Psicología Esotérica II


CAPÍTULO II El Rayo de la Personalidad INTRODUCCIÓN



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CAPÍTULO II




El Rayo de la Personalidad




INTRODUCCIÓN

Al iniciar este nuevo capítulo de nuestro estudio, considera­remos al hombre tal como es, en la mayoría de los casos, en el plano físico. Haciendo una amplia generalización, podría decirse que los seres humanos se agrupan en cuatro clases:




  1. Los pocos que se hallan bajo la influencia de sus almas, o los que rápidamente están llegando a ser susceptibles a tal in­fluencia.




  1. Las personalidades, de las cuales hay muchas en la actualidad.




  1. Las innumerables personas que están despertando la concien­cia mental.




  1. La gran masa humana, constituida por esos seres humanos que aún no han despertado y constituyen la mayor parte de los habitantes del mundo.

En cada etapa de la historia humana, lo único que puede ser condicionado por la Gran Logia Blanca en la cualidad de la civili­zación. A los Miembros de la Logia sólo se les permite trabajar en los aspectos cualitativos que emergen de la naturaleza divina. Esto, a su vez, condiciona lentamente la vida de la forma, y así el aspecto forma se altera y adapta constantemente a medida que avanza hacia una creciente perfección. Este proceso condicionador se desarrolla a través de las almas que reencarnan; pues en la medida que han despertado, o están en proceso de despertar, le es posible a la Jerarquía prevalecer sobre ellas o influenciarlas, para que consideren que el factor tiempo es de suma importancia cuando se aborda el tema de la encarnación.


La generalidad de las almas humanas encarnan obedeciendo al anhelo o deseo de adquirir experiencia, siendo la atracción magnética del plano físico el factor determinante definitivo. Como almas están orientadas hacia la vida terrena. Las almas que des­piertan o las que (ocultamente hablando) “vuelven en sí”, vienen a la experiencia de la vida física apenas conscientes de otra atracción superior. Por consiguiente, no tienen una orientación definida en el plano físico, como la mayoría de sus semejantes. Estas almas, en proceso de despertar, a veces pueden ser influenciadas para retardar o demorar su entrada en la vida física, a fin de condicionar el proceso de la civilización, o para acelerar su en­trada en la vida terrena, y estar así disponibles, como agentes, para tal proceso condicionador. Dicho proceso no lo llevan a cabo mediante una actividad determinada e inteligentemente valorada. sino en forma natural por el simple efecto de vivir en el mundo y lograr los objetivos de su vida. De esta manera condicionan su medio ambiente por medio de la belleza, el poder o la influencia de sus vidas y, con frecuencia, ellas mismas son inconscientes del efecto que producen. Por lo tanto, es evidente que los cambios necesarios en nuestra civilización pueden ser rápidos o lentos, según sea el número de quienes viven como almas en entrena­miento.
Al comenzar el siglo XVIII, después de la reunión de la Jerarquía en la gran Asamblea Centenaria de 1725, se determinó realizar un esfuerzo que ejerciera una influencia más definida sobre el grupo de almas que esperaba encarnar, induciéndolas a apresurar su entrada en la vida del plano físico. Así se hizo, y vino a la existencia la civilización moderna con resultados buenos y malos. La era de la cultura, característica sobresaliente de la era Victoriana, los grandes movimientos que despertaron la conciencia humana para reconocer la libertad esencial, la reacción contra el dogmatismo de la Iglesia, los grandes y maravillosos desarrollos científicos del pasado inmediato y las actuales revolu­ciones sexuales y proletarias, son el resultado de los impulsos impuestos a las almas para acelerar su encarnación, momento que no había llegado realmente, pero cuya influencia condicionante era necesaria para resolver ciertas dificultades (presentes desde 1525). Los malos efectos mencionados, indican las dificultades incidentales al desarrollo prematuro y el indeseable desenvolvi­miento de lo que podría denominarse el mal -no obstante es un término erróneo.
Estas almas entrantes, gracias a su comprensión altamente desarrollada y a su “fuerza de voluntad”, produjeron a menudo trastornos en diversos sentidos. Sin embargo, si pudiéramos observar, como lo hacen aquellos que están en el aspecto interno y comparar la luz que posee la humanidad actual con la que poseía hace doscientos o trescientos años, apreciaríamos el enorme progreso realizado. Esto se evidencia en el establecimiento de un grupo de “almas condicionadoras” que actúa con el nombre de Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, iniciado en 1925, las cuajes pueden ahora encarnar gracias al trabajo realizado por ese grupo de almas que aceleraron su encarnación debido al impulso de la Jerarquía. Las palabras condicionar y condicionamiento se emplean aquí con mucha frecuencia, porque son apropiadas para indicar la acción. Estas almas debido a su grado de evolución, a su etapa de desenvolvimiento y a su impresionabilidad a la idea grupal y al Plan, pueden venir a la encarnación y comenzar más o menos a desarrollar el Plan y a evocar una respuesta al mismo, en la conciencia humana. De allí que pueden “preparar el camino para el advenimiento del Señor”. Esta última frase es simbólica, e indica un determinado nivel de cultura espiritual en la huma­nidad. Dichas almas son a veces vagamente conscientes de su estupenda tarea y, en la mayoría de los casos, inconscientes de su cualificador destino. Según El Antiguo Comentario, son guiadas como almas de la Jerarquía y antes de encarnar son conscientes del impulso de “ayudar al acongojado planeta y así liberar a los prisioneros que fueron cautivados por el deseo inferior”; pero una vez encarnados, esa conciencia también desaparece y su cerebro físico no será consciente de lo que sus almas se han propuesto. Sólo permanece el anhelo de realizar ciertas actividades específicas. No obstante el trabajo continúa.
Pocas almas encarnan por propia voluntad y decisión, traba­jan con claro conocimiento y emprenden la tarea inmediata. Son las personas clave de cualquier época y los factores sicológicamente determinantes en cualquier período histórico dado. Son quienes marcan el paso y realizan el trabajo precursor; atraen hacia sí el odio y el amor del mundo; trabajan como Constructores o Destructores y, con el tiempo, retornan a su lugar de origen llevando consigo el botín de la victoria, como símbolo de la propia libertad obtenida o la ajena. Hablando en sentido sicológico, con­servan las cicatrices infringidas por los opositores, pero tienen la seguridad de que han desempeñado con éxito la tarea que tenían designada.
El número de personas del primer grupo, ahora en encarna­ción, ha aumentado notablemente durante el último siglo, razón por la cual podemos esperar el rápido desarrollo de las caracte­rísticas de la entrante Era acuariana.
Las del segundo grupo, designadas como personalidades, tam­bién están adquiriendo mucho poder. Se mezclan con el primero y tercer grupos.
Hay en el mundo actualmente personalidades de los siguientes tipos:


  1. Personalidades que rápidamente pasan a la categoría de “almas condicionadoras”.




  1. Personalidades, hombres y mujeres integrados y coordinados, que no están aún bajo la influencia del alma. Su “propia voluntad y amor propio” son factores tan poderosos en sus vidas, que ejercen una influencia determinante en su medio ambiente. Es bueno observar la diferencia esotérica que existe en el significado de las palabras condicionante y determinan­te. La primera significa actuar libremente, sea un hombre, una raza o una civilización. Simplemente influye y propor­ciona las condiciones por las cuales lo mejor de la raza puede florecer y llegar a un estado de perfección. La segunda no permite actuar libremente sino que determina por medio del poder, egoístamente aplicado y utilizado para fines personales, el camino que debe seguir una persona, una raza o una civilización.




  1. Personalidades que están en proceso de despertar, las cuales se fusionan con la tercera clasificación y constituyen la flor y nata o la mejor expresión del tercer grupo.

Ahora consideraré estos tres grupos de personalidades en esta parte del tratado. La palabra personalidad se emplea muy super­ficialmente, por lo tanto, será de valor dar las distintas defini­ciones de la palabra personalidad, tanto en su empleo común como en su verdadera significación espiritual. ¿ No les parece que es de valor para los estudiantes conocer las numerosas formas en que se emplea correcta o incorrectamente esta palabra? Las enume­raré a continuación.


Una personalidad es un ser humano separado. Lo mismo podríamos decir un ser humano separatista. Pero es la definición más pobre y superficialmente empleada, y se emplea comúnmente para considerar a cada ser humano como una persona. En consecuencia, tal definición no es la verdadera. La mayoría son simples animales, con indefinidos impulsos superiores, que siguen siendo simples impulsos. Existen quienes primordialmente no son ni más ni menos que mediums; término empleado para designar ese tipo de persona que sigue ciega e impotente su camino, impelida por su densa naturaleza inferior de deseos, de la cual el cuerpo físico es sólo la expresión o medio. Ellas están influenciadas por la con­ciencia, las ideas y las reacciones de la masa; por lo tanto, son incapaces de hacer algo por iniciativa propia, sino que están estandarizados por los complejos de la masa, siendo por consi­guiente mediums que poseen ideas de masa; son arrastrados por los impulsos que le imponen los maestros y demagogos, y respon­den sin pensar ni razonar a cualquier escuela de pensamiento -espiritual, oculista, política, religiosa o filosófica. Permí­taseme repetir que tales personas son simples mediums y reciben ideas que no son propias ni que ellas han concebido.
Una personalidad es quien actúa coordinadamente debido a sus dotes, a la estabilidad relativa de su naturaleza emocional y a un completo y sano sistema glandular. A esto lo favorece su anhelo de adquirir poder y las adecuadas condiciones ambientales. Tal condición puede hallarse en cualquier campo del esfuerzo humano, haciendo del hombre un buen capataz de fábrica o un dictador, según sean las circunstancias, su karma y su oportuni­dad. No me refiero aquí en manera alguna a la deseable coordi­nación del alma y el cuerpo, que es un desarrollo posterior, sino simplemente a un buen mecanismo físico, a un sensato control emocional y a un desarrollo mental. Puede haberse alcanzado un superlativo desenvolvimiento interno y, sin embargo, tener un instrumento tan pobre en el plano físico que resulte imposible lograr la coordinación. En estos casos, el sujeto rara vez afecta a su medio ambiente, en sentido permanente o poderoso. No puede manifestar o irradiar su poder interno porque se lo impide en toda forma su mecanismo físico. Un hombre de mucho menos desarrollo interno, pero con un cuerpo físico que responda y glándulas que funcionen mejor, resultará ser, con frecuencia, un eficaz e influyente agente en el medio ambiente.
Una personalidad es un hombre que tiene sentido del destino. Dicho hombre posee la suficiente fuerza de voluntad para someter su naturaleza inferior a tal disciplina que puede cumplir el destino que subconscientemente percibe. Tales personas constituyen dos grupos y son:


  1. Los que no han establecido contacto con el alma y son impulsados a cumplir su destino por el sentido de poder, amor propio, ambición exaltada, un complejo de superio­ridad y por la determinación de llegar a la cumbre.




  1. Los que han logrado en pequeña medida contacto con el alma, cuyos métodos y móviles son por lo tanto una mezcla de egoísmo y de visión espiritual. Su problema es difícil, porque la medida del contacto establecido con el alma hace afluir la fuerza que estimula la naturaleza inferior, aunque aumente el control del alma. Sin embargo, tal control no es suficientemente fuerte como para subordinar totalmen­te fuerte como para subordinar totalmente a la naturaleza inferior.


Una personalidad es un ser humano totalmente integrado. En este caso tenemos un hombre cuya naturaleza física, emocional y mental, puede fusionarse y, en consecuencia, funcionar como uno sólo, y producir así un mecanismo subordinado a la voluntad de la personalidad. Esto puede tener lugar con o sin el estableci­miento de un definido contacto con el alma. En esta etapa está predispuesto a seguir el sendero de la derecha o el de la izquierda. La coordinación se efectúa de la siguiente manera:


  1. La coordinación de la naturaleza emocional o astral, con el cuerpo físico. En sentido racial, esto tuvo lugar durante la época Atlante; continúa efectuándose en la actualidad entre los grupos inferiores de la familia humana. Debiera ser el objetivo del desarrollo de los niños desde los siete a los catorce años.




  1. La coordinación de las naturalezas física, astral y mental en un todo fusionado. En sentido racial, dicha coordina­ción se está realizando en la raza Aria, y el proceso terminará (para la humanidad) cuando el sol entre en el signo zodiacal de Sagitario, así como ahora está entrando en el signo de Acuario. Esta coordinación está desarro­llándose rápidamente entre los miembros avanzados de la familia humana, y debiera ser el objetivo del entrena­miento de todos los adolescentes entre los catorce y los veintiún años.




  1. La coordinación comienza entre el alma y la personalidad; el alma enfoca su atención en la naturaleza astral o de deseos. Es la tarea inmediata de los aspirantes del mundo en la actualidad, y será la meta de la raza que suceda a la Aria.




  1. La coordinación entre el alma, la mente y el cerebro, ex­cluyendo el cuerpo de ilusión, el astral. Ésta es la meta peculiar de los discípulos mundiales.




  1. La coordinación que debe establecerse entre el alma, la personalidad purificada y la Jerarquía. Es la meta de los Iniciados del mundo en la actualidad, y la de todos los que se preparan para la primera, segunda y tercera inicia­ciones. Esta culminación se alcanza finalmente en la Iniciación denominada Transfiguración.




  1. La coordinación entre el alma, la personalidad y el espí­ritu. Tiene lugar mediante la Jerarquía de Almas -frase que sólo los Iniciados pueden interpretar y comprender en forma adecuada. Este proceso se lleva a cabo después de la tercera iniciación.


Un hombre puede considerarse que realmente es una perso­nalidad, cuando el aspecto forma y la naturaleza del alma se han unificado. Cuando el alma ejerce influencia sobre la personalidad y compenetra todas las manifestaciones inferiores, sólo entonces la personalidad estará a la altura de su verdadera significación y constituirá la máscara del alma, la apariencia externa de las fuerzas espirituales internas. Estas fuerzas son expresiones del alma, y el alma es el ente central o foco fundamental en el plano mental de la Vida de Dios Mismo. Esencia, conciencia y aparien­cia, son los tres aspectos de la divinidad y del hombre; cuando la personalidad está plenamente desarrollada, es la “apariencia de Dios en la tierra”. Vida, cualidad y forma, es otra manera de expresar la misma triplicidad.
Estas definiciones son realmente sencillas y breves. Las defi­niciones complicadas no aseguran su exactitud y los claros perfi­les de una verdad se pierden a menudo en un laberinto de palabras.
1. Apropiación de los Cuerpos.
Esta última definición nos lleva a considerar el tema de los rayos. La personalidad es la fusión de tres fuerzas mayores y su subordinación (después de haberse fusionado) a los impactos de la energía del alma. El impacto tiene lugar en tres etapas distin­tas, o “tres movimientos impulsivos”, como se los denomina en ocultismo, empleando la palabra impulsivo en su verdadero y común significado y no en sentido emotivo y fanático. Estos movimientos impulsivos son:


  1. El impacto producido por el alma en la etapa de la evo­lución humana que llamamos individualización. En ese momento la forma llega a ser consciente de ese toque del alma, por primera vez. La terminología esotérica lo deno­mina “Toque de Apropiación”. El alma, entonces, se apropia del vehículo.

A esta etapa le sigue un extenso período de gradual reajuste, desenvolvimiento y desarrollo. Esto tiene lugar en el sendero de la experiencia, donde el alma se aferra a su instrumento, la naturaleza o forma inferior.




  1. El impacto producido por el alma debido a los problemas y apremios que surgen en las etapas posteriores de expe­riencia. Durante esta etapa la apremiante necesidad y los problemas originados por las fuerzas opuestas, llevan al hombre a someterse a una influencia superior. Entonces. desesperado, invoca al alma y a la fuente espiritual inherente a su naturaleza divina, no utilizada hasta en­tonces. A este impacto se lo denomina “Toque de Acep­tación”, y significa que el alma accede a la demanda de ayuda y luz de la personalidad. De este modo, el alma acepta guiar a la personalidad.

Observen que aquí me refiero a la actitud que adopta el alma hacia la personalidad y no a la de la personalidad hacia el alma, como comúnmente sucede. Este tratado se ocupa especialmente de las reacciones y actividades del alma, por medio de la energía de su rayo, y de su res­puesta a la demanda de las fuerzas -enfocadas, combi­nadas e integradas- de la personalidad.




  1. El impacto del alma durante las distintas y sucesivas iniciaciones, a las cuales se somete oportunamente el dis­cípulo al pasar del cuarto al quinto reino de la naturaleza. A esta etapa se la denomina “Toque de Iluminación” donde, al reunir las fuerzas de la personalidad purificada y las del alma “que se acerca”, se “engendra una luz que no se desvanece”.

En estos tres impactos:




  1. el Toque de Apropiación en el plano físico,

  2. el Toque de Aceptación en el plano astral,

  3. el Toque de Iluminación en el plano mental,

se resume en forma clara y concisa la actitud que adopta el alma hacia su instrumento que se prepara en forma acelerada.


El gran Toque de Apropiación reside racialmente en el pasado; el Toque de Aceptación tiene lugar en el campo de batalla de la naturaleza emocional, y el Toque de Iluminación se efectúa a través de la mente.
Las tres primeras iniciaciones son expresiones de estas tres etapas o impactos. Se puede decir también que las razas Lemuriana, Atlante y Aria, son también expresiones de las reacciones del hombre a estos tres acercamientos del alma.
En la tercera iniciación el alma y la personalidad se fusionan perfectamente a fin de que la luz resplandezca y se establezcan los grandes acercamientos entre el alma y la forma.
En este ciclo particular y en la actual raza Aria, la Jerarquía, como expresión del Reino de las Almas, recapitula estos tres

inevitables pasos, efectuando ciertos acercamientos a la raza humana. Por lo tanto, se puede dividir a la humanidad en tres grupos y relacionarla con los tres acercamientos mayores:




  1. El Acercamiento de Apropiación expresará el efecto que producirá el estímulo actual sobre las masas no evolucionadas. Millares de hombres y mujeres están en proceso de despertar y durante los próximos años llegarán a tener conciencia del alma, la cual va intensificando en cada individuo la apropiación ini­ciada en la crisis lemuriana de individualización; esta antigua actividad se repite nuevamente, como necesario esfuerzo de reca­pitulación. Todo esto se halla hoy, casi totalmente, en la esfera de la conciencia. La gran apropiación tuvo lugar hace millones de años. Un gran despertar tendrá lugar hoy en la conciencia sobre la significación de lo que entonces fue mayormente un gran acontecimiento físico, y las masas serán conscientes en su con­ciencia cerebral de esa primitiva apropiación. Esto se produce en virtud de un nuevo acercamiento del alma y su avance hacia su reflejo, la personalidad; lo cual produce, con el tiempo, el consi­guiente reconocimiento por parte del hombre.




  1. El Acercamiento de Aceptación será similarmente reco­nocido por los hijos de los hombres inteligentes y altamente evolucionados, los cuales percibirán la relación existente entre sus personalidades y el alma y entre las fuerzas de la naturaleza inferior y la energía del alma. De esta tarea particular se ocupa principalmente el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, si se consideran sus actividades desde el punto de vista de la Jerarquía. El trabajo de este grupo consiste en facilitar la entrada de la energía del alma, la cual se expresa como amor y buena voluntad; esto a su vez traerá como resultado la paz individual, racial y planetaria, y se desarrollará el gran aspecto grupal del acerca­miento que se está llevando a cabo en la actualidad.




  1. El Acercamiento de Iluminación lleva al discípulo a través del Portal de la Iniciación; es el efecto de la misma energía que actúa sobre las personalidades de los discípulos mundiales y trasforma su espíritu de aspiración en la luz de la iniciación.

Los Misterios del mundo, de la carne y del demonio (em­pleando la terminología simbólica del cristianismo) deben ser trasmutados rápidamente en los Misterios del Reino de Dios, en la energía del alma y en la revelación de la divinidad. El secreto oculto del loto invertido (el mundo) debe ser revelado por el loto abierto del reino de las almas. El secreto de la carne, que es la prisión del alma, es revelado por el perfume que exhala el loto del alma al abrirse. Oportunamente se verá que el misterio del demonio es la luz del semblante de Dios que revela lo indeseable y debe ser modificado y rechazado, trasformando así la vida por la luz que afluye de la naturaleza de Dios.


Será útil estudiar estos tres acercamientos del alma -indi­viduales y jerárquicos-, reflexionar sobre ellos y someternos a un entrenamiento, para que podamos obtener los reconocimientos necesarios. Reflexionemos también sobre las siguientes triplici­dades:

1. Conciencia de masa Autoconciencia Conciencia grupal,

que a su debido tiempo, conducen a la

2. Apropiación Aceptación Iluminación

a través de las etapas raciales de la

3. Experiencia lemuriana Experiencia atlante Experien­cia ariana

y las etapas individuales de

4.Experiencia Discipulado Iniciación.

Éstas llevan a su vez a las etapas de

5. Probacionista racial Discipulado racial Iniciación racial,

y en lo individual

6. El probacionista El Discípulo El Iniciado

que conducen con el tiempo a

7. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo La Jerarquía El Reino de Dios.


Un estudio comparativo de estas etapas y fases, revelará la forma en que surge la revelación entre el ego y la personalidad, y es el rasgo característico entre ambas, y en lo que al aspirante concierne es el enfoque o la concentración del aspecto vida. En la personalidad el foco de la conciencia está en la Forma. En la indi­vidualidad, el foco se transfiere al Alma. Todo depende de donde se halla el centro de la atención. “Los acercamientos” que se Ori­ginan entre el alma y la personalidad son los procesos de relación durante los períodos de transición. En lo que respecta a la raza, se denominan les grandes Acercamientos de la Jerarquía y repre­sentan el alma de la humanidad dentro de la forma racial. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo es el conjunto de hombres y mujeres que tan respondido a uno de estos acercamientos ma­yores. Realizado esto, se convirtieron en un grupo vinculador o de enlace entre la Jerarquía y la raza facilitando así la tarea de la Jerarquía planetaria.
Hoy es posible revelar estos Acercamientos mientras se están realizando. En el primer Gran Acercamiento que tuvo lugar en la época de Lemuria, cuando se individualizó la raza de los hom­bres, únicamente los miembros de la Jerarquía tenían conciencia del propósito. Aquellos a quienes Ella se acercaba, registraron tenuemente un profundo anhelo de lograr cosas mejores. Así nació la aspiración, la aspiración consciente, si tal palabra puede emplearse, en conexión con el vago anhelo del hombre animal. Hoy el progreso alcanzado como efecto de la evolución es tal que muchas personas pueden registrar y registran conscientemente la influencia del alma y el acercamiento de la Jerarquía. Esta capacidad de registrar el Acercamiento, o Toque de Iluminación, se debe en gran parte al exitoso trabajo del Cristo cuando des­cendió a la Tierra hace dos mil años. Nos familiarizó con la idea de la divinidad -concepto entonces enteramente nuevo en lo que al hombre concierne. Él preparó el camino para un próximo acer­camiento en amplia escala del reino de las Almas, mediante la Jerarquía y su agente jerárquico, el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Quizás esto imparta alguna comprensión de un aspec­to del trabajo del Cristo que con frecuencia se pasa por alto.
A medida que el séptimo rayo viene a la manifestación se facilitará el acercamiento entre dos reinos superiores, el de los hombres y el de las almas, porque comienza a desarrollarse el deseado trabajo mágico de producir y establecer relaciones. La tarea del Rayo del Orden Mágico será desarrollar la sensibilidad hacia uno de esos Acercamientos mayores que actualmente se in­tenta realizar. Sólo a medida que transcurre la historia y cuando conozcamos más adelante la asombrosa naturaleza de la época por la que la raza está pasando, la humanidad podrá apreciar la sig­nificación de la tarea de la actual Jerarquía y la magnitud del éxito alcanzado desde 1925, como resultado del impulso iniciado e instituido en 1875.
Es innecesario decir algo más sobre este punto, excepto indi­carles que los primeros resultados del trabajo realizado durante & Festival de Wesak de 1936 y la respuesta de la humanidad, jus­tificarían la esperanza puesta en el éxito. Permanezcamos con­fiados y preparados, sin temores ni incertidumbres, conservando lo que se ha obtenido por el esfuerzo realizado en el pasado (con­juntamente con todos los servidores del mundo), lo cual nos pro­porcionará un positivo punto focal para transmitir energía espiritual.
Antes de continuar con el estudio del Rayo de la Persona­lidad, sería conveniente agregar algo más a la información dada sobre los tres Acercamientos del alma, o los tres Toques, que son los agentes transformadores e iniciadores de la vida de la personalidad. Los estudiantes harán bien en recordar que siempre debe realizarse en la vida del yo inferior una actividad análoga, re­flejo de las actividades del Yo superior. Así como el alma efectúa tres acercamientos a su instrumento o reflejo, el ser humano, similarmente la personalidad integrada, se acerca para establecer la unión con el alma por medio de tres toques similares o relacio­nados. Será de valor extendernos algo más sobre este tema.
La correspondiente actividad de la personalidad en el Acerca­miento de Apropiación, es el resultado de la reorientación y del reajuste que tiene lugar en la vida de la personalidad cuando está en el sendero de probación. Entonces el aspirante individual des­pués de mucha lucha y gran esfuerzo, “toca” de pronto y por un instante el nivel del alma y conoce así el significado de la expre­sión “contacto con el alma”. Tal contacto ya no es un deseo, una visión, una creencia teórica o una esperanza, sino una experiencia y un hecho. Los términos “el contacto con el alma” y “sentir la cualidad vibratoria del alma” son frases que se emplean con fre­cuencia. Les sería de valor a los estudiantes aprender a apreciar que “en la meditación profunda” súbitamente reconocen y esta­blecen cierta relación; la personalidad ha respondido -por pri­mera vez- de tal modo, que la “apropiación” del instrumento efectuada por el alma (llamada individualización), la repite la personalidad, apropiándose de la inspiradora e influyente alma. Esta experiencia marca un momento significativo en la vida del alma y de la personalidad; el hombre ya no será el mismo, pues ha participado de una actividad del alma. Este gran aconteci­miento, visto desde este ángulo, debería proyectar una nueva luz e infundir un nuevo espíritu emprendedor cuando el aspirante practica la meditación. Así como el alma mediante una actividad planeada se individualizó en una forma humana, también el aspi­rante probacionista, como resultado de una actividad planeada, da los primeros pasos para individualizarse en una forma espi­ritual, teniendo lugar el cambio de conciencia de una naturaleza corpórea a un cuerpo “no hecho con las manos y eterno en los cielos”. El yo inferior repite la actividad del Yo superior. Un acontecimiento en el sendero ascendente explica el significado de lo que ha ocurrido en el sendero descendente.
Se dice que transcurre mucho tiempo entre la primera inicia­ción y la segunda (donde culmina la Crisis de Apropiación en el sendero ascendente). Hay aquí también una analogía de los pri­mitivos acontecimientos, pues ha transcurrido mucho tiempo desde que tuvo lugar la individualización, técnicamente entendida, que fue el primer gran acercamiento del alma ocurrido en días de Lemuria o en crisis anteriores en el planeta muerto, la Luna. Así como la forma del hombre animal tuvo que alcanzar cierto grado de desarrollo, también la forma humana tiene que alcanzar hoy el nivel de integración de la personalidad antes de que pueda repetir conscientemente el Acercamiento de Apropiación.
Luego tiene lugar en la vida del aspirante un período en el que pasa del sendero de probación al del discipulado, resultado de la actividad que, en la vida de la personalidad individual, es el reflejo del Acercamiento de Aceptación, que se produce en el campo de batalla del plano astral. Allí el discípulo acepta conscientemente, el inevitable proceso de transmutación que debe efec­tuarse antes de que la personalidad pueda llegar a ser un ins­trumento apto para el alma. Permanece entre los pares de opues­tos, aprendiendo el secreto de la dualidad y fijo en el punto medio, como Arjuna, busca el camino de salida, y eventualmente acepta la tarea que tiene por delante. Ésta es la etapa de sumisión, a la cual todo discípulo se somete.
Mediante la aceptación, el aspecto astral de la personalidad se pone en línea con el propósito divino del alma que mora inter­namente, lo cual no es una débil y negativa sumisión ni una pe­nosa y afable aceptación de la así denominada Voluntad de Dios, sino la positiva y dinámica posición o actitud, en el campo de batalla de la vida. Esta actitud reconoce, correctamente, como hizo Arjuna, las exigencias de los dos ejércitos (el del Señor y el de la Personalidad) y mientras acepta la realidad del caso, el dis­cípulo permanece firme y lucha lo mejor que puede por obtener el privilegio de la comprensión y la actitud correcta. Así como el alma en días lejanos accedió y dio el “toque de aceptación” a la obligación asumida, cuando tuvo lugar el acercamiento de apro­piación, y las demandas de la personalidad al alma se hicieron cada vez más definidas, ahora la personalidad invierte el pro­ceso y reconoce las demandas del alma. Esto marca, como pue­de verse, una etapa bien definida en la vida del aspirante, producida por el desdichado sentido de dualidad, causa del ma­lestar y el sufrimiento en la vida de todo discípulo. A esta altura del Camino es donde fracasan muchos discípulos bien intencionados. En vez de mantenerse firmes en su ser espiri­tual y adoptar una posición decidida en el camino medio entre los pares de opuestos, intensificando el toque de apropiación y tratando de realizar el acercamiento de aceptación, caen en la ilusión de la propia conmiseración, que impide realizar el pro­ceso de apropiación. Entonces se produce un terrible conflicto al tratar de cambiar el tema de su vida; los discípulos olvidan que este tema es la personificación del Verbo del alma en deter­minada encarnación y que ningún tema -que traiga a la exis­tencia determinadas condiciones- proporcionará las correctas y necesarias circunstancias para el pleno y total desarrollo. Los discípulos llegan a absorberse tanto en el tema que olvidan al autor.
El dramático ensayo, por parte de la personalidad, de lograr el Acercamiento o Toque de Iluminación (realizado por el alma) tiene lugar en el Sendero de Iniciación. Fue representado por el Buddha cuando recibió la iluminación y se convirtió en el Ilumi­nado.
Existe un punto peculiarmente interesante, que quizás pueda esclarecerse. Dios o cualquier palabra que emplee para designar al Originador de todo cuanto existe, reproduce constantemente para Su pueblo estos dramáticos acercamientos. Al hacerlo y a medida que transcurre la historia deben surgir y han surgido ine­vitablemente dos grandes tipos de Avatares. Existen ante todo, Aquellos que personifican en Sí Mismos los grandes acercamien­tos del alma. Existirán (les pido que observen el cambio operado en el tiempo del verbo) Quienes personificarán acercamientos humanos o actividades análogas a las que realiza la personalidad en los acercamientos del alma. Éstos son denominados en términos esotéricos, “los Avatares de descendencia logoica en el Sendero radiante de...” y “los Avatares de descendencia divina en el Ca­mino de Reivindicación”. No puedo traducir con más claridad estos términos, ni encuentro palabras adecuadas que califiquen el sendero radiante.
En el Camino de los Acercamientos descendentes, el Buddha, desde y en el plano mental, personificó en Sí Mismo la ilumina­ción resplandeciente, resultado de un raro acontecimiento -el Toque Cósmico. Desafié a los pueblos a hollar el Sendero de Luz, del cual el conocimiento y la sabiduría son dos de sus aspectos. Cuando ambos se relacionan producen luz. Por lo tanto, en forma curiosa y esotérica el Buddha personificó en Sí Mismo la fuerza y la actividad del tercer rayo, tercer aspecto de la divinidad -el divino principio cósmico de la Inteligencia que al fusionarse con & rayo de nuestro sistema solar (el rayo del Amor), el Buddha expresó perfectamente la significación de la luz en la materia, el principio inteligencia, tal como se halla en la forma, y fue el Avatar que contuvo en Sí Mismo las simientes maduras del an­terior sistema solar. No debe olvidarse que nuestro actual sistema solar, tal como se describe en el Tratado sobre Fuego Cósmico, es el segundo de una serie de tres.
Luego vino el siguiente gran Avatar, el Cristo, el Cual abar­cando en Sí Mismo toda la sabiduría y la luz -que obtuvo el Buddha (y en sentido oculto y espiritual había obtenido la plena iluminación) en el Camino del Acercamiento descendente- per­sonificó también la incluyente paz proveniente del Toque de la, Divina Aceptación. El Cristo encarné la fuerza de sumisión y llevó el Acercamiento divino al plano astral, el plano del sentimiento.
De esta manera, estos dos grandes Hijos de Dios han esta­blecido dos principales estaciones de energía y dos centrales de luz, y han facilitado grandemente el descenso de la vida divina a la manifestación. El Camino está ya abierto, para que el ascenso de los hijos de los hombres sea posible. Alrededor de las dos ideas del descenso divino y el correspondiente ascenso humano, debe erigirse la nueva religión.
Centros de fuerza se han establecido debido al trabajo reali­zado por los diversos Salvadores Mundiales. A medida que transcurre el tiempo, la humanidad debe hacer contacto con dichos cen­tros de fuerza, repitiendo individualmente (en pequeña escala) los acercamientos cósmicos o toques de divinidad, dramáticamente dirigidos por los Avatares cósmicos, el Buddha y el Cristo. El Cristo, debido a que es el Primer Iniciador, Se ha acercado más a la humanidad porque enfocó la energía divina en el plano astral, mediante Su divina aceptación.
Estos dos centros de fuerza, desde cierto punto de vista, cons­tituyen los Templos de la Iniciación, a través de los cuales todos los discípulos deben pasar. Este acontecimiento será el tema de la nueva religión venidera.
Durante la época Lemuriana el género humano penetró en dichos Templos en el gran Acercamiento Cósmico de Apropiación. En la época Atlante penetraron algunos de los hijos de los hom­bres más avanzados y muchos más penetrarán en un futuro inmediato, mientras que un determinado número será elevado a la inmortalidad; pero para una gran mayoría, desde el punto de vista de la raza, la futura iniciación consistirá en penetrar en vez de ser elevada. No me refiero aquí a las denominadas cinco iniciaciones mayores, sino a ciertos acontecimientos grupales que son, predominantemente, de carácter cósmico. Las iniciaciones mayores, meta del esfuerzo humano, son de naturaleza individual y constituyen, por así decirlo, un período preparatorio de expan­siones de conciencia. Hubo, si puedo expresarlo así, siete pasos o acercamientos en la vida de Dios, en los reinos subhumanos ante­riores al Acercamiento de Apropiación, cuando la humanidad se individualizó. Existen como bien sabemos cinco iniciaciones para los discípulos mundiales, las cuales son pasos hacia el Acerca­miento de Aceptación, que será posible dar en nuestro planeta an­tes de mucho tiempo. Después de haber dado los siete y los cinco pasos, deben darse tres más, antes de ser posible, en un futuro muy distante, obtener el Acercamiento cósmico de Iluminación. De esta manera la humanidad penetra en el Atrio externo del amor de Dios, pasa al Lugar Sagrado y se eleva al Lugar Secreto del Altísimo.
Más adelante aparecerá el Avatar que encarnará en Sí Mismo toda la iluminación del Buddha y todo el disciplinado amor del Cristo. También personificará la energía que produjo el Acercamiento de Apropiación, y cuando Él aparezca tendrá lugar la gran apropiación, por parte de la humanidad, de su reconocida divini­dad y se establecerá sobre la tierra una central de luz y poder que permitirá exteriorizar los Misterios de la Iniciación. Este acercamiento es la causa de las perturbaciones actuales, pues el Avatar ya está en camino.
Mucho de lo que antecede significará muy poco para quienes no están todavía en el sendero del discipulado aceptado. Aquí nos ocupamos de algunos de los principales misterios, pero un mis­terio sólo se mantiene como tal, cuando prevalecen la ignorancia y la incredulidad. No existe misterio donde hay conocimiento y fe. El advenimiento del Avatar, quien fusionará en Sí Mismo los tres principios de la divinidad, es un acontecimiento futuro inevitable y, cuando aparezca, “la luz que siempre ha existido será vista, el amor que nunca cesa se comprenderá y vendrá a la exis­tencia el fulgor profundamente oculto”. Entonces tendremos un nuevo mundo, un mundo que expresará la luz, el amor y el cono­cimiento de Dios.
Estos tres Templos de los Misterios (de los cuales existen ya dos y el tercero aparecerá posteriormente), se relacionan con cada uno de los tres aspectos divinos, fluyendo a través de ellos la energía de los tres rayos mayores. En los correspondientes acercamientos de la humanidad al sendero ascendente, la energía de los cuatro rayos menores de Atributo otorga el poder para el acercamiento necesario. Mediante el trabajo activo y la orien­tación de los “custodios que presiden” estos templos, vendrá a la existencia el quinto reino de la naturaleza. En el Templo del plano mental preside el Buddha, y allí se consumará Su tarea incon­clusa. En el Templo del plano de la emoción sensoria y de la aspi­ración amorosa, preside el Cristo, por ser el Templo de los procesos iniciáticos más difíciles. La razón de esta dificultad y la importancia de este Templo se deben a que nuestro sistema solar es un sistema de Amor, de respuesta sensoria al amor de Dios, y donde se desarrolla esa respuesta por medio de la facultad innata del sentimiento o sensibilidad. Esto demanda la colaboración de un Hijo de Dios que personificará dos principios divinos. Poste­riormente vendrá un Avatar, quien no alcanzará la plena ilumi­nación del Buddha, ni la plena expresión del amor divino del Cristo, pero poseerá una gran medida de sabiduría y amor, ade­más del “poder de materializar”, que le permitirá establecer en el plano físico una central divina de fuerza. Su tarea será, en muchos sentidos, más difícil que la de los dos Avatares prece­dentes, porque lleva en Sí Mismo no sólo las energías de los dos principios divinos ya “debidamente arraigados” en nuestro pla­neta por Sus dos grandes Hermanos, sino que poseerá también en Sí Mismo mucho del tercer principio divino, hasta ahora no uti­lizado en nuestro planeta. Manifestará la Voluntad de Dios, y sobre esta voluntad nada sabemos todavía. Su tarea será tan di­fícil que se está entrenando al Nuevo Grupo de Servidores del Mundo para ayudarlo. Así, Él introducirá en la tierra un aspecto del principio del primer rayo.
Todo lo que el estudiante puede captar es que el Plan será el impulso dinámico de esta tercera y vital energía que compe­netrará el atrio externo del Templo y constituirá un Templo de Iniciación en el plano físico, exteriorizando en cierto aspecto las actividades de la Jerarquía. Entonces tendrá lugar la primera iniciación en la tierra y dejará de ser un secreto velado. Ésta es la iniciación del atrio externo, donde tendrá lugar el acercamien­to del alma en el Camino Descendente a la manifestación y la consiguiente apropiación, por la personalidad, de la energía divi­na otorgada en el Camino Ascendente.
En el Lugar Sagrado es donde se realiza la segunda inicia­ción, la cual se conferirá algún día en el plano astral, cuando se halla disipado en parte la ilusión que allí prevalece. El Cristo preside esta segunda Iniciación y, como ya se dijo, -es para noso­tros la más difícil y la más transformadora de las iniciaciones. La aceptación del alma a las exigencias de la personalidad para lograr la vida espiritual y la sumisión de la personalidad al alma, llegan allí a su consumación.
Finalmente, llegará la iniciación de la Transfiguración, en la que irrumpirá la luz y se conferirá el Toque de Iluminación, y el alma y la personalidad se revelarán como una. Este proceso requiere también la ayuda del Buddha y la inspiración del Cristo, y está “custodiado ocultamente” por el Avatar del plano físico.
Lo que antecede encierra una insinuación respecto a lo que tendrá lugar cuando haya en las personalidades humanas un constante despertar y una acción activa. La acelerada venida del Avatar que establecerá la central de luz y poder en el plano físico, depende del rápido desenvolvimiento y de la aparición de perso­nalidades integradas que amen, piensen y sirvan. Se ha dada aquí un nuevo indicio sobre uno de los aspectos más esotéricos del trabajo del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo y también sobre la razón por la cual se ha escrito este tratado sobre los Siete Rayos. La comprensión de los rayos y de las fuerzas impul­soras en y a través de la personalidad y con las cuales ésta tiene que trabajar, fue esencial para que este tercer Avatar, prove­niente de fuentes cósmicas, pueda realizar su trabajo.
Hemos tratado así de exponer algo sobre los problemas de la personalidad desde el ángulo de cosas más importantes. Como lo dicta la ley oculta, hemos comenzado con la relación que existe entre la forma y el alma, con el descenso de la vida y el ascenso de los hijos de Dios, y actuando bajo la misma ley hemos llevado el pensamiento hasta la realidad de la Jerarquía, y su relación con el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. La información dada hasta ahora sobre la iniciación ha consistido principalmente en las relaciones existentes entre el hombre individual, el alma y la Jerarquía. Aquí se describen ciertas implicaciones grupales. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo se relaciona con la Jerarquía como el cuerpo con el alma; a su vez, como grupo de almas se relacionan similarmente con la familia humana. Por lo tanto tenemos:

1. El Alma El Cuerpo.

2. El Quinto Reino El Cuarto Reino.

3. La Jerarquía El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo.

4. El Nuevo Grupo de Servidores del mundo La Humanidad.

5. Un Alma Una Personalidad.


Un ente desciende hacia un ente que asciende, con el cual está relacionado (hablando en términos de acercamiento en dos direc­ciones). Esto se debe al impulso divino y a la aspiración humana, y ambos actúan en forma similar a:


  1. La Ley del Karma.

  2. La Ley de la Necesidad.

  3. La Ley de los Ciclos.

  4. La Ley de Atracción.

Volvamos ahora al nivel de la comprensión práctica. Aunque a veces nos apartamos del tema para tratar estos asuntos impor­tantes, no son especialmente para la actual generación de lectores, sino para los que vienen ahora a la existencia, quienes tendrán una mayor comprensión de la que podría tener el aspirante que hoy se interesa en el estudio de estas páginas.


Como se ha dicho, tres tipos de energías se encuentran y fu­sionan en la personalidad y se expresan por medio de la forma tangible externa, la cual está coloreada, animada y condicionada por un cuarto tipo de energía -la de la materia básica. Esta materia es el producto del primer sistema solar, y la energía de que está compuesta no pertenece, por lo tanto, en forma absoluta, a nuestro sistema solar, excepto por un acto de apropiación reali­zado por nuestro Logos planetario en los albores de la actividad creadora de Dios. Tratando de impresionar, impeler y animar a este grupo de cuatro energías, se halla la energía animadora e inmanente del alma. Este quinto tipo de energía es en sí mismo de naturaleza dual, siendo el arquetipo trascendente de la mente y de la emoción, o de la voluntad y el amor. Estas seis energías, a su vez, están animadas o impelidas por la vida de Dios Mismo, constituyendo así las siete energías que están ahora en manifestación. Esto lógicamente es bien sabido porque la teoría constituye la estructura del oculto conjunto de verdades, y en esta afirma­ción se formula la estructura esencial sobre la cual descansa el esoterismo. La he expuesto puramente en términos de energía y no de principios o grupos, a fin de poner la Sabiduría Eterna a la par de la verdad moderna y de las conclusiones científicas. Por lo tanto tenemos:
La Personalidad:


  1. La energía de la mente. La fuerza de manas. El reflejo de la voluntad y del propósitos divinos. El móvil. El im­pulso de forjar planes, bajo la Ley de Síntesis.




  1. La energía de la sensibilidad. La capacidad de respon­der. El sentimiento emocional, la energía astral. El re­flejo del amor. La fuerza del deseo. El impulso a la aspi­ración. El anhelo evolutivo divino. La tendencia a atraer y a ser magnético, bajo la Ley de Atracción.




  1. La energía de la vida.. La capacidad de integrar y coordi­nar. La fuerza del cuerpo vital o etérico. El reflejo de la actividad inteligente o movimiento divino. El impulso a actuar y a ser energético, bajo la Ley de Economía.




  1. La energía de la materia densa. La actividad exterio­rizada. Las reacciones automáticas de la. envoltura ex­terna. El punto más denso de la unidad. El aspecto más bajo de la síntesis.


El Alma:


  1. La energía. de budhi. La fuerza del divino amor razo­nador. La intuición, que es parte de la flor de la energía atractiva y se enfoca en los “pétalos de amor del loto egoico”. Su reflejo se halla en la conciencia astral, emo­cional y sensoria de la personalidad.




  1. La energía de atma. La fuerza de la voluntad divina. La personificación del propósito divino. Éste se enfoca en los “pétalos de sacrificio del loto egoico”. Su reflejo se halla en la naturaleza mental de la personalidad.


El Espíritu:


  1. La energía de la vida misma.

Estas energías constituyen el ser humano, un ente de energía. Hacen de él esencialmente un ser humano activo, inteligente, amo­roso, viviente, energías que se desarrollan consecutivamente en tiempo y espacio y, como resultado del gran experimento evolu­tivo, lo llevarán al pleno florecimiento de su naturaleza y a la plena expresión de los siete tipos de energías que lo condicionan.


Surge una pregunta: ¿ Cuándo podrá darse cuenta el hom­bre, en su conciencia personal y separada (tal como lo capta su cerebro que va despertando), de la veracidad de la existencia de este septenario de energías? Responderé de la manera siguiente:


  1. El hombre no evolucionado y los seres humanos de grado inferior se dan cuenta de las necesidades de la naturaleza física automática y de los impulsos del cuerpo vital o etérico.




  1. Los seres humanos que están en proceso de despertar se están coordinando y se dan cuenta de estos primitivos anhelos e impulsos, además de las reacciones sensorias y emotivas del cuerpo astral o emocional.




  1. La humanidad inteligente estará a su debido tiempo condi­cionada por los anhelos e impulsos y la sensibilidad de los tres tipos más inferiores de energía, además de la energía de la mente. Cuando se haya logrado realmente esto, el hombre será, definidamente, un aspirante en el Sendero de Probación.




  1. Los aspirantes están ahora llegando a ser conscientes del la energía del alma y de la actividad fusionada de las energías del alma (budhi-atma) trae el desenvolvimiento de la hilera externa de pétalos, los pétalos del conocimiento, formados por tres tipos de fuerza:




  1. La energía manásica. La energía de los niveles abstractos del plano mental, que es inherente al alma.




  1. La energía mental. La energía de los niveles concretos del plano mental, que constituye definidamente una contribu­ción del ser humano mismo.




  1. La energía de la mente, que reside en la materia misma, es inherente a la mente y heredada de un sistema solar anterior.

Estos tres aspectos de la energía mental se fusionan y son la síntesis de la fuerza inteligente de la deidad. Personi­fican todo lo que un ser humano puede abarcar en tiempo y espacio de la mente de Dios, y estos tres aspectos son:




  1. La energía de la vida inteligente, procedente de Dios, el Padre.




  1. La energía del alma o conciencia inteligente, procedente de Dios, el Hijo.




  1. La energía de la materia inteligente, procedente de Dios, el Espíritu Santo.




  1. Los discípulos del mundo se ocupan de integrar la personali­dad con el Alma, o con la síntesis de los primeros cinco aspectos de la energía, a medida que los pétalos de amor del loto son reconocidos conscientemente, y la intuición empieza a actuar tenuemente. Estos pétalos de amor, que únicamente son formas simbólicas para expresar la energía, tienen una actividad dual -hacen ascender las energías planetarias y descender las energías de la Tríada Espiritual, la expresión de la Mónada.




  1. Los iniciados van adquiriendo conciencia del sexto tipo de energía, la de Atma, el aspecto voluntad del Espíritu. Esto permite que puedan trabajar con el Plan y por medio de los pétalos del sacrificio, iniciar el servicio al Plan, el cual es siempre el objetivo de los iniciados que son miembros de la Jerarquía, que comprenden, expresan y trabajan con el Plan.




  1. Después de la tercera iniciación el discípulo empieza a tra­bajar con el Espíritu y a comprender su significación; su conciencia se transfiere gradualmente del Alma a la Mónada, así como la conciencia de la personalidad se transfiere de la conciencia inferior a la del alma.

Éste es el segundo panel, si puede expresarse así, del cuadro aquí descrito de la vida divina, a medida que se expresa por medio de la conciencia de la humanidad. Trato de emplear términos de los cuales pueda surgir comprensión. El primer panel contenía algunas implicaciones universales. Esto fue elaborado en el Tratado sobre Fuego Cósmico. Este segundo panel del Tratado sobre los Siete Rayos, proporciona una visión general del desarrollo sintético del hombre. El tercer panel penetra en el reino del tra­bajo sintético y fue incorporado en el Tratado sobre Magia Blanca.


Sería muy útil tener presente lo expuesto anteriormente:


  1. El cuerpo mental está regido por los rayos 1, 4 y 5.

  2. El cuerpo astral por los rayos 2 y 6.

  3. El cuerpo físico por los rayos 3 y 7.

Esto se olvida con frecuencia, y las personas tendrán que reajus­tar sus ideas sobre esta materia. Mediant3 la comprensión de los predominantes tipos de fuerza, a medida que condicionen los dife­rentes vehículos, surgirá la verdadera naturaleza del problema de la sicología y aparecerá la correcta clave para la solución. La clasificación y afirmación anteriores son las más importantes que se han hecho en este tratado en conexión con la sicología.


Gradualmente se observará que se pueden emplear ciertas meditaciones, pertenecientes a determinado rayo, para atraer la influencia del alma, las cuales se dilucidarán posteriormente. Se darán algunas fórmulas sencillas, aunque poderosas, de medita­ción, que puede utilizar el hombre cuando es una personalidad integrada, a fin de alinear y controlar uno u otro de sus vehículos.
Se observará también que los rayos que rigen a la mente incluyen a un rayo que vincula la naturaleza mental con el rayo del sistema solar, el rayo cósmico del amor. Este rayo vinculador es el cuarto Rayo de Armonía, que significa también Armonía a través del Conflicto, rayo muy importante, porque nos da la clave del problema del dolor y del sufrimiento. Debemos poner la aten­ción sobre este rayo y la naturaleza mental que se relaciona con él. La comprensión de esta relación nos indicará el camino de salida, o el empleo de ese tipo de fuerza que llevará a la humanidad a esa salida. Todo hombre que ha llegado a integrar su personalidad tiene, con el tiempo, que invocar este cuarto tipo de energía cuando se halle en el Sendero, a fin de condicionar en forma correcta su mente, y mediante ésta, su personalidad.
Por lo tanto al considerar a la personalidad y los Rayos que la condicionan, estudiaremos:
1. La apropiación de los cuerpos:


  1. Su construcción sicológica, o construcción coherente.

  2. Su desarrollo y eventual alineamiento.

  3. Su interrelación en la vida de la personalidad.

2. La coordinación de la personalidad:




  1. Las técnicas de integración, que son siete.

  2. La técnica de fusión, que conduce al surgimiento del rayo de la personalidad.

  3. La técnica de la dualidad, comprendida en sentido divino, o la relación del rayo de la personalidad y el rayo del alma.

3. Algunos problemas sicológicos, surgidos por el grado de evo­lución alcanzado por la personalidad.




  1. La técnica de apropiación. Integración física y etérica.

  2. La técnica de aceptación. Curación astral o síquica.

  3. La técnica de iluminación. Educación mental.

En este estudio tenemos mucho material para reflexionar. Los temas que hemos tocado son profundos y difíciles de entender y captar. Sin embargo, una lectura cuidadosa, la reflexión tran­quila y la aplicación práctica de la verdad presentida y de la idea intuida, traerán gradualmente el esclarecimiento y conducirán a la aceptación de las técnicas del Alma y a la apropiación de la enseñanza.


a. FORMACIÓN Y CONSTRUCCIÓN DE LOS CUERPOS
En la literatura teosófica se habla mucho de los diversos elementales o señores lunares, que componen, constituyen y con­trolan Ja naturaleza inferior, triplicidad que forma la personalidad. Fueron creados por el hombre y constituyen la base del problema que él, como alma, debe enfrentar hasta lograr la liberación final. El elemental mental, el elemental astral y también el físico, tienen una definida vida propia, matizada por los rayos a los cuales pertenecen y también tienen su ser los distintos cuerpos o elemen­tales, hasta que el hombre haya alcanzado un nivel de evolución relativamente elevado.
En El Antiguo Comentario se mencionan los elementales que componen el cuerpo mental con los siguientes términos:
“El Señor de la Voluntad vino al ser. Su tenue reflejo siguió Sus pasos. El pequeño señor de la fuerza manásica apareció en la tierra.

“El Señor que buscaba la armonía tomó forma. El pequeño señor que amaba luchar por lo que deseaba, siguió velozmente Sus pasos.

“El Señor que en nuestro mundo conocía la mente y el pensa­miento vino a la encarnación. Antes no era, luego fue. El pequeño señor de la sustancia mental tomó también forma. Entonces comenzó el accidentado viaje del hombre.”
Estas antiguas frases confirman la declaración hecha ante­riormente, de que el cuerpo mental de todo ser humano está compuesto de sustancia regida por los rayos primero, cuarto y quinto. A veces hay excepciones a esta regla en el Sendero del Discipulado, resultado de la acción directa e inteligente del Alma antes de encarnar, la cual construye un cuerpo de sustancia men­tal, o atrae ese tipo particular de energía mental que le permitirá poseer (mientras está encarnado) el tipo de vehículo que hará posible la experiencia elegida. La libertad de elección sólo se presenta en el caso de un discípulo que está en proceso de des­pertar. La razón de esto se hallará si se comprende que la energía de estos tres rayos, cuando está enfocada en la personalidad, pro­porciona el impulso correcto y exacto para regir la vida inferior, tanto en el caso del ser humano no evolucionado como en el del que está en las primeras etapas del discipulado y del aspirante. Sería conveniente extendernos algo más sobre esto, empleando ciertas clasificaciones.




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