Psicología Esotérica I



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Uno de los septenarios fundamentales de los rayos personifica en si el principio armonía; este cuarto rayo de armonía da a todas las formas lo que produce belleza y actúa para lograr la armonización de todos los efectos que emanan del mundo de las causas, el mundo de los tres rayos mayores. El rayo de belleza, arte y armonía produce la cualidad de la organización mediante la forma. En último análisis, es el rayo de la exactitud matemática y no el rayo del artista, como muchos creen. El artista se encuentra en todos los rayos, al igual que el ingeniero, el médico, el hombre que forma su hogar o el músico. Quiero aclarar esto porque existen muchos falsos conceptos sobre este tema.
Cada uno de los grandes rayos tiene una forma particular de enseñar la verdad a la humanidad, lo cual es su contribución excepcional y el modo de desarrollar al hombre mediante un sistema o técnica, cualificado por la cualidad del rayo que es por lo tanto específico y excepcional. Permítanme proporcionar los métodos para esta enseñanza grupal:
1er. Rayo Expresión superior: La ciencia de los estadistas y de los gobiernos.

Expresión inferior: La Política y la diplomacia moderna.


2do. Rayo Expresión superior: El proceso de la iniciación, tal como lo enseña la jerarquía de adeptos.

Expresión inferior: Religión.


3er. Rayo Expresión superior: Medios de comunicación o interacción. Radio, teléfono, telégrafo y transporte.

Expresión inferior: El empleo y la distribución del dinero y del oro,


4to. Rayo Expresión superior: El trabajo masónico basado en la formación de la jerarquía y relacionado con el segundo rayo.

Expresión inferior: Construcción arquitectónica. Planeamiento moderno de las ciudades.


5to. Rayo Expresión superior: La ciencia del alma. La sicología esotérica.

Expresión inferior: Sistemas educativos modernos y ciencia mental.


6to. Rayo Expresión superior: Cristianismo y religiones diversas. (Obsérvese aquí la relación que tiene con el segundo Rayo.)

Expresión inferior: las iglesias y las religiones organizadas.


7mo. Rayo Expresión superior: Todo tipo de magia blanca.

Expresión inferior: Espiritismo "fenoménico".


El cuarto rayo es esencialmente el refinador, el que produce la perfección en la forma y el principal manipulador de las energías de Dios; lo hace de tal modo que el Templo del Señor es verdaderamente conocido en su exacta naturaleza como aquello que alberga la Luz. Así el Shekinah brillará dentro del lugar secreto del Templo en su plena gloria. Es el trabajo de los siete Constructores. Este rayo se expresa primordialmente en el primero de los planos amorfos contando desde abajo hacia arriba, y su verdadero propósito no puede emerger hasta que el alma haya despertado y la conciencia registrado adecuadamente lo conocido. Los planos o las esferas de expresión son influenciados en la manifestación por orden numérico:
1º Rayo Voluntad o Poder Plano de la divinidad.

2º Rayo Amor-Sabiduría Plano de la mónada.

3º Rayo Inteligencia Activa Plano del espíritu, alma.

4º Rayo Armonía Plano de la intuición.

5º Rayo Conocimiento Concreto Plano mental.

6ª Rayo Devoción, Idealismo Plano astral.



7º Rayo Orden Ceremonial Plano físico.
El quinto rayo actúa activamente en el plano de mayor importancia para la humanidad, siendo para el hombre el plano del alma y de la mente superior e inferior. Personifica el principio del conocimiento, y debido a su actividad y a su íntima relación con el tercer Rayo de Inteligencia Activa, podría considerárselo especialmente en estos momentos como el rayo que tiene mayor relación vital con el hombre. Es el rayo que produce la individualización -como cuando estaba activo en la época lemuriana- lo cual significa textualmente el cambio de la vida evolucionante de Dios en una nueva esfera de percepción. Al principio, esta particular trasferencia a formas más elevadas de percepción, tiende a la separatividad.
El quinto rayo ha producido lo que llamamos ciencia. En la ciencia encontramos una condición extremadamente rara. La ciencia es separatista en su modo de encarar los diferentes aspectos de la divina manifestación que denominamos el mundo de fenómenos naturales, pero de hecho no es separatista porque existe poco antagonismo entre las ciencias y poca competencia entre los científicos. Los trabajadores del campo científico se diferencian profundamente en esto de los del campo religioso. La razón reside en el hecho de que el verdadero científico, por ser una personalidad coordinada que trabaja en niveles mentales, actúa muy cerca del alma. Una personalidad desarrollada esclarece las diferenciaciones de la mente inferior predominante, pero la proximidad del alma (si se puede emplear una expresión tan simbólica) niega una actitud separatista. El hombre religioso es preeminentemente astral o emocional, y actúa en forma muy separatista, especialmente en la era pisciana, que va desapareciendo. Al decir hombre religioso me refiero al místico y a aquel que presiente la visión beatífica, y no a los discípulos ni a los llamados iniciados, porque éstos agregan a la visión mística una captación mental entrenada.
El sexto rayo de devoción personifica el principio de reconocimiento. Con esto quiero significar la capacidad de ver la ideal realidad que reside detrás de la forma; implica que se debe aplicar en forma concentrada el deseo y la inteligencia, a fin de expresar la idea presentida. Es responsable de la mayor parte de las formulaciones de ideas que han hecho avanzar al hombre y de gran parte del énfasis puesto sobre la apariencia que ha velado y ocultado esos ideales. En este rayo -a medida que entra y sale cíclicamente de la manifestación- se lleva a calo principalmente la tarea de diferenciar la apariencia y la cualidad, lo cual tiene su campo de actividad en el plano astral. Por lo tanto es evidente la complejidad de este tema y la agudeza del sentimiento implicado.
El séptimo Rayo de Orden Ceremonial o Magia, personifica una curiosa cualidad, característica sobresaliente de la Vida especial que anima este rayo. La cualidad o principio, constituye el factor coordinador que unifica la cualidad interna con la forma, o la apariencia tangible externa. Este trabajo se desarrolla principalmente en los niveles etéricos e incluye energía física. Tal el verdadero trabajo mágico. Quisiera indicar que cuando el cuarto y el séptimo rayos vengan juntos a la encarnación, tendremos un período muy peculiar de revelación y portador de luz. Se ha dicho que en ese período "el Templo del Señor adquirirá más gloria y los Constructores se regocijarán". Espiritualmente comprendido, éste será el momento culminante del trabajo masónico. La Palabra Perdida será recuperada y expresada para que todos la escuchen, y el Maestro se levantará y caminará entre sus constructores en la plena luz de la gloria que brilla desde Oriente.
La espiritualización de las formas puede considerarse como el trabajo principal del séptimo rayo, y este principio de fusión, coordinación y unión, está activo en los niveles etéricos cada vez que un alma encarna y nace un niño en la Tierra.
D. El alma es el principio sensible que subsiste en toda manifestación externa, compenetra todas las formas y constituye la conciencia de Dios Mismo. Cuando el alma, sumergida en la sustancia, es simplemente sensibilidad, agrega, mediante su interacción evolutiva, la cualidad y la capacidad de reaccionar a la vibración y al medio ambiente. Así se expresa el alma en los reinos subhumanos de la naturaleza.
Cuando el alma, expresión de sensibilidad y cualidad, agrega a éstas la capacidad de percibir al yo en forma desapegada, aparece esa entidad autoidentificada que llamamos un ser humano.
Cuando el alma agrega a la sensibilidad, a la cualidad y a la autopercepcíón, la conciencia grupal, tenemos entonces la identificación con el grupo de un rayo y aparece el discípulo, el iniciado y el maestro.
Cuando el alma agrega a la sensibilidad, a la cualidad, a la autopercepción y a la conciencia grupal, la conciencia del propósito sintético divino (denominado el Plan), tenemos entonces ese estado de ser y conocimiento que caracteriza a todos los que están en el Sendero de Iniciación, incluyendo a esas Vidas graduadas desde el discípulo más avanzado hasta el Logos planetario mismo.
No olvidemos al hacer estas diferenciaciones que existe sin embargo una sola Alma, la cual funciona y actúa a través de vehículos de diversas capacidades y distintos refinamientos, con mayores y menores limitaciones, así como un hombre constituye una sola identidad que actúa a veces mediante un cuerpo físico y otras a través de un cuerpo sensorio, o de un cuerpo mental, y aún otras llega a conocerse como el Yo -acontecimiento raro y poco común aún para la mayoría. Cada forma manifestada realiza dos cosas:


  1. Se apropia o es compenetrada por el alma del mundo, hasta donde le permite su capacidad. Tanto el átomo de la sustancia como la molécula o la célula, poseen alma, pero no en el mismo grado que un animal; un animal tiene alma, pero no en el mismo grado que la tiene un Maestro, y así sucede arriba o abajo de la escala.




  1. A través de la interacción entre el alma que mora internamente y la forma, ocurren dos cosas:




  1. La sensibilidad y la cualidad se expresan según el tipo de cuerpo y su grado de evolución.




  1. La compenetrante alma impele a la actividad a la naturaleza corpórea y la impulsa a ir adelante en el sendero del desarrollo, proporcionando así al alma un campo de experiencia, y al cuerpo una oportunidad de reaccionar al impulso superior del alma. Así también se beneficia el campo de expresión y el alma domina la técnica de hacer contado, lo cual es su objetivo, en cualquier forma dada.

Por lo tanto, el alma vista desde cierto ángulo, es un aspecto porque hay un alma en todos los átomos que componen los cuerpos de todos los reinos de la naturaleza. La sutil alma coherente, resultado de la unión del espíritu y la materia, existe como una entidad aparte de la naturaleza corpórea, y constituye (cuando está separada del cuerpo) el cuerpo etérico o el doble, como se lo denomina a veces, o la contraparte del cuerpo físico. Ésta es la suma total del alma de los átomos que constituyen el cuerpo físico. Ésta es la verdadera forma, el principio de coherencia en cada forma.


El alma, en relación con el ser humano, es el principio mente, en dos funciones, o la mente que se expresa de dos maneras. Estos dos modos se registran y llegan a ser parte del equipo organizado del cuerpo humano cuando está adecuadamente refinado y suficientemente desarrollado:


  1. La mente concreta inferior, el cuerpo mental, "chitta" o sustancia mental.




  1. La mente superior espiritual o abstracta.

Estos dos aspectos del alma, sus dos cualidades básicas, traen el reino humano a la existencia y permiten al hombre establecer contacto con los reinos inferiores de la naturaleza y con las realidades superiores espirituales. El primero, la cualidad de la mente en su manifestación inferior, lo posee potencialmente cada átomo contenido en cada forma y en cada reino de la naturaleza. Es parte de la naturaleza corpórea inherente y potencial y la base de la hermandad, la unidad absoluta, la síntesis universal y la divina coherencia de la manifestación. El segundo, el aspecto superior, es el principio de autopercepción, y cuando se combina con el aspecto inferior produce la autoconciencia del ser humano. Cuando el aspecto inferior ha dado forma y ha compenetrado las formas en los reinos subhumanos, y cuando ha trabajado sobre esas formas y su sensibilidad latente, a fin de lograr un adecuado refinamiento y sensibilidad, la vibración se hace tan poderosa que atrae a lo superior y produce fusión o unificación. Esto es análogo a una recapitulación superior de la unión inicial del espíritu y la materia, que trajo el mundo a la existencia. Así viene un alma humana a la existencia, así comienza su larga carrera y ahora es un ente diferenciado.


La palabra Alma se emplea para expresar el summum de la naturaleza síquica -el cuerpo vital, la naturaleza emocional y la materia mental. Una vez alcanzada la etapa humana es algo más, es una entidad espiritual, un ser síquico consciente, un hijo de Dios que posee vida, cualidad y apariencia -la peculiar manifestación en tiempo y espacio de las tres expresiones del alma que acabo de definir:


  1. El alma de todos los átomos que componen la apariencia tangible.




  1. El alma personal o la suma total sutil y coherente que llamamos Personalidad, compuesta de los cuerpos sutiles -etérico o vital, astral o emocional y el aparato mental inferior. La humanidad comparte estos tres vehículos con el reino animal en lo que concierne a la vitalidad, la sensibilidad y la mente potencial; con el reino vegetal en lo que concierne a la vitalidad y a la sensibilidad, y con el reino mineral en lo que concierne a la vitalidad y a la sensibilidad potencial.




  1. El alma es también el ser espiritual, o la unión de la vida y la cualidad. Cuando se establece la unión de las tres almas, según se las denomina, tenemos un ser humano.

Así se establece en el hombre la mezcla o fusión de vida, cualidad y apariencia, o espíritu, alma y cuerpo, por medio de una forma tangible.


En el proceso de diferenciación estos diversos aspectos han atraído la atención, pero la síntesis subyacente ha sido pasada por alto o descartada. Sin embargo, todas las formas son diferenciaciones del alma, pero dicha alma es una sola Alma cuando se la observa y considera espiritualmente. Cuando se la estudia desde el punto de vista de la forma no se percibe nada más que diferenciación y separación. Cuando se la estudia desde el aspecto conciencia o sensibilidad, emerge la unidad. Cuando se alcanza la etapa humana y la autopercepción y se fusiona con la sensibilidad de las formas y con la minúscula conciencia del átomo, comienza tenuemente a surgir en la mente del pensador la idea de una posible unidad subjetiva. Cuando se alcanza la etapa del discipulado, el hombre empieza a considerarse como parte sensible de un todo sensible, y lentamente reacciona al propósito e intención de este todo. En forma paulatina capta el propósito, a medida que entra conscientemente en el ritmo de la totalidad, de la que él es una parte. La parte se pierde en el todo cuando se alcanzan etapas más avanzadas y formas más sutiles y refinadas; el ritmo del todo somete al individuo a una participación uniforme en el propósito sintético, pero la comprensión de la autopercepción individual persiste y enriquece la contribución individual que ahora se ofrece inteligente y voluntariamente, de modo que la forma no sólo constituye un aspecto de la totalidad (que siempre e inevitablemente ha sido así, aunque no sea comprendido), sino que la consciente entidad pensante conoce la rectilidad de la unidad de la conciencia y de la síntesis de la vida. Tres factores debemos tener en cuenta a medida que leemos y estudiamos:


  1. La síntesis de la vida espíritu




  1. La unidad de la conciencia alma




  1. La integración de las formas cuerpo

Estos tres siempre han estado unidos, pero la conciencia humana no lo ha sabido. Su comprensión y su integración en la técnica del vivir, constituyen para el hombre el objetivo de toda su experiencia evolutiva.


Hablando en forma simbólica consideremos ahora al Alma universal o conciencia del Logos que trajo a la existencia nuestro universo, y consideremos a la Deidad como que compenetra con Su vida la forma de Su sistema solar, la cual es consciente de Su trabajo, de Su proyecto y de Su meta. Este sistema solar es una apariencia, pero Dios permanece trascendente. Dentro de todas las formas Dios es inmanente y, sin embargo, permanece apartado y separado. Así como un ser humano pensante e inteligente, actúa por medio de su cuerpo, pero mora principalmente en su conciencia mental o en sus procesos emocionales, así Dios mora absorbido en Su naturaleza mental, y el mundo creado y compenetrado con Su vida avanza hacia la meta para la cual Él lo ha creado. Sin embargo dentro del radio de Su manifestante forma se llevan a cabo grandes actividades; se observan distintos estados de conciencia y etapas de percepción; surgen distintos grados de sensibilidad, y hasta en el simbolismo de la forma humana tenemos los diferentes estados de sensibilidad, tal como los registrados por el cabello, los organismos internos del cuerpo, el sistema nervioso, el cerebro y la entidad que llamamos yo -que registra la emoción y el pensamiento. De la misma manera la Deidad, dentro del sistema solar, expresa amplias diferencias de conciencia.
Existe una conciencia del cuerpo; existe un mecanismo sensorio que registra las reacciones del medio ambiente; existe una conciencia de los estados de ánimos, de la cualidad, de las reacciones mentales al mundo de las ideas; existe una conciencia más elevada del plan y del propósito, y existe una conciencia de la vida.
Es interesante observar, en relación con la Deidad, que esta respuesta sensoria al medio ambiente es la base de toda la astrología y el efecto de las constelaciones sobre el sistema solar y las fuerzas interplanetarias.
En relación con el hombre podríamos resumirlo de la manera siguiente:
La naturaleza forma del hombre reacciona conscientemente a la naturaleza forma de la Deidad. La vestidura externa del alma (física, vital y síquica) es parte de la vestidura externa de Dios.
El alma del hombre autoconsciente se halla en armonía con el alma de todas las cosas. Es parte integrante del alma universal, y debido a eso puede llegar a percibir el propósito consciente de Deidad, colaborar inteligentemente con la voluntad de Dios y trabajar con el plan de la Evolución.
El espíritu del hombre es uno con la vida de Dios, y está dentro de él, profundamente arraigado en su alma, así como el alma está arraigada en su cuerpo.
El espíritu, en algún tiempo lejano, lo pondrá en armonía con ese aspecto de Dios que es trascendente, y así cada hijo de Dios hallará oportunamente su camino hacia ese centro -absorbido y abstraído- donde mora Dios, más allá de los confines del sistema solar.
Estas palabras son formuladas en un esfuerzo por trasmitir una idea del orden, del plan, de la síntesis universal, de la integración, de la incorporación del fragmento en el todo, y de la parte con el todo.
Trataré de responder a la segunda pregunta, recordando que lo único que puedo hacer es penetrar simbólicamente en los propósitos prácticos de la Deidad. Como escribo para simples aspirantes, no puedo trasmitir la verdad hasta que llegue el momento en que se establezca una armonía completa, con sus propias almas, o más completa de lo que es ahora. Sin embargo, el esfuerzo por captarlo que no puede ser expresado con palabras produce una precipitación de la mente abstracta o intuición, lo cual a su vez estimula y desarrolla las células cerebrales y produce una constante estabilidad del poder de permanecer en el "ser espiritual"; entonces es posible captar lo inexpresable y vivir por el poder del mismo.
Pregunta 2. ¿ Cuáles son el origen, la meta, el propósito y el plan del Alma?
Los siete rayos son la suma total de la divina Conciencia, la Mente Universal; podrían ser considerados como las siete Entidades inteligentes a través de las cuales el plan se desarrolla. Personifican el divino propósito; expresan las cualidades requeridas para la materialización de ese propósito; crean las formas, y son las formas mediante las cuales la idea divina puede ser llevada a su consumación. Simbólicamente pueden considerarse como que constituyen el cerebro del divino Hombre Celestial. Corresponden a los ventrículos del cerebro, a los siete centros del cerebro, a los siete centros de fuerza y a las siete glándulas principales que determinan la calidad del cuerpo físico. Son los conscientes ejecutores del propósito divino y los siete Alientos que animan todas las formas que han sido creadas por Ellos para llevar a cabo el plan.
Tal vez sería más fácil comprender la relación de los siete rayos con la Deidad, si recordamos que el hombre mismo (por ser hecho a imagen de Dios) es un ser séptuble, capaz de expresar siete estados de conciencia y los siete principios o cualidades fundamentales que le permiten percibir los siete planos en los cuales actúa en forma consciente o inconsciente. Es un septenario en todo momento, pero su objetivo es percibir conscientemente todos los estados del ser, expresar conscientemente todas las cualidades y actuar libremente en todos los planos.
Los Seres que pertenecen al séptimo rayo, a diferencia del hombre, son totalmente conscientes y perciben en su totalidad el propósito y el Plan. Están siempre en "profunda meditación", y llegaron al punto en que, a través de Su avanzada etapa de desarrollo, son "impulsados hacia la realización". Son totalmente conscientes de sí mismos y del grupo; constituyen la suma total de la mente universal, y se hallan "despiertos y activos". Su meta y propósito es de tal naturaleza que sería inútil especular sobre ambos, porque el punto más elevado de realización para el hombre es el punto más bajo para Ellos. Estos siete Rayos, Alientos y Hombres Celestiales tienen como tarea luchar con la materia a fin de subyugarla al propósito divino, y la meta -hasta donde podemos percibirla- es someter las formas materiales a la acción del aspecto vida, produciendo así esas cualidades que llevarán la voluntad de Dios a su culminación. Por lo tanto, constituyen la suma total de todas las almas dentro del sistema solar, y Su actividad produce todas las formas; de acuerdo a la naturaleza de la forma así será el grado de conciencia. A través de los siete rayos fluye la vida o aspecto espíritu, pasando cíclicamente a través de todos los reinos de la naturaleza, produciendo así estados de conciencia en todos los campos de percepción.
Para llevar a cabo los propósitos de este tratado los estudiantes tendrán que aceptar la hipótesis de que todo ser humano es arrastrado a la manifestación por el impulso de algún rayo, está coloreado por esa particular cualidad de rayo que determina el aspecto forma, e indica el camino que debe seguir y le permite (cuando llegue a la tercera iniciación) presentir y luego colaborar con el propósito de su rayo. Después de la tercera iniciación comienza a presentir el propósito sintético para el cual trabajan los siete rayos. Como este tratado ha sido escrito para los aspirantes y discípulos, y no para los iniciados de tercer grado, es innecesario hacer conjeturas sobre este destino final.
El alma humana es una síntesis de la energía material cualificada por la conciencia inteligente, además de la energía espiritual que está, a su vez, cualificada por uno de los siete tipos de rayo.
Así emerge el ser humano, un hijo de Dios encarnado en la forma, con una mano, como dice El Antiguo Comentario, aferrada firmemente a la roca de la materia y la otra sumergida en un mar de amor. Una antigua escritura lo expresa de esta forma:
"Cuando la mano derecha del hombre material toma la flor de la vida y la arranca para él, la mano izquierda permanece vacía.

"Cuando la mano derecha del hombre material toma el loto dorado del alma, la izquierda desciende buscando la flor de la vida, aunque no lo hace para fines egoístas.

"Cuando la mano derecha sostiene firmemente el loto dorado y la mano izquierda toma la flor de la vida, el hombre descubre que es la planta de siete hojas que florece en la tierra y también ante el Trono de Dios."
El propósito de la Deidad, como lo conoce el Creador, es desconocido totalmente para todos, excepto para los iniciados más elevados. Pero el propósito de cada Vida de rayo puede ser sentido y definido, sujeto por supuesto a las limitaciones de la mente humana y a lo inadecuado de las palabras. La actividad planeada de cada rayo cualifica toda forma que se halla dentro de su cuerpo de manifestación.




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