Psicología Esotérica II



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  1. Su desarrollo es similar al proceso que se efectúa desde “el capullo cerrado hasta el loto abierto” y tiene lugar en el período evolutivo común.




  1. Los pétalos del loto llegan a ser vibrantes y vívidos. Ésta es la etapa de integración de la personalidad.




  1. El corazón del loto, “la joya en el loto”, comienza también a actuar vívidamente. Éste es el período que corresponde a las etapas finales del Sendero.

El proceso del desarrollo se produce mediante cinco crisis del despertamiento, de modo que tenemos un proceso triple y un movimiento quíntuple:





  1. Los centros que están abajo del diafragma son los factores controladores y dominantes. La etapa del denso materialis­mo, del deseo inferior y del impulso físico, se halla en plena expresión. Esto llegó a su máximo desarrollo en la raza Le­muriana, donde el centro sacro era el factor controlador.




  1. Dichos centros entraron en plena actividad adquiriendo ma­yor énfasis el centro plexo solar, el cual oportunamente se convierte en el gran centro de distribución de todas las fuer­zas inferiores y marca el periodo de cambio a un cuerpo superior, el astral. Ésta fue la característica del desarrollo ra­cial atlante.




  1. El despertar del centro laríngeo y la trasferencia de gran parte de la energía inferior a la actividad laríngea. El cen­tro ajna comienza a activarse produciendo personalidades integradas y creadoras. Esta etapa es característica de la actual raza aria.




  1. El despertar del centro cardíaco y la trasferencia de la ener­gía del plexo solar a dicho centro, trae la formación de gru­pos y permite introducir un sentido nuevo y más pleno de energía espiritual. Entonces el énfasis pasa a esos contactos de percepción que revelan el reino de Dios, y el quinto reino de la naturaleza llega a ser activamente creador en la tierra. Esta será la característica de la conciencia de la próxima gran raza.




  1. El despertar del centro coronario, con el consiguiente desper­tar del fuego kundalini en la base de la columna vertebral. Esto lleva a la integración final del alma y el cuerpo, y a la aparición, en la tierra, de una humanidad perfecta, que expresará la naturaleza de la última raza.

No olviden que siempre hay quienes expresan la característica de uno de estos distintos estados de conciencia. Muy pocos en la tierra, en la actualidad, son capaces de expresar un estado inferior de tan relativo desarrollo como el de la conciencia lemuriana. Son pocos también, en el otro extremo del Camino, los que expresan la perfección divina; entre estos dos extremos se encuentran todos los grados posibles de desarrollo y desenvolvimiento.


El hombre es, por lo tanto (desde el punto de vista de la expresión de la fuerza), un conglomerado de energías antagónicas y un activo centro de fuerzas en movimiento, que cambia constantemente su enfoque y contiene además numerosas corrientes de energía que presentan una confusa variedad de interrelación activa, interpenetración, lucha interna e interdependencia, hasta el momento en que las fuerzas de la personalidad (símbolo de la divina multiplicidad) son subyugadas o “aplacadas” por el alma dominante. Esto es lo que lealmente se quiere significar al emplear la palabra alineamiento, que es el resultado de:


  1. El control que ejerce el alma sobre la personalidad.




  1. El descenso de la energía del alma al cerebro, por conducto de los cuerpos mental y emocional, produciendo así la sub­yugación de la naturaleza inferior, el despertamiento de la conciencia cerebral a la percepción del alma, y un nuevo alineamiento de los cuerpos.




  1. El correcto ordenamiento, de acuerdo al tipo de rayo, de las energías que animan y despiertan dinámicamente los centros a la actividad. Esto conduce eventualmente a que se efectúe un alineamiento directo de los centros de la columna verte­bral, para que la energía del alma pueda ascender y descender a través de los centros desde el centre rector de la cabeza. Mientras se perfecciona este proceso a fin de que controle el alma (el período de tiempo, desde el punto de vista de la conciencia limitadora de la personalidad, es muy extenso), el tipo de rayo al cual pertenecen los vehículos aparece constantemente, y el rayo de la personalidad comienza a controlar la vida; finalmente, el rayo del alma empieza a dominar al de la personalidad y a subyugar su actividad.

Con el tiempo, el rayo monádico asume el control, absorbiendo en sí mismo el rayo de la personalidad y el del alma (en la tercera y quinta iniciaciones) y así definitivamente se subyuga la cualidad y “permanece sólo Aquel Que Es”.


Ahora me ocuparé de la coordinación de la personalidad y de las tres técnicas mencionadas previamente, las técnicas de inte­gración, fusión y dualidad. Luego consideraré algunos de los pro­blemas que tiene que enfrentar la sicología, provenientes de los cambios efectuados en la conciencia, de la intensificación de la recepción de energías a través de los centros y de la afluencia del poder del alma. Esto nos llevará a un punto de este Tratado, en que se habrán considerado en cierta medida los rayos y el ser humano, y donde oportuna y ventajosamente podremos ocuparnos del tercer punto que corresponde al Rayo de la Personalidad, cuyo tratamiento estamos finalizando. Su estudio concierne a la educa­ción, al entrenamiento sicológico de aspirantes y discípulos y a las tendencias que surgen de la nueva sicología esotérica.
2. LA COORDINACIÓN DE LA PERSONALIDAD
Consideramos, aunque superficialmente, el hecho de que el ego se apropia de las formas mediante las cuales puede expresarse en los distintos niveles de manifestación divina. Se ha observado que tales formas, a su debido tiempo, personifican la voluntad y el propósito de su interno Morador divino Este Morador interno es el alma. A medida que el ciclo evolutivo sigue su curso tienen lugar tres desarrollos:


  1. Las formas a través de las cuales ella se expresa, se desarro­llan poco a poco como resultado de:

  1. Encarnaciones sucesivas.

  2. El impulso y la consiguiente actividad del deseo.

  3. La interpretación de la experiencia que se intensifica y llega a ser más correcta y adecuada a medida que pasa el tiempo.




  1. El yo interno, identificado con la naturaleza forma:

  1. Llega a ser poco a poco consciente y, en consecuencia, inteligentemente activo en los tres mundos de la evolución humana.

  2. Cambia su foco de atención sucesivamente de un cuerpo a otro, pasando conscientemente a estados cada vez más elevados de conciencia, hasta que el Sendero de Persecu­ción se convierte en el Sendero de Retorno, y el deseo de identificarse con la forma se convierte en aspiración por lograr la autoconciencia. Más tarde se obtiene la identi­ficación con el Yo en su propio nivel de conciencia.

  3. Se reorienta, y así en sentido oculto “abandona lo que hasta entonces le parecía deseable y aspira alcanzar aquello que hasta entonces no había percibido”.




  1. En el proceso evolutivo el aspirante pasa por una etapa intermedia en que la “divina atracción” reemplaza a la atracción que ejercen los tres mundos; esta etapa se desarrolla en cinco partes:

  1. El período en que se da cuenta de la dualidad y de la falta de control.

  2. El período en que se afirma el autocontrol mediante el siguiente proceso:

  1. La descentralización.

  2. La comprensión de la tarea que debe realizar.

  3. La investigación, por el divino Observador, respecto a la naturaleza de la vida de la forma.

  4. La divina expresión, comprensivamente aplicada, por medio de la forma.

  1. El período en que tiene Jugar el alineamiento y (mediante la comprensión y la práctica) la forma se subordina gra­dualmente a los requisitos del Yo, comenzando a trabajar al unísono con éste.

  2. El período en que las formas se van alineando a intervalos cada vez más frecuentes, son:

  1. integradas en una personalidad activa y funcionante;

  2. arrastradas por el poder de su vida personal dominante o integrada;

  3. controladas gradualmente por el Yo y fusionadas en un instrumento para servir eficientemente al mundo; 4. unificadas, en intención y propósito, con el alma.

  1. El período en que el rayo de la personalidad y el del alma se fusionan en una sola energía, y el rayo de la persona­lidad se convierte en una cualidad del alma, complemen­tario del rayo del alma, posibilitando el desarrollo del propósito del alma en los tres mundos.

Así es como progresamos, y de este modo forma y conciencia, apariencia y cualidad, se unen y se alcanza la unidad divina, dando fin a la dualidad sentida hasta entonces, que ha obstaculizado al aspirante.


Dos puntos de este tema justifican su estudio. Uno abarca el proceso del pasado ciclo evolutivo que durante su transcurso ha llevado al aspirante a presentir la dualidad, la consiguiente lucha y la apenas lograda reorientación hacia la realidad. Este período, para los propósitos actuales, ha sido adecuadamente descrito por las ciencias exotérica y esotérica. El otro es el período de per­fección final, alcanzado como resultado del esfuerzo. Un período ha quedado muy atrás y la humanidad inteligente ha avanzado mucho hacia el período de comprensión; el otro pertenece al futuro -nos limitaremos a estudiar la tarea del aspirante al reorientarse en el Sendero de Probación, a medida que va percibiendo acrecentadamente el mundo de los valores superiores y la existencia del Reino de Dios. En este sendero presiente su dualidad en forma casi angustiosa y comienza a ansiar la unidad. Tal es la tarea que debe realizar hoy un vasto número de aspirantes mundiales. El deseo por esta reorientación es tal, que ha producido la actual perturbación mundial, y es fuente espiritual de la causa específica de los conflictos ideológicos que hoy se desarrollan en todos los países.
Ahora entraremos a analizar el trabajo de los discípulos del mundo que, habiéndose esforzado por lograr la reorientación deseada, han aprendido que la necesidad fundamental es integrar la personalidad y establecer contacto o fusión con el Yo, el ego o alma. Sería conveniente tener presente estas tres etapas, pues la mayoría de los problemas sicológicos modernos se deben a:


  1. Los procesos de reorientación con los consiguientes trastornos y desórdenes de la personalidad.




  1. El proceso de integración que se desarrolla en la naturaleza inferior de la humanidad inteligente, conduciendo inevitable­mente a la dualidad y al conflicto.




  1. La fusión consciente de la personalidad y el alma, con sus efectos fisiológicos y personales, produciendo los problemas y dilemas sicológicos del aspirante y del discípulo muy evolu­cionado. En esta etapa se acrecienta el así llamado “mal de los místicos”.

Trataremos también, aunque muy brevemente, los esfuerzos que realiza el iniciado a medida que trabaja por medio de y con el mecanismo subyugado de la personalidad para servir al Plan. El iniciado a su vez -utilizando el alma y el cuerpo en forma unida y alineada- se va dando cuenta gradualmente de una síntesis aún más elevada, Después de la tercera iniciación empren­de un renovado esfuerzo para producir una fusión e integración más incluyente -esta vez con la mónada o el aspecto vida. Sobre esta última etapa poco puede decirse que sea de valor. La ense­ñanza que sería ininteligible para un iniciado de tercer grado, resultaría inútil e incomprensible hasta para el discípulo altamente integrado e inteligente, especialmente cuando tal enseñanza es necesario darla por medio de símbolos muy abstractos y compli­cados, que requieren un cuidadoso análisis e interpretación. Nin­guna de estas enseñanzas superiores se imparte por medio de palabras, habladas o escritas.


a. SIETE TÉCNICAS DE INTEGRACIÓN
Consideraremos ahora las siete técnicas de integración, recor­dando que trataremos la integración de la triple naturaleza infe­rior en una personalidad activa y consciente, antes de fusionarse en una unidad con el alma. Debemos recordar que tratamos aquí el aspecto conciencia de la manifestación y su captación y la valorización del propósito y de la verdad. Tendemos siempre a pensar en la forma y en la actividad de la forma; es necesario repetir una y otra vez la necesidad de pensar en términos de conciencia y percepción, que conducen a una comprensión eventual. Cuando se captan el propósito y la verdad, se ponen en conflicto directo la voluntad de la personalidad (el individuo separatista regido por la mente concreta y analítica) y la voluntad del alma, que cons­tituye la voluntad de la Jerarquía de Almas, el Reino de Dios. En el cuarto reino o humano, el factor que controla es el deseo, que se convierte en aspiración. En el quinto reino, el espiritual, el factor que controla es el propósito divino o la voluntad de Dios. Entonces hallamos que este propósito, libre de lo que llamamos deseo, está motivado por el amor, expresado por la devoción y el servicio y llevado a su plena expresión en el plano físico.
Lógicamente como podrá suponerse, existe una técnica para cada uno de los siete rayos. El rayo del ego o alma, adormecido en las primeras etapas dentro de la forma, aplica ocultamente estos métodos de integración. El alma es esencialmente el factor integrador y se manifiesta, en las primeras e inconscientes etapas, como el poder coherente del principio vida que mantiene unidas las formas en encarnación. En etapas posteriores y conscientes, manifiesta su poder aplicando los métodos de controlar y unificar a la personalidad, métodos que el hombre no puede aplicar ni disponer de ellos hasta que su personalidad se haya integrado. Con frecuencia esto se olvida, aunque los hombres reclaman los derechos que otorga el discipulado y los poderes que confiere la iniciación antes de llegar a ser una personalidad integrada. Esto ha conducido al desastre, desacreditando toda la cuestión del dis­cipulado y de la iniciación.
Resulta difícil explicar en forma comprensible y fácil la naturaleza y el propósito de estas técnicas; sólo es posible indicar las técnicas de los siete rayos a medida que se aplican a los cuerpos del hombre inferior cuando se alinean rápidamente. Para mayor claridad y comprensión de su significado, dividiremos este tema en dos partes. Primero, la técnica que pertenece al aspecto de primer rayo y se aplica a la naturaleza forma, trayendo des­trucción mediante la cristalización. Esto trae la “muerte de la forma” para que pueda “resucitar y vivir nuevamente”. Segundo, la técnica que pertenece al aspecto de segundo rayo trae la recons­trucción, reabsorción y reconocimiento de la forma mediante la luz que se proyecta alrededor, en y sobre la personalidad. En esa luz el hombre ve la Luz y, oportunamente, se convierte en un portador de luz.
Lo que diré respecto a cada rayo y al trabajo que cada uno de ellos realizan para integrar las personalidades de quienes per­tenecen a ellos, lo impartiré por medio de una fórmula de inte­gración. La clasificaré en dos partes, las cuales tratarán esos procesos que, en tiempo y espacio, producen la integración de la personalidad.
Las palabras que describen el proceso en cada caso son: Alineamiento, Crisis, Luz, Revelación e Integración. Bajo el en­cabezamiento de cada rayo tenemos:


  1. La fórmula de integración.




  1. La dual aplicación de la destrucción y de la reconstrucción, con una breve indicación del proceso y del resultado.




  1. La etapa final del proceso donde el hombre

  1. alinea los tres cuerpos;

  2. pasa por una crisis de evocación, que según el Baghavad Gita, se “manifiesta por el poder mágico del alma”;

  3. entra en una faz de la luz, donde el hombre ve claramente el paso siguiente a dar;

  4. recibe la revelación del Plan y de lo que debe hacer en conexión con éste;

  5. integra los tres cuerpos en un todo sintético, estando, por lo tanto, preparado para aplicar la Técnica de la Fusión apropiada a su tipo de rayo.

Esto nos conduce al segundo punto, que concierne a la Técnica de la Fusión y a la entrada en actividad del rayo de la personalidad.


¿ Que significa el término Integración? Tendemos a pronun­ciar palabras superficiales en forma irreflexiva e inexacta, pero debido a que tratamos el desarrollo que va prevaleciendo acre­centadamente en el campo humano, sería de valor que lo definiera brevemente y tratara de hacerles comprender una o dos de sus principales implicaciones. La integración debe considerarse como un paso esencial antes de pasar (en plena conciencia vigílica) al quinto reino o espiritual. Consideramos al cuerpo físico como un conjunto activo de órganos físicos, que tiene cada uno su propios deberes y propósito y cuando están combinados y actúan el uní­sono constituyen un organismo viviente. Muchas partes forman un todo, funcionando bajo la dirección del Pensador consciente e inteligente, el alma, en lo que al hombre respecta. Al mismo tiem­po esta forma consciente va llegando paulatinamente a un punto en que es deseable integrarla en un todo mayor, lo que finalmente se logra también en la conciencia vigílica. Este proceso de asimilación consciente se lleva a cabo progresivamente, integrando gra­dualmente la parte, desde la familia, la nación, el orden social, la civilización actual, el mundo de las naciones y por último la huma­nidad misma. Por lo tanto, esta integración es de naturaleza física y también una actitud mental. La conciencia del hombre se despierta gradualmente para que reconozca esta relación de la parte con el todo, y la implícita interrelación de todas las partes dentro de la totalidad.
El hombre que ha llegado a ser plenamente consciente de los distintos aspectos de su naturaleza emocional, mental y egoica, se da cuenta ante todo que él es una personalidad. Integra sus di­versos cuerpos con sus diferentes estados de conciencia en una activa realidad. Entonces llega a ser una personalidad definida y ha pasado un importante jalón en el Sendero de Retorno. Éste es el primer gran paso. El proceso evolutivo inevitablemente producirá este acontecimiento fenoménico en todos los seres humanos, pero puede producirse (y hoy sucede en forma acrecentada) si se de­dica mentalmente a planear la tarea y a considerar inteligente­mente la relación entre la parte y el todo. Se verá así que la per­sonalidad, estrictamente egoísta y material, llegará con el tiempo a esa situación en que el hombre será consciente de la actividad y el poder integrado, porque habrá:


  1. Desarrollado e integrado en un todo sus propias partes separadas.




  1. Estudiado y utilizado su medio ambiente, o ese todo del cual su personalidad es sólo una parte, de tal modo que contri­buirá a lograr su deseo y triunfo y llegará a destacarse. Al lograrlo habrá hecho necesariamente una contribución vital al todo, a fin de evocar su poder integrador. Sin embargo, por ser su móvil puramente egoísta y su objetivo materia­lista, sólo podrá conducirlo hasta cierta distancia en el sen­dero de la integración superior.

El hombre altruista, orientado espiritualmente, también integra los diversos aspectos de sí mismo en un todo funcionante; pero el foco de su actividad consiste en contribuir no en adquirir, y me­diante la actuación de la ley superior, la Ley del Servicio, se integrará en la civilización prevaleciente, no sólo como un ser humano sino también en ese más amplio y más incluyente mundo de actividad consciente denominado Reino de Dios.


La humanidad progresa de una realizada integración tras otra; sin embargo la integración básica del hombre se logra en el reino de la conciencia. Este enunciado es importante. Podría decirse, hablando superficial y generalmente, que:


  1. En la época de Lemuria, la humanidad logró la integración del cuerpo vital o etérico, con el cuerpo físico.




  1. En la época Atlante, la humanidad agregó otra parte a la síntesis ya alcanzada, la naturaleza astral, y el hombre síquico vino definitivamente a la existencia. Vivía y al mismo tiempo era sensible y respondía a su medio ambiente en un sentido más amplio y específico.




  1. Hoy, en nuestra raza Aria, la humanidad está abocada a la tarea de agregar otro aspecto, el de la mente. A las cualidades de vivencia y sensibilidad alcanzadas el hombre va agregando rápidamente la razón, la percepción mental y otras cualidades de la mente y de la vida mental.




  1. La humanidad evolucionada que se halla en el Sendero de Probación está fusionando esos tres aspectos divinos en un todo denominado personalidad. Millares de individuos recorren hoy ese Sendero y actúan, sienten y piensan, simultáneamente, convirtiendo estas funciones en una sola actividad, síntesis de la personalidad que se logra en el Sendero del Discipulado, bajo la dirección de la entidad que mora internamente, el hombre espiritual. Esta integración significa alineamiento y -una vez realizado- pasa eventualmente por un proceso de reorientación, el cual le revela, mientras va cambiando lenta­mente su orientación, el Todo aún mayor, la humanidad. Más tarde en el Sendero de Iniciación aparecerá ante su visión el Todo, del cual la humanidad misma es solo una expresión. Éste es el mundo subjetivo de la realidad, en el cual comen­zarnos a entrar en forma definida, a medida que nos hacernos miembros del Reino de Dios.




  1. En el Sendero de Probación, el hombre empieza a servir conscientemente a la humanidad aunque lo hace únicamente durante las últimas etapas a través de su personalidad in­tegrada, y de esta manera la conciencia de un todo mayor y más amplio reemplaza gradualmente a su conciencia individual y separatista. Sabe que él es sólo una parte.




  1. En el Sendero del Discipulado el proceso de integrarse al Reino de Dios, el Reino de las Almas, continúa hasta recibir la tercera iniciación.

Estas distintas integraciones se desarrollan mediante cierto tipo de actividad definida. Primero, tenemos el servicio que presta la personalidad egoísta y separatista, cuando el hombre sacrifica muchas cosas para satisfacer su propio deseo. Luego viene la etapa en que se sirve a la humanidad, y finalmente el servicio que se presta al Plan. Sin embargo, la integración de la cual nos ocu­paremos principalmente al estudiar las siete Técnicas de Integra­ción, será la de la personalidad a medida que se integra al todo, del cual es parte, mediante el servicio que presta a la raza y al plan. Téngase en cuenta que estas técnicas de rayo son impuestas por el alma. a. la personalidad después que ella se ha integrado parcialmente en una unidad funcionante y, en consecuencia, comienza a responder ligeramente al alma, o Inteligencia rectora.





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