Psicología Esotérica I



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Debido a las tres causas expuestas existe actualmente un interés mundial por las cuestiones sexuales, lo cual como consecuencia natural, conduce a dos cosas:
Primero, se producirá una irrupción en todo el mundo y principalmente en nuestras grandes poblaciones, de acrecentadas relaciones sexuales, la cual se destacará porque no habrá un correspondiente aumento de la población, debido a que la moderna comprensión de los métodos para controlar la natalidad y el acrecentado enfoque mental o la polarización de la raza, conducirán a la esterilidad y también a una reducción de la familia.
Segundo, habrá una reorganización de las ideas raciales respecto al matrimonio y a las relaciones sexuales, debido al derrumbe de nuestra actual situación económica, al difundido interés por la salubridad médica (algo que hasta ahora estaba limitado a los especialistas), al reconocimiento general de las diferentes costumbres matrimoniales en las naciones occidentales y orientales, que han provocado una controversia general, y a la falta de una estructura legal que proteja a las familias e interprete satisfactoriamente las relaciones humanas.
Partiendo de estos debates e intereses universales trabajaremos para obtener una solución y un objetivo que aún se halla en los niveles abstractos de la mente y en el mundo de las ideas. Los pensadores más avanzados de la raza presienten sólo vaga y nebulosamente cuáles serán dichos ideales ocultos.
La cuestión en debate no es primordialmente religiosa a no ser que las relaciones sociales se consideren básicamente relaciones divinas. Esto es fundamental en su significado, y cuando se resuelva veremos el establecimiento de la igualdad entre los sexos, la eliminación de los barreras que existen actualmente entre los hombres y las mujeres y la protección de la familia, involucrando por lo tanto la protección del niño, a fin de proporcionarle las cosas esenciales para el correcto desarrollo físico y la verdadera educación, lo que conducirá a desarrollar en forma sensata la naturaleza emocional y mental, y le permitirá así servir a su raza, a su época y a su grupo lo mejor posible. Éste ha sido siempre el ideal, pero nunca se ha realizado satisfactoriamente. La solución del problema sexual liberará las mentes de los hombres de la inhibición y de la indebida preocupación, produciendo así esa liberación mental que aceptará la afluencia de nuevas ideas y conceptos. Descubriremos que la virtud y el vicio no tienen nada que ver con la capacidad o incapacidad de obedecer las leyes dictadas por los hombres, sino con la actitud del hombre hacia sí mismo y sus relaciones sociales para con Dios y sus semejantes. La virtud es la expresión en el hombre del espíritu de colaboración hacia sus hermanos, en forma altruista, comprensiva y con total olvido de sí mismo. El vicio es la negación de dicha actitud. Ambas palabras significan simplemente perfección e imperfección, conformidad con la divina norma de la hermandad o el fracaso de alcanzar tal norma. Las normas son muy variables y cambian de acuerdo a cómo progresa el hombre hacia la divinidad. Varían de acuerdo al destino del hombre al ser afectado por su época y según la etapa de desarrollo evolutivo y tiempo, naturaleza y medio ambiente. La norma para llegar a la meta no es la misma de hace mil años ni la que será dentro de mil.
Sin embargo, ningún período histórico del mundo ha sido tan crítico como el actual, porque -aparte del gran ciclo de oportunidad al cual me he referido- la humanidad ha alcanzado una excepcional realización. Por primera vez en la historia racial tenemos la expresión del verdadero ser humano, el hombre tal como esencialmente es y también una personalidad integrada, funcionando como una unidad, y la mente y la naturaleza emocional fusionadas y mezcladas, en un sentido, con el cuerpo físico y en otro con el alma. Además ya se ha producido el cambio de énfasis de la vida física a la vida mental y en un número creciente de casos a la vida espiritual. Si lo que he expuesto es cierto, no hay razón para sentirse desalentado. Existe ya una amplia y verdadera "elevación del corazón hacia el Señor" y un volver insistentemente la mirada al mundo de los valores espirituales, de allí las dificultades actuales.
Al margen de la entrada de la nueva era, de la afluencia del espíritu crístico, con su poder transformador y su fuerza regenadora, y del retorno cíclico de las energías del séptimo rayo, tenemos al género humano en tal condición que la respuesta a las más puras y espirituales energías y a las nuevas oportunidades es, por primera vez, adecuada y sintética. Ésta es la razón de por qué se acrecienta el problema. He aquí el gran día de la oportunidad. De allí el milagro de la aurora que está despuntando en el Este.
Quisiera encarar ahora el problema del sexo desde otro ángulo y advertir que es un símbolo básico. Como bien sabemos, un símbolo es un signo externo y visible de una realidad interna y espiritual. ¿ Qué es esta realidad interna? Es ante todo la realidad de la relación, la relación que existe entre los fundamentales pares de opuestos Padre-Madre, espíritu-materia, positivo-negativo, vida-forma y entre las grandes dualidades que -cuando se unen en sentido cósmico- producen al hijo de Dios manifestado, el Cristo cósmico, el universo consciente y sensible. En el Evangelio tenemos el símbolo dramático de esta relación, y el Cristo histórico es la garantía de su veracidad y realidad. El Cristo nos garantiza la realidad del significado interno y de la verdadera base espiritual de todo lo que es y siempre será. Debido a la relación que existe entre la luz y la oscuridad, lo invisible se hace visible, por lo cual podemos ver y conocer. El Cristo reveló como luz del mundo esa realidad. Desde la oscuridad de los tiempos Dios habló, y se reveló la Paternidad de la Deidad.
El drama de la creación y la historia de la revelación están descritas, si sólo pudiéramos ver e interpretar realmente los hechos con exactitud espiritual, en la relación de los dos sexos y en la realidad de la cópula. Cuando tal relación ya no sea estrictamente física, sino la unión de dos mitades en los tres planos -físico, emocional, mental-, entonces tendremos la solución del problema sexual y la restitución de la relación marital al lugar designado en la Mente de Dios. En la actualidad significa la unión de dos cuerpos físicos. A veces es la unión de las naturalezas emocionales de dos personas. Rara vez se unen dos mentes. Otras es la unión de dos cuerpos físicos donde una de las partes permanece fría, impávida y desinteresada, pero responde y participa el cuerpo emocional. A veces se halla implícito el cuerpo mental con el cuerpo físico y no participa la naturaleza emocional. Raras, pero muy raras veces, encontramos en las dos partes la fusión coordinadora y colaboradora de las tres partes de la personalidad, implicadas en una auténtica unión. Cuando esto sucede existe la verdadera unión, el verdadero matrimonio y la fusión de los dos en uno.
Por esta razón han errado el camino muchas escuelas esotéricas que sostienen la errónea idea de que una unión de esta naturaleza es esencial para la liberación espiritual, y que sin ella el alma queda aprisionada. Enseñan que mediante la unión matrimonial se logra la unificación con el alma y que no puede haber liberación espiritual sin efectuar dicha unión. Pero en realidad, la unificación con el alma es una experiencia individual interna que da por resultado la expansión de conciencia, a fin de que lo individual y lo específico se unifiquen con lo general y lo universal. Sin embargo, detrás de la interpretación errónea reside la verdad.
Cuando se llegue a realizar el verdadero matrimonio y existan las relaciones sexuales ideales en los tres planos, entonces tendremos las condiciones adecuadas y se les proporcionará a las almas las formas necesarias para encarnar. Entonces los hijos de Dios hallarán formas para manifestarse en la tierra. Según el alcance del contacto matrimonial (si se puede emplear este tipo de palabra, poco común), así será el tipo de ser humano traído a la encarnación. Si los padres son puramente físicos y emocionales, también lo será el niño. Y así se determina el término medio general. El actual mundo de los hombres está conquistando rápidamente una elevada etapa evolutiva. De allí la insatisfacción que existe sobre los actuales puntos de vista respecto al matrimonio, paso preliminar para la enunciación de ciertos principios ocultos que eventualmente regirán las relaciones entre los sexos y proporcionarán, como consecuencia, la oportunidad ofrecida a los hombres y mujeres de proporcionar, mediante el acto creador, los cuerpos necesarios para los discípulos e iniciados.
El símbolo del sexo expresa también la realidad del amor. En verdad el amor significa relación, pero la palabra amor (igual que la palabra sexo) se utilizan irreflexivamente y sin preocuparse de su verdadero significado. Amor y sexo fundamentalmente son una misma cosa, porque ambos expresan el significado de la Ley de Atracción. Amor es sexo y sexo es amor, porque en ambas palabras están igualmente representadas la relación, la interacción y la unión entre Dios y Su universo, el hombre y Dios, el hombre y su propia alma y entre el hombre y la mujer. Así se pone de relieve el móvil y la relación. Pero el resultado impulsor de esa relación es la creación y la manifestación de la forma a través de la cual la divinidad puede expresarse y llegar a ser. El espíritu y la materia se unieron y vino a la existencia el universo manifestado. El amor es siempre productivo y la Ley de Atracción es fructífera. El hombre y Dios se unieron bajo la misma Gran Ley y nació el Cristo -demostración y garantía de la realidad de la divinidad humana. El hombre individual y su alma también están tratando de unirse, y cuando esta unión se realice el Cristo nacerá en la caverna del corazón y se verá como se acrecienta Su poder en la vida diaria. Por lo tanto, el hombre muere diariamente a fin de que el Cristo pueda ser visto en toda Su gloria. El sexo es el símbolo de todas

estas maravillas.


También en el hombre tiene lugar el drama del sexo, pues dos veces en su cuerpo, en su personalidad, tiene lugar el proceso de unión y fusión. Me referiré brevemente a ambos acontecimientos simbólicos, a fin de que la admirable historia del sexo pueda ser comprendida por los estudiantes esotéricos en todo su sentido espiritual.
Como ya saben, el hombre es la expresión de energías, energías que impulsan al hombre físico a la actividad mediante ciertos centros de fuerza del cuerpo etérico, los cuales, para nuestro propósito inmediato, pueden clasificarse en tres centros abajo del diafragma y cuatro arriba.


  1. Abajo del diafragma:

  1. La base de la columna vertebral.

  2. El centro sacro.

  3. El plexo solar.




  1. Arriba del diafragma:

  1. El centro cardíaco.

  2. El centro laríngeo.

  3. El centro entre las cejas, el ajna.

  4. El centro coronario.

Sabemos que han tenido lugar dos fusiones y en ambas tenemos dos actuaciones del proceso sexual simbólico, y dos acontecimientos simbólicos que exteriorizan un acontecimiento espiritual y le presentan al hombre su meta espiritual y el gran objetivo de Dios en el proceso evolutivo.


Primero, las energías que están abajo del diafragma. Sobre el proceso y las reglas para realizarlo no podemos ocuparnos aquí, excepto en un caso -elevar la energía del centro sacro al centro laríngeo, o trasmutar el proceso de reproducción o creación física, en el proceso creador del artista en algún campo de expresión creadora. Mediante la unión de las energías de estos dos centros llegaremos a una etapa evolutiva en la que se tendrán hijos que heredarán nuestra capacidad y mentalidad. Cuando, en otras palabras, haya una verdadera unión de las energías superiores con las inferiores, tendremos el surgimiento de la belleza de la forma, la consagración de algún aspecto de la verdad en una expresión apropiada, enriqueciendo así al mundo. Donde existe esta síntesis empieza a actuar el verdadero artista creador. La garganta, órgano de la Palabra, expresa la vida y manifiesta la gloria y la realidad subyacentes. Tal es el simbolismo que reside detrás de la enseñanza respecto a la fusión de las energías inferiores con las superiores, el sexo en el plano físico es un símbolo. El género humano está siendo cada vez más creador, porque la transfusión de las energías se lleva a cabo de acuerdo a los nuevos impulsos. A medida que se desarrolla el sentido de la pureza en el hombre y se fomenta el desarrollo del sentido de la responsabilidad, y a medida que se acrecienta el amor a la belleza, al color y a las ideas, se acelerará el proceso de elevar lo inferior hasta unirlo a lo superior, entonces se acelerará extraordinariamente el embellecimiento del Templo del Señor.
En la venidera era acuariana esto avanzará rápidamente. La mayoría de las personas hoy viven abajo del diafragma y dirigen sus energías externamente hacia el mundo material, pervirtiéndolas para fines materialistas. En los siglos venideros esto se corregirá; las energías serán trasmutadas y purificadas y los hombres empezarán a vivir arriba del diafragma. Entonces expresarán los poderes del corazón amoroso, de la garganta creadora y de la voluntad divinamente ordenada por la cabeza. Éste es el símbolo del sexo en el plano físico, de la relación que existe lo inferior y lo superior.
Pero en la cabeza del hombre hay un símbolo maravilloso. En ese organismo viviente se representa ese drama mediante el cual el ser puramente humano se fusiona con la divinidad, el gran drama final de la unión mística entre Dios y el hombre, entre el alma y la personalidad. Según la filosofía oriental existen en la cabeza del hombre dos grandes centros de energías. Uno el cenizo entre las cejas, mezcla y fusiona los cinco tipos de energías que le son trasmitidas a él y fusionadas en él, la energía de los tres centros que están abajo del diafragma y la de los centros laríngeo y cardíaco. El otro, el centro coronario, entra en actividad por medio de la meditación, el servicio y la aspiración, y a través de él el alma hace contacto con la personalidad. Dicho centro es el símbolo del espíritu o aspecto positivo masculino, así como el centro entre las cejas es el símbolo de la materia, del aspecto negativo femenino. Vinculado a estos vórtices de fuerza tenemos dos órganos físicos, la glándula pituitaria y la pineal. La primera es negativa y la segunda positiva. Estos dos órganos son las correspondencias superiores de los órganos masculino y femenino de la reproducción física. A medida que el alma va siendo cada vez más poderosa en la vida mental y emocional del aspirante, penetra con mayor poder en el centro de la cabeza y el hombre va purificando su personalidad y poniéndola al servicio de la voluntad espiritual, elevando automáticamente las energías de los dos centros del cuerpo al centro entre las cejas. Oportunamente se acrecienta y amplía la influencia de los dos centros, hasta que los campos magnéticos o vibratorios, hacen contacto entre sí, y aparece instantáneamente la luz. Padre-espíritu y madre-materia se unen y unifican, y el Cristo nace. "A no ser que el hombre vuelva a nacer no podrá ver el reino de Dios", dijo el Cristo. Tal el segundo nacimiento, y desde ese momento la visión adquiere creciente poder.
Éste es nuevamente el gran drama del sexo, que se repite en el hombre. Así conoce tres veces en su vida personal el significado de la unión, el sexo:


  1. En el plano físico, el sexo o la relación del hombre con su polo opuesto, la mujer, da por resultado la reproducción de la especie.




  1. La unión de las energías superiores con las inferiores da por resultado el trabajo creador.




  1. La unión de las energías de la personalidad con las del alma, da por resultado el nacimiento del Cristo.

Grande es la gloria del hombre y maravillosas son las divinas funciones que personifica. A través del tiempo la raza ha sido llevada a la etapa en que el hombre comienza a elevar las energías inferiores a los centros superiores, y tal transición es la causa de las grandes dificultades mundiales. Muchas personas en todas partes están llegando a ser, política, religiosa, científica o artísticamente creadoras, y el impacto de su energía mental y sus proyectos e ideas se hacen sentir notablemente. Hasta que predomine la idea de la hermandad en la raza, veremos estos poderes pervertidos para fines y ambiciones personales y el consiguiente desastre, así como ya hemos visto el poder del sexo prostituido para la satisfacción personal, el egoísmo y el consiguiente desastre. Sin embargo, algunos, muy pocos, están elevando cada vez más sus energías y traduciéndolas en términos del mundo celestial. Hoy el Cristo renace en muchos seres humanos y acrecentadamente aparecerán los hijos de Dios en su verdadera naturaleza para guiar a la humanidad en la nueva era.


2. El Sexo en la Nueva Era
La profecía es siempre peligrosa, pero a veces se puede hacer un pronóstico o una predicción basada en las actuales tendencias generales.
Durante los próximos doscientos años desaparecerán gradualmente las antiguas influencias bajo las cuales hemos vivido, y se harán sentir las nuevas potencias. Se dice que tres cosas caracterizarán la era acuariana venidera y llegarán a ser posibles por la influencia que ejercerán los tres planetas que rigen los tres decanatos de este signo. Primero, tendremos la actividad de Saturno, que producirá la bifurcación de los caminos y proporcionará la oportunidad a quienes puedan aprovecharla. También habrá un período de disciplina y un ciclo en que se harán decisiones; mediante estas decisiones discriminadoras la humanidad recibirá su derecho de progenitura. Hoy esta influencia ya se hace sentir en forma poderosa.
Posteriormente, por la influencia que ejerce Mercurio en el segundo decanato, tendremos la afluencia de la luz y la iluminación mental y espiritual, y una interpretación más veraz de la enseñanza de la Logia de Mensajeros. El trabajo realizado en el primer decanato permitirá a muchos decidir y realizar el esfuerzo que los llevará a elevar las energías inferiores a los centros superiores y transferir el enfoque de su atención de abajo arriba del diafragma. El trabajo efectuado en el segundo decanato permitirá, a quienes están preparados, fusionar la personalidad con el alma y, como ya indiqué, la luz brillará y el Cristo nacerá en ellos. En el tercer decanato se inaugurará el reino de la hermandad, y Venus regirá mediante el amor inteligente; lo importante es el grupo, no el individuo; el altruismo y la colaboración reemplazarán constantemente a la separatividad y a la rivalidad.
En ningún sector de la vida se sentirán tan potentemente estos grandes cambios como en la actitud que adoptará el hombre hacia el sexo y en el reajuste de la relación marital, nueva actitud que irá produciéndose gradualmente a medida que la ciencia de la sicología, que se desarrolla lentamente, haga valer sus derechos. Cuando el hombre llegue a comprender su triple naturaleza y penetre en la naturaleza de su conciencia y en la profundidad de su propia vida subconsciente, tendrá lugar, gradual y automáticamente, un cambio en la actitud del hombre hacia la mujer y de la mujer hacia su destino. Cambio necesario que no será el resultado de medidas legales o de decisiones hechas por los representantes del pueblo para enfrentar los desastres del momento; vendrá lentamente como resultado del inteligente interés demostrado por las tres generaciones venideras. Los que vienen ahora a la existencia y los que vendrán durante el próximo siglo estarán bien preparados para enfrentar el problema del sexo, pues comprenderán el problema con mayor claridad que la vieja generación y pensarán en términos más extensos y amplios de lo que es común hoy. Serán más conscientes del grupo y menos individualistas y egoístas, se interesarán más por las nuevas ideas que por las antiguas teologías, no tendrán tantos prejuicios y serán más tolerantes que la mayoría de las actuales personas bien intencionadas. La sicología está recién ahora entrando en sus derechos y comenzando a comprender cuál es su función, sin embargo dentro de cien años será la ciencia que predominará y los nuevos sistemas de educación, fundados en la sicología científica, habrán reemplazado totalmente nuestros método modernos. En el futuro se tratará de determinar el propósito de la vida del hombre. Se efectuará cuando se sepa a qué rayo pertenece, mediante el análisis de su equipo (la sicología vocacional es el incipiente comienzo), el estudio de su horóscopo y cuando se le imparta una base sólida respecto al control mental y al entrenamiento de la memoria, a fin de retener la información suministrada. Se dará especial atención al procedimiento por el cual podrá integrar su personalidad y elevar y purificar las cualidades vivientes, todo lo cual tendrá por objeto llegar a ser consciente y de valor para el grupo. Este factor es de gran importancia. Síntesis, pureza física, descentralización y bien grupal, serán las notas clave de la enseñanza a impartirse. Se enseñará el control emocional y el recto pensar, y una vez logrados se adquirirá automáticamente el conocimiento de las realidades espirituales y se subordinará la vida al propósito grupal. Las relaciones del hombre estarán inteligentemente dirigidas, y su relación con el otro sexo serán guiadas no sólo en el amor y el deseo, sino por la ordenada comprensión intelectual de la verdadera significación del matrimonio. Lo antedicho puede aplicarse a la mayoría de las personas inteligentes y bien intencionadas, cuyas normas se desarrollarán en el transcurso de las décadas, y personificarán los sueños e ideales de los visionarios más avanzados de hoy. Existirán personas irreflexivas, ociosas y estúpidas, pero la evolución va aprisa y el orden está en camino.
No puedo anticipar las leyes que se promulgarán para controlar a las personas sobre este difícil tema del sexo, ni predecir cuáles serán las leyes matrimoniales. Aún no se sabe en qué forma enfrentarán el problema las legislaturas de las naciones. No me interesa hacer conjeturas. Pero lo que puedo hacer y haré, es proporcionar las premisas fundamentales que subyacen en las mejores ideas futuras sobre el tema del sexo y el matrimonio.
Estas premisas son tres: cuando sean comprendidas y captadas y se integren a las ideas prevalecientes de la época y formen las bases de las normas reconocidas y una vida decorosa, entonces los detalles de cómo, dónde y cuándo se resolverán por sí solos
1. La primera premisa está basada en la relación entre ambos sexos, y la forma de encarar la relación matrimonial se considerará como parte de la vida grupal y para el bien del grupo; esto no será el resultado de las leyes que reglamentan el matrimonio, sino como consecuencia de la educación acerca de las relaciones grupales, del servicio y de la ley del amor comprendida prácticamente y no en forma sentimental. Los hombres y mujeres se considerarán como células de un organismo vital, y esta comprensión y perspectiva coloreará sus actividades. También será considerada como una realidad de la naturaleza y un producto de pasados ciclos de evolución; no será una teoría y una esperanza como sucede en la actualidad. Se estudiará lo que es mejor para el grupo y lo que se necesita para fomentar la eficiencia de un ente del grupo. Los hombres vivirán cada vez más en el mundo de las ideas y de la comprensión, y no en el mundo del deseo desordenado y del instinto animal; el amor del hombre por la mujer y viceversa será más verdadero de lo que es hoy, pues no será estrictamente emocional y tendrá una base inteligente.
A medida que el impulso asciende desde el centro sacro al laríngeo, los hombres no se centrarán tan poderosamente en sus impulsos físicos sexuales y manifestarán más consistentemente su expresión creadora. Su vida en el plano físico continuará en forma normal, pero es necesario que comprendan que el modo en que el hombre satisface su naturaleza sexual es anormal y desordenado y estamos en camino de llegar a una normalidad sensata. El deseo del placer egoísta y la satisfacción del impulso animal, que es instintivamente correcto cuando es ordenado, e incorrecto cuando se lo prostituye exclusivamente para el placer, serán reemplazados por la decisión que adopten ambas partes. La decisión satisfará la necesidad natural en forma correcta, conveniente y ordenada. En la actualidad se sacrifica generalmente una de las partes, sea por una indebida abstinencia o un excesivo desenfreno.



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