Prólogo del editor alemáN prólogo prólogo a la segunda edicióN 6



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4. LA «MATERIA PRIMA»

A. Denominaciones de la materia


La base del opus es la «materia prima», uno de los secretos más famosos de la alquimia. No es esto sor­prendente en cuanto que representa la sustancia desco­nocida que lleva dentro de sí la proyección del conteni­do anímico autónomo. Naturalmente, no se podía dar razón de una sustancia de tal índole, pues la proyec­ción parte del individuo y, por consiguiente, es distinta en cada caso. Por ello, tampoco es correcto afirmar que los alquimistas no han dicho nunca en qué consiste la prima materia; al contrario, han dado demasiadas indicaciones al respecto y se han contradicho infinitas veces por tal razón. Para unos, la prima materia era el mercurio; para otros, bronce, hierro, oro, plomo, sal, azufre, vinagre, agua, aire, tierra, sangre, agua de vida, lapis, veneno, espíritu, nube, cielo, rocío, sombra, mar, madre, luna, dragón, Venus, caos, microcosmos. El diccionario enciclopédico de Ruland da no menos de cincuenta sinónimos, número que se podría aumentar todavía considerablemente.
Junto a estas denominaciones, en parte químicas y en parte mitológicas, existen también las «filosóficas», que tienen un significado más profundo. Así, hallamos el nombre «Hades» en el tratado de Comario429. En las obras de Olimpiodoro, en la tierra negra están los «malditos por Dios» (θεοκαταρατος)· El Consilium coniugii dice que el padre del oro y la plata, o sea su prima materia, es el «ser viviente (animal) de la tierra y del mar» o «el hombre o una parte del hombre», res­pectivamente, o sea, por ejemplo, el pelo, la sangre de él, etc. Dorn da a la prima materia el nombre de «adánica» y —apoyándose en Paracelso— también el de limbus microcosmicus. La materia de la piedra «no es otra cosa que el Mercurio ígneo y perfecto» y el verda­dero Adán hermafrodita y el microcosmos (igual a ser humano). Se dice que Hermes Trismegisto dio a la piedra el nombre de «huérfana»430. Como Dorn es un discípulo de Paracelso, es posible que su idea se refiera a la teoría del anthropos de su maestro. A este respecto, he de remitir a mis lectores a mi Paracelsica. También otros autores mencionan las relaciones exis­tentes entre el ser humano y la prima materia; pero no es mi intención citarlos a todos en este lugar.
El dragón mercurial de la alquimia griega, llamado εν το παν, dio motivo a caracterizar a la prima materia como unum, unica res431, mónada432, y a la sentencia del Liber Platonis quartorum: que el ser humano es el adecuado para la realización total de la obra, debido a que posee lo simple, a saber: el alma433. Milio dice que la prima materia es el elementum primordiale. Es —continúa diciendo— el «sujeto puro y la unidad de las formas», en la que sería adoptada cualquier forma en el caso dado (in quo retinetur quaelibet forma cum possibilitate)434.
Eximindo435 dice en la segunda redacción de la Turba:
«Os manifiesto, hijos de la doctrina, que el comienzo de todas las criaturas es una naturaleza primera, permanente e infinita que todo lo cuece y gobierna, y cuyo activo y pa­sivo es sólo sabido y reconocido por aquellos a quienes les ha sido dado el conocimiento con el arte sagrado.»
En el «Sermo IX» de Turba436, «Eximeno» ofrece una imagen de la Creación que corresponde a la de las Sagradas Escrituras (creación mediante la «palabra»), la cual está en contradicción absoluta con lo anterior­mente expuesto: que el comienzo es una natura perpe­tua et infinita. El Rosarium da a la prima materia el nombre de radix ipsius (raíz de sí misma). Por tanto, está enraizada en sí misma y, consecuentemente, es autónoma y no depende de nada.
B. Lo «increatum»
En calidad de radix ipsius, la prima materia es un auténtico principium. De aquí hay sólo un paso a la opinión de Paracelso, según la cual la prima materia es un increatum (increado). En su Philosophia ad Athenienses, dice Paracelso que esta materia única es un gran secreto sin naturaleza elemental alguna. Continúa diciendo que llena toda la regio aetherea. Es la madre de los elementos y de todas las criaturas. Este misterio no se puede expresar mediante nada, y tampoco ha sido creado (nec etiam creatum fuit). Este misterio increado ha sido creado por Dios de manera que, en el futuro, nada sea semejante a él (al misterio) y que tam­poco jamás volverá el futuro, nada sea semejante a él (al misterio) y que tampoco jamás volverá como era437. Concretamente —sigue opinando— se ha echado a per­der, por lo que ya no puede ser rehecho (lo que po­siblemente se refiera al pecado original). Dorn se ha ajustado al sentido en la traducción del texto origi­nal438.
La autonomía y eternidad de la prima materia apun­ta, según Paracelso, a un principio de la misma altura que la divinidad el cual corresponde a una dea mater. Cómo se puede compaginar este criterio con el cristia­nismo de Paracelso es asunto exclusivamente suyo, y, además, no el único que tenga sobre su conciencia. Las interpretaciones del Aquarium sapientum439 interesantes por su monstruosidad (y apenas superadas por el Aurora consurgens) conducen la especulación de Paracelso (sin apoyarse en el autor). Así, dice que Miqueas habla en la siguiente forma de la prima materia (5, 2): «Cuyos orígenes serán de antiguo, de muy remota an­tigüedad.» (La Vulgata tiene egressus eius ab initio, a diebus aeternitatis.) También se diría: «Antes de que Abraham naciese, era yo.» (San Juan, 8, 58.) Se deduce de esto —dice el autor— que la piedra no tiene ningún comienzo, sino que tiene su primum Ens desde el co­mienzo de los tiempos. Para comprender acertada­mente esto —prosigue— se han de tener muy bien abiertos los ojos del alma y del espíritu y observar y reconocer con la luz interior, luz que Dios ha encen­dido desde el principio en la Naturaleza y en nuestros corazones440. En la misma forma —continúa el au­tor— que la piedra, conjuntamente con su materia, tiene alrededor de mil nombres y se la llama «maravillo­sa» por tal motivo, se podrían decir de Dios los mismos nombres en altísimo grado441, empleo que el autor hace realmente. Pero con esta deducción inaudita para oídos cristianos, lo único que se hace es repetir lo ya expresado con claridad en el Liber Platonis quartorum: Res ex qua sunt res est Deus invisibilis, et immobilis442. Res significa el objeto del arte divino. Cierto que son pocos los filósofos que han llegado expressis verbis a esta conclusión; pero tanto sus alusiones como sus disimulos ganan decididamente en transparencia desde este aspecto. Esta conclusión era también inevi­table psicológicamente en cuanto que el inconsciente, debido al desconocimiento que existe de él por doquier, tiene que coincidir consigo mismo; pues a causa de la carencia de propiedades reconocibles, no se puede di­ferenciar entre un inconsciente y otro. No se trata aquí de una sutileza lógica, sino de un fenómeno muy real y de importancia práctica, a saber: los fenómenos de identidad e identificación en la vida social, los cuales se basan en la comunidad (la no diferenciación) de los contenidos inconscientes. Tales contenidos atraen de manera irresistible recíprocamente a los individuos po­seídos por ellos y se unen para formar grupos peque­ños o grandes que pueden aumentar de volumen como si fueran aludes.
Los ejemplos mencionados señalan que los alquimis­tas han proyectado gradualmente en la materia hasta la idea del valor máximo, concretamente la divinidad. Así se unió el valor máximo con la materia y se creó un punto de partida para el desarrollo, por una parte, de la química real, y, por otra, para el materialismo filosófico de fecha reciente, con todas las consecuen­cias psicológicas que necesariamente llevan consigo un giro de 180° de la imagen del mundo. Aunque la alqui­mia está hoy ya lejos de nosotros, no debemos subes­timar en modo alguno la importancia que tuvo para la Edad Media en el aspecto de la historia del espí­ritu. Y la Edad Contemporánea es el hijo de la Edad Media que no oculta de qué padres desciende.
C. Ubicuidad y perfección
La prima materia tiene el carácter de la ubicuidad: se puede tener siempre y por doquier, es decir la pro­yección puede realizarse siempre y en todo lugar. Sir George Ripley, alquimista inglés (1415 [?] a 1490), es­cribe: «Los filósofos dicen al que busca que las aves y los peces nos traen la lapis443; está en todas las per­sonas, en ti, en mí, en cada cosa, en el tiempo y en el espacio444. Se ofrece en figura barata (vili figura). De ella surge nuestra agua eterna (aqua permanens)445.» Según Ripley, prima materia es, concretamente, el agua; es el principio material de todos los cuerpos446, tam­bién del mercurio447. Es la hyle surgida del caos en forma de esfera oscura448 mediante el acto creador divino449. El caos es una massa confusa de la que surge la piedra. El agua hylica contiene un fuego ele­mental oculto450. En el tratado De sulphure451, el elemento tierra contiene como oponente interior Ignis Gehennalis, fuego del infierno. Según Hortulano, la pie­dra surge de una massa confusa que contiene en sí todos los elementos452. Lo mismo que el mundo ha surgido de un chaos confusum453, la piedra ha surgido también de la misma forma454. Resuenan ideas neopitagóricas en la representación de la esfera de agua que gira: En las obras de Arquitas, el alma del mundo es un círculo o una esfera455; para Filolao, lleva al mundo consigo mediante su rotación456. Posiblemente se encuentra en la obra de Anaxágoras la imagen pri­mitiva, en la que el νους origina un remolino en el caos457. También es importante la cosmogonía de Empédocles, según el cual el φίλια (la esencia esférica) surge mediante unificación de lo de especies diferentes (gracias a la influencia del σφαιρος)· Esta denominación como ευδαιμονεστατος θεός, como Dios bienaventuradí­simo, proyecta una luz especial sobre la esencia perfec­ta, «redonda», de la lapis458, que surge de la esfera inicial en cuanto que ésta ya lo es; por ello la prima ma­teria es denominada también lapis con frecuencia. El único estado oculto es el primero, el cual se puede mani­festar en el segundo, evidente, por obra del arte y la gracia divina. Por este motivo, la prima materia coinci­de, en ocasiones, con el concepto del estado inicial del proceso, concretamente el nigredo (el negro). Es enton­ces la tierra negra, en la que se puede sembrar el oro o la lapis como el trigo. Es la tierra negra, mágicamente fértil, que Adán se llevó con él del Paraíso, llamada tam­bién antimonio y que se denomina «negra, más negra que lo negro» (nigrum nigrius nigro)459.
hay cuatro elementos mezclados en forma desordenada, porque «la tierra y el agua, que son más pesadas que los otros elementos, llegan hasta el círculo de la Luna; y el fue­go y el aire, que son más ligeros que los otros, descienden hasta el centro de la Tierra, por lo que hay motivo sobrado para calificar de desordenada a tal materia. Quedó en el mundo sólo una parte de esta materia desordenada, y esta parte es conocida por todos y se vende públicamente.
D. El rey y el hijo del rey
Lo mismo que el núcleo de fuego está escondido en la hyle, también yace oculto el hijo del rey en los os­curos abismos del mar, en cierto modo como carente de alma; pero vive, sin embargo; llama desde las pro­fundidades460. «Haré feliz con mis riquezas perpetuas (perpetuis) al que me saque del agua y me lleve a un estado seco461
Es evidente la relación de la Visio Arislei con el rex marinus462 . Arisleo463 relata su aventura en los dominios del rex marinus, en cuyo reino no florece nada ni se reproduce nada. O sea, que, concretamente, no hay allí filósofo alguno. Sólo se mezcla lo de igual espe­cie464, razón por la cual no existe engendramiento ninguno. Entonces, por consejo filosófico, el rey tiene que aparear a Tabricio465 y Beya, sus dos hijos, que le han nacido de su cerebro466.
En cuanto que el rey está exanimis, es decir carece de alma, o por ser estéril su país, significa esto que el estado oculto es uno de latencia y potencialidad. La oscuridad y las profundidades marinas no pretenden significar otra cosa que el estado inconsciente de un con­tenido que es proyectado de forma invisible. Entre el consciente y el contenido que es proyectado existe siem­pre una atracción en cuanto que tal contenido pertenece a la totalidad467 de la persona y mediante la proyección está separado de la relación sólo en apariencia. Esta atracción se manifiesta, por lo general, de fascinación. La alegoría alquimista expresa este hecho mediante la llamada de auxilio del rey desde la profundidad del esta­do desdoblado e inconsciente. El consciente debiera obe­decer a esta llamada; se debería ser operari regi, prestar el servicio al rey, pues esto no sería sólo un acto de sabi­duría, sino también la salvación468. Pero esto significa la necesidad de descender al oscuro mundo del incons­ciente, la acción ritual de un καταβασις εις αντρον, la aventura de navegar de noche por el mar, cuya meta y fin es la reconstrucción de la vida, la resurrección y el vencimiento de la muerte. Arisleo y sus camaradas se atreven a la empresa, que termina al principio con una catástrofe, concretamente con la muerte de Tabricio, un castigo por la coniunctio oppositorum incestuosa. En de­finitiva, la pareja hermano-hermana es una alegoría de la idea de contraposiciones. Éstas pueden variar de for­ma múltiple: seco-húmedo, caliente-frío, masculino-feme­nino, sol-luna, oro-plata, mercurio-azufre, redondo-cuadrangular, agua-fuego, volátil-sólido, corporal-espiritual, etc.469 El regius filius es una forma rejuvenecida del rey padre. Se acostumbra a representar al joven con una espada, significando el espíritu, mientras que el pa­dre es representación del cuerpo. En una variante de la Visio, la muerte del hijo se produce por desespera­ción de éste en el cuerpo de Beya durante el ayunta­miento carnal. En otra representación, el padre le devo­ra, o el Sol se ahoga en el mercurio, o es tragado por el león. Tabricio es el principio masculino, espiritual, de la luz y el logos, que se hunde como el νους gnóstico en el abrazo de la physis. O sea, que la muerte es la con­sumación del descenso del espíritu a la materia. Cier­to que los alquimistas han representado con frecuen­cia lo pecaminoso de este acontecer, pero, al parecer, no lo han entendido por completo (?); por tal razón ra­cionalizan o quitan importancia al hecho del incesto, escandaloso en sí470 .
E. El mito del héroe
Como el incesto tiene lugar por consejo de los filó­sofos, la muerte del hijo del rey es, naturalmente, una cosa desagradable y peligrosa. El consciente se coloca en una situación de peligro mediante el descenso al in­consciente, pues parece como si él mismo se extinguie­ra. Es la situación del héroe primitivo, devorado por el dragón. Como se trata de una disminución o extinción del consciente, y tal abaissement du niveau mental es ese peril of the soud frente a lo que el ser primitivo tie­ne el más grande de los terrores (concretamente, el mie­do a los espíritus)471 , la extinción intencionada —por no hablar de petulante— de este estado es un sacrilegio o quebrantamiento del tabú, lo cual se castiga con las penas más graves. En consecuencia, el rey encierra a Arisleo y sus tres camaradas en una triple casa de cristal con el cadáver del hijo del rey. Por tanto, los héroes quedan prisioneros en el reino subterráneo, y ciertamente en el fondo del mar, donde, entre terrores de toda especie, han de estar ochenta días en medio de un calor intenso. Beya es encerrada también por deseo de Arisleo. (La variante de la Visio intepreta la prisión como el útero de Beya472 .) O sea que están dominados por el inconsciente y entregados a éste sin defensa de ninguna clase. Esto sólo significa que se han puesto voluntariamente en manos de la muerte para crear una vida fecunda en la región del alma que permaneció hasta ahora en una oscura inconsciencia y a la sombra de la muerte.
Aunque se indica la posibilidad de la vida mediante la pareja hermano-hermana, este contraste inconsciente ha de ser activado por la entrada en acción del cons­ciente, pues en otro caso permanecería latente. Pero esta empresa es arriesgada. Se comprende el angustiado ruego de la Aurora consurgens: Horridas nostrae mentis purga tenebras, accende lumen sensibus473. Se com­prende también a Michael Maier, que encontró pocos que quisieran sumergirse en el mar474 . Arisleo está en peligro de sufrir el destino de un Teseo o un Peiritoo, que se quedaron sólidamente fijados junto a sus nekyas en las rocas del reino subterráneo, es decir que el cons­ciente que se adentra en el espacio anímico desconocido es dominado por las potencias arcaicas del inconsciente; una repetición de ese acontecer cósmico del abrazo de nous y physis. En el mito del héroe, el objeto del des­censo está caracterizado en general por el hecho de la «preciosidad difícilmente alcanzable» (tesoro, virgen, bebida de la vida, vencimiento de la muerte, etc.) se halla en esa región de peligro (aguas profundas, caverna, bosque, isla, castillo, etc.).
El miedo y la resistencia que todo ser humano na­tural siente frente a un adentrarse demasiado profun­damente en sí mismo son, considerados en el fondo, el miedo frente al viaje al Hades. La cosa no sería tan mala si se sintiera resistencia tan sólo. Pero, en realidad, del segundo plano anímico, precisamente de esa región oscura475, desconocida, parte una atracción fascinan­te476 que amenaza con ser más fuerte a medida que uno se adentra más. El peligro psicológico que surge en este sentido es la desintegración de la personalidad en sus componentes funcionales, como funciones conscien­tes individuales, complejos, unidades hereditarias, etc. La descomposición —una esquizofrenia funcional, tam­bién real en ocasiones— es precisamente lo que sufre Gabrico (en una variante del Rosarium philosaphorum): es desintegrado en átomos en el cuerpo de Beya477, lo que corresponde a una de las formas de la mortificatio. Este suceso es una repetición de la coniunctio de nous y physis478. Pero lo último es un acontecer cosmogónico, mientras que lo primero es una catástrofe ocasionada por la intervención de los filósofos. Los con­trastes del inconsciente permanecen latentes mientras el consciente, y el regius filius, el espíritu, logos o nous, es devorado por la physis; es decir el cuerpo y sus re­presentantes orgánicos alcanzan el dominio sobre el consciente. El mito del héroe479 conoce este estado de estar dentro del vientre de la ballena480 (dragón) : por lo común, existe en tal sitio un calor tan fuerte que el héroe pierde el cabello481 , o sea, que renace calvo como un recién nacido. Este calor es el ignis gehennalis, el infierno, al que también ha descendido Cristo para vencer a la muerte como parte de su opera.
El filósofo hace el viaje al infierno como «liberador». El «fuego oculto» es la contraposición interior a la hu­medad fría del mar482. Hay en la Visio un evidente ca­lor de incubación483, que corresponde precisamente al estado de autoincubación en la meditatio. En el yoga indio tropezamos con una idea similar del tapas484, de la autoincubación. El objeto de la práctica del tapas es el mismo que el de la Visio, a saber: transformación y resurrección.

F. El tesoro oculto


Los alquimistas han simbolizado de diversos modos la «preciosidad difícilmente alcanzable» que se presu­me en la oscura «materia prima». Así, Cristóforo de Pa­rís dice que el caos (como «materia prima») es la obra de la sapientísima Naturaleza. Nuestro entendimiento (intellectus) —prosigue este autor— tendría que llevar esta obra de arte natural, precisamente el caos, a la na­turaleza celestial de la quintaesencia y de la esencia vi­vificadora (vegetabilis) del cielo, por mediación del «es­píritu celestial y ardiente». En este caos —continúa— existe en potencia la sustancia llamada preciosa, en for­ma de una massa confusa de los elementos reunidos, y por tal razón humana tendría que ocuparse diligente­mente en ello (incumbere debet) con objeto de llevar nuestro cielo a la realidad (ad actum)485.
Johannes Grasseo menciona una opinión según la cual la materia prima es el plomo (filosofal) que se llama también plomo del aire486 (con lo cual se alu­de precisamente al contraste interior). Dice que dentro de este plomo está la resplandeciente paloma blanca que se conoce con el nombre de «sal de los metales». Es la casta, sabia y rica reina de Saba, cubierta con un velo blanco, la cual se quiso rendir al rey Salomón487.
En opinión de Basilio Valentín, la Tierra (como «materia prima») no es un cuerpo muerto, sino que habita en ella el espíritu, el cual es la vida y el alma de la Tierra. Todas las criaturas, los minerales también, re­ciben sus fuerzas del espíritu de la Tierra. El espíritu es vida. Es alimentado por las estrellas y él nutre a todo lo viviente que hay en su regazo.
Lo mismo que la madre alimenta al hijo todavía en su seno, también la Tierra, mediante el espíritu recibido de arriba, incuba a los minerales que hay en el suyo. Este espíritu invisible es como una imagen reflejada, que tampoco se puede tocar, y ese espíritu es la raíz de los cuerpos necesarios en el desarrollo del proceso o que surgen en él (radix nostrorum corporum)488.
Encontramos una idea similar en la obra de Michael Maier489: El Sol ha hilado el oro en la Tierra mediante millones y millones de rotaciones en torno a ella. El Sol ha ido imprimiendo gradualmente su imagen en la Tie­rra. Esto es el oro. El Sol es la imagen de Dios; el co­razón490 es la imagen copiada del Sol en el ser huma­no, como el oro en la tierra, denominado también Deus terrenus, y Dios es reconocido en el oro.
Esta imagen de Dios que aparece en el oro puede ser la anima áurea, la cual, insuflada en el mercurio normal, convierte a éste completamente en oro.
Ripleo opina que el fuego tiene que ser sacado del caos y hecho visible491. Este fuego es el Espíritu San­to, que une al Padre con el Hijo492. Se le representa con frecuencia en forma de anciano alado493, como Mercurio en forma del dios de la revelación, que coin­cide con Hermes Trismegisto494 y forma una trinidad alquimista con el rey y el hijo del rey. Dios ha crea­do este fuego en la Tierra, lo mismo que el fuego del infierno. En este fuego495, Dios arde en amor divi­no496.





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