Psicología Esotérica I



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b. EL PROBLEMA JUDÍO
En relación con las naciones y los rayos quisiera ahora exponer ciertas condiciones fundamentales que en forma parcial explican el así denominado problema judío -problema que ha existido durante siglos y que actualmente preocupa profundamente a infinidad de personas, incluyendo a los miembros de la Jerarquía planetaria. Si este problema puede ser resuelto, constituirá uno de los factores más poderosos para restablecer la comprensión y la armonía mundiales, pero no puede resolverse sin la colaboración de las personas de buena voluntad de todo el mundo. Muy poco puedo decir referente a esta cuestión, pasible de ser controlada y probada, porque la clave del problema reside en la misma noche de los tiempos, es decir, cuando el sol pertenecía a la constelación de Géminis. En esta época se erigieron dos pilares que, como todos los masones saben, son los dos grandes jalones de la masonería. A esto se debe el matiz judío de todo trabajo masónico, aunque no es judío en el sentido que imparte hoy dicha palabra. Por lo tanto, si los hechos son tan antiguos, ¿quién puede creer que lo que digo es exacto o que mis conclusiones son correctas o erróneas? Sólo presento los hechos tales como los conozco, porque tengo acceso a los archivos más antiguos que conoce el hombre.
El rayo de la personalidad, el rayo de la forma material del pueblo judío, es el tercero. Su rayo del alma es el primer rayo. El signo astrológico que le pertenece es Capricornio, con Virgo en el ascendente. El planeta Mercurio y el signo Virgo desempeñan una parte prominente en su destino. Tales indicaciones son suficientes para proporcionar al estudiante avanzado y al astrólogo los puntos sobresalientes que arrojarán luz sobre su extraña historia. La tendencia del judío a manipular fuerzas y energías y a utilizar "cuñas" para llevar a cabo sus fines deseados, se debe a la influencia de tercer rayo. Como raza son legisladores natos, de allí proviene su tendencia a dominar y a gobernar, pues su rayo egoico es el primero y de aquí la constante aparición de la cabra en su historia, y la enseñanza sobre la madre virgen que deberá dar a luz al Mesías.
En todo grupo -en el cielo como en la tierra- algunos entes del grupo tienden a rebelarse y a demostrar una iniciativa distinta de los demás entes del grupo. Cuando nuestro universo solar vino a la existencia, en el lenguaje alegórico de las antiguas escrituras, que se dijo "hubo guerra en el cielo", "el sol y sus siete hermanos" no actuaron con verdadera unanimidad, por eso (y aquí hay una insinuación) nuestra Tierra no es uno de los siete planetas sagrados. Como sabemos existe la antigua leyenda de una de las pléyades que se perdió y muchas historias similares. Tampoco en la Cámara del Concilio del Altísimo todo ha sido paz y comprensión, sino a veces guerra y discrepancia; esto está muy bien aclarado en las diversas historias narradas en El Antiguo Testamento. Simbólicamente hablando, algunos de los hijos de Dios, cayeron de su elevado estado, conducidos en una época por "Lucifer, hijo de la mañana". Esta "caída de los ángeles" fue un extraordinario acontecimiento en la historia de nuestro planeta, aunque sólo un fenómeno pasajero e interesante en la historia del sistema solar, y un incidente sin importancia en los asuntos de las siete constelaciones a las cuales pertenece nuestro sistema solar. Deténganse por un momento, reflexionen sobre esta afirmación y reajusten su sentido de los valores. El valor de los acontecimientos varia en importancia de acuerdo al punto de vista, y lo que (desde el ángulo del desarrollo de la conciencia en nuestra Tierra) puede ser un factor de mucha importancia y de valor determinante desde el ángulo universal no lo será. Si para un individuo sus asuntos son de capital importancia, para la humanidad no lo son. Todo depende de quien se mantiene en el Centro del escenario en el drama de la vida, y alrededor de qué factor central giran los acontecimientos triviales e importantes cíclicamente.
Dentro del rayo del poder y de la vida, la expresión del cuarto reino de la naturaleza, el humano, existía una analogía de esa independencia y separación que caracterizó a los grupos principales. En los postreros tiempos lemurianos, un grupo de hombres altamente desarrollados, desde el punto de vista de esa época, que se contaban entre los que entonces eran discípulos mundiales, discreparon con la Jerarquía planetaria y se - separaron de la "ley de los iniciados". Fue una época en que la enseñanza ponía de relieve la parte material de la vida y el enfoque de la atención se centraba sobre la naturaleza física y su control. El Antiguo Comentario define lo sucedido con las siguientes palabras, y a medida que se lea la mesurada cadencia de esa antigua escritura, sería de valor comprender que las frases se refieren a ese grupo de discípulos que fueron los primitivos fundadores de la actual raza judía:
"La ley se proclamó en el grupo interno que guiaba los destinos de los hombres: Desapéguense. Retengan en sí el poder de aferrar, adquirir y recibir. Los hijos de Dios que se entrenan para dejar el mundo de los hombres y entrar en la luz, siempre viajan libremente. No se aferran a lo que poseen. Libérense y penetren por los portales de la paz.

"Algunos hijos de Dios, cargados con los tesoros de la tierra, esperaban afuera de los pórticos, preparados para entrar cuando fuera pronunciada la palabra que abriría de par en par las puertas. Traían sus dádivas como ofrendas para el Señor de la vida, el Cual no las necesitaba. Querían atravesar esos portales, no con fines egoístas, sino para presentarle los tesoros recogidos en el mundo y así demostrar su amor.

"Nuevamente se pronunció la palabra: Abandonen todo y traspongan el portal sin llevar nada de la tierra. Esperaron y discutieron. El resto de los que estaban preparados entraron en la luz y pasaron entre los pilares del portal; abandonaron las cargas que habían traído, entraron libres y fueron aceptados sin llevar nada.

"Debido a que viajaban como grupo, progresaban y adquirían cosas grupalmente, respondieron al mandato divino y se detuvieron. Allí esperaron, permaneciendo ante el portal del Sendero, aferrados a los tesoros acumulados durante miles de ciclos. Nada querían abandonar. Habían trabajado para adquirir las riquezas que poseían. Amaban a su Dios, y a Él querían entregar la medida más plena de sus riquezas. No amaban la disciplina.

"Nuevamente se pronunció la Palabra: Abandonen todo lo que poseen y entren libres.

“Pero tres se rebelaron contra ese mandato austero. Los demás obedecieron. Atravesaron los portales, dejando a los tres afuera. Muchos fueron elevados a alturas de bienaventuranza. Los tres quedaron afuera aferrados firmemente a sus tesoros."


En esta milenaria escritura, la más antigua del mundo, reside el secreto de la historia masónica y la muerte del Maestro por los tres que estaban más íntimamente asociados a Él en su muerte y sepultura. Los masones reconocerán a los tres a que me refiero aquí, porque fueron los fundadores de la moderna raza judía, tres discípulos avanzados que les indignaba la orden de entrar libres y sin trabas en el lugar donde se halla la luz. Trataban de retener lo que habían reunido y ponerlo al servicio de Dios. Ellos no podían reconocer que su móvil era el amor a las riquezas y el deseo de retener lo que habían ganado. La antigua tradición, como lo enseñaron los instructores del pasado, dice que...
"Volvieron sus rostros hacia los portales de la tierra. Sus amigos siguieron adelante... Ellos quedaron atrás... Los Maestros se reunieron en cónclave y decidieron cual sería el destino de quienes, habiendo llegado hasta los Portales de la Luz, amaban más las posesiones del mundo que servir a la luz. Nuevamente se pronunció la Palabra dirigida a los tres rebeldes, que esperaban fuera de los portales:

"Retengan lo que poseen y reúnan más, pero no conocerán la paz. Cosechen los frutos de la mente, busquen el poder en las grandes posesiones, pero no tendrán un lugar seguro donde habitar. Aunque son discípulos del Señor, no participarán internamente de la paz, no tendrán seguridad ni conocerán el éxito ni tendrán el poder de retener las ganancias.

"Tendrán siempre un conocimiento superficial de Aquel que vigila a todos. Tendrán siempre el impulso de reunir y amasar riquezas. Nunca tendrán tiempo para retenerla y gozarla.

"Continúen hasta que llegue el momento de permanecer nuevamente ante los Portales de la Luz, pero entonces con las manos vacías. Entren libres, aceptados por los Servidores del Señor y conocerán eternamente la paz.'"


La antigua leyenda dice que los tres partieron con pena y rebeldía, cargados con sus tesoros; así comenzó la historia del judío errante. Es significativo recordar que uno de los más grandes Hijos de Dios que ha trabajado en la tierra y ha compendiado en Sí Mismo el camino de la realización, Jesús de Nazaret, era judío. Invirtió las primitivas condiciones; absolutamente nada poseía. Fue el primero de nuestra humanidad que logró la meta; descendía directamente del mayor de los tres discípulos originales que se revelaron contra el drama del desapego. El judío personifica en sí mismo al hijo pródigo mundial. Es el símbolo del discípulo que todavía no ha aprendido la lección del justo sentido de los valores. Ha sido la víctima de la Ley de la Luz y es incapaz de acatar esa ley. Pecó voluntariamente sabiendo cuáles serían los resultados. De allí que conoce la ley como ninguna otra raza, porque es eternamente su víctima. Ha proclamado la ley desde su ángulo negativo; la Ley de Moisés rige hoy en gran parte del mundo y, sin embargo, no logra traer a la vida la justicia y la verdadera legalidad.
Los discípulos del otro grupo que en su día y época representaron a la raza, pasaron a través de los antiguos portales de la iniciación y dieron el primer gran paso. Volvieron con un vago y latente recuerdo del episodio que los separó de sus tres condiscípulos. Al retornar a la vida terrenal hablaron de este acontecimiento. Ése fue su error, y comenzó el largo antagonismo que aún continúa. Estos discípulos hicieron un largo peregrinaje y entraron en la paz eterna, pero persisten todavía los resultados de su primitiva deslealtad, la de revelar los acontecimientos ocultos de la iniciación.
En forma curiosa esta antigua raza, fundada por los tres que amaban más lo que tenían para ofrecer, que lo que ansiaban obtener, fueron los originadores de la tradición masónica. Su historia (e incidentalmente la historia de la humanidad) está personificada en ese dramático ritual. En recompensa a su sinceridad -porque se sublevaron sinceramente, creyendo que estaban en lo correcto- se les concedió el permiso de representar cada año, en el día correspondiente al que podían haber entrado en la luz, la historia de la búsqueda de la luz. Debido a que habían estado al borde de resucitar de la muerte terrenal a la vida de la luz, ellos iniciaron la gran tradición de los misterios. Eligieron la muerte y mataron lo que "había vivido y podía reclamar la recompensa" y lo que debería haber pronunciado la palabra de poder que abriría de par en par las puertas de la resurrección.
Se dice que los tres juraron permanecer eternamente juntos y nunca separarse. Este voto ha sido mantenido en el transcurso de las edades y, en consecuencia, ha producido esa separación racial y esa comunidad de intereses que despierta el antagonismo de otras razas.
En el transcurso de las edades el judío ha andado errante produciendo mucha belleza en el mundo y dando a la humanidad sus más grandes hombres; pero al mismo tiempo ha sido odiado y perseguido, traicionado y acorralado. Personifica en sí, simbólicamente, la historia de la humanidad. La antigua tendencia de los judíos de obtener y retener y también de mantener su integridad racial y nacional, son sus características sobresalientes. No pueden ser asimilados; sin embargo, la raza es tan antigua que no existe nación en el mundo que no tenga raíces en ese grupo, el cual en la antigua Lemuria había logrado tal grado de evolución que sus personajes más destacados estaban en el sendero del discipulado. No hay ningún linaje racial en el mundo occidental que no tenga vástagos de este antiguo y selecto pueblo, excepto los finlandeses y los lapones y esas naciones que tienen una definida descendencia mongólica. Pero lo que hoy se denomina sangre judía no es pura, y el judío moderno sólo es un subproducto, igual que la raza anglosajona; únicamente la tendencia selectiva impuesta y la segregación racial han mantenido intactas la mayor parte de las características originales.
La comprensión de este origen común ha llevado a los angloisraelitas a tergiversar la verdad, y a decir que la historia. occidental moderna comenzó en la época de la Dispersión Judía. Tiene una relación mucho más antigua, se remonta a un período anterior a la historia de los judíos, según lo relata El Antiguo Testamento. Los tres discípulos originales y sus familias fueron los progenitores de tres principales agrupaciones raciales, que pueden clasificarse en forma general:


  1. La raza semita o las razas de los tiempos bíblicos y modernos; los árabes, afganistanes, moros y los vástagos y las afiliaciones de esos pueblos incluyendo los modernos egipcios, son descendientes todos del mayor de los tres discípulos.




  1. Los pueblos latinos, sus diversas ramas en todo el mundo y las razas celtas, dondequiera se encuentran, son descendientes del segundo de los tres discípulos.




  1. Los teutones, los escandinavos y los anglosajones son descendientes del tercero de los tres discípulos.

Lo antedicho es una amplia generalización. El período abarcado es tan vasto, y las ramificaciones en el transcurso de las épocas tan numerosas, que sólo puedo dar una idea general. Los descendientes de dos de estos tres discípulos han aceptado paulatinamente las leyendas difundidas en la época atlante y se han ubicado de parte de quienes antagonizan con el judío, tal como es en la actualidad, y perdieron todo el sentido de su común origen. No existe hoy en el mundo una raza pura, porque los matrimonios interraciales, las relaciones ilícitas y la promiscuidad, durante los últimos millones de años, han prevalecido de tal modo que no existe una estirpe pura. El clima y el medio ambiente son fundamentalmente factores más grandes y determinantes que cualquier segregación impuesta, excepto aquella que proviene de constantes matrimonios entre razas. Respecto a este último factor, sólo los hebreos han conservado cierta medida de integridad racial.


Cuando la humanidad despierte al hecho de su origen común y se reconozcan las tres principales estirpes en nuestra civilización moderna, entonces desaparecerá el antiguo odio hacia el judío, quien se fusionará y mezclará con el resto del género humano. Hasta las razas orientales, que son remanentes de la gran civilización atlante, tienen vestigios de uniones entre ascendientes de judíos modernos y otros tipos raciales, pero no se han mezclado bien, por eso han logrado mantener mejor sus características que los grupos occidentales.
Si se reflexiona sobre esto y se estudia detenidamente la tradición masónica, muchas cosas se aclararán en la mente. Los etnólogos podrán disentir, pero no podrán probar lo contrario de lo que he dicho, porque los orígenes de la actual situación racial mundial se remonta tan lejanamente en la historia de la humanidad que ni siquiera pueden probar sus propias convicciones. Sólo pueden basarse en la historia de los últimos cien mil años, trabajar con los efectos de ese pasado y no con las causas originantes.
7. El Rayo del Ego
Al empezar el estudio sobre el rayo del Ego o Alma, podrían exponerse brevemente ciertas premisas principales y agruparlas en la serie de catorce proposiciones que daté a continuación:


  1. Los egos de todos los seres humanos pertenecen a uno de los siete rayos.




  1. Todos los egos que pertenecen al cuarto, quinto, sexto y séptimo rayos, eventualmente, después de la tercera iniciación, tienen que fusionarse con los tres rayos principales o monádicos.




  1. El rayo monádico de cada ego es uno de los tres rayos de aspecto, y los hijos de los hombres son mónadas de poder, de amor o de inteligencia.




  1. Para nuestro propósito específico concentraremos la atención sobre los siete grupos de almas que pertenecen a uno de los siete rayos o corrientes de energía divina.




  1. Durante la mayor parte de nuestra experiencia racial y de la vida, estamos regidos correlativamente y después simultáneamente por:




  1. El cuerpo físico, dominado por el rayo que rige a la totalidad de átomos de ese cuerpo.




  1. La naturaleza del deseo emocional influido y controlado por el rayo que cobra la totalidad de los átomos astrales.




  1. El cuerpo o naturaleza mental, cuya calidad y cualidad de rayo determinan su valor atómico.




  1. Posteriormente, en el plano físico, el rayo del alma comienza a actuar en y con la suma total de los tres cuerpos, lo cual constituye -cuando están delineados y actuando al unísono- la personalidad. El efecto de esta integración general produce la encarnación y las encarnaciones, en donde el rayo de la personalidad emerge con claridad, y los tres cuerpos o yoes, constituyen los tres aspectos o rayos del yo inferior personal.




  1. Cuando el rayo de la personalidad se destaca y predomina y los tres rayos del cuerpo están subordinados a él, entonces tiene lugar la gran lucha entre el rayo egoico o del alma, y el rayo de la personalidad. La diferencia se hace más notable y el sentido de dualidad se establece más definidamente. Las experiencias detalladas en El Bhagavad Gita se convierten en experiencias en el sendero del discipulado; Arjuna se halla en el "punto intermedio" en el campo del Kurukshetra, entre las dos fuerzas opuestas y, debido al humo de la batalla, es incapaz de ver con claridad.




  1. Oportunamente el rayo o influencia del alma llega a ser el factor dominante y los rayos de los cuerpos inferiores se trasforman en subrayos de este rayo controlador. Esta última frase es de fundamental importancia, porque indica la verdadera relación que existe entre la personalidad y el ego o alma. El discípulo que comprende esta relación y se ajusta a ella está preparado para hollar el sendero de iniciación.




  1. Cada uno de los siete grupos de almas responde a uno de los siete tipos de fuerza, y todos responden al rayo del Logos planetario de nuestro planeta, el tercer Rayo de Inteligencia Activa. Por lo tanto todos pertenecen a un subrayo de este rayo, pero nunca debe olvidarse que el Logos planetario también pertenece a un rayo, subrayo del segundo rayo de Amor-Sabiduría. Por eso tenemos:

EL RAYO DEL LOGOS PLANETARIO


I

El Rayo Solar de Amor-Sabiduría

"Dios es Amor"

II

Los Siete Rayos


1 2 3 4 5 6 7

Voluntad Amor Intelecto Armonía Ciencia Devoción Ceremonia

III

Rayo Planetario Egoico



con siete subrayos
1 2 3 4 5 6 7

Voluntad Amor Intelecto Armonía Ciencia Devoción Ceremonia

IV

El Rayo de la Personalidad



del

Logos Planetario

Debe recordarse que nuestro Logos planetario, que actúa a través del planeta Tierra, no se considera que haya producido uno de los siete planetas sagrados.


  1. El trabajo de cada aspirante es, por lo tanto, llegar a comprender cual es:




  1. Su rayo del alma o egoico.

  2. Su rayo de la personalidad.

  3. El rayo que rige su mente.

  4. El rayo que rige su cuerpo astral.

  5. El rayo que influye a su cuerpo físico.

Cuando ha logrado este quíntuple conocimiento, ha cumplido el mandato délfico: "conócete a ti mismo", y puede en consecuencia pasar la Iniciación.




  1. Todo ser humano está regido también por ciertos grupos de rayo:




  1. Los rayos del cuarto reino de la naturaleza. Éstos producirán efectos, distintos efectos de acuerdo al rayo de la personalidad o del alma.

El cuarto reino tiene:




  1. El cuarto rayo como rayo egoico.




  1. El quinto rayo como rayo de la personalidad.




  1. En la. actualidad los rayos raciales para nuestra raza Aria son el tercero y el quinto, y afectan poderosamente a todos los seres humanos.




  1. El rayo cíclico.




  1. El rayo nacional.

Todos ellos controlan la vida de la personalidad de cada hombre. El rayo egoico del individuo además del rayo egoico del cuarto reino, contrarrestan gradualmente los rayos que rigen la personalidad a medida que el hombre se acerca al sendero de probación y del discipulado.




  1. Por lo tanto, el hombre es un conglomerado de fuerzas que en forma separada y conjunta lo dominan, coloran su naturaleza, producen su cualidad y determinan su "apariencia" empleando esta palabra en el sentido oculto de la exteriorización. Durante épocas ha sido manejado por una de dichas fuerzas y es simplemente su producto. A medida que llega a una comprensión más clara y puede comenzar a discriminar, elige definidamente cuál de ellas debe dominar, hasta que oportunamente es controlado por el rayo del alma, y los otros rayos quedan subordinados a ese rayo, empleándolo a voluntad.




  1. Al estudiar el rayo egoico del hombre debe ser captado:




  1. El proceso a seguir exteriorización.




  1. El secreto que se debe descubrir manifestación.




  1. El propósito que se debe conocer realización.

También hay que comprender las influencias de quinto rayo que predominan en el reino de las almas, y son:




  1. El quinto rayo que actúa a través de la personalidad.




  1. El segundo rayo que actúa por medio de la intuición.




  1. El rayo de la Personalidad tiene su principal campo de actividad y expresión en el cuerpo físico. Determina la tendencia, el propósito, la apariencia y la vocación de su vida. Selecciona la cualidad, cuando está influido por el rayo egoico.

El rayo Egoico tiene acción directa y específica sobre el cuerpo astral. Por eso el campo de batalla de la vida siempre se encuentra en el plano de la ilusión; a medida que el alma trata de dispersar la ilusión astral el aspirante podrá caminar en la luz. El rayo Monádico ejerce su influencia sobre el cuerpo mental después de lograrse la integración de la personalidad. Esto hace que la mente obtenga la clara visión que culmina en la cuarta iniciación y que el hombre se libere de la limitación de la forma. Existe una analogía de esta triplicidad y una interesante relación simbólica en los tres Iniciadores.


  1. El primer Iniciador el alma del hombre.

Controla gradualmente la personalidad.


  1. El segundo Iniciador el Cristo.

Libera la naturaleza del amor.



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