Psicología Esotérica II



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Cabe recordar que, mediante sus efectos, el científico del futuro comenzará a deducir la existencia efectiva de una causa y de una realidad internas, o de un yo o alma. Vimos que servir no es simplemente la actividad desarrollada por una persona o grupo cuando realiza algo con buena intención para otra persona o grupo. Servir es el resultado definido de un grandioso acontecimiento interno, y cuando tiene lugar ese resultado habrá producido un sinnúmero de causas creadoras secundarias, que son principalmente un cambio en la conciencia inferior, una tendencia a apartarse de las cosas del yo personal y dirigirse a los asuntos esenciales del grupo, una real reorientación que expresa el poder de cambiar las condiciones (por medio de la actividad creadora), demostrando algo dinámicamente nuevo. Cuando tal acontecimiento interno se convierta en una condición interna estabilizada y equilibrada, los cambios citados se efectuarán con más regularidad y serán menos esporádicos, observándose en los tres cuerpos los efectos de las nuevas fuerzas que afluyen a la personalidad, y se utilizarán después en forma creadora. Así el verdadero servidor toma posesión de sus instrumentos para servir, y desde ese momento el trabajo creador, de acuerdo al Plan, puede seguir adelante en los tres planos. Así Dios, en Su sabiduría, decidió limitarse a Sí Mismo y así prosigue el trabajo de la evolución, únicamente por intermedio de Sus constructores elegidos y dirigidos -en este planeta- por esos hombres cuyas vidas están siendo trasformadas por medio del contacto con el alma y el servicio creador. Ellos constituyen la Jerarquía planetaria.
Cuando se ha efectuado el alineamiento, cuando se ha obtenido con más regularidad la unificación y cuando el antakarana (puente que conecta lo superior con lo inferior) está definidamente en proceso de construirse, la verdadera naturaleza del servicio, tal como la practica cualquier individuo, comienza a evidenciarse. El primer efecto de la afluyente fuerza del alma, factor principal que conduce a prestar servicio, es integrar la personalidad y unir los tres aspectos inferiores del hombre en una sola unidad de servicio. Esta etapa es elemental y difícil, respecto al estudiante que está en el Aula de la Sabiduría. El hombre llega a ser consciente de su poder y capacidad después de comprometerse a prestar servicio, lo hace impetuosamente; crea un canal tras otro a fin de expresar la fuerza que lo impele, y derriba y destruye tan rápidamente como crea. Momentáneamente se convierte en un serio problema para los otros servidores con los cuales está asociado, pues sólo percibe su propia visión; entonces el ambiente de crítica que lo circunda y el fuerte empuje de la fuerza impulsora contenida dentro de él, constituyen el obstáculo con que tropiezan los "pequeños", lo cual obliga a los discípulos más antiguos y experimentados a hacer constantemente reparaciones, en vez de hacerlas él, quien es momentáneamente víctima de su propio anhelo de servir y de la fuerza que fluye a través de él. En algunos casos, en esa etapa, se aventará la llama de la ambición latente. En último análisis, esta ambición es sólo el anhelo de la personalidad por mejorar, constituyendo en su debido lugar y tiempo un haber divino que debe ser extirpado cuando la personalidad se convierte en instrumento del alma. En otros casos, la visión del servidor será más amplia y amorosa y, se despreocupará de sus propias realizaciones, trabajará al unísono y silenciosamente con los grupos de verdaderos servidores y sumergirá sus tendencias personales, sus ideas y ambiciones en el bien del todo, y el yo se perderá de vista. Quizás la sugerencia más valiosa que puede hacerse al hombre o a la mujer que tratan de actuar como verdaderos servidores, es pedirles que pronuncien diariamente, poniendo detrás de las palabras el corazón y la mente, la dedicación del Catecismo Esotérico que se halla al final del libro Iniciación Humana y Solar. Quisiera recordar a dichos servidores que si se rebelan o desalientan por las ideas contenidas en las palabras, quizás indique cuán necesario es que este objetivo de la vida se plasme en sus conciencias. La promesa es:
"Desempeño mi parte con firme decisión y decidida aspiración; miro arriba, ayudo abajo; no sueño ni descanso; trabajo; sirvo; ruego; Yo soy la Cruz; Yo soy el Camino; olvido mi trabajo realizado; me elevo sobre mi yo vencido; mato el deseo; me esfuerzo, olvidando toda recompensa; renuncio a la paz; rechazo el descanso y, en la tensión del dolor, me pierdo a mi mismo, para encontrarme a Mí mismo, y así penetrar en la paz. Solemnemente me comprometo a realizar todo esto, invocando a mi Yo Superior."
A medida que el trabajo de aprender a servir prosigue y el contacto interno se afirma, le seguirá la profundización de la vida de meditación, y la luz del alma iluminará con mayor frecuencia a la mente. Así se ha revelado el Plan. Esto no significa que se arrojará luz sobre los planes del servidor, en lo que concierne a su propia vida o al campo elegido para servir, lo cual debe ser bien comprendido. Si así ocurriera indicaría la capacidad mental del servidor para buscar medios que justifiquen su propia ambición. Ello se debe a que su mente reconoce el Plan de Dios que corresponde al mundo en ese momento particular en que vive el servidor, y la parte que él puede desempeñar para desarrollar los objetivos de quienes son responsables de llevar a cabo ese Plan. Entonces, voluntariamente, se convierte en una ínfima parte de ese gran Todo, actitud que no varía aunque el discípulo llegue a ser un Maestro de Sabiduría. Se pone en contacto con un concepto mucho más vasto del Plan, y su humildad y sentido de proporción permanecen inmutables.
Una personalidad integrada e inteligente es la adecuada para ejecutar la parte que le corresponde al servidor en el trabajo activo mundial, siempre y cuando su visión no sea empañada por la ambición personal ni su actividad degenere en acciones precipitadas y en un despliegue de febril actividad. Le corresponde al alma trasmitir las ideas que revelarán a la mente equilibrada y pacífica el próximo paso que debe dar en la tarea de la evolución mundial. Tal es el Plan para la humanidad.
A medida que la fuerza afluye a través de la personalidad y otorga al servidor la visión requerida y el sentido de poder necesario que le permitirá colaborar, se va abriendo camino hacia el cuerpo emocional o astral. Aquí también el efecto será dual, debido a la condición del cuerpo astral del servidor y su orientación interna. Puede magnificar el espejismo y ahondar la ilusión, llevando al servidor a sufrir los efectos síquicos ilusorios que allí existen. Cuando esto sucede, vuelve al plano físico ilusionado por la idea, por ejemplo, de los asombrosos contactos personales que ha hecho, aunque sólo sea el contacto con una forma mental grupal de los Grandes Seres. Estará bajo la ilusión de que ha sido elegido como agente transmisor o portavoz de la Jerarquía, cuando lo que sucede en realidad es que ha sido engañado por las innumerables voces, porque la Voz del Silencio ha sido apagada por el clamoreo del plano astral; entonces lo engañará la idea de que no existe otro camino más que el suyo. Estos engaños e ilusiones son comunes entre los instructores y trabajadores de todas partes, porque son innumerables las personas que establecen definidamente contacto con sus almas y, luego, se sienten impelidas a servir; sin embargo, no se han liberado todavía de la ambición y su orientación está aún dirigida básicamente a expresar la personalidad y no a fusionarse con el Grupo de Servidores del Mundo. Pero sí ellos pueden eludir el espejismo y discernir entre lo Real y lo irreal, entonces la corriente de fuerza que afluye inundará sus vidas con un efectivo amor altruista y se dedicarán al Plan, a aquellos a quienes el Plan sirve y a Aquellos que sirven al Plan. Observen la secuencia de estas actitudes y ríjanse de acuerdo a ellas. Entonces ya no habrá lugar para la imposición o el interés propios, ni para la ambición egoísta. Todo lo que se tendrá en cuenta es la necesidad y la apremiante urgencia de dar el paso inmediato a fin de enfrentar esa necesidad que se manifiesta ante los ojos del servidor.
Cuando el corazón y la mente actúan unidos (ya por la unión egoísta para aparentar una personalidad activa, o por la consa­gración altruista y la búsqueda de la guía del alma) la fuerza que afluye a través del servidor energetizará al cuerpo etérico para que entre en actividad. Entonces el cuerpo físico responderá automáticamente. En consecuencia, es muy necesario que el servidor haga una pausa en el plano astral y espere allí, en silencio santi­ficado y controlado, antes de permitir que la fuerza afluya a los centros del cuerpo etérico. Este periodo de silencio constituye uno de los misterios del desarrollo espiritual. Una vez que la fuerza o la energía del alma -preservada en su pureza, o mancillada y desviada cuando está en camino de manifestarse físicamente- ha llegado al cuerpo etérico, nada más puede hacer el discípulo común. Cuando alcanza ese punto, el resultado es inevitable y efectivo. El pensamiento interno y la vida de deseo determinan la actividad que se expresará físicamente. Cuando la fuerza aflu­ye en toda su pureza, pone en actividad los centros situados arri­ba del diafragma; cuando la fuerza afluye mancillada por las tendencias de la personalidad, utiliza principalmente el plexo so­lar y, entonces, provoca la manifestación de todas las ilusiones astrales, los grandes engaños y el espejismo producido por los fenómenos egotistas, empleando la palabra egotista en su acep­ción mundana y sicológica. Esto puede fácilmente observarse hoy en los líderes de los distintos grupos.

b. MÉTODOS CARACTERÍSTICOS QUE EMPLEAN LOS RAYOS PARA SERVIR


¿ Comprueba esta ciencia que los siete tipos de rayo emplean característicos métodos para servir?
A medida que transcurre el tiempo esto será definidamente comprobado y cada trabajador y servidor de rayo prestará ser­vicio de acuerdo a sus líneas peculiares y específicas, las cuales le indicarán las líneas de menor resistencia y, en consecuencia, las más eficaces. Dichos métodos y técnicas constituirán la estructura interna de la futura ciencia del Servicio, y serán descubiertos cuando se acepte la hipótesis de los rayos y se analicen los mé­todos empleados por esos tipos y grupos aislados de rayo. Todas estas diversas maneras de servir se llevan a cabo de acuerdo al Plan y constituyen en conjunto un todo sintético. El rayo o rayos en manifestación, en cualquier momento dado, determinará la tendencia general del servicio mundial, y esos servidores cuyo rayo egoico está en encarnación y que se esfuerzan por dedicarse a una actividad correcta, hallarán que su trabajo se facilitará si comprenden que la tendencia de los asuntos mundiales está de acuerdo con ellos y que siguen la línea de menor resistencia de ese período. Trabajarán con mayor facilidad que los discípulos y aspirantes cuyo rayo egoico no está en manifestación. Tal reco­nocimiento conducirá a un estudio concienzudo de las épocas y es­taciones, a fin de no desperdiciar los esfuerzos y aprovechar real­mente las cualidades y aptitudes de los servidores disponibles.
Todo estará de acuerdo al Plan. La consideración de los ra­yos en o fuera de manifestación y el reconocimiento de los dis­cípulos y servidores que están disponibles en el plano físico, en cualquier momento determinado, es parte del trabajo que deben realizar los Maestros de la Jerarquía.
La aparición del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo in­dica que hay suficientes tipos de rayo egoico en manifestación física y que innumerables personalidades responden al contacto con el alma, de manera que puede formarse un grupo que será definidamente impresionado como grupo. Esto ha sido posible por primera vez. Antes del siglo actual sólo podían ser impresio­nados los individuos de distintas partes del mundo y en épocas y períodos muy distantes. Hoy un grupo puede responder y su nú­mero es comparativamente tan grande que podría formarse en el planeta un grupo de personas de tan radiante actividad que sus auras podrían encontrarse y establecer contacto entre sí. Así un sólo grupo (subjetivo y objetivo) puede actuar.
Existen hoy muchos centros de luz diseminados por el mun­do y tantos discípulos y aspirantes, que los pequeños haces o hilos de luz (hablando simbólicamente) que irradia cada uno de ellos, se encuentran y entrelazan formando una red de luz en el mundo, lo cual constituye el aura magnética del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Cada individuo en el grupo es sensible al Plan, ya por el conocimiento personal obtenido en el contacto con su alma, o porque intuye lo que el grupo -que lo atrae- acepta como su tarea inmediata y es para él la verdadera y correcta, pudiendo colaborar y dar de silo más elevado y mejor. Cada in­dividuo de ese grupo trabajará en su propio y particular ámbito, de acuerdo a su rayo y tipo de rayo. También estará coloreado por su raza y nación, pero el trabajo es más eficaz cuando las unidades del grupo satisfacen las necesidades de su propio am­biente, en la forma que para ellos es la más simple y mejor, pues pertenecen por hábito o entrenamiento a ese ambiente particular. Esto no debe olvidarse.
Cada uno de los siete tipos de rayo actuará de la manera si­guiente. Los describiré brevemente, porque de otro modo limitaría la expresión de quienes no tienen el conocimiento necesario para discriminar sobre sus características, lo cual podría, indebidamen­te, calificar y colorar la experiencia de esos servidores que reco­nocen, como algunos ya lo hacen, a su rayo. Podrían, con toda buena intención, forzar a que predominen las cualidades de rayo de sus almas antes que el rayo de la personalidad sea adecuadamente conocido y controlado. Otros servidores confunden fre­cuentemente los dos rayos y creen que el rayo de su alma es de un tipo particular, en cambio no es más que el rayo de la perso­nalidad al cual obedecen predominantemente y los rige preemi­nentemente. ¿ No demuestra esto, acaso, el cuidado con que de­ben proceder los Instructores de estas verdades y los custodios de la revelación futura? Deben proteger a los aspirantes contra el conocimiento prematuro que podrían captar mediante la teo­ría, pero que no están aún preparados para aplicarla en forma práctica.
Primer Rayo. Los servidores que pertenecen a este rayo, si son discípulos entrenados, podría decirse que trabajan imponien­do la Voluntad de Dios sobre las mentes de los hombres. Lo hacen mediante el poderoso impacto de las ideas sobre las mentes de los hombres y acentuando los principios regentes que la humanidad debe asimilar. Cuando el aspirante capta estas ideas, obtiene dos resultados. Primero, inicia un período de destrucción y desinte­gración de lo antiguo y caduco que, luego, es seguido por el brillo luminoso y claro de las nuevas ideas y la consiguiente captación por las mentes de la humanidad inteligente. Estas ideas encierran grandes principios y constituyen las ideas de la nueva era. Por lo tanto, dichos servidores actúan como ángeles destructores envia­dos por Dios, destruyendo las antiguas formas, no obstante existir detrás de ello el impulso del amor.
Sin embargo, el aspirante común que pertenece al primer rayo, no actúa tan inteligentemente. Capta la idea que la raza necesita, tratando de imponerla como si fuera propia, algo que ha visto y captado y que impacientemente quiere imponer, según cree, para bien de sus semejantes. En forma inevitable destruye con la misma rapidez que construye y, finalmente, se destruye a sí mismo. Muchos valiosos aspirantes y discípulos que se entrenan para servir hoy, actúan en forma tan lamentable.
Algunos de los Maestros de Sabiduría y Sus grupos de dis­cípulos están, en la actualidad, activamente empeñados en el esfuerzo de imponer ciertas ideas fundamentales y necesarias a la raza humana, y gran parte de Su trabajo es preparado por un grupo de Discípulos Destructores y también por un grupo de Dis­cípulos Enunciadores, debido a que ambos tipos de trabajadores realizan su tarea como una unidad. La idea que ha de predominar en el futuro es enunciada por escrito o verbalmente, por un solo grupo. El grupo de Destructores la toma y comienza a destruir los viejos conceptos de la verdad para dar lugar y abrir el camino a la nueva idea emergente.
Segundo Rayo. Los servidores de este rayo piensan, meditan sobre las ideas nuevas asociadas con el Plan y las asimilan, y por el poder de su atractivo amor, reúnen a quienes se hallan en esa etapa de evolución que les permite responder a la medida y ritmo de dicho Plan. Por lo tanto, seleccionarán y entrenarán a quienes puedan introducir más profundamente la idea en la masa humana. No debemos olvidar que el trabajo de la Jerarquía en la actualidad y la tarea del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo se asocian primordialmente con las ideas. Los discípulos y servi­dores que pertenecen al segundo Rayo “construyen activamente las moradas para esas entidades dinámicas cuya función siempre ha sido cargar dinámicamente los pensamientos de los hombres a fin de inaugurar esa mejor y nueva era que permitirá nutrir las almas de los hombres”. Así lo explica El Antiguo Comentario, aunque he modernizado su antigua terminología. Por medio de la comprensión magnética, atractiva y simpática, y la inteligente y lenta aplicación de la acción, basada en el amor, actúan los servidores de este rayo. Hoy su poder está llegando a predominar.
Tercer Rayo. Los servidores de este rayo tienen en la actua­lidad la función especial de estimular el intelecto de la humanidad, agudizándolo e inspirándolo. Actúan en la manipulación de ideas, a fin de que sean hoy captadas con más facilidad por la masa de hombres y mujeres inteligentes del mundo, cuya intuición aún no ha despertado. Se debe observar que los verdaderos servidores trabajan mayormente con las nuevas ideas y no se ocupan de organizar y censurar, pues ambos van unidos. El aspirante de tercer rayo toma las ideas a medida que surgen de la elevada conciencia de Aquellos para quienes trabaja el primer rayo; el trabajador de segundo rayo las presenta en sentido esotérico en forma elocuente, adaptándolas a la necesidad inmediata, y la fuerza del intelecto de los tipos de tercer rayo las plasma en pala­bras. En esto hay una sugerencia para muchas personas que pertenecen al tercer rayo y están trabajando hoy en distintos campos del servicio.
Cuarto Rayo. Este rayo no se halla actualmente en encar­nación y, por lo tanto, pocos egos del cuarto rayo hay disponibles para dedicarse a servir mundialmente. Sin embargo, existen innumerables personalidades de cuarto rayo, y mucho podrán aprender si estudian el trabajo que realiza el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. La principal tarea del aspirante que per­tenece al cuarto rayo consiste en armonizar las nuevas ideas con las antiguas, para que no se produzca una interrupción o grieta peligrosa. Hay quienes “contemporizan equilibradamente” y adap­tan lo nuevo y lo viejo para que se conserve el verdadero canon. Se dedican a construir el puente, pues son los verdaderos intuiti­vos y poseen el arte de la síntesis, de manera que su trabajo puede ayudar definidamente a llevar a cabo la genuina presentación de la idea divina.
Quinto Rayo. Los servidores de este rayo están predomi­nando rápidamente. Son los que investigan la forma a fin de encontrar la idea oculta, su poder motivador y, con este fin, trabajan con las ideas, comprobando si son verdaderas o falsas. Incluyen en sus filas a esas personalidades que pertenecen a este rayo y las entrenan en el arte de la investigación científica. Partiendo de Las ideas espirituales presentidas, que están detrás del aspecto forma de la manifestación, de los innúmeros descubri­mientos sobre la actuación de Dios en el hombre y en la naturaleza, de los inventos (ideas materializadas) y del testimonio sobre el Plan que la Ley representa, preparan ese nuevo mundo en el cual los hombres trabajarán y vivirán una vida espiritual más profundamente consciente. Los discípulos que trabajan hoy en cada país de acuerdo a estas líneas, están más activos que en cualquier otro momento de la historia humana. A sabiendas o no, llevan a los hombres hacia el mundo de significados; sus descu­brimientos pondrán fin, oportunamente, a la presente era de desocupación; sus inventos y mejoras, anexados a la creciente idea de la interdependencia grupal (el principal mensaje del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo), mejorarán con el tiempo las condiciones humanas para que pueda sobrevenir una era de paz y sosiego. Observarán que no digo “sobrevendrá”, pues ni el Cristo Mismo puede predecir exactamente el límite de tiempo en que podrán producirse estos cambios, ni cómo reaccionará la humani­dad a cualquier punto dado de revelación.
Sexto Rayo. El efecto que ha tenido la actividad de este rayo durante los últimos dos mil años ha sido entrenar a la humanidad en el arte de reconocer los ideales, los anteproyectos de las ideas. El trabajo principal de los discípulos de este rayo es aprovechar la tendencia que ha desarrollado la humanidad para reconocer las ideas y -esquivando las rocas del fanatismo y los peligrosos escollos del deseo superficial- entrenar apasionadamente a los pensadores del mundo en el deseo hacia lo bueno, lo verdadero y lo bello, de modo que la idea que debe materializarse en alguna forma en la tierra, pueda desplazarse del plano mental y reves­tirse con una forma en la tierra. Dichos discípulos y servidores trabajan conscientemente con el elemento deseo del hombre y científicamente, a fin de evocarlo en forma correcta. Su técnica es científica porque está basada en Ja correcta comprensión del material humano con el cual tienen que trabajar.
Algunas personas deben ser energetizadas por una idea para que entren en actividad. Para ellas el discípulo de primer rayo puede serles muy eficaz. Se puede llegar a otras más fácilmente por medio de un ideal, y luego subordinarán sus vidas y deseos personales a ese ideal. Con éstas trabaja con facilidad el discípulo de sexto rayo; debe tratar de hacerlo enseñándoles a reconocer la verdad, presentándoles constantemente el ideal y evitando que demuestren un interés demasiado enérgico y fanático, ante la necesidad de una ardua y prolongada tarea. Debe recordarse que el sexto rayo, cuando es el rayo de la personalidad de un hombre o grupo, puede ser mucho más destructivo que el primer rayo, pues éste no contiene tanta sabiduría y, como actúa por medio de un tipo de deseo, sigue la línea de menor resistencia para las masas y, por lo tanto, puede producir con más facilidad efectos en el plano físico. Las personas de sexto rayo deben ser tratadas con cautela, porque están demasiado centralizadas, pues los deseos personales las dominan casi por completo; las personas que per­tenecen a este rayo han estado evolucionando durante largo tiem­po. Sin embargo, es indispensable el método de sexto rayo para evocar el deseo de materializar un ideal y, afortunadamente, tene­mos muchos aspirantes y discípulos de este rayo, disponibles en la actualidad.
Séptimo Rayo. Este rayo proporciona hoy un necesario y activo grupo de discípulos que ansían ayudar al Plan. Su trabajo lo efectúan lógicamente en el plano físico. Pueden organizar el ideal evocado que personificará la idea de Dios dentro de la medida capaz de evidenciar la época y la humanidad y darle forma en la tierra. Su trabajo es poderoso e imprescindible y exige gran habilidad en la acción. Este rayo está entrando en el poder. Ninguno de los que pertenecen a este rayo y participan en la actual cruzada jerárquica puede trabajar solo; tampoco grupo alguno pue­de hacerlo por sí solo. La diferencia que existe entre los métodos de la vieja y la nueva era es que, en el primero, subsiste la idea de ser guiado por una persona y en el otro por un grupo. La dife­rencia existe entre la imposición a sus semejantes de la respuesta de un individuo a una idea, y la reacción de un grupo a una idea, que trae el idealismo grupal y lo enfoca en forma definida, lo cual hace surgir la idea sin que predomine ningún individuo. Ésta es la tarea actual más importante del discípulo de séptimo rayo, y debe abocar toda la energía para lograr este fin. Debe pronunciar esas Palabras de Poder que constituyen un grupo de palabras, y encierran la aspiración del grupo en un movimiento organizado, que como se verá, es muy distinto de una organización. Un ejem­plo sobresaliente del empleo de la Palabra de Poder enunciada por un grupo fue dado últimamente en la Gran Invocación, la cual ha sido empleada con marcado efecto. Se debe seguir empleando, porque es el mántram que inaugurará la entrada del séptimo rayo. Por primera vez ha sido puesto a disposición de la humanidad un mántram de esta naturaleza.



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