Principales lineas de trabajo en el ceaal democracia participativa y nuevas relaciones gobierno – sociedad



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PRINCIPALES LINEAS DE TRABAJO EN EL CEAAL

1. DEMOCRACIA PARTICIPATIVA Y NUEVAS RELACIONES GOBIERNO – SOCIEDAD

2. MOVIMIENTOS SOCIALES Y DESAFIOS PARA LA EDUCACION POPULAR

3. CONSTRUCCIÓN DE PARADIGMAS EMANCIPATORIOS

4. INCIDENCIA EN POLITICAS PÚBLICAS. PROGRAMA DE FORMACIÓN DE INCIDENCIA EN POLITICAS EDUCATIVAS CEAAL

5. INTERCULTURALIDAD. Un diálogo: Educación Popular e Interculturalidad

6. IGUALDAD Y EQUIDAD DE GÉNERO

7. JUVENTUDES

8. ECONOMÍA SOLIDARIA

SE PRESENTA A CONTINUACIÓN LAS PRINCIPALES REFLEXIONES EN TORNO A LAS LÍNEAS DE TRABAJO

1. DEMOCRACIA PARTICIPATIVA Y NUEVAS RELACIONES GOBIERNO – SOCIEDAD1

Los enfoques tomados desde la práctica social del CEAAL

La concepción de Democracia que emana es fundamentalmente sustantiva, en tanto no se reduce a una noción de Democracia formal, sino que está asociada a la constitución de lo público desde prácticas ciudadanas participativas y mecanismos para ello, lo que supone construcción de relaciones democráticas entre gobierno y sociedad civil en una perspectiva de gestión democrática de los asuntos públicos (Pontual, 2004, 124) y una noción del Estado como bien de toda la sociedad, reivindicado como instrumento de cambio. En este marco el sujeto social se caracteriza por participar de manera libre, crítica, autónoma, solidaria y constructivamente en un horizonte de proyecto colectivo, y con capacidad de conocer e incidir en la construcción de poder en un territorio específico. El actor – decidor político plantea una disposición y una voluntad para impulsar los mecanismos y dispositivos para ello desde una gestión de la gobernabilidad de corte participativo que articula los intereses ciudadanos. La relación Gobierno – Sociedad se construye en esta dirección sobre la base de la legitimidad del otro, el reconocimiento de la capacidad de cada uno en la identificación de las problemáticas y la toma de decisiones pertinentes para superarlas, desde el trabajo conjunto y articulado en una perspectiva de cogestión y corresponsabilidad en los asuntos públicos.

El aporte de la EP en esta dirección, está en un horizonte de formar ciudadanía, configurar sentidos colectivos y visiones compartidas de futuro, fortalecer relaciones solidarias y articuladoras desde la pluralidad, crear capacidades para la participación y la toma de decisiones de actores sociales y políticos, promover nuevas formas de organización y movilización ciudadana, y aportar en la reconstrucción y defensa de lo público. En esta idea se mantiene su opción política transformadora y de cambio en condiciones socio históricas particulares.

Frente a la vigencia y los desafíos de la EP, están íntimamente asociadas a la consolidación y desarrollos de los aportes enunciados, con el reto de actualizar el debate y la intervención de la EP en contextos de cambio permanente y las tensiones que suscitan por la emergencia de nuevos actores sociales y políticos que actualizan sus luchas y propuestas, desde la recreación y recontextualización de los marcos interpretativos que dan lugar y sentido a la acción pedagógico política.



Aportes de la EP en procesos de democratización y nuevas relaciones Gobierno – Sociedad

Ante discursos dominantes es preciso reivindicar como “La EP se constituye como pensamiento y movimiento, como práctica educativa que tiene una opción pedagógico - política, en tanto reconoce la libertad de decidir, de hacer ruptura, de transformar, de elegir, de ser autónomos, de hacer historia (Herrera, 2008). A partir de las lecturas realizadas que condensan en parte el debate sobre el eje, y de la revisión y esfuerzo de comprensión de las experiencias, podría indicarse de manera sintética, algunas pistas a la reflexión.

Sigue siendo vigente la tarea de la EP por “brindar herramientas para enriquecer la lectura que hace la gente de su realidad, reconociendo sus marcos interpretativos previos y ampliando sus visiones de futuro” (Torres, 2004, 46), en tal sentido, como lo indica Alfonso Torres debe favorecer espacios de reflexión sistemática sobre las representaciones que alimentan identidades, visiones de futuro y configuración de sentidos colectivos, desde las organizaciones y los Movimientos Sociales.

Un segundo aspecto relevante es consolidar la discusión en torno a la relación de EP en la construcción de ciudadanía. Para ello se identifican varías perspectivas de trabajo aportadas por educadoras y educadores populares como Paulo Freire, Jorge Osorio, Pedro Pontual, Sergio Martinic, Alfonso Torres, entre otros – corriendo el riesgo de no aludir a muchos -, que sistemáticamente han venido aportando a la reflexión y debate. Una es la educación para los DDHH, como práctica cultural que aporta a procesos identitarios y comunicativos, a reconstrucción de nuevos sentidos de vida en su dimensión ética y estética, articuladora de diferencias, pluralidad y diversidad desde horizonte intercultural, no discriminatorio y de diálogo de saberes, considerando la “EP como expresión emergente de una ética política que nos lleva a plantear un necesario proceso de politización de la educación (Osorio, 2004, 54); construyendo una pedagogía de lo político y de la democracia; a radicalizar la democracia desde horizonte de alteridad.2 Retomando a Pedro Pontual en una cita que hace de Freire, nos plantea que sin educación es difícil construir ciudadanía, y por ende su carácter indispensable para la transformación (Pontual, 2004, 123), en tal sentido la educación debe orientarse al fortalecimiento de la democracia en tanto creación de capacidades en los ciudadanos para participar en instituciones de la sociedad civil, ejercer asociativamente el poder de control sobre el gobierno y resolver pacíficamente los conflictos. (Pontual, 204, 123). en esta dirección “La EP debe desarrollar y fortalecer la educación para la ciudadanía democrática a fin de promover nuevas formas de organización ciudadana” (Osorio, 2004, 54).

Ello implica igualmente una ciudadanía ligada al poder en el espacio de lo público, o sea un poder democrático, por tanto aventurarse a la idea del ejercicio del poder de lo público, ello implica que la educación ciudadana no sea entendida solo como tema, sino entender el mundo desde la concepción de lo público y allí la pregunta por los sujetos. Implica preguntas y orientación de la acción por la actuación en lo político de los sujetos sociales y el sentido político de la educación y el papel de las organizaciones que trabajan la EP. Observar la emergencia de fenómenos como el tránsito de liderazgos sociales al liderazgo político en escenarios de disputa política y de configuración de proyectos políticos democráticos. También implica entender el Estado como bien de toda la sociedad, reivindicarlo como instrumento de cambio, y no solo como propiedad de los partidos políticos o de sectores hegemónicos.

Un tercer aspecto significativo es la relación de la EP con la construcción de lo público. En este horizonte, ha cobrado relevancia en los últimos años incidir en políticas públicas, en ocupar espacios en la esfera de lo público, e incidir en la agenda social como camino para intervenir en agendas públicas y políticas. Igualmente, asumir que la EP permite comprender la realidad e intervenir sobre ella, la EP como pedagogía de lo público (Osorio, 2004) en relación a decisión y construcción de sentidos comúnes y proyectos colectivos.

Un cuarto aspecto, tiene vigencia en la dimensión de la EP ligada al Poder local. En ello los aportes de educadores populares destacan el papel de la EP en generar capacidades de diferentes actores locales para conocer e incidir en la construcción de poder en un territorio específico, en configurar actores sociales y políticos como sujetos pedagógicos de cambio, en la construcción de relaciones democráticas entre gobierno y sociedad civil, aportando a construir prácticas ciudadanas participativas y propuestas de gestión democrática de los asuntos públicos como lo vienen señalando desde la experiencias brasilera. En tal sentido, como lo sugiere Pedro Pontual, las diversas prácticas participativas orientadas en una perspectiva de democratización de los espacios públicos se constituyen en prácticas educativas que brindan importantes aprendizajes a actores de la sociedad civil y de gobiernos que se implican en ellas (Pontual, 2004, 124). En este marco el sujeto se caracteriza por participar de manera libre, crítica, autónoma y constructivamente en un horizonte de proyecto colectivo

El quinto aspecto está referido a la EP y contribución a la constitución de Políticas Públicas, en tanto aporta al debate público sobre agenda de reformas democráticas, a un control y vigilancia ciudadana de la gestión gubernamental, a una acción coordinada y colaborativa con ejercicios democráticos de gobierno, a fortalecer capacidades de actores sociales para la incidencia en agendas públicas y políticas, a generar capacidades de gobierno para la gestion democrática del Estado local y al diálogo entre la Democracia con el Desarrollo, en una perspectiva humana e integral.

Finalmente, la EP debe reflexionar desde su perspectiva y en diálogo con otros, la dimensión política, ética y pedagógica del poder, asumiendo que esta categoría no es una externalidad de la EP, sino que hoy se configura desde varios sentidos, en una dimensión sustantiva de la Democracia y sus posibilidades de profundización.

Algunas propuestas en contexto institucional de CEAAL


  • Aportar a desarrollar una dinámica de debate y construcción en torno a la Educación Popular como planteamiento pedagógico orientado a fortalecer la acción política de los movimientos sociales, de los sectores populares y de experiencias de gobierno local, imbricadas en una trama de relaciones con las lógicas de construcción latinoamericana a través de redes sociales y políticas que operan e intervienen en diversas escalas territoriales y articuladas a un conjunto de agendas sociales y políticas en la región. Además, aportar a dilucidar el debate existente en la relación Movimiento Social – Sociedad civil – Partidos y Movimientos políticos en perspectiva de su autonomía e interacción para la constitución de proyectos políticos democráticos.

  • Contribuir al debate pedagógico político sobre la relación existente entre proyectos de Desarrollo territorial y Democracia Participativa y Representativa, su aporte a la constitución de política publica inclusiva y con capacidad de control ciudadano en el orden local y nacional

  • Sistematizar las experiencias de formación ciudadana y de Escuelas de Gobierno, desde el horizonte de la contribución de la práctica educativa de la EP

  • Construir una línea de investigación y producción de conocimiento que identifique los principios y metodologías de la EP y sus desafíos en el marco de los nuevos signos de proyectos políticos emergentes en América Latina orientados a democratizar la región y consolidar una ciudadanía activa. Para ello es posible construir acuerdos y coordinación con redes como ALOP

  • Fortalecer los espacios de intercambio virtual y presencial en 2 niveles. Primero, entre las distintas experiencias de Movimientos Sociales en América Latina, y la contribución de la EP en su constitución como sujeto de cambio social. Segundo, entre actores políticos que han tenido ejercicios de gobierno en localidades y regiones desde una opción democrática.

  • Fortalecer el papel de REPPOL y de grupos de trabajo temático continental que se articulen a dicha dinámica de la red.

2. MOVIMIENTOS SOCIALES Y DESAFIOS PARA LA EDUCACION POPULAR3

El apoyo a la conformación, fortalecimiento y consolidación de organizaciones y movimientos sociales aparece con fuerza en varios ámbitos, como una preocupación fundamental del quehacer político-pedagógico de la educación popular. Los movimientos y organizaciones sociales, por su parte, han sido -en la última década- actores sociales que han cobrado un fuerte protagonismo político y social en Latinoamérica. Dos dimensiones resultan particularmente relevantes para esta apreciación: por un lado la capacidad de estos movimientos y organizaciones para reconocer, reivindicar y responder a las necesidades de los sujetos populares y por otro, la potencialidad de ejercer la disputa política –a distinto nivel y con distinto alcance- para generar transformaciones sociales que lleven a una sociedad más justa.

En este sentido, al interior de CEAAL se coloca con énfasis la necesidad de establecer un proceso sistemático de reflexión y debate que retroalimente la acción educativa. Proceso que incluye, por una parte, la necesidad de pensar qué son hoy y qué potencialidad poseen los movimientos sociales en nuestro continente, y por otra, qué procesos educativos se desarrollan a fin de afianzar, potenciar y proyectar su acción política transformadora. Este proceso es el que permitirá que el tema Educación Popular y Movimientos Sociales pase de ser sólo un “eje” dentro de CEAAL a constituir un horizonte estratégico de su acción y proyección política.

DESAFÍOS A LAS ORGANIZACIONES Y AL CEAAL


    1. Desafíos en torno a la construcción y acción política:

Las distintas fuentes de información relevadas para la presente reflexión temática, coinciden en poner de relieve –desde distintas perspectivas- cómo los movimientos populares han expresado, desde mediados de la década del ’90 y fundamentalmente a comienzos del siglo XXI, de distinta forma y modalidad, su resistencia frente a las políticas neoliberales. Primero, generalmente bajo distintas formas de luchas sociales y conflicto social y, luego, en varios países a través de elección de gobiernos que fueron distanciándose de las políticas hegemónicas neoliberales. Surgieron así, en este siglo XXI, un conjunto de gobiernos que emergieron de ese desencanto popular pero que tienen diferencias entre sí.

Si bien nuestro principal interés no lo constituye la caracterización que podamos hacer de esos gobiernos, sí es importante tomar nota acerca de cómo estos impactan en la acción de los movimientos sociales. Desde ese punto de vista puede reconocerse la diferenciación entre aquellos gobiernos que intentan realmente enfrentar algunas de las políticas hegemónicas y otros que, como señaló Gilmar Vicente del Movimiento sin Tierra del Brasil4, no expresan las aspiraciones de los movimientos populares que los apoyaron en los procesos electorales. El gran debate, sin embargo, es ¿que pasa con los movimientos populares y que significa esto para los movimientos populares en cada país? Las respuestas obviamente no son unívocas y el desarrollo de las experiencias así lo reflejan. A modo de interpelación puede retomarse (en la perspectiva emancipatoria de la acción educativa junto a los movimientos sociales) que una de las grandes tareas que se nos plantea a los movimientos populares es la descolonización de América Latina, como expresó Claudia Korol5. En tal sentido, cobra significación la interpelación que realiza a nuestras prácticas: hasta donde las propuestas políticas de la educación popular van a ser políticas descolonizadoras, emancipatorias, no sólo de construcción de proyectos funcionales a fin de reproducir de manera vertical las iniciativas inmediatas del poder de turno. Esto es un debate –agregó- no hay una respuesta cerrada.

El desarrollo de distintas experiencias de los centros afiliados a CEAAL dan cuenta del abanico de expresiones que esto tiene a lo largo del continente: las luchas contra el ALCA (que se expresó en toda su magnitud en la Cumbre de los Pueblos de Mar del Plata en el 2005), acciones contra los TLC (Tratados de Libre Comercio) en Costa Rica y en México, las luchas en la defensa de la soberanía alimentaria y sobre los recursos naturales, el derecho a la tierra, como las más significativas.

Betty Tola (diputada constituyente ecuatoriana por Acuerdo País) analizó en el Seminario-Taller Latinoamericano6, la tensión que implica la permanente conjugación entre los procesos reivindicatorios de los movimientos sociales y los procesos políticos.

La Educación Popular no es ajena a todos estos procesos y los conflictos que ellos desatan, como así tampoco a las tensiones que hoy están presentes a partir de los escenarios descriptos. Las propuestas educativas tienen que ser capaces de encauzar la reflexión, el diseño de estrategias organizativas, etc. y a su vez, los Centros de educación popular, se ven interpelados a posicionarse políticamente.

Por su parte, las experiencias de distintos centros de Educación Popular, desde su práctica educativa junto los movimientos juveniles, de mujeres o de defensa de derechos de niños/as y adolescentes, dan cuenta no sólo del surgimiento de nuevos sujetos políticos en el espacio público, en la reivindicación de sus derechos sino que permiten abrir el abanico de posibilidades para la acción política. La práctica cotidiana de estos movimientos en muchos casos, expresan otros modos y otras maneras de hacer y entender la política. Es así que el reconocimiento y el derecho a la identidad, el debate en torno a las políticas de género y el derecho a la diferenciación sexual, los/as jóvenes y niños/as como actores políticos que expresan la politicidad desde otro lugar, son temas que emergen con fuerza a modo de marcada interpelación a los procesos educativos.

Por su parte el tema de la autonomía de los movimientos sociales, constituye un eje importante del debate actual en torno a la acción política de los Movimientos Sociales e interpela fuertemente nuestra acción en el campo de la educación popular junto a organizaciones y Movimientos Sociales.

Finalmente no puede obviarse el debate que implican para las organizaciones de educación popular como así también para los movimientos y organizaciones populares, en relación a las experiencias boliviana, venezolana, cubana y ecuatoriana, las propuestas que se plantean como la construcción del Socialismo del Siglo XXI: Tendremos que discutir o debatir desde los movimientos populares, desde las organizaciones populares no lo que nos propone tal o cual Estado sino qué estamos entendiendo por socialismo, qué estamos entendiendo como modelo diferente anticapitalista o no capitalista. (Claudia KOROL)


    1. Desafíos en torno a la dimensión pedagógico-educativa:

La Educación Popular, ejercida como una educación pensada en y junto a los movimientos sociales, es necesariamente una educación que se coloca en el horizonte de proyectos políticos emancipatorios. Al reseñar la experiencia educativa del MST –Movimiento Sin Tierra del Brasil-, Gilmar Vicente expresaba: al pensar la educación en nuestro Movimiento era preciso que estuviese ligada a un proyecto político, un proyecto de sociedad, la concepción de educación del MST está ligada a un proyecto de transformación social.

Y el vínculo educativo, por ende, es un vínculo que se construye en relaciones sociales concretas, encaminadas a la acción. Que se expresa en procesos microsociales pero que se orientan por una acción política más amplia, que los contiene y les da sentido emancipatorio. Es una educación orientada a transformar la vida de los sujetos sociales en condiciones concretas de existencias y a la vez una educación política encaminada a generar acciones transformadoras de condiciones cotidianas.

Por otra parte, los principios pedagógicos de la educación popular ponen especial énfasis en que los procesos educativos deberán siempre estar ligados a la acción, a un trabajo específico. De este modo los procesos educativos y formativos permitirán a los sujetos con quienes trabajamos, a los movimientos y organizaciones populares con quienes nos vinculamos, a pensarse en relación a un hacer, a un trabajo cotidiano, que cobre sentido en un proyecto transformador de sus realidades cotidianas. Es así, que podemos afirmar que una práctica educativa, cuando es concebida desde la perspectiva de la educación popular, se juega, se plasma en esa praxis cotidiana que tiene el horizonte emancipador que hace sentido para cada movimiento y organización popular junto a quienes desarrollamos esos procesos educativos.

En ese marco, de una educación para la acción, el tema del poder cobra una dimensión y centralidad que debe ser motivo de permanente reflexión y análisis que deberán incluir las relaciones educativas en sí mismas también como relaciones de poder. Es una reflexión que nos obliga también a pensarnos a nosotros/as mismos/as –en tanto educadores/as populares y los Centros a los que pertenecemos- como parte y jugando en esas relaciones de poder (micro y macrosocialmente).

Así la Educación Popular, en tanto “Educación Socialmente Necesaria” –como señala Miguel Ángel Paz Carrasco7 (ENLACE- México)- se comprometerá en procesos que promuevan cambios en las relaciones de poder, constituyendo así “apuestas educativas para la autodeterminación”. La apuesta epistemológica-pedagógica estará orientada hacia una pedagogía de la radicalidad en que se promueva la construcción de diálogos interculturales y prácticas radicales.

Por su parte, en el contexto centroamericano y como especificidad de la educación popular para la interculturalidad, Véronica del Cid (de SERJUS- Guatemala)8 señala que desde los procesos que promueve su organización, se plantean fortalecer la lucha emancipadora y liberadora, que retoma la naturaleza política / pedagógica de la educación popular, para generar acciones de incidencia, participación y resistencia, que permitan enfrentar nuevas y distintas situaciones que la práctica exige conocer y transformar. Y que, en ese marco, cobran relevancia los temas del poder y la construcción de identidades: relaciones de poder en el proceso histórico concreto referidas a relaciones étnicas, relaciones de clase y relaciones de género.

Según apunta Diego Herrera, es precisamente en este contexto de ideas y experiencias, donde se configura la relación de la Educación Popular como elemento estimulador de la acción de los Movimientos Sociales, en una trama de relaciones que producen rupturas, alternativas, oportunidades que resisten a los discursos y prácticas homogeneizantes, dominantes y a-históricas. “En este contexto neoliberal, las prácticas educativas emancipadoras y críticas tienen que ampliar el universo de lecturas y de apropiaciones de la realidad, de los individuos y de los grupos involucrados, desarrollando actitudes y aptitudes con las que éstos puedan restablecer la palabra, la condición de resistencia, rebeldía, rehabilitar el diálogo, el respeto, la creatividad, la esperanza y la indignación.” (Ghiso, 2006: 14)




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