Psicología del testimonio



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INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA

DEL TESTIMONIO:

NUEVAS PERSPECTIVAS


Lic. LAURA DEANESI

Este trabajo fue presentado en el marco de la Jornada “Nuevas perspectivas en derecho penal”, realizada en el Centro Interdisciplinario de Investigaciones Forenses de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, y tuvo por objeto brindar una introducción a la psicología del testimonio a un público conformado fundamentalmente por juristas, profesionales del derecho y operadores judiciales.

La finalidad de esta exposición fue y sigue siendo principalmente informativa. Sin embargo, como enseguida se verá, incluye también una serie de observaciones dirigidas fundamentalmente a demostrar la importancia de conocer el funcionamiento de la memoria para poder valorar un testimonio desde un punto de vista lo más objetivo posible y poder entender por qué un testigo recuerda determinados hechos o aspectos de esos hechos, mientras olvida o distorsiona otros.

En lo que sigue, me referiré al modo en que los jueces valoran habitualmente los testimonios (I). Luego me ocuparé de la definición de la psicología del testimonio y efectuaré algunas consideraciones acerca de ciertas creencias erróneas sobre la materia (II), para finalmente abordar los diversos aspectos estudiados por la disciplina (III).


–I–
El punto de partida para comprender el tema pasa por recordar que, en el elenco de pruebas del proceso penal, el testimonio sigue ocupando un papel relevante, a veces, decisivo; y, a pesar de eso, los jueces apelan a un criterio bastante impreciso como es la sana crítica racional para valorarlo.

Se basan en impresiones, en casos ya resueltos en ocasiones anteriores intentando encontrar posibles analogías con el caso actual, es decir, en procesos de razonamiento y deducciones que muchas veces pueden llevarlos a cometer grandes errores. Se parte, generalmente sin saberlo, de ciertos presupuestos erróneos, basados en la intuición, al momento de valorar un testimonio:



  1. Que el testigo puede poner al juez en contacto directo con los hechos.

  2. Que la percepción de los hechos a través de los sentidos, es decir, la adquisición de información y su posterior retención y recuperación son procesos lineales, no susceptibles de ulteriores modificaciones.

  3. Que la memoria funciona cual si fuera una cámara de video, reproduciendo en forma literal, al momento de recordar, imágenes o escenas en los sujetos.

  4. Que la persona que miente se comporta de modo tal que revela que está mintiendo (por ejemplo: se muerde las uñas, está nervioso, dubitativo, desvía la mirada).

Pues bien, frente a este panorama, la psicología del testimonio viene a tender un puente entre el Derecho y la Psicología; viene a ofrecer conocimientos y técnicas que permitan al juez y a los demás operadores judiciales valorar la prueba testimonial de manera fiable, con ayuda de criterios basados en el método científico y, ya no, tan sólo en la experiencia e intuición individuales.


–II–
Como primer punto entonces, lo primero que nos podemos preguntar es dónde se ubica la psicología del testimonio en el mapa de las disciplinas científicas. Es una aplicación directa de la psicología experimental y de la psicología cognitiva, es decir, del estudio de los procesos cognitivos tales como percepción, memoria, atención o lenguaje. Basada en los resultados de las investigaciones de estos campos, intenta determinar la calidad, es decir, la exactitud y la credibilidad de los testimonios.

Si definimos al testigo como un “…sujeto-fuente de información de relevancia procesal…”1 y al testimonio como un relato de memoria que realiza el testigo sobre hechos que previamente ha presenciado, resulta fácil comprender que el testimonio de los testigos se basa fundamentalmente en su capacidad de memoria.

A menudo se nos pide a los psicólogos que evaluemos si las declaraciones testimoniales son verdaderas o falsas, es decir, si el testigo miente o no. Pero ¿podemos decir que un testimonio se corresponde punto por punto con el hecho ocurrido? Si dijéramos que es posible estaríamos hablando de un testimonio ideal que lamentablemente no existe en la realidad. Un testimonio nunca coincide totalmente con los datos fácticos a los que dice referirse, y ello es así fundamentalmente por el modo en que funciona nuestra memoria.

Por otra parte, pese a los sucesivos intentos a lo largo de la historia por responder a la necesidad de poder discriminar entre verdad y mentira, a través de métodos como las drogas de la verdad, el polígrafo, los análisis de las respuestas fisiológicas, ninguno de ellos ha resultado ser un “detector de mentiras válido”. Una de las razones es que no miden realmente la exactitud o la mentira en sí, sino una multiplicidad de variables como el estrés, el miedo o la ansiedad. Tampoco está comprobado, hasta el momento, que existan gestos o mímicas típicas de alguien que está mintiendo.

A su vez, la mentira es una cuestión de intención (de engañar) y sólo podemos especular acerca de las posibles motivaciones del testigo para ocultar lo ocurrido. La ciencia actual no permite valorar los testimonios partiendo de esas categorías porque no existen aún técnicas válidas de detección de mentiras.

Muchas veces sucede, debido al funcionamiento de la memoria, que las inexactitudes que podríamos detectar en las declaraciones son más bien producto de errores que comete el testigo y NO de falta de honestidad del testigo.

A todo esto se suma que los hechos no se incorporan al proceso judicial en su verdad material. En general ya ocurrieron, pertenecen al pasado y, por ende, sólo pueden ser reconstruidos por el juez “…tomando como base los medios de prueba disponibles…”2. De manera tal que su reproducción exacta sería imposible y sólo podemos aspirar a una reconstrucción mental de lo sucedido.

A su vez, la información que aporta el testigo debe ser cruzada con las demás. En palabras de Andrés Ibáñez: “…corroborar es probar…3(…) y “un dato corrobora si versando sobre hechos distintos del principal pero relacionados con él, al ser cruzado con la información inicial relativa al mismo, produce el efecto de conectar también – aunque indirectamente – al imputado con la acción delictiva que se le atribuye”4.

La memoria, contrariamente a las creencias que, por sentido común, tienen las personas, incluidos los jueces, no es una reproducción literal del pasado sino un proceso dinámico en constante reelaboración y como tal, susceptible de errores y distorsiones.
–III–
Como contrapartida a ello, ¿qué puede aportar la psicología del testimonio?

La psicología del testimonio estudia principalmente dos grandes ejes: la EXACTITUD del testimonio y la CREDIBILIDAD del testigo.

Por credibilidad entendemos la correspondencia entre lo sucedido y lo relatado.

En tanto que la exactitud de la memoria podemos definirla como la correspondencia entre lo sucedido y lo representado en la memoria, esto es, entre lo que ocurrió y lo que el testigo recuerda.

Así, ambos conceptos están estrechamente relacionados porque la credibilidad depende en primer lugar de la exactitud del recuerdo, pero la credibilidad tiene autonomía como categoría porque además de la exactitud, depende de otros factores adicionales que pueden hacer que un testimonio a pesar de ser exacto, de todos modos, no sea creíble.
–A–

Con relación al primer aspecto, el de la exactitud del recuerdo, la psicología del testimonio enseña que existen distintos factores que pueden alterarla.

En primer lugar, tenemos que tener en cuenta el proceso de percepción. Se entiende que memoria y percepción son procesos cognitivos que están relacionados porque para poder recordar algo, un evento, un objeto o cualquier otra cosa, primero tenemos que percibirlo. Sin percepción no hay recuerdo.

La percepción es “…el proceso mediante el cual dotamos de significado a las sensaciones”.5 A su vez, sobre la percepción se monta la memoria, que procesa y almacena esa información significativa que hemos recibido.

Así, pues, el recuerdo no es una fotocopia del evento porque el ser humano no percibe pasivamente las informaciones que recibe sino que tiende espontáneamente a interpretarlas, de manera tal que lo que queda grabado en la memoria dependerá, entre otros factores, de la manera en que el suceso sea interpretado, lo que, a su vez, está influenciado por los esquemas de conocimiento previos que posee la persona, en función de los cuales interpreta los hechos. “Por tanto, lo que se retiene en la memoria es una versión esquematizada y, generalmente, distorsionada del material original que, en el momento del recuerdo, se utilizará para reconstruir la experiencia vivida”.6

Otro proceso cognitivo a tener en cuenta en el momento en el que se codifica la información es el proceso de atención, que determina qué información se toma en cuenta y cuál se descarta de forma parcial o absoluta, siendo ésta última imposible de recuperar porque no quedó representada en la memoria. Se recuerda preferentemente aquello a lo que se le presta atención, voluntaria o involuntariamente.

El proceso de atención involuntaria es el que explica, por ejemplo, el llamado weapon effect, de suma relevancia para los testimonios. Según este fenómeno, una persona que se vea amenazada por un arma de fuego tendrá un recuerdo muy preciso en relación al arma; focalizará toda su atención en el arma. En cambio recordará de manera vaga e imprecisa los demás elementos del evento, como, por ejemplo, a la persona que le apuntaba con el arma. Así, el testimonio referente al arma de fuego será completamente fiable mientras que el testimonio relativo al episodio en general será casi nulo y de escasa fiabilidad.

En cuanto al proceso de memoria, la psicología cognitiva enseña que, cuando hablamos de memoria, hay que tener en cuenta que no existe LA memoria como algo unitario sino que existen distintos tipos.

En primer lugar la llamada MEMORIA SENSORIAL, en la cual los estímulos provenientes de los sentidos persisten por un período muy breve de tiempo (milésimas de segundos), que son, sin embargo, suficientes para posibilitar su procesamiento.

Luego de ello, la información registrada en la memoria sensorial se almacena en la MEMORIA A CORTO PLAZO7, donde la información también se mantiene por un período muy breve mientras se transfiere a un sistema más estable y permanente, la MEMORIA A LARGO PLAZO.

Específicamente, para el análisis de los testigos y sus testimonios, nos interesa principalmente este tipo de memoria, porque en ella es donde se retiene una cantidad ilimitada de información por un período ilimitado de tiempo, y es la que nos va a permitir recuperar la información en el momento del recuerdo durante el testimonio.

En este sistema de memoria la información se conserva con un formato especial, bajo la forma de representaciones abstractas. Estas representaciones se conservan, esencialmente, bajo dos modalidades de memoria, la memoria episódica y memoria semántica.

En el caso de los testigos adquiere especial relevancia la memoria episódica porque es el tipo de memoria más utilizada durante las declaraciones. “Es la memoria para los sucesos vividos personalmente”.8 Allí se conservan los “…recuerdos de sucesos y elementos de los que se conoce su posición en el espacio y el tiempo…”.9 Se podría decir que es la memoria del testigo.

La memoria semántica, en cambio, es más tangencial a los efectos del testimonio, porque en ella están presentes los hechos o conocimientos generales bajo la forma de conceptos, es decir, de representaciones abstractas.

Veamos la diferencia entre memoria episódica y memoria semántica con un ejemplo. En la memoria episódica podemos recordar un árbol teniendo en la memoria un árbol específico que vimos la semana pasada (tiempo) en un jardín (espacio). En cambio, en la memoria semántica, tenemos el concepto de árbol pero ya no como uno específico que vimos la semana pasada en un jardín, sino como la representación abstracta que incluye las características generales que hacen de un objeto un árbol.

El contenido de la memoria semántica también puede influir sobre el de la memoria episódica, incluso modificándolo. Esta interacción ocurre durante las tres fases del proceso de memorización: la fase de codificación, es decir, de adquisición de la información; la fase de retención y la fase de recuperación.

En las tres fases existen múltiples factores distorsionantes del recuerdo.

Ya mencionamos la importancia que tiene la interpretación de los hechos en la fase de adquisición de la información como factor distorsionante.

Durante la fase de retención, es de suma importancia el paso del tiempo como factor que altera el recuerdo, influyendo de manera negativa. “Cuanto mayor es el período de retención mayor será el deterioro de las huellas de memoria”.10

Por último, la fase de recuperación es de suma trascendencia para el caso de los testimonios, porque es la fase de los interrogatorios, es decir, del recuerdo del evento. Hay que insistir en que tiene que quedar claro que el proceso de recuperación es fundamentalmente de tipo reconstructivo y no reproductivo.

En el momento de la recuperación, a los factores distorsionantes propios de la memoria, se agrega otro factor que puede alterar gravemente el recuerdo: la información pos-suceso que recibe el testigo. Esta información puede modificar tanto el relato que hace el testigo respecto del hecho como el recuerdo del mismo. Es el llamado “efecto de información engañosa ofrecida pos-suceso”, estudiado principalmente por Elizabeth Loftus, una psicóloga estadounidense muy reconocida en el ámbito de la psicología del testimonio, que se dedicó a realizar investigaciones empíricas para comprobar el efecto que tienen algunos factores, entre ellos los “pos-suceso”, en la exactitud del recuerdo.

Por último, no se puede dejar de mencionar el modo en que se lleva a cabo los interrogatorios como otro factor que altera el recuerdo. Muchas veces los testigos se someten a sucesivas declaraciones en las diferentes etapas del proceso y si las comparamos, podemos encontrarnos con falta de concordancia o contradicciones entre ellas. Podemos explicar estas discordancias por los errores de memoria pero también por el modo en que se realizan las preguntas, a veces de tipo cerradas, sugestivas o capciosas que también propician no sólo un relato inexacto sino una verdadera modificación del recuerdo original.

Por esta razón, es aconsejable la utilización de los protocolos estandarizados que indican el modo de proceder en los interrogatorios, como por ejemplo, el que confeccionó el Ministerio del Interior de Inglaterra, en el año 1992, a partir de comprobar graves irregularidades en la forma en que la policía interrogaba a los testigos.
–B–

Hasta aquí se hizo referencia a la exactitud de los testimonios. En cuanto al segundo aspecto estudiado por la psicología del testimonio, el de la credibilidad del testigo, lo que hay que preguntarse es: ¿en qué nos basamos para establecer los juicios de credibilidad? La respuesta es que, en general, nos basamos en nuestras propias intuiciones y en procesos de razonamiento y deducciones.

Como dice Andrés-Ibáñez “…se presupone, sin ningún fundamento racional, la aptitud del juez en régimen de inmediación para alcanzar la verdad de los hechos con sólo escrutar al testigo cuando declara”.11 Se habla de la credibilidad como algo que el juez le concede al declarante, según le crea o no le crea.

El primer error con el que nos encontramos es la confusión entre credibilidad y veracidad. Como ya se anticipó al principio, no podemos evaluar los testimonios en términos de verdad o mentira.

Hoy se sabe científicamente que al momento de evaluar la credibilidad de los testigos, el 50% de las decisiones que se toman, están basadas en la confianza que muestran los testigos en el momento de la declaración.

La psicología del testimonio aporta técnicas de análisis de credibilidad de las declaraciones probadas empíricamente, especialmente para valorar la credibilidad de los testimonios de niños en casos de supuesto abuso sexual.

El análisis de la credibilidad se ocupa de evaluar el grado de realidad del testimonio, pero un resultado negativo, es decir, si la credibilidad es baja, no indica necesariamente falsedad del testimonio, esto es, no es un análisis de detección de mentiras. Se trata de analizar si la declaración cumple con algunos criterios, establecidos por la investigación psicológica, cuya presencia indica una probabilidad alta de corresponder a un hecho real, es decir, de que la información sea fiable.

Con esto llego al final de la exposición. Como adelanté en la introducción, el trabajo pretendió ser una introducción al campo de la psicología del testimonio. De la exposición precedente se desprende que si queremos valorar los testimonios de manera adecuada, resulta necesario conocer el funcionamiento de la memoria y el de los procesos cognitivos asociados, teniendo en cuenta, al momento de establecer la exactitud y credibilidad de las declaraciones, los innumerables factores que pueden distorsionar el recuerdo, influyendo sobremanera en la versión de los hechos que presenta el testigo.



Referencias bibliográficas

1. Álvarez, Héctor R., Sarmiento, Alfredo. (1997). Sobre Psicología del testimonio y los juicios por jurados, Buenos Aires: Ediciones del eclipse.

2. Andrés Ibáñez, Perfecto. (2009). Prueba y convicción judicial en el proceso penal, Buenos Aires: Hammurabi.

3. Bond, Charles F., DePaulo, Jr. and Bella M. (2006). Accuracy of Deception Judgments. Personality and Social Psychology Review, Vol. 10, n° 3, 214-234. Disponible en ‹http://psr.sagepub.com/cgi/content/abstract/10/3/214›

4. Cafferata Nores, José I., Hairabedián, Maximiliano. (2008). La prueba en el proceso penal: con especial referencia a los Códigos PPN y de la Prov. de Córdoba, Buenos Aires: Lexis Nexis Argentina.

5. Dalla Barba, Gianfranco. (2005). Neuropsicología de la Falsa Memoria. París: Institut National de la santé et la recherche médicale. Revista Argentina de Neuropsicología, 5, 2-14.

6. Garrido, Eugenio, Masip, Jaume. (2004). La evaluación del abuso sexual infantil. Ponencia presentada en el I Congreso de Psicología Jurídica y Forense en Red. Disponible en ‹http://www.copmadrid.org/congresoredforense/›.

7. Godoy-Cervera, Verónica, Higueras, Lorenzo. (2005). El análisis de contenido basado en criterios (CBCA) en la evaluación de la credibilidad del testimonio. Granada: Universidad de Granada. Papeles del psicólogo, n° 92, ISSN 0214-7823.

8. Gonsalves, Brian, Paller, Ken, A. (2002). Mistaken Memories: Remembering Events that never happened. The Neuroscientist [en línea], Vol. 8, n° 5, 391. Disponible en ‹http://nro.sagepub.com/cgi/content/abstract/8/5/391›

9. Manzanero, Antonio L. (2008). Psicología del testimonio: Una aplicación de los estudios sobre la memoria, Madrid: Pirámide Ediciones.

10. Manzanero, Antonio L., Diges, Margarita (1993). Evaluación subjetiva de la exactitud de las declaraciones de los testigos: la credibilidad. Madrid, España: Universidad Autónoma de Madrid, Departamento de Psicología Básica. Anuarios de Psicología Jurídica, 3, 7-27.

11. Mazzoni, Giuliana. (2010) ¿Se puede creer a un testigo? El testimonio y las trampas de la memoria. Madrid: Trotta.

12. Migueles, Malen, García-Bajos, Elvira. (2001). Confianza y exactitud en la memoria de testigos vs. Conocimientos generales. San Sebastián: Universidad del País vasco, Facultad de Psicología. Estudios de Psicología, 22 (3), 259-271.

13. Mira Solves, José J. (1984). Estudios sobre psicología del testimonio. Papeles del psicólogo, 15, 1-5.

14. Mira, José J., Diges, Margarita. (1991). Psicología del testimonio: concepto, áreas de investigación y aplicabilidad de sus resultados. Madrid y Alicante: Universidad de Alicante y Universidad Autónoma de Madrid. Papeles del psicólogo, n° 48, ISSN 0214-7823.

15. Neal, Tess M. S., Brodsky, Stanley L. (2008). Expert Witness Credibility as a Function of Eye Contact Behavior and Gender. Criminal Justice and Behavior, Vol. 35, n°12, 1515-1526. Disponible en ‹http://cjb.sagepub.com/cgi/content/abstract/35/12/1515›

16. Prieto, Ángel, Sobral, Jorge. (2003). Impacto persuasivo del testimonio seguro e inseguro: ¿dos caras de un mismo fenómeno. Murcia: Universidad de Murcia. Psicothema, Vol. 15, n° 2, 167-171.

17. Ruiz-Vargas, José María. (2002). Memoria y Olvido: Perspectivas evolucionista, cognitiva y neurocognitiva, Madrid: Trotta.

18. Taruffo, Michele. (2008). La prueba, Madrid: Marcial Pons.

19. Wells, Gary, Olson, Elizabeth, A. (2003). Eyewitness Testimony. Annuary Reviews Psychology, 54, 277-95.



20. Wells, Gary, Small, Mark, Penrod, Steven, Malpass, Roy S., Fulero, Solomon M, Brimacombe, C. A. E. (1998). Eyewitness Identification Procedures: Recommendations for Lineups and Photospreads, Law and Human Behavior, Vol. 22, n° 6.



1 Andrés Ibáñez, Perfecto, Prueba y convicción judicial en el proceso penal, Hammurabi, Buenos Aires, 2009, p. 104.


2 Taruffo, Michele, La Prueba, Marcial Pons, Madrid, 2008, traducción de Laura Manríquez y Jordi Ferrer Beltrán, p. 19.


3 Andrés Ibáñez, Perfecto, op. cit., p. 125.



4 Andrés Ibáñez, Perfecto, op. cit., p. 126.


5 Manzanero, Antonio L., Psicología del testimonio. Una aplicación de los estudios sobre la memoria, Pirámide, Madrid, 2008, p. 32.


6 Ruiz-Vargas, José M., Memoria y Olvido. Perspectivas evolucionistas, cognitiva y neurocognitiva, Trotta, Madrid, 2002, p. 188.


7 Información más detallada sobre los distintos tipos de memoria se puede encontrar en Ruiz-Vargas, José M., Memoria y Olvido: Perspectivas evolucionista, cognitiva y neurocognitiva, Trotta, Madrid, 2002, ps. 1 y passim; y Mazzoni, Giuliana, ¿Se puede creer a un testigo? El testimonio y las trampas de la memoria, Trotta, Madrid, 2010, ps. 1 y passim.


8 Ruiz-Vargas, José M., op. cit., p. 307.


9 Mazzoni, Giuliana, ¿Se puede creer a un testigo?. El testimonio y las trampas de la memoria. Trotta, Madrid, 2010, traducción de José Manuel Revuelta, p. 30.


10 Manzanero, Antonio L., op. cit., p. 38.


11 Andrés Ibáñez, Perfecto, op. cit., p. 101.






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