Programa institucional de tutorias



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3.6 La tutoría grupal

Como se mencionó antes, la actividad tutorial debe asumirse como un programa de atención individualizada, pero como también se indicó, el establecimiento de un programa institucional de tutorías es complejo y gradual. En las primeras fases del programa pudiera convenir establecer la tutoría grupal.
Es importante señalar que la tutoría grupal no es un modelo idóneo por las siguientes razones:

1.- Propicia la simulación. La asistencia periódica del tutor a sesiones grupales corre el riesgo de transformarse en un espacio sin contenido no lográndose, por consiguiente, los objetivos de la tutoría.


2.- Favorece la tendencia al adoctrinamiento. El encuentro regular entre el tutor y los alumnos sin un programa de atención individualizada propicia la imposición de puntos de vista del tutor (ideológicos, políticos, morales, etc.) al grupo de estudiantes. Esto se debe a que al fungir el tutor como figura orientadora en la relación grupo de alumnos-tutor, emerge fácilmente el rol directivo del segundo.

Por lo anterior, cuando se recurra a la tutoría grupal será para tratar problemáticas que afectan al grupo o a una parte del mismo, por ejemplo, para resolver conflictos entre el grupo y el profesor, analizar con el grupo o parte de él las causas de los altos índices de reprobación en alguna materia. Para ello será necesario indicar a los tutores que el encuentro con el grupo constituye sólo una forma de aproximación para identificar los casos problema y dar a éstos una atención de carácter individual o en pequeños grupos. En todo caso, será necesario que el tutor, con el objeto de permitir el seguimiento del desempeño individual y colectivo de los miembros del grupo, prepare para entregar al siguiente tutor que se asigne al grupo, un informe en el cual se detallen las características generales del grupo, los liderazgos evidentes, las tendencias de asociación entre los miembros de grupo identificadas y las características individuales y los problemas de los alumnos de alto riesgo.



1 Una sesión mensual de 60 minutos con cada uno de los tutorados sería suficiente en la mayoría de los casos. De esta manera, por ejemplo, si un tutor tiene asignados ocho tutorados, la asignación de dos horas semana/mes para la actividad de tutoría sería adecuada para la atención de dicho grupo de alumnos.

Capítulo 4



DIAGNOSTICO DE NECESIDADES DE TUTORÍA


4.1 La necesidad de conocer al estudiante en tanto sujeto de los programas de tutoría

No cabe duda que el diseño e implementación de un Programa de Tutoría puede iniciarse sin un conocimiento adecuado de los sujetos a los cuales se dirige; de hecho, algunas instituciones en México lo han llevado a la práctica de esta manera. Otras instituciones han implementado programas de tutoría, tomando como sujeto de atención, a los alumnos con un alto desempeño académico o, por el contrario, a los estudiantes con un bajo rendimiento escolar (regularmente medido por los resultados del examen de admisión o por las calificaciones obtenidas en el transcurso de la carrera).
Obviamente es posible diseñar un programa de tutorías académicas sin conocer al sujeto al que van dirigidas: el estudiante. Pero también es posible sostener que si las instituciones conocen algunos de los rasgos de sus alumnos, podrían ser mejores las condiciones para diseñar, implementar y obtener distintos resultados en la calidad de la enseñanza y, por ende, en la capacidad institucional para retener a sus alumnos, y lograr así formar más y mejores profesionistas.
Las dimensiones de observación más relevantes para aproximarse al conocimiento del perfil de los estudiantes son las siguientes:

1. Origen y situación social de los estudiantes. Esta dimensión pretende dar cuenta de las condiciones sociales y antecedentes escolares de los estudiantes, con especial atención a los fenómenos de movilidad intergeneracional que se pueden advertir, el llamado ”capital cultural” acumulado, así como apreciar el contexto familiar en el que llevan a cabo sus estudios universitarios.


2. Condiciones de estudio. En este caso se trata de explorar las condiciones materiales con las que cuentan los estudiantes en su ámbito básico de residencia, desde el espacio destinado al estudio y las tareas escolares, hasta el equipamiento con el que cuentan: escritorio, librero, enciclopedias, computadora, etcétera.
3. Orientación vocacional, propósitos educativos y ocupacionales. Esta dimensión permite explorar hasta qué punto los estudiantes cuentan con objetivos educativos y ocupacionales claros al llevar a cabo determinada formación universitaria. Algunos estudios sostienen que la ausencia o relativamente débil definición, por parte de los estudiantes, de lo que esperan obtener durante su estancia en la universidad, sus metas y aspiraciones educativas y ocupacionales futuras, es una de las causas más importantes del abandono y de la deserción escolar.
4. Hábitos de estudio y prácticas escolares. A través de esta dimensión se busca indagar sobre las distintas actividades y modalidades de estudio que llevan a cabo los estudiantes, así como tener un acercamiento en relación con la percepción que tienen sobre el trabajo del profesorado, tanto al interior como al exterior del salón de clases.
5. Actividades culturales, de difusión y extensión universitaria. Con esta última dimensión se pretende conocer el tipo y la frecuencia con la que los estudiantes acuden y participan en la vida cultural y recreativa, tanto en los espacios que sus instituciones ofrecen como fuera de ellas.

Gran parte de la información que corresponde a las dimensiones antes señaladas puede ser analizada a partir de las encuestas socioeconómicas que se aplican en el momento de la admisión, o recuperarse de los exámenes de selección para el ingreso. Otra, como puede ser la relativa a las condiciones de estudio, al tipo y frecuencia con que el estudiante participa en actividades culturales o la definición vocacional deberá indagarse directamente a través de la actividad tutorial. La información disponible en las IES sobre los antecedentes académicos de los alumnos y sobre su trayectoria escolar representa un recurso de enorme valor para el diagnóstico de necesidades de tutoría que regularmente se desaprovecha. De ahí que se plantee, como base para el diagnóstico previo al establecimiento de un programa de tutoría, un proyecto de aprovechamiento de información disponible.



4.2 Perfil de la información útil para el diseño de un Programa Institucional de Tutoría

El proceso de tutoría requiere el acceso de los tutores y/o del personal de apoyo al programa tutorial, a un conjunto de datos que les permitan informar, orientar y tomar las decisiones adecuadas y oportunas, acordes con las necesidades de los estudiantes. Esta situación determina la necesidad de acceso a algunos sistemas institucionales, la creación de servicios de acopio y procesamiento de información relativa a los alumnos o a otras instancias de posibles apoyos.
Tanto las decisiones para diseñar e implementar programas de tutorías, como la acción especifica de los tutores, tienen como condición necesaria para su desarrollo alcanzar el mayor grado posible de conocimiento sobre los estudiantes que participan en estos procesos. Los perfiles académicos y socioeconómicos de los estudiantes pueden constituirse en un insumo relevante; las instancias responsables de organizar el servicio educativo pueden encontrar en ellos elementos esenciales para planificar acciones académicas.
Para este efecto, es necesario diseñar una estrategia que permita generar los indicadores básicos del perfil de los estudiantes y ponerlos a disposición de los tutores, con un cierto orden y una intencionalidad precisa. Además, se requiere crear las condiciones para que los usuarios de la información puedan comprender el significado de estos perfiles y apoyarse en ellos para tomar algunas decisiones. Por último, es importante reconocer que esta información será un insumo importante, siempre y cuando se diseñen procesos que permitan su utilización cuidadosa y razonable.
La información sobre los antecedentes y la trayectoria de los estudiantes se constituye en un insumo básico para el diseño de actividades académicas dirigidas a programas y/o estudiantes específicos, así como para planificar acciones y recursos tendientes a brindar atención especializada (formación de profesores, cursos remediales, asignar tutorías, preparar materiales de apoyo).
La elaboración de perfiles de los estudiantes puede iniciarse en el momento del ingreso a la institución. Los procesos de selección e ingreso son una excelente oportunidad para recopilar la información básica necesaria y organizarla para su posterior consulta por quienes harán uso de ella. Conviene destacar que los tutores o los cuerpos colegiados deben ser entendidos, en principio, como usuarios. En consecuencia, la información deberá ser organizada y puesta en condiciones de acceso por instancias específicamente encargadas de ello. Más adelante, a lo largo del proceso tutorial, los profesores deberán recopilar la información que resulte del tránsito de los estudiantes por la institución.
En conjunto, el perfil básico de información sobre los estudiantes, puesto a disposición de los tutores y cuerpos colegiados responsables de operar un programa de tutoría institucional, deberá contener, en la medida de lo posible, los siguientes aspectos:
1. Datos generales: Consiste en la información que permite identificar al estudiante en términos generales (nombre, sexo, edad, estado civil, lugar de procedencia y dirección, facultad, carrera o programa).
2. Antecedentes académicos: Información orientada a identificar tanto las características del bachillerato de procedencia, como el desempeño académico del estudiante, además de sus estilos de trabajo escolar. De estos antecedentes interesa conocer:

a) Escuela de procedencia (régimen y sistema, plan de estudios y duración).


b) Rendimiento escolar (Tiempo ocupado en cursar materias reprobadas, promedio del bachillerato).
c) Escuela de procedencia (indicadores sobre las características de la escuela de procedencia en cuanto a instalaciones, ambiente y profesorado).
d) Formas de trabajo escolar (indicadores sobre recursos utilizados, formas de realizar tareas, preparar exámenes y participar en las actividades escolares, además de hábitos de estudio).

3. Antecedentes socioeconómicos. Indicadores que apuntan a señalar las condiciones en las cuales los estudiantes desarrollan su carrera y los recursos con que cuentan (escolaridad y ocupación de los padres, número de hermanos, nivel de ingresos, bienes con que cuenta en casa, si trabaja cuál es su ocupación, las condiciones laborales y los ingresos).


4. Conocimientos. Información que permite una aproximación al nivel de dominio de contenidos necesarios para los estudios de licenciatura, la cual se extrae de exámenes de selección o diagnóstico, elaborados ex profeso y orientados a identificar debilidades y fortalezas del estudiante en contenidos específicos, incluido el dominio del propio idioma, el manejo de otros idiomas y de las herramientas de cómputo.
5. Habilidades. Se refiere a la identificación del potencial que los estudiantes tienen para adquirir y manejar nuevos conocimientos y destrezas. Regularmente se entienden como las capacidades para reconocer situaciones o alternativas, identificarlas y diferenciarlas unas de otras, transferir lo conocido a otras situaciones. Entre ellas, la capacidad de razonamiento que requiere para observar, discernir, reconocer y establecer situaciones, reconocer congruencias e incongruencias, ordenar y seguir secuencias e imaginar soluciones o suponer condiciones, probar, explorar, comprobar. Generalmente, las habilidades son exploradas a través de exámenes de razonamiento verbal y numérico.
6. Valores y Actitudes. Se trata de identificar la predisposición para reaccionar ante situaciones y conocimientos, de una manera determinada, especialmente en cuanto al trabajo escolar, los profesores y los compañeros. Así como de alcanzar una aproximación a los valores que califican y dan sentido a las actitudes.
7. Intereses y expectativas. Se refieren a aquella información que da cuenta de los campos disciplinarios que interesan al estudiante, sus aspiraciones de desarrollo profesional e inserción en el mercado de trabajo; además de sus consideraciones sobre el servicio educativo que espera recibir.
8. Salud. Identificación de las condiciones de salud del estudiante.

4.3 Recomendaciones para el aprovechamiento de información disponible

La mayor parte de la información requerida para identificar las necesidades a atender en un programa de tutorías existe en las IES; diferentes instancias generan información de importancia trascendental para la operación y la mejora de los programas educativos, misma que no es explotada lo suficiente. Entre la información, cuyo aprovechamiento puede constituir un apoyo esencial para la instrumentación de mejoras, se encuentra la referida a los exámenes de selección para el ingreso, la información sobre las trayectorias académicas de los alumnos que generalmente se sistematiza en las oficinas de Sistemas Escolares de las IES. A continuación se apuntan sus características.

4.3.1 Exámenes de selección

Los resultados de exámenes de ingreso debidamente elaborados, pueden ofrecer indicios importantes sobre aquellos alumnos que, debido a su bajo rendimiento académico, son candidatos a desarrollar una trayectoria escoar de bajo aprovechamiento o de reprobación, lo que conduce, en la mayoría de los casos, a la deserción.
Hasta ahora, los exámenes de ingreso a la educación superior se han consolidado como la principal opción en los procesos de selección, y se utilizan, fundamentalmente, para determinar quién ingresa a los estudios superiores. El examen permite ubicar a los estudiantes en una escala referida a la población sustentante, lo cual se realiza a partir del número de aciertos que cada uno de ellos obtiene en las áreas que componen la prueba. Así, la posición del sustentante es resultado del número total de respuestas correctas, aunque también es posible identificar el número de éstas en cada una de las áreas.
Si bien su utilización como instrumento para determinar el ingreso es su principal característica (es necesario ser muy cuidadoso en la interpretación y uso de los resultados como diagnóstico de instituciones, regiones e individuos), los exámenes de ingreso pueden ser utilizados, asimismo, como referencia para comparar y/o diagnosticar habilidades y dominio de contenidos. Lo anterior es resultado de la aceptación de la prueba como punto de comparación, pero también del reconocimiento explícito de su capacidad para identificar las diferencias entre estudiantes. No obstante que los exámenes no ofrecen necesariamente un diagnóstico completo del nivel de conocimientos o las habilidades del estudiante, los datos obtenidos hasta ahora, sugieren que el rendimiento académico de los estudiantes que ingresan, se asocia significativamente a los resultados obtenidos en los exámenes de admisión, cuando éstos son construidos y aplicados adecuadamente.
Sin dejar de reconocer que los exámenes de admisión que se utilicen habrán de demostrar su capacidad diagnóstica y/o predictiva, es necesario precisar cómo pueden y deben ser interpretados sus resultados y, en consecuencia, qué ofrecen como herramienta para la planificación de tareas académicas que contribuyan a mejorar el rendimiento de los alumnos.
La experiencia indica que existe un creciente interés de las instituciones, personal académico, padres y los propios sustentantes por los resultados de los exámenes; pero también es evidente que existe el riesgo de un escaso aprovechamiento de los resultados. En este sentido, es de suma importancia precisar sus alcances y limitaciones mediante la explicitación de procesos para interpretar los resultados y, por consiguiente, su uso posible.
Es indispensable que los tutores, en cuanto usuarios de esta información, conozcan a fondo las características del examen de selección, con una descripción detallada de sus componentes: diseño y contenido, perfil al que responde, áreas que contempla, procesos mentales que involucra, tipo de reactivos que utiliza, cómo se elaboran y validan, descripción de su función en el ordenamiento y selección, así como su carácter de auxiliar en el diagnóstico y pronóstico académico. Un adecuado conocimiento de las características de las pruebas puede contribuir significativamente a lograr un uso más racional de los resultados.
Es importante recordar que en el mejor de los casos, el examen de selección se aplica por áreas del conocimiento; por tanto, al tener que medir ciertos indicadores homogéneos, resulta insuficiente para conocer el nivel de dominio de los conocimientos y habilidades del alumno, requeridos para un desempeño académico adecuado en el ámbito de un plan de estudios determinado. De ahí la conveniencia de la aplicación de exámenes diagnósticos al inicio de los estudios.
En principio, se aprecia la utilidad de presentar los resultados generales de cada uno de los estudiantes, así como su desempeño en cada una de las áreas. Pero al mismo tiempo, para contar con puntos de referencia, conviene presentar los resultados en función tanto de los obtenidos por el grupo, es decir quiénes ingresaron a una determinada escuela; como los que ingresaron a las carreras del Área Académica, División, etcétera, correspondientes. Otra referencia clave son los resultados obtenidos por el conjunto de la población.
Lo anterior permite, además de ubicar a los estudiantes en un determinado rango de desempeño, establecer una aproximación al nivel de dominio de contenidos o habilidades. La intención es dotar a los usuarios de herramientas que les permitan distinguir con mayor certeza y claridad a aquellos estudiantes que, por sus resultados en el examen, pueden ser considerados de bajo rendimiento en su trayectoria escolar. Por supuesto que dicha caracterización deberá ser determinada por los propios usuarios de la información (tutores), en función de las necesidades e intereses particulares de la carrera o del área de conocimiento, considerada prioritaria para un mejor desempeño escolar.
Se parte de un supuesto básico: quienes ingresan con los perfiles más bajos de desempeño en el examen pueden ser considerados “estudiantes en riesgo” y pueden requerir una atención especial. Sin embargo, hasta ahora no se tiene la certeza de que en realidad lo sean. Se considera que la definición de “estudiante en riesgo” deberá ser abordada no desde la perspectiva del desempeño global en el examen, sino, en todo caso, de los resultados obtenidos en una determinada área del examen o combinación de éstas, en función de una carrera específica. Pero además, tal definición no depende exclusivamente de los aciertos obtenidos, pues puede estar significativamente asociada a los recursos con que cuenta un estudiante, además de su trayectoria escolar previa.
El conjunto de tareas a realizar para construir perfiles, sistematizar la información y desarrollar estrategias que permitan su uso certero y oportuno, son de suyo complejas y exigen un significativo esfuerzo institucional y personal de autoridades y docentes.
Conviene señalar que en este terreno existen ya diversos instrumentos y procedimientos de recopilación y sistematización de información. Para los perfiles de inicio se recomienda explotar, si es el caso, los resultados de los exámenes de admisión (College Board, EXANI II del CENEVAL, EXCOBAH de la UABC o los utilizados por las propias instituciones).
Por otro lado, las encuestas aplicadas por el CENEVAL, la UNAM y la UAM entre otras instituciones, son un excelente ejemplo y constituyen un apoyo para iniciar estas tareas de recopilación de información en torno a la trayectoria escolar previa, a los indicadores socioeconómicos, a los intereses y expectativas profesionales, así como en torno a la escuela de procedencia y aspectos relacionados con las formas de trabajo escolar de los estudiantes.

4.3.2 Perfil socioeconómico del estudiante

Por otro lado, es de todos conocido que el desempeño escolar de los estudiantes está mediado por las condiciones y recursos de los que pueden disponer para realizar sus estudios. La identificación de las características socioeconómicas mediante encuestas, que regularmente se aplican a quienes demandan ingreso, provee de información también disponible en las IES, para indagar los posibles problemas del estudiante.


En este sentido, es necesario reconocer las dificultades de la institución para considerar aspectos derivados de la situación socioeconómica, pero también la inconveniencia de hacer caso omiso de ellas. Las políticas y los medios destinados a atender el déficit de los estudiantes en cuanto a recursos, también pueden ser diseñados a partir de la información que aportan las encuestas, tales como asignación de becas, apoyos para la adquisición de textos, acceso a equipos de cómputo, etcétera.

4.3.3 La trayectoria escolar

Además de tener acceso a los antecedentes académicos de los estudiantes antes de su ingreso a una IES (el desempeño escolar en el bachillerato, los intereses vocacionales), es esencial que los tutores estén debidamente informados del avance y rendimiento escolar de cada unos de sus tutorados en el marco del plan de estudios y de sus respectivos programas. Esta información es crucial para decidir acciones específicas de atención a los estudiantes y orientarlos adecuadamente. Para ello, es necesario llevar a cabo un conjunto de acciones cuya planeación supone el uso de un lenguaje compartido entre profesores, tutores y los responsables de los sistemas escolares. Para tal efecto, conviene sentar las bases de este lenguaje común, cuando menos en lo que se refiere a los conceptos fundamentales involucrados en el estudio de las trayectorias escolares, los cuales se indican a continuación.


La trayectoria escolar se refiere a la descripción cuantitativa del rendimiento escolar de un conjunto de estudiantes (cohorte), durante su tránsito o estancia en una institución educativa o establecimiento escolar, desde su ingreso, permanencia, egreso, hasta la conclusión de créditos y requisitos académico-administrativos que define el plan de estudios (Altamira Rodríguez 1997:8).
En este sentido, la cuantificación de indicadores como índice de la eficiencia y las tasas de egreso, promoción, retención y rezago, por cohorte ciclo/semestre, y el índice de aprobación y reprobación, permite entender el comportamiento de las cohortes.
La eficiencia terminal es definida como “la relación cuantitativa entre los alumnos que ingresan y los que egresan de una cohorte. Se define de acuerdo con el número de ciclos/semestres contemplados en el plan de estudios; en cambio, la tasa de egreso es la relación cuantitativa de los que egresan y los que ingresaron de una cohorte, indistintamente de la cantidad de ciclos/semestres requeridos” (Altamira Rodríguez 1997:40). Comparar la eficiencia terminal versus la tasa de egreso permite establecer, por ejemplo, la gravedad del rezago escolar o la duración promedio de los estudios, etcétera.
La cohorte es el conjunto de alumnos que ingresan en un mismo periodo, a un mismo establecimiento escolar, con una misma finalidad: la obtención de un diploma, grado académico o título profesional. Se puede definir también como el conjunto de personas que habiendo obtenido el derecho de inscripción, se convierten en alumnos ordinarios en cualquier nivel o modalidad en una institución educativa, para recibir de manera sistemática, formación académica o profesional, adquiriendo con ello los derechos y obligaciones estipulados en la normatividad de la institución.
La cohorte se integra al momento de la inscripción de los aspirantes seleccionados, calificados ahora como alumnos de primer ingreso. La inscripción como alumno de primer ingreso lo hace pertenecer automáticamente a una cohorte.
Para el análisis longitudinal de las trayectorias escolares debe considerarse el momento en que el último de los miembros de la cohorte concluye o interrumpe, de tal forma que se describa completamente el comportamiento. “(...) el seguimiento longitudinal de la trayectoria de una cohorte implica la reconstrucción del recorrido de la misma dentro de un periodo temporal, cuyo momento inicial se define por el año de integración de la cohorte, y el momento final, por la fecha en que se extingue el último ‘miembro de la misma’” (Altamira, 1997:256).
En resumen, los indicadores específicos para el estudio de una cohorte son:

a) La integración de la cohorte


b) Recorrido de la cohorte: promoción, repetición, deserción, egreso
c) Periodo de observación
d) Comportamiento: las diferentes variaciones de la cohorte durante la observación.

El recorrido se integra a partir del análisis de los momentos que comparten las cohortes desde su integración: inscripción a semestres/asignaturas, promoción o repetición de dichas asignaturas/semestre, lo que genera el rezago, la deserción o el egreso. Una vez concluidas las asignaturas y los créditos académicos administrativos contemplados en el Plan de Estudios, el periodo de observación se mantendrá hasta que el último de los miembros de la cohorte concluya o interrumpa definitivamente los estudios; y el comportamiento, esto es, las diferentes variaciones que muestran las cohortes a lo largo de la observación, se describirán conforme al avance de los ciclos/semestres (Altamira Rodríguez 1997:30).


La inscripción incluye tanto la de primer ingreso (integración de la cohorte), como las llamadas reinscripciones a las asignaturas de los semestres subsiguientes. Es necesario utilizar el término reinscripción para distinguir la inscripción del primer semestre de la del resto de los semestres, pues al considerar los exámenes ordinarios de primera oportunidad como indicador, cuando los alumnos se inscriben a una asignatura o semestre lo hacen por primera vez.
La inscripción a exámenes ordinarios de segunda oportunidad corresponde y debe estudiarse dentro del fenómeno de la repetición, al igual que las inscripciones de los alumnos rezagados, dado que éstos no se mantienen integrados en la cohorte, afectando la eficiencia terminal (Altamira Rodríguez:31).
La inscripción permite observar cómo se mantiene integrada la cohorte para destacar los momentos en que se presentan las deserciones y el rezago, que determinan la eficiencia terminal y la tasa de egreso.
El diseño e implementación de un sistema de seguimiento de los estudiantes, que oportuna y certeramente dé cuenta de indicadores de avance, aprobación, eficiencia, calificaciones y promedios y permita el seguimiento puntual de la trayectoria escolar del estudiante, requiere del acceso y sistematización de la siguiente información:

• Expediente del alumno: Soporte cuya adecuada integración y sistematización deberá permitir un acceso oportuno al registro de calificaciones, tipos y número de exámenes solicitados y fecha de presentación.


• Avance: Entendido como el número de materias cursadas, en relación con el tiempo (semestre, trimestre, etc.) previsto para ello. Este indicador da cuenta del rezago o la continuidad en los estudios. Por otro lado, también puede reflejar el porcentaje de cursos acreditados y/o créditos obtenidos en relación con el total establecido en el plan de estudios.
• Aprobación: Indicada por medio del número de cursos que son aprobados en términos normales, sin recurrir a opciones extraordinarias o a la repetición; se calcula mediante la relación entre cursos tomados y cursos aprobados.
• Eficiencia: Se refiere a la relación entre el número de cursos por asignatura acreditada y los exámenes presentados para su aprobación.
• Rendimiento: promedio global obtenido por el alumno en cada ciclo escolar.

Por último, lo planteado es, desde el punto de vista del grupo participante en el presente estudio, necesario pero insuficiente; sin embargo, es un buen punto de partida para que, en poco tiempo, con base en el análisis de rendimiento escolar de los estudiantes y la asociación con su desempeño en el examen, sus características socioeconómicas y trayectoria escolar previa, sea posible actuar con mayor certeza en la construcción de una definición de “estudiante en riesgo” y, en consecuencia, proporcionar soluciones.




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