Psicología Esotérica II



Descargar 1.74 Mb.
Página12/48
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño1.74 Mb.
Vistas1014
Descargas0
1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   ...   48
Todos estos rayos actúan actualmente para llevar a cabo la específica idea grupal de siete Maestros, que, por intermedio de Sus servidores seleccionados, participan activamente en el trabajo iniciático de séptimo rayo, que está también vinculado con la entrante influencia acuariana. Los Maestros y Su numeroso grupo de discípulos, actuando en los cinco planos del desarrollo humano, han estudiado minuciosamente a Sus discípulos aceptados, a los discípulos bajo su supervisión -que aún no han sido aceptados- y a los aspirantes del mundo. Ellos los han seleccionado y fusio­nado en un grupo en el plano físico externo, basando esta elec­ción es:


  1. La sensibilidad a la influencia acuariana.




  1. La voluntad de trabajar en un grupo como parte integran­te del mismo, sin tener ambición personal ni deseo de ser un líder. El discípulo que desea llegar a ser un líder, está automáticamente (aunque sólo provisoriamente) descali­ficado para este esfuerzo particular. Podrá realizar un buen trabajo pero será secundario y estará más estrecha­mente relacionado con la era anterior que con el trabajo del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo.




  1. La dedicación desinteresada que nada retiene de lo que le corresponde dar correctamente.




  1. La inofensividad que, aunque imperfecta, existe como ideal, hacia el cual el aspirante se esfuerza constantemente.

Muchas personas pueden participar en este trabajo. La Ley del Servicio ha sido descrita así en un esfuerzo por aclarar en nuestras mentes una de las influencias más esotéricas del sistema solar. Los exhorto a servir, pero les advierto que el servicio aquí presentado sólo será posible realizarlo cuando tengamos una visión más clara del objeto de la meditación y aprendamos a mantener durante el día la actitud de la orientación espiritual interna. A medida que aprendamos a eliminarnos y a borrarnos de nuestra conciencia como figura central del drama de la vida, sólo entonces podremos estar a la altura de nuestra verdadera potencialidad como servidores del Plan.


4. La Ley de Repulsión
Debemos considerar aquí una ley muy interesante. Es una de las principales leyes divinas que rige al peregrino en su agota­dor y largo camino de regreso al centro. Es la cuarta ley que gobierna o controla la vida del alma.
Nombre Nombre

N0 Exotérico Esotérico Símbolo Energía de Rayo
4. La ley de La ley de los Án- El Ángel con la La energía que

Repulsión. geles Destructo- Espada Flamí- repele, la del

res. gera. Primer Rayo.
Ante todo sería conveniente comprender que esta ley posee ciertas características y produce efectos básicos que pueden ser brevemente enumerados:


  1. La energía desplegada tiene efectos disipadores. Esta ley actúa como agente disipador.




  1. Cuando se expresa activamente causa dispersión o rechaza los aspectos de la vida de la forma.




  1. Produce un contacto discriminador que conduce a lo que se llama esotéricamente “el Camino de la negación divina




  1. Sin embargo, es un aspecto de la Ley del Amor, el aspecto Vishnu o Cristo, y concierne a esa actitud del alma, cuya naturaleza esencial es amor.




  1. Esta ley se expresa por medio de la mente y, en consecuencia, sólo puede hacer sentir su presencia e influencia en el Sen­dero del Discipulado.




  1. Es el principal requisito para el verdadero autoconocimiento. Revela y al mismo tiempo divide o dispersa.




  1. Actúa por mediación del amor y para bien de la unidad -la forma y la existencia, las cuales rechazan finalmente la forma.




  1. Es un aspecto de una de las más grandes leyes cósmicas, la Ley del Alma, que es la Ley cósmica de Atracción, pues lo que es atraído, con el tiempo es automática y eventualmente rechazado por lo que lo atrajo en primer lugar.

Esta ley plasma primordialmente el propósito divino sobre la conciencia del aspirante y le dieta los impulsos superiores y deci­siones espirituales que marcan su progreso en el Sendero. Demues­tra la cualidad de primer rayo (la influencia del subrayo del segundo rayo), pues debe recordarse que rechazar una forma, una situación o una condición, puede evidenciar el amor espiritual del agente repulsor. Esto nos lo describe muy bien el antiguo símbolo del ángel con la espada flamígera, que se halla ante el portal del paraíso para alejar a quienes buscan la seguridad imaginaria de ese refugio y condición. Este ángel actúa con amor, y así lo ha hecho en el transcurso de las épocas, pues el estado de realización que llamamos paraíso es esencialmente peligroso para todos, ex­cepto para quienes han adquirido el derecho de alcanzarlo. El ángel no protege a ese estado, sino al aspirante que no está pre­parado y lo salvaguarda de los riesgos y peligros de la iniciación que debe recibir antes de poder pasar las cinco divisiones del paraíso, hasta llegar al lugar donde mora la luz y los Maestros de Sabiduría viven y trabajan. Esta idea subyace detrás del pro­cedimiento masónico donde Tyler permanece ante la puerta de la Logia con una espada desenvainada a fin de proteger los secretos de la artesanía masónica de aquellos que no están preparados,)


Quisiera recordarles también que, como esta ley es un aspecto de la ley fundamental del Amor, concierne a la siquis o alma y, por lo tanto, su función consiste en desarrollar los intereses espi­rituales del hombre verdadero y demostrar el poder del segundo aspecto, la conciencia erística, y el poder de la divinidad. “Rechaza lo indeseable a fin de encontrar lo que el corazón anhela, lo cual conduce al cansado peregrino a rechazar una cosa tras otra, hasta que infaliblemente toma la Gran Decisión”. Esto ha sido extraído del Antiguo Comentario.
Dividiré lo que tengo que decir, respecto al funcionamiento y efecto de la Ley de Repulsión, en tres partes:


  1. La Ley de Repulsión y la función y la cualidad del deseo.




  1. La Ley de Repulsión tal como se expresa en los Senderos del Discipulado y de la Iniciación.




  1. La Ley de Repulsión tal como “impele en siete direcciones y obliga a todo aquello con lo que entra en contacto a volver al seno de los siete Padres espirituales”.

Esta ley actúa por medio del alma en todas las formas. Lite­ralmente no afecta a la materia, excepto en lo que puede ser afectada la forma, cuando el alma se retira u ocultamente ‘repudia. Por lo tanto, se evidenciará que la comprensión de su actividad dependerá en gran parte de la medida de la fuerza del alma, de la cual podemos individualmente ser conscientes de la medida del contacto con el alma. El grado alcanzado en la escala de la evolu­ción regirá la manipulación de esta ley (si tal término puede emplearse) que determinará la capacidad de ser sensibles a su impacto. Si somos incapaces de responder a su influencia en cual­quier medida, basta para indicar nuestro desarrollo. A no ser que la mente esté activa y empecemos a emplearla inteligentemente, no hay medio o canal por el cual esta influencia pueda fluir o actuar. No debe olvidarse nunca que la influencia o ley de nuestro ser espiritual revela la voluntad, el plan o el propósito de la vida divina, al expresarse en el individuo o en la humanidad como un todo. Tampoco olvidemos que si no hay un hilo de luz que actúe como canal, lo que esta ley imparta será desconocido, incompren­dido e inútil. Estas leyes rigen predominantemente a la Tríada espiritual, esa divina triplicidad que se expresa por intermedio del alma, así como los tres aspectos del alma se reflejan a su vez por medio de la personalidad.


Por lo tanto, todo lo que puede comunicarse en relación con esta ley puede ser captado solamente por el hombre que ha empezado a despertar espiritualmente. Las tres leyes que hemos considerado conciernen a las específicas influencias espirituales que emanan de las tres hileras de pétalos que componen el loto egoico. (Véase el Diagrama IX en Tratado sobre Fuego Cósmico. pág. 655).

1. La Ley del Sacrificio Los Pétalos del Sacri­ficio. La voluntad de

sacrificarse del Alma.
2. La Ley del Impulso Magnético Los Pétalos del Amor.
3. La Ley del Servicio Los Pétalos del Cono­cimiento.
Esta cuarta Ley de Repulsión actúa a través de la primera Ley del Sacrificio y le otorga al aspirante la cualidad, la influen­cia y la tendencia de la Triada espiritual, la triple expresión de la Mónada. Su fuerza puede ser sentida plenamente sólo en la tercera iniciación, cuando, por primera vez, el poder del espíritu es conscientemente sentido. Hasta ese momento lo que especial­mente se había registrado era el creciente control ejercido por el alma. Tenemos por lo tanto:


  1. La Ley de Repulsión Atma. Voluntad espiritual. Esta influencia llega por medio de los pétalos egoi­cos de sacrificio y la Ley subsidiaria del Sacrificio.

Cuarta Ley


  1. La Ley del Progreso Grupal Budhi. Amor espiritual. Llega por mediación de los pétalos de amor del loto egoico y la ley subsidiaria del Impulso Magnético.

Quinta Ley


  1. La Ley de la Amplia Respuesta. Manas. Mente espiritual superior, llega por medio de los pétalos del conoci­miento y la subsidiaria Ley del Servicio.

Sexta Ley
Estas leyes espirituales superiores se reflejan en las tres leyes espirituales inferiores, y llegan a la conciencia inferior mediante el loto egoico y el antakarana. Tal afirmación constituye el segun­do postulado básico en conexión con el estudio de la Ley de Repul­sión. El primer postulado que fue enunciado anteriormente expresa que si no hay un hilo de luz que actúe como canal, lo que esta ley imparta será desconocido e incomprendido.
Estas seis leyes nos dan la clave para el entero problema sicológico de cada ser humano y no existe condición que no sea producida por la reacción consciente o inconsciente del hombre a estas influencias básicas -las leyes naturales y espirituales. Si los sicólogos aceptaran las tres leyes básicas del universo y las siete leyes por intermedio de las cuales ellas ejercen su influencia, llegarían a comprender al ser humano mucho más rápidamente que hasta ahora. Las tres leyes principales, tal como han sido enunciadas en otra parte, son:


  1. La Ley de Economía, rige principalmente la naturaleza ins­tintiva del hombre.




  1. La Ley de Atracción, rige el aspecto alma en el hombre y en todas las formas de vida, desde un átomo hasta un sistema solar.




  1. La Ley de Síntesis, regirá al hombre cuando haya llegado al Sendero de Iniciación, pero poco significa en el actual estado de desarrollo del hombre.

También existen siete Leyes menores que producen el desarrollo evolutivo del hombre como persona y del hombre como alma. Dichas leyes son:




  1. La Ley de Vibración, la ley atómica del sistema solar.




  1. La Ley de Cohesión, un aspecto de la Ley de Atracción.




  1. La ley de Desintegración.




  1. La Ley del Control Magnético, que rige el control de la per­sonalidad por la naturaleza espiritual a través de la natura­leza del alma.




  1. La Ley de Fijación, por la cual la mente controla y estabiliza.




  1. La Ley del Amor, por la cual se trasmuta la naturaleza infe­rior de deseos.




  1. La Ley del Sacrificio y de la Muerte. (Extraído del Tratado sobre Fuego Cósmico, págs. 466-67).

Estas siete leyes se relacionan con el aspecto forma de la vida. A las diez leyes se deben agregar las siete leyes del alma que estamos considerando, las cuales comienzan a actuar sobre el hombre y producen un desarrollo espiritual más rápido después que ha sido sometido a la disciplina del Sendero de Probación o Sendero de Purificación. Entonces está preparado para hollar las etapas finales del Sendero.


Estas siete leyes constituyen la base de la verdadera com­prensión sicológica; cuando su influencia sea mejor comprendida, el hombre llegará al verdadero conocimiento de sí mismo. Enton­ces estará preparado para la cuarta iniciación que lo liberará de la necesidad de renacer. Ésta es la verdad que subyace en la enseñanza masónica impartida en el simbolismo de los primeros dieciocho grados. Pueden ser divididos en cuatro grupos de gra­dos: Aprendiz Aceptado, Compañero o Artesano (al cual sigue el grado de la “Marca”). Maestro Mason (al cual sigue la S . A. R. o H. R . A.) y los grados agrupados del cuatro al diecisiete en el Rito Escocés. Estos diecisiete grados preparan al hombre para el cuarto grado o fundamental, aprobado por el Maestro Masón. Puede recibirse, únicamente, cuando el Maestro posee la Palabra Perdida. Ha resucitado de entre los muertos; ha sido admitido, aprobado y ascendido, y ahora puede ser perfeccionado, lo cual encierra un gran misterio. Los diecisiete grados que llevan a dar el primer gran paso (que dio el Maestro resucitado) están subje­tivamente relacionados con las diecisiete leyes mencionadas. Existe un paralelismo digno de observarse entre:


  1. Las dieciocho leyes:




  1. Las tres leyes mayores del universo.




  1. Las siete leyes menores del sistema solar.




  1. Las siete leyes fundamentales del alma,

además de lo que podríamos denominar la gran ley de la Deidad Misma, la ley del propósito sintético de Dios.


  1. Los dieciocho subplanos a través de los cuales el hombre abre su camino:




  1. Los siete subplanos físicos.




  1. Los siete subplanos astrales o los del deseo emocional.




  1. Los cuatro subplanos mentales inferiores.




  1. Los dieciocho grados de la masonería, desde el de Aprendiz Aceptado hasta el de iniciado perfecto del capítulo Rosacruz.




  1. Los dieciocho centros de fuerza con los cuales tiene que tra­bajar el hombre espiritual:




  1. Los siete centros en el cuerpo etérico.




  1. Los siete centros en el cuerpo astral.




  1. Las tres hileras de pétalos del loto egoico.




  1. La “Joya en el Loto”, en el corazón de la “flor del alma”, que es el décimo octavo centro.

Comprender estas relaciones simbólicas ayudará mucho a aclarar cómo actúa el alma en un cuerpo, y constituirá la base del verda­dero estudio de la sicología esotérica.


a. LA LEY DE REPULSIÓN Y LA LEY DEL DESEO
En esta parte nos ocuparemos especialmente del problema principal que enfrenta la humanidad. Sin embargo tocaremos el tema muy brevemente y trataremos en particular ese aspecto del problema que se transfiere del aspirante al discípulo. En todo el problema sicológico de la humanidad reside esa destacada tenden­cia a existir, caracterizada como Deseo. Todas las complejidades menores están fundadas en, subordinadas a, o emergen de este anhelo básico. Freud llama a este anhelo “sexo”, que sólo es otro nombre para designar el impulso atractivo del no-yo. Otros sicólogos denominan a esta actividad predominante, “vida de deseo” de la humanidad, y con ello explican todas las tendencias y carac­terísticas afines, todas las reacciones emocionales y las tenden­cias de la vida mental en términos de deseos latentes, anhelos y aspiraciones adquisitivas, como “mecanismos de defensa” o “vías de escape” de la inevitabilidad de las condiciones circundantes. Los hombres dedican su vida a satisfacer dichos anhelos y deseos y realizan la consiguiente tarea para lograrlo; esto se efectúa con el fin de satisfacer la necesidad sentida, de hacer frente al desafío de la existencia, demandando esa felicidad, cielo y logro eventual del estado ideal anhelado.
Todo está regido por cierto imperativo para lograr la satis­facción, y esto caracteriza la búsqueda del hombre en cada etapa de su desarrollo -se trate del impulso instintivo de la auto-conservación, que puede observarse en el salvaje, en su búsqueda por el alimento o en los problemas económicos del hombre civili­zado moderno; la procreación y la satisfacción del apetito demos­trado hoy en la compleja vida sexual de la raza; el deseo de ser popular, amado y estimado; el anhelo de sentir satisfacción inte­lectual y la apropiación mental de la verdad; el deseo profunda­mente arraigado de lograr el cielo y el descanso que caracteriza al cristiano; la aspiración de obtener la iluminación que demanda el místico, o el anhelo de identificarse con la realidad que es el deseo del ocultista. Todo es deseo en una u otra forma, y la huma­nidad está regida y controlada por estos deseos; diría muy defi­nidamente controlada, pues es simplemente un enunciado del caso.
La comprensión de esta inclinación fundamental o factor controlador del hombre, está detrás de las enseñanzas dadas por el Buddha y personificada en la filosofía budhista de las Cuatro Nobles Verdades:


  1. La existencia en el universo fenoménico es inseparable del sufrimiento y de la aflicción.




  1. La causa del sufrimiento se debe al deseo de venir a la existencia en el universo fenoménico.




  1. La cesación del sufrimiento se logra eliminando el deseo de existir fenoménicamente.




  1. El sendero que conduce a la cesación del sufrimiento es el Noble Sendero Óctuple.

La comprensión de la imperiosa necesidad del hombre de ser liberado de su naturaleza de deseos condujo al Cristo a acentuar la necesidad de buscar el bien de nuestros semejantes, en vez del bien propio y aconsejó llevar una vida de servicio, autosacrificio, olvido de sí mismo y amor hacia todos los seres. Sólo así la mente y “el ojo del corazón” del hombre pueden apartarse de las propias necesidades y satisfacer las demandas más profundas de la raza.


Hasta que el hombre no recorra el Sendero de la Perfección, no podrá captar realmente la demanda imperativa de su propia alma para liberarse de la externa búsqueda de la satisfacción material y tangible y también del deseo. Tal demanda indica la necesidad del alma de encarnar y actuar durante un período determinado bajo la Ley de Renacimiento. A medida que se lleva a cabo el trabajo de depuración en el Sendero de Purificación, la demanda de liberación es cada vez más fuerte y clara y cuando el hombre entra en el Sendero del Discipulado, la Ley de Repul­sión puede, por primera vez, empezar a controlar sus reacciones. Al principio esto tiene lugar inconscientemente, pero es más poderosa y se aprecia más conscientemente medida que el dis­cípulo recibe una iniciación tras otra, agudizándose cada vez más su comprensión.
En este tratado no intento considerar el desenvolvimiento del hombre no evolucionado ni desarrollado, en lo que a las Leyes del Alma concierne. Sólo trato de despejar el camino para el hombre muy inteligente, los aspirantes del mundo y los discípulos mun­diales. El progreso del hombre no desarrollado y del hombre común está detallado en las siguientes afirmaciones dadas a con­tinuación en forma sucesiva, que describen las etapas de su pro­greso impelido por el deseo:


  1. El anhelo de experimentar, existir y satisfacer la naturaleza instintiva.




  1. La existencia, experiencia, captación, seguidas por la de­manda de cumplir en forma más satisfactoria el designio o destino.




  1. La exigencia de la satisfacción, ciclo tras ciclo; el período de momentánea satisfacción, luego mayores demandas. Tal la historia de la raza.




  1. La experiencia, adquisición que se busca y persigue cons­tantemente en los tres planos de la evolución humana.




  1. La misma experiencia, pero esta vez como personalidad integrada.




  1. La demanda satisfecha hasta llegar a la saciedad, pues con el tiempo todos los hombres logran lo que han anhelado.



  1. La exigencia de cumplir las demandas espirituales internas, la felicidad y la bienaventuranza. El ansia de alcanzar el cielo llega a ser poderosa.




  1. La vaga comprensión de que dos cosas son necesarias: la purificación y la facultad de elegir correctamente, que significa correcto discernimiento.




  1. La visión de los pares de opuestos.




  1. El conocimiento del estrecho sendero que se extiende entre estos pares de opuestos.




  1. El discipulado y la repulsión, o el repudio (durante un largo período) del no-yo.

Tal es, breve e inadecuadamente expresada, la historia del hombre cuando va en busca de la felicidad, la alegría y la dicha o (expresado en términos de realización), a medida que progresa de la vida del instinto a la vida del intelecto, y de esta captación intelectual, a la etapa de la iluminación e identificación final con la realidad, de allí en adelante se libera de la Gran Ilusión.


Dos cosas determinan la rapidez con la cual el puede -en el Sendero del Discipulado- poner en actividad la Ley de Repulsión. Una, es la cualidad de su móvil. Sólo el deseo de ser ‘ir es apropiado para lograr la reorientación y el sometimiento nece­sarios para la nueva técnica de la vida, y la otra, la voluntad de obedecer a toda costa la demanda de la luz que está en él y a su alrededor. El servicio y la obediencia son los grandes métodos de liberación y las causas subyacentes que hacen actuar la Ley de Repulsión, ayudando así al aspirante a alcanzar la anhelada libe­ración. El servicio hace que el hombre se libere de su vida de pensamientos y determinaciones propias. La obediencia a su pro­pia alma lo íntegra en el todo mayor donde sus propios deseos y anhelos son negados para bien de la entera vida de la humanidad y de Dios Mismo. Dios es el Gran Servidor y expresa Su divina vida por el Amor que siente Su corazón hacia la humanidad.
Sin embargo, cuando estas simples verdades son enunciadas y se nos pide servir a nuestro hermano y obedecer a nuestra alma, nos resulta tan familiar y tan poco interesante que evoca poca respuesta. Si se nos dijera que, siguiendo una forma de meditación prescrita, practicando una fórmula definida de respiración y concentrándonos regularmente sobre un centro específico, nos liberaríamos de la rueda de la vida y nos identificaríamos con el yo espiritual y el mundo del ser, seguiríamos las instrucciones con alegría, voluntad y gozo. Pero cuando se nos dice -empleando términos de la ciencia ocultista- que debemos servir y obedecer, no nos interesa. No obstante, servir es el método, por excelencia, porque despertar el centro cardíaco y obedecer, son igualmente poderosos para evocar de los dos centros de la cabeza la respuesta al impacto de la fuerza del alma y unificarlos en un sólo campo de reconocimiento del alma. ¡ Cuán poco comprenden los hombres el poder de sus anhelos! Si el anhelo de satisfacer el deseo es fundamental en la vida de la forma del hombre, el anhelo de servir es similarmente fundamental para el alma del hombre. Esta afirmación es una de las más importantes de esta parte del tratado. Hasta ahora raras veces ha sido satisfecha. Sin embargo, siempre está presente hasta en los tipos de seres humanos más indeseables, y surge en los momentos más cruciales del destino o de la imperiosa necesidad, o suprema dificultad. El corazón del hombre es sano, pero, por lo general, está adormecido.
¡ Servir y obedecer! Ésta es la consigna de la vida del dis­cípulo; palabras que han sido distorsionadas por la propaganda fanática que han hecho surgir fórmulas de filosofía y teología religiosas, fórmulas que han velado al mismo tiempo la verdad. Además fueron presentadas para que el hombre las considere como devoción a la personalidad y obediencia a los Maestros y líderes, en vez de servir y obedecer al alma que existe en la tota­lidad. Sin embargo, la verdad emerge constantemente, y debe inevitablemente triunfar. Una vez que el aspirante en Sendero de Probación ha tenido una vislumbre de ello (no importa cuan insignificante sea) la ley del deseo, que lo ha regido du­rante épocas, dará lugar lenta y seguramente a la Ley de repulsión que lo liberará a su debido tiempo de la esclavitud del no-yo. Esto lo conducirá a practicar la discriminación y el desapasiona­miento, características del hombre que está en el camino de la liberación. Recordemos, por lo tanto, que la discriminación basada en la determinación de ser libre y el desapasionamiento que indica un corazón duro, aprisionarán al aspirante en un cascarón cris­talizado, mucho más difícil de romper que la prisión normal de la vida del hombre egoísta común. Este deseo espiritual egoísta es por lo general el mayor pecado de los seudo esotéricos, y debe evitarse muy cuidadosamente. Por lo tanto, el que es inteligente se dedicará a servir y a obedecer.
b. LA LEY DE REPULSIÓN EN LOS SENDEROS DEL DISCIPULADO Y DE LA INICIACIÓN
Cuando el sentido discriminador (la analogía espiritual del sentido del olfato, el último de los cinco sentidos que aparecen en el ser humano) está desarrollado adecuadamente en el aspirante y ha conocido los pares de opuestos y obtenido la visión de eso que no es ninguno de los opuestos, entonces puede entrar en el Sendero del Discipulado y emprender la ardua tarea de colaborar con las leyes espirituales, especialmente con la Ley de Repulsión. Al principio, difícilmente reconoce la influencia de esta Ley. Le es tan difícil llegar a comprender sus implicaciones y medir sus posibles efectos, como lo sería para el trabajador común, que posee mediana cultura y una total ignorancia del esoterismo, llegar a comprender el significado de la verdad oculta tal como está expresada en las palabras: “La construcción del antakarana entre manas superior y manas inferior, realizada por el divino Agnish­vatta, el ángel solar, el cual actúa por medio del loto egoico en la tarea que debe realizarse durante la etapa contemplativa de la meditación”. Esta afirmación puede comprenderla intelectual­mente con facilidad el estudiante común de ocultismo, pero carece absolutamente de significado para el hombre mundano. Análoga­mente la Ley de Repulsión es difícil que pueda comprenderla el discípulo que entra en el Sendero. Primero, debe aprender a cono­cer la influencia que ejerce esta ley y luego hacer tres cosas a través de:


  1. El servicio; aprender a descentralizarse constantemente y comenzar ocultamente a repeler la personalidad; cuidar que su móvil sea el amor a todos los seres y no desear su propia liberación.




  1. La comprensión de los pares de opuestos y comenzar esoté­ricamente a aislar el “noble sendero medio”, al cual se refirió el Buddha.




  1. La comprensión de las palabras del Cristo, que exhorta a los hombres a dejar “que brille su luz”, el discípulo comienza a construir el sendero de luz que conduce al centro de la vida que lo guía de la oscuridad a la luz, de lo irreal a lo real y de la muerte a la inmortalidad. Éste es el verdadero sendero del antakarana que él va tejiendo internamente y exteriorizando (hablando en forma simbólica), análogamente a como la araña teje su hilo.

El servicio, la comprensión del Camino y la construcción de la verdadera línea de escape, constituyen la tarea que se ha de realizar en el Sendero del Discipulado. Tal el objetivo que tienen hoy ante sí los estudiantes de las ciencias esotéricas -siempre y cuando lo deseen suficientemente y se entrenen para trabajar en forma altruista en bien de sus semejantes. A medida que logran realizarlo y se acercan más a lo que no constituye los pares de opuestos (para llegar “al Camino Central”) la Ley de Repulsión empieza a actuar constantemente. Cuando se ha pasado la tercera iniciación, esta ley comienza a regir la vida en forma predominante.


La palabra repulsión tiene una acepción poco feliz para mu­chas mentes, y la aversión que existe hacia esta palabra indica la innata predisposición espiritual del hombre. Repulsión es deseo de repudiar, y la actitud, las palabras y los actos, evocan en nuestra mente la repulsión de todo lo que nos resulta desagradable contemplar. Sin embargo, considerada espiritualmente y vista científicamente, la palabra repulsión indica simplemente “una actitud hacia lo indeseable”. Dicha actitud, a su vez (al tratar de determinar lo deseable), pone en actividad las cualidades de la discriminación, el desapasionamiento y la disciplina en la vida del discípulo, así como también el poder de descentralizarse. Estas palabras indican el anhelo de desvalorizar lo irreal y lo indeseable y de disciplinar la naturaleza inferior hasta que se hagan rápida y fácilmente esas elecciones que llevan a desechar lo que aprisiona y traba al alma. Los conceptos principales constituyen el camino o el procedimiento definido y cuidadosamente elegido que liberará al alma del mundo de las formas y la identificará, ante todo, consigo misma (liberándola así de la ilusión mundial) y, luego, con el mundo de las almas, que es la conciencia de la super Alma.
No es necesario que me extienda aquí sobre la técnica por la cual se establece esta elección. La manera de discriminar el método del desapasionamiento y la disciplina de la vida, han sido simplificados y aclarados por las enseñanzas de los últimos dos mil años y por los libros dedicados a acentuar la enseñanza del Cristo y del Buddha, que si se comprenden correctamente, pueden llevar a hacer una correcta elección y repeler lo que no se quiere ni desea. A muchos estudiantes sensatos (como los que leerán este tratado) les será útil anotar lo que han comprendido de las cuatro palabras siguientes:


  1. Discriminación.

  2. Desapasionamiento.

  3. Disciplina.

  4. Descentralización.

Una sola página sería suficiente para definir cada una de estas palabras, y encerrará verdaderamente nuestro pensamiento más elevado. Los estudiantes comprenderán que a medida que practican estas cuatro virtudes, principales características de un discípulo, ponen automáticamente en acción la Ley de Repulsión que, en el Sendero de Iniciación, proporciona revelación y comprensión. Expresar esta ley en el Sendero de Iniciación está muy lejos de aquellos que aún no están versados en las discriminaciones fundamentales y en el desapasionamiento. Por lo tanto, ¿ creen que es necesario explicar cómo actúa esta ley en la vida del ini­ciado? Creo que no. El discípulo procurará hallar, sin pasión, dolor o sufrimiento, la diferencia que existe entre:




  1. Correcto y erróneo.

  2. Bien y mal.

  3. Luz y oscuridad, entendido espiritualmente.

  4. Prisión y libertad.

  5. Amor y odio.

  6. Introversión y extroversión. Sería conveniente reflexionar sobre esta dualidad.

  7. Verdad y falsedad.

  8. Conocimiento místico y ocultista.

  9. Yo y no-yo.

  10. Alma y cuerpo.

Infinidad de dualidades podrían ser enumeradas. Habiendo des­cubierto la existencia de estos pares de opuestos, la tarea del discípulo consiste en descubrir aquello que no es ni uno ni otro. Constituye el camino central e intermedio revelado al iniciado por la actuación de la Ley de Repulsión que ocultamente le per­mite “con una de sus manos, alejar de su camino lo que obstaculiza y vela el camino central de luz. La seguridad del hombre que busca el camino iluminado no está ni a la derecha ni a la izquierda”. ¿ Significa realmente algo esta frase para la mayoría de nosotros? Tratemos de expresar en palabras las cualificaciones y el nombre de este tercer camino o central, que no es, por ejemplo, ni luz ni oscuridad, ni amor ni odio. No podemos ver con claridad lo que podría ser, ni lo veremos hasta que el acrecentado estímulo libe­rado en nosotros en el Sendero de la Iniciación efectúe su trabajo designado. Una idea de lo que esto significa aparecerá, aunque confusamente, ante nuestra visión al tratar la tercera parte.


e. LA LEY DE REPULSIÓN Y EL PEREGRINO EN EL CAMINO DE LA VIDA
Fundamentaré mis conceptos en las palabras citadas ante­riormente:
“La Ley de Repulsión impele en siete direcciones y obliga a todo aquello con lo cual entra en contacto, a volver al seno de los siete Padres espirituales.”
Voy a considerar definidamente el Camino de Repulsión, regido por esta ley, que es el camino o la técnica para cada tipo de rayo. Aunque puede observarse que la misma ley actúa en los siete casos y en las siete direcciones, los resultados diferirán sin embargo, porque la cualidad y la apariencia fenoménica sobre las cuales la ley de la voluntad divina hace su impacto, y la consi­guiente impresión, difieren ampliamente. Por lo tanto, la com­plejidad del problema es grande. Estas siete leyes del alma están detrás de todas las diversas presentaciones de la verdad, tales como han sido dadas por los Instructores mundiales en el transcurso de las edades. No obstante, se requiere mucha visión interna espiritual para ayudar al discípulo común a comprender la analo­gía o la tendencia de las ideas que, por ejemplo, vinculan:


  1. Las beatitudes (enunciadas por el Cristo) y las siete leyes.




  1. Las etapas del Noble Óctuple Sendero y las potencias del alma.




  1. Los ocho Medios de la Yoga o unión con el alma, y el septe­nario de influencias.




  1. Los Diez Mandamientos de la religión semítica y las siete leyes espirituales.

Los estudiantes hallarán de interés poner a prueba su compren­sión, acerca de las relaciones esotéricas que existen en este con­junto de enseñanzas, y ver si pueden, por sí mismos, desentrañar los significados básicos. A título de ilustración, trazaré e indicaré la relación que existe entre las siete leyes y los ocho medios de la yoga, porque esclarecerá la diferencia que existe entre los mé­todos de la yoga, tal como la entienden el yogui y el esotérico comunes, y como la comprenden el discípulo entrenado y el ini­ciado.


1. Los cinco Manda- La fuerza del segundo La Ley del Impulso

mientos rayo Magnético

El deber universal Inclusión. Atracción

2. Las Reglas La fuerza de cuarto La Ley del Sacrificio

Para el autoentre- rayo “Muero diariamente”

namiento.

3. Posición La fuerza de sexto rayo La Ley del Servicio

Actitud equilibra­da Correctos ideales o

hacia el mundo. relaciones

4. Pranayama La fuerza de séptimo La Ley de Progreso

La ley del vivir rayo Grupal. La Ley del De-

rítmico. sarrollo Espiritual

5. Abstracción La fuerza de primer La Ley de Repulsión

Pratyahara. Abs- rayo El repudio del deseo

tenerse de desear.

6. Atención La fuerza de tercer rayo La Ley de la Amplia

Correcta orienta- Respuesta.
ción.

7. Meditación La fuerza de quinto La Ley de los Cuatro

Correcto empleo rayo Inferiores: “El alma está

de la mente, en profunda meditación”.

8. Resultado Contemplación Total desapego espiritual.
Un estudio minucioso de estas relaciones será sugestivo para el discípulo, e iluminador para el iniciado. Sin embargo, no se debe confundir iluminación con una nueva o brillante idea. Es algo muy distinto. La diferencia es comparable a la que existe entre la luz de una estrella y la luz de un sol, que aumenta cons­tantemente. Una revela la realidad de la noche, la otra el mundo de la luz diurna y del Ser consciente.
d. LAS SIETE DIRECCIONES DE LA LEY DE REPULSIÓN
Debe recordarse que la Ley de Repulsión, la Ley de los Angeles destructores, actúa en siete direcciones, produce efectos sobre siete distintos tipos de seres y de hombres y, debido a su actividad, trae al Hijo pródigo de vuelta al hogar del Padre, lo cual hace que él “se levante y ande”. Debe recordarse que cuando el Cristo narró esta historia dejó bien aclarado que el peregrino no sintió el impulso de regresar hasta que volvió en sí y recobró su sentido como resultado de haber satisfecho los deseos de una vida licen­ciosa. Luego vino la consiguiente saciedad y el descontento, y un período de intenso sufrimiento y perdió la voluntad de ambular y desear. Un estudio sobre esta historia será revelador. En ninguna Escritura se explica la secuencia de estos acontecimientos (al hablar de la existencia del peregrino, su vida en un país lejano y su regreso), concisa y bellamente narrados como El lo expreso. Estudien esta parábola en la Biblia y también la trayectoria del peregrino.
El efecto de la Ley de Repulsión, a medida que actúa en el mundo del discipulado y destruye lo que obstaculiza, hace que el peregrino regrese en forma apresurada y consciente por uno de los siete rayos que conducen al centro, lo cual no puede ser detallado aquí. Nuestra tarea actual es hollar el Sendero de Pro­bación o del Discipulado, y aprender la disciplina, el desapasio­namiento y las otras dos necesidades del Camino, discriminación y descentralización. No obstante, es posible indicar la meta y señalar la potencia de las fuerzas a las cuales estaremos acrecen­tadamente sometidos cuando entremos -como algunos de nosotros podemos hacerlo- en el Sendero del Discipulado aceptado. Esto lo impartiré en siete estrofas, que darán al aspirante un indicio de la técnica a la cual estará sometido. Si ha recorrido en parte el Camino, le impartirán una orden que como discípulo, con visión espiritual interna, obedecerá porque habrá despertado; si es un iniciado exclamará “Esto lo sé”.
La Orientación del Primer Rayo
“El jardín se descubre. En ordenada belleza viven sus flores y árboles. El zumbido del alado vuelo de las abejas y de los insectos se oye en todas partes. El aire está saturado de perfume. Los colores se revelan por el azul del cielo.

El viento de Dios, Su divino aliento, sopla a través del jardín... Marchita las flores. Doblega los árboles devastados por el viento. A la destrucción de la belleza le sigue la lluvia. Negro es el cielo. Todo es ruina. Luego, la muerte...

“Después, ¡otro jardín!, que parece estar muy lejos en el tiem­po. Se invoca a un jardinero. El jardinero, el alma, responde. Se invoca a la lluvia, al viento y al sol calcinante. Invoquen al jardinero. Luego dejen que continúe el trabajo. La destrucción precede siempre al reinado de la belleza. La ruina precede a lo real. El jardín y el jardinero deben despertar. El trabajo prosigue.”

La Orientación del Segundo Rayo
“El estudioso conoce la verdad. Todo le es revelado. Rodeado por sus libros y protegido por el mundo del pensamiento horada como un topo y abre su camino hacia la oscuridad; obtiene el conocimiento del mundo de las cosas naturales. Su ojo está cerrado. Sus ojos están am­pliamente abiertos. Mora en su mundo con profunda satisfacción.

“Detalle tras detalle penetra el contenido de su mundo mental. Acopia las pepitas del conocimiento del mundo, así como una ardilla almacena sus nueces. El depósito está colmado... Repentinamente des­ciende una azada, porque el pensador cuida el jardín de sus pensa­mientos, y así destruyen los pasajes de la mente. Llega el desastre destruyendo rápidamente el depósito de la mente, y la seguridad, la oscuridad y la calidez de la investigación satisfecha. Todo ha sido eliminado. Penetra la luz estival y los rincones oscuros de la mente ven la luz... Nada queda sino la luz, y ésta no puede ser utilizada. Los ojos están cegados y el único ojo aún no ve...

“Lentamente debe ir abriéndose el ojo de la sabiduría. Paulati­namente el amor de lo verdadero, lo bello y lo bueno debe penetrar los pasajes oscuros del pensamiento mundano. Gradualmente la antorcha de la luz y el fuego de la rectitud debe consumir los tesoros acumu­lados durante el pasado, aunque demuestren aún su utilidad funda­mental...

“Los siete caminos de luz deben alejar la atención del estudioso de todo lo que ha descubierto, acumulado y utilizado. Él lo rechaza y halla su camino hacia el Aula de la Sabiduría, construida sobre una colina, no profundamente en la tierra. Sólo el ojo abierto puede hallar este camino.”


La Orientación del Tercer Rayo
“Rodeado por una multitud de hilos y encerrado en la infinidad de los pliegues de la tela está el Tejedor. Ninguna Luz llega donde Él se encuentra. Mediante la luz de una pequeña vela, ubicada en la cima de su cabeza, ve confusamente. Recoge un puñado tras otro de hilos y trata de tejer la alfombra de sus pensamientos y sueños, deseos y objetivos; sus pies se mueven constantemente; sus manos trabajan rápidamente; su voz entona sin cesar las palabras: ‘Yo tejo el diseño que busco y quiero. La urdimbre y la trama están planeadas por mi deseo. Recojo un hilo aquí y un color allá. Tomo otro allí. Mezclo los colores y fusiono los hilos. Aún no puedo ver el diseño, pero segura­mente estará a la altura de mi deseo’.

“Se oyen agudas voces y se percibe un movimiento fuera de la oscurecida cámara donde está el Tejedor, aumentando en volumen y poder. Una ventana se rompe y, aunque el Tejedor grita cegado por la fuerte luz, el sol brilla sobre su alfombra tejida. Así queda reve­lada su fealdad...

“Una voz exclama: ‘Mira Tejedor desde tu ventana y observa el canon en los cielos, el modelo del plan, el colorido y la belleza del todo. Destruye la alfombra en la que has trabajado durante edades

No satisface tu necesidad... Entonces teje nuevamente Tejedor. Teje a la luz del día. Teje, como tú ves el plan’.”


La Orientación del Cuarto Rayo
“‘Tomo, mezclo y fusiono. Reúno lo que deseo. Armonizo el todo’.

Así habló el Mezclador, cuando permanecía en la cámara oscura. ‘Comprendo la belleza invisible del mundo. Conozco el color y el sonido. Oigo la música de las esferas, y nota sobre nota, acorde sobre acorde, me comunican su pensamiento. Las voces que escucho me intrigan y atraen y trato de trabajar con los veneros de donde surgen estos so­nidos. Intento pintar y mezclar los pigmentos necesarios. Tengo que crear la música que atraerá hacia mí a aquellos que aman las obras pictóricas que ejecuto, los colores que mezclo, la música que evoco. Por lo tanto, es a mí a quien querrán y adorarán...’

“Pero una nota musical estridente sobrevino, acorde que silenció al Mezclador de dulces sonidos. Sus notas parecieron dentro del Sonido y sólo se escuchó el gran acorde de Dios.

“Afluyó un haz de luz. Sus colores se desvanecieron. Sólo existía a su alrededor la oscuridad, pero a la distancia brillaba la luz de Dios. Permaneció entre la densa oscuridad y la luz cegadora. Su mundo en ruinas yacía a su alrededor. Sus amigos habían desaparecido. En vez de armonía había disonancia. En vez de belleza la oscuridad de la tumba...

“Entonces, la voz entonó estas palabras: ‘Crea nuevamente hijo mío, construye, pinta y mezcla los tonos de la belleza, pero esta vez para el mundo no para ti. Entonces el Mezclador volvió a comenzar su trabajo y trabajó nuevamente.”
La Orientación del Quinto Rayo
“En la profundidad de una pirámide, cuyos contornos eran de piedra, y en la impenetrable oscuridad de ese maravilloso lugar, una mente y un cerebro -personificados por el hombre- trabajaban. Fuera de la pirámide se estableció el mundo de Dios. El cielo era azul; los vientos soplaban libremente; los árboles y las flores se abrían al sol. Pero en la pirámide, en el oscuro laboratorio, un trabajador se ocupaba de su trabajo. Empleaba con destreza los tubos de ensayo y los frágiles instrumentos. Hilera tras hilera, ardían con sus lla­meantes fuegos las retortas para fusionar y mezclar, cristalizar y dividir. El calor era muy intenso, la tarea ardua...

“Pasajes oscuros, en constante ascenso, conducían hasta la cima Una amplia ventana, abierta hacia el azul del cielo y por ella descen­día un claro rayo de luz hasta el trabajador que estaba en las pro­fundidades... Trabajaba y se afanaba. Luchaba por lograr su sueño, el descubrimiento final. A veces encontraba lo que buscaba, otras fra­casaba, pero nunca halló lo que podría darle la llave de todo lo do­mas... En profunda desesperación, pidió al Dios que había olvidado: ‘Dadme la llave. Nada bueno puedo hacer solo. Dadme la llave’. Luego

reino el silencio..

“A través de la abertura, en la cima de la pirámide, desde el azul del cielo cayó una llave a los pies d& desalentado trabajador. La llave era de oro puro; la barra era de luz; sobre la llave un rótulo y, escritas en azul, se leía: ‘Destruye lo que has construido y cons­truye de nuevo. Pero construye solamente cuando hayas ascendente por el camino ascendente, atravesado la galería de la tribulación y penetrado en la luz dentro de la cámara del rey. Construye desde las alturas y demuestra así el valor de las profundidades’.

“Entonces, el Trabajador destruyó los objetos de su arduo tra­bajo anterior, reservando tres tesoros que sabía que eran buenos y sobre los cuales la luz podría brillar. Luchó para llegar hasta la cá­mara del rey. Y aún sigue luchando.”
La Orientación del Sexto Rayo
“‘Amo y vivo y vuelvo a amar’, exclamó el Seguidor enervador cegado por el deseo de llegar al instructor y lograr la verdad, pero sólo vio lo que estaba ante sus ojos. Llevaba a cada lado las anteojeras cegadoras de cualquier fanática aventura divina. Sólo el largo y estrecho túnel constituía su hogar y el lugar donde realizaba su elevado esfuerzo. No podía ver, excepto el espacio ante sus ojos. No tenía ningún alcance visual, tampoco altura, profundidad ni ex­tensión. Solamente podía ir en una sola dirección, y en esa dirección fue solo, arrastrando consigo a quienes le preguntaban cuál era el camino. Tuvo una visión, que cambiaba y adquiría diversas formas; cada visión era para él el símbolo de sus sueños más elevados, la culminación de sus deseos.

“Se precipitó a lo largo del túnel, buscando lo que había delan­te. No vio mucho, solo una cosa a la vez -¡ una persona, una verdad, una biblia o una imagen de su Dios, un apetito, un sueño, pero sólo uno! Algunas veces recogió en sus brazos la visión que tuvo, y des­cubrió que no era nada. Otras llegó hasta la persona que amaba y encontró que en lugar de la belleza visualizada era una persona como él. Y así siguió esforzándose. Se fatigó en su búsqueda; se azotó a sí mismo, a fin de hacer un nuevo esfuerzo.

“La abertura oscureció su luz. Pareció cerrarse una persiana. La visión que tuvo ya no brilló. El Seguidor tropezó en la oscuridad. La Vida terminó y el mundo del pensamiento se perdió... Parecía estar suspendido. Pendía sin nada debajo, delante, detrás, ni arriba de él. Para él nada existía.

“Desde las profundidades del templo de su corazón oyó una Pa­labra, que habló con claridad y poder: ‘Mira profundamente hacia adentro, alrededor y hacia todas partes. La luz está en todas partes, dentro de tu corazón, en Mí, en todo lo que respira, en todo lo que es. Destruye tu túnel, que has construido durante largas edades. Perma­nece libre, custodiando a todo el Mundo’. El Seguidor contestó: ¿,Cómo puedo destruir el túnel? ¿Cómo hallaré la forma de hacerlo?’ La res­puesta no llegó...

“Ascendió otro peregrino desde la oscuridad y, a tientas encon­tró al Seguidor. ‘Guiame a mí y a otros hacia la luz’, exclamó. El Seguidor no hallé palabras, ni Guía apropiado, ni fórmulas de la ver­dad, ni formas ni ceremonias. Se encontró a sí mismo como guía, y atrajo a los otros hacia la luz -la luz que brillaba en todas partes. Siguió trabajando y combatiendo. Su mano sostuvo a los demás y en bien de ellos ocultó su vergüenza, temor, desesperanza y desesperación. Pronunció las palabras de seguridad y fe en la vida, en la luz y en Dios, en el amor y en la comprensión.

“Su túnel desapareció. No sintió su pérdida. Sobre la arena del mundo permaneció con varios de sus compañeros abiertos a la luz del día. En la lejanía había una montaña azul, y desde su cima surgió una voz: ‘Avanza hacia la cumbre de la montaña y en su cúspide aprende la involución de un Salvador’. A esta gran tarea dedicó sus energías el Seguidor, convertido ahora en guía. Aún continúa su camino.. .“


La Orientación del Séptimo Rayo
“Bajo un arco, entre dos habitaciones, permanecía el séptimo Mago. Una habitación estaba llena de luz, vida y poder, de quietud que era propósito, y de belleza que era espacio. La otra habitación era todo movimiento, sonido producido por la gran actividad, caos amorfo, y trabajo que no tenía verdadero objetivo. Los ojos del Mago estaban fijos en el caos. No le agradó. Daba la espalda a una habi­tación de intensa quietud. No lo sabia. El arco oscilaba sobre su cabeza...

“En su desesperación murmuró: ‘Durante épocas he soportado y tratado de resolver el problema de esta habitación, para reorde­nar el caos de manera que pueda resplandecer la belleza y el objetivo de mi deseo. He tratado de tejer esos colores en un bello sueño y de armonizar los diversos sonidos. Falta la consumación. Sólo puede verse mi fracaso. Y, sin embargo, sé que hay una diferencia entre lo que tengo ante mis ojos y lo que comienzo a sentir detrás mío. ¿Qué debo hacer?’.

“Entonces sobre la cabeza del mago, y exactamente detrás de él, aunque dentro de la habitación de ordenada belleza, un inmenso imán empezó a oscilar.. . Causó la rebeldía del hombre dentro del arco, que tambaleaba antes de su futura caída. El imán hizo girar al hom­bre hasta que enfrentó la escena y la habitación que antes no había visto...

“Entonces a través del centro de su corazón, el imán proyectó su fuerza de atracción y repulsión. Redujo el caos hasta no percibir sus formas. Emergieron algunos aspectos de la belleza, no revelados. Una luz brillé desde la habitación y, sus poderes y vida obligaron al Mago a ir hacia la luz y abandonar el peligroso arco.”


Estos son algunos de los pensamientos traducidos de un anti­guo y mesurado arreglo, que pueden arrojar cierta luz sobre la dualidad de la personalidad y el trabajo que deben realizar los seres que pertenecen al septenario de los rayos. ¿ Sabemos dónde estamos? ¿Sabemos qué tenemos que hacer? Cuando nos esforza­mos por alcanzar la luz, ningún precio será demasiado elevado para pagar esa revelación.
Hemos estudiado la interesante secuencia de las Leyes. En la primera Ley, surgen tres ideas principales:
Primero, el Eterno Peregrino, por propia conformidad y voluntad, prefirió ocultamente la muerte y adoptó un cuerpo o una serie de cuerpos, a fin de resucitar o elevar las vidas de la natu­raleza forma que él personificaba. Durante el proceso de realizar esto murió, en el sentido de que para un alma libre, morir y tomar una forma y el consiguiente sumergimiento de la vida en la forma son términos sinónimos.
Segundo, al obrar así, el alma recapitula en menor escala lo que análogamente han realizado y realizan el Logos solar y el Logos planetario. Estas grandes Vidas aparecen regidas por las leyes del alma durante los períodos de manifestación, aunque no estén regidos o controlados por las leyes del mundo natural como lo denominamos nosotros. Sus conciencias no se identifican con el mundo fenoménico, mientras que nuestra conciencia se identifica con éste, hasta el momento en que nos rigen las leyes superiores. Por la Muerte oculta de estas grandes Vidas, todas las vidas me­nores viven y pueden vivir, ofreciéndoseles así una oportunidad.
Tercero, por la muerte se lleva a cabo un gran proceso unificador. En la “caída de una hoja” y su consiguiente identifi­cación con el suelo, tenemos un pequeño ejemplo de este grandioso y eterno proceso de unificación, mediante el proceso de llegar a ser y morir, como resultado de llegar a ser.
En la segunda Ley el ente que se sacrifica -por propia elección y volición- queda bajo la influencia del método por el cual se produce esta muerte. Por el impacto de los pares de opuestos y por estar pendiente entre ambos, conoce la oscuridad externa que conoció finalmente el Cristo en la Crucifixión, donde pendía, simbólicamente, entre el cielo y la tierra, y la potencia de Su vibración y magnetismo internos ha atraído y siempre atraerá hacia Sí a los hombres. Esta es la primera gran idea que surge, y la segunda se refiere al equilibrio de las fuerzas que han podido ser dominadas. El símbolo de la balanza es aquí adecuado, y las tres cruces sobre el Monte del Gólgota son también símbolos de esta verdad. Libra rige esta ley, y ciertas fuerzas provenientes de esta constelación pueden percibirse cuando la conciencia del alma queda bajo la influencia de la ley. Estas fuerzas permanecen pasivas en lo que concierne a la personalidad; su efecto no es registrado, aunque está presente.
En la tercera Ley, el Dios que se sacrifica y el Dios de las dualidades queda bajo ciertas influencias que producen efectos fácilmente reconocibles. A través de la muerte y el triunfo de los pares de opuestos el discípulo llega a ser tan magnético y vibrante que sirve a la raza, convirtiéndose en lo que él sabe que es. Sumer­gido físicamente, desde el ángulo de la personalidad, en las aguas de la existencia terrena, sin embargo percibe conscientemente al mismo tiempo otras condiciones de su esencial propósito de morir por otras vidas y también el método que debe emplear para llevar a cabo el equilibrio liberador. Cuando estas ideas predominen en la mente, podrá servir a sus semejantes. Estas leyes producen efecto únicamente cuando surgen en la conciencia del hombre que está construyendo el antakarana y aplicando la Ciencia de la Unión.
Cuando la cuarta Ley de Repulsión comienza a producir sus efectos, el discípulo se hace consciente del Ángel de la Espada Flamígera que se halla ante el portal de la iniciación. Por ese portento sabe que puede entrar pero, esta vez, no como un pobre y ciego aspirante, sino como un iniciado en los misterios del mundo. Esta verdad ha sido resumida en un Antiguo cántico que se acostumbraba a entonar en la antecámara de los Templos. Algunas de las palabras pueden más o menos ser expresadas así:
“Entra libre quien ha conocido los muros de la prisión. Entra en la luz con los ojos abiertos quien durante eones ha ido a tientas por el corredor oscuro. Sigue su camino quien ha permanecido du­rante edades ante una puerta herméticamente cerrada.

“Pronuncia con poder la Palabra que abre de par en par el Por­tal de la Vida. Permanece ante el Ángel y le arrebata la espada, liberando así al Ángel para una tarea más elevada. Ahora él custodia el portal de! Lugar Sagrado.

“Murió. Entró en la lucha. Aprendió la forma de servir. Ahora permanece ante la puerta.”

5. La Ley del Progreso Grupal


Nombre Nombre Símbolo Energía de Rayo

Nº Exotérico Esotérico







Compartir con tus amigos:
1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   ...   48


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos