Psicología Esotérica I



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La síntesis de todo lo manifestado, la denominamos Dios, el Aislado, el que Todo lo compenetra, el Desapegado y el Retraído.
Las mencionadas verdades abstractas son difíciles de captar, pero es necesario exponerlas para que nuestro tema sea comprendido y no dé pie a que se diga que consideramos la diversidad como la única verdad y no nos ocupamos de la realidad.
Ahora me ocuparé de las cinco preguntas que he formulado, y las responderé para el lector.
Pregunta 1. ¿ Qué es el alma? ¿ Podemos definirla? ¿ Cuál es su naturaleza?
Expondré aquí sólo cuatro definiciones que servirán de base para todo lo demás.
A. El alma puede denominarse Hijo del Padre y de la Madre -Espíritu-Materia-, por lo tanto es la personificación de la vida de Dios, y encarna con el fin de revelar la cualidad de la naturaleza de Dios -el amor esencial. Esta vida al tomar forma nutre la cualidad del amor que existe dentro de todos las formas y, finalmente, revela el propósito de toda la creación. Esta es la definición más sencilla para la humanidad común, expresada en el lenguaje del místico que vincula la verdad tal como se encuentra en todas las religiones. Lógicamente es inadecuada, porque no pone el énfasis sobre la verdad de que lo que puede decirse del hombre también puede decirse de la realidad cósmica) y así como una apariencia humana en la Tierra oculta tanto la cualidad como el propósito (en diversos grados), así la síntesis de todas las formas o apariencias, dentro de esa unidad que llamamos el sistema solar, oculta la cualidad y el propósito de la Deidad. Sólo cuando al hombre ya no lo engañan las apariencias y se ha liberado del velo de la ilusión, llega a conocer la cualidad de la conciencia de Dios y el propósito que ella revela, y esto en forma triple:


  1. Descubre su propia alma, el producto de la unión de su Padre en el cielo con la Madre, o naturaleza material, la personalidad. Después de haber descubierto la personalidad, descubre la cualidad de la propia vida egoica, y el propósito para el cual ha "aparecido".




  1. Encuentra que esta cualidad se expresa mediante siete aspectos o diferenciaciones fundamentales, y que este septenario de cualidades cobra esotéricamente las formas de todos los reinos de la naturaleza, constituyendo la totalidad de las revelaciones del divino propósito. Se da cuenta de que esto es esencialmente un conjunto septenario de energías, y que cada energía produce diferentes efectos y apariencias. Hace este descubrimiento cuando halla que su propia alma está coloreada por una de las cualidades de los siete rayos y que él se identifica con el propósito de su rayo -cualquiera sea-. y expresa un tipo particular de energía divina.




  1. Desde ese punto reconoce entonces a todo el septenario, y en el Sendero de Iniciación logra obtener una vislumbre de la Unidad, hasta ahora desconocida, y ni siquiera presentida.

Así, de ser consciente de sí mismo, el hombre llega a percibir la interrelación que existe entre las siete energías fundamentales o rayos; de allí avanza hasta llegar a comprender la triple Deidad, hasta que en la última iniciación (la quinta) se fusiona conscientemente con el intento divino unificado, el cual reside detrás de todas las apariencias y cualidades. Podría agregar que las iniciaciones superiores a la quinta, revelan un propósito más amplio y más profundo que el que se está desarrollando en nuestro sistema solar. El propósito de nuestros Logos manifestado es sólo parte de un intento mayor. Podría también observarse que en el cuarto reino de la naturaleza, en el sendero de evolución y de probación, el hombre llega a un conocimiento de su alma individual y vislumbra la cualidad y el propósito de esa alma. En el sendero del discipulado y de la iniciación vislumbra la cualidad y el propósito de su Vida planetaria, y se descubre a si mismo como parte de una Vida de rayo que está apareciendo a través de la forma de un planeta e incorpora un aspecto de la energía y propósitos divinos. Después de la tercera iniciación percibe la cualidad y el propósito del sistema solar y ve la vida y la energía de su rayo como parte de un todo más grande. Éstos sólo son modos de expresar la cualidad que surge y el propósito oculto en las Vidas graduadas que dan forma a las apariencias y las coloran con la cualidad.


B. El alma puede ser considerada como el principio inteligente -inteligencia cuyas características son lamente y la percepción mental, que a su vez se demuestran como el poder de analizar, discernir, separar, distinguir, elegir o rechazar, y todas las implicaciones que estos términos significan. Mientras un hombre se identifica con la apariencia, estos aspectos del principio mental producen en él "la gran herejía de la separatividad". La apariencia de la forma produce la ilusión astral y lo alucina completamente. Se considera a sí mismo como la forma, y después de comprenderse a sí mismo como la forma material e identificarse con la apariencia externa, se da cuenta que él es un deseo insaciable. Luego se identifica con su cuerpo de deseos, sus apetitos buenos y malos, considerándose también uno con sus estados de ánimo, sus sentimientos, sus anhelos, aunque se irradien hacia el mundo material o internamente hacia el mundo del pensamiento, o el reino del alma. Está atormentado por el sentido de la dualidad. Más tarde se identifica con otra de las apariencias o naturaleza, el cuerpo mental. Sus pensamientos llegan a ser tan tangibles que lo impelen, instigan e influencian; y el mundo de las formas mentales se incorpora al mundo de las apariencias materiales y al de la gran ilusión. Entonces está sujeto a una triple ilusión, y él que es la vida consciente detrás de la ilusión, comienza a unificar las formas en un conjunto coordinado a fin de controlarlas mejor.
Así aparece la Personalidad del alma. Está al borde del sendero de probación. Entra en el mundo de las cualidades y de los valores, comienza a descubrir la naturaleza del alma, y el énfasis puesto sobre la apariencia lo transfiere a la cualidad de la Vida que la produjo. Esta identificación de la cualidad con la apariencia se acrecienta constantemente en el sendero, hasta que la fusión de la cualidad y la apariencia, de la energía y aquello que ella energetiza, es tan perfecta, que la apariencia ya no oculta la realidad, y el alma se convierte en el factor dominante; entonces la conciencia se identifica consigo misma o con su rayo, y no con su apariencia fenoménica. Más adelante el alma misma es reemplazada por la Mónada, y esa Mónada llega a ser en verdad el propósito personificado.
El proceso puede ser expresado por una simbología muy sencilla: o.o.o, u o.o. . .o, u o.. .o.o, representando así la separatividad de los tres aspectos. La unión de los tres aspectos de apariencia-cualidad-propósito o vida, da por resultado una abstracción de la apariencia y, por lo tanto, la desaparición de la existencia fenoménica. Reflexionen sobre la distribución sencilla de estos signos, porque representan la vida y el progreso de cada ente.
El hombre no desarrollado o o o. apariencia -cualidad, vida.

El discípulo o o..o. apariencia -cualidad, vida.

El iniciado o..o.o. apariencia.., cualidad -vida.

Finalmente..................... . dentro del círculo de lo infinito.


Esto es verdad respecto al ser humano, el Cristo en encarnación y también respecto al Cristo cósmico, Dios encarnado en el sistema solar, sistema en que se está llevando a cabo una fusión y mezcla similar, y los aspectos separados están entrando en relación evolutiva, lo cual tendrá como resultado una eventual síntesis de la apariencia y la cualidad, y luego de la cualidad y el propósito. Se podría observar aquí que la Jerarquía se caracteriza por el signo o. .o o; el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo por el signo o o. .o, y las masas no evolucionadas por o o o. Recuerden que en los tres grupos, así como en la naturaleza, existen las etapas intermedias constituidas por quienes van hacia una realización transitoria.
La tarea de todos los que estudian este Tratado sobre los Siete Rayos consiste en fusionar la cualidad con la apariencia y, por lo tanto, deben estudiar la naturaleza de esa cualidad a fin de producir una verdadera apariencia. En las antiguas reglas dadas a los místicos en la época Atlante, hallamos estas palabras:
"Que el discípulo conozca la naturaleza de Su Señor de Amor, Siete son los aspectos del amor de Dios; siete los colores del Uno manifestado; séptuple el trabajo; siete las energías, y séptuple el Sendero de regreso al centro de paz. Que el discípulo viva en amor y ame en vida."
En esos remotos días ningún propósito penetraba en las mentes de los hombres porque la raza no era mental, ni existía la intención de que lo fuese. Sólo se ponía de relieve la cualidad de la apariencia en todos los preparativos para la iniciación, y el iniciado más elevado de esa época se esforzaba por expresar únicamente la cualidad del amor de Dios. El Plan era el gran misterio. El Cristo cósmico e individual era presentido y conocido, pero el propósito estaba oculto y no había sido revelado. No se conocía el "noble óctuple sendero" y sólo se percibían siete peldaños dentro del Templo. Con el advenimiento de la raza Aria el propósito y el plan empezaron a revelarse. Sólo cuando la apariencia comienza a ser dominada por la cualidad y la conciencia se expresa a sí misma por la percepción dirigida a través de la forma, entonces el propósito es sentido tenuemente.
Trato de trasmitir de diversas maneras, mediante el simbolismo de las palabras, la significación del alma. El alma es por lo tanto el hijo de Dios, el producto de la unión entre espíritu y materia, la expresión de la mente de Dios, porque mente e intelecto son términos que expresan el principio cósmico de amor inteligente -amor que produce la apariencia a través de la mente y es el constructor de las formas separadas o apariencias. El alma mediante la cualidad de amor produce también la fusión de apariencia y cualidad, percepción y forma.
C. El alma es (y aquí las palabras limitan y deforman) una entidad de luz coloreada por una vibración especial de rayo, un centro de energía vibratoria que se halla dentro de la apariencia o forma, durante toda su vida de rayo. Es una vida entre los siete grupos de millones de vidas que en su totalidad constituyen la Vida Una. Debido a su naturaleza, el alma percibe o es consciente en tres direcciones: consciente de Dios, del grupo y de sí misma. Este aspecto de ser consciente de sí misma llega a fructificar en la apariencia fenoménica de un ser humano; el aspecto conciencia grupal retiene el estado humano de conciencia, pero agrega a éste la percepción de su vida de rayo que va desarrollándose progresivamente; entonces su percepción es consciente del amor, de la cualidad y del espíritu que existe en sus relaciones; sólo es potencialmente consciente de Dios, y en ese desarrollo el alma encuentra su propio progreso en forma ascendente y externa, después que ha perfeccionado su aspecto de ser consciente de sí misma y ha reconocido su percepción grupal. Por lo tanto, el alma tiene los siguientes aspectos o apariencias:
o .... Conciencia de Dios, del sistema solar. Unidad.

El Alma ooo .... o. Conciencia del rayo, uno de los siete rayos, de cualidad divina. Conciencia grupal.


Aspirante o..........Conciencia de sí misma, percepción de las apariencias. Diversidad de la vida de la forma.
Los aspirantes que estudian y se entrenan para vivir una vida de servicio pueden considerarse como que han alcanzado el punto donde se encuentra la línea. Para visualizar esto correctamente debe considerarse el signo girando rápidamente, produciendo así una rueda que da vueltas, la rueda de la vida. Permítaseme repetir:


  1. El alma es el hijo de Dios, producto de la unión del espíritu y la materia.




  1. El alma es la personificación de la mente consciente, la expresión, si puede decirse así, de la inteligente percepción divina.




  1. El alma es una unidad de energía que vibra al unísono con una de las siete vidas de rayo, coloreada por una luz particular de rayo.

La personalidad del alma, tiene por objeto personificar el amor, aplicado con inteligencia, y producir esas formas "atractivas" que servirán para expresar esa inteligencia amorosa. El alma a su vez tiene por objeto personificar la voluntad o el propósito divino, aplicado inteligentemente al gran trabajo creador producido por el poder del amor creador.


Cada hijo de Dios puede decir: He nacido del amor que el Padre siente por la Madre, del deseo que siente la vida por la forma. Por lo tanto, expreso el amor y la atracción magnética de la naturaleza de Dios y la respuesta de la naturaleza de la forma y soy la conciencia misma, consciente de la Deidad o Vida.
Cada ente inteligente de vida puede decir: Soy el producto de la voluntad inteligente que actúa mediante la actividad inteligente y produce un mundo de formas creadas que personifican u ocultan el propósito amoroso de la Deidad.
Cada vibrante unidad de energía puede decir: Soy parte del divino todo que en su septenaria naturaleza expresa el amor y la vida de la Realidad Una, coloreada por una de las siete cualidades del amor de la Deidad que responde a las demás cualidades.
Para los propósitos de este tratado, debemos captar el hecho de que el mundo de las apariencias vibra y es energetizado por el mundo de las cualidades o de los valores, que a su vez vibra y es energetizado por el mundo del propósito o de la voluntad. En la Doctrina Secreta y en Tratado sobre Fuego Cósmico, se dice que el fuego eléctrico de la voluntad y el fuego solar del amor, en colaboración con el fuego por fricción, producen el mundo de las formas creadas y creadoras. Éstas siguen actuando bajo la ley del amor atractivo magnético, hacia la realización evolutiva de un propósito hasta ahora inescrutable. Este propósito permanece desconocido únicamente debido a las limitaciones de las "apariencias", que aún no responden a la cualidad. Cuando la apariencia ilusoria y la cualidad velada de la vida sean conocidas y comprendidas, emergerá con claridad el propósito subyacente. Hoy se vislumbran tenuemente tales indicios y pueden observarse los atributos de esta creciente percepción, en la tendencia del pensamiento moderno a hablar sobre diseños, planos o anteproyectos, a hacer formulaciones sintéticas de las ideas, y en la antología de los desarrollos históricos -nacional, racial, humano y sicológico. A medida que leemos, reflexionamos y estudiamos, aparecen en forma indefinida los contornos del Plan, pero hasta que la conciencia no trascienda todas las limitaciones humanas y abarque lo subhumano lo mismo que lo superhumano, el verdadero Plan no podrá ser correctamente captado. La voluntad que está detrás del propósito no podrá ser comprendida hasta que sea trascendida la conciencia, incluso la del hombre superhumano, y llegue a ser una con la divinidad.
La voluntad o energía de la vida, son términos sinónimos y es además abstracción que está separada de toda expresión de la forma. La voluntad de ser proviene de más allá del sistema solar. Es la energía de Dios omnipenetrante que da forma con una fracción de sí mismo al sistema solar, sin embargo, permanece fuera del sistema. El plan y el propósito conciernen a las energías que emanan de esa Vida central e involucran la dualidad -la voluntad o el impulso de vida más el amor magnético atractivo, que a su vez es la respuesta de la sustancia vibratoria universal al impacto de la energía de la voluntad. Esta actividad inicial precede al proceso creador de la construcción de formas; la acción de la voluntad divina sobre el océano del espacio, materia o sustancia etérica, produjo la primera diferenciación en los tres rayos mayores, y su mutua interacción originó los cuatro rayos menores. De este modo vinieron a la manifestación las siete emanaciones, las siete potencias y los siete rayos. Son los siete alientos de la Vida Una y las siete energías básicas; emanaron desde el centro formado por el impacto de la voluntad de Dios sobre la sustancia divina y se dividieron en siete corrientes de fuerza. El radio de influencia de estas siete corrientes determinó la extensión o el alcance de la actividad de un sistema solar, y "demarcó" los límites de la forma del Cristo cósmico encarnado. Cada una de estas siete corrientes o emanaciones de energía, fue coloreada por una cualidad divina, un aspecto del amor, siendo todas necesarias para el perfeccionamiento final del propósito latente y no revelado.
La voluntad de la Deidad coloreó la corriente de unidades de energías que llamamos Rayo de Voluntad o Poder, el primer rayo, y el impacto de esa corriente sobre la materia del espacio aseguró que el oculto propósito de la Deidad seria oportuna e inevitablemente revelado. Éste es un rayo de intensidad tan dinámica que se lo denomina Rayo del Destructor, Aún no está en plena actividad, y lo estará sólo cuando pueda revelarse sin peligro el propósito. Son muy pocas las unidades de energía de este rayo que existen en el reino humano. Como dije anteriormente, todavía no ha encarnado un verdadero tipo de primer rayo. Su principal potencia se encuentra en el reino mineral y la clave del misterio del primer rayo se halla en el radio.
El segundo rayo se encuentra peculiarmente activo en el reino vegetal; produce entre otras cosas la atracción magnética de las flores. El misterio del segundo rayo está oculto en el significado del perfume de las flores. Perfume y radio se relacionan, y son expresiones que emanan de los efectos producidos por los rayos al actuar sobre las diversas agrupaciones de sustancias materiales.
El tercer rayo se relaciona especialmente a su vez con el reino animal, y produce la tendencia a la actividad inteligente que se observa en los animales domésticos más evolucionados. A la analogía que existe entre la radioactividad y el perfume que emana de los reinos mineral y vegetal, la denominamos devoción, característica de la interacción atractiva entre los animales domésticos y el hombre. Quienes sienten devoción por las personalidades podrían trasmutar más rápidamente esa devoción en su analogía más elevada -amor a los principios- si se dieran cuenta que sólo exhalan emanaciones animales.
El deseo de la Deidad se expresa mediante el segundo rayo de Amor-Sabiduría. Deseo es una palabra que ha sido tergiversada para significar la tendencia de la humanidad a desear cosas materiales, o placeres que traen satisfacción a la naturaleza sensual. Se aplica a esas condiciones que satisfacen a la personalidad, pero en último análisis, deseo es esencialmente amor, el cual se expresa mediante la atracción y la capacidad de atraer hacia sí y dentro de su radio de influencia a lo que es amado. Es el vínculo de coherencia y ese principio de cohesión magnética que reside detrás de todo trabajo creador, hace surgir a la luz de la manifestación esas formas o apariencias, por las cuales es posible satisfacer el deseo. Este segundo rayo es preeminentemente el rayo de la conciencia aplicada, y trabaja mediante la creación y el desarrollo de esas formas que existen en todo el universo. Son esencialmente mecanismos para desarrollar la respuesta o la percepción, y también mecanismos sensitivos que responden al medio ambiente circundante. Esto atañe a todas las formas, desde un cristal hasta un sistema solar. Han sido creadas durante el gran proceso de satisfacer el deseo y proveer el medio de contacto que garantice una progresiva satisfacción. En la familia humana el efecto de esta interacción dual de la vida (que desea la satisfacción) y de la forma (que proporciona el campo de experiencia), produce una conciencia que tiende a amar lo sin forma en vez de desear la forma, y a aplicar inteligentemente toda experiencia al proceso de trasmutar el deseo en amor. De allí que este rayo sea, por excelencia, el rayo dual del Logos Solar Mismo, porque colorea todas las formas manifestadas y dirige la conciencia de todas las formas en los reinos de la naturaleza y en todos los campos de desarrollo; conduce la vida a través de las innumerables formas hacia esa búsqueda o impulso básico, hasta alcanzar la bienaventuranza por la satisfacción del deseo. Este impulso e interacción de los pares de opuestos produjeron los distintos modos de reaccionar conscientemente a la experiencia, que en las principales etapas se denomina conciencia, conciencia animal, y diferenciadoras frases afines.
El segundo rayo es el de la Deidad Misma y está matizado por los característicos aspectos del amor o el deseo. Produce la totalidad de las formas manifestadas, animadas por la Vida que determina la cualidad. El Padre, Espíritu o Vida, ejerce la voluntad para satisfacer el deseo. La Madre o materia satisface el deseo y es atraída también por el Padre. Su mutua respuesta inicia el trabajo creador, y nace el Hijo, heredando del Padre el impulso a desear o amar, y de la Madre la tendencia a crear continuamente formas. Así, en lenguaje simbólico, vinieron a la existencia los mundos de la forma, y mediante el trabajo evolutivo continúa el proceso de satisfacer el deseo del espíritu. De esta manera en los dos rayos principales de Voluntad y de Amor, tenemos las dos características más importantes de la naturaleza divina, latentes en las miríadas de formas. Los eones verán que estas dos energías dominarán constantemente a todas las apariencias e impulsarán al mundo creado a un total despliegue de la naturaleza divina. Esto es verdad respecto a los dioses y a los hombres.
Así como el Padre le imparte al Hijo las divinas cualidades de voluntad y amor, también la Madre contribuye grandemente a ello, para acrecentar la dualidad inicial y realzar las cualidades agregando otra cualidad, inherente a la materia misma –la cualidad o rayo de Actividad Inteligente. Éste es el tercero de los divinos atributos que completa, si así puedo expresarlo, el equipo de las formas que aparecen, y predispone a toda la creación a que valore en forma inteligente el verdadero objetivo del deseo y a que emplee inteligentemente la técnica de construir la forma, a fin de revelar el propósito divino. El Conocedor (hombre) es el custodio de esa sabiduría que le permitirá desarrollar el Plan divino y hace fructificar la voluntad de Dios. El campo del conocimiento está constituido de tal manera que vibra con inteligente respuesta a la voluntad que emerge lentamente. Conocimiento es aquello que conoce sus propios fines y trabaja para lograrlos mediante el experimento, la expectativa, la experiencia, el examen y la exaltación, que produce la desaparición final. Palabras como éstas son símbolos sintéticos que imparten un relato cósmico en forma breve y constructiva.
Así los tres rayos de Voluntad, de Amor y de Inteligencia producen apariencia, aportan cualidad y, mediante el principio vida, el aspecto subyacente en la unidad, aseguran la continuidad del progreso hasta el momento en que la voluntad de Dios se evidencia como poder, atrayendo hacia si lo deseado, aplicando con sabiduría la experiencia de una gradual y creciente satisfacción, y utilizando inteligentemente lo adquirido en la experiencia para producir formas más sensibles y hermosas que expresen más plenamente la cualidad de la vida.
Técnicamente, el segundo rayo es dual, pero cuando se considera desde el punto de vista de la abstracción final. En su dualidad temporaria puede verse, en cada uno de ellos, la interacción que denominamos causa y efecto.
ler. Rayo La voluntad, aplicada dinámicamente, surge en la manifestación como poder.
2do, Rayo El amor, actuando magnéticamente, produce sabiduría.
3er. Rayo La inteligencia, que se halla en potencia en la sustancia, produce actividad.
El resultado de la interacción de estos tres rayos mayores puede verse en la actividad de los cuatro rayos menores. La Doctrina Secreta habla de los Señores de Amor y Conocimiento y también de los Señores de la Incesante Devoción. A fin de comprender con más claridad el significado místico de estos nombres, podríamos señalar que la constante voluntad dinámica del Logos se expresa a sí misma mediante los señores de la Incesante Devoción. La devoción no es aquí la cualidad a que me referí anteriormente en este tratado, sino que es la persistente voluntad de Dios dirigida unilateralmente, personificada en una vida que es la del Señor del primer rayo. Los Señores de Amor y Conocimiento son las dos grandes Vidas que personifican o animan al Amor-Sabiduría y a los aspectos de la inteligencia creadora de los dos rayos mayores. Los tres son la suma total de todas las formas o apariencias, los dadores de todas las cualidades y el aspecto Vida que emerge detrás de la manifestación tangible. Corresponden, en la familia humana, a los tres aspectos: Personalidad, Alma y Mónada. La Mónada es voluntad dinámica o propósito, pero no es revelada hasta la tercera iniciación. La Mónada es Vida, fuerza sustentadora, Señor de la devoción perseverante e incesante por alcanzar un objetivo determinado y visualizado. El alma es el Señor de Amor y sabiduría, mientras que la personalidad es el Señor del conocimiento y de la actividad inteligente. Estos términos implican la comprensión de la meta lograda, lo cual no puede aplicarse en la etapa actual, en lo que respecta a su expresión, porque es una etapa intermedia. No existe aún quien actúe con plena actividad inteligente, aunque algún día cada uno lo hará. Nadie se ha manifestado todavía como Señor de amor, pero presienten el ideal y se esfuerzan por expresarlo. Nadie es aún un Señor de incesante voluntad y nadie comprende todavía el plan de la mónada ni la verdadera meta hacia la cual todos se esfuerzan. Algún día todos lo harán. Pero cada ente humano constituye potencialmente tal triplicidad y también algún día las apariencias que fueron llamadas personalidades, que ocultan o velan la realidad, revelarán plenamente las cualidades de la Deidad. Cuando llegue ese momento, el propósito que toda la creación espera irrumpirá ante la despierta visión y todos conoceremos el verdadero significado de la bienaventuranza y por qué cantaron las estrellas matutinas. La alegría es la fuerte nota básica de nuestro sistema solar.



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