Psicología de la personalidad ps. VÍCtor cabrera V



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PSICOLOGÍA DE LA PERSONALIDAD PS. VÍCTOR CABRERA V.


PRINCIPIOS DE LA TEORÍA HUMANISTA
Introducción

A lo largo de la historia, desde que el hombre se percibe a sí mismo como a un ser distinto de la naturaleza, progresivamente se han ido desarrollando distintos tipos de conocimientos respecto del medio. Tanto la lógica religiosa, que encontraba sus bases en Aristóteles, como la científica, que inicia sus desarrollos con los planteamientos de Compte, han servido a la estructura de la racionalidad humana, para este fin.


Indudablemente, en este complejo proceso de entender, explicar y describir la realidad, una de las temáticas más conflictivas y controversiales, son todos aquellos estudios que tratan de dar cuenta de la estructura de la experiencia humana y de la esencia del hombre.
Probablemente, la base de dicha conflictiva se encuentre en el hecho de que los estudios en relación al hombre, carecen de la objetividad básica característica de las otras ciencias naturales, ya que el objeto y el sujeto, en este caso, dejan de ser distintos, y "es el hombre, el que se está estudiando a sí mismo".
Todo conocimiento respecto del hombre, está inevitablemente teñido por las experiencias y la percepción de mundo que el investigador particular posea. Lo anterior, quizás lamentablemente, implica que las teorías del hombre poco a poco se van relativizando y poniendo en tela de juicio, ya que cada afirmación realizada, en ocasiones, ofrecerá más información respecto del investigador, que del objeto investigado. La subjetividad propia de lo humano, se convierte así poco a poco en una clara limitante para expandir los conocimientos de la esencia de lo humano y de la estructura de la experiencia del hombre.
Los últimos cien años de historia, son el perfecto reflejo de lo planteado en el párrafo anterior, ya que se han propuesto más teorías respecto del hombre, que de cualquier otro objeto (se consideran aquí tanto las teorías psicológicas, como sociológicas de lo "humano", sea esto en relación a lo individual o lo social).
Los objetivos del presente informe, no son el realizar de manera detallada una descripción de las distintas teorías psicológicas, pero el hacer una breve alusión a ciertos aspectos de algunas teorías, ira delimitando claramente la temática central, y sus distintas relevancias.
Una de las primeras teorías respecto del hombre, es la propuesta por Freud, en la que a la base de todos y cada uno de los planteamientos realizados, existe como elemento común una visión de hombre determinado por fuerzas intrapsíquicas. El comportamiento humano, sería el resultado de un conflicto de dichas fuerzas, la lucha entre la moral social y los deseos más primitivos, entre lo correcto y lo instintivo.
Las temáticas relevantes en la teoría freudiana reflejan claramente las problemáticas existentes en su sociedad, la sexualidad y sus componentes reprimidos, la histeria y la estresante vida de la mujer contemporánea, etc.
Se observa así que el psicoanálisis, presenta no solo un cuerpo teórico respecto del comportamiento humano, sino que también una concepción de lo humano, concepción cargada de componentes sociales y culturales, de juicios y valores, que si bien no invalidan los descubrimientos realizados, impiden el establecer claramente un carácter general a sus postulados.
Una segunda teoría respecto del comportamiento humano es la conductista, planteada a principios del siglo pasado, siendo sus autores clásicos más representativos Pavlov y Skinner. La teoría conductual del comportamiento humano, en oposición al psicoanálisis, propone que el hombre está exclusiva y completamente determinado por elementos ambientales.
Un hombre homologado a una máquina, un hombre reducido solo a aquello que puedo ser observado, medido y controlado, es la visión existente a la base de esta teoría. Todo aquello perteneciente al mundo privado de los individuos (lo intrapsíquico según el psicoanálisis), de no poder ser explicado desde una mirada ambientalista y reduccionista, deja de ser objeto de estudio.
El auge del método científico y del positivismo lógico de principios del siglo pasado, son el contexto que da origen y sentido a los planteamientos de la teoría conductual, ya que las exigencias del método científico se generalizan a la mayoría de los quehaceres, y el estatus obtenido por las disciplinas que lograban establecerlo como base, era reconocido socialmente, asumiendo así mayores grados de calidad y de validez de dichos conocimientos.
De manare bastante general, se exponen así dos miradas, desde esa misma generalidad, se logran relativizar algunos de los postulados centrales, al considerarlos completamente contextuales, con un alto contenido cultural y sesgos de sus promulgadores. Esto da sustento a lo propuesto en párrafos anteriores respecto de la relatividad existente en las teorías que dan cuenta del hombre, de su experiencia y comportamiento.

La temática central del presente informe, consistirá en realizar un análisis detallado de algunos de los conceptos básicos de la teoría humanista y de la visión de hombre que existe a su base. Para lograr este propósito, se establece una estructura clara y delimitada que da sentido a dicho análisis.


En un primer momento, se realizará una completa descripción de la teoría humanista, haciendo alusión a los postulados principales de sus autores más representativos, al menos de la línea más clásica, como lo son Carl Rogers y Abraham Maslow. Se pretende en este momento, el dar cuenta de la visión de hombre que sustenta los postulados de la teoría, como así también de las líneas explicativas del comportamiento, de la salud y de la enfermedad.
Luego de realizar la descripción teórica de esta "escuela psicológica", se analizarán desde una mirada crítica y más general; planteamientos en relación a la conformación de lo humano, al concepto de bondad, asociado a la existencia de una creencia de un "hombre bueno" por naturaleza, y de la supuesta tendencia innata del hombre de tender siempre hacia la actualización del sí mismo.
En un tercer y último momento, se realizará un análisis mas general respecto de la teoría humanista en relación al contexto que le da origen y sentido, con la finalidad de comprender, destacar y reafirmar, la estrecha relación existente entre los factores socio culturales y las teorías que se van formulando respecto del hombre, su experiencia, comportamiento y esencia.
Marco teórico
Psicología Humanista:
Esta rama de la psicología, llamada la tercera fuerza, comenzó a principios de los años cincuenta. Los psicólogos humanistas protestaron contra lo que ellos consideraban la estrechés tanto del psicoanálisis como del conductismo. Sosteniendo que este último dice mucho acerca de la conducta pero poco sobre las personas, y que el psicoanálisis dice mucho sobre los perturbados mentales pero nada sobre los sanos. El humanismo intento ampliar los dominios de la psicología para que incluya todas las experiencias humanas que son únicas, que no son abordados de forma científica dado que no pueden ser medidos objetivamente (Papalia, 1997).

Algunas las principales características de la psicología humanistas son según Martínez (1982):


La psicología humanista es un movimiento contra la psicología que ha dominado en la primera mitad del siglo pasado (siglo XX) la cual se ha caracterizado por ser mecanicista y reduccionista.


La persona está constituida por un núcleo central estructurado (que puede ser el concepto de persona), sin el cual resulta imposible explicar la interacción de los procesos psicológicos.
Concibe a la persona como una totalidad en la que se interrelacionan factores físicos, emocionales, ideológicos o espirituales formando el ser real, no una suma de partes. La psicología humanista no disecciona, no separa aspectos de la persona, señalándolos como la causa de la enfermedad. La psicología humanista ve un ser completo y tiene en cuenta cada aspecto y su influencia en el resto.
El ser humano está impulsado por una tendencia a la autorrealización, es decir se considera al hombre como dotado de todas las potencialidades necesarias para su completo desarrollo.
El trabajo con el síntoma consiste en escucharlo para de esta forma comprender su significado y mensaje mas profundo. El síntoma es una ayuda, una señal que nos está hablando de cual es el problema, expresa aquello que no somos capaces de expresar conscientemente.
En una consideración humanista de la psicoterapia todos estamos necesitados en una y otra medida de encontrar la identidad perdida. La psicoterapia humanista no trata con locos o enfermos mentales, todas las personas sufren una u otra vez crisis de crecimiento, situaciones de emergencia espiritual, situaciones de choque que desestabilizan nuestro equilibrio y que requieren ser abordadas para alcanzar una vida más feliz.
Por la posición del terapeuta que lejos de ser la persona sana que cura al enfermo es también un buscador que habiendo recorrido el camino (y estando en ello) conoce y ofrece las herramientas necesarias en el momento que considera más oportuno. El terapeuta es una persona que esta al mismo nivel del paciente, con el cual continuamente se encuentra interactuando.
CARL ROGERS

Rogers se interesó en el estudio del individuo en sí mismo. Para esto desarrolló una teoría de la personalidad centrada en el yo, en la que se ve al hombre como un ser racional, con el mejor conocimiento posible de sí mismo y de sus reacciones, proponiendo además el autoconocimiento como base de la personalidad y a cada individuo como ser individual y único. Rogers en su teoría de la personalidad le otorga una importancia fundamental a dos constructos, que serán la base de ésta, tales constructos son el organismo y el si mismo (Hall, 1975).



El organismo, sería el centro de cualquier experiencia que incluya todo aquello que ocurre internamente en el organismo. Esta totalidad experiencial constituye el campo fenoménico que es el marco de referencia individual conocido solo por la persona. De hecho el modo como el individuo se comporta depende del campo fenoménico, es decir, la realidad subjetiva y no de las condiciones estimulantes (realidad externa), este campo fenoménico sería entonces para Rogers la simbolización de parte de las experiencias de cada persona. Es posible, sin embargo, que la experiencia no se represente de un modo correcto, en dicho caso la persona se desempeñará inadecuadamente. Según la teoría de Rogers todas las personas tienden a confrontar sus experiencias simbólicas con el mundo objetivo, esta verificación de la realidad le proporciona al sujeto un conocimiento confiable del mundo el cual le permite conducirse adecuadamente en la sociedad, sin embargo en algunas ocasiones estas verificaciones pueden ser incorrectas, lo cual conlleva al individuo a tener un comportamiento carente de realismo (Di Caprio, 1992).
El si mismo por otra parte sería una parte del campo fenoménico que poco a poco se va diferenciando y que en definitiva representa lo que la persona es. Además del si mismo como tal, existe un si mismo ideal que representa lo que la persona desearía ser (Rogers, 1984).
El organismo posee la tendencia innata a la actualización, la cual preside el ejercicio de todas las funciones, tanto físicas como de la experiencia. Tiende constantemente a desarrollar las potencialidades de los individuos para asegurar su conservación y enriquecimiento, teniendo en cuenta las posibilidades y los límites del ambiente. Por lo tanto, ya que el yo o "si mismo" es parte del organismo podemos concluir que también está sujeto a lo que es la tendencia actualizadora. La tendencia a la actualización del yo actúa constantemente y tiende, también constantemente a la conservación y al enriquecimiento del yo, es decir, se opone a todo lo que lo comprometa. Sin embargo, el éxito o la eficacia de esta acción, no depende de la situación real u objetiva, sino de la situación tal como el sujeto la percibe, y el sujeto percibe la situación en función de la noción que tiene de su yo. Podríamos decir entonces que, de acuerdo a Rogers, el mundo es percibido a través del prisma del yo, o sea, lo que se refiere al yo tiene tendencia a ser percibido en relieve y es susceptible de ser modificado en función de los deseos del sujeto, mientras que lo que no tiene relación con el yo, tiene tendencia a ser percibido de forma mas vaga o a ser totalmente pasado por alto. De tal modo que en última instancia, es la noción que se tiene del yo la que determina la eficacia o ineficacia de la tendencia actualizante (Rogers y Kinget, 1967).
A partir de lo anterior podemos observar que la eficacia de la tendencia a la actualización del yo depende del carácter realista de la noción del yo. La noción del yo es realista cuando hay correspondencia o congruencia entre los atributos que el sujeto cree poseer y los que posee en realidad. Para comprobar el carácter realista de cualquier percepción que atañe a la noción del yo, el individuo dispone de dos clases de criterios. El primero se refiere a la experiencia vivida del sujeto (a propósito del objeto en cuestión), mientras que el segundo consiste en el testimonio que da la conducta del sujeto y la de los demás respecto a él. En el caso de que la noción del yo sea real, la actualización estará guiada de un modo adecuado y el individuo tendrá bastantes probabilidades de alcanzar los fines que se propone; en el caso contrario, es decir, cuando la noción del yo lleva consigo lagunas y errores (como sería el caso de los individuos que se apegan al yo ideal que plantea Horney) la tendencia actualizante no aparecerá clara, se propondrá fines difíciles de alcanzar, sino irrealizables que terminaran en frustraciones y fracasos, los cuales obstaculizan el buen rendimiento (Ibid).

Abraham Maslow


Construyó una jerarquización de las necesidades donde las más básicas son las más fuertes y para pasar a las siguientes hay que satisfacer medianamente las precedentes (necesidad: estado deficitario; motivación: deseo conciente de algo).


Los motivos pueden llegar a ser más que las necesidades, como una expresión distorsionada de éstas. Cuando las necesidades están distorsionadas, podemos comportarnos en forma opuesta a nuestra naturaleza (Maslow, 1954).
Las necesidades orientadas socialmente y las emociones son innatas en el ser humano pero éstas tienen que ser apoyadas por la sociedad y la educación, donde generalmente son reprimidas (Ibid).

Necesidades deficitarias


Necesidades fisiológicas:


Hambre, sed, sueño, sexo, supresión del dolor. Cuando se priva de alguna de ellas no hay posibilidad de surjan las otras, porque toda la energía va a estar focalizada hacia éstas.

Necesidades de seguridad:

Se relacionan con conservar el status quo, el orden y el equilibrio, estabilidad, protección, dependencia. Para Maslow, la mayoría de las personas están a este nivel, porque hay una tendencia a sobrevalorar la seguridad (ahorros, seguros de vida, trabajo en exceso).


Necesidades de amor y pertenencia:


Empiezan a surgir fuertemente en la adolescencia y adultez joven siempre y cuando las bases sean propicias. Existe necesidad de pertenecer a grupos, familia, etc.; pero también se da la tendencia contraria de estar o sentirse solo.

Necesidades de estima:

Es de dos tipos, por un lado está el amor propio, de que la persona se respete a sí mismo, se autoevalúe positivamente; por otro lado está la necesidad de respeto de los otros hacia uno mismo, que tiene que ver con el éxito social. Se buscan retos, hacer las cosas bien según los propios valores y ser valorado por ello (Maslow, 1954).

Necesidades de desarrollo

Necesidad de autoactualización:


Implica satisfacer nuestra naturaleza individual en todos sus aspectos, únicos y variados para cada ser humano. Esto les va a permitir ser personas libres, lo que no implica ir contra la cultura pero, el sujeto reaccionará si ésta interfiere seriamente con la autoactualización.

Necesidad de trascendencia:


Sentido de comunidad, de contribuir a la humanidad. Es como un sentido de obligación hacia los otros, de entregar lo que hemos logrado (Ibid).


Metamotivación: tendencias hacia el desarrollo, tienen que ver con la búsqueda de la verdad, belleza, bondad, etc. La satisfacción de estas necesidades de metamotivación hace que aumente esta necesidad, que aumente la tensión. A este nivel, tenemos una persona madura, autoactualizada: disfruta de las cosas simples, es capaz de reírse de las propias fallas, es democrática, establece relaciones interpersonales muy buenas que no son necesariamente intensas, se centra en los problemas racionalmente, toma decisiones objetivas, tiene sus principios claros y por lo tanto tiene una voluntad férrea (depende de la sociedad en que esté, el que sea considerado como excéntrico, antisocial o loco), viven plenamente el presente y son capaces de cumplir metas a largo plazo (Maslow, 1985).

Una Concepción Humanista del Hombre


La psicología del siglo XX ha seguido, básicamente, tres orientaciones: la psicoanalítica, la conductista y, más recientemente, la humanista (Martínez, 1999).


El hablar de una concepción "humanista del hombre" no es una tautología, pues hay en circulación concepciones del hombre que no son humanistas y, ni siquiera humanas, sino más bien robóticas, zoológicas y hasta ratomórficas, ya que ésos han sido los modelos descriptivos referenciales, reduciendo lo humano a algo que es inhumano (Ibid).

Concepción newtoniana del hombre


En su concepción del hombre, Newton era, muy probablemente, un escolástico. En sus escritos sobre teología Newton acepta dos mundos: el natural y el sobrenatural; el natural está regido por leyes físicas y el sobrenatural, al cual pertenece el hombre, está gobernado por un cuerpo diferente de leyes (Schneer, 1969).


Sin embargo, quien tendió el puente entre el mundo físico newtoniano y las ciencias humanas fue John Locke, quien reduce la naturaleza física a cinco categorías fundamentales: partículas materiales, existentes en un espacio y tiempo absolutos, puestas en movimiento por una fuerza determinada. Locke concibe la mente humana como una realidad compuesta de partículas (las ideas) que existen en un espacio y tiempo determinados y que se funden, amalgaman o cambian por la acción de fuerzas exteriores a ellas mismas (Ibid).
De acuerdo con las ideas de Locke, podemos tener una ciencia de la mente humana análoga a la ciencia de la naturaleza física. Esto implica el presupuesto de que los elementos mentales son análogos a las partículas físicas y el presupuesto de que explicar toda realidad compleja consiste en descomponerla en sus elementos simples (Ibid).

La concepción "newtoniana" de la mente fue elaborada en el siglo XVIII por Condillac, y, en el siglo XIX, por los asociacionistas ingleses James Mill y John S. Mill, Alexander Bain y otros, en Alemania por Wundt y Helmholtz, en Rusia por los pavlovianos y, más tarde, en Norteamérica por Watson y sus seguidores. El representante contemporáneo más conocido de la doctrina "newtoniana" sobre el hombre y de las "formas lockianas de psicología", como las llama Allport, es B. F. Skinner (Martínez, 1999).

Concepción darwiniana del hombre

La obra básica de Darwin, Origin of Species (1859), está presentada en términos estrictamente newtonianos; no hay allí lugar alguno para la teleología ni para eventos no causados. Fueron los "darwinianos" –y quizá en contra de la voluntad del mismo Darwin– quienes reintrodujeron cierta teleología (Martínez, 1999).


Darwin propuso la variación al azar y la selección natural como elementos explicativos suficientes. Lógicamente, ésta era una doctrina estrictamente newtoniana, no teleológica. Sugería que el mundo de la vida, como el de la materia, podía seguir adelante sin asistencia de divinidad alguna (Ibid).

El hombre darwiniano no es una masa inerte, manipulado por fuerzas externas a él mismo; es un organismo autopropulsado, con sus propias metas, implícita o explícitamente establecidas, que se ajusta a un ambiente que también ha seleccionado de alguna manera él mismo (MacLeod, 1970).


Quien ha llegado a ser el más exitoso de los darwinianos de este siglo es, sin duda alguna, Freud con su doctrina psicoanalítica basada en los instintos primitivos como fuentes primarias de la motivación humana. Para Freud, el hombre era el producto de poderosas y dañinas fuerzas biológicas regidas por las historias pasadas de cada individuo. Freud, incluso, había confiado en reducir la conducta humana a fórmulas físico-químicas (Martínez, 1999).


Los nombres neofreudiano y neo-neoconductista señalan un punto de partida, más que una designación de la posición actual que tales corrientes sostienen, pues el punto diacrítico determinante que diferencia el freudismo y el conductismo de la posición que mantiene la psicología humanista es la aceptación del determinismo y el rechazo de la libertad humana. Pero en los dos casos señalados –psicólogos del yo y neo-neoconductistas– hay una aceptación implícita y, a veces, explícita de un nivel más o menos amplio de la autodeterminación en la conducta humana. Por lo tanto, en la medida en que acepten la libertad humana (con las inherentes e inseparables secuelas que ella trae) deberán ser considerados como psicólogos de orientación humanista más que bajo cualquier otra denominación (Ibid).

Caracterización de la concepción humanista del hombre


"A medida que uno vive la vida o la observa a su alrededor (o dentro de sí mismo) o la encuentra en una obra de arte, ve una riqueza que de alguna manera cayó a través del presente tamiz de las ciencias de la conducta. Se tiene muy poco que decir sobre los siguientes aspectos humanos centrales: nobleza, coraje moral, tormentos éticos, delicada relación de padre e hijo o del estado matrimonial, estilo de vida que corrompe la inocencia, rectitud o no rectitud de los actos, malignidad humana, alegría, amor y odio, muerte y el mismo sexo"(Misiak, 1973, p. 110).


La psicología humanista es una reacción contra este estado de cosas y las orientaciones psicológicas responsables de las mismas; es un movimiento contra la psicología que ha dominado la primera mitad de este siglo, y que se ha caracterizado como mecanicista, elementalista y reduccionista (Martínez, 1999).


Los aspectos característicos de la concepción humanista del hombre, que se señalan a continuación, son algunos de los puntos que más resaltan. Ciertamente, hay otros y, quizá, de mayor importancia para otras personas. Muchas de ellas han sido descritas y enfatizadas de diferentes maneras por autores representativos de la orientación humanista: G. Allport, C. Rogers, A. Maslow, R. May, M. Buber, G. Kelly, Ch. Bühler, S.


Jourard, K. Goldstein, J. Nuttin, H. Murray, G. Murphy, K. Horney, E. Fromm, F. Perls, C. Moustakas, V. Frankl y otros (Ibid).

El hombre vive subjetivamente


Quiérase o no, consciente o inconscientemente, los sentimientos, emociones y percepciones de toda persona están llenos de elementos y matices que los hacen muy personales y, cuando trata de describirlos con palabras, sentirá que nunca le puede hacer plena justicia (Ibid).


El mundo externo es percibido de acuerdo con nuestra realidad personal y subjetiva (nuestras necesidades, deseos, aspiraciones, valores, sentimientos, etc.), es decir, con un enfoque "de-adentro-hacia-afuera" (Rogers, 1987).
La psicología humanista rechaza el punto de partida de la ciencia tradicional que comienza con el presupuesto de la existencia de un mundo objetivo externo, del cual el hombre es una parte. Esto podrá ser un punto de llegada, pero jamás de partida (Martínez, 1999).

La persona está constituida por un núcleo central estructurado

Sin un núcleo central estructurado –que puede ser el concepto de persona, el yo o el sí mismo– resulta imposible explicar la interacción de los procesos psicológicos. "La memoria –dice Allport– influye en la percepción y el deseo en la intención, la intención determina la acción, la acción forma la memoria y así indefinidamente" (1966, p. 642).
El estudio de este núcleo central resulta muy esquivo a toda observación, pues implica un acto reflejo en sentido total: el yo trata de conocer su propia naturaleza, aun en ese mismo acto de autoconocimiento (Martínez, 1999).
Este núcleo central parece ser el origen, portador y regulador de los estados y procesos de la persona. Efectivamente, no puede haber adaptación sin algo que se adapte, ni organización sin organizador, ni percepción sin perceptor, ni memoria sin continuidad de sí mismo, ni aprendizaje sin cambio en la persona, ni evaluación sin algo que posea el deseo y la capacidad de evaluar (ibid).
Allport escogió el vocablo latino proprium para denominar este núcleo central y trata de ilustrar con un ejemplo cómo coexisten y se fusionan en nuestra experiencia cotidiana los siete aspectos que, según él, lo constituyen. (ibid).

El hombre está impulsado por una tendencia hacia la autorrealización

El enfoque humanista considera que la naturaleza humana no puede ser una maravilla en su desarrollo físico y un caos en el desarrollo psíquico. Por el contrario, sostiene y prueba la tesis de que hay un pleno paralelismo entre ambos aspectos. Esta tendencia es un principio teleológico, una causa final, una fuente direccional intrínseca, y ha recibido varios nombres: "tendencia actualizante" (Rogers), "tendencia hacia la autorrealización" (Goldstein), "tendencia hacia la autoactualización" (Maslow), etc. En su esencia consiste en un impulso natural a actualizar, mantener y mejorar el desarrollo y vida del organismo viviente; en el fondo, es la esencia de la misma vida. Rogers le da tanta importancia a esta tendencia básica y fundamental que llega a afirmar: "me parece posible que esta hipótesis pudiera constituir una base sobre la cual pudiéramos construir una teoría para la psicología humanista" (1980a, p. 133); "esta tendencia actualizante es el único motivo que se postula en este (mi) sistema teórico" (1959).

El hombre muestra capacidad, y también deseo, de desarrollar sus potencialidades. Parecería que esto se debiera a una motivación suprema: una necesidad o motivo fundamental que orienta, da energía e integra el organismo humano. Este impulso natural lo guía hacia su plena autorrealización, lo lleva a organizar su experiencia y, si lo puede hacer en ausencia de factores perturbadores graves, esta organización se orientará en el sentido de la madurez y del funcionamiento adecuado, es decir, en el sentido de la conducta racional y social subjetivamente satisfactoria y objetivamente eficaz (Martínez, 1999).


El hombre posee capacidad de conciencia y simbolización


Como ya fue señalado, al hablar del núcleo central del ser humano, el hombre posee la capacidad de autorrepresentarse. Esta posibilidad de contemplarse a sí mismo desde afuera, de autoproyectarse, de autoduplicarse, de autorreproducirse, esta capacidad de tomar conciencia plena de sí mismo es una característica distintiva del hombre y es la fuente de sus cualidades más elevadas (Ibid).


Esta capacidad le permite distinguirse a sí mismo del mundo exterior, le posibilita vivir en un tiempo pasado o futuro, le permite hacer planes para el porvenir, utilizar símbolos y usar abstracciones, verse a sí mismo como lo ven los demás y tener empatía con ellos, comenzar a amar a sus semejantes, tener sensibilidad ética, ver la verdad, crear la belleza, dedicarse a un ideal y, quizá, morir por él. Realizar estas posibilidades es ser persona (Ibid).

El hombre es capaz de una relación profunda


Spinoza afirmó: "el hombre es un animal social". Los pensadores existencialistas han puesto un énfasis particular en los dilemas que vive el hombre contemporáneo en una sociedad de masas y estandarizada, en la cual se siente enjaulado, alienado y deshumanizado (Martínez, 1999).


En esa situación, aunque rodeado de gente por todas partes, el individuo se siente solo ante su propia existencia, que le obliga a encarar sus dudas, miedos y ansiedades, y busca la compañía de los demás solamente como un medio para superar su soledad. Así, esta tendencia, natural en el hombre, se ve aumentada en los últimos tiempos. Esa tendencia se presenta como positiva y constructiva en sí; pero también puede llegar a ser negativa y destructiva cuando es una consecuencia reactiva de la frustración de necesidades básicas (ibid).
Martín Buber describe esta relación profunda, de persona a persona, como una relación "yo-tú", es decir, una mutua experiencia de hablar sinceramente uno a otro como personas, como somos, como sentimos, sin ficción, sin hacer un papel o desempeñar un rol, sino con plena sencillez, espontaneidad y autenticidad. Este autor considera que ésta es una experiencia que hace al hombre verdaderamente humano, que no puede mantenerse en forma continua, pero que si no se da de vez en cuando, el individuo queda afectado seria y negativamente en su desarrollo (Ibid).

El hombre es capaz de crear


Si es cierto que en algunos animales se pueden observar procesos ínfimos de pensamiento o rudimentos del fenómeno de la conciencia, de ninguna manera se les puede atribuir la característica típicamente humana de la creatividad. En efecto, el pensamiento y la conciencia se hallan, en condiciones normales, en todo representante de la especie humana; en cambio, la creatividad es una dotación que aparece especialmente en sus miembros más selectos y destacados en una u otra área de la actividad: artes, ciencias, filosofía, etc.(Ibid).


Parece ser que, en gran parte, los procesos creativos se dan al margen de la dirección del yo y que, incluso, requieren de una renuncia inicial al orden. Cuando las personas creadoras tratan de describir cómo lograron determinada realización, frecuentemente dicen que la idea se les ocurrió "de golpe", "sin hacer nada", "como por inspiración", "mientras no pensaban en el problema", "como una gran intuición", "como un rayo de claridad deslumbrante", etc.


Sin embargo, a veces, el proceso creativo se presenta apremiante y la persona se siente literalmente acosada por sus ideas y tiene que atenderlas. El poeta "tiene que escribir", el pintor "tiene que pintar" y el músico "tiene que" proyectar sus ideas en notas. Si lo que está en juego es la solución de un problema, entonces puede ir acompañado de un sentimiento de tensión y desasosiego (Maslow, 1985).

El hombre busca un sistema de valores y creencias


Charlotte Bühler (1967) observó que cada vida estaba ordenada y orientada hacia uno o varios objetivos. Cada individuo tenía algo especial por lo que vivía y trabajaba, un propósito principal, una misión, una vocación, una meta trascendente, que podía variar mucho de un individuo a otro. En cada persona existía un proceso evaluador interno que iba estructurando un sistema de valores, el cual, a su vez, se convertía en el núcleo integrador de la personalidad y formaba una filosofía unificadora de la vida (Martínez, 1999).

La búsqueda de valores en una persona no consiste en un examen de conceptos vagos e irrelevantes para su vivir cotidiano, sino en un esfuerzo continuo por encontrar significados profundos que validen su autoidentidad y que establezcan y apoyen los compromisos y las responsabilidades que toma: pueden estar referidos al campo filosófico, al científico, al moral y al religioso, etc. (Maslow, 1985).


En medio del cúmulo de incertidumbres, dudas y probabilidades que rodean al ser humano, es lógico que éste busque algunos puntos de anclaje, algunas certezas, alguna fe que le sirvan como guía que ilumina su camino o como bálsamo benéfico que mitigue las inevitables frustraciones y ansiedades que la vida engendra (Martínez, 1999).

Desarrollo

La naturaleza del hombre

"Simpatizo poco con el concepto prevaleciente de que el hombre es básicamente irracional… La conducta del hombre es exquisitamente racional, se mueve con ordenada y perspicaz complejidad hacia metas que su organismo se esfuerza por alcanzar" (Rogers, 1956 en Lafarga, 1982).


Una de las ideas más representativas de la Teoría de Rogers, es la de "la bondad básica de la naturaleza humana" y aquella relacionada con la "tendencia innata a la actualización".


La idea de que el hombre es bueno por naturaleza es una importación que hace Rogers fielmente del naturalismo de Rousseau, quien afirmaba que el hombre nace bueno y orientado al bien. Es la sociedad y sus instituciones quienes lo corrompen. En palabras de Rosseau:


"Establecemos como principio indiscutible que los primero movimientos de la naturaleza son siempre rectos: no existe perversidad original en el corazón humano; podríamos decir cómo y por dónde entraron cada uno de los vicios que encontramos en él… Se convierte en bueno o malo sólo por el uso que de él se haga y por las relaciones que se le conceden…" (Fermoso, Paciano, 1985).
A pesar de "la increíble cantidad" de comportamientos crueles y destructivos en el mundo, Rogers no pensaba que la maldad fuese inherente a la naturaleza humana. No encuentra que el hombre esté bien caracterizado en su naturaleza básica mediante términos tales como hostil, antisocial, destructivo o malo.
"En mi experiencia he descubierto que el hombre tiene características que parecen inherentes a su especie, y los términos que en diferentes ocasiones me han parecido descriptivos de estas características son tales como positivo, que se mueve hacia delante, constructivo, realista o digno de confianza, características más profundas que tienden al desarrollo, la diferenciación, las relaciones cooperativas, cuya vida tiende a moverse de la dependencia a la independencia; cuyos impulsos tienden naturalmente a armonizarse en un complejo y cambiante patrón de autorregulación; cuyo carácter total es tal que tiende a preservar y mejorar su especie. En mi experiencia, descubrir que un individuo es verdadera y profundamente miembro único de la especie humana no es un descubrimiento que despierte horror. Más bien me inclino a creer que ser totalmente un ser humano es penetrar en el complejo proceso de ser una de las criaturas de este planeta, más ampliamente sensible, responsiva, creativa y adaptable" (Rogers, 1956 en Lafarga, 1982, Pág. 31).
Según su punto de vista, la maldad no emana de la naturaleza humana sino de las influencias culturales tóxicas, incluso "la influencia restrictiva y destructiva del sistema educativo, la injusta distribución de la riqueza y nuestros prejuicios cultivados contra individuos diferentes".
El psicólogo humanista, Rollo May, desestimando el optimismo de Rogers, establece la importancia de los contextos culturales, afirmando que quien inventa la cultura son los mismos individuos. La cultura es mala y buena a la vez, los mismos seres humanos que la formamos, somos buenos y malos.
Según el determinismo cultural, las determinaciones biológicas cesan con el nacimiento; a partir de él, es la cultura la que se impone. El culturalismo tiende a negar la biología, a reconocer únicamente la construcción sociocultural de los comportamientos humanos y a considerar a la naturaleza humana como casi infinitamente moldeable por la sociedad y la cultura.
El hombre es un ser cultural por naturaleza, es decir, porque dispone de la aptitud innata para la cultura y porque lo que precisamente caracteriza su naturaleza es que debe desarrollar cultura. Y es un ser natural por cultura, es decir, que su naturaleza innata, su cerebro, ha sido resultado de la selección cultural y porque es a través de la cultura como desarrolla su naturaleza humana (consistente, como hemos visto, en la aptitud natural para la cultura). Ya no es posible oponer lo innato (la naturaleza) a lo adquirido (la cultura). Nuestra naturaleza (nuestro cerebro y el código genético innato que lo genera) es fruto de las selecciones socioculturales que han tenido lugar a lo largo del período de hominización. Y producimos cultura gracias a nuestra capacidad (cerebral, genética) para ello. En virtud de todo esto, la antropología compleja moriniana define al hombre como un ser bio-cultural (Geertz, 1997).
Por otro lado, la razón humana es el criterio para una conducta recta según el modelo elaborado por el filósofo holandés Baruch Spinoza. En su obra más importante, Ética (1677), Spinoza afirmaba que la ética se deduce de la psicología y la psicología de la metafísica. Sostenía que todas las cosas son neutras en el orden moral desde el punto de vista de la eternidad; sólo las necesidades e intereses humanos determinan lo que se considera bueno o malo, el bien y el mal. Todo lo que contribuye al conocimiento de la naturaleza del ser humano o se halla en consonancia con la razón humana está prefigurado como bueno. Por ello, cabe suponer que todo lo que la gente tiene en común es lo mejor para cada uno, lo bueno que la gente busca para los demás es lo bueno que desea para sí misma. Además, la razón es necesaria para refrenar las pasiones y alcanzar el placer y la felicidad evitando el sufrimiento.
Desde luego, el tema abarca una cuestión más filosófica, religiosa o personal. Lo que percibimos en la humanidad está determinado por la actitud; pero también lo que vemos, determina la actitud, y esto está relacionado con otras cuestiones: Si, por ejemplo, la enfermedad mental no está tan alejada de la salud; si la personalidad puede cambiar tardíamente en la vida; si la cultura y la genética no fuesen tan poderosas y si, en definitiva, nuestras motivaciones al menos pudiesen hacerse conscientes, tendríamos más bases para el optimismo.
Respecto a la visión del hombre que plantean los diversos autores que siguen la perspectiva Humanista, la tendencia a la actualización del ser humano podría determinar de algún modo la intrínseca "naturaleza" existente en forma particular de cada individuo.
Respecto a que el hombre se ve afectado por el contexto cultural en el que se desenvuelve, es importante el considerar, el hecho de que esto va incidiendo en las distintas concepciones que se puedan plantear respecto a su naturaleza buena o mala, del mismo modo, una actitud negativa del ambiente del individuo originaría una incongruencia entre el self y la experiencia.
La tendencia a la actualización surge a pesar de las condiciones adversas, pero se expresa de mejor forma en la medida de que el organismo y el ambiente esté en armonía, con lo cual "el organismo se enriquece y satisface sus potenciales", en los seres humanos, destaca entre estos el potencial del desarrollo del yo, como "deseo de establecer nuestra identidad o de conservar nuestro amor propio." (Di Caprio, 1989, pag.324). Lo relevante es que la realización del yo es una de las principales fuentes de motivación, junto a las necesidades del organismo y las condiciones del ambiente; el desarrollo del yo cada vez impone más sus requerimientos de motivación, lo que contribuye al bienestar de la persona.
Las personas que logran manifestar de manera adecuada la tendencia actualizadora "desarrollan una mayor autocomprensión, una mayor confianza en sí mismos y una mayor habilidad para elegir su conducta. Aprenden de un modo más significativo y disponen de mayor libertad para ser y llegar a ser" (Rogers, 1987, pag. 77).

Conclusión



Se han expuesto a lo largo de la presente monografía, los postulados centrales de la teoría humanista, aquellos cimientos que dan cuerpo y sentido a los planteamientos de los distintos autores y que unen las distintas concepciones humanistas de la psicología clásica. Se han expuesto también, para efectos de cumplir con los objetivos de la presente, postulados de distintos autores que critican estos axiomas teóricos de la psicología humanista, señalando la imposibilidad de muchas de las hipótesis que la teoría plantea.
Uno de los planteamientos centrales de Rogers (1977), daba cuanta de que al dejar a un niño en completa libertad para actuar, sin poner trabas a su desarrollo, todo lo que haga y aprenda siempre estará correcto y será bueno para él. Esto desde luego supone ausencia total de restricciones.
Dicho planteamiento, constitucionalmente presenta ciertas contradicciones, ya que ciertas condiciones que son exigidas para dar cuenta de la supuesta "bondad" de lo humano, por definición son imposibles. A continuación, se presentará un análisis minucioso y crítico respecto de dichos postulados, con la finalidad de cerrar ciertas discusiones que fueron planteadas a lo largo del trabajo y de concluir así con los objetivos centrales del presente.
En primer lugar es importante identificar los elementos centrales del planteamiento de Rogers; el primero, implica la posibilidad de dejar a un niño en "completa libertad", el segundo, establece la importancia de no establecer "ninguna especie de trabas" para su desarrollo, el tercero, alude a que todo hecho y aprendizaje realizado siempre será "correcto" y será "bueno" para el sujeto.
El primer componente del planteamiento de Rogers, alude a la posibilidad de dejar a un niño en completa libertad. La imposibilidad pasa por la ausencia de una concepción de libertad, y por la poca claridad de dicha exigencia. Es inconcebible esperar que un niño no se encuentre limitado en sus potencialidades, de hecho, ya la biología, o si se prefiere, la propia estructura del individuo, se constituye como límite. Se hace necesario encaminar o guiar el desarrollo de un niño, al momento de intentar ofrecerle el ambiente mas propicio para su crecimiento, ya se cae en una limitación, ya que el desarrollo esperado estará definido desde las expectativas que un "otro" tiene respecto del desarrollo idóneo, y no por las propias posibilidades, proyecciones o intenciones del propio individuo. La plena libertad, pasaría mas bien por una mirada utópica e irrealista del hombre, ya que siempre se ha de considerar que lo humano, se define desde lo social y no desde lo individual, y al pertenecer a un grupo determinado, o al ser parte de una cultura específica, la libertad ya se constituye como un concepto relativo y criticable, dependiendo del contexto y de cómo un grupo humano la defina desde sus propias particularidades, que de factores universales asociados al "hombre".
El segundo planteamiento, asociado al anterior, alude a que no se han de establecer ninguna especie de trabas para el desarrollo del sujeto. Si bien los argumentos que cuestionan el primer elemento del postulado de Rogers, propuestos en el párrafo anterior, son suficientes para relativizar este segundo elemento, es posible agregar algunos elementos a la crítica. El no establecer trabas a los sujetos, con la finalidad de no afectar a su desarrollo, implica una negación, o al menos una no consideración de lo Interpersonal. ¿Dónde están los límites entre el yo y el no – yo (otro)?, ¿Dónde se encuentra los límites de mi libertad con la del otro?, ¿Hasta donde puedo llegar yo, sin afectar a otro?. Todas estas preguntas, de manera evidente cuestionan la posibilidad de no encaminar, o si se quiere, limitar las posibilidades de ser y de actuar a los individuos, la convivencia humana esta definida desde el consenso, desde un acuerdo cultural (heredado para nosotros), y para encontrar la paz y el equilibrio en las interacciones sociales (y también las que son en relación a uno mismo), implican el limitarse, el saber establecer los límites, el saber diferenciar lugares y contextos en los que se puede actuar de una forma u otra, y en los que no. Por ejemplo, no cualquier lugar es apto para expresar la emocionalidad, o para llevar a cabo el auto descubrimiento de lo sexual o de lo agresivo, pese a que todos estos elementos son propios y constitutivos de lo humano. Se hace necesario así el saber y poder limitarse, y dichos límites, deben ser enseñados.
El tercer y último punto, hace relación a que todo acto y aprendizaje realizado por el individuo en las condiciones ya señaladas, será siempre bueno y correcto. Ya se ha planteado la imposibilidad de dichas condiciones.

Se hace posible hablar de ambientes más o menos propicios para el desarrollo, o de ambientes que favorezcan la expresión de las potencialidades de un individuo tanto en sus aspectos genéticos (asumiendo la existencia de alguna especie de aptitud) como en sus aspectos aprendidos. Esto último, implica que los aprendizajes serán correctos, al igual que los actos realizados, en relación a la funcionalidad de éstos. Aquellos que sirven a la sobre vivencia, evidentemente aportan al valor adaptativo, pero otros, tienen un valor cultural; la bondad, la empatía, la colaboración y el perfeccionismo, la sensación de auto valía, etc. están en relación al aspecto aprendido, y se definen desde la mirada occidental actual de lo que el hombre debe ser, y no desde una mirada ontogénica de lo que es el ser humano. Este último aspecto del postulado de Rogers, evidencia la necesidad de redefinir "lo humano" más que un afán por "dar cuenta de lo que lo humano es".

Bibliografía

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Di Caprio, N. (1992). Teoría de la personalidad. México: Mc.Graw- Hill.


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