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PROFESORADO EN FILOSOFÍA

CUARTO AÑO

HISTORIA DE LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA Y LECTURA DE AUTORES

PROF.: PALACIOS, LAURA

PLAN DE CONTINUIDAD PEDAGÓGICA

FECHA: 13 DE AGOSTO AL 24 DE AGOSTO

TEMA: LA PROBLEMÁTICA DEL LENGUAJE EN W.

CONTENIDOS DESAGREGADOS:

-EL LENGUAJE LÓGICO COMO COPIA DE LA REALIDAD (TRACTADO LÓGICO FILOSÓFICO)

-EL LENGUAJE COMO USOS DEL LENGUAJE (INVESTIGACIONES FILOSÓFICAS)

-ÉTICA COMO IRREBASABILIDAD DEL LENGUAJE.

OBJETIVOS DE APRENDIZAJE:

Que los estudiantes:

Conozcan los distintos períodos de la obra de W.

Identifiquen continuidades y rupturas entre el primer período lógico y el segundo referido a los usos del lenguaje.

Analicen la relación entre lenguaje y ética.

ACTIVIDADES SOLICITADAS

Lectura del material bibliográfico enviado.

Diseño de un esquema, resumen, mapa conceptual (u otro) que caracterice la postura del autor.

Elaborar un escrito señalando continuidades y rupturas entre las diferentes etapas de W. (extensión mínima 4 carillas)

DISPOSITIVOS DE MONITOREO

Los estudiantes podrán enviar sus consultas al correo electrónico de la docente planteando inquietudes, preguntas, aclaraciones, etc. acerca del material trabajado.

Al día 23/8 deben enviar por correo electrónico el escrito solicitado. El mismo tiene la finalidad de establecer un registro de avance para luego poder vincularlo con otros autores trabajados a lo largo de la cursada.

Criterios de evaluación

Entrega del instrumento en el plazo solicitado.

Calificación

Como se trata de un material de avance para seguir elaborando se enviarán las correcciones mediante correo electrónico para que puedan reelaborar (si correspondiere) sus interpretaciones.

Desaprobación

Si no enviaran el insumo solicitado se considerará desaprobada esta actividad.

Material de lectura

Ludwig Wittgenstein

“Entre paradojas y aporías”

Autora: Rivera, Silvia.

La autora sostiene que luego de W. ya nada puede ser pensado del lenguaje. Aquello que todos sus trabajos ponen de manifiesto es el poder configurador del lenguaje. Lenguaje que es concebido como verdadera condición de posibilidad, posibilidad histórica, tanto de nuestro pensamiento como de nuestro mundo.

Sus dos libros representan los momentos culminantes de su evolución filosófica, el Tractatus lógico-philosophicus y las Investigaciones Filosóficas, habrá que considerar si se presenta una ruptura conceptual en su pensamiento o hay una continuidad entre ambas.

Una de las tradicionales claves de lectura que durante años condicionaron de manera casi absoluta la transmisión del pensamiento de W. consiste en distinguir en la vida y la obra de este filosófico dos momentos irreconciliables. Sin embargo, la autora sostiene que este punto de vista debe ser revisado, porque de lo contrario es inevitable una distorsión de su propuesta. Por lo tanto, intentará mostrar las profundas continuidades que los enlazan y los definen en función de un objetivo e interés constante, explorar la relación existente entre lenguaje y mundo en el Tractatus o, ya en el marco de las Investigaciones Filosóficas, entre los juegos del lenguaje y las formas de la vida.

Así, según la opinión de Rivera el aporte fundamental de W. se orienta hacia la constitución de una teoría de la praxis. Aporte que no ha sido detectado y profundizado por ninguna de las dos escuelas o movimientos filosóficos que han creído inspirarse por las obras anteriormente señaladas. Ni el “positivismo lógico”, ni la “escuela del lenguaje ordinario” han sabido captar el espíritu que anima la obra de un filósofo que siempre luchó por mantenerse al margen de las modas filosóficas y las escolarizaciones simplificadoras.

(Pág. 9 y 10) de la citada obra.

Ludwig Wittgenstein:

La vida de un filósofo.

1889: nace en Viena. Es el menor de los ocho hijos de una rica familia judía. Su padre, importante industrial del hierro y del acero, se destacaba también como mecenas de las artes. El hogar de W. fue un verdadero centro de la vida musical austríaca.

1903: Ingresa en la Realschule de Linz. Hasta ese momento había sido educado en su casa por sus preceptores privados.

1906: Se traslada a Berlín para estudiar ingeniería en la Escuela Técnica Superior de la capital alemana.

1908: Se inscribe como “Research Student” en la Universidad de Manchester. Allí diseña un motor a chorro para la aviación. Sus intereses se desplazan de la ingeniería a las matemáticas y finalmente a los fundamentos de las matemáticas.

1910: Lee los Principia Mathematica de Russell y Whitehead. Este libro produce en él un fuerte impacto.

1911: Abandona sus estudios de ingeniería. Visita a Frege en Jena quien le aconseja estudiar con Russell en Cambridge.

1912: Se inscribe en el Trinity College de Cambridge. En uno de sus primeros encuentros con Russell le pregunta si lo considera un completo idiota o no. Porque de ser un perfecto idiota se convertiría en ingeniero aeronáutico, en caso contrario se haría filósofo. Luego de leer algunos escritos de W. sobre filosofía, Russell le contesta: “No, usted no debe hacerse ingeniero aeronáutico”. Durante su permanencia en Cambridge hace amistad con el filósofo Moore y el economista Keynes.

1913: Muere su padre. W. abandona Cambridge y viaja a Noruega. Construye una cabaña de madera. Allí, en completo aislamiento, escribe las “Notas sobre lógica”. Su correspondencia con Russell deja constancia de una aguda crisis en las relaciones entre ambos. La causa, según W., es la existencia de insuperables diferencias, en lo que concierne a los ideales y a la valoración ética de la práctica filosófica.

1914: En abril Moore lo visita en Noruega. Le dicta el texto que se conoce como “Notas dictadas a Moore en Noruega”.

En julio llega a Viena y toma contacto con el editor Ludwig Ficker. A él le entrega una importante suma de dinero para repartir entre intelectuales y artistas austríacos carentes de fortuna. En agosto, al estallar la primera guerra mundial, se enrola como voluntario en la artillería austríaca, sabiendo que muchos de sus amigos y antiguos compañeros se encontrarán del lado enemigo. Durante los años de la guerra escribe sus pensamientos filosóficos en una serie de cuadernos de apuntes que lleva siempre en su mochila. Sobre estas notas redactará el Tractatus. Las páginas de estos cuadernos que lograron pasar la censura impuesta por sus albaceas literarios, fueron publicadas en 1960 con el título Notebooks 1914-1916. Las páginas omitidas en aquella ocasión se publicaron por primera vez, luego de diversas peripecias, en Barcelona en 1985, con el título de Diarios Secretos. Cabe señalar que ambos libros aportan valiosísimos elementos para comprender la genealogía del Tractatus.

1918: Es hecho prisionero en Trento e internado en el campo de prisioneros de Monte Cassino. Estando en cautiverio termina de redactar el Tractatus. Reanuda desde allí la correspondencia con sus amigos ingleses. Por intermedio de Keynes envía a Russell una copia de su libro.

1919: Es liberado y regresa a Viena. Renuncia a la herencia paterna en favor de sus hermanos. Al igual que muchos otros jóvenes concurre a una escuela de magisterio con el propósito de insertarse en el proyecto de reforma pedagógica impulsada por el socialista Otto Glöckel, sobre la base de los desarrollos teóricos del profesor Bühler. Según se desprende de su correspondencia, termina el año deprimido y desesperanzado.

1920: A pesar de tener en claro que la Introducción escrita por Russell para el Tractatus facilitaría la publicación de su libro, W. se niega a presentarla junto con éste. La causa de su decisión se debe al convencimiento de W. acerca de la incomprensión que la citada Introducción evidenciaba en relación a las cuestiones centrales del libro.

1921: El Tractatus es publicado en alemán.

1922: Russell publica en Tractatus en Inglaterra precedido por su Introducción. W. y él se distancias definitivamente luego de un encuentro poco amable.

1925: Abandona decepcionado el magisterio luego de haber trabajado durante cinco años como maestro en diferentes aldeas austríacas. Si bien reconoce que le gustaba leer cuentos a los niños, no logra una buena relación con los adultos.

1926: Trabaja como jardinero en un monasterio cerca de Viena. Luego de la muerte de su madre pone fin a su aislamiento con el propósito de diseñar una casa para su hermana.

1927: Conoce a Moritz Schilick, futuro fundador del Círculo de Viena. Acepta reunirse con él, Rudolf Carnap y Friedrich Waismann para discutir nuevamente problemas filosóficos.

1929: Regresa a Cambridge. Obtiene el título de doctor presentando el Tractatus como tesis, frente a un jurado integrado por Russell y Moore.

Comienza a trabajar en un manuscrito que se publicará después de su muerte con el título Observaciones Filosóficas. Escribe también en esta época la Gramática Filosófica.

1930-1932: pasa sus vacaciones en Viena. Durante las mismas continúa sus reuniones con algunos miembros del Círculo de Viena. Las notas tomadas por Waismann durante estos encuentros fueron publicadas en 1968 con el título Ludwig Wittgenstein y el Círculo de Viena.

1933: Dicta clases en Cambridge durante varios años, con un estilo característico en pensar en voz alta frente a sus alumnos. Las notas tomadas por estos alumnos son editadas luego de su muerte con el título de Los cuadernos azul y marrón.

1935: Visita la Unión Soviética. Contempla la posibilidad de radicarse allí. Esta posibilidad es desechada luego a causa de las políticas implementadas por Stalin. Se dirige una vez más a Noruega y comienza allí a trabajar en los manuscritos de las Investigaciones Filosóficas.

1937: Regresa a Cambridge. Su total desacuerdo con la anexión de Austria a Alemania lo decide a adoptar la ciudadanía británica. Dicta a sus alumnos los apuntes conocidos con el nombre de Lecturas y Conversaciones sobre Estética, Psicología y Religión.

1939: Sucede a Moore en la Cátedra de Filosofía de Cambridge. De esta época son Observaciones sobre los fundamentos de las matemáticas.

1940: Al estallar la guerra abandona Cambridge y trabaja como enfermero en el Guy´s Hospital de Londres.

1944: Se reintegra a sus actividades académicas.

1947: Renuncia a su cátedra y se establece en Irlanda. Vive en completo aislamiento en un pequeño pueblo pesquero de la costa irlandesa totalmente dedicado a la investigación filosófica.

1949: Viaja a Estados Unidos invitado por un discípulo, por problemas de salud decide regresar a Inglaterra. Visita Viena por última vez.

1951: el 21 de abril muere en Cambridge en la casa de su médico. Antes de morir dice a su médico las siguientes palabras dirigidas a sus amigos: “Dígales que he tenido una vida maravillosa”.

(pág. 11 a 14)

El Tractatus lógico-philosophicus.

El Tractatus es el único libro que W. publicó durante su vida. Terminó de redactarlo en 1918.

Es necesario destacar que la causa de la complejidad del Tractatus no debe buscarse en algún tipo de barroquismo estilístico o de imprecisión conceptual. Escritas en aforismos, las afirmaciones que integran el libro son un modelo de austeridad y concisión. La dificultad radica en las múltiples paradojas que lo atraviesan. Estas paradojas, de diferente importancia y amplitud, articulan los aforismos en planos diversos, construyendo una sinfonía difícil de descifrar. Este desplazamiento de paradojas culmina (en el doble sentido de final y de punto máximo) cuando en las afirmaciones que cierran el Tractatus proclama el sinsentido de todas las proposiciones contenidas en el libro. Libro que debe ser leído como una verdadera afirmación de la paradoja. Y es esta perspectiva de análisis una condición necesaria para su comprensión. Porque la paradoja del Tractatus es también la del lenguaje. En su autoaniquilamiento final pone ante nuestros ojos la irredimible tragedia de todo lenguaje: su absoluta convencionalidad y su laberíntica circularidad.

La paradoja, al contradecir los principios del sentido común, pone en suspenso nuestra cotidiana comprensión del mundo, dislocando los supuestos lingüísticos que le sirven de base. Forma y contenido se entrelazan en el Tractatus a punto tal de resultar inescindibles. La forma no es superflua respecto del contenido, porque la existencia de su contenido o mensaje independiente es tan sólo una ilusión. Ahora bien, ¿cuál es este tema del Tractatus que se constituye a sí mismo a través de su forma de expresión?

PRIMERA PARADOJA: El Tractatus en un libro de ética que habla de lógica.

Porque el Tractatus que es un libro con un claro sentido ético nos habla de la estructura lógica del lenguaje. En efecto, si recorremos el libro veremos que la mayoría de sus páginas está dedicada a cuestiones técnicas relacionadas con los principios del simbolismo. Sin embargo su sentido ético, si bien no siempre es reconocido, resulta ya hoy innegable.

W. era austríaco. Y un austríaco que perteneció a una generación que debió transitar la difícil entrada de Austria en el siglo XX, marcada por la decadencia del Imperio de los Habsburgo.

Bajo su imponente apariencia este Imperio escondía insolubles contradicciones internas. Por una parte la existencia de grupos étnicos y lingüísticos muy diferentes, como los húngaros, rutenos y checos, cuestionaba el concepto de unidad del Imperio. Por otra parte, las personas vivían sus vidas y resolvían sus problemas cotidianos en base a procedimientos que habían perdido toda conexión con el orden establecido por el gobierno. Las prácticas sociales concretas se encontraban por completo escindidas de su justificación teórica. Una cosa era la política, avalada por el discurso de la autoridad, y otras las soluciones prácticas de los problemas reales. En esa época en Viena nada era lo que parecía ser. Sin embargo las apariencias debían ser respetadas, y es por esto que el lenguaje se veía rebajado a la instancia de un mero artificio formal, cuyo objetivo se limitaba a la justificación de un orden institucional separado por completo de la vida real. La ostentación y el lujo encubrían el desgaste y la miseria de una sociedad constituida sobre la base de artificialidades, en la que faltaba tanto el lenguaje como las ideas y conceptos para reflejar las reales características y necesidades de los hombres. La corrupción generalizada de los medios expresivos hacía difícil distinguir entre apariencias y realidades, con la consiguiente dificultad que esto representaba para la realización de juicios éticos y la expresión de valoraciones.

La experiencia de esta grave crisis impulsó a la nueva generación de artistas e intelectuales a realizar una exhaustiva crítica de los diferentes medios expresivos. Crítica entendida en sentido kantiano, como determinación de posibilidades y fijación de límites.

W. llega en el Tractatus a la ética a través de la lógica. Ambas, ética y lógica, comparten el mismo carácter trascendental que, retomando el significado kantiano, significa que son condición de posibilidad del mundo, aun cuando no se encuentren en el mundo, sin más allá de él, son un presupuesto de su existencia.

¿Qué quiere decir esto? Que no hay mundo sin lógica y sin ética, porque al tiempo que la lógica determina toda forma posible, la ética establece todo sentido. Ello equivale a afirmar que no hay mundo sin lógica y sin ética porque no hay ni puede haber mundo sin lenguaje por una parte, ni lenguaje absoluto por la otra, esto es, lenguaje que no contenga en sí la inevitable presencia del límite. Todo lo pensable es posible porque es lógico, y todo lo pensable es lógico porque no podemos pensar ilógicamente, porque en tanto la lógica es la doctrina de toda posibilidad, todo pensamiento posible será lógico necesariamente, o no será ni siquiera pensamiento.

Los límites del pensamiento son establecidos por la lógica del lenguaje. Comprender esto tiene que ver para W. con la ética. Adoptar el punto de vista ético supone alcanzar la justa visión de la relación existente ente lenguaje y mundo. Visión justa que sólo se alcanza a través de un exhaustivo análisis de los medios expresivos del lenguaje. Conducirnos hasta ella es el objetivo último del Tractatus.

Ahora bien, ¿cómo es posible reconocer la ética entre todas esas afirmaciones sobre lógica? En el prólogo a su obra W. precisa con nitidez el objetivo:

“Este libro, quiere, pues, trazar unos límites al pensamiento, o mejor, no al pensamiento, sino a la expresión de los pensamientos, porque para trazar un límite al pensamiento tendríamos que ser capaces de pensar ambos lados de ese límite, y tendríamos por consiguiente que ser capaces de pensar lo que no se puede pensar. Este límite, por lo tanto, sólo puede ser trazado en el lenguaje y todo cuanto quede al otro lado del límite será simplemente sin sentido”.

W. se propone trazar un límite al pensamiento. Pero esta tarea nos enfrenta con la siguiente aporía: trazar un límite supone, en todos los casos, pensar los dos lados de ese límite. Dicho límite sólo será trazado en el lenguaje. Porque la lógica que articula nuestro lenguaje constituye al mismo tiempo la estructura del pensamiento. El espacio de la lógica puede definirse como el ámbito de todo lo posible, a todos los hechos que acontecen o pueden acontecer en el mundo. Estos serán los hechos pensables, y al mismo tiempo aquellos que pueden ser objeto de un discurso, es decir, que pueden ser dichos en el lenguaje. Por el contrario, nada puede ocurrir, pero tampoco nada puede ni siquiera ser pensado que no ocupe ya un lugar en este espacio lógico de posibilidades. La lógica estructura nuestro lenguaje y nuestro mundo, al precisamente a través del lenguaje que esta aporía nos permite vislumbrar la posibilidad de una salida.

W. está convencido que presentando claramente lo decible/pensable indicaremos o significaremos de algún modo lo indecible/impensable. Al desplegar exhaustivamente todas las posibilidades de nuestro lenguaje se evidenciarán también sus límites. La consecuencia de la demarcación que emprende en el Tractatus, es la delimitación entre dos ámbitos, el de todo aquello que puede ser objeto de un discurso, es decir, los hechos del mundo, y otro sobre el que es necesario guardar silencio, porque de no hacerlo inevitablemente caeremos en sinsentidos o proposiciones que violan la sintaxis lógica de nuestro lenguaje. Este ámbito ubicado más allá del mundo y más allá de nuestro lenguaje significativo es el de la ética. La ética es para W. inescindible de la comprensión de los límites de nuestro lenguaje.



SEGUNDA PARADOJA: W., en su análisis, parte del lenguaje, pero el Tractatus comienza con una serie de afirmaciones acerca del mundo.

Es frecuente encontrar presentada la filosofía del primer W., es decir, el pensamiento que de algún modo se sintetiza en el Tractatus bajo el título de “atomismo lógico”. Los supuestos metafísicos de esta filosofía fueron presentados por Russell en una serie de conferencias dictadas en Londres en 1919.

Russell adhiere en términos generales al método elegido por Descartes. Este análisis que intenta adoptar como premisas tan sólo aquello que nos parezca evidente, tiene como objeto “indagar la naturaleza del mundo”. Y la primera verdad incontestable y obvia que se impone al filósofo en su tarea de indagar la naturaleza del mundo es que “el mundo contiene hechos, que son los que son pensemos lo que pensemos acerca de ellos”. El importante dejar en claro que el realismo de Russell lo lleva a afirmar la existencia objetiva de tales hechos.

El punto de partida de W. no son los hechos del mundo sino el lenguaje representativo que tenemos, y no el lenguaje que deberíamos tener en función de una supuestamente valiosa exigencia de claridad y precisión absoluta. Sin embargo, las primeras páginas de su obra contienen una serie de pronunciamientos acerca del mundo y sus componentes. A partir de aquí la cuestión que se impone esclarecer es la siguiente: ¿refleja el orden del Tractatus el del pensamiento de W., o por el contrario, enmascara su pensamiento acerca de la relación existente entre lenguaje y mundo?

Confundir el orden del libro con el de la argumentación de W. significa comprometer a este filósofo con una metafísica de base empírica semejante a la que sirve de apoyo a la filosofía del atomismo lógico de Russell.

W. enuncia en el Tractatus siete tesis, numeradas en forma consecutiva del 1 al 7. El aforismo 1.1, es el primer comentario a la tesis 1, en tanto que el 1.2 es el segundo comentario a la misma tesis 1, el 1.3 a la tercera, etc. A su vez el aforismo 1.11 es el primer comentario al aforismo 1.1 y el 1.12 el segundo y así sucesivamente.

La tesis número 1 afirma que “el mundo es todo lo que acaece”, y lo que acaece es la existencia de los hechos (Tatsachen). El mundo se divide en hechos y está determinado por ser todos los hechos. A continuación introduce un nuevo término “Sachverhalt” que significa “estado de cosas” pero que con frecuencia es traducido como “hecho atómico”. Un hecho atómico es aquel que no puede descomponerse ya en otros hechos. El ejemplo que propone Russell es “Sócrates es sabio”. Por el contrario, “Sócrates es sabio y Platón es su discípulo” es un hecho molecular, porque consta de partes que a su vez son hechos. Las cosas cambian tan pronto como traducimos “Tatsache” como “hecho” y “Sachverhalten” como “estados de cosas”, entendiendo como “hecho” a aquellos datos del mundo realmente existentes, y por “estados de cosas” a los hechos posibles.

La estructura de los estados de cosas es también la de los hechos.

A partir de aquí W. distingue cuidadosamente a los hechos, ya sean posibles o existentes, de los objetos o cosas. Porque “el mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas” (1.1). Un conjunto de cosas no constituye un mundo sino sólo en tanto se presentan articuladas en hechos.

La esencia de un objeto es ser un componente posible de los estados de cosas.

También Russell en “La filosofía del atomismo lógico” nos advierte que los hechos simples no deben ser confundidos con las cosas u objetos particulares. Los hechos son algo que se expresa por medio de una oración completa, es decir por medio de una proposición “que es una oración en indicativo, una oración que enuncia algo, no que interroga, impera u opta”. Estos elementos últimos serán expresados luego a través de un simbolismo perfecto que permita captar a simple vista la estructura lógica del lenguaje y del mundo. W. parte del lenguaje porque su objetivo es analizar los principios de la representación en general, es decir, las características que permiten a nuestro lenguaje representar o figurar el mundo. De este modo los estados de cosas son los correlatos necesarios de las proposiciones posibles, y los hechos o estados de cosas efectivamente existentes los correlatos de las proposiciones consideradas verdaderas en nuestro lenguaje. Por último, los objetos simples son los correlatos lógicamente necesarios de los nombres.

Del mismo modo que un punto de vista visual debe estar en un espacio de color, todo objeto debe estar en un espacio de posibles hechos. Este espacio puede pensarse como vacío, pero de ninguna manera puede pensarse la cosa sin el espacio. Este espacio de hechos posibles es el espacio lógico. El espacio lógico es la suma de los estados de cosas posibles y existentes, y de los estados de cosas posibles y no existentes. Esto significa que de ninguna manera es posible pensar al objeto fuera de su conexión con otros.

Para clarificar el concepto lógico, es interesante analizar el ejemplo del juego de ajedrez que propone Kenny, quien considera al ajedrez como un buen modelo del mundo tal como éste es concebido en el Tractatus. Los objetos del mundo son identificados con las piezas del ajedrez y las casillas del tablero. Los estados de cosas serán las relaciones entre esas piezas y las casillas. El mundo, lo que acaece, será la posición de las piezas sobre el tablero en cualquier tiempo dado.




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