad debe existir siempre. Debe satisfacerse el deseo y la aspiración por alcanzar lo material y lo que asciende hasta la visión de la realidad. Los hombres deben trabajar para esto, esforzándose a sí mismos e incitando a otros. Aman la verdad según la interpretan; aman la visión y lo soñado, olvidando que la verdad está limitada por la mente -estrecha y fija, unilateral, no inclu­yente-, y que la visión sólo llega al borde externo del misterio y vela y oculta la realidad.



“La palabra surge del alma y llega a la forma: ‘No corras en línea recta’. El sendero que huellas lleva al círculo externo de la vida de Dios; la línea llega hasta el borde externo. Permanece en el centro, mira hacia todos lados; no mueras por las formas externas. No olvides a Dios, que mora detrás de la visión. Ama a tus semejantes.”
Esto pone de manifiesto, por lo tanto, que el discípulo de sexto rayo debe realizar ante todo la ardua tarea de desapegarse, de disociarse de su visión, de su adorada verdad, de sus amados ideales, del concepto que se ha forjado de si mismo como servidor y discípulo consagrado que sigue a su Maestro hasta la muerte, si es necesario, esforzándose (por ese mismo amor a la forma) y obligando a sus semejantes a dedicarse a lo que él ve.
Debe reconocerse que carece de ese amor amplio que posee el discípulo de segundo rayo, reflejo del amor de Dios. El discí­pulo de sexto rayo se ocupa continuamente de si mismo, de su tra­bajo, su sacrificio, su tarea, sus ideas y sus actividades. Él, el devoto, se pierde en su devoción. Él, el idealista, es impulsado por su idea. Él, el seguidor, sigue ciegamente a su Maestro, su ideal elegido, y se pierde en el caos de su aspiración incontrolada y en el espejismo de sus propios pensamientos. En forma curiosa existe una estrecha relación entre el tercero y el sexto rayos, así como entre el primero y el segundo y el segundo y el cuarto. El cuarto, el quinto, el sexto y el séptimo, no tienen tal relación paralela, uno más uno es igual a dos, dos más dos es igual a cuatro, tres más tres es igual a seis. Entre estos pares de rayos afluye una línea especial de energía que merece la atención de los discípulos que están llegando a ser conscientes de su relación, relación e in­teracción que sólo entra en actividad en una etapa relativamente elevada de la evolución.
Por lo tanto, el problema del aspirante de sexto rayo es libe­rarse de la esclavitud de la forma (aunque no de ella) y perma­necer tranquilamente en el centro, así como el discípulo de tercer rayo debe aprender a hacerlo, aprendiendo a obtener amplitud de visión y un correcto sentido de proporción. Siempre carece de estas dos cualidades, hasta que llega el momento en que se afirma y se alinea con las visiones, las formas verdaderas y los sueños de la realidad y descubre que detrás de todas ellas se hallan Dios y sus semejantes. Sólo entonces se puede confiar en que trabajará con el Plan.
El alineamiento producido por este “modo pacífico de estar quieto” provoca lógicamente una crisis y es muy difícil que el aspirante la resuelva. Durante esta crisis le parece que ha sido desposeído de todo incentivo, móvil, sensación, estima de los de­más y hasta del propósito de la vida. El concepto de “mi verdad, mi maestro, mi idea, mi modo”, lo abandona y no tiene con que reemplazarlo. Por pertenecer al sexto rayo y estar, por lo tanto, vinculado al mundo de la vida síquica astral, el sexto plano, es peculiarmente sensible a sus propias reacciones y a las ideas de otros, en lo que a él y a sus verdades concierne. Se siente tonto y cree que los demás piensan que lo es. La crisis es por lo tanto grave, porque tiene que lograr un completo reajuste del Yo con el yo. Su fanatismo, devoción, su manera frenética de impulsarse a si mismo y a los demás, sus esfuerzos perdidos y su falta de comprensión del punto de vista que sostienen otros han desapare­cido, pero todavía nada los ha reemplazado. Lo embarga el sen­tido de futilidad y el mundo oscila bajo sus pies. Entonces debe permanecer quieto en el centro, fijar los ojos en el alma y cesar toda actividad durante un breve período de tiempo, hasta que irrumpa la luz.
Es interesante observar que cuando el Maestro Jesús estaba en la cruz experimentó (en una vuelta de la espiral mucho más elevada de lo que le es posible al discípulo) la máxima culmina­ción de dicha crisis, aunque en Su caso -por estar sintonizado con Dios y con todos los hijos de Dios- tuvo que sufrir todos los padecimientos de los discípulos del mundo y toda la agonía que implica la percepción astral del sufrimiento expresado en las agonizantes palabras “Dios mío, Dios mío, por qué me has aban­donado”.
Pero al encarar la futilidad y al enfrentarse a sí mismo se en­tregó a la vida que está en el centro, y allí se mantuvo equilibrado y quieto y, aunque alerta, la luz irrumpirá y revelará al discípulo lo que necesita saber. Así aprende a expresar ese amor incluyente que es su principal requisito y a abandonar la actitud estrecha y centrada que hasta entonces ha considerado como amor. Acepta todas las visiones, si sirven para elevar y confortar a sus her­manos; acepta todas las verdades si son medios de revelación para otras mentes, y acepta todos los sueños, si pueden servir como in­centivo para sus semejantes. Participa en todo ello, no obstante mantiene su equilibrada posición en el centro.
Podrá verse por lo tanto que ahora puede tener lugar esta integración esencial del ente en su grupo.
El problema del discípulo de este rayo se acrecienta grande­mente, debido a que el sexto rayo ha dominado durante muchos siglos y sólo ahora empieza a desvanecerse. En consecuencia, las formas mentales idealistas y fanáticas, construidas por los de­votos que pertenecen a este rayo son poderosas y persistentes. El mundo es hoy fanáticamente idealista, siendo una de las causas de la actual situación mundial. Es difícil para el hombre unilate­ralmente devoto liberarse de la influencia prevaleciente, pues la energía así generada nutre lo que trata de abandonar. Sin em­bargo, si puede captar el hecho de que la devoción expresada a través de la personalidad engendra fanatismo, y que el fanatis­mo es separatista y frecuentemente cruel, a menudo animado por buenos ideales, pasando generalmente por alto la realidad inme­diata, al correr detrás de una visión autoengendrada de la verdad habrá llegado a resolver gran parte de su problema. Si es capaz de comprender que la devoción, cuando se expresa por medio del alma, es amor, inclusividad y comprensión, aprenderá oportuna­mente a liberarse del idealismo de los demás y de sí mismo y a identificarse con el idealismo de la Jerarquía, que es el desarrollo amoroso del Plan de Dios. También se liberará del odio, no pon­drá intenso énfasis sobre un aspecto o sector, ni estará limitado por el factor tiempo.
Séptimo Rayo:
“‘Trato de unir a ambos. El plan está en mis manos. ¿Cómo trabajaré? ¿Dónde pondré el énfasis? Permanece alejado el Uno que Es. A mi alcance está la forma, la actividad, la sustancia y el deseo. ¿Puedo relacionar y moldear una forma para Dios? ¿Dónde podré enviar mi pensamiento, mi poder y la palabra que puedo pro­nunciar?
“Permanezco en el centro, como trabajador en el campo de la magia. Conozco ciertas reglas, controles mágicos, Palabras de Poder y ciertas fuerzas que puedo dirigir. ¿Qué debo hacer? Existe peli­gro. La tarea que he emprendido no es fácil de realizar, sin embargo amo el poder. Me agrada ver cómo emergen las formas creadas por mi mente, y cómo realizan su trabajo, cumplen con el Plan y desapa­recen. Puedo crear. Conozco los rituales del Templo del Señor. ¿Cómo debo trabajar?
No ames al trabajo. Deja que el amor al Plan eterno de Dios controle tu vida, tu mente, tu mano, tu ojo. Trabaja para lograr la unidad del plan y del propósito que debe descubrir su duradero lugar en la tierra. Trabaja con el Plan; concéntrate en la parte que te corresponde en esa gran tarea’.
La palabra surge del alma y llega a la forma: ‘Manténte en el centro del pentagrama trazado en un lugar elevado de Oriente, dentro de la luz que siempre brilla. Trabaja desde ese centro iluminado. No abandones el pentagrama. Manténte firme en el medio. Luego traza una línea entre lo que está afuera y lo que está adentro y ve que el Plan toma forma’.”
No me es posible ser más explícito. Este grande y poderoso rayo está entrando en manifestación, trae nueva energía para el hombre y es de naturaleza tan poderosa que los actuales discí­pulos deben moverse y trabajar con cuidado. Literalmente dicho, manejan fuego. Los niños que vienen ahora a la existencia tra­bajarán eventualmente con mayor seguridad y más correctamente con estas nuevas potencias. Mientras tanto hay mucho que hacer y los discípulos de séptimo rayo pueden reflexionar sobre esta fórmula y tratar de darle su propia interpretación, procurando ante todo permanecer en Oriente, bajo la protección del penta­grama. Cuando el trabajador de séptimo rayo se dé cuenta de la tarea que debe desarrollar y valore el hecho de que el trabajo mágico de crear esas formas en la tierra personificarán al espí­ritu de Dios (y en nuestra época particular requiere la construcción de nuevas formas), cada discípulo de séptimo rayo se considerará a sí mismo como agente de enlace que permanece en el centro del proceso de construcción, desempeñando su parte en la tarea. Si se comprende y reflexiona profundamente sobre esto, traerá como resultado el alineamiento. En cuanto se logre este alineamiento el discípulo debe recordar que esto significará una enorme afluencia de poder y de energía, proveniente de los dos pun­tos alineados y desde dos direcciones que convergen sobre él, mientras permanece en el punto medio. Reflexionen profunda­mente sobre esta verdad, porque tal hecho trae siempre una crisis de séptimo rayo. Será evidente cuál es esta crisis. Si el hombre implicado es de mente materialista, egoístamente ambicioso y des­amorado, la energía que afluirá estimulará la naturaleza de la personalidad y luchará inmediata y furiosamente con todo lo que denominamos naturaleza instintiva, síquica e intelectual. Si las tres son estimuladas con frecuencia y durante algún tiempo, el discípulo es arrancado del centro y llevado al torbellino del trabajo mágico de tipo inferior -la magia sexual y muchos tipos de magia negra. Lo ilusiona la belleza de su móvil y lo engaña el poder que ha adquirido su personalidad.
No obstante, si se le advierte el peligro que corre y se da cuenta del mismo, se mantendrá firme en el centro del pentagra­ma místico y allí sufrirá, hasta que la luz de Oriente se eleve sobre la oscuridad, y descubra que todavía está en el punto medio. Entonces, llegará la revelación del Plan, porque éste tiene que ser siempre el poder motivador del discípulo de séptimo rayo. Tra­baja en la tierra, en el plano externo de la manifestación, en las construcciones de esas formas mediante las cuales la voluntad divina puede expresarse. En el campo de la religión trabaja en colaboración con los discípulos de segundo y sexto rayos. En el sector del gobierno construye esas formas que le permitirán ex­presar la actividad de primer rayo. En el sector de los negocios colabora con la energía de tercer rayo y con los ejecutivos del Plan. En el campo de la ciencia ayuda y apoya a los trabajadores de quinto rayo. Es la expresión del constructor y del creador que lleva a la manifestación externa el Plan de Dios. Sin embargo, comienza consigo mismo, tratando de expresar el plan de su alma en su propio lugar y posición mundanos. Hasta no poder hacer esto, será incapaz de permanecer en Oriente, dentro del pentagrama.
En las escrituras ocultistas se dice que “el pentagrama es un lugar abierto y peligroso cuando el discípulo no ha ordenado su propia vida, no se ha impuesto el ritual del alma, ni ha obedecido su ritmo. El pentagrama se cierra cuando se ha restablecido el orden y se ha impuesto el ritual del Maestro”. Dichas escrituras continúan diciendo: “Si el discípulo entra a través del pentagrama abierto, muere. Si penetra en el pentagrama cerrado, vive. Si tras­muta el pentagrama en un círculo de fuego, sirve al Plan”.
b. LAS TÉCNICAS DE LA FUSIÓN Y DE LA DUALIDAD
Llegamos ahora a la consideración de un tema muy práctico, en lo que concierne a los discípulos mundiales, y trataré de dilu­cidarlo en forma muy simple. El punto que estudiaremos es la Técnica de la Fusión que conduce, como inevitablemente lo hace, a que surja y controle en forma predominante el Rayo de la Per­sonalidad. Después de un breve estudio nos referiremos sucintamente a la Técnica de la Dualidad. La brevedad es necesaria por­que sólo los discípulos con cierta experiencia y los iniciados, com­prenderán realmente de qué estoy hablando. Un estudio de la Técnica de la Dualidad servirá para elucidar la relación que de­berá existir entre los dos rayos de la energía en manifestación que constituyen ese ser fenoménico que llamamos hombre. Por lo tanto verán cuán necesario es tratar desde el principio, estos te­mas abstrusos en forma simple. El estudio de las Técnicas de la Integración fue definidamente abstracto y expresado en términos totalmente simbólicos. Se trató la relación que existe entre cinco de los rayos: El de la personalidad y el del ego o alma, y los rayos de los tres vehículos de la personalidad, previamente a su integración en un todo funcionante.
Sería conveniente aquí hacerles notar que las tres palabras: integración, Fusión y Dualidad, al considerarlas en relación, como lo están, con las etapas finales del Sendero de Evolución, son signi­ficativamente distintas. Podría decirse por un lado que:


  1. La Técnica de la Integración, técnica séptuple, se aplica en el Sendero de Probación.

  2. La Técnica de la Fusión se aplica en el Sendero del Disci­pulado.

  3. La Técnica de la Dualidad se aplica en el Sendero de la Ini­ciación.

Empleo aquí estos tres términos sólo en relación con lo que deno­minamos raza Aria, o lo que podría llamarse más apropiadamente conciencia aria, pues ésta se expresa en forma dual, como poder mental y fuerza de la personalidad. Prevalece en cierta etapa en cada ser humano y en cada raza; por lo tanto debe recordarse que no empleo la palabra aria como sinónimo de nórdica, sino como descriptiva de la meta intelectual de la humanidad, en la cual nuestra civilización occidental está en las primeras etapas, pero ha sido demostrada individualmente por hombres de todas las épocas y razas. Oportunamente todos los seres humanos llegarán a obtener el estado de conciencia aria.


La integración consiste en llevar a un sólo campo la actividad magnética resultante de cinco tipos distintos de energía:


  1. Las energías física y emocional-sensoria (2 energías) están unificadas y formarán oportunamente una fuerza expresiva.




  1. Las energías física, emocional-sensoria y mental (3 energías) también se ponen en relación entre sí entonces se establece un potente vórtice de fuerza que, eventualmente, se hace tan sistemático e integrado que a su expresión conjunta la llama­mos Personalidad (4 energías) y, con el tiempo, este conjunto se convierte en una potencia realizada y así se completa el cuádruple hombre inferior.




  1. Luego, estos cuatro tipos de energía entran en relación con el ego o alma. Esto pone en actividad y expresión otro tipo más elevado de energía, y así las cinco energías se integran, mezclan y fusionan.

Cuando estas cinco energías se relacionan correctamente entre sí, producen un activo centro de fuerza, mediante el cual puede actuar la Mónada, empleando esta palabra para expresar la primera diferenciación de la Vida Una, si puede emplearse tal frase paradó­jica. Sólo es posible emplearlas desde el punto de vista del ser personal, que está aún limitado y aprisionado en la conciencia del no-yo.


La Técnica de la Fusión trata de una estrecha interacción entre los cinco aspectos de energía, ya enumerados que, a su debi­do tiempo, han sido integrados en una unidad. En realidad, es la fusión de cuatro fuerzas y una energía. Esta fusión trae:


  1. La demostración de la actividad de la personalidad cuando, en respuesta a la Técnica de Integración, hay:




  1. respuesta e interacción entre el triple hombre inferior;

  2. un gradual surgimiento de la nota predominante del hom­bre inferior que a su debido tiempo indicará la naturaleza del rayo de la personalidad;

  3. la cualidad del rayo de la personalidad que, en sus aspectos más elevados, surge a la expresión viviente. Entonces se expresará un buen carácter, o una gran decisión.




  1. Gradualmente, las cualidades de la energía de la personali­dad son trasmutadas en las del ego o alma, y la fusión de las dos energías -alma y cuerpo- es, entonces, completa.

La Técnica de la Fusión podría ser mejor comprendida si se la denominara Técnica de la Transmutación, pero debe recordarse que la transmutación a la que nos referimos no consiste en trasmutar cualidades y características malas en buenas (lo cual debería tener lugar definitivamente en el Sendero de Probación), sino la transmutación de los aspectos superiores del rayo de la persona­lidad en los aspectos del alma. Cuando esto ha sido logrado satis­factoriamente en gran medida, entra en juego la Técnica de la Dualidad -dualidad que difiere grandemente de aquella a la cual nos referimos cuando hablamos del yo superior y del yo inferior.


Es una dualidad que utilizan en el Sendero de Iniciación Aque­llos que no Conocen la separatividad y es esa dualidad donde las cualidades y características de la personalidad trasmutadas y purificadas son empleadas por el iniciado en los tres mundos para servir y llevar adelante el Plan. Las energías egoicas son puestas en actividad sólo cuando son necesarias para bien del grupo y dentro de los confines (término paradójico que sólo tiene signifi­cación en la conciencia, desde el punto de vista de las mentes inferiores) del Reino de Dios.
Se observará, por lo tanto, que esto se refiere a las etapas relativamente avanzadas del desarrollo humano. Lo que ahora voy a decir ocultará, bajo frases extremadamente simplificadas, ver­dades que serán evidentes para dos grupos de aspirantes:


  1. Los discípulos aceptados que captarán las significaciones de la Técnica de la Fusión.




  1. Los iniciados que trabajarán con la Técnica de la Dualidad. También se ha de recordar que tratamos la dualidad primordial, espíritu y materia, y no la dualidad secundaria, alma y cuerpo. Este punto es de gran importancia y merece una consideración muy cuidadosa.

El hombre que trata de emplear la Técnica de la Fusión es un discípulo consciente del poder de la personalidad, debido a que su mente comienza a dominar su naturaleza emocional sensoria, la cual ha controlado, durante épocas, a su cuerpo físico. El empleo de la mente se está convirtiendo en una Segunda naturaleza en algunos hombres evolucionados y entrando casi automá­ticamente en actividad cuando alcanzaron dicha etapa. El resultado es que la integración de las tres energías continúa rápidamente. Al mismo tiempo, el hombre tiende definidamente a hacer con­tacto con, y a conocer el alma; con frecuencia la mente (cuando controla el factor personalidad) es sometida repentina y dinámi­camente al control del alma.


Esto explica lo difícil que es la vida de todo discípulo en esta etapa. Simultáneamente tienen lugar varios procesos:


  1. El factor mente va dominando firmemente, clarificándose y empleándose cada vez más.




  1. Los tres aspectos de la naturaleza inferior trabajan conti­nuamente en estrecha unidad, aumentando cada uno al mismo tiempo su potencia individual.




  1. El rayo de la personalidad hace sentir su presencia, y el poder que expresa el hombre (en su medio ambiente) también se acrecienta.




  1. A veces el rayo del alma se proyecta a sí mismo y esto pro­duce en las primeras etapas reveses y serios trastornos, por lo general angustiosos.

Por lo tanto, en esta etapa puede utilizarse beneficiosamente la Técnica de la Fusión, manteniendo al mismo tiempo, si es correc­tamente captada, la integridad de:




  1. el móvil que tiene como objetivo el control por el alma, en respuesta a la reacción viviente hacia su tirón o llamado;




  1. el móvil de servir, en respuesta a una comprensión sensoria de la necesidad de la humanidad;




  1. el móvil de colaborar con el Plan, en respuesta a la inteligente apreciación de su naturaleza y existencia.

Observarán también que retomamos los tres temas principales: el control por el Alma, el Servicio y el Plan.


Por consiguiente, podría parecer, que esta técnica particular fuera séptuple como lo es la Técnica de la Integración, pero quienes así piensen estarán en un error. Es una técnica triple basada en el hecho de que todas las almas eventualmente se dividen (otra frase paradójica para exponer el tema de las almas, pero ¿qué otra cosa se puede hacer cuando el lenguaje moderno es inadecuado para difundir el conocimiento del alma?) en tres grupos principales, o más bien se caracterizan por tres cualidades principales, las de los rayos primero, segundo y tercero. La Vida, la Vida Una, se manifiesta por medio de estas tres cualidades principales que con­dicionan su séptuple apariencia y que son esencialmente Voluntad-Amor e Inteligencia.
Esta Técnica de la Fusión evoca estas tres cualidades rela­cionadas con el alma, el servicio y el Plan. Al mismo tiempo ilumi­na a la mente (revelando así el alma y el reino de Dios) ; acrecienta la imaginación (creadora y dinámica) de la naturaleza emocional-sensoria, el cuerpo astral (lo que revela relación y responsabili­dad) y análogamente lleva inspiración a la vida física y al cuerpo físico, a través del cerebro (revelando una efectiva capacidad para colaborar inteligentemente con el Plan). En consecuencia, consi­deraremos una técnica que traerá tres cosas:


  1. Iluminación, por la evocación de la Voluntad o primer aspecto de la divinidad.




  1. Imaginación, por la evocación del Amor, el segundo aspecto, o respuesta sensoria al alma del mundo de todas las formas.




  1. Inspiración, por la evocación de la Inteligencia, el tercer aspecto.

Si estudiamos cuidadosamente esta triplicidad veremos que el proceso delineado lleva el aspecto superior del yo personal, la mente, al punto inferior de contacto y a controlar el cuerpo físico; conduce al alma a controlar conscientemente el cuerpo astral, o deseo-sensorio, y también el aspecto voluntad (el aspecto más elevado de la divinidad) a controlar la mente.


Por lo tanto, dos conceptos deben recordarse a medida que se estudia esta Técnica de la Fusión. Primero, que es una técnica triple y está coloreada y condicionada por las cualidades del pri­mero, segundo y tercer rayos mayores. Segundo, que esta técnica, en cualesquiera de sus tres tipos, será de tal naturaleza que traerá la iluminación por la evocación de la voluntad. Es precisamente aquí donde el esotérico reconocerá la importancia que tiene la enseñanza en relación con el centro de la base de la columna ver­tebral, que se despierta por un acto de la voluntad, lo cual significa en verdad que se realiza por medio de la mente, actuando violen­tamente -bajo la influencia del hombre espiritual- por medio del cerebro.
Se puede deducir que esta técnica estimulará de tal modo la imaginación, que cada vez podrá expresarse un mayor e inclu­yente amor y, por lo tanto, el centro cardíaco será fuertemente afectado y despertado a una actividad más plena. También se deduce de esto que la vida del plano espiritual del discípulo, tal como se expresa en su medio ambiente, será de inspiración creado­ra, utilizando total y conscientemente la inteligencia, lo cual a su vez traerá la plena actividad del centro laríngeo y de esta manera, los tres centros principales, puestos en actividad en el Sendero del Discipulado, entrarán en una mesurada, controlada y total actividad. En el Sendero de la Iniciación se completa el despertar y el funcionamiento plenamente condicionado de los dos centros de la cabeza. Éste es el resultado que obtiene el iniciado al aplicar la Técnica de la Dualidad. Uno de los centros de la cabeza, el loto de mil pétalos, representa al espíritu o aspecto vida; el otro, el centro ajna, representa a la materia o aspecto forma. De esta manera, el trabajo realizado en los senderos de evolución, de pro­bación y del discipulado, es completado en el sendero de la inicia­ción, y así, una vez comprendidos los rayos, hay la posibilidad de obtener un nuevo sistema para despertar los centros o chakras, sistema que concierne únicamente al despertar de la parte central del centro o loto de fuerza. La enseñanza dada en los libros orien­tales y teosóficos se refiere, principalmente, al despertar y a la correcta relación de los centros cuando el aspirante se halla en el sendero de probación. La enseñanza que he dado aquí no fue publicada anteriormente en forma tan explícita, sino comunicada verbalmente. La mitad de un centro, es decir, la, mitad externa (por lo tanto, la mitad de los pétalos del loto) se activa acrecen­tadamente en el sendero de probación; la otra mitad comienza su intensificada actividad vibratoria en el sendero del discipulado, pero la intensificación del centro del loto (aunque la Vida Una controla al alma y al cuerpo), sólo tiene lugar cuando las dos téc­nicas posteriores, la de la fusión y la de la dualidad, se efectúan con éxito.
Por lo tanto surgen ciertos interrogantes:


  1. ¿ Qué técnicas producen la fusión de los tres rayos mayores?

  2. ¿ Cómo estas técnicas producen

  1. la iluminación de la mente,

  2. la capacidad imaginativa del cuerpo sensorio, y

  3. la vida de inspiración?

Ahora se dilucidará otro punto. Los discípulos que pertenecen a los rayos menores emplean similarmente cualesquiera de estas tres técnicas principales. Los discípulos de cuarto rayo emplean la técnica de segundo rayo, del mismo modo que los discípulos de sexto rayo; los de quinto rayo emplean la técnica de primer rayo. Es interesante observar que (antes de pasar la primera inicia­ción) las personalidades de todos los que aspiran a esta gran expansión de conciencia pertenecen al tercer rayo, que es -como el centro plexo solar- un centro de distribución de energías y una gran estación transmutadora, si puedo emplear este término.


Con la técnica de primer rayo se deben efectuar las siguientes cosas y producir los siguientes resultados:


  1. Debe ser evocada la voluntad divina, de la cual el aspecto mente es el reflejo, y el cerebro (o la apariencia fenoménica) la sombra. Esto conduce a una actividad funcional en el plano físico, denominada en los libros teosóficos Atma, o la primera diferenciación cualificada de la Vida monádica, cualidad que a menudo se denomina voluntad espiritual.




  1. Esta evocación traerá la iluminación de la mente, que difiere de la limitación obtenida por la meditación común, a la cual tanto se han referido los libros místicos y que es, esencial­mente, la evocación de la intuición, que lleva a la mente la iluminación del conocimiento directo. A la que aquí me refie­ro, está, simbólicamente hablando, relacionada con el estado de conciencia del Creador al emitir el fíat que produjo el fenó­meno: “Hágase la Luz”.




  1. Esta iluminación, proveniente del aspecto más elevado que el hombre puede concebir, sigue una línea directa de acerca­miento, o desciende por un canal directo que va:

  1. desde el nivel átmico, o ese dinámico y efectivo centro de la voluntad espiritual que raras veces entra en activi­dad, hasta los pétalos de la voluntad del loto egoico, al cual me referí en el Tratado sobre Fuego Cósmico. Estos pétalos reflejan en el alma este aspecto particular de la energía;

  2. desde esta hilera de pétalos al cuerpo mental;

  3. desde el cuerpo mental al cerebro;

  4. desde el cerebro, en su debido y establecido momento, al centro en la base de la columna vertebral, despertando así el fuego kundalini.

Será interesante que los estudiantes observen cómo el discí­pulo de primer rayo, cuando emplea la técnica de la fusión de primer rayo, termina por producir características de segundo rayo, de las cuales la iluminación, que trae amor comprensivo y colabo­ración afín, es la nota predominante. El discípulo de segundo rayo, mediante la técnica correctamente aplicada, produce, curiosamente, resultados de tercer rayo, de los cuales el empleo de la imagina­ción creadora es la característica sobresaliente. El discípulo de tercer rayo, cuando desarrolla el “poder de inspirar”, añade a sus cualidades innatas ciertas potencias de primer rayo bien definidas. Sin embargo, todas están subordinadas a la naturaleza de segundo rayo de la manifestación divina en este sistema solar.


La técnica de la fusión, empleada por el discípulo de segundo rayo, producirá los siguientes resultados:


  1. Acrecentada respuesta sensoria al alma mundial y al medio ambiente en el cual se halla el discípulo.




  1. Esto se obtendrá cultivando la imaginación creadora. Es uno de los grandes atributos constructivos de la Deidad. Se realiza por la evocación de la naturaleza del amor y, como se ha indicado anteriormente, hace que el poder del alma se exprese con toda su potencia. En el mundo de la apariencia fenomé­nica el alma es el agente creador, el principal factor cons­tructivo, el constructor de formas y, por medio de la Técnica de la Fusión, se desarrolla definida y científicamente el poder de imaginar o el empleo del poder mental imaginativo (con­juntamente con la facultad de visualizar, de desear y de soñar que lo realiza).




  1. Esta tensión creadora o enfoque centralizado del sueño imaginativo, hace que el cuerpo astral se subordine completa­mente al alma. Este hecho se señala en El Bhagavad Gita, donde dice, que en el campo de batalla del Kurukshetra, Arjuna ve repentinamente la forma de Dios en la cual todas las formas constituyen la Forma Una. Entonces termina la batalla. El alma ejerce pleno control, y ya no volverá a haber separatividad.




  1. El canal a través del cual afluye esta energía sintetizadora y creadora va:




  1. desde la Mónada a los pétalos de amor del loto egoico;




  1. desde estos pétalos de amor al vehículo astral, energeti­zando toda la materia astral que está en el equipo del hombre fenoménico. “El espíritu de Dios camina sobre la superficie de las aguas”.




  1. De allí al centro plexo solar.




  1. Y desde ese centro al centro cardíaco. Aparece así la dualidad necesaria relacionada con el cuerpo astral. Tene­mos aquí también una analogía del descenso del fuego de la voluntad a la base de la columna vertebral, con su consiguiente ascenso a lo largo de la columna vertebral hasta la cabeza.

El discípulo de tercer rayo que emplea la Técnica de la Fusión descubre que:




  1. Trae el pleno funcionamiento de la divina facultad creadora. Aquí será evidente cuán importante es el móvil, porque deter­mina la línea de actividad, y diferencia la actividad del hombre en lo denominado por los esotéricos magia blanca y negra. También es interesante observar que, en efecto, es muy raro el hombre que entra en el campo de la llamada magia negra. ¿ No indica esto, hermanos míos, el triunfo extraordinario del trabajo de la Gran Logia Blanca?




  1. El fíat que inició esta actividad creadora, hasta donde con­cierne al hombre, ha sido inadecuadamente velado en las palabras “Que la tierra produzca abundantemente”, inaugu­rando así la era de la creatividad. Esta fecundidad creadora ha ido continuamente convirtiéndose, durante los últimos mil años, en la creación de esos efectos de los cuales las ideas son las causas, produciendo dentro de la capacidad creadora de la mente del hombre:




  1. Lo útil, contribuyendo así a la actual civilización del hombre.




  1. Lo bello, desarrollando así gradualmente la conciencia estética, el sentido del color y el reconocimiento del empleo de formas simbólicas, a fin de expresar la cualidad y el significado.




  1. Cuando el discípulo emplea esta técnica, logra una vivencia acrecentadamente vital y una afluencia dinámica de vida espiritual en el plano físico de la experiencia. El discípulo es inspirado por el fuego del amor y esto evoca el “servicio creador” como expresión de ese amor.




  1. El poder que lo inspira y lo hace dinámico y creador en su medio ambiente proviene también del aspecto voluntad de la Mónada y pone a la mente superior en actividad en el nivel mental superior, donde las ideas creadoras de Dios surgen como formas que pueden ser reconocidas por la conciencia humana.




  1. El canal de acercamiento o de descenso, es el siguiente:




  1. Del aspecto voluntad de la vida monádica a ese nivel de conciencia y energía, denominado el aspecto de la mente superior.




  1. De la mente superior a los pétalos del conocimiento del loto egoico.




  1. De estos vórtices de fuerza a la mente inferior o concreta -en la cual actúa con toda familiaridad el hombre inte­ligente común- al centro laríngeo, y de allí inmediata­mente al centro sacro (el centro de creación o de repro­ducción en el plano físico). Desde allí asciende nuevamente al centro laríngeo, donde el anhelo físico creador es tras­mutado en algún tipo de creación artística o literaria, y más tarde se trasmuta en el poder de crear grupos u organizaciones que expresarán alguna idea o pensamiento emanado de la mente de Dios, que exige una precipitación inmediata sobre la tierra.

Esta afluencia de energías supremamente elevadas trae como resultado que los procesos puestos en acción por la Técnica de la Integración se completen y los rayos del hombre inferior se unan y fusionen en el Rayo de la Personalidad. Éste luego se fusiona con el rayo egoico, permitiendo a la Entidad espiritual, 9Ue está detrás del hombre fenoménico, actuar por medio de estos dos rayos, produciendo así la analogía de ese grupo dentro de la expresión divina denominada rayos mayores y menores. Entonces, los rayos de la triple naturaleza inferior forman un solo canal a través del cual el alma y, más tarde la energía del espíritu, pueden hacer contacto con el Todo mayor manifestado en los planos físico, astral y mental. Cuando las Técnicas de Integración y de Fusión hayan hecho su trabajo destinado, este Ente espiritual podrá trabajar, sirviendo a la humanidad y colaborando con el Plan, en los tres mundos del esfuerzo humano y en los cinco esta­dos de conciencia humana y superhumana. Esto conduce al discí­pulo al período en que puede recibir la tercera iniciación; entonces, fuerzas aún más elevadas serán puestas en acción y podrá ser considerada, dominada y aplicada la Técnica de la Dualidad. Es evidente que no puedo darles las reglas de esta técnica, pues constituyen parte de los secretos velados de la iniciación. Aunque se acentúa la dualidad, es una dualidad que produce la simplificación, la amalgamación y la síntesis. El hombre es considerado entonces como una dualidad, espíritu y materia, y no como la muy conocida triplicidad, espíritu, alma y cuerpo.


Ahora, consideremos por un momento la Técnica de la Fusión. Las notas clave de las tres técnicas son:
Primer rayo Unidad Aislada.

Segundo rayo Razón Incluyente.

Tercer rayo Atributos Presentados.
Lo primero que hace el discípulo que trata de emplear estas técnicas es llegar a comprender (práctica, experimental y subje­tivamente) la frase adecuada a su rayo. Explicaré o elucidaré cada una de ellas, forzosamente, en forma inadecuada, debido a la falta de comprensión y a la evolución limitada del discípulo medio, pero con el fin, en todos los casos, de hacer sugerencias.
La Unidad Aislada es esa etapa de conciencia en que el dis­cípulo ve a la totalidad como una y se considera a sí mismo, no en forma teórica sino como un hecho verificado, identificado con ese todo. Constituye un todo que está aislado en la conciencia del hombre, pero no es el hombre mismo quien se considera aislado. La palabra aislado se refiere a ese total organismo organizado, del cual el hombre puede sentirse parte y saber que lo es. La pala­bra unidad expresa su relación con el todo. Es evidente que este todo es algo que debe comprenderse progresivamente. Para llevar a cabo esta comprensión progresiva, las grandes expansiones de conciencia, llamadas iniciaciones, han sido dispuestas temporaria­mente como un proceso forzado o acelerador. Esta comprensiva progresión del “aislamiento en la unidad” puede comenzar con el grupo, el medio ambiente o la nación del discípulo y, por medio de la correcta comprensión, le permitirá aislar todo el esquema divino o estructura viviente, e identificarse con él en forma activa y capaz.
Meditar sobre este tema tendrá como resultado:


  1. Una definida iluminación de la mente, porque entonces se habrá unificado con la Mente Universal y todas las modali­dades y los planes de Dios se le revelarán.




  1. La imaginación creadora será evocada poderosamente en res­puesta a esta revelación y los modos y métodos de colabora­ción se desarrollan en forma sensiente, convirtiéndose el discípulo en un colaborador creador y no simplemente en un obe­diente servidor del Plan.




  1. Entonces su vida estará inspirada por el deseo de servir a la humanidad y colaborar con los Custodios del Plan. Esto hará fluir plenamente la vida del alma, produciendo momentánea­mente un violento conflicto entre los rayos de la personalidad y el del alma, pero también una constante subordinación de lo inferior a lo superior, de lo menor a lo mayor.

Nunca podré acentuar suficientemente que no me refiero al servicio normal y a la colaboración autoimpuesta del aspirante -colaboración fundada en la teoría y la determinación de com­probar que la teoría, el plan y el servicio, constituyen realidades evolutivas- sino a esa iluminación, creatividad e inspiración espontáneas, resultado del empleo de la Técnica de la Fusión por el alma -por el alma, no por el discípulo luchador que tiene aspiraciones. Aquí reside la clave del significado. En consecuencia, estamos tratando esa etapa de desarrollo en la cual, en profunda contemplación, el hombre se fusiona conscientemente con el alma, y esa alma en meditación, decide, proyecta y actúa. El hombre actúa como alma y ha podido vivir conscientemente como alma con cierta medida de éxito en el plano físico.


Esta técnica particular de meditación implica el empleo del centro de la cabeza, exige la capacidad de centrar la conciencia en la forma egoica, el cuerpo espiritual, y, al mismo tiempo, man­tener la conciencia del alma, la conciencia mental y la conciencia cerebral -no es una tarea fácil para el neófito y está algo más allá del alcance de la mayoría de los estudiantes que leen estas palabras. Esta condición ha sido descripta como “el reflejo más intenso del hombre, aislado en Dios, lo cual es la negación del aislamiento y, sin embargo, el Todo separado de los demás Todos”. Cuando se ha logrado este estado de conciencia (y Patanjali lo insinúa en el último Libro de Aforismos) el discípulo llega a ser invencible en el plano físico, pues se ha unificado y vinculado totalmente con todos los aspectos de sí mismo en el Todo mayor, del cual es una parte, está fusionando todos los atributos y aunándose con el Todo, no simplemente subjetiva e inconscientemente (como lo están todos los seres humanos), sino con plena y cons­ciente comprensión vigílica.
La Razón Incluyente es el tema de la meditación iniciática del discípulo de segundo rayo, la cual produce esa innata capacidad divina que permite captar en forma meticulosa los detalles del Todo presentido. Me resulta extremadamente difícil explicar, y para ustedes comprender, este amplio, aunque detallado reconoci­miento o alcance universal. El segundo rayo ha sido denominado el Rayo del Conocimiento detallado, y donde ha sido empleado este término, lógicamente el principiante ha puesto el énfasis en la palabra detalle. Debería llamarse más bien. el Rayo de la Unidad detallada, o el Rayo del Canon Divino, o de la Belleza de las Rela­ciones, lo cual implica, por parte del discípulo, un grado más elevado de captación sintética.
Observarán que en las tres notas clave para la meditación avanzada, se llama la atención al discípulo sobre los ajustes que se vinculan y constituyen el todo cuando son puestos en relación entre sí. La palabra aislado y las palabras detalle y presentado parece­rían indicar un reconocimiento separado, pero enfáticamente no es así. Simplemente indican y se refieren a la intrincada vida interna de la creación organizada de Dios, donde la conciencia (liberada de toda mezquindad y autocentralización material) ve no sólo la periferia del Todo, sino también la belleza y el propósito de cada aspecto de la estructura interna. Así como el ser humano común e irreflexivo sabe que es una persona de intrincado diseño, de múltiples organismos internos que producen un conglomerado de formas vivientes interrelacionadas, funcionando como una unidad, y de las cuales en realidad nada sabe, excepto su natu­raleza general, así también el aspirante en el sendero de probación puede ver el todo del cual es similarmente una parte. Del mismo modo que el inteligente estudioso de la humanidad y el pensador altamente culto conocen con mayor detalle y más plena compren­sión las facultades generales y el propósito más detallado del todo organizado que llamamos hombre, así el discípulo en las primeras etapas de su carrera, en el sendero del discipulado, llega a ver y a captar los aspectos más amplios de las relaciones internas del organismo organizado mediante el cual la Deidad realiza Sus Planes y Propósitos. Así como el médico entrenado, que es a la vez un sicólogo preparado (algo raro de hallar), examina el cuerpo humano y sus energías, así también el discípulo en 1as últimas etapas del Sendero capta los planes, propósitos e ideas materia­lizados de Dios.
Esto es sólo un endeble esfuerzo de mi intento de demostrar la vastedad del conocimiento que se requiere cuando un hombre comienza a emplear estos tres pensamientos simiente en la medi­tación. La estructura viviente al expresar las ideas, la compleja belleza de las relaciones internas dentro de ese expresivo Todo, la circulación de la energía que está desarrollando la Idea divina, los puntos de fuerza y focales de energía que actúan como usinas de poder y de luz dentro de ese Todo, le son revelados al hombre que se le ha permitido como alma meditar sobre la frase razón incluyente.
La razón a la que aquí se refiere es esa comprensión pura, intuitiva e infalible, que capta simultáneamente la causa y el efecto, y ve el por qué, de dónde y con qué fin se mueven todas las cosas. No es posible para el aspirante meditar sobre estas palabras y obtener gran beneficio, porque meditará como mente que aspira, no como alma. No importa cuán grande sea su esfuerzo, lo que absorberá más su atención será lo material y no el canon y el aspecto conciencia. Cuando haya alcanzado la etapa en que pueda meditar como alma y mente, incluyendo también la reacción cerebral, entonces comprenderá el propósito de estas palabras y considerará el símbolo, la interna viviente estructura y las emer­gentes ideas conscientes, captándolas en forma sintética y con simultaneidad de recepción, que me resulta imposible exponer en palabras.
Quizás se pregunten aquí de qué sirve escribir sobre estas cosas y decir todo lo que he dicho en este tratado. Responderé:
En la actualidad existen algunos seres humanos y habrá un cre­ciente número en las próximas dos décadas que -al captar la belleza de la idea presentada- serán instados por sus almas a trabajar hacia estos fines. Al hacerlo conseguirán elevar la con­ciencia de la entera familia humana.
La meditación empleada sobre los detalles sintéticos de la vida manifestada dará los siguientes resultados:


  1. La comprensión de la verdadera significación de la Luz y la revelación del significado de lo que se denomina en los libros esotéricos “el corazón del Sol”, punto interno de la vida de todas las formas manifestadas. Se verá que la iluminación de la mente será directa e infalible y usurpará el lugar de las actuales creencias y conocimientos teóricos.




  1. La imaginación creadora “arrojará luz”, en los lugares oscu­ros e inciertos, en el proceso creador incompleto. Entonces el hombre trabajará conscientemente en la luz como portador de Luz. Quizás lo que quiero significar surgirá con mayor claridad para algunos de ustedes si indico que el discípulo, por lo general, se ve a sí mismo como un punto intensificado de luz dentro de la luz del mundo, tratando de emplear esa luz (que en él es atómica, etérica y adquirida como alma) para llevar adelante el Plan.




  1. Esto necesariamente intensifica el servicio que se presta “a quienes están en los lugares oscuros”. El discípulo tratará de llevarles ante todo la luz del conocimiento y luego la Luz de la Vida. Mediten profundamente sobre esta diferencia.

Tal vez les parezca muy simple meditar sobre la frase atributos presentados, y muy fácil para el aspirante medio comprenderla y contemplarla. Quizás esta aparente simplicidad se deba a que ustedes no comprenden el significado y la significación de la palabra atributo.


La meditación de tercer rayo concierne esencialmente a las fuerzas inherentes, y los estudiantes harían bien en reconocer el hecho de que existen cualidades y atributos inherentes o innatos en el Todo divino, que aún no han sido revelados ni expresados, como tampoco lo fueron las tendencias divinas en la mayoría de los seres humanos. El hombre que está preparado para recibir la iniciación deberá ocuparse de estas energías misteriosas que sur­gen lentamente, pues será cada vez más consciente de ellas. Tiene que aprender a desempeñar la tarea de colaboración con esas gran­des Vidas que trabajan en los niveles amorfos, que se ocupan del desenvolvimiento interno aunque desconocido dentro del Todo, y que sólo pueden presentir y hacer contacto aquellos que están en o acercándose al Sendero de Iniciación. Existe un misterio den­tro del misterio. Los cuatro rayos menores o rayos de atributo, tienen que ver con los atributos que vienen definida y lentamente a la expresión y a la fructificación -conocimiento, síntesis, be­lleza, ciencia, idealismo y orden. Pero hay otros, en estado latente, muy detrás de la escena, que esperan el período y el momento apro­piados (si se puede hablar de estas cosas en términos modernos) y éstos son los temas de esta meditación superior. Sólo aquellos que se han liberado de la esclavitud de los sentidos pueden medi­tar verdaderamente en esta forma. Los atributos de la Deidad pueden dividirse en tres grupos principales:


  1. Los atributos que se van expresando -y surgen continua­mente-, de los cuales vamos siendo conscientes tales constituirán las principales cualidades y atributos del cuarto reino de la naturaleza cuando el ciclo evolutivo haya realizado su trabajo.




  1. Los atributos presentarlos son (empleando nuevamente la fra­seología humana) los que fueron presentados a la conciencia del discípulo avanzado, y el ser humano común es incapaz de interpretar y comprender, siendo atributos del Reino de las Almas que caracterizarán a ese reino en sus etapas finales; están latentes y pueden ser comprendidos y llevados a la actividad gradualmente por quienes pueden actuar como almas.




  1. Los atributos indefinidos son los percibidos por el Cristo, el Logos planetario y esas grandes Vidas de cuyas conciencias no tenemos el menor concepto (observen esta frase). No existen palabras para definir dichos atributos y es inútil hacer conjeturas respecto a su naturaleza ni cavilar sobre su significación. Están tan lejos de nuestra comprensión, como el sentido estético, la filantropía grupal y los estados mun­diales, lo están en la conciencia del salvaje aborigen.

Referente al problema de los “atributos presentados” podría decirse que caracterizan al alma y no pueden expresarse hasta que el alma sea conscientemente conocida y logre el constante control, lo cual podría ser comprendido si se pone mayor atención a la palabra Amor, que es uno de los atributos presentados, y le corres­pondió a un gran Avatar como el Cristo captar y presentar a la humanidad su significación. Tuvieron que transcurrir dos mil años para que este atributo presentado pudiera tomar tan sólo la forma que tiene en la conciencia de la familia humana, y quienes estu­diamos los asuntos mundiales sabemos muy bien cuán desconocido es el verdadero amor. Aún hoy, en relación con todos los habitantes del planeta, hay sólo un grupo muy pequeño (pocos millones sería un cálculo optimista) que tiene una incipiente comprensión de lo que realmente es el amor de Dios.


El Amor es el atributo presentado que se está manifestando actualmente. La Sabiduría empezó a emerger en la época del Buddha y fue el precursor específico del amor. La Síntesis es otro de los atributos presentados, y sólo ahora demanda reconocimiento -que sólo puede evocar la respuesta de los hombres más evolucionados, aunque han transcurrido siglos desde que Platón se esforzó por describir cuán completo es el Todo y’ la complejidad de las ideas que han aparecido como expresión de ese Todo. Los, grandes Reveladores de los emergentes atributos divinos tales como Platón, el Buddha o el Cristo, difieren radicalmente de otros avatares en el sentido de que están constituidos de tal modo que son puntos focales a través de los cuales puede surgir un nuevo atributo presentado como una forma mental y por lo tanto hacer un impacto definido en las mentes de los pensadores de la raza. Estos avatares son poseídos por el atributo, lo comprenden inteligentemente y son utilizados para introducirlo en la conciencia humana. Le sigue un extenso período de reajuste, desarrollo y surgimiento antes de que el atributo presentado se convierta en atributo expresado. Los pocos comentarios que anteceden pueden servir para simplificar el concepto sobre estos temas abstractos y dar una mejor idea del verdadero alcance de estas meditaciones avanzadas.
El resultado de emplear esta meditación sobre los atributos presentados será:


  1. Los atributos que se van expresando en cierta medida, alcan­zarán intensificada vivencia en la cotidiana expresión en la vida del discípulo y, en consecuencia, en la vida de aquellos con quienes entra en contacto, lo cual constituirá las piedras que le permitirán cruzar el río de la vida por el que podrán descender los nuevos atributos que se presentarán en las Personas destinadas a revelarlos eventualmente al hombre. Simbólicamente hablando, así como la meditación sobre la Razón Incluyente abre el camino al “corazón del Sol”, esta meditación atrae a ciertos agentes y fuerzas desde el “Sol central espiritual”, energías que hallan su punto focal por intermedio de algún Agente revelador. De este modo los pro­blemas de los Avatares o de los Mensajeros del Altísimo, los Principios Personificados y los Reveladores del Atributo Di­vino, llegarán paulatinamente a ser comprendidos en una nueva luz y captados y considerados como posibles metas para ciertos tipos de hombres.




  1. Este tema abre un amplio campo en el cual la imaginación creadora puede vagar y proveer una fuente fértil de expresión divina especializada. Cuanto más puro es el agente, mejor funcionará la imaginación, que es esencialmente la actividad planeada de la facultad de crear imágenes. Por su interme­dio los sutiles atributos y propósitos divinos pueden ser presentados en alguna forma a las mentes de los hombres y así, con el tiempo, llegar a la expresión material. Esto implica la más elevada sensibilidad, el poder de responder intuitivamen­te, la capacidad intelectual para interpretar lo que se pre­siente, la atención enfocada a fin de “hacer descender” a la manifestación las nuevas potencialidades y posibilidades de la naturaleza divina, la estabilidad organizada y la vida pura. Mediten sobre esto.




  1. A simple vista parecerá que el empleo de la imaginación creadora constituye en sí un campo definido para servir. El servicio más elevado que se puede prestar en este campo, del cual sabrán algo, es el servicio prestado por el Grupo de Con­templativos, vinculado con la Jerarquía planetaria interna, denominados en los libros antiguos Nirmanakayas. Se ocupan totalmente de la tarea de captación sensible, y se esfuerzan por expresar los atributos presentados, que algún día serán tan familiares a los hombres (por lo menos teóricamente), como los atributos de Amor, Belleza y Síntesis, se están expresando gradualmente en la actualidad. En un plano infe­rior, los que tratan de convertir las cualidades del alma en factores expresados en sus vidas, comienzan a realizar, en su propio nivel de conciencia, una tarea algo similar a la de los Divinos Contemplativos. Éste es un buen entrenamiento para el esfuerzo que tendrán que hacer a medida que se preparan para recibir la iniciación. Cuando ha sido dominada esta fácil lección (a muchos de ustedes les parecerá difícil) conduce inevitablemente a una mayor oportunidad para servir.

He dado suficiente información para pensar y reflexionar profundamente. He indicado una meta imposible de alcanzar ahora, pero que conduce oportunamente a esa absoluta fe que está basada en la visión y el conocimiento directos. He indicado brevemente las tres técnicas de Integración, Fusión y Dualidad, y he demos­trado cómo, por medio de ellas, pueden ser fusionados y mezclados los tres rayos de la Personalidad, del Ego y de la Mónada, hasta que sea revelada la Deidad, la esencial vida divina, y la Triplicidad materializada sólo pueda verse eventualmente como Unidad. A con­tinuación consideraremos algunos problemas de sicología, estudiándolos desde el punto de vista del alma.


3. ALGUNOS PROBLEMAS SICOLÓGICOS




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