Psicología Esotérica II



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LOS PARES DE OPUESTOS

1. En el plano físico las fuerzas densas y las etéricas.

Nos enfrentamos con ellas en el Sendero de Purificación.

2. En el plano astral las dualidades ya conocidas.

Nos enfrentamos con ellas en el Sendero del Discipulado.

3. En el plano mental el Ángel de la Presencia y el Morador en el Umbral.

Nos enfrentamos con ellos en el Sendero de la Iniciación.
b. DESARROLLO Y ALINEAMIENTO DE LOS CUERPOS
Después de estas observaciones preliminares, podemos abo­carnos al estudio de la clasificación anterior, sobre el método que emplea el alma para apropiarse de los distintos cuerpos, en qué forma se desarrollan e interrelacionan y, finalmente, cómo se establece la coordinación y el alineamiento. La última parte de la clasificación fue delineada de tal modo que muchos de los pro­blemas que enfrenta hoy el sicólogo pueden ser tratados desde el punto de vista esotérico, y quizás se vierta alguna luz sobre ellos.
En la actual literatura ocultista el estudiante atento llegará a la conclusión de que el énfasis ha sido puesto en el proceso por el cual el ego o alma, atrae hacia sí a la forma, utilizando para ese propósito una unidad mental y dos átomos permanentes, introduciéndose así en los tres mundos de la experiencia humana. Se le ha dado importancia inmediata a la materia, o mejor dicho al aspecto sustancia. De allí que este tema fue tratado en mis primeros libros, pues están destinados a servir de enlace entre las antiguas “técnicas de comprensión” y el esoterismo que la nueva era fomentará. Sin embargo, debemos tener en cuenta dos cosas:


  1. Que los términos “unidad mental”, “átomo permanente”, etc., son simplemente modos simbólicos de expresar una verdad difícil. Lo cierto es que el alma está activa en los tres planos inferiores y constituye un tipo de energía que actúa en un campo de fuerza, produciendo así cierta clase de actividad.




  1. Que los átomos permanentes no son realmente átomos, sino simples puntos focales de energía que poseen poder suficien­te para atraer y mantener unida coherentemente la sustan­cia requerida por el alma, con la cual creará una forma de expresión.

El alma constituye un centro de experiencia en la vida de la mónada; los cuerpos inferiores son centros de expresión en la vida del alma; a medida que la conciencia del hombre se transfiere constantemente a los cuerpos superiores, mediante los cuales pue­de llegar a expresarse, el alma gradualmente llega a ser el centro principal de experiencia en la conciencia, y los centros inferiores de experiencia (los cuerpos inferiores) tienen una importancia cada vez menor. El alma adquiere menos experiencia a través de ellos, pero los utiliza cada vez más para servir.


Esta misma idea puede aplicarse al concepto que tenemos del alma como centro de la conciencia. En las primeras etapas de la evolución, el alma emplea los cuerpos como centros de expe­riencia consciente, y pone el énfasis sobre ellos y la experiencia. Pero a medida que el tiempo avanza, el hombre llega a ser cada vez más consciente del alma, y la conciencia que experimenta (como alma en los tres cuerpos) disminuye en importancia, hasta que finalmente los cuerpos llegan a ser simples instrumentos de contacto, mediante los cuales el alma entra en relación compren­siva con el mundo del plano físico, con los niveles del sentimiento y de la sensibilidad y con el mundo del pensamiento.
Al considerar por lo tanto esta parte del libro, es esencial, para obtener una correcta comprensión y eventual utilidad sico­lógica, recordar constantemente que hablamos siempre en tér­minos de conciencia y de energía del alma y que tratamos únicamente con la sustancia sensible, desde el punto de su utilidad, en términos de tiempo y espacio o de manifestación. Al pensar en los puntos focales de la energía del alma en los planos mental, astral y físico, no debe pensarse que los átomos permanentes son centros de materia o gérmenes de la forma, pues es la idea prevaleciente. Se considerarán simplemente como expresiones -de cualidad atractiva o magnética, según sea el caso- de la energía del alma, que actúa sobre energías que contienen en sí la cualidad de responder a los aspectos positivos de la energía con los cuales entran en contacto. Al elucidar tan difícil problema puede decirse que los problemas que enfrenta la sicología son de dos tipos:


  1. El conjunto de dificultades que el sicólogo tiene que sortear en las personas cuyo vehículo de expresión o campo de expe­riencia, no responde debidamente al ambiente que necesita la inmanente alma creadora. Cuando esto sucede, los centros del cuerpo etérico van despertando en forma diversa, pero parcial y, en consecuencia, el sistema glandular es proporcio­nalmente mediocre e irregular.




  1. Otro conjunto de dificultades concierne a esos seres humanos cuyo vehículos de expresión, como centros de experiencia, es­tán excesivamente desarrollados y estimulados y el alma no ejerce un adecuado y consciente control sobre ellos. El desa­rrollo actual está enfocado principalmente en el cuerpo astral, que sensibiliza excesivamente al centro plexo solar o al larín­geo, trayendo la consiguiente dificultad. Gran parte de la inestabilidad de la glándula tiroides se basa hoy en esto.

Existe un tercer conjunto de dificultades que conciernen a quienes están en el Sendero del Discipulado, pero de ellos no nos ocupa­remos aquí. Estos discípulos poseen una sensibilidad excesiva y anormal en sus vehículos; la fuerza que se precipita desde el alma, por conducto de los centros, presenta verdaderas dificultades, y la respuesta al medio ambiente está excesivamente desarrollada en muchos casos.


Estas condiciones ,regidas, como se reconocerá, por el grado de evolución, el tipo de rayo, la cualidad del karma acu­mulado y las características heredadas de su actual familia, na­ción y raza. Conviene recordar que tratamos al alma como centro de conciencia y los vehículos como centros de experiencia. Hay que tratar de eliminar de nuestra mentes el contenido tan mate­rialista que han acentuado las antiguas enseñanzas. Annie Besant en su libro Estudio sobre la Conciencia trató de evitar que en sus páginas aflorara el materialismo, dando una verdadera visión de la verdad; pero las palabras limitan y frecuentemente velan y ocultan la verdad. No obstante, dicho libro tiene un valor defi­nido. Recuerden también que la conciencia del hombre está, ante todo y por lo general, centrada sucesivamente en los tres cuerpos, y los centros de experiencia son, para él, primordialmente, el campo de su conciencia. Por largo tiempo se identifica con el campo de experiencia y no con el yo verdadero. Aún no se ha identificado con el sujeto consciente, es decir, con Aquél que percibe; pero a medida que pasa el tiempo su centro de identifi­cación cambia, se interesa cada vez menos por el campo de expe­riencia y percibe cada vez más al alma corno individuo pensante y consciente.
La comprehensión que cada uno obtenga dependerá de dónde pone el énfasis como individuos, cómo ha despertado y está aler­ta y de qué es consciente. Cuando se alcanza la experiencia de la tercera iniciación y ya no se identifica con los vehículos de expre­sión, entonces, en una vuelta más elevada de la espiral, tendrá lugar otro cambio en la expresión y experiencia de la vida. El centro de experiencia o el alma, y los vehículos de expresión, es decir el triple hombre inferior, no serán considerados desde el punto de vista de la conciencia. El aspecto Vida reemplazará a todo lo demás. ¿ De qué servirá dilucidar esta etapa si en la ma­yoría de nosotros dominan (debiéramos decir en forma desen­frenada) las expresiones inferiores de la manifestación divina, que ni el alma puede controlar en forma vital? Por esta razón en la anterior clasificación se emplearon expresiones como “construir sicológicamente”, para que la atención del estudiante se dirija al alma o sique, como agente constructor, y al mismo tiempo niegue o rechace el concepto materialista que se tiene sobre la construcción del cuerpo. Ocultismo es la ciencia de la manipulación de la energía, el aspecto atracción o repulsión de la fuerza, y de esto vamos a ocuparnos.
En la actividad que el alma despliega reside la fuente o el germen de toda la experiencia que -actualmente en el plano físico- es reconocida y considerada hoy por los sicólogos. Este concepto implica el hecho de que no existe ninguna dificultad en los vehículos de expresión, que no tenga su analogía y sus ver­dades superiores en el centro de experiencia que llamamos alma.
Tomemos, por ejemplo, la importancia que le dan ciertos si­cólogos a la idea de que toda la verdad heredada (la idea de Dios, el concepto de un futuro cielo, la antigua y refutada (?) creencia alrededor de la cual se han centrado supersticiosamente los pensamientos de los hombres) constituye únicamente la expresión externa o la formulación de una oculta “vida de deseo”. Según se dice, esta vida de deseos está basada en un sentido de interno y frecuentemente oculto e incomprendido sentido de frustración, desilusión y dificultades; todas las ideas que la raza ha valorado en el transcurso de las épocas, y de acuerdo a las cuales han vivido muchas almas nobles se funda en la ilusión. Los instructores de los mundos internos en muchos casos coincidirán con la exteriorización de las distintas “satisfacciones del deseo” en la vida del individuo y con el hecho de que conducen a muchas dificultades, tensiones y tiranteces que requieren un cuidadoso reajuste con la creencia de que estos conceptos encierran mucha superstición in­fantil, pero formulan la siguiente excepción, afirmando que los centros de expresión, a través de los cuales el alma obtiene la experiencia necesaria y llega a ser consciente en los mundos del ser que de otra manera serían desconocidos, han venido a la manifestación como resultado del deseo o anhelo del alma. La “vida de deseo” del alma y no las frustraciones de la personalidad, ha producido la situación con la que el hombre brega en la actualidad. Por lo tanto, el surgimiento de la conciencia pública (mediante la enseñanza que imparten ciertas escuelas de sicología), el conoci­miento acerca de esta vida de deseo y su creciente predominio, se funda definidamente en el hecho de que la humanidad va siendo consciente del alma y, por consiguiente, se da cuenta lentamente de los deseos de la misma. Pero como todavía el hombre se identifica básicamente con los centros de expresión y no con el centro de experiencia, el alma, existe una inevitable aunque transitoria distorsión de la verdad.
De la misma manera puede encararse otro problema sicoló­gico. Gran parte de lo que hoy se escribe es el resultado del desarrollo de la ciencia del sicoanálisis. A dicho problema se lo denomina comúnmente una “doble personalidad”. Esta dualidad que se efectúa en la continuidad de la conciencia (porque básicamente es esto) toma muchas formas y a veces produce algo más que una simple dualidad. La mejor manifestación de la continuidad del deseo fue expresada por Pablo, el Iniciado, en la Epístola a los Romanos, donde se refiere a la constante lucha que se libra entre la voluntad al bien y la voluntad al mal, que tiene lugar dentro de la periferia de la conciencia de un ser humano. Desde cierto punto de vista, este pasaje es profético, pues quizás sin saberlo, preveía ese período en la evolución de la humanidad en que la batalla de los “pares de opuestos” se desarrollaría en toda su plenitud, tanto individualmente como dentro de las naciones y las razas. Ese período ya ha llegado. En lo que respecta al individuo, el sicólogo está tratando de resolver el problema. En lo que concierne a la raza, los grandes movimientos sociales, filan­trópicos, políticos y religiosos, también procuran resolverlo. Esto debiera ser de interés general, porque indica que ahora se está desarrollando el Kurukshetra planetario y, por consiguiente, los asuntos actuales deben observarse desde el punto de vista de una sicología fundamental, que exprese, en tiempo y espacio, el gran centro de expresión del alma que denominamos familia humana. Indica también el elevado punto alcanzado en la conciencia, en el Sendero de Evolución. Cuando la batalla termine triunfalmente y haya una comprensión consciente de la naturaleza de las cues­tiones implicadas (percepción que se va desarrollando rápidamente) se habrá tendido un puente sobre el abismo y fusionado los fundamentales pares de opuestos, el alma y la forma. Esto introducirá la nueva era de la realización espiritual, o del con­tacto con el alma.
La idea que debiera predominar hoy en nuestras mentes, a fin de comprender correctamente esta parte del libro, la correcta apropiación de la forma por parte del alma, es el resultado de un deseo, o anhelo inicial. Es también el resultado de la exteriorización de un impulso fundamental en el cual participa el centro de energía. Esta tendencia a exteriorizarse se define en palabras o expresiones distintas en la literatura mundial, tales como:


  1. El deseo de manifestarse.

  2. El impulso creador.

  3. El impulso evolutivo.

  4. El deseo de encarnar.

  5. La atracción de los pares de opuestos. Esta energía positiva tiene un efecto atrayente sobre la energía negativa.

  6. La tendencia a exteriorizarse.

  7. La caída del hombre.

  8. Los “hijos de Dios nacieron de las hijas de los hombres” (La Biblia).

  9. El “grano de trigo que cae en la tierra

Existen muchas de estas expresiones simbólicas que no se pueden interpretar literalmente ni darles un significado físico. Cada ex­presión sin embargo implica una dualidad y también el concepto de que existe “aquello que se manifiesta por medio de la forma de la manifestado”. Esto constituye “el alma y la forma”, y muchas otras frases similares son familiares.


Los exhorto a mantener, dentro de lo posible, la idea de las implicaciones sicológicas, y a considerar esta parte del libro desde el punto de vista sensorio, porque en lo sensorio, como bien saben, reside todo el problema sicológico. En todos los casos constituye el problema de la respuesta al medio ambiente y a la oportunidad, concepto muy significativo para el sicólogo esotérico. En la per­cepción sensoria existe el secreto del progreso de la siquis y tam­bién el de la mayoría de los estados de conciencia, que el factor sensibilidad o sentimiento, es decir, el alma, experimenta en el sendero de evolución a medida que se expande:


  1. Su esfera de contactos.

  2. Su campo de influencia.

  3. Su campo de actividad consciente.

He expresado estas tres expansiones por orden de aparición.


Tendemos a considerarlas desde el punto de vista del hombre en el plano físico. Es necesario hacerlo desde el punto de vista del alma y del proceso de experimentación, lo cual sólo es posible para el hombre que comienza a actuar como alma.
Por eso la naturaleza del rayo de un alma determinada se pone en actividad, porque su color, tono, cualidad y vibración fundamental determinan sicológicamente el color, el tono, la cua­lidad y la vibración básica de la energía mental demostrada. Condiciona a la forma sensoria atraída y al cuerpo vital que consti­tuye el agente atrayente en el plano físico, que atrae hacia sí el tipo de energía o sustancia negativa, a través de la cual puede expresarse la cualidad, el tono o la vibración del centro especi­fico de experiencia y el medio ambiente, con el cual ha entrado en contacto. En las primeras etapas de manifestación domina la naturaleza forma o el vehículo, -que es la característica sobresa­liente. La naturaleza de la cualidad del alma subyacente no se evidencia. Entonces la forma o vehículo es sensible en dos direc­ciones: hacia afuera, al medio ambiente, lo que conduce (a medida que prosigue la evolución) al perfeccionamiento del vehículo y, hacia adentro, con un impulso superior progresivo que conduce a una definida expansión de conciencia. Estos impulsos superiores aparecen progresivamente. A este respecto podría decirse que.


  1. La naturaleza física responde a:




  1. el deseo,

  2. la ambición.

  3. la aspiración.

Llega entonces a completarse la fusión del cuerpo astral sensorio y del cuerpo físico.




  1. Esta dualidad básica responde a:




  1. la mente concreta inferior,

  2. el impulso separatista del cuerpo mental egoísta,

  3. el intelecto, síntesis de la mente y del instinto,

  4. los anhelos del alma.

Esto produce la integración de las tres energías que constituyen el triple hombre inferior.




  1. Tal triplicidad responde:




  1. a sí misma, como personalidad integral. Entonces el ritmo establecido por la fusión de las energías inferiores, astral y mental, predominan;

  2. al Alma, como centro fundamental de experiencia. La personalidad obtiene la visión de su destino, que consiste en ser el instrumento de una fuerza superior;

  3. a la intuición y

  4. a la fuente de inspiración, la mónada.

Algunos estudiantes pueden llegar a comprender la significación simbólica del proceso, si captan el hecho de que en las primeras etapas del sendero evolutivo la Mónada es la fuente de exhala­ción o de expiración, que trajo el alma a la existencia en el plano físico; en el Sendero de Retorno, en el cual nos vemos implicados en esta última etapa, la Mónada es la fuente de inhalación o de inspiración.


En el proceso de exhalación o de expiración, se enfoca cierto tipo de energía divina, como centro de experiencia, en esa sustan­cia sensible que llamamos materia mental superior, que en su oportunidad formó ese aspecto del hombre que llamamos alma.
A su vez, el alma continuó este proceso de exhalación o expira­ción, iniciado por la Mónada o la Vida Una. La energía así emi­tida conforma centros de experiencia en los tres mundos, por medio del proceso de “apropiación atractiva” de sustancia, o ma­teria cualificada. A través de estos centros se adquiere la experiencia necesaria, se intensifica el proceso de la vida y es posible ampliar la experiencia, mediante el contacto con el medio ambiente que va ensanchándose, conduciendo a sucesivas expansiones de conciencia llamadas iniciaciones, en etapas posteriores, cuando se pasan conscientemente y son iniciadas definidamente por uno mismo. Así se expande constantemente el campo de influencia del alma. Mientras la actividad del alma avanza, se produce una actividad paralela en la sustancia material, que constantemente lleva al aspecto negativo de la materia o sustancia, a cumplir con los requisitos positivos del alma. Los vehículos de expresión, el mecanismo de manifestación y los centros para la experiencia mejoran, a medida que la conciencia se expande y profundiza.
Desde el punto de vista de la sicología esto significa que el sistema glandular, el mecanismo físico y el instrumento de res­puesta, se hacen cada vez más eficientes, mientras que en forma análoga prosiguen la coordinación interna y la integración.. El dilema de los sicólogos, en la actualidad, se debe en gran parte a que la Ley de Renacimiento no ha sido aún reconocida por los científicos ni por los intelectuales. El sicólogo, por lo tanto, tiene que hacer frente a los problemas de las disparidades del equipo físico que prevalecen en todas partes. Se ha fracasado amplia­mente en reconocer la causa subyacente responsable de la apariencia del mecanismo. En consecuencia, no existe una prueba científica (como se entiende hoy esta palabra), respecto al campo de experiencia. No existe ni se permite -en tiempo y espacio- la síntesis (entendida esotéricamente), sino simplemente constituye un ser humano aislado que conforma infinidades de seres humanos, distintamente dotados, grandemente limitados por . su equipo y enfrentados también a un medio ambiente aparentemente antagónico, carente de síntesis, coordinación e integración internas, excepto en el caso de personas muy inteligentes y profundamente espirituales, que actúan definidamente como almas, para las cuales el sicólogo común no puede dar una explicación adecuada.
La integración del individuo en su medio ambiente prosigue rápidamente, y la adaptación sicológica del hombre a su campo de experiencia mejorará constantemente. La humanidad puede depender de esto, y lo atestigua la historia del desarrollo del hombre como ser conocedor. Pero la integración del ser humano en el tiempo no ha sido lograda y quizás esta afirmación sea poco comprendida. El origen y la meta del hombre, no han sido mayormente considerados y se lo analiza desde el ángulo de esta sola y breve vida y de su equipo actual. Hasta que no se integre en el tiempo y en el medio ambiente y se acepte la Ley de Renacimiento como probable hipótesis, no habrá una verdadera comprensión del proceso evolutivo, de la relación que existe entre los individuos y de la naturaleza del desarrollo del equipo. Tampoco habrá ver­dadera sabiduría. El conocimiento lo obtiene el individuo a me­dida que se integra a su medio ambiente. La sabiduría la adquie­re a medida que se coordina en los procesos del tiempo. El meca­nismo se relaciona con el medio ambiente y es el instrumento de contacto y el medio por el cual el alma experimentadora llega a comprender plenamente el campo de conocimiento. El alma es el ente consciente del tiempo, en la verdadera acep­ción de la palabra, que observa todo el período de manifesta­ción, obteniendo así el sentido de proporción, la comprensión de los valores y el sentido interno de síntesis.
El triple mecanismo se desarrolla paulatinamente y el centro de experiencia se expande en conocimiento, el cual es de un orden muy elevado, por eso el mundo está colmado de personalidades. Complementando nuestras definiciones anteriores, la personalidad puede definirse simplemente como:


  1. El instrumento que se va capacitando para hacer contacto en tres direcciones. El alma experimentadora puede ya comenzar a utilizar eficazmente el instrumento.




  1. La expresión del poder creador del alma preparada para trasmutar el conocimiento en sabiduría.




  1. El alma que ha encarnado está dispuesta a trabajar cons­cientemente con el factor tiempo, porque ha aprendido a trabajar con el factor medio ambiente, y ahora puede empezar a controlar las circunstancias y el medio ambiente desde el punto de vista del tiempo. Esto significa, en el primer caso, emplear correctamente el tiempo y aprove­char la oportunidad, y luego establecer la continuidad de conciencia.

No tengo la intención de tratar la construcción de los distintos cuerpos. Procuro generalizar y encarar el tema desde el punto de la realización alcanzada por la humanidad moderna. Ya se han dado indicaciones en el Tratado sobre Fuego Cósmico que, si son estudiadas detenidamente, servirán para elucidar el problema primitivo del impulso creador que posee el alma. Por lo tanto aceptaremos el hecho de la creación original de las formas, basado en el deseo de manifestarse, y continuaremos con este tema dentro de los conceptos de experiencia, expresión y expansión, ocupándo­nos del hombre moderno y sus problemas desde el punto de vista del desarrollo sicológico de los mismos.


c. INTERRELACIONES DE LA VIDA DE LA PERSONALIDAD
Al tratar ahora el aspecto esotérico de la apropiación de los vehículos, mediante los cuales el Hijo de Dios en manifestación puede expresarse, no es posible evitar el empleo de frases simbó­licas. Sin embargo, si el estudiante recordara que son simbólicas, no correrían peligro de ser mal interpretadas. La mente inteligente y analítica emplea expresiones apropiadas a fin de limitar el concepto intuido dentro de ciertos términos que pueden ser compren­didos, con lo cual las ideas abstractas son llevadas al nivel de la comprensión.



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