Psicología del despertar


La pasión incondicional: La resonancia pura con la vida



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La pasión incondicional: La resonancia pura con la vida


La pasión suele aparecer en respuesta a alguien -un maestro, un amante, una estrella de cine, etcétera que alienta nuestro deseo de sentirnos más vivos. Y aunque a menudo cometamos el error de atribuir la fuente de la pasión a la persona de la que nos hemos enamorado, ésta dimana, en última instancia, de nuestra naturaleza esencial, de nuestra apertura básica a la realidad. Y es que el enamoramiento refleja la permeabilidad de nuestra naturaleza, una condición que implica el deseo de abrirnos y establecer un contacto profundo con el mundo, con los demás, con la naturaleza y con la vida en general. Nuestra naturaleza esencial constituye una apertura a través de la cual lo que está fuera puede llegar hasta nosotros, atravesar nuestra habitual coraza defensiva y conmover profundamente nuestro corazón.

Éste es, precisamente, el motivo por el cual la pasión es una experiencia tan singularmente humana Normalmente cerramos a cal y canto todas nuestras puertas y ventanas, pero, cuando nos vemos sacudídos por la pasión, la realidad sortea todas nuestas defensas habituales y conmueve profundamente nuestro corazón.

La pasión es esencialmente incondicional, porque comunica nuestra vida interna con el exterior y nos hace resonar de modo inmediato con la vida. Y esta capacidad de resonar con la realidad constituye uno de los elementos fundamentales de nuestro ser. Cuando contemplamos un prado esmaltado de flores, nuestra boca emite el sonido primordial -¡Aaah!y lo mismo ocurre cuando un hermoso rostro o las palabras de un maestro espiritual llegan a lo más profundo de nuestro corazón. La pasión es, pues, la respuesta a algo que nos atraviesa y nos deja sin aliento.




La pasión condicionada: La obsesión y la esclavitud

La pasión es una presencia energetizada que experimentamos como un desbordamiento de sentimientos. Y puesto que habitualmente. no nos sentimos tan vivos, nuestra vida cotidiana parece entonces comparativamente pobre, de modo que no tardamos en extraer la errónea conclusión de que la causa de esa abundancia debe residir en el objeto de nuestra pasión («Ayer estaba solo y era infeliz. Hoy te he encontrado y, sin saber cómo, me siento lleno y vivo. Debe ser cosa tuya»). Es fácil ver las cosas de este modo y acabar creyendo que, para sentirnos completamente vivos, necesitamos a esa persona, ese trabajo, ese deporte, esa droga o esa casa en el campo. Pero debo decir que ése no es más que el primer paso en el camino que acaba convirtiendo a la pasión en una ilusión.

Pocas veces somos conscientes de que la pasión es una explosión interna que ilumina todo lo que nos rodea. Lo que vemos, en tal caso, no es tanto el resplandor mismo como el objeto iluminado, y eso distorsiona nuestra percepción. Así es como la pasión incondicional acaba convirtiéndose en una identificación con el objeto iluminado por nuestro propio resplandor, una identiticación que conduce a la obsesión y la dependencia y nos impide hacer otra cosa que no sea sino el pensar en el modo de poseer el objeto que despierta nuestra pasión.

En tal caso, el hecho de centrarnos exclusivamente en el objeto de la pasión es como utilizar una lupa para concentrar los rayos del sol. No es de extrañar que, en tal caso, la situación no tarde en calentarse y empiece a echar humo.

Por esto es tan importante que nos demos cuenta de que, cuando nuestra pasión se fija en otra persona, lo que realmente estamos haciendo es proyectar hacia el exterior nuestro propio resplandor -que. a partir de entonces, vemos reflejado en el otro-, sin comprender que ese resplandor es totalmente nuestro. Obviamente, también podemos reconocer la resplandeciente belleza de la persona a la que amamos pero. cuando idolatramos a esa persona o nos aferramos a ella. estamos cargándola de atributos que. en realidad, son nuestros. Y, como resultado de todo ello, la persona en cuestión se nos aparece más grande de lo que, en realidad. es... al tiempo que nosotros vamos empequeñeciéndonos. Por esto, cuanto más identificados y obsesionados estemos, más empobrecidos nos sentiremos, por lo que la pasión acabará convirtiéndose en algo sumamente destructivo.

Esto es algo muy frecuente en sectas destructivas como por ejemplo las de Jonestown o Rajneeshpuram. en las que un líder espiritual corrupto se aprovecha de las proyecciones y de la tendencia a la idealización de sus seguidores. Se trata de una especie de magia negra que transforma algo potencialmente positivo (la devoción del discípulo) en otra cosa sumamente destructiva (la esclavitud). Es como si el líder extrajera su poder de sus seguidores. al tiempo que les hace creer que todo dimana de él (digamos, de pasada, que la desgraciada historia de la comunidad de Jonestown acabó cuando con el líder repartió zumo de frutas envenenado a sus seguidores al tiempo que les decía: «Te devuelve la esencia que me diste. Cuando repartes tu esencia se convierte en un veneno»), Y es que los charlatanes siempre han esclavizado a las personas alentando su dependencia y su sensación de pobreza (recordemos, en este sentido, que Rajneesh desfilaba a diario ante sus devotos en uno de los muchos Rolls Royces que había comprado con sus donativos). Cuanto los seguidores se sienten vacíos, el único modo de sentirse bien consigo mismos consiste en nutrirse de la gloria reflejada por el líder, alentando entonces todo tipo de conductas autodestructivas para no desconectarse de la que imaginan como la fuente de sus sentimientos.

Las relaciones amorosas también pueden tener consecuencias extrañas y destructivas. ¿Cuántas veces hemos puesto en peligro nuestra integridad o nos hemos obligado a ser algo que no somos con el único objeto de conseguir la aprobación de la persona a la que amábamos? ¿Cuántos amantes han matado a su pareja porque «la querían mucho»?


La pasión y la transformación


Pero, como ilustra perfectamente el amor romántico que nació en la Francia del siglo xu, no debemos olvidar que. más allá de todos estos peligros, la pasión también es una fuerza extraordinariamente creativa y transformadora. Y es que súbitamente, en la oscuridad del medioevo, apareció un nuevo tipo de sentimiento que se expresaba en las canciones de amor de los trovadores y que se extendió muy rápidamente por las cortes de Provenza. El amor cortés fue una modalidad de amor parcialmente derivada de las canciones devocionales sufíes al Amado, lo divino en forma de Dios, el alma o el maestro espiritual, una modalidad de pasión que los trovadores secularizaron y dirigieron hacia un amado mundano, la Dama.

En su forma más pura, el amor cortés se atenía a reglas muy estrictas. Un caballero se enamoraba de una dama casada con otro noble, pero ese amor no se consumaba sexualmente y la pasión resultante se empleaba en alentar la transformación personal, cosa que ocurría, por ejemplo, cuando el caballero se veía obligado a pasar por todo tipo de pruebas -a través de las cuales iba perfeccionando su carácter para conseguir el amor de su señora. El amor cortés fue una de las principales fuerzas civilizadoras de la cultura medieval que valoró, por vez primera, a la mujer, e hizo posible que surgiera un nuevo ideal, el hombre amable.

Pero sólo es posible canalizar creativamente la pasión cuando se reconoce su potencial espiritual. Por esto, aunque el amor cortés era una versión secularizada de la devoción sufí al Amado divino, no obstante siguió conservando su impronta espiritual porque proporcionaba un camino de perfeccionamiento y forja del carácter. El hecho de que el caballero nunca pudiera poseer a su señora convertía a su pasión no correspondida en un poderoso factor de transformación que no acababa degenerando en la identificación sino que, por el contrario, maduraba en la devoción pura.

Como han reconocido multitud de tradiciones, la devoción incondicional -ya sea al amado, al maestro espiritual o a la verdad última— es un crisol poderoso que puede hacer auténticas maravillas con el alma y que ha servido para desarrollar prácticas devocionales encaminadas a orientar esa energía hacia fines espirituales. Puesto que no es posible poseer al objeto de devoción -Dios o el maestro la práctica espiritual nos obliga a renunciar a la identificación y acabar descubriendo la plenitud del amor como un tesoro que se halla oculto en nuestro corazón. De este modo es posible salir de la pobreza que nos hace depender de los demás y abrirnos a la riqueza, celebrar nuestra auténtica naturaleza y compartirla más plenamente con el mundo.

La devoción a un maestro -el rasgo fundamental de muchas tradiciones sagradas se asemeja al amor cortés en el hecho de no ser correspondido. Es cierto que algunos maestros tienen su propio tipo de devoción hacia sus discípulos, pero éstos no pueden aspirar a que su maestro les corresponda, les dé su aprobación ni les haga sentir bien. Los verdaderos maestros no prometen recompensa alguna y tampoco alientan la proyección y la idealización sino que, muy al contrario, instan de continuo a sus discípulos a volver la atención sobre sí mismos, con lo cual ponen fin a la tendencia del discípulo a la pasión condicionada y a ser buenos para conseguir así la aprobación, la alabanza o el afecto de su maestro. Es entonces cuando el discípulo puede comenzar a experimentar la cualidad transformadora del amor no correspondido.




El amor no correspondido

Cuando nuestro corazón se rompe son varias las alternativas que se nos presentan. Entonces podemos cerrarnos para no experimentar el dolor y el resentimiento que acompaña al hecho de no conseguir lo que deseamos, pero también podemos seguir prestando atención a lo que nuestro corazón realmente desea y permanecer abiertos, a pesar del dolor que ello comporta, en cuyo caso algo dulce como el néctar se derrama en nuestro interior. Como dice el maestro sufí Hazrat Inayat Khan: «el calor del amante. el efecto penetrante de su voz y la llamada de sus palabras dimanan del dolor de su corazón». Este es uno de los grandes secretos del amor. Así pues. en lugar de tratar de alejarse del dolor -un intento absolutamente inútil-, el amante puede servirse de él para transformarse, desarrollar su ternura y su compasión y, como descubrieron los trovadores, convertirse en un guerrero al servicio del amor.

Como la tristeza que impregna los más emocionantes poemas y canciones de amor, la devoción pura es una cualidad sumamente interesante. A ello se refirió Chógyam Trungpa con la expresión «verdadera esencia de la tristeza», una plenitud que surge como respuesta al amor que experimentamos por alguien a quien nunca podremos poseer. A fin de cuentas, la persona a la que amamos morirá, nosotros también moriremos, todo está abocado a la muerte y, aunque nos casemos, nuestro matrimonio también acabará desvaneciéndose más pronto o más tarde. En última instancia, no hay nada a lo que podamos aferramos, nada que pueda liberarnos definitivamente de nuestra soledad. Por esto, cuanto más amemos a nuestra vida, a nuestra pareja o a nuestro maestro espiritual mayor será también el sufrimiento que experimentamos cuando llegue el momento de perderlos.

La tristeza que brota de la ruptura de nuestro corazón posee una dimensión muy interesante que suele pasar inadvertida. No olvidemos que la misma etimología del término inglés que significa «tristeza» [satines.',] está ligada a las palabras satisfecho y saciado. algo que pone de relieve que la auténtica tristeza es una plenitud que desborda nuestro corazón. Como dice Trungpa: «esta tristeza es incondicional y aparece cuando nuestro corazón está completamente abierto y uno quisiera entregar su vida a los demás». De ahí. precisamente, es de donde surge el deseo de atravesar todas las fronteras que nos alejan de los demás y salvar el abismo que separa nuestra vida interna de nuestra vida extema.

Todas nuestras ideas en torno al amor romántico se derivan del descubrimiento del poder de la pasión devocional del amor cortés provenzal. Lamentablemente, sin embargo, nuestra cultura ha perdido el significado sagrado original del amor apasionado y ya no comprende la dimensión devocional de la pasión..

Pero también hemos perdido el significado sagrado original del camino espiritual que nos lleva a entregar nuestra vida a un principio trascendente mayor que orienta nuestra vida. Cuando uno encuentra a un maestro que conmueve su corazón o cuando uno se enamora de un maestro o de una enseñanza, se ve obligado a salir de su pequeño y cómodo mundo de rutinas habituales. Pero, por más que uno se sienta atraído por un maestro o por una enseñanza, jamás podrá llegar a poseerlos de un modo convencional. Encontrar a un verdadero maestro supone acabar con la identificación condicionada y poner en marcha la pasión incondicional que nos permite convertir la pasión en un camino.

Cuando uno empieza a diferenciar la identificación de la devoción empieza también a comprender la naturaleza profunda de la pasión como antesala de la entrega. A fin de cuentas, el camino espiritual consiste en amar aunque uno tenga el corazón destrozado, porque la última enseñanza -que no es otra que la vida mismano tiene tanto que ver con el logro de algo como con la entrega. Asi pues, el camino espiritual es una especie d e «pérdida», algo que el ego vive con miedo y amenaza pero que nuestro ser, agobiado por el peso de las compulsiones egoicas, experimenta como un consuelo. Éste es el motivo que explica la ambivalencia que acompaña a la pasión, ya que renunciar a las viejas y limitadoras pautas de la personalidad es algo simultáneamente aterrador y excitante.

Del mismo modo que la llama de la pasión no correspondida del amor cortés purificaba el corazón de los trovadores, el amor no correspondido por un maestro espiritual puede alentar el deseo de fundirnos con la vida superior que representa. Y el único modo de hacerlo consiste en unirnos al maestro en el estado de despertar, para lo cual debemos consagrar nuestra vida a eliminar las barreras internas que impiden conectar con nuestra apertura, nuestra conciencia y nuestra autenticidad. Cuando dejamos de esforzamos en alcanzar bienes espirituales, el calor de la pasión incondicional puede comenzar a iluminar los rincones más ocultos de nuestra vida.



La pasión y la entrega


El objetivo último de la pasión, el verdadero deseo de nuestro corazón, es la entrega. La fruición de la búsqueda sexual tiene lugar en el instante de abandono total representado por el orgasmo al que los franceses denominan lupetile mort («la pequeña muerte»). De manera parecida, la fruición del camino espiritual consiste en trascender toda identificación y alcanzar la apertura completa y el gozo incondicional que nos lleva a experimentar la abundancia intrínseca de nuestro ser.

La pasión es una corriente de energía vital que nos atraviesa, como el río que acaba desembocando en el océano, el pasaje que conduce del mundo conocido del yo al mundo que descansa más allá del yo (y que se ve representado por un amante, un gurú, una enseñanza o la vida misma). Emergiendo como inspiración y culminando en la entrega, el camino de la pasión nos revela la esencia de la vida y de la muerte. En uno de sus poemas (traducido por Robert Bly), Goethe califica al impulso transformador


cia de la vida y de la muerte. En uno de sus poemas (traducido por Robert Bly). Goethe califica al impulsor contenido en la pasión de «anhelo santo»:
Glorifico a lo que está realmente vivo, 

lo que anhela consumirse en la muerte.
Luego describe cómo, al igual que la polilla que sale de la oscuridad y se dirige hacia la llama de la vela:

un sentimiento extraño se apodera de ti

 cuando ves la llama silenciosa de la candela.


Y, llevado por su deseo de conectar con lo que está realmenK vivo:
el deseo de un amor superior 

te aspira hacia arriba.
Luego, cuando desaparece su vacilación, la corriente de la pa sión termina abocándole a la entrega:

Hasta que, finalmente, loco de luz, eres la misma polilla que se consume.
La conclusión de Goethe es simple e inequívoca:
Mientras no hayas experimentado

la necesidad de morir para seguir creciendo

serás un huésped desconsolado

en esta tenebrosa tierra.


20. AUTORIDAD ESPIRITUAL VERDADERA Y AUTORIDAD ESPIRITUAL FALSA

Como el orfebre

funde, corta y bruñe el oro minuciosamente,

el sabio sólo acepta mis enseñanzas

tras haberlas examinado cuidadosamente

y no por mera devoción.

buda shakyamuni

Si el oro verdadero no existiera, tampoco existiría el oropel. 

rumi
En una época de cambios culturales, declive moral, inestabilidad familiar y caos global como la nuestra, los grandes maestros espirituales constituyen uno de los recursos más preciosos de que dispone la humanidad para alumbrar un mundo oscurecido. Lamentablemente, sin embargo, el hambre espiritual de nuestros tiempos también ha favorecido la aparición de muchos falsos profetas que acaban dañando gravemente a sus seguidores. Es así como miles de bien intencionados buscadores procedentes de un amplio elenco de clases sociales, niveles de formación y sustratos étnicos se ha visto arrastrado por maestros que han acabado arruinando sus vidas. En los casos más extremos, sectas destructiva» ampliamente difundidas -como Jonestown. Waco o la Puerta dei Cielo, por ejemploejemplifican claramente lo que puede ocurrir cuando alguien pone su vida en manos de un fanático. Y todo ello ha provocado el descrédito de los maestros y comunidades espirituales que quedan fuera de la comente religiosa principal de Occidente.

Es importante, pues, aprender a distinguir entre los maestros verdaderos y los maestros falsos, entre las comunidades espirituales realmente transformadoras y las enfermas. Tanto el falso profeta como el auténtico maestro socavan las pautas habituales del ego, pero éste alienta la liberación, mientras que aquél promueve la esclavitud. ¿Cómo podemos diferenciarlos? ¿Cuáles son los rasgos característicos de la auténtica autoridad espiritual?



Rasgos distintivos de las sectas destructivas

Hace unos años participé en un grupo de estudio -patrocinado por el Center for the Study of New Religious Movements y financiado por el National Endowment for the Humanitiesde las pautas de autoridad de un número importante de movimientos religiosos ajenos a la corriente principal de la religión occidental. Formado por psicólogos, filósofos y sociólogos, el grupo se dedicó a entrevistar a maestros e integrantes de muchos grupos espirituales que cubrían el amplio abanico que va desde los manifiestamente patológicos (como el Templo del Pueblo, de Jim Jones) hasta comunidades francamente sanas, sensatas y provechosas, pasando por otras cuya salud era incierta. Estas entrevistas y mis propias observaciones personales de los grupos espirituales a través de los años me han llevado a concluir que los grupos potencialmente patológicos o destructivos comparten las siguientes características:


1. El líder asume todo el poner para validar o negar u sus discípulos y no tiene el menor empacho en utilizarlo. El líder de los grupos patológicos suele ser una personalidad magnética y carismática que, en palabras de Eric Hoffer, «exhiba una confianza ilimitada en sí mismo. Es evidente su arrogancia, su rechazo de la opinión de los demás y su actitud francamente desafiante», una actitud de seguridad absoluta que suele llamar la atención de las personas con una baja autoestima que quedan fascinadas por las grandiosas manifestaciones del líder autoproclamado de la secta. Como dice Hoffer: «la fe en una causa santa [...] sustituye a la fe perdida en uno mismo». Como la cara y la cruz de la misma moneda, el falso profeta y el verdadero creyente están hechos el uno para el otro. Es esa especie de confabulación la que permite que el líder detente todo el poder y el control a cambio de unas migajas de confianza, seguridad y poder.

En consecuencia, las personas que poseen una pobre confianza en sí mismas son presa fácil de los líderes de las sectas destructivas. Por ejemplo, las ceremonias de la secta del Templo del Pueblo, incluían con frecuencia rituales de humillación en los que el líder ridiculizaba en público los fallos y fracasos de sus discípulos. Después de haber humillado de este modo a un integrante del grupo, Jim Jones se dedicaba a reconstruir su personalidad. Como dijo un superviviente de Jonestown:

Primero te convenían en nadie. Te destruían y vaciaban tu mente hasta el punto de no saber nada. Después debías agradecerles lo que habían hecho, fuera lo que fuese. En ese momento ya no tenías nada y dependías de ellos absolutamente. Lo único que tenías era negativo. Jones decía: «Ahora me escucharéis y os diré lo que está bien» y la mayor parte de la gente le creía [...] porque les hacía creer que eran alguien.

Según afirma una antigua integrante de Synanon. Chuck Dederich (el fundador de la secta) tenía una forma parecida de actuar«Te acercas a un grupo y les dices: "Sov muy feliz. Mi vida es maravillosa . He hecho muchas cosas buenas y estoy muy contento ¿Cómo estás tú'1 No parece que estés tan bien. ¿.Quién prefieres ser? ¿Tú o ". Como resulta evidente que tú te sientes pésimamente y que yo estoy muy bien no te queda más remedio que responder "Tú"». Al comienzo, este miembro se sintió impresionado por la ilimitada confianza en sí mismo que mostraba Dederich. Según dice: «era carismático, divertido, brillante, y tenía un instinto tan increíble que acabé enamorándome de él». Pero. al renunciar a sí misma para tratar de ser como Dederich, le otorgó todo su poder. Dederich entonces ratificaba su poder confirmando su importancia: «Cuando Chuck Dederich dijo que yo era fantástica me sentí excepcionalmente bien. Yo creía a pies juntillas todo lo que me decía. Por eso seguía acercándome a la gente y les preguntaba: "¿Quién prefieres ser? ¿Tú o yo?". Y ellos respondían: "Tú" y yo creía que todo estaba bien».

Así es como líderes del tipo Jones y Dederich eliminan los viejos (y frágiles) apoyos del ego del sectario y los reemplazan con su propia aprobación, lo que hace que sus seguidores se sientan importantes y especiales. Por esto, en lugar de ser una relación adulta y basada en el respeto a la dignidad humana, la relación entre el líder de la secta y sus seguidores se asemeja a la que existe entre un padre y su hijo (no en vano los miembros de Jonestown llamaban «papá» a Jim Jones) hasta el punto de que el seguidor acaba asumiendo una identidad satélite de esa figura paterna. Y, cuanto mayor es el poder que delegan los seguidores en el líder, más dependen de él para seguir conservando su aprobación. Como decía un antiguo ex-sectario: «Verte súbitamente privado de este amor [el amor del líder] es como entrar en cuarentena, una situación que no hace sino alentar el deseo de recuperar su amor. En tal caso harás lo que sea, porque este amor te sienta bien y te hace sentir que eres una buena persona». 
2. El objetivo central del grupo es una causa, una misión c una ideología que jamás puede cuestionarse. El líder es el que impone la ideología, mientras que los seguidores la aceptan a pies juntillas sin cuestionar las creencias que la asustan. Es muy frecuente que el líder mantenga su postura afirmando tener contacto directo con Dios o con una fuente de autoridad inaccesible para sus discípulos, lo cual aumenta su dependencia de «la palabra» del líder para que interprete los hechos y les diga lo que tienen que hacer, con lo cual su inteligencia comienza a atrofiarse.

La ideología del grupo es algo tan serio que nadie osa bromear al respecto y tampoco caben las bromas en torno al líder. Es como si los integrantes se hallaran atrapados en lo que cierto exsectario calificó como «una visión hermética del mundo, una especie de laberinto intelectual». Como dice Eric Hoffer;


Todos los movimientos de masas se esfuerzan [...] en interponer un filtro protector entre el creyente y la realidad. Las sectas lo hacen afirmando que su doctrina encarna la verdad última y absoluta, y que no hay ninguna verdad ni certeza ajena al grupo. Los hechos en los que el verdadero creyente basa sus conclusiones no se derivan de su experiencia ni su observación, sino de las sagradas escrituras [...] Hay ocasiones en que resulta pasmoso advertir cuánta incredulidad hace falta para hacer plausible una determinada creencia.
La eficacia de tal ideología no se deriva tanto de su verdad o significado intrínseco, como de la certeza absoluta, una certeza que no se apoya tanto en la comprensión o la demostración como en la creencia. Si los creyentes tuvieran que comprender o demostrar su doctrina, deberían confiar en la validez de su propia experiencia, algo poco probable dada la baja autoestima que les lleva a ingresar en el grupo. Por esto, cuanto menor es la confianza de los sectarios en sí mismos, mayor es su tendencia a asumir la imagen prevalente del miembro ideal del grupo llegando a imitar, muy a menudo, las actitudes, gestos e ideas del líder.

Esta situación crea un ambiente general de suspicacia, de modo que cualquier interpretación que se aleje de la visión oficial del grupo es considerada como una herejía, una deslealtad o una traición a la causa, generando una red de espionaje interno que se ocupa de descubrir a los presuntos disidentes. Y es que, cuando alguien ha renunciado a su propia inteligencia y autonomía, S£ siente muy amenazado por cualquier idea independiente de sus compañeros y asume de buen grado el papel de delator. Como dice Hoffer: «la estricta ortodoxia es el resultado natural de combinar la fe ciega con una atmósfera general de suspicacia». Una ex-integrante de uno de esos grupos describía del siguiente modo este situación:


Yo no podía decirle a un compañero «¡Qué reunión más mala!», porque siempre cabía la posibilidad de que llamase de inmediato (al líder) y le dijera: «Betty acaba de decir que ha sido una reunión muy mala». Y eso que éramos buenos amigos. Nadie podía confiar en nadie, ni siquiera en su propia pareja. Esta es una dinámica muy importante del control [...] y debo decirle que los buenos amigos acabamos haciéndonos cosas terribles.
Y es que, en un grupo en el que la autoestima depende de la Causa, la más pequeña duda es un pecado mortal.

La obediencia a la Causa no se basa tanto en la búsqueda de la verdad o en una disciplina de autoconocimiento como en las creencias y las necesidades emocionales de pertenencia y aprobación, todo lo cual lleva a utilizar la ideología para justificar conductas moralmente reprobables. Es así como la Causa acaba prevaleciendo sobre la honestidad y el respeto a la dignidad humana.


3. El líder mantiene en su sitio a sus seguidores manipulando sus expectativas y sus temores. La moneda utilizada por el líder de la secta es la promesa. El líder promete a sus seguidores que, si permanecen fíeles a la causa, alcanzarán la salvación o lograrán un estado especial que les colocará sobre el resto del mundo. Estas recompensas operan a modo de «zanahorias» que apelan a la codicia, la vanidad y la empobrecida autoestima de los seguidores y acaban colocando un supuesto futuro por encima de la experiencia presente.

Para asegurarse de que el rebaño no se desmande, el líder de la secta no suele tener empacho alguno en recurrir al «método del palo», intimidando a sus discípulos con represalias o amenazas de condena. Es así como el grupo acaba recluido entre los muros del terror. A veces llega incluso a amenazarse a quienes pretenden abandonar el grupo con la persecución y la muerte. Un sobreviviente de Jonestown describe del siguiente modo la forma en que Jim Jones utilizaba esta táctica: «Jones decía que, si abandonábamos el grupo, no debíamos olvidar que tenía conexiones con la Mafia y con la CÍA. En este sentido, decía: "Si te vas estás apañado, porque no habrá lugar alguno en el que puedas esconderte"». Según afirma un ex-miembro de otra secta destructiva: «La zanahoria era transpersonal y decía algo así como: "Éste es el camino de la salvación. Si te desvías de él no harás más que ponerte de parte del mal y acrecentarlo". Así era como se alentaban nuestros miedos. Y otra cosa que nos asustaba mucho era abandonar el grupo y adentrarnos en el mundo de los "espiritualmente condenados"».

Poco importa que estos miedos nos parezcan absurdos, porque no hay que olvidar que los miembros de la secta han renunciado a su propia voluntad y son presa fácil de la manipulación emocional. Como dice Hoffer: «La enajenación de uno mismo, condición previa de la conversión, suele ocurrir en una atmósfera de intensa pasión |...] Una vez rota la armonía con el yo [...] la persona [...] anhela fundirse con cualquier cosa que quede a su alcance. Es como si no pudiera permanecer a solas y equilibrado, sino que necesitase estar atado a una persona o a una cosa».


  1. Existe una frontera muy estrecha y rígida entre el grupo y el mundo exterior. Desde esta perspectiva, estar en el grupo se considera como la culminación de lo bueno, mientras que permanecer en el mundo se desdeña como algo rebajado y corrupto. Estos grupos suelen creer en la idea del mal absoluto, al que, obviamente, sitúan más allá de sus fronteras. En palabras de Hoffer,< la fuerza de un movimiento (...) es proporcional a la intensidad y tangibilidad de sus demonios>.

Por ello no es extraño que, para desalentar la independencia. se impida que los miembros del grupo pasen mucho tiempo a solas o con sus familias. Hay ocasiones, como ocurrió en Synanon, en las que las uniones entre parejas se socave también deliberadamente como una forma de fomentar la dependencia.
5. Los líderes de las sectas destructivas suelen ser profetas autoproclamados que no han pasado largos períodos de formación bajo la tutela de grandes maestros. Son muchas las tradiciones religiosas -como el budismo y otras tradiciones orientales que poseen linajes claros de transmisión espiritual, de modo que, antes de poder enseñar a los demás, se ven obligados a demostrar palpablemente su maestría. Se trata de un proceso de verificación y transmisión que cumple con una función semejante al control de calidad que asegura la transmisión fiel de las enseñanzas sin que el maestro las distorsione en su provecho personal. La mayor parte de las figuras de los líderes de sectas peligrosas de nuestros tiempos son gurúes autoproclamados y carismáticos que alejan a sus seguidores del entorno estabilizador de la tradición, el linaje y la transmisión. Hay ocasiones en que llegan a hacer afirmaciones tan ridiculas y falsas como la de aquel líder que reclutó a sus seguidores enumerando la larga lista de encarnaciones que había vivido como ser iluminado de las grandes tradiciones.




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