Psicología Esotérica II



Descargar 1.74 Mb.
Página22/48
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño1.74 Mb.
Vistas1023
Descargas0
1   ...   18   19   20   21   22   23   24   25   ...   48
Primer Rayo:
El amor al poder debe prevalecer, pero también deben recha­zarse esas formas que no tienen poder.

La palabra surge del Alma y llega a la forma: ‘Levántate, ve hacia la vida, alcanza la meta. Para ti no debe haber un círculo sino Una línea’.

“Prepara la forma. Deja que los ojos miren adelante, no hacia los lados. Deja que los oídos se cierren a todas las voces externas y que las manos se crispen, y mantén también el cuerpo firme y la mente alerta. La emoción no se emplea para desarrollar el Plan. El amor lo reemplaza.

“El símbolo del punto movible de luz aparece sobre la frente. La tónica de la Vida, aún no emitida, se oye nítidamente: ‘Entro a ejercer poder. Yo soy el Uno. Somos una unidad en poder y todo es para poder y gloria del Uno’.”


Tal el canon del pensamiento y el proceso de la vida del hombre que pertenece al primer rayo, que trata ante todo de con­trolar su personalidad y luego dominar su medio ambiente. Su progreso reside “en el control obtenido, en ser controlado y, luego, en controlar nuevamente”. Al principio su móvil es una realización egoísta y separatista; luego debe compensar el fracaso. Entonces tiene lugar una realización superior, como resultado del servicio rendido al Plan, hasta que llega el momento en que Dios le confíe al hombre de primer rayo la tarea del Ángel Destruc­tor -el Ángel que trae vida mediante la destrucción de la forma. Dichas personalidades integradas son al principio despia­dadas, egoístas, ambiciosas, autocentradas, crueles, obstinadas, implacables, indesviables y se dan cuenta de las implicaciones, de las significaciones y de los resultados de la acción; pero al mismo tiempo son inconmovibles e indesviables para llevar ade­lante sus propósitos. Destruyen y derriban, a fin de elevarse a mayores alturas sobre los escombros de lo que han destruido. Se elevan, pisotean a otros hombres y también el destino de las per­sonas insignificantes. Integran lo que los circunda y lo convierten en instrumento de su voluntad, siguiendo adelante implacablemente de acuerdo a sus propias decisiones. Se verá que este tipo de hombre expresa dichas cualidades en todos los sectores de la vida y campos de actividad y constituye una fuerza destructora en su hogar, sus empresas o su nación.
Esto es posible porque el primer rayo ha integrado en esta etapa los vehículos de la personalidad y ha logrado controlarlos simultáneamente. El hombre actúa como un todo.
Este procedimiento y método de trabajo lo conduce con el tiempo a una etapa. de crisis, crisis basada en el hecho inalterable de su ser, o naturaleza esencialmente divina, que no puede sentirse satisfecha con el poder adquirido en un sentido personal y en el mundo material. El poder egoístamente empleado agota a quien lo utiliza y evoca el despliegue de poderes que le son antagónicos; así se lo destruye porque él ha destruido, se lo separa de sus semejantes, porque es de naturaleza retraída y separatista y está solo porque ha exclamado: “No aceptaré compañía, soy el uno solitario”.
Esta crisis de evocación lo conduce a un cambio interno que implica un cambio en su dirección, cambio de método y cambio de actitud. Estos tres cambios se describen en El Antiguo Comen­tario (donde se exponen estas técnicas) en los siguientes términos:
“Quien sigue una sola línea vuelve por ese camino. Retorna al centro de su vida y allí espera. Extiende sus brazos y exclama: No puedo sostenerme ni caminar solo. En esa posición se forma una cruz, y en esa cruz ocupa su lugar -con otros.”
El cambio de dirección lo hace volver al centro de su ser, el corazón; tiene lugar el cambio de método, porque en vez de ir adelante en línea recta espera pacientemente y trata de ser sen­sible. El cambio de actitud puede observarse porque tiende sus brazos a sus semejantes -el todo mayor- y así llega a ser incluyente.
Permaneciendo silencioso en el centro, buscando en sí mismo la respuesta a su medio ambiente, pierde de vista al yo, y la luz irrumpe en él. Es como si se corriera un velo. En esta luz se le revela primero la espantosa visión de lo que ha destruido. Entonces queda sujeto a lo que esotéricamente se denomina “la luz que sacude”. Lenta y laboriosamente y utilizando todo el poder de su personalidad alineada, demanda, en su desesperación, el poder de. su alma y se dedica exclusivamente a reconstruir lo que ha des­truido. En esta reconstrucción erige toda la estructura a un nivel más elevado y no alcanzado hasta entonces. esta es la tarea de los destructores, de quienes trabajan con las civilizaciones y en quienes se puede confiar que actuarán de acuerdo al Plan como agentes destructores.
Resulta interesante observar que cuando se ha llegado a esta etapa (la de reconstruir, tal como la entiende el hombre de primer rayo) pasará generalmente por cuatro encarnaciones, en las cuales será “el hombre que se halla en el centro”, punto focal de poder inamovible. Es consciente del poder adquirido mientras actuaba como destructor egoísta, pero es también consciente de su frus­tración y futilidad. Luego pasa por una vida en la que empieza a reorganizarse a sí mismo para emprender un tipo distinto de actividad; en estos casos poseerá una personalidad de tercero o séptimo rayo. En la tercera encarnación empieza a reconstruir, trabajando por medio de una personalidad de segundo rayo, hasta que en la cuarta vida puede actuar sin peligro mediante una per­sonalidad de primer rayo sin perder su equilibrio espiritual, si puede emplearse esta frase. Mediante este tipo de persona1idad puede manifestar su alma de primer rayo. porque el discípulo ha “recobrado el sentimiento, logrado la emoción divina y colmado de amor su corazón expectante”. En dichos casos el cuerpo astral pertenece por lo general al segundo rayo, el cuerpo mental al cuarto y el cuerpo físico al sexto. Esto tiende, naturalmente, a equilibrar o contrarrestar la intensidad de la vibraciones del primer rayo al cual pertenecen la personalidad y el alma. Du­rante la tercera vida de reorientación recibe la recompensa por haber vencido su egoísmo, entonces se le revelan aspectos del Plan.
Segundo Rayo:
“‘Nuevamente permanezco; un punto dentro de un círculo y no obstante, soy yo mismo’.

“Debe prevalecer el amor por el amor mismo, no el amor de ser amado. Debe predominar el poder de atraer; pero este poder debe algún día dejar de penetrar en los mundos de la forma. Primer paso que debe darse hacia una búsqueda más profunda.



“La palabra surge del alma y llega a la forma: ‘Libérate de todo lo que te circunda, pues nada contiene para ti, mírame a Mi. Soy el Uno que construye, sostiene y te impele hacia adelante y hacia arriba. Mírame con ojos de amor y busca el sendero que conduce desde el círculo externo hasta el punto. Yo, en el punto, sostengo. Yo, en el punto, atraigo. Yo, en el punto, dirijo, elijo y domino. Yo, en el punto, amo a todos, atrayéndolos al centro y marchando adelante con los puntos que avanzan hacia el gran Centro donde permanece el punto UNO. ¿Qué significa esta Palabra?’”
Con referencia al segundo rayo es conveniente recordar que todos los rayos sólo son subrayos del segundo rayo de Amor-Sabiduría. El Uno en el centro, el Cual es el “punto dentro del círculo” de manifestación, posee tres cualidades principales: vida o actividad de la forma, amor y poder de abstracción. Estas dos últimas cualidades de la Deidad nos conciernen en estas fórmulas y (respecto al segundo rayo) surgen las dualidades de atracción y de abstracción, ambas latentes y capaces de desarrollar una actividad perfecta en su propia esfera.
Llega un momento en la vida del aspirante en que comienza a considerar con asombro la significación de esa común actitud de no hallar satisfacción en las cosas familiares, ni atraerle la antigua vida en que deseaba las bien conocidas formas de existencia y de expresión. El tirón o poder atractivo del Uno que está en el centro (el verdadero Yo) también fracasa. Aún no se ha fami­liarizado con ese llamado. El aspirante queda insatisfecho, con un sentido cada vez más profundo de futilidad y vaciedad “pendiente en la periferia” del “divino círculo infranqueable” que él mismo ha establecido. Cuando se halla en tal punto y situación debe reflexionar sobre dicha fórmula y utilizarla.
Aquí podría intercalarse la pregunta, ¿cuál debe ser entonces el procedimiento y cuál su correcto empleo? Respecto a esto no es posible entrar en detalles, excepto indicar que todas las prácti­cas de meditación, vinculadas al sistema de Raja Yoga, tienen por objeto llevar al aspirante a un punto de tan intenso enfoque interno y alerta desapego mental, que estará en condiciones de poder emplear estas fórmulas con comprensión, de acuerdo a su tipo de rayo, con eficacia y poder. Su meditación le ha producido el necesario alineamiento. Por lo tanto, se ha establecido un camino o línea directa (hablando simbólicamente) entre el hombre pensador, meditativo y reflexivo, que se halla en la periferia de influencia del alma, y el alma misma, el Uno que está en el centro. La crisis de evocación tiene lugar cuando la línea de contacto, el antakarana, se ha establecido y reconocido, produciendo una crisis de intensa actividad, donde el hombre, en sentido oculto, “se aparta del punto más lejano de la periferia externa de la vida y se dirige terminantemente al Punto central”. Así lo expone El Antiguo Comentario a menudo citado en estas páginas.
Sólo se pueden exponer estas ideas en forma simbólica, de­jando que los misterios del alma sean captados por aquellos cuya influencia del alma llega a esa periferia, reconociéndola por lo que es. La crisis persiste generalmente durante largo tiempo, y se extiende aún más en el caso del aspirante que está en la línea de actividad de primer rayo. Sin embargo, una vez que el aspirante de segundo rayo ha comprendido y aprovechado la oportunidad y puede ver ante sí la línea que se extiende entre él y el centro, entonces “la luz irrumpe”.
Este período de crisis presenta un problema importante a los aspirantes avanzados de hoy, que evoca en consecuencia el interés de los siquíatras y sicólogos. En vez de tratar la dificultad como síntoma de progreso, como indicación de una etapa relativamente elevada en la escala evolutiva, y una razón para sentirse alentado, se la considera como una enfermedad de la mente y de la perso­nalidad. En lugar de considerarla como una condición que merece ser explicada y comprendida, aunque no implique verdadera pre­ocupación, se intenta obviar la dificultad eliminándola en vez de solucionarla, con lo cual, aunque la personalidad puede aliviarse temporariamente, el trabajo del alma queda paralizado y demorado durante ese ciclo particular de vida. Sobre este problema nos ocuparemos más adelante.
La luz revela, y la etapa de revelación le sigue. Esta luz en el camino produce visión y la visión se manifiesta como una:


  1. Visión de los defectos, ante todo. La luz revela al hombre, a sí mismo, tal como es, o como el alma ve a la personalidad.




  1. Visión del próximo paso a dar, que, una vez, dado, indica el procedimiento a seguir.




  1. Visión que descubre a quienes recorren el mismo camino.




  1. Vislumbre de “el Ángel de la Guarda”, tenue reflejo del Ángel de la Presencia o Ángel Solar, que acompaña a cada ser humano desde el nacimiento hasta la muerte y contiene toda la luz que el hombre, en un momento dado en el sendero de evolución, puede utilizar y expresar.




  1. Vislumbre fugaz (en momentos raros y elevados) del Ángel de la Presencia.




  1. Vislumbre del Maestro -en ciertos momentos y cuando se considera necesario- que pertenece al rayo grupal del hombre. Esto generalmente se clasifica en dos tipos de experien­cias y causas:

  1. En las primeras etapas y mientras está dominado por la ilusión y el espejismo hace contacto con una visión astral, o forma ilusoria en los planos de la ilusión y del espejismo. Por lo tanto esto no constituye una vislumbre del Maestro, sino su símbolo astral, o la forma construida por sus discípulos y seguidores consagrados.

  2. Se establece contacto con el Maestro Mismo. Esto tiene lugar cuando el discípulo ha efectuado la necesaria inte­gración de la triple naturaleza inferior.

En el momento de la “integración como resultado de la reve­lación” se produce la fusión del rayo de la personalidad con el rayo del ego. Esto lo consideraremos más adelante; pero aquí mencionaré un hecho que no se hizo resaltar suficientemente ni se ha dilucidado hasta ahora: que el rayo de la personalidad es siempre un subrayo del rayo egoico, así como los siete rayos mayores de nuestro sistema solar constituyen los siete subrayos del rayo cósmico de Amor-Sabiduría, o los siete planos de nuestro sistema son los siete subplanos del plano físico cósmico. Supon­gamos, por ejemplo, que el rayo egoico de un hombre pertenece al tercer rayo de inteligencia activa o de adaptabilidad, y que el rayo de su personalidad corresponde al segundo rayo de amor-sabiduría. Este rayo de la personalidad es e segundo subrayo del tercer rayo de inteligencia activa. Además pueden agregarse los siguientes rayos que rigen los tres vehículos de la personalidad:


{INCLUIR GRAFICO}
Hay un punto de valor que deben recordar y tratar de com­prender los verdaderos estudiantes. Reflexionen al respecto porque se explica por sí mismo y una comprensión de ello hará posible resolver los problemas de:


  1. El alineamiento.

  2. Las líneas de menor resistencia.

  3. Los procesos de sustitución.

  4. La alquimia de transmutación.

  5. Los campos donde se practica:

  1. El servicio.

  2. La evocación.

  3. La vocación.

Se evidenciará el desequilibrio si se estudia el gráfico y el hombre puede llegar a comprender lo que debe hacer. Un estudio de las dos fórmulas de los rayos primero y segundo pondrá en claro por qué en la humanidad (y también en el sistema solar) estos dos rayos mayores están siempre tan íntimamente asociados, y por qué todas las escuelas esotéricas del mundo son predominantemente expresiones de ambos rayos. En cierta etapa del sendero los rayos que rigen al cuerpo mental cambian su enfoque en los rayos primero y segundo, haciéndolo por conducto del tercer rayo. Este rayo se halla en la misma posición, respecto a los otros rayos, que el centro plexo solar respecto a los otros seis centros, pues constituye un gran centro de distribución. El primer rayo penetra, atraviesa y traza la línea por la cual llega la Luz. El segundo rayo es el portador de Luz y complementa el trabajo del primero. Un estudio de la actividad y la colaboración de los Maestros M. y K. H. servirá para aclarar esto. El trabajo que realizan es indis­pensable para ambos, así como la vida y la conciencia son mutua­mente indispensables, y sin ellas la forma resultaría inútil.


Tercer Rayo:
“‘Manejando los hilos de la Vida permanezco enredado en mí ilusión autocreada. Circundado por la trama que he tejido, no veo nada más’.

“El amor a la verdad debe prevalecer. No el amor a mis propios pensamientos o a mis ideas o formas; debe controlar el amor a los procesos ordenados, no el amor a mi desenfrenada actividad.

“La palabra surge del alma y va a la forma; ‘aquiétate, apren­de a permanecer silencioso, tranquilo y sin temor. Yo en el Centro Soy.

“Mira arriba en una sola línea y no a lo largo de las muchas que has tejido en el transcurso de eones. Éstas te mantienen prisionero. Manténte quieto, no te precipites de un lado a otro, no te dejes en­gañar por las formas externas y por aquello que desaparece. Tras las formas se encuentra el Tejedor, que teje silenciosamente’.”


Este silencio impuesto produce el verdadero alineamiento. No es el silencio de la meditación sino el de vivir. El aspirante que pertenece al tercer rayo tiene propensión a malgastar mucha ener­gía para perpetuar las formas ilusorias de las cuales se rodea continuamente. ¿ Cómo puede alcanzar su meta si está incesante­mente corriendo de aquí para allá, tejiendo, manipulando, pla­neando y arreglando? Así no llega a ninguna parte. Se ocupa continuamente de alcanzar un objetivo distante; se preocupa de lo que se materializará en un futuro lejano e indefinido y nunca logra alcanzar el objetivo inmediato. Frecuentemente es la expre­sión y el ejemplo de las energías malgastadas. Teje para el futuro, olvidando que lo poco que ha tejido es una parte insignificante de un gran Todo y que el tiempo puede intervenir y frustrar -debido al cambio de circunstancias- sus planes cuidadosamente preparados y los sueños de los primeros años. Por lo tanto el resultado es futilidad.
A fin de contrarrestarlo, debe permanecer tranquilo en el centro y (por un tiempo) dejar de tejer; ya no debe crear opor­tunidades para sí mismo, sino -enfrentar las que se le presentan (lo cual es algo muy distinto)- dedicándose a la necesidad que debe satisfacer. Esto es algo muy diferente y pone en actividad una sicología muy distinta. Cuando puede hacer esto y está dis­puesto a lograr la divina ociosidad (desde el punto de vista de la actitud ilusoria del tercer rayo) descubrirá que ha logrado súbi­tamente el alineamiento. Este alineamiento produce, lógicamente, una crisis que se caracteriza por:


  1. Un estado de profunda angustia, un período de dificulta­des y de verdadera preocupación, pues surge en su con­ciencia la idea de cuán relativamente inútil es su tejido y sus manipuleos y cuán serio es el problema que presenta a otros Tejedores.




  1. Un estado que podría definirse como la determinación de mantenerse en el ser espiritual y comprender la signifi­cación del antiguo aforismo, dado frecuentemente a los aspirantes de tercer rayo:

“Cesa tu quehacer. No entres en el Sendero hasta que hayas aprendido el arte de permanecer quieto. Observa a la araña, hermano, que no se enreda en su telaraña como te enredas tú en la tuya”.


Esta crisis trae comprensión, la cual como muchos sabrán, es un aspecto de la luz. El aspirante entonces empieza poco a poco a trabajar con el Plan tal como es, y no como cree que es. A medida que trabaja le llega la revelación y ve con claridad lo que tiene que hacer. Por lo general implica, ante todo, desenredarse y liberarse de sus propias ideas, proceso que toma mucho tiempo y puede ser comparable al tiempo que pierde en construir el milenario espejismo. El aspirante que pertenece al tercer rayo aprende con más lentitud que el de segundo rayo, así como el aspirante de primer rayo aprende con más rapidez que el de segundo. Sin embargo, cuando ha aprendido a estar quieto y en silencio, puede llegar a su meta con mayor rapidez. El aspirante de segundo rayo debe alcanzar el silencio que reina siempre en él corazón de una tormenta o en el centro de un remolino. El aspi­rante de tercer rayo debe obtener ese silencio que es similar a las aguas de un tranquilo estanque, lo cual le es muy desagradable.
Cuando lo ha aprendido entonces tiene lugar la integración, y está preparado para desempeñar su parte.
Es interesante observar que el primer resultado del empleo de estas tres fórmulas puede resumirse en una sola palabra, en bien de la claridad, palabras que encierran los primeros y más sencillos pasos en el camino de la unificación. Incluyen los aspec­tos más simples de la técnica necesaria.
Primer Rayo Inclusión.

Segundo Rayo Centralización.

Tercer Rayo Silencio.
Lo que antecede será suficiente para definir las técnicas de integración de los tres rayos mayores. Ahora trataremos las fórmulas que encierran las técnicas de integración de los cuatro rayos menores y observaremos las posibilidades que éstos pueden presentar. Acentuaremos, respecto a cada uno, las mismas cinco etapas de la técnica que estamos estudiando:


  1. El Alineamiento.

  2. La Crisis de Evocación.

  3. La Luz.

  4. La Revelación.

  5. La Integración.

Al mismo tiempo debemos tener presente que el alineamiento que tratamos corresponde a una forma de expresión, y esto se alcanza mediante la disciplina, la meditación y el servicio. Estas técnicas de integración se refieren, sin embargo, al establecimiento de la continuidad de conciencia dentro de las formas alineadas. Por lo tanto, en estos casos comenzaremos con el alineamiento, pero no terminaremos allí.


Cuarto Rayo:
“‘Me encuentro a medio camino entre fuerzas opuestas. Anhelo armonía, paz y belleza como resultado de la unidad. Veo a ambas. Veo nada más que fuerzas opuestas alineadas, y yo, el uno, permanezco en el centro del círculo. Demando paz. Mi mente está decidida a lograrla. Busco la unicidad con todos, sin embargo, la forma divide. Por todos lados enfrento guerra y separatividad. Permanezco solo y lo estoy. Sé demasiado’.

“El amor por la unidad y el amor por la paz y la armonía deben predominar. Pero no el amor basado en el anhelo de alivio y de paz para el yo y la unidad, porque contiene lo que agrada.


“La palabra va del alma a la forma. ‘Ambos bandos son uno, no hay guerra, diferencia ni aislamiento. Las fuerzas bélicas parecen luchar desde el punto en que te encuentras. Avanza un paso. Ve verda­deramente con el ojo abierto de la visión interna y descubrirás no dos, sino uno, no la guerra sino la paz, no el aislamiento sino un corazón que descansa en el centro. Así brillará la belleza del Señor. La hora ha llegado’.”
Debería recordarse que el cuarto rayo es preeminentemente el rayo de la cuarta Jerarquía creadora, el reino humano, y tiene por consiguiente, un vínculo peculiar con las funciones, relaciones y servicio del hombre como grupo intermediario, grupo de enlace en nuestro planeta. La función de este grupo intermediario con­siste en personificar cierto tipo de energía, la de la unificación, fuerza esencialmente sanadora que conduce a todas las formas a la perfección final por el poder de la vida inmanente, con la cual llega a unificarse perfectamente. Esto es producido por el aspecto alma o conciencia, cualificado por el rayo en cuestión. La relación de la familia humana con el esquema divino, tal cual existe, pone en estrecha armonía los tres reinos superiores de nuestro planeta y los tres reinos inferiores de la naturaleza, sirviendo así como centro de distribución de la energía divina. El servicio que la humanidad debe prestar, consiste en producir la unidad, la armonía y la belleza de la naturaleza, por la fusión del alma de todas las formas en una unidad funcionante y relacionada. Al principio se logra individualmente, luego en forma grupal y, finalmente, se manifiesta por medio de un reino de la naturaleza. Cuando esto sucede la cuarta Jerarquía creadora será controlada predominan­temente por el cuarto rayo (con esto quiero significar que la mayoría de sus egos tendrán personalidades de cuarto rayo, que facilitará la tarea de lograr la fusión) y la conciencia de sus entes evolucionados funcionará normalmente en el cuarto plano de la energía búdhica, o la percepción intuitiva.
La comprensión de esto proporcionará el incentivo adecuado para lograr el alineamiento. Este alineamiento o sentido de uni­cidad, no es en manera alguna una realización mística ni lo que pone al místico en armonía con la divinidad. El místico tiene el sentido de dualidad. No es el sentido de identificación que carac­teriza al ocultista, pues en esa identificación existe la percepción de la individualidad, aunque corresponda a un individuo que puede fusionarse a voluntad con el todo. Constituye una conciencia casi indefinible de fusión grupal con el gran todo y no la fusión indi­vidual con el todo. Hasta que esto no se experimenta, resulta casi imposible comprender, mediante las palabras, su significación y significado. Es el reflejo, si puedo expresarlo así, de la conciencia nirvánica; quisiera que observaran que digo reflejo, no conciencia nirvánica.



Compartir con tus amigos:
1   ...   18   19   20   21   22   23   24   25   ...   48


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos