Psicología del aprendizaje


La explicación del reflejo condicionado



Descargar 1.08 Mb.
Página6/14
Fecha de conversión03.12.2017
Tamaño1.08 Mb.
Vistas1440
Descargas2
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14

4. La explicación del reflejo condicionado
La hipótesis pavloviana acerca de los mecanismos de excitación, inhibición, irradiación y concentración intentó suministrar una explicación teórica acerca del proceso de formación de los reflejos condicionados, la hipnosis, el sueño y los estados patológicos como las neurosis y las psicosis. A partir del siguiente ejemplo (Garrett H, 1966) veremos cómo es posible la explicación referente a los reflejos condicionados.

Sabemos que un perro saliva cuando ve comida. Sabemos también que podemos condicionar a un perro para que salive en presencia de otro estímulo, como por ejemplo una estimulación acústica o visual.

Elegiremos, sin embargo, un estímulo táctil aplicado sobre la piel porque, como dicen acertadamente Woodworth y Schlosberg (1971:569), la piel y la corteza cerebral son superficies constituidas por puntos (periféricos en la piel y centrales en la corteza, como hemos visto), y entonces puede hacerse más fácilmente una comparación entre ambas superficies en lo que respecta a los procesos de excitación e inhibición, que ocurren tanto en la superficie cortical como en la dérmica.

Vamos a partir del esquema 7. El perro en cuestión fue condicionado para salivar cuando era estimulado en los puntos A1, A2, A3 y A4 de la pata trasera. Así, si tocamos alguno de esos puntos, el perro saliva, y por ello son puntos periféricos positivos o puntos de excitación. Son periféricos porque están en la piel, y son positivos o excitatorios porque su estimulación provoca una respuesta.


Esquema 7

Una vez formados estos reflejos condicionados, se procedió a elegir otro punto B tal como lo vemos en el esquema. Cuando ese punto B fue estimulado, se produjo salivación, a pesar de que el reflejo condicionado se había formado solamente a partir de los puntos A1, A2, A3 y A4. ¿Qué sucedió? Aquí ocurrió lo que Pavlov llama una generalización: los cuatro puntos A estimulados se generalizaron a las zonas vecinas de la piel, o también, la excitación se propagó, se generalizó hacia las zonas vecinas, afectando así al punto B. Esta generalización que se da a nivel de puntos periféricos es correlativa de la irradiación de la excitación, que se da en el nivel de los puntos centrales de la corteza, e incluso más: la irradiación, que es cortical, es lo que permite explicar la generalización, que es periférica.

Hasta aquí podemos ir sacando nuestra primera conclusión: los puntos de excitación o positivos irradian (o se generalizan) hacia zonas vecinas, convirtiendo los puntos vecinos también en puntos de excitación.

Pero el experimento siguió. A continuación, se procedió a estimular repetidamente el punto B pero SIN presentarle al perro la comida, hasta que finalmente, como dicha estimulación táctil no estaba asociada con comida, el perro dejó de salivar (es lo que Pavlov llamaba extinción experimental). Podemos describir esta situación diciendo que el punto B dejó de ser un punto de excitación o positivo, generador de respuesta, y pasó a ser un punto de inhibición o negativo, porque su estimulación dejó de producir la respuesta de salivación. En una siguiente etapa, se estimuló el punto negativo B y a continuación el punto positivo A4, comprobándose con sorpresa que el perro no salivaba (uno hubiese esperado que salive porque se estimuló el punto A4). Asimismo, cuando se estimuló el punto B y luego el A3 el perro segregaba la mitad de la saliva, mientras que cuando se estimuló el punto B y luego los puntos más alejados A2 y A1 el perro salivaba como siempre. Este interesante efecto podemos calificarlo como una generalización de la inhibición (del punto B hacia los puntos A), y Pavlov lo atribuyó a la irradiación de la inhibición, a nivel cortical.

Obtenemos así una segunda conclusión: los puntos de inhibición o negativos irradian (o se generalizan) hacia las zonas vecinas, convirtiendo los puntos vecinos también en puntos de inhibición. Pero, al irradiarse la inhibición, se produce como consecuencia de ello una concentración de la excitación: el perro ya no saliva plenamente ante la estimulación de los cuatro puntos A, sino sólo de los puntos A1 y A2. Esto nos lleva a la tercera conclusión: la irradiación de la inhibición lleva a una concentración de la excitación. Y al revés, también sucede que la irradiación de la excitación produce una concentración de la inhibición, que resulta ser nuestra cuarta conclusión.

Estas dos últimas conclusiones nos revelan que los procesos de excitación e inhibición se influyen recíprocamente, situación que ha sido descripta por Pavlov como inducción recíproca: al irradiarse, la excitación influye sobre la inhibición (inducción positiva), y la inhibición, la irradiarse, influye sobre la excitación (inducción negativa). Nuestra conclusión general será entonces la siguiente: los reflejos condicionados pueden ser explicados a partir del juego recíproco de la excitación y la inhibición, a través de la irradiación, la concentración y la inducción recíproca.

Una objeción posible a estos procedimientos descritos es la siguiente: no podemos sacar semejantes conclusiones generales a partir de haber examinado un solo caso experimental, de la misma forma en que no podemos sacar la conclusión general de que todos los ingleses son altos a partir de haber visto un solo inglés que lo era.

Respondemos a esta objeción: el caso que hemos examinado reúne, en realidad, las características de 'cualquier' caso de formación de reflejo condicionado, sea provocado experimentalmente, sea que se haya establecido naturalmente en la vida. En efecto, en todos esos casos, siempre ocurre que: a) hay cierto estímulo que provocará una excitación, generando una respuesta, como sería la estimulación de los puntos A para provocar salivación. Pero sobre todo b) además del estímulo que provoca la respuesta, en el ambiente siempre hay toda una serie de estímulos, cuya influencia no podemos evitar y que actúan, al igual que el punto B, como estímulos inhibitorios, ya que esos estímulos accidentales no están asociados para producir la respuesta.

Por ejemplo, cuando entrenamos a un perro para venir al grito de "¡Venga!", este grito funciona como estímulo excitatorio porque a él el perro responderá viniendo hacia nosotros, por haber asociado repetidamente el sonido "¡Venga!" con el acto de alimentarlo, pero mientras entrenamos al perro influyen sobre él toda otra serie de estímulos que también se dan mientras el animal come, como los gritos de nuestro hijo que anda cerca, los truenos, los relámpagos y el ruido de los colectivos que pasan. El perro no aprende solamente a venir al grito de "Venga" sino que también aprende a no venir cuando ocurren los otros ruidos, estando ambos fenómenos relacionados, respectivamente, con la excitación y la inhibición, e interinfluenciándose entre sí a a través de la inducción recíproca.
5. Neurosis experimentales
La inducción recíproca fue considerada por Pavlov como un principio fundamental que regía el funcionamiento del sistema nervioso, junto con los procesos de excitación e inhibición. Pavlov enunciaba el principio de la inducción recíproca en los siguientes términos (Pavlov I, 1972): si un proceso de excitación se propaga desde un punto dado (punto A del esquema 7) y un proceso de inhibición lo hace desde otro (punto B del mismo esquema), ambos se limitarán, se encerrarán recíprocamente en los límites de una zona determinada.

Tal vez la consecuencia más importante que puede inferirse de este principio es el hecho de que el organismo puede así 'discriminar' estímulos. Discriminar un estímulo significa 'saber' cómo responder a él: cuando el perro responde salivando a la estimulación en A1 es que ha discriminado, ha identificado claramente ese estímulo como positivo o excitatorio, porque ha respondido salivando. Del mismo modo, cuando el perro NO responde al estímulo en B también lo ha discriminado como negativo o inhibitorio.

Ahora bien, el lector habrá advertido que hay ciertos puntos de estimulación, como el A4, donde el perro responde con la mitad de la producción de saliva, porque está en el límite entre la onda excitatoria proveniente de A y la onda inhibitoria proveniente de B. El hecho de que haya salivado la mitad nos induce a suponer que el perro no ha podido discriminar bien el estímulo como excitatorio o como inhibitorio, al haber producido una respuesta ambigua. Esta dificultad para discriminar estímulos está en la base de las neurosis. En un comienzo, eran fenómenos que ocurrían sin control en los experimentos, hasta que a Pavlov se le ocurrió estudiarlos en detalle por parecerles muy significativos. Produjo entonces ciertas situaciones en las cuales el perro no podía discriminar estímulos, es decir, no sabía si responder o no a la estimulación. Estas neurosis provocadas fueron llamadas neurosis experimentales.

Tomemos un ejemplo típico. Se condicionó a un perro a salivar ante la vista de un círculo. Luego, fue condicionado a NO salivar frente a una elipse (es decir, se le presentaba la elipse sin la presencia de comida). Después, al perro se le fueron mostrando figuras cada vez más parecidas a un círculo y a una elipse, como por ejemplo un círculo ligeramente achatado. En este punto el perro no pudo discriminar si al círculo achatado debía responder salivando o no, y entonces empezó a llorar, morder todo lo que tenía alrededor e incluso intentó saltar de la mesa de experimentación. Mientras tanto, la saliva fluía ante 'cualquier' estímulo indistintamente: había perdido la capacidad discriminativa.

Para Pavlov, a grandes rasgos encontramos el mismo mecanismo en las personas neuróticas. Por ejemplo, en las fobias no pueden discriminar entre los estímulos peligrosos y los no peligrosos, y en las neurosis obsesivas no pueden discriminar entre tareas importantes y tareas inútiles, como lavarse las manos compulsivamente.

Y hablando de lavarse las manos, podemos fantasear con el siguiente experimento imaginario. Un policía ha sido adiestrado para discriminar estímulos. Por ejemplo, frente al estímulo "persona que afirma que hay marcianos" responde llevándolo al manicomio, y frente al estímulo "persona con delantal blanco" responde dejándolo tranquilo porque seguramente es el médico. De idéntica forma, deja tranquilo a la persona que dice que los marcianos no existen, pero se lleva al manicomio al que luce un chaleco de fuerza.

El problema se produciría cuando el policía no puede discriminar estímulos, es decir, no sabe si llevárselo o no, como por ejemplo frente a una persona con delantal blanco que dice que los marcianos existen, o bien frente a una persona con chaleco de fuerza que dice que los marcianos no existen. Si este policía se encuentra a estas dos últimas personas, ¿a quién se lleva? No creemos que se desate en el policía una neurosis experimental y empiece a llorar y patalear. Muy probablemente delegará la responsabilidad en su superior inmediato, lo que viene a probar que, a diferencia del animal, el hombre es capaz de lavarse las manos. Pero hablando en serio, lo que intentamos mostrar con este imaginario experimento es que el mecanismo de la neurosis en el hombre es bastante más complicado y no puede ser reducido a una simple cuestión de reflejos condicionados.
6. Hacia una tipología del sistema nervioso
Hemos visto hasta aquí que hay varios estereotipos posibles según las características que tengan los puntos de excitación o de inhibición (esquema 3). Algunas de estas configuraciones posibles son muy estables en el tiempo, lo que justificó la idea de considerarlas como tipologías (casos típicos) del sistema nervioso. Sobre esta base, Pavlov (1972) clasificó los estados del sistema nervioso en cuatro tipos bien diferenciados, como podemos ver en el esquema 8, utilizando como criterios de clasificación la intensidad, el equilibrio y la movilidad.
Esquema 8


Sistema nervioso fuerte

Desequilibrado

Móvil o lábil

Sanguíneo según Hipócrates

Inerte o lento

Flemático según Hipócrates

Desequilibrado




Colérico según Hipócrates

Sistema nervioso débil







Melancólico según Hipócrates

En primer lugar, el sistema nervioso puede ser fuerte o débil. Los sistemas nerviosos fuertes son aquellos donde tanto la excitación como la inhibición son ambos procesos muy intensos. Debemos pensar que esto no significa que haya mayor cantidad de puntos de excitación o de inhibición, sino que alude a la intensidad con que dichos puntos se excitan o inhiben, lo cual depende de la capacidad funcional de las células corticales. Los sistemas nerviosos débiles, en cambio, se caracterizan porque los procesos de excitación e inhibición tienen menor intensidad. El sistema nervioso débil NO ES aquel donde predomina la inhibición, sino aquel, reiteramos, donde tanto la excitación como la inhibición son pobres.

Los sistemas nerviosos fuertes pueden a su vez estar equilibrados o desequilibrados. En los sistemas equilibrados no hay ningún predominio de la excitación o de la inhibición, y en el sistema desequilibrado hay un neto predominio de la excitación, típico de los individuos excitables e impulsivos.

Finalmente, los sistemas nerviosos equilibrados pueden ser móviles o inertes, según el grado de movilidad de los puntos excitatorios e inhibitorios: en un sistema móvil, por ejemplo, existe mayor facilidad para pasar de un estado de excitación a uno de inhibición, o viceversa. En un sistema inerte, en cambio, hay precisamente una inercia: un estado excitatorio tiende a mantenerse como tal, y uno inhibitorio también.

Los cuatro tipos de sistema nerviosos son aplicables tanto a los animales como a los seres humanos. Pero como veremos más adelante a propósito de las neurosis y psicosis, existen ciertos otros tipos que son específicamente humanos. Como vemos en el esquema 7, Pavlov relacionó sus cuatro tipologías con los temperamentos identificados mucho tiempo antes por Hipócrates. Estaba, entonces, de acuerdo en este punto con el famoso médico de la antigüedad, pero no lo estaba con la más moderna clasificación de Kretschmer, por ejemplo. Para Pavlov se trataba de una clasificación demasiado simple (Hilgard E, y Bower G, 1983), se basaba en la consideración de estados patológicos, y además no distinguía genotipo de fenotipo.

Respecto de este último punto, aclaremos que para Pavlov el carácter real (fenotípico) de una persona está determinado tanto por factores genéticos (genotipo) y por factores ambientales. El factor genético está dado por las características ya indicadas del sistema nervioso (intensidad, equilibrio, movilidad), y el factor externo por las experiencias vividas por el organismo en su contacto con el medio externo.


Pavlov desarrolló también los tipos patológicos de la siguiente manera:


Patología

Tipo de S.N.

Tipo de señal

PSICOSIS

Psicosis maníaco-depresiva

Fuerte

-------------

Esquizofrenia

Débil

-------------

NEUROSIS

Neurastenia

Débil

Intermedio

Histeria

Débil

Artístico

Psicastenia (obsesiones – fobias)

Débil

Meditativo

Como se ve, las dos psicosis de Kretzmer se corresponden con una alteración de sistemas nerviosos fuertes (o impetuosos) y débiles.

Asimismo, por ejemplo en la histeria encontramos debilitado el segundo sistema de señalización (por ello predomina el primero, el artístico), ocurriendo lo contrario en la patología neurótica de Janet: la psicastenia.

En función de los mismos criterios se pueden también explicar los síntomas específicos de las patologías, como así también sus diversas manifestaciones clínicas. Así, un debilitamiento de la excitación es lo que explica la narcolepsia, la cataplexia, la catalepsia, les sentiments d’emprise (Janet), la inversión (Kretzmer), la catatonía, etc.

Existen también patologías derivadas de la movilidad del S.N. (sistema nervioso), que básicamente son dos: 1) debilidad patológica o irritativa, donde luego de una gran intensificación de la excitación, viene enseguida su rápido agotamiento; 2) inercia patológica: al revés, el estado de sobreexcitación persiste aún cuando se creen las condiciones que normalmente transforman la excitación en inhibición. Esto se ve en los fenómenos de estereotipia, obsesión, paranoia y otros.

Los casos 1) y 2) se refieren a la excitación, pero también puede estar afectada la inhibición, por ejemplo cuando se debilita la inhibición, lo cual lleva a un excesivo predominio de la excitación, por ejemplo agitación, impaciencia, violencia, etc, y en el hombre, como estados maníacos o sub-maníacos. La debilidad enfermiza del proceso de inhibición explica los síntomas fóbicos en los perros (reacciona exageradamente a un peligro que no justifica la intensidad de la reacción), y además explica los delirios de persecución en la patología humana. Además de la debilidad del proceso de inhibición (que como vimos aumenta mucho la excitación), existe también la patología inversa de la inhibición: la inercia patológica de la inhibición. En síntesis, tenemos como patologías de la movilidad:


1. Debilidad de la excitación

2. Inercia de la excitación

3. Debilidad de la inhibición

4. Inercia de la inhibición


7. El problema del sueño
Pavlov dedica el capítulo 11 de “Reflejos condicionados e inhibiciones” a la explicación del sueño, y comienza señalando que cuanto más perfeccionado está el sistema nervioso, más importante es su segmento superior como centro de mando. Este controla todos los otros fenómenos, aún aquellos que, como los puramente vegetativos, parecieran no sufrir su influencia. Los fenómenos de sugestión, autosugestión hipnótica y sueño hipnótico prueban esto.

Los grandes hemisferios, es decir el segmento superior, controlan tanto la vigilia como el sueño, y todas las actividades que en esos estados se producen. Por ejemplo, podemos voluntariamente evitar dormirnos.

El estudio del sistema nervioso superior mediante el método de los reflejos condicionados nos permitió concluir que toda nuestra vida está regida por la interacción entre excitación e inhibición, procesos siempre presentes en cada célula y cada fibra nerviosa. Por ejemplo, la inhibición aparece por sí misma allí donde se desarrolla un proceso de excitación, aunque otras veces podemos provocarla experimentalmente para aislarla y estudiarla.

Sabemos que hay excitantes que producen en el SN central procesos de excitación, y otros que producen procesos de inhibición. Hemos comprobado reiteradamente que cuando hacemos intervenir un excitante inhibidor se produce en el animal un estado de somnolencia o sueño. Este estado a su vez lo podemos anular administrando al animal nuevos excitantes que hacen que la inhibición quede circunscripta y concentrada sólo en determinado sector. Por tanto debemos admitir que los procesos de excitación e inhibición pueden irradiarse y concentrarse, y este es todo el secreto. La somnolencia o sueño surge cuando la inhibición se irradia, y siempre lo hace lentamente: no nos dormimos de golpe, como tampoco quedamos completamente despiertos en un instante.

Ejemplo: un perro que se está durmiendo deja poco a poco de responder a los estímulos: primero le cuelga la lengua, después no puede masticar la comida que se le da, luego no puede mover el cuello, etc. La inhibición se va propagando lentamente, hasta que por fin todo su cuerpo reposa. Esto prueba que sueño e inhibición son la misma cosa. La única diferencia es que mientras la inhibición puede quedar circunscripta a un determinado sector nervioso, el sueño y la hipnosis son inhibiciones propagadas a zonas más amplias. También lo es la narcolepsia (tendencia ingobernable al sueño que aparece periódicamente) y la cataplexia (estado de estupor observado en ciertos animales cuando se los obliga a permanecer un tiempo en posición antinatural).

Otros experimentos se hicieron con perros, y se comprobó lo siguiente: si a un perro le suprimimos de golpe todos los sentidos (vista, olfato, oído, etc) cae inmediatamente en un estado de sueño profundo del cual es muy difícil despertarlo, haciéndolo sólo para las necesidades básicas. Pero si le suprimimos un sentido por vez con intervalo de algunos meses, no sucede eso. Tampoco queda normal y activo, pero no cae en un sueño profundo. De hecho, cuando estimulamos el único sentido que le queda intacto, responde normalmente. Estas pruebas nos sugieren la existencia de dos clases de sueño: uno pasivo, provocado por la abolición simultánea de gran número de excitaciones recibidas por los grandes hemisferios, y otro activo, donde la inhibición va irradiándose progresivamente.

Al sueño pasivo no podemos explicarlo a partir de un estado neutro (donde no habría ni excitación ni inhibición) pues siempre están estos dos procesos interactuando. Por tanto, consideraremos que el sueño pasivo es también explicable por un proceso de inhibición activa, sólo que dicho proceso en el sueño pasivo ya no está obstaculizado por el hecho de tener que enfrentar un proceso de excitación de gran intensidad. El animal entra en sueño pasivo porque se produce una inhibición provocada a su vez por una excitación monótona de larga duración proveniente del sentido táctil, ya que cuando el perro está acostado recibe su piel continuamente impulsos mecánicos y térmicos (y por experimentos anteriores sabemos que la estimulación monótona producía inhibición). De hecho, cuando trasladamos al perro a otro ambiente, o sea interrumpimos la monotonía, el animal se vuelve más activo.

El sueño también aparece no sólo cuando se suprimen los receptores sensoriales, sino también cuando se suprimen los grandes hemisferios, lo que prueba que el sueño no depende de estos hemisferios. De hecho, el sueño puede producirse por irradiación o concentración de la inhibición en sectores inferiores del SN. Todo ello no refuta la hipótesis de que en condiciones normales, el sueño se inicia en los grandes hemisferios.

La encefalitis letárgica y los experimentos del fisiólogo suizo Hess hicieron pensar a algunos investigadores que el centro del sueño está en el hipotálamo (parte del diencéfalo o cerebro intermedio), hipótesis basada en el hecho de la correlación entre hipotálamo lesionado o afectado y estado de sueño o somnolencia. No obstante, muchas veces una alteración nerviosa no aparece como lesión anatómica sino funcional, inobservable como lesión, y entonces es posible que en el sueño patológico estén alterados funcionalmente los grandes hemisferios, lo que desecharía la hipótesis de que el único centro del sueño es el hipotálamo.

Para Pavlov el sueño encefalítico resulta de la separación, por una afección del hipotálamo, entre los grandes hemisferios y las estimulaciones internas (que el hipotálamo no puede recibir y comunicar a los grandes hemisferios), lo que lleva consigo un formidable descenso del tono (tono indispensable para mantenerse despierto), cosa que también se observa cuando experimentalmente suprimíamos de golpe todos los sentidos. Por tanto, si en la encefalitis se produce sueño no es porque allí esté lesionado el hipotálamo como centro del sueño, sino porque la lesión del hipotálamo, al no poder transmitir excitaciones a los grandes hemisferios, produce en ellos un descenso del tono que induce el sueño.

Contrariamente a Hess, Pavlov sostiene que no hay un sector cerebral especializado en el sueño (u otro en la vigilia, por ejemplo). De hecho, cualquier zona del SN, si se la condiciona, puede transformarse en un centro hipnógeno (generador de sueño o hipnosis).
Discusión.- Pavlov contesta algunas preguntas, y comienza respondiendo a la pregunta de cómo se explica la ausencia del sueño cuando se suprimieron los sentidos en diferentes lapsos de tiempo, diciendo que la inacción de un receptor lleva consigo el reforzamiento de los demás (por ejemplo, los ciegos tienen un tacto muy sensible).

Responde también a la pregunta de porqué en el sueño soñamos, y dice: la irradiación de la inhibición que produce el sueño comienza siempre en los grandes hemisferios, donde está el segundo sistema de señalización (las palabras) de manera que lo primero es la supresión de este sistema de señales. A continuación, la inhibición sigue irradiándose hacia abajo, hacia el sector inferior del SN, donde domina el primer sistema de señalización (las imágenes), lo que explica que en un sueño poco profundo tengamos actividad onírica: quedó inhibido el segundo sistema de señales pero aún no el primero. Esto también queda explicado a partir de la inducción positiva: cuando un sector entra en inhibición, el vecino entra en excitación, o sea al inhibirse el segundo sistema, se excita el primero.

El sueño es producido por estimulantes internos (por ejemplo la fatiga) y externos (estimulación rítmica y monótona del exterior): ambos estimulan la inhibición.

Respondiendo otra pregunta, Pavlov contesta que si durante el sueño aparecen accesos convulsivos, es porque en los grandes hemisferios quedaron intactos algunos islotes de excitación.

Como explicar la hipnosis y la relación aperceptiva (o sea el sujeto atiende sólo a la palabra del hipnotizador, estando anulado todo otro contacto con el mundo)? La hipnosis es un sueño que se va propagando a partir de un punto dado. El hipnotizador actúa sobre un punto aislado de excitación de la corteza, estando todo el entorno inhibido. Luego, la hipnosis no es un sueño completo sino parcial, ya que en el sueño completo o natural hay una inhibición general de los grandes hemisferios con excepción de los puntos de guardia o vigilia. En la hipnosis hay una inhibición parcial que sólo ocupa un núcleo determinado.

Finalmente la alternancia rítmica de vigilia y sueño se explica a partir del agotamiento de la actividad vigil, que estimula internamente el sueño.


8. Recapitulación y conclusiones
Los planteos de Pavlov en el capítulo 12 de “Reflejos condicionados e inhibiciones” sirven como recapitulación de todos lo dicho. Comienza Allí Pavlov expresando que hubo varios intentos por establecer una conexión entre la fisiología y la psicología, como por ejemplo los de Weber-Fechner y Wundt. Otros autores en cambio, preconizaban la total independencia de ambas disciplinas.

Los intentos por unificar la fisiología y la psicología se habían basado hasta entonces en experimentos de excitación artificial y destrucción de ciertas zonas cerebrales, pero no fueron proseguidos.

El intento de Pavlov consistió en buscar algún ‘fenómeno psíquico elemental’ que al mismo tiempo pudiera ser considerado propiamente fisiológico (con lo cual se unificaba fisiología y psicología), y examinar sus condiciones de aparición, desaparición, etc, para así poder tener un cuadro completo de la actividad nerviosa superior. Este fenómeno elemental es el reflejo condicionado.

Veamos dos experimentos.


Experimento 1: Colocamos un ácido débil en la boca del perro (estímulo) y este reacciona defensivamente con bruscos movimientos secretando también saliva (respuesta).

Experimento 2: Igual que el anterior, pero al mismo tiempo que ponemos el ácido hacemos un ruido (otro estímulo). Al poco tiempo el perro reaccionará con movimientos bruscos y con secreción de saliva al escuchar el ruido, aunque no hayamos puesto al mismo tiempo el ácido.

El primero es un reflejo incondicionado o absoluto, y el segundo un reflejo condicionado o temporal. Hay varias diferencias entre ellos:

a) Están regidos por áreas distintas del sistema nervioso: el primero por la médula, o sea, no llega a los centros nerviosos superiores, y el segundo se rige por los grandes hemisferios (centros nerviosos superiores).

b) El primero se hizo sin ninguna preparación previa, ninguna condición (por eso se llama incondicionado), y el segundo se logró con una preparación previa (asociar el ácido con el ruido).

c) La diferencia anterior puede explicarse en términos fisiológicos de conducción nerviosa: el primer reflejo se realizó por la conducción directa del flujo nervioso (Bahnung), y el segundo gracias al cierre y la apertura de diversos circuitos nerviosos.

d) Por lo tanto, el reflejo absoluto o incondicionado se basa en una conexión permanente entre estímulo y respuesta, pero el reflejo condicionado implica una conexión temporal, que puede aparecer o desaparecer.

En general, los estímulos pueden ser de origen interno o externo. Los estímulos internos son siempre los mismos, son constantes (instintos), pero los estímulos externos son variables ya que el medio externo varía constantemente. Por lo tanto, los reflejos incondicionados no bastan para que el organismo restablezca un equilibrio: para conseguir su equilibrio con el medio externo debe incorporar reflejos condicionados, es decir conexiones temporales yue vayan adecuándose a las variaciones del mundo externo.

Por ejemplo, para no morirse de hambre el animal debe basarse en ciertos estímulos ocasionales, temporales, cambiantes de acuerdo a la variabilidad del medio para localizar y encontrar la comida. No le basta el reflejo incondicionado absoluto de salivar cuando tiene la comida en la boca, y necesita reflejos condicionados que él mismo va formando a partir de los estímulos especiales del medio en que vive.

La unión nerviosa temporal es un fenómeno universal en la vida animal y en la humana. Consiguientemente, lo que los fisiólogos llaman unión temporal (o reflejo condicionado) es lo que los psicólogos llaman asociación.

La condición para que se forme un reflejo condicionado es la coincidencia en el tiempo de dos estímulos o excitantes: el estímulo incondicionado (por ejemplo el ácido), y el indiferente (por ejemplo el ruido). Y tanto más fácil y rápidamente se formará el reflejo condicionado si el primer estímulo precede inmediatamente al segundo o estímulo absoluto.

Obviamente, el reflejo condicionado se elabora en base a los reflejos incondicionados como consecuencia de su interacción con estímulos del medio, debiendo haber además en los grandes hemisferios cerebrales una capacidad para captar dichos estímulos.

La unión temporal condicionada llega a un grado muy alto de especialización y de fragmentación de los estímulos condicionados y de las funciones del organismo, lo cual podemos explicarlo mediante los conceptos de generalización y de inhibición. Si yo elaboro un reflejo condicionado a partir de un tono determinado, también reaccionaré en forma condicionada a cualquier otro tono e incluso a cualquier ruido: esto se llama generalización (del reflejo condicionado). Pero luego esta irradiación se concentra cada vez más en un determinado grupo de células cerebrales, lo cual ocurre al realizar la siguiente prueba: primero formo el reflejo condicionado con un determinado tono hasta que quede bien afianzado; paralelamente empleamos otros tonos o ruidos, que no reforzamos. Por tanto estos últimos pierden poco a poco su efecto, es decir, quedan inhibidos, y el proceso de llama inhibición. Como resultado de todo ello, terminaré reaccionando al tono inicial pero no a los demás tonos y ruidos.

Ahora, si inmediatamente después del empleo de un tono inhibido ensayamos el efecto de un tono condicionado constantemente reforzado, éste no actuará o su acción será más débil. Por lo tanto, la inhibición que ha hecho cesar la acción de los tonos extraños, ha tenido influencia sobre él. Esta acción desaparece si ampliamos el intervalo de tiempo entre la aplicación del tono inhibido y el tono condicionado. Conclusión: el proceso de inhibición también se propaga, igual que el proceso de excitación. Pero cuanto más frecuentes se hacen los tonos no reforzados, más se restringe la irradiación de la inhibición, se concentra cada vez más. Este caso de inhibición que hemos descrito se llama inhibición diferencial.

Hay otros casos de inhibición. Por lo general, cuando se quiere obtener un valor más o menos constante y fijo del efecto condicionado, se prolonga durante cierto tiempo la acción del excitante condicionado, al que se añade un excitante o estímulo absoluto que lo refuerza. Durante los primeros segundos o minutos de la excitación, según la duración del estímulo condicionado, no se registra ningún efecto ya que esta excitación, como señal prematura del excitante incondicionado, queda inhibida. Esto se llama inhibición del reflejo retardado. La inhibición influye en la acción del estímulo condicionado como señal: ésta pasa a ser nula si no se refuerza el estímulo en el momento apropiado.

Esta es la inhibición extintiva, que dura cierto tiempo y desaparece por sí misma. El refuerzo hace reaparecer más rápido la anulada acción del excitante condicionado. Existen, por lo tanto:


a. Estímulos positivos: que producen excitación.

b. Estímulos negativos: que producen inhibición.


La inhibición también puede ser externa o interna. La primera es más o menos constante y tiene lugar en los segmentos inferiores del sistema nervioso central (médula), y la segunda varía mucho en extensión y tiempo de duración y tiene lugar en la corteza cerebral. Se llama inhibición cortical, condicionada o elaborada.

En los casos vistos asistimos a una transformación del proceso de excitación en proceso de inhibición. Por ejemplo los estímulos pueden llegar a islotes de excitación en los grandes hemisferios, pero esos mismos estímulos pueden entrar en unión temporal con el estado de inhibición cortical (si la corteza está en dicho estado), en cuyo caso los estímulos pasan a tener una acción inhibidora.

Una de las leyes fundamentales del sistema nervioso es esta: los procesos de excitación y de inhibición, una vez que se desarrollan en los hemisferios, comienzan propagándose por ellos y luego se concentran en el punto de partida. O sea primero se irradian y luego se concentran. Una de las condiciones para que esto ocurra es la intensidad de ambos procesos, y lo que entonces sucede podemos esquematizarlo así:
Excitación (o inhibición) débil: se produce irradiación

Excitación (o inhibición) media: se produce concentración

Excitación (o inhibición) fuerte: reaparece la irradiación
Por ejemplo, cuando se produce una inhibición débil, se irradia en todo el sector cortical y se produce la hipnosis, la cual puede verse en las respuestas tanto secretoras (por ej. saliva) como motoras (por ej. mover el cuerpo o parte de él). Esta irradiación por inhibición débil se da en tres fases:
a. Fase de igualización: todos los excitantes empleados quedan igualados en cuanto a su efecto.

b. Fase paradójica: los excitantes débiles producen más saliva (por tomar el ejemplo de la secresión) que los excitantes fuertes.

c. Fase ultraparadójica: se produce una desnaturalización completa de los efectos: un excitante condicionado positivo queda sin efecto, pero el excitante negativo produce salivación.
Debemos hacernos a la idea que en toda la corteza existen muchísimos puntos, en cada uno de los cuales encontramos un estado de excitación y otro de inhibición. Por diversos motivos este equilibrio entre excitación e inhibición (que por ejemplo aparece en la vigilia) puede romperse, pudiendo dominar una u otra. Dijimos que cuando la inhibición adquiere una intensidad media se producía una concentración, y esto significa que la inhibición afectó ciertos y determinados puntos circunscriptos en un determinado lugar de la corteza, lo que implica una clara delimitación o límite entre los puntos excitados (que están alrededor) y los puntos inhibidos (circunscriptos).

Otro ejemplo de desequilibrio sería la somnolencia, donde la inhibición alcanzó su máximo tanto en intensidad como en extensión, o sea se ha irradiado o propagado uniformemente por toda la masa de los hemisferios y alcanzó cierta intensidad. No obstante en este estado ciertos puntos pueden permanecer excitados (están de vigilia o de guardia).

Otro ejemplo de desequilibrio: cuando a una persona estando en vigilia se le interrumpen todas las excitaciones: los puntos antes excitados ahora quedan inhibidos. A los perros que se les destruyen los principales centros receptores exteriores (ojo, oído, y olfato) pueden llegar a dormir 23 horas diarias.
Además de la ley de irradiación y concentración, también rige en el sistema nervioso la ley de la inducción recíproca, que dice que el efecto de un excitante condicionado positivo aumenta si se aplica directamente o un poco después un agente inhibidor concentrado (y al revés también: el efecto del agente inhibidor es más preciso y acusado, si sucede a un excitante positivo concentrado). Ambos casos se llaman inducción positiva y negativa, respectivamente.

La ley de irradiación y concentración y la ley de la inducción recíproca están ligadas, se equilibran y refuerzan mutuamente para que haya una mejor correspondencia entre organismo y medio. Ambas actúan en todos los niveles del sistema nervioso.

Anteriormente, a la inducción negativa la habíamos llamado inhibición externa (reflejo condicionado que disminuye o desaparece influido por un agente ocasional extraño), lo que nos llevó a llamar inhibición interna cuando dicho factor extraño no ocurría; por ejemplo, la inhibición extintiva. Pero además de la inhibición externa e interna, está también la inhibición bloqueadora: cuando los excitantes condicionados son muy fuertes, contra lo que podríamos esperar el efecto no aumenta sino que incluso disminuye y es inferior al efecto de excitantes de intensidad media. La inhibición bloqueadora es un caso de inhibición refleja. En suma, los casos de inhibición podemos sistematizarlos así:
a. Inhibición constante, absoluta (inhibición de inducción negativa, inhibición bloqueadora).

b. Inhibición temporal, condicionada (inhibición extintiva, diferencial, retardada).


Cuando el medio es constante, tienden a repartirse en las zonas cerebrales sectores de excitación e inhibición en forma fija. Esta estereotipia se hace difícil de romper cuando el medio empieza a variar de nuevo.

Podemos clasificar los distintos tipos de sistema nervioso de acuerdo a su intensidad, su equilibrio y su movilidad.

Por ejemplo hay sistemas nerviosos donde la excitación y la inhibición son ambos muy intensos (sistemas nerviosos fuertes), pero no obstante la excitación predomina sobre la inhibición (sistema nervioso desequilibrado), lo cual corresponde al tipo temperamental del colérico (según Hipócrates) o sea individuos excitables e impulsivos.

Asimismo en los sistemas débiles predomina la inhibición, que se irradia sin dificultad incluso por efecto de excitantes externos insignificantes. También puede pasar que al ser débil la inhibición, se excitan fácilmente, muy sensibles a cualquier estímulo.

Cómo será cada sistema nervioso estará determinado por el genotipo (herencia) pero también por el medio externo (que influye en el fenotipo o carácter).

Estos resultados fisiológicos explican nuestra vida psíquica subjetiva y entonces por ejemplo cuando nos concentramos en un trabajo desconectándonos del exterior ello se debe a una inducción negativa. Asimismo, nuestras emociones opuestas son fenómenos de inducción recíproca. La irradiación de la excitación nos hace decir o hacer lo que no nos permitiríamos estando en calma. Sin duda la onda de excitación transforma la inhibición de ciertos puntos en un proceso positivo. Asimismo, cuando en la vejez no recordamos hechos presentes es porque descendió el nivel de movilidad de la excitación.

Si el animal se rige sólo por el primer sistema de señalización (las señales como meras impresiones recibidas por los sentidos), el hombre se rige además por el segundo sistema de señalización (las señales como palabras), que se rige por el mismo mecanismo que el primer sistema, pues se trata del mismo tejido nervioso.

Por el estudio de los reflejos condicionados se ha podido también explicar la patología mental y su curación. La enfermedad es resultado del desequilibrio de los procesos descritos anteriormente, aunque en la normalidad hay también un cierto desequilibrio, sobre todo en los tipos de sistema nervioso extremos (excitable y débil).

Las difíciles condiciones que causan una alteración crónica del SN son el surmenage, tanto del proceso de excitación como del de inhibición, como del choque entre ambos o alteración de la movilidad. Supongamos que un pero adquirió un sistema de reflejos condicionados, y que dichos reflejos son positivos y negativos y aparecen estereotípicamente en el mismo orden e intervalos. Los tipos extremos entran rápidamente en un desequilibrio crónico cuando usamos excitantes condicionados de intensidad excesiva o cuando prolongamos mucho la acción de excitantes inhibidores. También aparece el estado patológico con una diferenciación demasiado sutil con el aumento del número de excitantes entre los reflejos condicionados, con la alternancia rápida de procesos contrarios, con la acción simultánea de excitantes condicionados opuestos o, finalmente, con el cambio brusco de la estereotipia dinámica y por la inversión de los excitantes condicionados que actúan en un orden determinado. En la neurosis de tipo excitable desaparece casi totalmente el proceso inhibidor, a la inversa que la neurosis de tipo débil, de tipo depresivo.

Las neurosis pueden durar meses y años, y pueden curarse. Hemos empleado el bromuro para restablecer el equilibrio en las neurosis experimentales: grandes dosis para SN fuertes, y pequeñas para SN débiles. Otras veces usamos una determinada combinación de bromuro y cafeína, y otras dando al animal simplemente un descanso o tareas fáciles.

Es lógico relacionar estas neurosis de animales con la neurastenia humana, porque esta también puede ser agitada o depresiva. Las dos neurosis humanas –histeria y psicastenia- se pueden comprender según que predominen el primero o el segundo sistema de señales, respectivamente, que por otra parte son típicos del artista y del pensador teórico, también respectivamente.

También se aclara el tema de la psicosis. Tenemos por ejemplo dos formas de manía: el sentiments d’emprise (Janet) y la inversión (Kretschmer). En el primero el paciente se siente perseguido y que sus secretos son descubiertos. En la inversión una gran represión de la sexualidad se puede invertir generando ideas de estar embarazada, o de tener adentro la serpiente de la tentación, etc. Ambas patologías se explican a partir de la fase ultraparadójica, donde una tendencia genera la tendencia opuesta (reprimir la sexualidad lleva a manifestarla, sentirse solo lleva a creer que uno siempre está acompañado, está siendo perseguido, etc).

Muchas veces la mejoría se produce debido a una inhibición temporal, sea espontánea o provocada. Un perro pudo mejorar gracias a un acusado estado catatónico. La fase catatónica de la esquizofrenia debemos entenderla como una inhibición protectora fisiológica, normal. El médico sabe que el enfermo debe reposar. Los enfermos menos sometidos a excitaciones son los que más rápido curan.

Además de las afecciones corticales generales, encontramos otras donde sólo está afectada una región muy circunscripta. Qué pasó en ese islote patológico? Se rompió el equilibrio entre excitación e inhibición, pasando a predominar uno u otro. En general, cuando el proceso de excitación sufre una inercia patológica se producen los estados de estereotipia, iteración, perseveración, etc., típicos de la paranoia o la neurosis obsesiva.

En neurosis y psicosis humanas observamos frecuentemente una periodicidad cíclica (alteración cíclica del humor, que en casos extremos se ve en la psicosis maníaco-depresiva). Son periodos cíclicos de debilitamiento e intensificación de los reflejos condicionados.

No es raro encontrar casos en que una excesiva excitación lleve a una fuerte debilitación de la excitación. Todos estos procesos se ven en animales normales y en castrados, sólo que en éstos últimos se ve especialmente una periodicidad cíclica.

En síntesis: podemos vincular lo fisiológico con lo psicopatológico cuando vinculamos la fase ultraparadójica con los sentiments d’emprise y las inversiones, y la inercia patológica del proceso de excitación con la paranoia y la neurosis obsesiva.
CAPÍTULO 4: EL APRENDIZAJE SEGÚN WATSON Y GUTHRIE
Refiere Hill (1985) que Wundt y sus colegas, los primeros psicólogos científicos, buscaron especialmente estudiar el flujo continuo de la experiencia conciente, analizándolo en componentes tales como las sensaciones, los pensamientos y los sentimientos. Este modelo germánico de psicología se convirtió en gran medida en la psicología estándar para Europa y América, pero su aceptación no fue sin embargo completa. Así por ejemplo, los psicólogos norteamericanos se orientaron no sólo hacia el estudio de la experiencia conciente sino también hacia el estudio de la conducta objetiva, una orientación utilitaria que no se interesó entonces tanto en lo que el sujeto sentía o pensaba, como en lo que hacía.

A principios del siglo XX esta orientación práctica empezó a prevalecer notoriamente sobre la tradición alemana, con lo cual las investigaciones se alejaron cada vez más de la experiencia conciente y ahondaron el estudio objetivo de la conducta. Surgieron así muchas teorías, algunas de las cuales presentaron una concepción explícita sobre el aprendizaje, como las de John Watson, y la de Edwin Guthrie. Se trata de concepciones conductistas, por entrarse en la conducta objetiva, y más concretamente contigüistas, porque consideraron la contigüidad E-R como la base del aprendizaje (a diferencia de otros determinantes como el refuerzo). La siguiente exposición de ambas teorías sintetiza la explicación desarrollada por Hill (1985).


1. El aprendizaje según Watson
Watson da a conocer su posición teórica en 1913, donde sostiene que la psicología debe estudiar la conducta en forma puramente objetiva: la conducta es real, objetiva y práctica, mientras que las experiencias concientes son pura subjetividad y fantasía. Por ejemplo, el sentimiento o la emoción son en rigor movimientos intestinales, el lenguaje solamente movimientos musculares de la garganta, y el pensamiento simplemente un lenguaje subvocal.

Su rechazo a los conceptos mentalistas y subjetivistas lo llevó incluso a negar la existencia de ciertos caracteres que se suponían innatos, como los instintos, rasgos, capacidades o predisposiciones. Para Watson sólo heredamos nuestro cuerpo y unos pocos reflejos, y todo lo demás se aprende en base al condicionamiento clásico de Pavlov. Y de aquí la gran importancia que asignaba Watson al medio ambiente, lugar de donde provenían las estimulaciones para cambiar la conducta del hombre.

Esta combinación de objetividad y de fe en el poder del aprendizaje inundó toda la psicología norteamericana y cautivó la imaginación popular: prácticamente no había límites para que podía llegar a ser el hombre, si se lo condicionaba adecuadamente.
Watson y su interpretación del aprendizaje.- Si bien nacemos con algunos reflejos, como el rotuliano, sobre esa base es posible crear una multiplicidad de nuevas conexiones E-R (estímulo-respuesta) mediante dos procesos básicos: el condicionamiento descrito por Pavlov, y la formación de series de reflejos. Por el primero, podemos dar una respuesta del repertorio innato a partir de una gran variedad de nuevos estímulos (salivar no solo frente a la comida sino también ante un sonido), y por el segundo proceso podemos dar nuevas respuestas: la acción de caminar es por ejemplo una nueva conducta, resultado de una secuencia de muchas respuestas como apoyar un pie, adelantar el otro, etc. Esta secuencia es posible porque cada respuesta produce sensaciones musculares que se convierten en estímulos para la respuesta siguiente, y así pueden adquirirse conductas nuevas y más complejas por combinación serial de reflejos simples.

Para explicar el aprendizaje de estas conductas más complejas, Watson daba dos respuestas diferentes:

a) Las conexiones E-R que forman la conducta compleja son reflejos condicionados: cada respuesta produce sensaciones que se convierten en estímulos condicionados para la respuesta siguiente, con lo cual Watson pensó que podían reducirse los hábitos complejos a elementos estructurales simples: los reflejos condicionados. Sin embargo, Watson no pudo explicar cuál es el estímulo incondicionado que siempre garantiza que se producirá la respuesta, de modo que pueda cumplirse el condicionamiento (recordemos que todo reflejo condicionado tiene como base uno incondicionado).

b) La otra explicación es que las conexiones E-R se forman sobre la base de dos principios: frecuencia y recencia. El principio de frecuencia dice que cuanto más frecuentemente damos una respuesta dada a un estímulo dado, tanto más probable es que demos de nuevo esa respuesta a ese estímulo. De modo similar, el principio de recencia dice que cuanto más reciente es una respuesta dada a un estímulo dado, tanto más probable es que esa respuesta se reitere. Watson da el ejemplo que niño de 3 años que debe aprender a abrir una caja con caramelos adentro. El estímulo es la caja cerrada, y la respuesta a aprender es apretar cierto botón que permitirá el acceso a los caramelos. Al principio el niño ejecutará al azar una serie de respuestas, muchas de ellas inútiles, hasta que por casualidad aprieta el botón. Puesto que la caja está ahora abierta y el niño tiene su golosina, ya no está más frente al estímulo de la caja cerrada: apretar el botón fue su última respuesta.

En nuevas situaciones frente a la misma caja cerrada seguirá procediendo por ensayo y error, quizá con nuevas respuestas, pero a la larga la acción de apretar el botón gana el primer lugar en cuanto a la frecuencia (cada vez que lo aprieta la caja se abre) y, dado que siempre es la última respuesta, tiene siempre primacía en la recencia. El niño aprendió así a apretar el botón como respuesta al estímulo de la caja cerrada.

Con el mismo proceso, un niño también puede aprender una secuencia de respuestas (por ejemplo apretar botón y mover una palanca que queda al descubierto). Tales series de respuestas podrían extenderse indefinidamente. A pesar de estas explicaciones, Watson dejó muchas cuestiones sin resolver, como por ejemplo la relación del condicionamiento con los principios de frecuencia y recencia, y el hecho de que, a pesar de ser más frecuentes las respuestas erróneas, el sujeto aprende la respuesta correcta (cosa que entraría en conflicto con su principio de frecuencia).


Tipos especiales de aprendizaje.- Watson habló de un aprendizaje emocional y de un aprendizaje de conocimientos (o aprendizaje intelectual), explicando ambos de la misma forma: en base al condicionamiento.

Respecto del primero, Watson hace una pequeña concesión a la herencia al reconocer tres pautas innatas de reacción emocional (que son algo más complejas que un simple reflejo): las reacciones de miedo, ira y amor, entendidas estas no como sentimientos concientes sino como simples movimientos corporales.

El aprendizaje emocional implica el condicionamiento de estas tres reacciones a nuevos estímulos. Por ejemplo, a un niño puede enseñársele a responder con miedo frente a una ratita si, cada vez que aparece la ratita le hacemos escuchar un ruido muy fuerte (estímulo incondicionado natural para el miedo).

Respecto de la adquisición de conocimientos pasa algo similar. Adquirir conocimiento no es otra cosa que aprender a dar la secuencia adecuada de palabras donde cada una es un estímulo condicionado para la siguiente (por ejemplo cuando el alumno dice 'Napoleón fue derrotado en Waterloo en el siglo 19'), secuencia de palabras que constituyen una respuesta frente a una pregunta u otro estímulo condicionado (por ejemplo '¿Cuándo y dónde fue derrotado Napoleón?').

Las respuestas emocionales e intelectuales, si bien están centradas respectivamente en las vísceras o en los músculos vocales, son en rigor respuestas de todo el cuerpo en su conjunto. Credo fundamental del conductismo es sostener que todo lo que pensamos, decimos, sentimos o hacemos implica, en grados diversos, la actividad de 'todo' el cuerpo.
Evaluación de Watson.- La gran contribución de Watson a la psicología reside en que desechó la distinción entre cuerpo y mente, y en la importancia dada al estudio de la conducta objetiva. Hoy en día, gran parte de la teoría del aprendizaje en EEUU es conductista, en el amplio sentido de esta palabra. Sin embargo, Watson no hizo una teoría completa y detallada del aprendizaje, dejando variadas lagunas e incongruencias. Esta tarea quedaría reservada a otros teóricos.




Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos