Psicología Esotérica II



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EL CUERPO MENTAL

Este cuerpo (en lo que se refiere al ente no evolucionado y al muy avanzado) proporciona las siguientes posibilidades:


Primer Rayo:

EN EL HOMBRE NO EVOLUCIONADO





  1. La voluntad de vivir o de manifestarse en el plano físico.

  2. El impulso que se expresa como instinto de autoconservación.

  3. La capacidad de resistir, no importa cuáles sean las dificultades.

  4. El aislamiento individual. El hombre es siempre “Aquél que está sólo”.



EN EL HOMBRE EVOLUCIONADO





  1. La voluntad de liberarse y manifestarse conscientemente en el plano del alma.

  2. La capacidad de reaccionar al plan y responder a la reconocida Voluntad de Dios.

  3. El principio de la inmortalidad.

  4. La perseverancia o la persistencia en el Camino.


Cuarto Rayo:

EN EL HOMBRE NO EVOLUCIONADO





  1. La agresividad y el impulso necesario para alcanzar la meta pre­sentida que caracteriza al ser humano en evolución. Esta meta será, en las primeras etapas, de naturaleza material.

  2. El espíritu luchador o antagónico, que finalmente otorga fortaleza y equilibrio, y con el tiempo trae la integración con el aspecto de primer rayo de la deidad.

  3. La fuerza coherente que hace del hombre un centro magnético, ya como la fuerza principal de cualquier unidad grupal, tal como un progenitor o un gobernante, o un Maestro en relación con su grupo.

  4. El poder de crear. En las clases inferiores este poder se vincula con el impulso o instinto de reproducirse, que conduce, en conse­cuencia, a la relación sexual, a la construcción de formas mentales o formas creadoras de determinado tipo, aunque sólo sea la choza de un salvaje.



EN EL HOMBRE EVOLUCIONADO





  1. El espíritu de Arjuna. El impulso hacia la victoria, manteniendo una posición entre los pares de opuestos, y la eventual percepción del camino medio.

  2. El impulso a sintetizar (también de primer rayo) mezclado con la tendencia del segundo rayo a amar y a incluir.

  3. La cualidad atrayente del alma que se expresa a sí misma en la relación entre los yoes superior e inferior. Esto culmina en el “matrimonio en los cielos”.

  4. El poder de crear formas, o el impulso artístico.

En conexión con esto se observará cuán exacto fue el enun­ciado anterior de que el artista pertenece a todos los rayos y que no sólo en el denominado Rayo de Armonía o Belleza, se halla el ente creador. El cuerpo mental de cada ser humano pertenece en determinado momento al cuarto rayo y generalmente cuando el hombre se acerca al sendero de probación. Esto significa que el vehículo mental está regido por un elemental de naturaleza o cualidad de cuarto rayo y que, por lo tanto la actividad creadora artística es la línea de menor resistencia. Tenemos entonces un hombre de tendencia artística o un genio en alguna línea de tra­bajo creador. Cuando el alma y la personalidad al mismo tiempo se hallan en el cuarto rayo, tenemos a un Leonardo da Vinci o un Shakespeare.


Quinto Rayo

EN EL HOMBRE NO EVOLUCIONADO





  1. El poder para desarrollar ideas.

  2. El espíritu para iniciar empresas materialistas, el impulso divino tal como se evidencia en las primeras etapas.

  3. La tendencia a investigar, a interrogar y a indagar. Este instinto de investigación del progreso es, en último análisis, el ansia de evolucionar.

  4. La tendencia a cristalizarse, a endurecerse, a adoptar una “idea fija”. En lo que a esto concierne se descubrirá que el hombre que sucumbe a una “idea fija” tiene no sólo un cuerpo mental de quinto rayo, sino también una personalidad o cuerpo emocional de sexto rayo.



EN EL HOMBRE EVOLUCIONADO





  1. El verdadero pensador o tipo mental despierto y alerta.

  2. Aquel que conoce el Plan, el propósito y la voluntad de Dios.

  3. Aquel cuya inteligencia se está trasmutando en sabiduría.

  4. El científico, el educador, el escritor.

Lo que antecede lo he dado en conexión con los rayos del cuerpo mental, a fin de que capten no sólo la complejidad del problema sino la inevitabilidad del éxito, mediante la acción de las innumerables energías que actúan en y a través de una sola mente humana. No es necesario que nos extendamos sobre las energías que crean y conforman el cuerpo emocional o el cuerpo físico. Los rayos segundo y sexto coloran el cuerpo astral de todo ser humano, mientras que el cuerpo físico es controlado por los rayos tercero y séptimo.


Debe recordarse que el cuerpo etérico tiene una constitución singular; es predominantemente el instrumento de la vida, mas bien que el instrumento de la cualidad. Es el factor que produce y sostiene el instrumento de la apariencia, el cuerpo físico. Recor­darán que en el Tomo 1 de este Tratado se diferenció al ser humano en tres aspectos divinos: Vida, Cualidad, Apariencia. Por medio de los siete centros del cuerpo etérico, las energías de los siete rayos aparecen y producen sus efectos, pero en el corazón mismo de cada centro, chakra o loto, existe un vórtice de fuerza com­puesto de energía puramente manásica o mental, y, por lo tanto, es estrictamente energía de los tres primeros rayos. Dicha energía permanece en estado pasivo hasta alcanzar una etapa avanzada en el discipulado. Sólo entra en su ritmo y actividad divinos cuando las tres hileras de pétalos del loto egoico (la analogía superior) comienzan a abrirse y el centro del loto egoico empieza a vibrar. Aunque el cuerpo etérico del hombre expresa las cualida­des de los siete rayos en distintos grados de fuerza, el cuerpo etérico de un Maestro es la expresión de la energía monádica y entra en plena actividad después de la tercera iniciación.
Por lo tanto, es evidente, que cuando los sicólogos consideren los diversos tipos de energía que entran en la constitución del ser humano y sean capaces de diferenciar (por el estudio y la investigación, además de la comprensión de los rayos) cuáles son las energías que condicionan a un paciente, entonces se habrán dado grandes pasos en el manejo de las personas. La naturaleza del equipo humano y sus relaciones internas, como también sus efectos externos, serán mejor comprendidos. Hablando técnica­mente, la posición sicológica extrema (como lo expresa la Escuela Objetivista, esencialmente sana en lo que se refiere al mecanismo material denso del hombre) tomará el lugar que por derecho le corresponde. Los sicólogos materialistas se han ocupado de la energía de la sustancia y de la vida instintiva del organismo. Éstas constituyen la suma total de las energías disponibles, organizadas en la forma de un cuerpo físico automático, coloreado, como lo están sus átomos, por las tendencias y cualidades desarrolladas en un sistema solar anterior. En nuestro sistema solar se está lle­gando a la comprensión y al desarrollo del aspecto conciencia de la divinidad, sus cualidades y características, así como la inteligencia instintiva o actividad automática, fue la contribución de la manifestación primitiva de Dios en la que predominaba el tercer aspecto.
Puede exponerse el problema y aclararse su magnitud por medio de la siguiente clasificación, la cual enumerará los rayos que se supone o imagina que rigen o controlan, en una encarna­ción dada, a un hombre imaginario o hipotético:
1. El Rayo de la Mónada Segundo Rayo de Amor-Sabiduría.

(el aspecto vida)

2. El Rayo del Alma Primer Rayo de Voluntad o Poder.

(el aspecto conciencia)

3. El Rayo de la Personalidad Segundo Rayo de Amor-Sabiduría.

(el aspecto materia)




  1. El rayo del cuerpo mental Quinto Rayo de Ciencia Concreta.

  2. El rayo del cuerpo astral Sexto Rayo de Devoción.

  3. El rayo del cuerpo físico Segundo Rayo de Amor-Sabiduría.

Aquí deberían considerarse ciertas ideas que expondremos como enunciados y no las detallaremos para que el estudiante piense y reflexione sobre ellas:




  1. Sólo los iniciados están en condiciones de presentir, deter­minar o descubrir la naturaleza de su rayo monádico o el de sus discípulos. El rayo monádico es el elemento vida del hombre, del cual deben ocuparse los iniciados cuando lo pre­paran para la iniciación. Constituye la “cuantidad descono­cida” en la naturaleza del hombre. Sin embargo no se complica grandemente su problema en los tres mundos del esfuerzo humano común, porque permanece relativamente pasivo hasta después de la tercera iniciación, aunque básica­mente condiciona el cuerpo etérico.




  1. Los tres Rayos (llamados en La Doctrina Secreta “los tres vehículos periódicos”) son, por lo tanto, los rayos de la mónada, del ego y de la personalidad, y esencialmente cons­tituyen tres corrientes de energía que forman la gran corrien­te de la vida. Éstas relacionan al ser humano con los tres aspectos o expresiones de la divinidad en manifestación:




  1. El rayo monádico es la energía que, cuando se la emplea conscientemente, relaciona al iniciado con el Padre o aspecto Espíritu, y le otorga “la liberación en el sistema solar”.




  1. El rayo egoico, cuando se emplea conscientemente, rela­ciona al discípulo con el segundo aspecto de la divinidad y le otorga “la liberación en la esfera planetaria




  1. El rayo de la personalidad, cuando se lo domina y emplea conscientemente, relaciona al hombre con el aspecto sus­tancia o materia de la divinidad, y le otorga “la liberación en los tres mundos” y en los tres reinos subhumanos de la naturaleza.




  1. Analizando el esquema hipotético anterior, los estudiantes deberían observar en qué forma los rayos de la personalidad los relacionan dentro de la esfera o periferia de su propia manifestación, con los rayos mayores de la mónada, del ego o de la personalidad. Esto es una analogía (dentro de la manifestación microcósmica) de la situación macrocósmica tratada en un párrafo anterior. En el caso mencionado (algo muy común) vemos que:




  1. El quinto rayo del cuerpo mental relaciona al hombre con su rayo egoico, lo cual facilita el contacto con el alma. Silo hubiese relacionado con el rayo monádico, se hubiera producido una situación muy distinta. No debe olvidarse la línea 1, 3, 5, 7.




  1. El sexto rayo del cuerpo astral relaciona al hombre con su rayo monádico y constituirá, finalmente, su acerca­miento astral-búdhico a la vida, y será aplicado cuando reciba la cuarta iniciación. Este rayo lo relaciona también con su personalidad e intensifica su problema natural. No debe olvidarse la línea 2, 4, 6.




  1. La cualidad de segundo rayo del cuerpo físico lo relaciona con la personalidad y, finalmente, con la mónada. Por lo tanto, constituye para él un serio problema y una gran oportunidad y energía vinculadora. Hace que la vida de la personalidad sea excesivamente dominante y atractiva y, al mismo tiempo, facilita el futuro contacto (mientras esté en el cuerpo físico) con la mónada. Sin embargo, su problema, el de ser consciente del alma, no será solucio­nado tan fácilmente.

Observarán también que la mónada (segundo rayo), el cuerpo astral (sexto rayo) y el cuerpo físico (segundo rayo) están en la misma línea de actividad o energía divina, y crean un problema sicológico muy interesante. El alma (primer rayo) y el cuerpo mental (quinto rayo) están en otra línea, y esta com­binación ofrece una gran oportunidad, a la vez que mucha difi­cultad.




  1. En la expresión inferior del hombre cuyo esquema sicológico estamos considerando, el sicólogo se halla ante una persona intensamente sensible, incluyente y voluntariosa. Debido a que la personalidad de segundo rayo y el cuerpo físico se rela­cionan por similitud de rayo, existirá también una tendencia muy pronunciada a recalcar la inclusividad material y la adquisición tangible y, por lo tanto, el individuo será exce­sivamente egoísta y autocentrado. No será particularmente inteligente, puesto que sólo su cuerpo mental de quinto rayo lo relaciona en forma definitiva y directa con el aspecto mente de la Deidad, mientras que la fuerza egoica de primer rayo le permite emplear todos los medios para forjar planes por sí mismo y utilizar el aspecto voluntad para adquirir y atraer los bienes materiales que desea y cree que necesita. Su predominante equipo de segundo rayo, pondrá eventual­mente en actividad los valores superiores.

Cuando este mismo hombre haya logrado su expresión más elevada y el ciclo evolutivo haya realizado su obra, tendremos un discípulo sensible, intuitivo e incluyente, cuya sabiduría habrá florecido y cuyos vehículos serán preeminentemente un canal para el amor divino.


Se podrían trazar y estudiar muchos esquemas parecidos e innumerables casos hipotéticos que servirían de base a la investi­gación ocultista para diagramar y estudiar la Ley de Analogía. Sería de valor que los estudiantes se analizaran de esta manera y, con la información dada en este tratado, podrían trazar sus propios diagramas y estudiar los rayos que creen les correspon­den y el efecto que producen en sus vidas, y de acuerdo a ello tra­zar un gráfico muy interesante de su propia naturaleza, cualida­des y características.
Será interesante mencionar el hecho de que cuando el indi­viduo se convierte en discípulo aceptado se prepara un gráfico de está naturaleza y se lo da a su Maestro. En realidad, se dis­pone de cuatro gráficos, porque los rayos de la personalidad va­rían de un ciclo de expresión a otro y es necesario mantener al día el gráfico de la personalidad. Los cuatro gráficos fundamen­tales son:


  1. El de la expresión del hombre en el momento de su indivi­dualización. Lógicamente es un gráfico muy antiguo, donde los rayos de los cuerpos mental y emocional son muy difíciles de determinar porque hay muy poca expresión mental y experiencia emocional. Sólo se definen claramente el rayo del alma y el del cuerpo físico, los demás rayos se insinúan solamente.

Este gráfico corresponde al hombre que aún no ha despertado.




  1. El de la expresión del hombre cuando la personalidad ha logrado el punto más elevado de independencia, es decir, antes que el alma controle conscientemente y actúe en forma predominante.

Este gráfico corresponde al hombre soñador.




  1. El de la expresión del hombre en ese peculiar momento de crisis determinante en que luchan el alma y la personalidad, donde la batalla por la reorientación ha alcanzado su punto culminante y el aspirante lo sabe; sabe que mucho depende del resultado de esa batalla. Él es Arjuna que se encuentra en el campo de Kurukshetra.

Este gráfico corresponde al hombre que está desper­tando.




  1. El de la expresión del hombre durante la vida, cuya orienta­ción ha sido alterada y el énfasis puesto en las fuerzas de la vida ha cambiado y el hombre se convierte en un discípulo aceptado.

Estos cuatro gráficos descriptos o trazados en colores, de acuerdo a los rayos, conforman el legajo del discípulo, pues el Maestro sólo se ocupa de las tendencias generales y nunca de los detalles. Se interesa por las tendencias y predisposiciones de orden general, las características sobresalientes y los evidentes cánones de la vida.


Llamaré la atención sobre el creciente empleo que hacen los sicólogos y los pensadores de la raza, de la palabra canon, la cual tiene una profunda significación ocultista. Uno de los ejercicios dados al discípulo en los planos internos está vinculado con estos gráficos sicológicos o cánones de vida. Se le pide que estudie detenidamente los cuatro y que trace un diseño que representa su meta, hasta donde pueda presentirla en su actual etapa de de­sarrollo. Al pasar la primera iniciación el Maestro agrega otro diseño o gráfico, al legajo del discípulo, y entonces puede estudiar:


  1. El gráfico que describe su condición en el momento de con­vertirse en discípulo aceptado.




  1. El gráfico hipotético que trazó al iniciar su entrenamiento como discípulo aceptado.




  1. El gráfico que describe su condición sicológica general cuando recibió la primera iniciación.

Mediante un cuidadoso análisis y comparando los tres gráfi­cos, el estudiante podrá descubrir la exactitud o inexactitud de su propia diagnosis y así desarrollar un mejor sentido de propor­ción sobre la percepción mental de sí mismo.


Sería interesante que los estudiantes efectúen más adelante un análisis de sí mismos, incorporándolo al gráfico que indique los rayos que a su juicio rigen su equipo y expusieran luego las razones por las cuales se han asignado esas cualidades de rayo.
Cuando el sicólogo del futuro utilice todas las ciencias dispo­nibles y al mismo tiempo haga hincapié sobre las ciencias que se ocupan del hombre subjetivo y no tan predominantemente del hombre objetivo (aunque este último no debe omitirse), tendre­mos entonces un cambio fundamental en el manejo del problema o la ecuación humana. Este problema enfrenta hoy y preocupa seriamente al sicólogo, al siquiatra, al neurólogo, al asistente social y al humanista.
El sicólogo utilizará entonces:


  1. La moderna ciencia exotérica de la sicología, con su énfasis sobre las facultades, las glándulas y sus efectos, los sueños y sus ocasionales efectos, el comportamiento instintivo (que es en gran parte la reacción del cuerpo físico) y las últimas conclusiones a que han llegado los científicos materialistas e investigadores de todo el mundo.




  1. La sicología esotérica, tal como la presenta este Tratado sobre los Siete Rayos. Indica los tipos de energía y las fuerzas que rigen, controlan y determinan los variables aspectos de las facultades del hombre medio y condicionan su conciencia.




  1. La astrología y las indicaciones (aún poco comprendidas) dadas, sobre el lugar que le corresponde al hombre “en el Sol” y en el esquema general de las cosas y, aunque no lo crea, lo relacionan con el todo planetario y le proporcionan copiosa información acerca del factor tiempo que rige a todo individuo.

Debería reconocerse que la astrología que estamos conside­rando y que más adelante detallaré, no tiene que ver con la expresión de la personalidad. Quienes trabajan internamente saben muy bien que la astrología planetaria y racial tiene profunda significación. Lo que ellos consideran de importancia es la astrología del discipulado y la relación que existe entre las estrellas y las actividades del alma. Además les interesa grandemente la astrología de la iniciación. Aunque el tiempo no ha llegado aún, algún día podremos trazar el horóscopo del alma e indicar con claridad al ser humano, que está en proceso de despertar, el camino que debe seguir. Sobre esto me explayaré más adelante.


Debería también ser evidente que a medida que aparecen las relaciones de los distintos aspectos de la vida manifestada del hombre, sus siete centros se relacionan con los siete aspectos o cualidades, que contiene la divinidad esencial del hombre. Por lo tanto resultará de interés lo siguiente:
1. El centro coronario Mónada. Vida. Primer aspecto.

2. El centro cardíaco Alma. Conciencia. Segundo aspecto.

3. El centro ajna Personalidad. Sustancia. Tercer aspecto.

Estos son los tres centros principales del hombre evolucionado.

4. El centro laríngeo Mente. El aspecto y energía mental.

5. El centro plexo solar Emoción. El aspecto astral y el centro de energía.

6. El centro sacro Físico. El centro monádico.

7. El centro en la base de la La vida misma.

columna vertebral
Este último centro sólo se despierta en su real y definitivo sentido en la tercera iniciación. Entonces se completa el círculo Como se dijo anteriormente, el cuerpo etérico está relacionado con la mónada y es la exteriorización del aspecto vida. Dicho cuerpo con sus siete centros, entra en actividad al despertar el centro básico, despertando así el fuego kundalini. Será de valor indicar al estudiante que, con frecuencia, cuando cree o tiene la impresión que se ha despertado en él el friego kundalini, todo lo que ocurre es que la energía del centro sacro (el centro sexual) está siendo trasmutada y elevada a la laringe, o que la energía del plexo solar va elevándose al corazón. Sin embargo, a los aspirantes les gusta saborear La idea de que han logrado despertar el fuego kundalini. Muchos ocultistas evolucionados han confundido la elevación del fuego sacro -o la fuerza del plexo solar que emana del diafrag­ma- con la “elevación del kundalini” y, por consiguiente, se con­sideran ellos mismos y consideran a otros como iniciados. En realidad son sinceros y ese error es fácil de cometer. C. W. Lead­beater frecuentemente cometía este error; sin embargo, no pudo dudarse de su sinceridad y de la realización que alcanzó.
La complejidad y dificultad de lo antedicho es muy verídica, y debido a que el discípulo vive en un mundo de espejismo e ilusión, no es fácil para el aspirante medio seleccionar sus ideas sobre este tema o ver su amplitud con la perspectiva necesaria. Ante todo, debe empezar por aceptar la premisa de que los rayos existen, lo cual no puede comprobar, pero puede hacer dos cosas:


  1. Correlacionar la idea sobre estas energías de rayo con las enseñanzas modernas de la ciencia exotérica, según la cual no existe nada más que energía como sustancia subyacente en toda apariencia fenoménica.




  1. Considerar la teoría como que se ajusta algo mejor que otra a los hechos tal como él los conoce, aunque para él todavía sean sólo una hipótesis. Se puede predecir, con seguridad, que con el tiempo convertirá su hipótesis en una realidad viviente si se estudia detenidamente a sí mismo. El discípulo debe aprender primeramente que es en verdad el microcosmos del macrocosmos y que en sí mismo debe hallar la puerta abierta que conduce al universo.

Lo expuesto aquí es bastante difícil y adecuadamente intere­sante para merecer una detenida consideración.


Me pregunto si los estudiantes tendrán alguna idea de la forma en que los ideales que trato de presentarles podrían iluminar sus vidas silos introdujeran en sus conciencias reflexivas, aunque sea durante un mes. Este aspecto de la conciencia es la analogía del aspecto madre que existe en el cuerpo del alma, que resguarda y cuida y, con el tiempo, da nacimiento al aspecto crístico. Las vidas se modifican principalmente por la reflexión; las cualidades se desarrollan mediante el pensamiento consciente dirigido; las características se adquieren mediante la consideración reflexiva. Les llamo la atención sobre esto.
Me he apartado brevemente para abocarme al tema de los rayos de los tres cuerpos de la personalidad, antes de completar los detalles del delineamiento dado previamente sobre el rayo de la misma. Lo hice deliberadamente, pues ansiaba establecer con toda claridad la diferencia que existe entre los rayos que rigen a los elementales de los tres cuerpos inferiores y el rayo de la per­sonalidad. La vida de estos tres elementales se basa primordial­mente en los tres centros inferiores del cuerpo etérico:
1. El centro sacro La vida elemental.

Transferida después al centro laríngeo.


2. El centro plexo solar La vida astral elemental.

Transferida después al centro cardíaco.

3. El centro en la base de la La vida física elemental.

columna vertebral

Transferida después al centro coronario.
La vida del alma inmanente está enfocada en los tres centros superiores:
1. El centro coronario La conciencia mental.


2. El centro laríngeo La conciencia creadora.

3. El centro cardíaco La conciencia sensoria.


Dos importantes etapas tienen lugar en la vida del hombre, durante el proceso evolutivo.
Primero: La etapa en que se produce la primera gran fusión o la afirmación del control por parte del alma. Entonces el centro ajna entra en actividad. Esta etapa precede la entrada del hombre en el Sendero de Probación, la cual caracteriza actualmente en el mundo a las personas término medio.
Segundo: La etapa en que se produce un despertar espiritual más definido; entonces el centro en la base de la columna vertebral se pone en armonía -mediante su circulante vida- con todos los centros del cuerpo etérico. Este paso precede a lo que se llama iniciación y señala la entrada en la actividad de un foco central de poder en el corazón de cada chakra o loto etérico. En las etapas precedentes los pétalos de los diversos lotos, chakras o vórtices de fuerza, aumentaron su acti­vidad. En esta última etapa el “eje” de la rueda, el “punto en el centro” o “el corazón del loto”, entra en acción dinámica, y el cuerpo interno de fuerza relaciona todas sus partes y comienza a actuar armónicamente.
Será de valor recordar lo antedicho porque sobre esta enseñanza se funda la sicología esotérica. Tenemos, por lo tanto, tres etapas de actividad distribuidas durante un largo ciclo evolutivo, difiriendo de acuerdo al rayo y a las condiciones kármicas engendradas.


  1. La etapa de estar vivo es la más sencilla y primitiva, donde el hombre funciona como un ser humano elemental. Durante este período los centros están activos en forma lenta y rítmi­ca. Todos contienen luz en sí mismos, pero mortecina y débil; en ellos sólo vibran tres pétalos (nada más), y esto puede verlo el clarividente. A medida que el tiempo avanza todos los pétalos de los centros que están debajo del diafragma entran en actividad, pero no son esencialmente dinámicos ni brillantes puntos focales de luz.




  1. La etapa en la que se produce la primera fusión, descrita anteriormente. Entonces todos los centros tienen sus pétalos vibrando. Al mismo tiempo su condición depende de:




  1. Si el impulso de la vida está sobre o debajo del diafragma.

  2. La naturaleza de la energía del rayo particular.

  3. La etapa alcanzada en el camino evolutivo.

  4. El tipo de mecanismo físico, que a su vez está condicionado por el karma del individuo, y el campo de servicio elegido en determinada vida.

  5. La cualidad de la aspiración y muchos otros factores.




  1. La etapa en la que tiene lugar la segunda fusión, donde el

iniciado se expresa por medio de todos los centros, en los cuales, tanto el grupo de pétalos como el punto central de energía, están plena y dinámicamente activos.
El Cristo expresó simbólicamente estas tres etapas en la experiencia del Nacimiento, en la iluminación de la Transfiguración y en la liberación de la Ascensión.
En resumen podría decirse que:


  1. En la etapa de individualización:




  1. Los centros del cuerpo despiertan y comienzan a funcionar débilmente.




  1. Los centros que están debajo del diafragma reciben el mayor impacto y efecto de la vida entrante.




  1. Tres de los pétalos de cada centro están despiertos y de­muestran actividad, cualidad y luz.




  1. En la etapa de la intelectualidad, cuando el hombre se con­vierte en un ser autoconsciente y autodirigido y en una personalidad definida:




  1. Los pétalos de todos los centros están despiertos, pero el punto focal central de cada centro se halla en estado pasivo. Fulgura con una débil luz y no hay una verdadera actividad.




  1. Los centros que están encima del diafragma, excepto el ajna y el coronario, son receptores del impacto y de la afluencia de vida.




  1. En la etapa del discipulado, cuando la individualidad y la personalidad comienzan a fusionarse:




  1. Los dos centros de la cabeza se hacen acrecentadamente activos.




  1. Todos los pétalos vibran y la vida dinámica del alma comienza a poner en actividad el centro del loto.




  1. La luz de los pétalos, que corresponden a los centros que están debajo del diafragma, comienza a amortiguarse, pero el centro del loto va adquiriendo mayor brillo y vida.

Todo el proceso que antecede toma mucho tiempo e incluye el Sendero de Probación o Purificación, y el Sendero del Discipu­lado.




  1. En la etapa de la iniciación se establece la unificación total.




  1. Los cuatro centros que se hallan encima del diafragma actúan predominantemente.




  1. El centro en la base de la columna vertebral despierta a la actividad, y los tres fuegos del aspecto materia, del alma y del espíritu (fuego por fricción, fuego solar y fuego eléctrico) se mezclan y fusionan.




  1. Todos los centros que están en el cuerpo del iniciado pue­den ser intensificados a voluntad eléctricamente y utiliza­dos simultánea o aisladamente, de acuerdo a las exigencias y a la necesidad que debe enfrentar el iniciado.

Lo que antecede tiene lugar, en forma progresiva, en el Sendero de Iniciación. Esta misma verdad puede también ser expresada en términos de rayos:


En la etapa de la Individualización predominan los rayos que gobiernan los cuerpos físico y emocional. El rayo del alma apenas sé hace sentir y únicamente parpadea con luz mortecina en el corazón de cada loto.

En la etapa de la Intelectualidad entra en actividad el rayo del cuerpo mental. Este segundo proceso comprende esas dos etapas en la que:




  1. Se desarrolla la mente inferior concreta.

  2. El hombre se convierte en una persona integrada y coordi­nada.

En cada una de estas etapas los rayos de la naturaleza inferior acrecientan su poder. Se desarrolla la autoconciencia y entonces la personalidad se define cada vez más, y los tres elementales de la naturaleza inferior, la fuerza de los denominados “los tres señores lunares” (las triples energías de la personalidad integrada) van siendo constantemente controlados por el rayo de la personalidad. En esta etapa, por lo tanto, están activos en el hombre cuatro rayos, cuatro corrientes de energía hacen de él lo que es, y el rayo del alma comienza, aunque muy débilmente, a hacer sentir su presencia, produciéndose el conflicto que todos los pensadores conocen.


En la etapa del Discipulado el rayo del alma entra en con­flicto con los rayos de la personalidad; así se inicia la gran batalla entre los pares de opuestos. El rayo o energía del alma domina lentamente al rayo de la personalidad, el cual ha dominado a su vez los rayos de los tres cuerpos inferiores.
En la etapa de la Iniciación continúa el control y en la tercera iniciación empieza a controlar el tipo de energía más elevado que un hombre puede expresar en este sistema solar, el de la mónada.
En la etapa de la individualización el hombre viene a la existencia, es decir, comienza a existir. En la etapa de la inte­lectualidad la personalidad se va definiendo con claridad y llega a ser naturalmente expresiva. En la etapa del discipulado el hombre se hace magnético. Y en la etapa de la iniciación se hace dinámico.
Referente a los pares de opuestos y al conflicto existente entre ellos, será interesante observar los siguientes hechos:
Los estudiantes deberían tener en cuenta que existen varios pares de opuestos de los cuales deberán ocuparse secuencialmente. Esto frecuentemente se olvida. Por lo general, el énfasis se pone en los pares de opuestos del plano astral, y se omite mencionar a los aspirantes del plano físico y de los niveles mentales.
No obstante, es esencial que se reconozcan debidamente estos otros pares de opuestos.
La energía etérica enfocada en el cuerpo etérico individual, antes de entrar en el período del discipulado, pasa por dos etapas:


  1. Cuando asimila la fuerza latente en la forma física densa -la energía de la sustancia atómica que produce una mezcla y fusión definidas. Esto hace que la naturaleza animal se ajuste totalmente a los impulsos internos, procedentes del mundo de influencia pránica, en lo que se refiere al hombre no evolucionado, y del mundo astral inferior, en lo que con­cierne al hombre común o más evolucionado. Tal es la verdad que reside detrás de la frecuente afirmación de que el cuerpo físico denso es un autómata.




  1. Sin embargo, en el momento en que tiene lugar la orientación interna hacia el mundo de los valores más elevados, entonces la fuerza vital o etérica, se pone en conflicto con el aspecto más bajo del hombre, el cuerpo físico denso, y se libra la batalla entre los pares de opuestos inferiores.

Es interesante observar que durante esta etapa el énfasis se pone en las disciplinas físicas o en los factores controladores, como la total abstinencia, el celibato, el vegetarianismo, la higiene y los ejer­cicios físicos. A través de éstos puede contrarrestarse el control que ejerce la forma sobre la vida, expresión inferior del tercer aspecto de la divinidad, lo cual libera al hombre para librar la verdadera batalla de los pares de opuestos.


Esta segunda batalla constituye el verdadero kurukshetra, y tiene lugar en la naturaleza astral, entre los pares de opuestos característicos de nuestro sistema solar, de la misma manera que los pares de opuestos físicos son característicos del sistema solar anterior. Podrá observarse, desde un interesante punto de vista, que la batalla entre los pares de opuestos en la espiral inferior (que concierne al cuerpo físico, en su doble aspecto) ocurre en el reino animal. Durante este proceso los seres humanos actúan como agentes disciplinarios (a su vez la Jerarquía lo hace con la familia humana), y los animales domésticos, forzados a ajustarse al control humano, luchan (aunque sea inconscientemente, desde nuestro punto de vista) con el problema de los pares de opuestos inferiores. Su batalla se desarrolla por medio del cuerpo físico denso y las fuerzas etéricas; entonces se inicia una aspiración más elevada. Esto produce, con el tiempo, la experiencia que llamamos individualización, en la cual se siembra la simiente de la persona­lidad. En el campo de batalla humano, el kurukshetra, comienza a actuar el aspecto superior del alma y eventualmente a dominar, llevando a cabo el proceso de integración humano-divino, denomi­nado iniciación. Será de valor para los estudiantes reflexionar sobre este concepto.
Cuando un aspirante ha alcanzado el grado de evolución en que el control de la naturaleza física es una necesidad urgente, repite en su propia vida esta primera batalla contra los pares de opuestos inferiores y comienza a disciplinar su naturaleza física densa.
Haciendo una amplia generalización se puede decir que la familia humana, masivamente, desarrolló este conflicto denso­etérico en la guerra mundial, lo cual constituyó una tremenda prueba y una gran disciplina. Debe recordarse que nuestras prue­bas y disciplinas son autoimpuestas y proceden de nuestras limitaciones y oportunidades. El resultado de tal prueba hizo que un gran número de seres humanos pasaran al Sendero de Probación, debido a la limpieza y purificación a que fueron sometidos. El proceso purificador los preparó en cierta medida para el prolon­gado conflicto, en el plano astral, que tienen ante sí todos los aspirantes, antes de alcanzar la meta de la iniciación. La expe­riencia de “Arjuna” la tienen que pasar hoy innumerables perso­nas. Esto es un punto muy interesante para pensar y reflexionar, pues encierra gran parte del misterio y la dificultad implícita en la secuencia del desarrollo humano. El aspirante individual tiende a pensar únicamente en sí mismo, y en sus pruebas y ensayos individuales. Debe aprender a pensar en términos de actividad masiva y su efecto preparatorio en lo que concierne a toda la humanidad. La guerra mundial fue el punto culminante en el proceso de desvitalizar el maya mundial, en lo que respecta a la humanidad. Se liberé y agotó mucha fuerza y se empleó también mucha energía, en consecuencia, mucho se esclareció.
Infinidad de personas enfrentan hoy individualmente el mis­mo proceso y conflicto. En pequeña escala se desarrolla en sus propias vidas lo que se desarrollé en la guerra mundial. Están embebidos por los problemas de maya. De allí el actual interés por la cultura física, las disciplinas y el entrenamiento físico en boga, expresados en el mundo del deporte, en los ejercicios atlé­ticos, en el entrenamiento militar y en la preparación para com­petir en los juegos olímpicos, los cuales constituyen en sí mismos una iniciación. A pesar de todo los móviles erróneos y de los terribles y malos efectos (generalizando ampliamente) el entrena­miento del cuerpo y la dirección física organizada (que tiene lugar hoy en la juventud de todas las naciones), preparan el camino para que millones de seres entren en el Sendero de Purifi­cación. ¿ Es severa esta expresión? La humanidad está bien dirigida, aunque ;momentáneamente interprete mal el proceso y aplique móviles erróneos a actividades correctas.
Existe una dualidad superior, a la cual es necesario referir­nos. Los discípulos deben encarar la dualidad que se manifiesta cuando el Morador en el Umbral y el Ángel de la Presencia se enfrentan. Esto constituye el último par de opuestos.
Con frecuencia se considera al Morador en el Umbral como algo desastroso, un horror que debe evitarse y un final y cul­minante mal. Sin embargo, quiero recordarles que el Morador es “el que está ante el portal de Dios”, mora en la sombra del por­tal de la iniciación y enfrenta con los ojos abiertos al Ángel de la Presencia, como lo denominan las antiguas escrituras. El Mo­rador puede ser definido como la suma total de las fuerzas de la naturaleza inferior, según se expresan en la personalidad, antes de la iluminación, de la inspiración y de la iniciación. La perso­nalidad en esta etapa es por sí misma excesivamente potente, y el Morador personifica todas las fuerzas síquicas y mentales que, en el transcurso de las épocas, el hombre ha desarrollado y nutrido cuidadosamente. Se lo puede considerar como el poder de la triple forma material antes de colaborar y dedicarse conscientemente a la vida del alma y a servir a la Jerarquía, a Dios y a la humanidad.
El Morador en el Umbral es una réplica del hombre separado de su yo espiritual superior, siendo también el tercer aspecto de la divinidad, según se expresa en y por medio del mecanismo humano. Este tercer aspecto debe quedar, con el tiempo, subordinado al segundo aspecto, el alma.
Las dos grandes fuerzas opuestas, el Ángel y el Morador se enfrentan, y así se inicia el conflicto final. Observarán que se pro­duce nuevamente el encuentro y la lucha entre los pares de opues­tos superiores. Por lo tanto, el aspirante debe enfrentar a tres pares de opuestos a medida que progresa hacia la luz y la liberación:




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