Proyecto Integral de Apoyo al vínculo materno-infantil



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Figura 14

Algunos investigadores9 señalan que durante este período pareciera ocurrir un aprendizaje olfativo; luego el pecho materno segrega un tipo de feromona que guiaría al recién nacido hasta el pezón. Los neonatos son en general sensibles a los olores del pecho materno; el reconocimiento olfativo puede estar implicado en las etapas tempranas del proceso de apego, cuando los bebés aprenden a reconocer el particular olor de su propia madre. Según Bowlby 10 el apego madre-hijo se sustenta en bases olfativas que subsisten más allá de infancia, y los lazos afectivos que establecemos en la edad adulta dependen de nuestras experiencias olfativas más precoces. Desde el punto de vista del psicoanálisis, la madre es el objeto de la olfacción y también el olor del alimento, en tanto que los cambios del olor de la madre pueden provocar una importante perturbación en el bebé, suceso señalado por Dolto 11, Anzieu 12, etc.


Los porcentajes varían cuando se trata de las caricias: mientras que el 82% considera que a su bebé le gusta que lo acaricien, el 8% restante piensa que no (figura 15).
No hay evidencia más convincente sobre las consecuencias de la carencia de contacto corporal que las investigaciones de Spitz 13 en orfanatos británicos, que realizó a causa de la enorme mortandad de bebés en establecimientos de este tipo. Quedó demostrado que uno de cada tres bebés moría antes de alcanzar el año de edad por falta de lo que podríamos llamar "alimento táctil". Se trataba en todas las ocasiones de niños bien cuidados en cuanto a higiene, calor y alimentación se refiere. Pero a ellos les faltaba contacto piel a piel, atención y juego corporal, que en mayor o menor medida tienen los niños que nacen en un ambiente familiar convencional, pero que la enfermera a cargo de muchos niños no podía dar.




Figura 15

Embriológicamente, el tacto es el sentido que aparece más temprano: un embrión de dos meses reacciona cuando se lo toca. Al momento del nacimiento, el bebé pierde el contacto con las envolturas amnióticas, y la piel -aquella parte diferenciada de nuestro organismo que nos recubre externamente- se constituye en el primer órgano receptor de las condiciones de la vida extrauterina. El bebé comienza a percibir sensaciones de gravidez corporal, de presión, peso, deberá regular su temperatura, etc. Una nueva sensación, la cinestésica, debe comenzar a organizarse. El sostén y las caricias maternas le permiten sentirse reconfortado y así facilitar su adaptación a la vida extrauterina. El recién nacido no va a diferenciar entre el hecho de que lo acaricien, lo tomen en brazos, lo arrullen, lo toquen, lo mezan ... de la vida misma.


Actualmente, en la terapéutica para bebés prematuros se trabaja con la técnica “madre canguro”, así llamada por la similitud que tiene este procedimiento con el comportamiento de los marsupiales con sus crías. También llamada “piel a piel”, varios estudios 14 indican que la temperatura de la madre ajusta para que la temperatura del bebé esté al nivel correcto. Hay una rápida normalización de la función respiratoria y menor cantidad de períodos de apnea. La técnica fue propuesta en 1978 por los Dres. Rey Sanabria y Martínez, en el servicio de Pediatría del Instituto Materno Infantil de Bogotá, en respuesta al hacinamiento que se padecía por carecer de incubadoras. Varios años de evaluación científica del método, han demostrado sus beneficios, no sólo por menores infecciones hospitalarias y mayor porcentaje de sobrevida de los niños, sino porque presentaron mayores índices de crecimiento y desarrollo que los bebés atendidos en forma tradicional en neonatología.
En estrecha relación con esto, les preguntamos a las madres si consideraban que el bebé podía percibir sus estados emocionales. Un 18 % consideró que no, y un 82 % consideró que sí, que el bebé percibe las emociones maternas, ya sean éstas positivas o negativas (figura 16).

Figura 16

Numerosa bibliografía reconoce al niño como un activo buscador de los miembros de su especie hacia los que está original y preferencialmente orientado afectiva, cognitiva y socialmente. Para Bowlby 15es esencial para la salud mental que el bebé tenga una relación íntima, cálida y continua con su madre, en la que los dos encuentran alegría y satisfacción”; para Lebovici 16 el lactante desempeña un papel activo en la interacción que sólo puede sostenerse por la respuesta recíproca de la madre.


Que el bebé es capaz de percibir los estados emocionales maternos ha sido demostrado en los estudios de “rostro inmóvil” como los de Tronick 17, o las numerosas investigaciones anglosajonas sobre depresión materna y problemas de conducta en niños 18. Para algunos autores “una forma de evaluar el apego en función del desarrollo emocional alcanzado por el niño, es observar la interacción natural entre este último y sus padres”19.
¿Por qué es importante el desarrollo emocional del lactante?
Recordemos que para J. Piaget 20, el aspecto cognoscitivo de las conductas consiste en su estructuración, y el aspecto afectivo, en su energética; estos dos aspectos son a la vez irreductibles y complementarios, existiendo un paralelismo en sus respectivas evoluciones.
También les preguntamos a las madres si su bebé puede jugar con ellas, y encontramos que un 16 % considera que no (figura 17).
Esto indica que algunas madres tienen una visión de su hijo como un ser pasivo, mero depositario del lenguaje, sin capacidad de interaccionar de manera lúdica con ella desde los primeros días. La idea de que el bebé es pasivo, es un prejuicio que hay que desterrar. Si hay un período de la vida en el que no corresponde en lo absoluto usar el término “pasivo” es en los primeros meses de vida.


Figura 17
Sobre el particular, R. Rodulfo 21 apunta: “Para nosotros, el concepto de jugar es el hilo conductor del cual podemos tomarnos para no perdernos en la compleja problemática de la constitución subjetiva. Partimos de un descubrimiento: no hay ninguna actividad significativa en el desarrollo de la simbolización del niño que no pase vertebralmente por aquél. No es una catarsis entre otras, no es una actividad más, no es un divertimento, [...] no hay nada significativo en la estructuración de un niño que no pase por allí ”.
Mientras los bebés practican y coordinan sus primeras acciones, su atención está centrada en su propio cuerpo, por lo que éste autor señala que “puede decirse que a partir del jugar el bebé se obsequia un cuerpo a sí mismo, apuntalado en el medio”. Todo lo que hace el entorno facilita u obstaculiza, acelera o bloquea, ayuda a la construcción o a la destrucción del proceso de estructuración psíquica.

Observaciones

Como señalamos antes, uno de los indicadores de mayor valor predictivo en lo que hace al desarrollo infantil es escolaridad materna. Si bien la muestra es pequeña, analizamos las respuestas maternas afirmativas sobre capacidades del bebé, en función de los dos cortes de escolaridad que ya vimos, lo que nos permitió observar que hay diferencias en las respuestas (figuras 18 y 19).


De la comparación, sobresale que las madres con menor nivel de escolaridad, creen en menor medida que sus hijos pueden reconocer sus estados emocionales.



Figura 18



Figura 19

Por otro lado, consideramos que además de conocer las creencias y saberes de las mamás sobre las capacidades del bebé, también es importante indagar a qué atribuyen el desarrollo de su hijo, ya que las actividades que realicen con ellos estarán influenciadas por este factor. Esta “atribución", en realidad es un entramado de ideas, creencias, actitudes, valores, expectativas, etc, que podemos organizar en tres lineamientos, que se vinculan entre sí y que deberá ser tenido en cuenta para futuras intervenciones:


 En primer lugar, el horizonte de creencias va desde posturas innatistas –aquellas mamás que creen que el desarrollo vendría determinado por la carga genética del bebé— a otras de carácter más ambientalista —las que consideran que el entorno es determinante en el desarrollo—; pasando por las posiciones intermedias más interaccionistas. Esto se revela en los dichos: es diferente decir que el bebé empezó a caminar al año que decir aprendió a caminar al año.
 El segundo componente hace referencia al calendario evolutivo, es decir, a la edad en la que los progenitores creen que sus hijos adquirirán ciertos logros madurativos: en este sentido, también hay un arco que va desde posturas más precoces –esperan un comportamiento del hijo con mayor antelación de la edad en la que generalmente se adquiere- a una a más tardía –no esperan ni estimulan comportamientos que el bebé puede estar en condiciones de realizar-. Por ejemplo cuando el control de esfínteres se “enseña” al año o por seguridad se lo pone en el andador. Es frecuente escuchar “es muy chico todavía” y “ya está grande para eso”.
 El tercer componente es el de las metas; también en este caso hay dos polos: dependencia o autonomía. En este sentido, podemos encontrarnos dos modelos distintos: por un lado, a madres propensas a pensar que es beneficioso para el desarrollo de sus hijos una relación basada en la dependencia, donde las metas son “el buen comportamiento y el respeto”. Por otro lado, progenitores con actitudes que fomentan la independencia, la libertad y la creatividad. Por ejemplo, como suele ocurrir frecuentemente, muchas mamás no quieren tomar en brazos al bebé cuando llora para que no adquiera “mañas”. O también, cuando son ya más grandes, muchas madres no ven en la situación de comida una oportunidad para mantener interacciones enriquecedoras para el desarrollo de sus bebés y hacen uso de la coerción.

Conclusiones
Los resultados de esta investigación nos permite esbozar un diagnóstico de situación. El primer resultado a destacar es que la encuesta misma formulada a las madres despertó inquietud para conocer más sobre las capacidades del recién nacido y funcionó como disparador para que las madres hablaran entre ellas respecto de las capacidades del bebé. Así, las mamás primerizas escuchaban la experiencia de las mamás con hijos previos, ratificando o rectificando la idea que cada una tenía.
También observamos que algunas mamás, cuando trajeron su bebé a control pediátrico y nos volvieron a ver, nos reconocían y nos hacían algún comentario sobre el desarrollo del bebé; además, otras mamás consultaron por situaciones que observaron en sus hijos mayores. Es decir, que en esos casos la temática quedó instalada, aunque es necesario reforzarla con charlas, talleres, folletos, etc.
Por esto, estimamos que la sala de espera del consultorio de pediatría, organizado adecuadamente, es el lugar óptimo para proseguir esta actividad que se debe iniciar durante la internación conjunta, o mejor aún, durante el curso de preparación integral para la maternidad.

Crianza y desarrollo
Actividad en Consultorios Externos de Pediatría
El propósito de nuestra actividad es contribuir a un mayor conocimiento del bebé y del infante, a efectos de sustentar acciones de prevención de trastornos, protección de la salud integral y promoción de las potencialidades de cada niño; además, estas acciones cuanto más integrales serán más efectivas. Por esto la programación se propone incorporar la perspectiva de la psicología a la consulta de seguimiento pediátrico del niño, espacio principal de articulación de las ciencias de la salud.
Como tema prioritario del desarrollo psicosocial de los niños, nos hemos propuesto detectar aquellas situaciones que hacen a patologías vinculares, por ejemplo el maltrato o la violencia doméstica. Los organismos oficiales brindan pocos datos en materia estadística respecto de este tema; sin embargo, especialistas de ámbitos de la medicina o el derecho han contribuido a proporcionar información. Por ejemplo, entre los años 1969 y 1975, un grupo de médicos estudió en la morgue judicial de Capital Federal unos 1.000 casos de muerte violenta sufrida por menores de 10 años. Los datos ofrecidos son turbadores: el 22% de los casos presentaba traumatismos, 136 niños registraban fractura de cráneo, 75 habían muerto por estrangulamiento o inmersión. El 35% de los hechos involucraba a niños de hasta dos años. En el Hospital de Niños "Ricardo Gutiérrez", en el año 1995 se registraron 405 consultas de violencia familiar, en 26% de las cuales fue necesaria la internación. En el 63% de las consultas se trataba de menores de 3 años, de los cuales el 86% había padecido maltrato físico o negligencia y el 14% abuso sexual. En la actualidad, ese hospital recibe de 2 a 4 niños maltratados por mes, un promedio de entre 50 y 60 por año.
Nuestra tarea entonces tiene una doble función: atender la problemática psicológica de los niños menores y sus familias que concurren a los controles pediátricos y fortalecer el rol del médico, ya que se enriquece al obtener una lectura más completa que redunda en una mejor calidad de la atención.




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