Profiling of the hitman in mexico



Descargar 53.22 Kb.
Fecha de conversión24.01.2018
Tamaño53.22 Kb.

PERFILACIÓN DEL SICARIO EN MÉXICO

PROFILING OF THE HITMAN IN MEXICO

Mtra. Arcelia Ruiz Vázquez

Universidad de Guanajuato, campus León; División de Ciencias de la Salud

Blvd. Puente Milenio 1001, Fracción del Predio San Carlos, 37670, León, Gto., México, arcelia.ruiz.80@hotmail.com; 449 151 22 90


Dr. Tonatiuh García Campos

Universidad de Guanajuato, campus León; División de Ciencias de la Salud

Blvd. Puente Milenio 1001, Fracción del Predio San Carlos, 37670, León, Gto., México, tonatiuh@ugto.mx; 477 267 49 00 Ext. 3643


Dr. Ferrán Padrós Blázquez

Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; Departamento de Psicología

Gral. Francisco Villa 450, Dr Miguel Silva González, 58110 Morelia, Michoacán, México, fpadros@uoc.edu; 443 312 99 09


Dr. Miguel Ángel Sahagún Padilla

Universidad Autónoma de Aguascalientes; Departamento de Psicología

Av. Universidad # 940, 20131, Aguascalientes, Ags., México, miguelangel.sahagun@gmail.com; 449 910 84 91 Ext. 8491



Resumen. El presente artículo tiene como objetivo indagar sobre la personalidad, valores y motivación criminal del sicario en México. La información es recabada a través de veintiún entrevistas con expertos en psicología criminal – psicólogos y criminólogos – con al menos dos años de experiencia en el diagnóstico y/o tratamiento de población sicarial en Centros Penitenciarios, Procuradurías de Justicia, Comisión de Derechos Humanos y Fiscalías Especializadas de seis estados ubicados en el norte, centro y sur del país. Los resultados obtenidos permiten realizar una perfilación del sicario en México, así como vislumbrar la importancia, no solo de los rasgos de personalidad en el desarrollo de la conducta sicarial, sino también la relevancia del contexto socio cultural que en muchas ocasiones mantiene y alienta dicho comportamiento criminal. Una de las limitantes más importantes del estudio fue la escasa colaboración por parte de las autoridades gubernamentales para el estudio del fenómeno sicarial en reclusión a pesar del impacto económico, social y cultural que el fenómeno del sicarito representa en México.

Palabras claves: personalidad, valores, motivación criminal, perfilación.
Abstract. The present article aims to investigate the personality, values ​​and criminal motivation of the hitman in Mexico. The information is collected through twenty-one interviews with experts in criminal psychology - psychologists and criminologists - with at least two years of experience in the diagnosis and / or treatment of the sicarial population in penitentiary centers, prosecutor's offices, human rights commission and prosecution offices specialized from six states located in the north, center and south of the country. The results obtained allow a profiling of the hitman in Mexico, as well as a glimpse of the importance not only of the personality traits in the development of the sicarial behavior, but also the relevance of the socio-cultural context that often maintains and encourages such behavior criminal. One of the most important limitations of the study was the lack of collaboration on the part of government authorities in the study of the sicarial phenomenon in detention, despite the economic, social and cultural impact of this phenomenon in Mexico.

Keywords: personality, values, criminal motivations, profiling.

.

INTRODUCCIÓN

El fenómeno del sicariato es una forma delincuencial cada vez más preocupante en México, no solo por el posicionamiento de esta fuerza armada en los grupos criminales y las muertes relacionadas con dicho fenómeno - que tan solo de diciembre del 2012 a julio del 2015 se han registrado 57,410 ejecuciones ligadas al crimen organizado (Mendoza y Navarro, 2015) -, sino también por su instauración en una realidad socio cultural que ha mercantilizado el asesinato por encargo como una forma de vida que ofrece el dinero, el reconocimiento y la visibilidad social que muchos jóvenes no encuentran en condiciones de legalidad (Geremia, 2011).

La figura del sicario es concebida como aquel individuo que asesina por encargo a cambio de un pago determinado, generalmente retribuido en dinero u otros bienes materiales, y en donde se establece una relación contractual que ubica al sicario como el autor material del crimen ordenado y pagado por un autor intelectual (Schlenker, 2012).

El sicariato no es un fenómeno de reciente instauración, si bien, en los últimos años se ha venido asociando como el brazo armado de las organizaciones criminales, ha estado presente en diversas culturas; sin embargo, lo que es un hecho es que su incidencia delictiva en países de Latinoamérica ha tenido un aumento sostenido y alarmante (Mendoza y Navarro, 2015), así como un incremento en la escalada de violencia en el modus operandi de sus ejecuciones.

Según Martínez (1993), producto probablemente de experiencias violentas, de la imposibilidad de lograr acceso a bienes y servicios en condiciones de legalidad, de ofertas de remuneración que equivalen a años de trabajo, la generalización de la nueva práctica denominada “sicarización” indica la creciente desvalorización de la vida y la conversión de la muerte en fuente regular de ingresos para algunos sectores de la sociedad.

Evidentemente el auge del sicariato en el crimen organizado está basado, por una parte, en las prospectivas económicas que el negocio ofrece, pero éstas no son las únicas razones (Ríos, 2010). Involucrarse en el crimen organizado y fungir para estas organizaciones como sicario, se relaciona a su vez, con una cuestión psicosocial de sumo interés que nos lleva a cuestionar sobre la personalidad, valores y motivación criminal que impulsa a estos actores a asesinar a cambio de una remuneración económica que en muchas ocasiones puede ser realmente irrisoria.

Si bien es cierto que existen autores en el campo de la Psicología Criminal que han brindado supuestos teóricos que pudieran ayudarnos a comprender de manera general la conducta delictiva sicarial: Hare (1984) con sus estudios sobre psicopatía y asesinos seriales, Cohen (1955) con su teoría de las subculturales delictivas, y Martínez (1993) en Colombia con sus investigaciones sobre los rasgos de personalidad de la población sicarial reclusa, también es cierto que en México existe una carencia importante de estudios científicos que ahonden sobre la estructura psíquica, valoral y motivacional de la población sicarial que tan alarmante y vertiginosamente se han posicionado en los grupos criminales de nuestro país; es por ello, que la presente investigación tiene como objetivo brindar información relevante e innovadora que permita conocer la personalidad, los valores y la motivación criminal propios del sicario, para de esta manera aportar a la psicología un marco de referencia científico que colabore en la elaboración de programas y políticas de prevención social que decline dicho fenómeno delincuencial que tanto atañe a nuestra sociedad.

Por otra parte, es importante señalar que la presente investigación además de tener por objetivo aportar información relevante en el campo de la psicología criminal sobre las variables de estudio mencionadas, también pretende dar un giro en su abordaje al recabar la información, no a través de entrevistas y evaluaciones directas con los actores sicariales, información que en muchas ocasiones presenta sesgo en cuanto a su confiabilidad debido a que: 1) si el actor sicarial se encuentra en reclusión, es probable que se presente un efecto de deseabilidad social en las respuestas emitidas por su mismo proceso penal; 2) la gran mayoría de los reclusos presentan importantes carencias en las habilidades lectoras que les limita el entendimiento de las pruebas psicométricas aplicadas; y 3) por la cuestionada imputabilidad del delito por el cual han sido sentenciados los reclusos, ya que en México, es una realidad que miles de personas son procesadas por no contar con recursos económicos para su defensa en un afán del sistema judicial de revelar cifras que justifiquen su trabajo ante los miles de asesinatos efectuados en todas las regiones del país.

Por otro lado, en caso de que el actor sicarial no se encontrara en reclusión, la información brindada por éstos estaría cuestionada por la operatividad y confidencialidad con la que maniobran dentro de los grupos criminales.

Es por ello, que se opta por recabar la información a través de expertos en psicología criminal con experiencia en el diagnóstico y/o tratamiento de población sicarial “confesa” (población sicarial que haya aceptado abierta y explícitamente la comisión de la actividad sicarial previo a su reclusión) de tal forma que aporten, desde un marco de referencia científico, supuestos teóricos que complementen los estudios realizados y que contribuyen al mejor entendimiento de la realidad sicarial mexicana.

MÉTODO

Participantes

Muestra no probabilística intencionada de veintiún expertos en psicología criminal – trece psicólogos y ocho criminólogos – de seis estados ubicados en el norte, centro y sur del país. Los criterios de inclusión fueron ser licenciados en psicología y/o criminología con cursos de especialización en el campo de la psicología criminal; poseer al menos dos años de experiencia en el diagnóstico y/o tratamiento de población sicarial confesa, así como laborar en Centros Penitenciarios, Procuradurías Generales de Justicia, Comisión de Derechos Humanos y/o Fiscalías Especializadas del país.



Instrumentos

Formato de entrevista con los siguientes apartados: datos del profesionista; datos sociodemográficos, familiares y laborales del actor sicarial; datos sobre la personalidad, valores y motivación criminal de los mismos; así como una descripción de su trayectoria criminal.



Procedimiento

El procedimiento que se llevó a cabo para la implementación del diseño metodológico consistió, primeramente, en contactar a expertos de diversos estados de la República Mexicana a fin de contar con una muestra heterogénea; posteriormente, tras el consentimiento de cada uno de éstos, se llevó a cabo la implementación de entrevistas a profundidad.

Es importante señalar que varios expertos brindaron información sobre más de un caso sicarial entrevistado en su experiencia laboral al afirmar que cada uno de éstos presentaba diferencias tanto en la etiología de su trayectoria criminal, así como en sus rasgos de personalidad, valores y motivaciones criminales.

Finalmente, el análisis de los resultados se realiza a través del método fenomenológico en sus fases descriptiva, estructural y de discusión que nos permitió tener un acercamiento a la realidad psicosocial de nuestro objeto de estudio a partir de la información recopilada.



RESULTADOS

Con base en la investigación realizada podemos perfilar cuatro tipos de sicarios en México de acuerdo a sus rasgos de personalidad, valores y motivación criminal:



  1. El sicario marginal

Este tipo de sicario proviene de zonas de extrema marginación sociocultural, académica y económica. Personas altamente manipulables debido a su carente preparación académica, la escasa estimulación de sus habilidades cognoscitivas en el desarrollo de sus actividades laborales, así como por las pocas esperanzas de trabajo en sus lugares de origen (Experto 1 – 10, 14, 17 – 20).

La familia de estos individuos está conformada habitualmente por ambos progenitores, los cuales cuentan con una nula o baja escolaridad y empleos que no les proporcionan los ingresos suficientes para el sustento familiar (Experto 3, 17,19); algunos de ellos, tras la severa crisis económica en que se encuentran inmersos, deciden incursionar en el cultivo, recolección y transportación de drogas ilegales inmiscuyendo a su descendencia en dichas actividades desde temprana edad, los cuales a través del tiempo, van incursionando en otras actividades dentro del grupo criminal como cuidadores de casas de seguridad y campos de cultivo, transportista, acompañantes en extorsiones, secuestros y ejecuciones para finalmente, tras ser desensibilizados y entrenados, comisionarles las primeras ejecuciones (Experto 19, 20).

En lo que respecta a su personalidad suelen ser individuos agresivos, impulsivos, con un frecuente abuso del alcohol (Expertos 1 – 9, 10, 11, 14, 17 - 20), no obstante, cuentan con la capacidad de establecer relaciones afectivas, sentir culpa, así como presentar niveles de ansiedad ante sus primeros actos criminales los cuales suelen amortiguar con el abuso de sustancias psicoactivas (Expertos 10 - 14, 17, 18, 19).

Es importante señalar que, por lo general, el sicario marginal no manifiesta en su niñez y/o adolescencia indicadores de un trastorno disocial de la personalidad, por lo que se infiere que, el factor económico, es de suma importancia en la etiología de este tipo de sicario (Expertos 3, 9, 10, 12, 14, 17, 18, 19, 20).

El sistema valoral del sicario marginal dentro de sus núcleos familiares y comunales se fundamentan en la tradición, el respeto por la autoridad y la obediencia de sus costumbres, no obstante, a medida que se involucran en los grupos delincuenciales, los valores como el poder y el hedonismo (tendencia a la búsqueda del placer) se vuelven sobresalientes, conservando el respeto y la obediencia, pero ahora tornados hacia sus líderes criminales, así como al grupo delincuencial en general (Experto 22).

La motivación criminal primaria es la necesidad económica apremiante y la falta de oportunidades de trabajo en la legalidad, posteriormente al estar cubiertas las necesidades básicas, surge la motivación psicológica de poder, reconocimiento y visibilidad social, así como un gusto por los satisfactores materiales que el sicariato ofrece (Experto 1 – 8, 9, 11, 12, 14, 17 - 20).

El medio criminógeno en el que se desenvuelve el sicario marginal va ocasionando que vaya desarrollando conductas antisociales que bajo otras circunstancias socioeconómicas no se hubiesen presentado (Experto 11, 13, 17). Dentro de la organización criminal generalmente ocupan el rango inferior por lo que, si no son funcionales en las actividades encomendadas o existe una necesidad de sacrificar a ciertos elementos en pro de la organización criminal, son los primeros en ser expuestos ante las autoridades y/u otros grupos criminales (Experto 9, 10, 11, 13, 16 y 17); no obstante, existen casos excepcionales de sicarios marginales que por su conocimiento de la zona, de la población y sus capacidades de liderazgo y persuasión logran posicionarse en el grupo criminal (Experto 19).



  1. El sicario antisocial

El sicario antisocial se desarrolla generalmente en ambientes criminógenos de clase baja o media baja de zonas conurbadas donde el pandillerismo, el abuso de drogas, el fracaso escolar, el empleo informal y el poco respeto por las normas sociales y los derechos individuales son la norma (Experto 10 -17, 21, 22). La violencia es parte del aprendizaje social y el delito una forma de vida aceptada e incluso alentada en su contexto socio cultural (Experto 10, 11, 14, 15, 16, 21, 22).

Por lo general el sicario antisocial proviene de familias disfuncionales donde es recurrente el maltrato, el abuso de estupefacientes, la delincuencia y la desintegración familiar con ausencia regular de la figura paterna y una madre encargada de la crianza y la economía familiar (9 – 17, 21).

Su trayectoria criminal se ve caracterizada en un principio por la adhesión a pandillas y la comisión de delitos menores por lo que este tipo de sicario suele contar con un historial de antecedentes penales a edades tempranas (12 – 15 años). Posteriormente suelen ser animados por familiares y/o amistades ya inmersas en la delincuencia organizada a participar en actividades de baja responsabilidad – informantes, robos, venta de droga - con remuneraciones económicas que duplican o triplican sus ingresos en la legalidad (Experto 10 – 17, 21, 22). La edad promedio de reclutamiento de dichos individuos es entre los 15 y 17 años, edad en la que los menores presentan mayor inmadurez, suelen ser más moldeables por los grupos criminales, son menos conscientes de los riesgos y consecuencias de sus actos (Experto 9, 10, 11,14,18).

Subsecuentemente, si muestran lealtad y obediencia a sus superiores, les son designadas actividades cada vez de mayor compromiso – vigilancia de casas de seguridad, distribución de droga, acompañantes en secuestros, extorsiones y ejecuciones -; y finalmente, si los líderes de los grupos criminales vislumbran en la persona un perfil de personalidad acorde a la función sicarial – desensibilización ante el daño a terceros, agresividad latente y temeridad - se le consignan las primeras ejecuciones (Experto 14, 16, 18, 22).

En cuanto a su personalidad suelen ser individuos que desde su infancia presentan rasgos de un trastorno oposicionista desafiante caracterizado por expulsiones escolares, agresiones, trasgresión de normas y conflictos con las figuras de autoridad; posteriormente en la adolescencia manifiestan indicadores de un trastorno disocial a través de conductas que atentan contra el orden social como robos, riñas, pandillerismo, abuso de sustancias psicoactivas, entre otras. Ya en la edad adulta sus patrones comportamentales consolidan el trastorno antisocial de la personalidad haciéndose presentes la comisión de delitos mayores como asaltos con violencia, robos de vehículos, transportación de droga, secuestros y ejecuciones (Experto 10, 11, 14, 15, 16, 21, 22).

Asimismo, existe una marcada presencia de rasgos de personalidad como: baja tolerancia a la frustración, impulsividad, agresividad, violencia reactiva, temeridad, tendencia al aburrimiento, gusto por la novedad, así como un fuerte sentimiento de venganza y resentimiento ante una sociedad que percibe los ha marginado (Experto 1 – 9, 10, 11, 13 -18, 20, 21, 22). De igual forma, tienden a intimidar y amedrentar a través del uso de la violencia, presentan un comportamiento rencoroso y vengativo, así como, un gusto por la ostentación de sus bienes (Experto 1, 4 – 9, 11, 15, 18, 21, 22).

Buscan el posicionamiento dentro de su grupo criminal a través de actuaciones violentas, ya que mientras más violentos, más reconocimiento y mayor estatus adquieren dentro del grupo criminal (Experto 14, 15, 18, 21). Esto explicaría en parte el incremento en la escalada de violencia en muchas de sus ejecuciones. No obstante, es importante señalar que, a pesar de sus alteraciones del comportamiento, concretamente en forma de actos antisociales, el sicario antisocial presenta la capacidad de establecer vínculos afectivos con personas de su medio circundante como familia y amigos (Experto 10, 11, 12, 22).

Existe una ausencia de remordimientos hacia la aniquilación del rival o del traidor, sin embargo, puede llegar a sentir culpa o remordimientos por personas asesinadas fuera del contexto criminal durante un fuego cruzado o alguna persecución (Experto 22). Asimismo, en las primeras ejecuciones y/o posterior a las mismas suelen emplear el uso de sustancias psicoactivas con el fin de estimularse y amortiguar el impacto y la ansiedad (Experto 11, 15); sin embargo, transcurrido el tiempo suelen desarrollar una paulatina desensibilización y una habituación a la violencia, misma que los lleva a presentar una necesidad cada vez mayor de realizar sus ejecuciones con crecientes niveles de agresión (Experto 9, 10, 11, 15, 16, 17, 18, 22).

De igual forma, utilizan la racionalización como mecanismo de defensa para justificar su actuación criminal bajo argumentos tales como que matan simplemente al traidor, al halcón, al enemigo del cartel, hecho que disuelve cualquier sentimiento de culpa o remordimiento (Experto 10, 14, 18).

Existe un fuerte apego y lealtad hacia el grupo criminal, así como una obediencia absoluta a sus líderes que los lleva a acatar un determinado código de conducta establecido dentro de la organización, mismo que en muchas ocasiones es quebrantado por los mismos rasgos de personalidad antisociales de este tipo de sicario sufriendo las consecuencias de sus actos, entre ellos la muerte, la cárcel o en el menor de los casos la degradación dentro del grupo criminal (Experto 11, 14, 18, 22).

De mayores capacidades cognoscitivas que el sicario marginal, el sicario antisocial ha desarrollado habilidades de análisis, síntesis y resolución de problemas posiblemente debido a su mayor escolarización y al tipo de actividad que ha realizado en su contexto laboral: comercio informal, compra y venta de artículos usados y/o robados, entre otras. (Experto 10, 15, 22).

El sicario antisocial es el más común en los centros penitenciarios ya que debido a su misma impulsividad, ostentosidad, ambición y bravuconería, por lo regular tiende a comprometer a la organización criminal siendo asesinados o delatados ante las autoridades correspondientes (Experto 11).

En cuanto a su motivación criminal convergen tanto una necesidad económica – no tan precaria como la del sicario marginal – así como una fuerte motivación psicológica de poder, reconocimiento y estatus social (Experto 9, 10, 14, 21, 22). Ser sicario en muchas regiones del país se ha convertido en sinónimo de valentía, de poder y respeto que los ha llevado al disfrute de la actividad sicarial y sentirse realizados en su papel protagónico como brazo armado de los grupos delincuenciales (Experto10, 15, 18).

Asimismo, existe una fuerte motivación hedonista y de ostentación que los lleva a la búsqueda constante de satisfactores inmediatos que la propia actividad sicarial provee – dinero, armas, camionetas, mujeres, drogas -, aún con el conocimiento del corto periodo de vida que dicha actividad concierne (Experto 9, 10, 14).

Aunado a lo anterior, el modelamiento y reforzamiento verbal por parte de los padres y/o familiares por continuar en la conducta delictiva hace que la motivación de estos individuos sea llegar a la cárcel “grande”, matar el mayor número de personas y conocer a los grandes líderes de la delincuencia organizada a quienes admiran y respetan (Experto 11, 18, 22).

En su necesidad de aceptación social, en muchas ocasiones realizan obras de caridad a las comunidades de mayor marginación, esto por dos razones: la primera con el fin de apoyar las carencias económicas de dichas regiones y la segunda como una formar de comprar su silencio y resguardo ante las autoridades (Experto 15, 19).

En lo referente a sus valores, la narcocultura juega un papel fundamental en la inmersión de este tipo de sicario en las filas de la delincuencia organizada en donde, el narcotráfico, se ha instaurado como una forma de vida, una cultura donde el honor, el prestigio, el poder, el hedonismo, la valentía, la lealtad y la violencia forman parte de su sistema valoral (Experto 14, 18, 22).


  1. El sicario psicopático

El sicario psicopático puede o no desarrollarse en ambientes criminógenos y aunque sus familias de origen puedan mostrar una aparente normalidad, existe en su dinámica familiar una disfuncionalidad en los apegos, una baja estimulación afectiva, negligencias, abusos y/o padres con algún padecimientos psiquiátricos o incapaces de establecer límites acordes a las normas sociales (Experto 10, 15), cuestiones que han alterado su sano desarrollo psicológico llevándolo a exhibir desde temprana edad rasgos psicopáticos tales como: impulsividad, ausencia de remordimiento por el daño a terceros, mentira patológica, gusto por la tortura, indiferencia ante el castigo, irresponsabilidad, entre otros. Puede llegar a formar una familia, pero sus vínculos afectivos serán superfluos o permanecerán ausentes.

Poseen habilidades cognoscitivas que le favorecen la planeación estratégica de sus crímenes: pensamiento lógico – racional, capacidad de análisis y síntesis, resolución de problemas, entre otros. (Experto 10, 14)

Su trayectoria criminal inicia generalmente en la niñez y/o adolescencia en la comisión de conductas antisociales como trasgresiones del orden público, robos, estafas, venta de droga, lesiones e incluso homicidios. Posteriormente puede vincularse con personas inmersas en la delincuencia organizada y ver en este tipo de organizaciones un futuro prometedor, iniciando en las mismas con trabajos de poca responsabilidad e ir ascendiendo vertiginosamente debido a su encanto superficial, frialdad emocional, su capacidad de liderazgo y de manipulación (Experto 10, 14, 15, 18). Este tipo de sicario suele llegar a liderar las células criminales y/o serle comisionados los trabajos especiales obteniendo importantes cantidades de dinero por sus actuaciones delincuenciales (Experto 9, 10, 11, 14, 15, 17, 18).

En cuanto a su personalidad presenta marcados rasgos psicopáticos donde la frialdad emocional, la crueldad y la falta de empatía con la que realizan las ejecuciones, aunado a sus habilidades cognoscitivas de análisis y su capacidad de liderazgo, lo convierten en un individuo altamente peligroso (Experto 10, 14). Existe una total ausencia de remordimiento ante sus actos criminales pudiendo realizar ejecuciones de niños, familias y población sin sentir la menor culpa, vislumbrando el sicariato meramente como una actividad laboral (Experto 11, 14).

Asimismo, el sicario psicopático suele presentar la llamada tríada oscura de la personalidad en la cual coexisten marcados rasgos de psicopatía, maquiavelismo y narcisismo (Experto 9, 14), es decir, para este sicario el fin justifica los medios, hecho que se ve favorecido por su egoísmo, déficit afectivo y capacidad de cosificar a las personas en pro de su beneficio. Es por ello que su sistema valoral se basa meramente en valores individualistas como el logro personal, el hedonismo y la autodirección, no importándole el bienestar de las demás personas (Experto 13, 15).

De igual forma, son personas calculadoras, que tienden a la manipulación y que a menudo utilizan la violencia instrumental como medio para logar sus fines (Experto 10, 14, 15).

Su motivación criminal es meramente el poder adquisitivo que la profesión le brinda (Experto 10, 14).


  1. El sicario sádico

El sicario sádico se asemeja al sicario psicopático en su historia familiar, capacidades cognoscitivas, sistema valoral y rasgos de personalidad, no obstante, su rasgo distintivo es la presencia de un sadismo inminente en la comisión de sus torturas y ejecuciones, ideando e implementando técnicas cada vez más sofisticadas en la realización de las mismas y efectuando video grabaciones con el fin de obtener una satisfacción posterior a la ejecución (Experto 9, 10, 11, 14, 15, 18); el sicario sádico suele destacar entre la media de sus congéneres por su frialdad, crueldad y placer ante el sufrimiento del otro.

La motivación criminal primaria del sicario sádico es de índole psicológico por lo cual buscará saciar sus pulsiones de odio y venganza a través de producir el mayor sufrimiento posible a sus víctimas durante prolongados periodos de tiempo e inclusive llegando a resucitarlas a fin de extender su agonía (Experto 9, 10, 11, 14, 15, 17, 18); no obstante, es importante señalar que si bien su motivación criminal primaria es de índole psicológica, las ganancias económicas secundarias que adquiere a través de la actividad sicarial refuerzan sus actuaciones.

Finalmente, si bien es cierto que la mayoría de los sicarios en nuestro país ingresan a las filas del crimen organizado de manera voluntaria ya sea por una motivación de índole económica, social y/o psicológica, no debemos olvidar que también existe un segmento en la población sicarial en la cual su reclutamiento tuvo origen en una imposición por parte de los grupos delincuenciales siendo acarreados de rancherías, sierras y/o zonas fronterizas, y obligados a realizar los trabajos encomendados bajo la amenaza de muerte tanto de sus familias como de su propia persona (Experta 9, 14, 19).

CONCLUSIÓN

La génesis del sicariato en nuestro país tiene su explicación en la convergencia de factores tanto psicológicos como ambientales que van moldeando la estructura psíquica, valoral y motivacional del sicario.

Por una parte, se encuentran los rasgos psicológicos que variarán según el perfil del sicario; ciertamente no existen perfiles puros, pero sí una predominancia de rasgos y patrones comportamentales propios de un tipo de perfil. Con base en ello, podemos hacer dos grandes distinciones basándonos en la tipología propuesta por Hare (1984) en cuanto al estudio de la conducta psicopática: por un lado, nos encontramos con el sicario marginal y el sicario antisocial que presentan alteraciones específicamente en el ámbito comportamental, es decir, dichos sicarios se caracterizan por conductas antisociales, impulsivas y desviadas pero con capacidad para establecer relaciones afectivas, sentir culpa y remordimiento; por lo general provienen de ambientes marginales y criminógenos con una subcultura propia, siendo su conducta antisocial mayormente originada por factores ambientales. Por otro lado, nos encontramos con el sicario psicopático y el sicario sádico los cuales presentan, además de un comportamiento antisocial, alteraciones importantes a nivel afectivo mostrando marcados rasgos de insensibilidad, arrogancia, egocentrismo, manipulación, ausencia de remordimientos, falta de empatía y crueldad en la ejecución de sus comportamientos criminales. Pueden o no provenir de un medio criminógeno, pero eminentemente en su dinámica familiar existe una disfuncionalidad en los apegos, así como la presencia de abusos y/o negligencias.

Por otra parte, nos encontramos con los factores ambientales donde la pobreza, la marginación, la falta de oportunidades laborales y la carencia de educación han ocasionado que miles de jóvenes pertenecientes a las clases menos privilegiadas, insertados en una estructura cultural que ante todo enfatiza el valor del éxito monetario pero sin brindar los medios legales para alcanzarlos, respondan ante su frustración uniéndose a grupos delincuenciales que les proporcionen, aunque sea por un breve tiempo, la satisfacción de gozar de los bienes materiales y del reconocimiento social que no encuentran en condiciones de legalidad (Cohen, 1955; Cid y Larrauri, 2001).

Asimismo, si a lo anterior agregamos la corrupción e impunidad que ha caracterizado al sistema judicial mexicano el cual, en muchas ocasiones, ha sido capaz de coludirse con los grupos delincuenciales y sentenciar a personas inocentes por delitos contra la salud, crimen organizado y secuestros, por no contar con los recursos económicos para su defensa (Experto 9, 12, 14, 17, 18, 19) permitiendo que un alto porcentaje de detenidos sean torturados por las propias fuerzas de seguridad pública o militares que, sin adentrarnos en el tema, presentan perfiles muy similares al de los propios sicarios (Experto 9, 10, 14); ha generado que éstos jóvenes ya no solo busquen aliarse a los grupos criminales para obtener un sustento económico digno y el reconocimiento social deseado, sino también como venganza hacia un sistema gubernamental que perciben los ha abandonado en la marginación, la inseguridad y que ha violentado sus garantías individuales (Experto 10, 12, 17, 18).

Si bien es cierto, existen rasgos de personalidad que pudieran favorecer la comisión de la actividad sicarial – baja tolerancia a la frustración, impulsividad, violencia reactiva, temeridad, tendencia al aburrimiento, hedonismo, entre otros – es importante resaltar que el contexto socio cultural juega un papel sumamente relevante, pudiendo fungir tanto como factor protector o de riesgo, en el desarrollo de conducta sicarial. Con base en ello, es que se puede entender cómo, el fenómeno de la narcocultrua, ha favorecido para que el sicariato en México emerja tan vertiginosamente como un estilo de vida delictivo reconocido e incluso alentado por el medio social.

Para finalizar, es importante resaltar que a pesar del impacto económico, social y cultural que el fenómeno del sicariato ha tenido en México y la imperiosa necesidad de investigaciones empíricas que nos ayuden a comprender la conducta delictiva antes expuesta, nos encontramos por una parte, con la escasa colaboración e interés por parte de las autoridades gubernamentales y penitenciarias para el estudio de dicho fenómeno delincuencial en los centros penitenciarios, y por otra, con la apatía de expertos que se encuentran inmersos en la tarea de la reeducación social, muchas veces ocasionada, por las inapropiadas condiciones laborales en las que operan en sus centros de trabajo.

Es por ello, que extiendo mi agradecimiento y reconocimiento a los expertos que tan entusiastamente contribuyeron con su experiencia y conocimientos al cumplimiento del objetivo de la presente investigación, alentando su trabajo diario y reconociendo la gran contribución que brindan a la sociedad.



REFERENCIAS

Cid, J. y Larrauri, E. (2001). Teorías Criminológicas. Barcelona: Bosch.


Cohen, A. (1955). Delinquent boys: The culture of the gang. New York: Free Press of Glencoe.

Geremia, V. (2011). Infancia y conflicto armado en México. México: Red por los Derechos de la Infancia en México.

Hare, R. (1984). La psicopatía: teoría e investigación. Barcelona: Herder.
Martínez, V. (1993). Dimensiones psicosociales del adolescente sicario. Revista Colombiana de Psicología, 2, 147 – 150.
Mendoza, E. y Navarro, A. (2015). Semanario Zeta. Recuperado de http://aristeguinoticias.com/3108/mexico/van-mas-de-57-mil-asesinatos-en-lo-que-va-del-sexenio-gobierno-oculta-9-mil-zeta/

Ríos, V. (2010). ¿Por qué matar es tan barato en México? Este país: tendencias y opiniones. Recuperado de http://www.gov.harvard.edu/files/FinalEstePais_Junio.pdf



Schlenker, A. (2012). Se busca: indagaciones sobre la figura del sicario. Quito: Corporación Editora Nacional.


Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad