Programa de formacion para laicos-as



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Actividades:


  1. De comprensión del tema:




  • Subraye lo que considere más importante del tema, haga sus resaltados de lo que considera que a usted le ayuda a comprender su proceso personal.




  1. De conocimiento personal y grupal:




    1. A nivel humano-psicológico:

Revise y dé respuesta a los recuadros de reflexión personal que se presentan dentro del desarrollo del tema y que ellos sirvan para la reflexión grupal.




    1. A nivel histórico:




  • ¿Qué expectativa interna se va generando en su persona, como proceso de formación y preparación a la vivencia de los Ejercicios Espirituales, que le invitan a construir Reino, a luchar por estructuras diferentes, a establecer relaciones más justas y fraternas?

  • ¿En dónde encuentra que puede darse una relación entre los Ejercicios Espirituales y el compromiso histórico para todo cristiano, para toda persona?

  • ¿Considera que los Ejercicios Espirituales buscan más bien una desconexión de la persona con su realidad o la conectan a ella, desde la experiencia de encuentro y contacto con lo que hasta ahora se va estudiando?




    1. A nivel espiritual:




  • ¿Cómo podría acercarse –renunciando al fetiche- al Dios de Jesús y cómo hacer esto, me implica un salto de fe?

  • ¿Podría haber escandalizado a otros en el camino espiritual desde mi vivencia personal desde el fetiche de “dios”. O más bien he animado y ayudado a que otros caminen también en búsqueda del Dios de Jesús?

  • ¿Cómo está mi decisión de querer cambiar desde una vivencia profunda de encuentro con Jesús en los Ejercicios Espirituales?

  • ¿Qué horizonte le abre en su proceso de crecimiento psico-espiritual el ir caminando en la preparación de la vivencia de los Ejercicios Espirituales? ¿A dónde lo puede llevar este camino en la dimensión espiritual? ¿Cómo desde este camino puede también ir construyendo Reino?



  1. De proyección y/o aplicación:




  • ¿Podría enumerar 3 acciones que le nace realizar como deseo y voluntad de cambiar algo dejando de vivir en su interior al Dios de Jesús con el que desea encontrarse en la vivencia de los Ejercicios Espirituales?

  • ¿Qué de lo aprendido sobre su persona y su historia espiritual de vida quisiera compartir en su grupo de vida o de trabajo, considerando que al expresarlo y formularlo lo está integrando?.

  • ¿Al descubrir que en su interior existe toda la posibilidad de abrirse a la experiencia del Dios de Jesús, se siente invitado-a motivado-a a hacer algo por los demás, algo sencillo y pequeño? Si es así, ¿qué se siente motivado a hacer? ¿Lo puede compartir con su grupo?

  • ¿Cómo se podría vivenciar en su vida familiar, laboral, de compromiso, etc, que está viviéndose más desde el Dios de Jesús que se ha ido vislumbrando en la preparación para la vivencia de los Ejercicios Espirituales?.


Clave ignaciana que refleja el tema:

LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES DE SAN IGNACIO DE LOYOLA

Los Ejercicios Espirituales son el principio de la experiencia de formación personal de San Ignacio; luego, una forma de ayuda a los demás y acaban convirtiéndose en un libro escrito que tanto ha cambiado al mundo.


El me contestó que los Ejercicios no los había escrito todos de una vez, sino que algunas cosas que observaba en su alma y las encontraba útiles, le parecía que podrían también ser útiles a otros, y así las ponía por escrito” (Autobiografía No. 99)
Al recorrer detalladamente la Autobiografía del Peregrino, encontramos, por lo menos, un indicio de algunas de las orientaciones del libro de los Ejercicios Espirituales:


  • La convalecencia en Loyola, la larga confesión en Montserrat, los primeros tiempos de Manresa representan una profundización del sentido de pecado y de la experiencia de la misericordia de Dios. Esta es la sustancia de la Primera Semana de los Ejercicios.




  • La vela de armas de Montserrat, juntamente con la ilustración del Cardoner, donde se abren al mundo los ojos de San Ignacio y hacen madurar en él el deseo de ayudar a las almas, nos dan el núcleo fundamental de lo que, en los Ejercicios, constituye el ejercicio del Reino, la Contemplación de la Encarnación y la meditación de Dos Banderas.




  • En la familiaridad con las narraciones evangélicas que aparecen en Manresa; en la identificación con los sufrimientos y las humillaciones de Cristo, vemos el núcleo de la Tercera Semana de los Ejercicios.




  • La conversión al mundo, que tiene su fuente en la iluminación del Cardoner, es una manifestación de la vivencia de Jesús Resucitado que, una vez glorificado, “atrae todas las cosas”. Aquí tenemos el núcleo de la Cuarta Semana de los Ejercicios y de la “Contemplación para alcanzar AMOR”, con la que se corona la larga tarea del mes de Ejercicios.




  • La oración intensa y muy abundante, la continua relación con Cristo y la atención a los más mínimos detalles de su existencia terrena, la súplica insistente, el recurso de la intercesión de María y la mediación de Jesús para ir al Padre nos lleva a la raíz de lo más fundamental y característico del método de los Ejercicios Espirituales: “la gracia de Dios que hay que pedir con incesante insistencia”.




  • Y sobre todo, la Autobiografía del Peregrino nos muestra con plena claridad que la esencia de los EJERCICIOS ESPIRITUALES, no consiste en una suma de actos personas (oraciones, meditaciones, reflexiones, exámenes, penitencia, etc) sino en una vivencia personal desarrollada a través del tiempo y que siempre pide, en su gran variedad de situaciones, la tarea de un esmerado “discernimiento”. El discernimiento que es el hilo conductor de la vida de San Ignacio, lo es también de la Espiritualidad de los Ejercicios.



Bibliografía sugerida para ampliar el tema:


  • Fiorito, Miguel Angel sj. Buscar y hallar la voluntad de Dios. Ediciones Paulinas, Buenos Aires, Argentina, 2000.

  • Kolvenbach, Peter Hans. Evangelio según San Ignacio. CIS. Número 63-64, 1990. Roma. Pag. 61ss.

  • López de Lara, Pablo, 1980. Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. México. Centro de Espiritualidad.

  • Stanley, David M. 1969. Moderno Enfoque Bíblico de los Ejercicios Espirituales. España. Apostolado de la Prensa. 333 p.

  • Arzubialde, Santiago. 1991. Ejercicios Espirituales de S. Ignacio, historia y análisis. España. Sal Terrae. Colección Manresa, No. 1

  • Alemany, Carlos; García Monge, José A. sf. Psicología y Ejercicios Ignacianos. España. Sal Terrae. Colección Manresa. No. 5

  • García Lomas, Juan M. 1991. Ejercicios Espirituales y mundo de hoy. España, Sal Terrae. Colección Manresa. No. 8

  • Giuliani, Maurice, sf. La experiencia de los ejercicios espirituales en la vida. España. Sal Terrae. Colección Manresa, No. 9.

  • Valelsin, Albert. 1952. Iniciación a los ejercicios espirituales. España. Sal Terrae.

  • Espinosa Polit, Manuel M. 1972. Los ejercicios espirituales de San Ignacio, a la luz de la Biblia y los documentos conciliares. Ecuatoriana.

  • Cabarrús, Carlos Rafael. 1991. Puestos con el Hijo. El Salvador, UCA Editores.

  • Lewis, Jacques. 1987. Conocimiento de los ejercicios espirituales de San Ignacio. España. Sal Terrae.

  • Laplace, Jean. 1988. El camino espiritual a la luz de los ejercicios ignacianos. España. Sal Terrae.

  • González, Luis. 1962. Cuestiones selectas de ejercicios. Comisión Nacional de Ejercicios.

  • Laplace, Jena; Clemente, Jean. 1972. Para buscar y hallar la voluntad de Dios. México. El progreso.

  • Iparraguirre, Ignacio. 1972. Vocabulario de ejercicios espirituales. Italia, Centrum Ignatianum Spiritualitatis.

  • Martínez Ocaña, Emma. 1993. Dinamismo en el proceso interno de los ejercicios de San Ignacio. S-ed.



Conexión con el tema siguiente:
El tema de reflexión para el mes de noviembre es sobre EL COMPROMISO HISTÓRICO-SOCIAL que se desprende de la experiencia y vivencia de los Ejercicios Espirituales. En vista de ello se adelanta este tema como orientación y motivación, sobre todo al descubrir a Cristo crucificado hoy día en los-as más débiles, en los-as pobres y pecadores-as

Habilidad para tomar partido de la historia de los(as) demás

El compromiso histórico armónico implica que quien acompaña tenga habilidad para tomar partido de la historia de los(as) demás. Pero tomar partido de la historia de las demás personas exige que quien acompaña tenga una opción evangélica explícita que apueste en primera instancia por los(as) empobrecidos(as), los(as) desahuciados(as) y los(as) pecadores(as); y además de esto, apueste por nuevos movimientos sociales. Esta doble habilidad, hará que quien acompaña desde lo psico – histórico – espiritual, realice su quehacer en forma armónica, y a la vez ayude a quienes acompaña a descubrir cómo hacerlo desde su propia realidad.



Opción evangélica básica: las personas empobrecidas, desahuciadas y pecadoras

Tener los mismos sentimientos de Dios cuya opción fundamental son las personas pobres y las pecadoras39 es fruto de la conciencia y su opción fundamental, es fruto de la humanización, pero sobre todo, es gracia que brinda la Espíritu. Y es a esto a lo que denominamos opción evangélica.

De suma relevancia para vivir esta opción evangélica, para este quehacer histórico, es haber comprendido a cabalidad un concepto clave en las ciencias sociales y que tiene una gran carga cristiana: los(as) pobres.

Por esto parece importante hacer una distinción que puede ayudar a comprender la complejidad de la categoría pobre40. Los(as) pobres, sobre todo, tal y como se pueden apreciar desde el dato bíblico, son en primer lugar los(as) empobrecidos(as), pero también son los(as) desahuciados(as). Los(as) empobrecidos(as) son los(as) materialmente pobres. Parece acertada la palabra empobrecido(a) porque hace referencia a algo que está incubándose. Y también porque implica de alguna manera a otro sector de la población que de algún modo es causa de esa pobreza. Hay pobres porque hay ricos. Los ricos se han hecho tales desposeyendo a los pobres. Y esto se da a nivel de personas, grupos y países: hay mayoría de pobres porque hay minoría de ricos. Los(as) empobrecidos(as) son los que no tienen nada; no hay más qué decir al respecto. Carecen de lo indispensable, viven en la inseguridad cotidiana y futura. Se trata de la gran mayoría de la humanidad. Son las personas que están desposeídas del fruto de su trabajo o de su trabajo mismo; son las desposeídas del poder social, político y cultural que dan el dinero, la armas, la tecnología, los conocimientos, la información...

A este nivel, cabe hacer ver que hay datos contundentes sobre quiénes son estos(as) empobrecidos(as). Más aún, de la asombrosa disparidad que hay entre bienes abundantes y personas que sufren.

Se sabe que en la actualidad se produce un 10 por ciento más de los alimentos que necesitamos para vivir toda la humanidad y, sin embargo, ¡¡mueren de hambre 35 000 niños cada día!. La economía está organizada de tal manera que produce cada veinticuatro horas por lo menos 70 mil muertos. Que yo sepa no ha habido guerra que se acerque, ni de lejos, a semejante crueldad. Y lo peor es que estas cifras van en aumento, porque cada año que pasa hay más pobres que son cada vez más pobres41. El 20 por ciento de la población mundial consume el 85 por ciento de la riqueza que produce el planeta. Lo cual quiere decir que el 80 por ciento de los habitantes de la tierra se tiene que contentar con el 15 por ciento de los bienes que se producen en el mundo.



¿Puede tener futuro un mundo así? ¿Puede tener buena conciencia una Iglesia que se remite a Jesús y que vive tranquila en una organización mundial que produce tanta muerte y tanto sufrimiento?... son preguntas que van no sólo desde la Iglesia a los pobres, sino sobre todo, desde los pobres a la Iglesia (…) por eso, hablar de los pobres y la Iglesia no es, pues, una cuestión de tantas. Es, sin duda alguna, la cuestión más urgente y más profunda que se plantea a la Iglesia y, por tanto, a los cristianos42. Por tanto, para el compromiso de un(a) acompañante psico- histórico- espiritual, como para las personas que acompaña, esta interpelación no puede soslayarse.

Por otra parte, están los(as) desahuciados(as), que son las personas despreciadas de la sociedad: el lumpen (el desecho) económico y político, con una “cultura de la pobreza” (de dinero fácil, de “vivir de regalado” –pidiendo-, de vivir en la seducción de la riqueza, del “jugar vivo” –sacando ventaja pero mal sacada-, etc.), es lo que constituye el sector miserable y aparentemente desorganizado de la población humana. Son los(as) desheredados(as) de toda posibilidad de identidad dignificadora; muchas veces los(as) drogadictos(as), los(as) delincuentes, los grupos antisociales, las pandillas juveniles delincuentes –maras en Centroamérica-. Son las personas debilitadas de la sociedad: muchas de las personas minusválidas y de las personas enfermas terminales, las presas de todo género. Son también desahuciadas, las personas atribuladas, las incomprendidas o marginadas por su condición sexual: todas las de corazón afligido. Estas serían las personas pobres- desahuciadas43. Estos pobres anuncian que la injusticia no es el único lugar donde el mal se encarna: los(as) desahuciados(as) existen o porque el mal es más grande que los intentos humanos para superarlo, o porque la condición humana es intrínsecamente precaria.

De ahí que la liberación total vaya más allá del justo compartir los bienes materiales. Apunta todo ello, además, hacia la reconstrucción de estructuras internas en la propia persona y hacia la generación de la humanidad nueva, que siempre tiene que estar abierta al “misterio” de una condición humana limitada, sometida al azar, a la catástrofe, a las consecuencias de las heridas de otros, a la enfermedad y sólo liberada definitivamente en el encuentro pleno con Dios.

Ahora bien, en el Evangelio se habla de los “pobres de espíritu”. Esto también es necesario aclararlo porque se ha llegado a mistificar la riqueza de este modo. Se volvió –sobre todo en algún tiempo y realizado por algún sector- en una coartada, en una justificación a la riqueza empecatada, recalcitrante. Cuando en el Evangelio se habla de pobre de espíritu no se trata de un sustitutivo de la materialidad de la carencia, sino de un coronamiento de la misma. Ser ricos materialmente y simultáneamente pobres en espíritu es una contradicción inasimilable como -decía el teólogo y mártir Ignacio Ellacuría44- a menos que se opte por la lucha de los empobrecidos y en ese sentido se comience con una especie de despojamiento. La mejor traducción de la frase evangélica sería pobres CON espíritu –siguiendo a Ellacuría-. Esto también estaría matizando que no todos(as) los(as) pobres, así a secas, son bienaventurados(as). A los que Jesús felicita serían aquellos que tienen su espíritu, es decir, a los que, desde su pobreza, se abren a la misericordia, a prestar ayuda, a la limpieza de corazón y de medios de acción. Hay, con todo, otros “sin” espíritu. Hay pobres privados –por lo que fuere- de su capacidad de identidad dignificadora y, por tanto, de la capacidad de ser agentes activos de un cambio. Los(as) pobres que asumen su condición de una manera consciente, esto les brinda una identidad que les devuelve su propia honra. Son a estos a los que Jesús declara felices, ya que los(as) pobres son una fuerza fundamental para cualquier cambio profundo, tanto a nivel sociológico como a nivel teológico.

Los que lloran, los que no tienen paz, los que no son nada, por ejemplo, a nivel moral, son también –por otros capítulos- bendecidos por Jesús. Las bienaventuranzas abren las puertas para empobrecidos(as) y desahuciados(as) por igual. No hay que olvidar también que otro sector de la población de especial opción para Dios es los(as) que se reconocen pecadores(as). Empobrecidos(as), desahuciados(as) y pecadores(as) son, por tanto, los(as) primeros(as) en el Reino de Dios. Esta es la opción evangélica básica.

Lo que esto implica para un acompañamiento psico – histórico - espiritual, es que el fruto de una conversión cristiana –que supone el estar de pie a nivel humano y en concordancia con la onda de la Espíritu- tiene que privilegiar a este sector mayoritario de la población humana. La congruencia de un proceso de alguien a quien nos toque acompañar debe incidir de alguna manera en los(as) empobrecidos(as), en los(as) desahuciados(as) y en los(as) pecadores(as). Por tanto, el derrotero lógico de un avance en lo psico - espiritual es el compromiso con esas personas empobrecidas, víctimas del orden injusto de este mundo conflictivo, con las desahuciadas, víctimas del misterio de la precariedad de la condición humana, amada por Dios, y con las pecadoras quienes experimentan descaradamente la honda necesidad de Dios.

Para las primeras, las personas empobrecidas, hemos de atinar con una síntesis de testimonio y eficacia, ayudando efectivamente a cambiar las estructuras de una sociedad, en profundidad, y ofreciendo, desde nuestro compromiso de una austeridad compartida, una denuncia profética contra la civilización del capital y un anuncio consolador de la civilización del trabajo y de la austeridad. Para las segundas, las desahuciadas, que estarán presentes en toda civilización por la limitación de la condición humana, hemos de atinar con un testimonio de misericordia, de bondad solidaria y, a través de nuestro cambio personal que contribuya a la construcción de una “humanidad nueva”, ayudar a reformar los valores, para que también ellas sean consideradas como las preferidas de Dios.

Ambas acciones, si las hacemos con ellas, aprendiendo de ellas en un paciente acompañamiento de sus gestas y luchas, y venciendo nuestra tendencia a acelerarnos en el camino sin dejarles llegar a ser protagonistas de su propia historia y de sus propias biografías, serán en definitiva nuestro aporte a que venga Su Reino, a que acaezca el Reinado de nuestro Dios. Será aquella acción de humanización de la que está hecha la senda que conduce al Reino.

Finalmente, con los pecadores y las pecadoras, debemos atinar teniendo para ellos y ellas una gran capacidad de compasión desde nuestra misma condición de pecadores(as): esto es precisamente lo que me permite sentir compasión hacia los caídos y extraviados y comprender toda la fuerza de las palabras de la carta de los Hebreos: “puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también Él envuelto en flaqueza”. Y a causa de esta misma flaqueza debo “ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo” (Heb. 5, 2-3)45.

Así mismo, con las personas pecadoras hemos de tener la parcialidad de Dios, capaz de dejar todo por acogerlos(as) - incluso descuidando a las noventa y nueve ovejas restantes por encontrar a la perdida- y hacerlos(as) los(as) primeros(as) en ocupar la mesa de su Banquete.



Para la reflexión personal y compartir grupal...

¿Cómo me relaciono con los(as) pobres?. ¿Tengo algún(a) amigo(a) empobrecido(a)? ¿Cómo se mantiene en mi una experiencia por lo menos, de sana intranquilidad frente a nuestro excesivo bienestar? ¿Las personas necesitadas me buscan únicamente para que les dé “limosnas” o para apoyar sus luchas? ¿Quiero, en verdad, cambiar estas estructuras injustas? ¿En qué se nota? ¿Cuál ha sido mi relación con personas desahuciadas? ¿A qué me siento invitado(a) frente a ellas? ¿Cómo me experimento pecador(a) y por ello abierto(a) a recibir en mi corazón a las personas pecadoras con la parcialidad de Dios? ¿Creo que son los(as) pecadores y los(as) pobres –empobrecidos(as) y desahuciados(as)- los(as) consentidos(as) de Dios? ¿Cómo ayudo a despertar en quienes acompaño, esta opción evangélica fundamental?

Apostar por nuevos movimientos sociales

Tomar partido de la historia de los demás, requiere una segunda habilidad importante que debe tener quien acompaña desde lo psico – histórico – espiritual: la capacidad para apostar por nuevos movimientos sociales, que respondan al momento histórico que se vive, y sobre todo, que ayuden a hacer posible que el Reino de Dios acontezca.

La imagen de una nueva sociedad46, implica apostar por una serie de agentes de cambio nuevos, que no se encuadran en la tradicional bipolaridad de trabajo-salario, de obreros y patrones, ya que esa no es la única contradicción del momento. Implica también superar el desfallecimiento utópico que producen las carencias de alternativas sociopolíticas viables. Es decir, tanto quien acompaña como la persona acompañada, deben tener una apuesta orgánica –que repercuta- con los movimientos que anuncian y aceleran una nueva sociedad, a pesar de que estos movimientos están más desprovistos que nunca, a pesar de que no tienen un modelo viable, a pesar del cansancio por las luchas… y precisamente por eso!

No obstante esta indefinición de lo que serían los modelos de nueva sociedad, en la actualidad hay una serie de dinamismos que se pudieran englobar en los llamados nuevos movimientos sociales. Allí se incluyen una variedad de tendencias que van, desde las reacciones nostálgicas frente al caos de la situación actual, hasta posturas verdaderamente libertarias, otras casi anárquicas. Dentro de estos nuevos movimientos tendríamos que resaltar el ecologismo, el pacifismo, el feminismo, el movimiento de los derechos humanos, los movimientos étnicos –entre otros-, como movimientos que realmente apuestan –o quieren apostar- por la reivindicación de las minorías, de los(as) empobrecidos(as), de los(as) desahuciados(as), y quieren hacer posible el Reino, ayudando a reestablecer el orden, la igualdad, el respeto…

Quizás lo típico de esos nuevos movimientos sociales es que ven el desarrollo de la llamada modernidad atravesado por una tríada sagrada, pero fatídica para la humanidad y para la tierra: el productivismo, el militarismo y el patriarcalismo. Todo eso se ha traducido en un estilo de vida que ha acentuado la ética puritana, vertida hacia la productividad material, el cuantitativismo y la competitividad, la agresividad y la tendencia a solucionar por la fuerza de las armas los conflictos. Las llamadas revoluciones industriales y desarrollos económicos que amenazan hoy con expoliar y acabar los recursos naturales, son una muestra de la irracionalidad que preside ese llamado desarrollo. Por otro lado, la violencia mortífera de un siglo marcado por dos bárbaras guerras mundiales y un sin fin de guerras coloniales, invasiones y pequeños conflictos mortales, revela la extraordinaria peligrosidad del militarismo. Lo que debiera ser un medio para procurar una vida más humana y mejor se hace fin que devora –en forma de esfuerzo y de tiempo (trabajo), de relaciones de poder (guerras, violencia) o de sometimiento y uso (naturaleza, mujer)- a los destinatarios del proceso 47.

El juicio que establecen estos nuevos movimientos sobre lo que realmente sucede no es únicamente que el verdadero problema sea económico o de justicia social, sino sobre todo de estilo de vida. Es en este campo donde se sitúa hoy el conflicto predominante. Por tanto, hay que cambiar también las orientaciones, los valores, las normas, el “imaginario” de lo que deseamos y esperamos de la vida humana. De allí que las propuestas de estos movimientos intenten frenar un desarrollismo depredador de la naturaleza y amenazador de la biosfera, de ser el Satanás de la tierra, el ser humano debe educarse para ser el ángel de la guarda, capaz de salvar la tierra, su patria cósmica y madre terrenal48: eliminar los arsenales atómicos, pero también los complejos tecnológicos militares, fomentando el ejercicio positivo de la no-violencia, promover la aceptación igualitaria y respetuosa de la mujer en todos los campos humanos, apoyar su reinserción social y su asunción de responsabilidades, cultivar, por parte de los varones, las virtudes supuestamente femeninas de la ternura, la compasión, y la dulzura (…) Es decir, generar un escenario donde tengan cabida la sociedad como comunidad planetaria y la cultura como realización de la unidad y la diversidad humana49.

Todo esto se concreta en un nuevo modelo: fomentar el horizonte utópico de la solidaridad, que consiste en garantizar una serie de mínimos para todos50. No buscar máximos –que como dice Mardones- se han vuelto peligrosos para la humanidad y para la naturaleza, sino garantizar mínimos para todos. Se trataría de maximizar la situación de mínimos en que se encuentra gran parte de la humanidad. Es decir, se trata no de pretender que todos(as) tengan lo máximo, sino que todos(as) tengan lo básico: alimentación, salud, educación, seguridad…

Conviene hacer notar el cuidado que hay que tener con esta búsqueda de mínimos, para que no se confunda con la ética de mínimos que se ha puesto de moda. La formulación de esta ética de mínimos es de Englehardt en su libro The fundations of Bioetics, quien enuncia una propuesta para una sociedad que va teniendo ya unas características determinadas: una sociedad fragmentada en el plano social, ideológico, en la que no encontramos verdades absolutas, puesto que todo es defendible; en la que todas las verdades son provisionales, incluso las científicas; en las que las relaciones económicas sólo son movidas por el libre mercado; en la que la noción de bien común se pierde por la primacía absoluta de los bienes individuales; en la que la vida se disfruta en el momento y se pierde toda referencia utópica; en la que cada cual procura en primer lugar por sus intereses51. Como ya lo decíamos, esta visión –lamentablemente bastante objetiva- de nuestras sociedades puede llevar a un planteamiento de ética de mínimos, donde “el permiso” para que cada quien, cada unidad humana, haga lo que le parezca, sea el eje del comportamiento moral, lo cual es sumamente peligroso y condena a la humanidad al individualismo más craso y, por ende, a su destrucción.

Ahora bien, habiendo hecho la salvedad, no avanzaremos un ápice hacia la utopía de mínimos para todos sin una elevación de la conciencia moral52. No querer ser responsable de la situación de los(as) otro(as) nos hace inmediatamente culpables. De allí el papel importantísimo de que en el acompañamiento psico – histórico - espiritual, se ayude a que emerja, crezca y actúe la conciencia. De allí también la importancia del acompañamiento en los procesos de discernimiento donde la fuerza de Dios corrobora y se engrana con los más profundos deseos de nuestro corazón.

Todo esto reafirma que, el punto de partida de un acompañamiento debe ser el compromiso de la persona que esta siendo acompañada: porque lo está desempeñando o por la falta de él; y debe apuntar, como horizonte y como evaluación global, hacia ese compromiso por una nueva sociedad y por los movimientos sociales nuevos, donde se opte preferencialmente por los(as) pobres –empobrecidos(as) y desahuciados(as)- sin dejar de lado a los(as) pecadores(as) y su capacidad de conversión.



Para la reflexión personal y compartir grupal...

¿Cómo y con qué movimientos que pueden jalonar la utopía me identifico, me sitúo, colaboro…? ¿En qué niveles de articulación? ¿La inmersión es en su modo de vida, en lo laboral, en sus luchas? ¿Cómo apoyo y/o participo en nuevos movimientos sociales como el ecologismo, el pacifismo, el feminismo, etc.? ¿Qué significa para mí acompañar a alguien de otra cultura?


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