Primeras Jornadas



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En efecto, declaran que debieron, en general, contra su voluntad, limitar sus perspectivas, inclusive hacer inversiones en el exterior. Los inversionistas palestinos no son escasos en Jordania, Chipre, Grecia, España, Italia e inclusive en Chile.

Existen Cámaras de Industria y Comercio en el Área de Belén; en Ramallah y en Gaza funciona además, la Cámara Palestina Europea de Comercio.

Con el nuevo proceso los palestinos locales y los de fuera del país, pero ligados a su tierra, han comenzado a efectuar inversiones concretas en variadas industrias y en el turismo.

La construcción de la infraestructura y de vivienda, ya ha abierto un campo de acción en el que se espera se absorban 30.000 de las 120.000 plazas de trabajo, que se consideran críticamente necesarias, para llevar la desocupación a tasas razonables, para el período de transición. Por ende, 90.000 plazas deberán ser creadas por la industria y los servicios.

En 1992, el producto nacional se estructuraba así:

Agricultura 25%

Industria 11%

Construcción y Obras Públicas 21%

Servicios Básicos 16%

Otros Servicios 27%
En la industria hay empresas que excepcionalmente, han logrado instalaciones tecnológicas actualizadas y competitivas. Los plásticos, los revestimientos pétreos, la producción de elementos eléctricos, pernos, etc.., son inclusive, exportados hacia Europa y también, como es natural, a Jordania y en períodos de no tensión, mayoritariamente a Israel.

En 1986, las exportaciones alcanzaban las siguientes cifras:



EXPORTACIONES

(millones UDS)

Aceituna y Aceite de Olivo

Revestimientos

Materias Soponificadoras

Productos Lácteos

Otros

24.70

11.80

3.60

15.80

2.10

TOTAL JORDANIA

58.00

ISRAEL (sin estadística por rubro)

258.00

OTROS PAÍSES

0.90

T O T A L

317.30

Hoy, estas naturalmente han crecido.

Ahora, veinte compañías en Ramallah, que producen software en árabe para procesadores de palabra y programas gráficos. Esta compañías en la nueva situación, son potenciales líderes en este campo en el mundo árabe y en cualquier lugar donde se lea el Sagrado Corán. Sus principales distribuidores están en Ammán y El Cairo. Ahora, podrán ejercer su gestión comercial directamente. Esta rama moderna de la industria podría dar trabajo a miles de palestinos calificados, generando mucho valor agregado.

En Ramallah también existen empresas de ingeniería y consultoría, que ahora tendrán trabajo sostenido y posibilidades de expansión.

En el rubro de procesamiento de alimentos, hay bases para un gran desarrollo de la fruticultura y de la agroindustria en general, ya que a la escala limitada en que ha debido operar, tiene experiencias actualizada en secado y congelado de frutas y vegetales.

La producción de los palestinos se desenvolverá en un ambiente moderno y con bajos costos de mano de obra, que la hará de gran competitividad con Jordania y, más aún, con Israel.

Las canteras que aportan mármol, granito y diferentes revestimientos de piedra en el área de Belén y en el sur de Hebrón, tiene un prestigio tradicional en todo el Medio Oriente y Europa. La maquinaria y la capacitación del personal les permite ofrecer estos productos elaborados en diversas formas y son demandados, por arriba de la actual producción en los mercados externos.

Existe una limitada fabricación de equipos livianos de buena calidad para la agricultura y el transporte. Los productos manufacturados tales como zapatos, plásticos, telas, etc.., son muchas veces subcontratados por industrias israelíes y vendidas al exterior, como producción de ese país, especialmente a países africanos.

La industria y la artesanía dedicadas a atender el turismo de los Lugares Santos en Belén y Nazareth, son reconocidos a nivel internacional.

Se espera que en este período de la autonomía el producto nacional, sin incluir a la Jerusalem Palestina, se incrementará de 2.500 millones de dólares a 3.400 millones anuales, significando ésto un crecimiento del 6,4% anual al final del período. Esto estará acompañado de un proceso inversionista privado, que se estima que hasta el año 2008, alcanzarían a 9.000 millones de dólares.

Merece mencionarse como algo especial inmediato, el programa para convertir en profesionales, técnicos y obreros especializados, a los 16.000 jóvenes patriotas, que fueron o están siendo liberados de las cárceles de la ocupación y que se integrarán al trabajo para lograr este vital objetivo del desarrollo. Así, también las acciones que se hacen para estimular el retorno de los exiliados, que se esperan alcanzarán a 500.000 personas.

Esta somera y parcial descripción de aspectos de la economía palestina, sirve para destacar algunas reflexiones sobre algunas tareas que encaran tanto el gobierno de ese país, como su empresa privada en el período de la autonomía.

Evidentemente, será un período de diseños de reglas nuevas. La nueva legalidad deberá asimilarse.

Las superpuestas legalidades jordana, egipcia, otomana, británica e israelí, deberán ser reemplazadas por un todo coherente. Será complejo. Las leyes justas se recrean en la práctica; en el proceso de aplicación de la ley y con el perfeccionamiento legislativo de la misma en el tiempo.


La experiencia para asimilar los variados proyectos, de múltiples dimensiones y alcances, en todos los campos de la vida, deberá conjugarse con la conjunción de equipos humanos formados y venidos de diferentes partes.

Fundir ideas y percepciones, apoyarse en los organismos internacionales, acceder a la cooperación bilateral entre los estados, aprovechar integralmente la ayuda financiera, incorporarse a las tecnologías de puntas o intermedios de acuerdo a sus objetivos, cuidar como siempre sus recursos naturales, explotarlos con sabiduría, será la misión de la actual generación de palestinos, que concurrirá pronto a la proclamación de su Estado libre, democrático y soberano.

Chile tiene una opción de apoyar este esfuerzo. Hay interesantes resultados en la organización del Estado Chileno y de su economía, que puede mostrar para que se extraiga de ellos todos los aspectos positivos que han desarrollado.

A 20.000 kms. de distancia en Chile, no es fácil coordinar una asistencia técnica y una cooperación internacional. Sin embargo, tal propósito se inserta en el Proyecto País, que aspiramos a interrelacionar e internalizar en el mundo, con la oferta de exportación no sólo de bienes, sino de servicios y capitales.

Palestina está ubicada en el lugar más estratégico del planeta. En el cruce de Europa, Asia y África.

Esto debe procesarlo la comunidad Empresarial y el Gobierno de Chile. Las experiencias de Malasia, las propuestas de Egipto y Líbano, las crecientes exportaciones al Mundo Arabe, muestra un práctico camino, de éxitos y resultados económicos favorables para nuestra economía.

Se puede concluir que hay un campo fértil, esperando a Chile.

En estas Jornadas sobre el Mundo Arabe, que han organizado los profesores Marcela Zedán Lolas y Eugenio Chahuán, como actividad del Centro de Estudios Arabes de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, han participado distinguidos miembros de la academia, la política, la ciencia y la intelectualidad chilena, todos merecen reconocido agradecimientos. Las de origen palestina y árabe, han manifestado su orgullo por el privilegio de su integración en la nacionalidad chilena, derivada de la decisión de la emigración-exilio económico-política de sus antepasados. Han levantado en alto también los valores que ese origen ha impreso en su carácter o personalidad.

Me atrevo a sintetizar lo que he percibido en sus afirmaciones. Mientras más integrados al país y a la chilenidad, somos más chilenos; mientras más chilenos podemos con mayor propiedad aportar a Chile las virtudes de la identidad del emigrado y en el caso de los palestinos, ya avecindados aquí, la personalidad chileno-palestina. Ella es una representante de la cultura árabe moderna. Ahora, se ve realzada en estos tiempos, en que la paz brindará a nuestros antepasados vivos o ausentes, este orgullo de poder exhibir con más fuerza que nunca, los valores éticos y morales de nuestra identidad de origen, amparada en la ahora autonomía y luego en el Estado Palestino, soberano y democrático.

La nación chilena se ha hermanado por lazos de sangre, desde hace decenios, con la nación palestina. Ahora, están creadas las condiciones para que sus cuerpos sociales desarrollen amplias relaciones culturales, económicas, comerciales y sobre todo, de franca amistad, que es lo que hará perdurar en el tiempo, lo mejor de esta agradecida inmigración palestina y sus descendientes.



LA POESÍA PALESTINA DE LA RESISTENCIA
Profesora Olga Lolas N.
No podemos desprender la poesía palestina de la resistencia, del contexto histórico en que se halla inmersa. "Yo, soy yo y mi circunstancia" escribía Ortega y, recordando los Evangelios: "De la abundancia del corazón habla la boca". La poesía palestina de la resistencia es sobreabundancia del corazón y no circunstancia. Este decir no puede situarse en la mera contingencia. Esta lucha por sobrevivir en la palabra es vital y profunda. Es una necesidad tan perentoria como el aire y el agua.

La poesía, nos dijo Heidegger, es un modo de ser hombre, en la palabra y contando con ella, porque, sin palabra el hombre no sería hombre ni, su vida, existencia humana. Y porque quiere que su existencia siga siendo humana, el pueblo palestino escribe poesía. Lo hace desde las condiciones más dramáticas y terribles que ha registrado la historia. La expoliación que sufre el pueblo palestino alcanza a su propia identidad. Yo me detengo a la orilla de esta historia, cuyo transcurrir interrumpen estos poemas para que nos miremos a la cara, a los ojos, donde reside lo hondo de esa alma que se llama, el alma humana, capaz de comprender en los terribles hechos, la esencia del dolor, el dolor mismo, más allá de la cicatriz y de la herida, sin la sangre derramada, sin el estertor del niño, ni el grito desgarrado de la mujer a la que se le asesina el hijo en las entrañas. Poesía despojada de palabra, o palabra a la que ha acudido el dolor sin nombre ni apellido.

El pueblo palestino canta. Llora y canta, hace tres, cuatro décadas desangrando su corazón por todas las calles del lamento. Cuando leo por estos días la poesía de otros hombres, de aquí o de donde sea, siento la corriente impetuosa, arrolladora de esta poesía monotemática, arrasada por los vientos del desamparo, dando un salto mortal para alcanzar una respuesta a estos interrogantes.
I
Te saludo... te beso

qué más puedo decir

por dónde comenzar y cómo terminar

el tiempo gira sin descanso

y todo lo que poseo, en mi exilio

un bolso en el que pongo pan seco

un cuaderno en el que descargo a veces

en el que escupo todo mi odio

por dónde comenzar

todo lo que se ha dicho o lo que se dirá,

puede terminar con un abrazo o un apretón de manos

hará que el exiliado vuelva a casa

hará caer la lluvia

hará que broten plumas

en las alas del pájaro perdido... aplastado

por dónde comenzar

te saludo... te abrazo, después...
II
Dije a la radio... díganle que estoy bien

dije al pájaro

si vas hacia ella

no me olvides y díle

que yo me siento bien

que yo me siento bien

mis ojos continúan viendo la luz

la luna sigue estando en el cielo

y mi viejo vestido

no se ha roto hasta ahora

se destrozó en alguna parte

pero yo lo cosí... y todavía me cubre

ahora soy un joven de veinte años

piensa un poco... tengo veinte años

y soy como todos los jóvenes

Oh madre


afronto la vida

y soporto la carga que lleva cada hombre

trabajo

en un restaurante... lavo los platos



preparo el café a los clientes

y pego a mi rostro triste una sonrisa

para estar a tono.
III
me siento bien

tengo veinte años

soy como todos los jóvenes

fumo, me acodo sobre los muros

y silbo a las muchachas

como los otros

porque son agradables las muchachas Oh hermanos

sin ellas

cuánto más amarga nos sería la vida

y mi compañero ha dicho... ¿tienes hambre?

siento que tengo hambre... ¿tienes pan?

“hermanos... ¿qué dignidad puede tenerse

cuando uno tiene hambre?”

me siento bien

me siento bien

tengo un pan rubio

y un pequeño cesto con granos
IV
oí en la radio

el mensaje de los exiliados... a los exiliados

todos han dicho: estamos bien

nadie está triste

¿cómo está mi padre?

acaso ama como de costumbre

la oración

y los hijos... la tierra y los olivos

cómo están mis hermanos

se han convertido acaso en funcionarios

un día oí que mi padre dijo:

todos serán maestros

(pasaré hambre para comprarles libros)

en nuestra aldea nadie sabe leer

cómo va nuestra hermana

¿ha crecido,

la pidieron acaso en matrimonio?

¿cómo está mi abuela

como de costumbre delante de la puerta?

¿nos bendice siempre?

¿cómo anda su casa?

¿y nuestro umbral gastado... la chimenea... las puertas?

oí en la radio

el mensaje de los exiliados... a los exiliados

todo va bien

pero yo estoy triste

me asaltan las dudas... devoradoras

la radio no me trajo noticias de ustedes

ni siquiera tristes

ni siquiera tristes




V
la noche -oh madre- es un lobo hambriento, cruel

que acosa al extranjero en todas partes

y que abre el horizonte a los fantasmas

el bosque de álamos siempre enlaza a los vientos

qué crimen cometimos -oh madre-
para morir dos veces

una vez en la vida

y otra vez en la muerte

¿sabes tú quién hace brotar las lágrimas?

supón que un día estoy enfermo

y que mi cuerpo es abatido por el mal

la noche guardará el recuerdo

de un refugiado que hasta aquí llegó y no volvió nunca a su país

recordará la noche

a un refugiado muerto sin sepultura


¡Oh, bosque de álamos!... ¿recordarás tú

que éste que fue abatido bajo tu sombra

era un hombre

recordarás que soy un hombre

y preservarás mi cadáver de la rapacidad de los

cuervos?


madre... Oh madre

a quien escribo estas hojas

qué correo te las llevará

las vías terrestres, aéreas y marítimas

están cerradas

igual que el horizonte

y tú madre

y usted mi padre, mis hermanos, mis parientes, los compañeros,

ojalá que estén vivos

tal vez estén muertos

tal vez, como yo, estén sin dirección
¿Qué dignidad puede tener el hombre

sin patria

sin bandera

sin dirección

qué dignidad?
Del libro Hojas de Olivo de Mahmud Darwish, estrofas del poema “Carta de exilio”.

Nunca un pueblo ha estado más cerca del nuestro que el pueblo palestino. Y yo siento mi pertenencia a ambos. No puedo separar la carne de la piel, o el corazón de la sangre que lo habita, o esta poesía de mi espíritu, porque es imposible leer estos poemas sin caer de rodillas para besar la Tierra dos veces Santa, por el martirio del Hijo del Hombre y del pueblo palestino, ejecutados ambos crímenes por la misma mano.

Veamos algunos fragmentos del poema” Canto para los hombres”, del libro ”Un enamorado de Palestina” también del poeta Darwish.
CANTO PARA LOS HOMBRES

(fragmentos)


Saludo de bienvenida
Vengan compañeros de cadenas y tristezas

caminemos hacia la más bella orilla

nosotros no nos someteremos

sólo podemos perder

el ataúd

más alto


nuestras gargantas

más alto


nuestras esperanzas

más alto


nuestras ambiciones

fabricaremos con nuestra potencia

crucifijos del pasado y del presente

una escala para los mañanas...

y nuestros enemigos nos insultan
“Hala... salvajes... árabes”

¡sí! Árabes

y estamos orgullosos

y sabemos cómo empuñar la hoz

cómo resistir

incluso sin las armas

y sabemos como construir la fábrica moderna
la casa

el hospital

la escuela

la bomba


el cohete

la música

y escribimos entre los más bellos poemas

sentimientos, ideas y arquitectura


UNA VOZ:

hemos oído tu voz incandescente

la hemos escuchado

¿cómo las palabras transformarán

las grutas de la noche de cristal?

si tu voz está investida de tinieblas

y tu pueblo

lágrima vertida sobre los siglos de oro

y tu tierra

como un ornamento de tapiz de ruegos

lanzando a los caminos

y tú sin alforjas

¿y después y después?

es muy bella tu voz

cargada con vientos del Norte

pero estamos cansados


RESPUESTA:

tú estás sometido como el asfalto

sometido

tú que simulas impaciencia

tú eres simple... como la luna

crucificada sobre la roca

déjame terminar mi canción

déjame engullir la tempestad

déjame almacenar la dinamita en mi sangre

tú estás sometido como el asfalto

simple... como la luna
UNA VOZ:

¿y después y después?

y tu pueblo

lágrima vertida sobre los siglos de oro

el himno de las cadenas

nos lima


y cava la tumba

de los combatientes


RESPUESTA

Con el Cristo

-Oigo

-Quiero hablar con el Cristo



-Sí ¿quién eres?

-Hablo desde Jerusalem

mis pies están clavados

y llevo una corona de espinas

que vía debo escoger

Oh hijo de Dios

¿qué vía?

¿Debo negar el dulce fin

o debo caminar?

¿y si avanza y muero?

-Yo les digo: adelante pueblo.
Con Mahoma

-Oigo


-Quiero hablar con Mahoma, el árabe

-Sí, ¿quién eres tú?

-Un prisionero en mi país

sin tierra

sin bandera

sin hogar

han echado a los míos al exilio

y han venido a comprar el fuego en mi voz

no hay salida en la oscuridad de mi prisión

¿qué hacer?

-Desafía prisiones y gorilas

la dulzura de la fe

fundirá la amargura de tu condición.
Con el Mesías

-Oigo. Oigo

-¿el Mesías está?

-Sí, ¿quién eres tú?

-Señor, yo soy un palestino

tenía brazos que laboraban

una tierra regada por los brazos y los ojos de mi padre

y tenía sandalias y una capa

un turbante y unos tamboriles

y tenía


-Ya basta, hijo

de memoria conozco vuestra historia

Vuestra historia posada sobre mi corazón

como cuchillas


CONTINÚA LA CANCIÓN:
Déjenme terminar la canción

porque la ofrenda de los ancestros a los descendientes es

“nosotros sembramos... recojan”

la voz nos llega como el aguacero

inundando al destierro

fecundando los árboles estériles

déjenme terminar la canción

con el Congo... las junglas

con los cuerpos que vierten sus lágrimas

a fin de embriagar a las selvas

de afilar la hoja del verdugo

a fin de completar el camino del Congo

Adelante...

los tambores alcanzan las génesis

déjame terminar la canción

con el Danubio, el Jordán y el Volga

con los ríos, los saltos y las flores

y allá donde los árboles enlazan sus racimos

yo soy de ellos

yo soy una flauta en la orquesta

de los que sacudieron de sus ojos el polvo del pecado

y han reunido el espacio y el sol

del porvenir radiante

yo soy más fuerte

soy más duradero

que la negra catástrofe

¡Sí! palestino

y no me da vergüenza.

(De “Un enamorado de Palestina”.)
Del mismo libro “Enamorado de Palestina” hay un poema dramático en que las voces surgen como un contrapunto desde el fondo de los siglos, y un palestino interpela a Cristo y a Mahoma.

La epopeya de un pueblo es la de esta poesía, de una lengua a la que se le quiere ahogar la voz. Por eso esta poesía se yergue como barrera y defensa como dice Darwish en los hermosos versos de “Crónica del dolor palestino”.


Estamos cansados del recuerdo

El Carmelo está en nosotros

y la flora de Galilea

no me digas que no somos un río para reunirnos

no me digas: estamos en la carne de la patria

ella, está en nosotros

no éramos, antes de junio, recién nacidos

por eso nuestra pasión no se ha desmenuzado

entre las cadenas

hace veinte años, oh hermana

que no sólo escribimos poemas

sino que combatimos


Sabemos lo que transforma la voz del cementerio

en un puñal cegador ante el rostro de los conquistadores

sabemos lo que transforma el silencio del cementerio

en una manifestación y en jardines de vida


esta tierra que succiona la piel de los mártires

promete hacia el verano trigo y astros

venérala

somos en sus entrañas como la sal y el agua

y en sus flancos como un bolsillo doloroso

de resistencia


las lágrimas están en mi garganta

y el fuego en mis ojos

me liberé de las dolencias a la puerta del amo

todos los que han muerto

y los que morirán en el umbral de las mañanas

me estrechan

han hecho de mí un explosivo
Oh mi dolor orgulloso

mi patria no es una valija

y yo no soy un viajero

estoy loco... y esta tierra es mi pasión


He crecido en las heridas y no dije a mi madre

cómo se transforma por la noche en campo de refugiados

no extravié mis fuentes, mi dirección, mi nombre

por eso he descubierto en esos nombres

un millón de estrellas
mi bandera es negra

el puerto es un catafalco

y mi espada es un puente
Oh otoño del mundo que se hunde en nosotros

Oh primavera del mundo que nace en nosotros

mi flor es roja

el puerto está abierto

y mi corazón es un árbol

el murmullo del agua

en el río de tempestades

es mi idioma

y en un campo de batalla

los espejos del sol y el trigo

quizá me expresé mal a veces

pero fui -modestia aparte- genial

cuando sustituí el diccionario por mi corazón.
el arqueólogo se ocupa de analizar las piedras

lanza sus ojos sobre las ruinas legendarias

para probar

que no soy más que uno que pasa por el terruño, sin testigos

y que no tengo palabra que decir

en la historia de la civilización

y yo siembro mis árboles sin prisa

y yo canto mi amor

la nube de verano que empuja la espalda del fracaso

ha suspendido el linaje de los reyes

de la cuerda de los espejismos

y soy yo el asesino, el resucitado en la noche del crimen

he aquí que mis raíces en la tierra

se fortalecen

ha llegado el momento

en que debo traducir las palabras en actos

en que debo probar mi amor

a la tierra y a los pájaros

en esos tiempos el garrote somete a la guitarra y yo

estoy lleno de espanto

desde que en el espejo

vi un árbol que se alza tras de mí.


Se nos habla aquí de la palabra viva, de aquella que es espíritu y bondad ¡Qué lejos estamos de Saussure y la arbitrariedad del signo! Esta poesía es la experiencia originaria que a todos toca, que a todos transfigura en hombres, hermanos de otros hombres. Poesía coterránea a la palabra de Cristo, crecida a su vera, reposando a su sombra y que un día pasará en un HOSANNA último, entre palmas y olivos, cuando advenga la Paz y las cosas sean como tienen que ser, y se arrullen el lobo y el cordero. Se ha dado en llamar a esta poesía, de la revolución palestina, cuando todos sus signos lo son de la resistencia. En una revolución, lo que se pretende es imponer un orden nuevo, arrasar con un pasado. La lucha del pueblo palestino es por recuperar sus tradiciones, sus fueros y libertades. Por eso re-siste. Resiste contra el mundo para defender el reino que no es de este mundo, la tierra que le fue dada en heredad, el derecho a no subyugarla a los poderes explotadores, irreverentes de quienes quieren poseerla en su irreprimible avidez de poder. Esta poesía es el arma sagrada, esgrimida contra los que negaron que Cristo es el Hijo de Dios. El Sionismo pretende destruir esa imagen, pulverizar esa verdad. Cuando el palestino defiende su tierra, está contra el mundo, contra el mundo que quiere hacer de ella, un olvido de Dios.

Dentro de la poesía palestina de la resistencia destacamos los nombres de Mahmud Darwish, Ibrahim Tuqan, Abu Salma, Nizar Kabbani, Salem Yubran, Fadwa Tuqan, Samih al Quasim. Algunos de ellos, muy pocos, no son palestinos de nacimiento, son víctimas del holocausto y le cantan al pueblo "combatiente y pacientero", identificándose con él.

Pertenecen a la misma generación en lo que se refiere a su tema: Palestina, los separan a dos o tres de ellos, unas cuantas décadas, pero varios son de los años treinta o cuarenta. Lamentablemente su obra es casi desconocida en nuestro medio y los textos que circulan son a veces ejemplares únicos que no es posible adquirir en librerías.

En esta poesía podemos anotar ciertas constantes: una de ellas es su corporeidad y el cómo se escribe. Se escribe con los dientes, con las manos, con los ojos, con las pestañas, con los párpados, con la carne, la sangre, el corazón. Se escribe con los estertores de los torturados, onomatopeya del dolor, del escalofrío del alba que se bebe todas las agonías, para encender la luz del nuevo día.

Vivimos la hora del destierro y del exilio de nuestras raíces, pero, ¿sabemos siquiera cómo fue el nacer de la poesía árabe? ¿cómo cantaba el poeta palestino que escucharon nuestros padres, nuestros antepasados? Recuerdo extensas y melancólicas leyendas al son del rababe o el laúd, voces hondas, traídas de los confines del tiempo, de allí donde late lo eterno y todo permanece. La poesía palestina contemporánea quiere recobrar esas raíces, de allí su grito, su clamor de zarza ardiendo.

CON LOS DIENTES


Con los dientes.

Defenderé cada palmo de tierra de mi patria.

Con los dientes.
Y no aceptaré otro lugar.

Aunque me dejen

colgando de las venas de mis venas.
Aquí sigo.

Esclavo de afecto... A la cerca de mi casa

Al rocío... Y a la frágil azucena.
Aquí sigo.

No podrán derribarme

todas mis cruces.
Aquí sigo.

Teniéndoos... Teniéndoos... Teniéndoos...

En mi regazo.
Con los dientes.

Defenderé cada palmo de tierra de mi tierra.

Con los dientes.

(Del libro de Taufiq Zayyad, “Os estrecho las manos”).


Reiteración de lo que no puede arrancarse del corazón, la necesidad de pertenencia a un lugar, a la patria, se lo llama territorio del alma, no puede ser cambiado por ningún otro lugar... “aunque me dejen colgando de las venas de mis venas”.

Con los dientes defenderé cada palmo de tierra de mi patria. Con los dientes. No con armas y misiles y átomos y microbios, con lo humano es la lucha de lo humano, así es el combate del pueblo palestino al que se lo quiere despojar de su propio nombre, de su nombre que es palabra viva, fervorosa.


Palestina de ojos y tatuajes.

Palestina de nombre.

Palestina de sueños y penas.

Palestina de pies, de cuerpo y de pañuelo.

Palestina en palabras y en silencio.

Palestina de voz.

Palestina de muerte y nacimiento.
Este ritmo reiterativo de salmodia se quiebra a veces en entrecortados versos, breves cual relámpagos de decisiones últimas, de estocadas verbales:
Hundo mi pluma en la diana

de mi corazón

en mis arterias.

Muerdo el muro de acero

bebo

el viento de octubre.


Y le rajo la cara

a mi opresor

con poemas lo mismo que navajas.
Y si la carga un día

me rompe las espaldas,

me pondré un pedernal de rocas trituradas.

(Fragmento de “Amarga Azúcar”, del poeta Tawfiq Zayyad).


El poema “Carnet de Identidad” de Mahmud Darwish, refleja toda la situación del hombre palestino. En él se hace visible la perentoria necesidad de acudir al último reducto de manifestación de la ciudadanía y la anáfora reiterativa, se abre y cierra en el mismo imperativo categórico, al principio y final de cada estrofa:
Escribe

que soy árabe,

y el número de mi carnet es el cincuenta mil;

que tengo ya ocho hijos,

y llegará el noveno al final del verano.

¿Te enfadarás por ello?


Escribe

que soy árabe,

y con mis camaradas de infortunio

trabajo en la cantera.

Para mis ocho hijos

arranco, de las rocas,

el mendrugo de pan,

el vestido y los libros.

No mendigo limosnas a tu puerta,

ni me rebajo

ante tus escalones.

¿Te enfadarás por ello?


Escribe

que soy árabe.

Soy nombre sin apodo.

Espero, pacientero, en un país

en el que todo lo que hay

existe airadamente.

Mis raíces,

se hundieron antes del nacimiento

de los tiempos,

antes de la apertura de las eras.

Mi padre...

de la familia del arado,

no de nobles señores.

Mi abuelo era un labriego,

sin títulos ni nombres.

Mi casa es una choza campesina,

de cañas y maderos,

¿te complace?...

Soy nombre sin apodo.
Escribe

que soy árabe,

que tengo el pelo negro

y los ojos castaños;

que, para más detalles,

me cubro la cabeza con un velo;

que son mis palmas duras como la roca

y pinchan al tocarlas.


Y me gusta el aceite y el tomillo.

Que vivo


en una aldea perdida, abandonada,

sin nombres en las calles. Y cuyos hombre todos

están en la cantera o en el campo...

¿Te enfadarás por ello?


Escribe

que soy árabe;

que robaste las viñas de mi abuelo

y una tierra que araba

yo, con todos mis hijos.

Que sólo nos dejaste

estas rocas...

¿No va a quitármelas tu gobierno también,

como se dice?...
Escribe, pues...

Escribe


en el comienzo de la primera página

que no aborrezco a nadie,

ni a nadie robo nada.

Más, que si tengo hambre

devoraré la carne de quien a mí me robe.

¡Cuidado, pues!...

¡Cuidado con mi hambre,

y con mi ira!


Es el ejemplo más vivo, la lección más alta de ciudadanía que puede tener un pueblo.

El respeto a su origen, a su dignidad de hombre, a su prosapia campesina, sin arribismos de ninguna especie. Este poema es la biografía del árabe, su mejor carta de ciudadanía, es esta enumeración clara y definida de quién se es. Es como el poema épico de la raza. Se presenta en él todo aquello que hace inconfundible al árabe: su entrega a la familia y su bregar por ella, su dignidad a toda prueba, su paciencia en la airada lucha, su origen fundador del tiempo, su límpido vivir campesino, "sin títulos ni nombres", habitante de la aldea sencilla, donde ni es necesario que las calles tengan nombre, porque todo está siempre como está el campo y la cantera y la tradición de la tierra y la familia.

Y termina el poema, insistiendo en su estrofa final, en la esencia última del ser árabe y el sentido de su tradición milenaria, donde permanece una visión del mundo de amor y paz.
Escribe, pues...

Escribe.
Y pide que se escriba en el comienzo de la primera página, allí en el génesis de la raza, en la hoja blanca, hoy de duelo...

Escribe

que no aborrezco a nadie



ni a nadie robo nada.

Más, que si tengo hambre

devoraré la carne de quien a mí me robe.

¡Cuidado, pues!...

¡Cuidado con mi hambre,

y con mi ira!


La ira de Dios. La misma con que arrojó a los profanadores de la verdad, a los mercaderes del templo. Cuidado también con burlar la misericordia de Dios, porque Palestina es un templo.
Cuidado con mi hambre

y con mi ira

Hambre y sed de justicia. La misma hambre de Cristo cuando el demonio le quiso tentar con pan. Es largo el ayuno del pueblo palestino. Por eso la advertencia. El advertir es el hacer ver...
Cuidado pues,

que si tengo hambre

devoraré la carne de quien a mí me robe.
Hambre. Robar. Devorar. Estamos en la tierra de la gran promesa, de la palabra eterna. Esto, dicho en Palestina reviste un especial significado. No podemos dejar de decirlo. Se revierte la historia. Se detienen veinte siglos. Cristo al borde del abismo espera. “E1 que coma de mi carne, el que beba de mi sangre...”, "Devoraré la carne de quien a mi me robe". Las dos promesas confluyen en el aquí y el ahora...

Esta poesía palestina es el gran encuentro, llega a nosotros transida de sudor y llanto, como el pan que come allí el pueblo. Esto toca a las puertas de nuestra situación de trasplantados. Porque trasplantados somos todos los hijos de palestinos y Palestina es nuestro origen.

Esta poesía nos interpela, nos remueve y sacude. Poesía exacerbada por el dolor, por eso hay en ella carencia absoluta de retórica, la palabra es aquí Vida en toda su fuerza. Poesía visceral y "primitiva" en su mejor sentido, el de "la obscura raíz del grito". Desgarradoramente natural, plástica y expresiva, su fundamento estremece el ser mismo de la cultura, la vida y la FE.

La realidad referida es de tal magnitud, horror y espanto que todo lo pone en tela de juicio.

Yo no sé cómo sonará esta poesía en la lengua de su ser poema, ni si la traducción alcanza lo inalcanzable de la palabra poética.

En la "Muerte Gratis", el dolorido canto es por todos los asesinados en Kufr Qasim, una aldea palestina mártir. El 29 de octubre de 1956, 51 campesinos, entre los que se contaban hombres, mujeres y niños, fueron ametrallados al atardecer, cuando volvían de sus faenas diarias, por las unidades israelíes de las fronteras.

Se suceden imágenes y rápidos ritmos, cogidos del lamento:

LA MUERTE GRATIS


El otoño pasaba por mis carnes

lo mismo que un entierro de naranjas,

como luna de cobre destrozada

por piedras y arenales.

Y, sobre las entrañas de los hombres,

allá en mi corazón,

caían los niños.

A mis ojos hería todo el terror,

todo eso que no puede decirse,

y allí, desde la sangre derramada,

¡ven!... ¡ven!... ¡ven!
¡Ay, Kufr Qasim!

Caín ya no es mi hermano.

Alza el cuello hacia un solo aledaño de sangre.

No entierres a tus cuerpos.

Déjalos, cual columnas de luz,

y mi sangre vertida

como anuncio, a la tarde, de los tiranos.

Igual que el monte verde

en el pecho del aire.
¡Ay, Kufr Qasim!

Los mármoles mortuorios, lo mismo que una mano

tiran de mis raíces, crecientes, de los huérfanos.

¡Qué tu mano, Yaqut,

nos diga la nobleza de su canto!

Lo mismo que la luz y la palabra,

sin plegarse a dolores ni cadenas.

¡Las lápidas, Kufr Qasim,

son puño que aprieta!
Todo eso que no puede decirse, todo el terror; es el fin de la palabra. El reino de la tiniebla ha empezado. El Anticristo acaba con el verbo hecho Carne. Todo eso que no puede decirse, bajo las últimas luces de una tarde, lo registra un poeta. Es el último legado de la cultura. Estos versos de camino libre, buscan los senderos del corazón, se van con nosotros, tal vez los últimos en escucharlos, corazón adentro. No sabemos. Nadie sabe. El horror no tiene limites. Pareciera que pronto tocaremos el punto final de la historia. Mientras escribo, veo la Tierra Santa. Converso de ésto con ustedes que son mis hermanos, leo lo que escribieron los que allí sufren y padecen persecución.

Otro gran poeta, Nizar Kabbani, en su poema:


FATAH
Cuando ya habían rezado por nosotros.

Cuando ya habían rezado por nosotros.

Cuando ya nos habían enterrado.

Cuando ya nuestros huesos se habían calcinado.

Cuando ya nuestros pies eran leña.

Cuando ya nos habían mutilado.

Cuando ya estábamos hambrientos y sedientos.

Cuando ya estábamos arrepentidos...

y habíamos dejado de creer.

Cuando ya... Cuando ya hasta habíamos desesperado

de nuestra propia desesperación,

nos ha llegado el Fatah.

Lo mismo que una rosa que se alza de la herida.

Lo mismo que agua fría que regara mil Saharas de sal

Y entonces de repente nos alzamos contra nuestra mortaja

Lo mismo que el Mesías... Resucitaremos...
II
Aunque tarde, ya llegan.

En el grano de trigo y el gajo de limón.

Llegan sobre los vientos, los ramos y los árboles,

dentro de las palabras

y de las voces...

En las lágrimas llegan de nuestras madres,

en los ojos queridos de nuestros muertos.

Aunque tarde, ya llegan.

Llegan por el camino de Ramallah y del Monte de los Olivos.

Llegan como el mana y la miel desde los cielos,

desde los muñecos de los niños,

desde las pulseras de las mujeres.

Habitando la noche, las piedras y las cosas.

Crecen de nuestra pena más hermosa

como árboles soberbios.

Nacen igual que ramos de profetas

de las rocas hendidas.

Y no tienen carnet de identidad

ni nombre,

pero llegan...

Llegan... Llegan...
III
¡Oh, Fatah!

¡Oh, ribera, después de andar perdidos!

¡Oh, sol de media noche que brilla tras la angustia!

¡Temblor de primavera en nuestros cuerpo

después ya de secarse!
Al leer de vosotros todo lo que leímos

crecimos con vosotros cinco mil años.

Se alzaron nuestras tallas.

Floreció nuestra vida

tras secarse.

¡Fatah, bello alazán

que transporta en su frente alucerada

a Galilea y Bisán!

¡Gaza y Jerusalem!

¡Qué pájaros y campos, qué mares y llanuras

transporta en su mirada!

¡Oh, agua, hielo, espesa sombra nuestra!...

¡Ay, hijo cuyo rostro tanto tiempo esperamos!:

Somos como una Meca que aguarda a su Profeta.


IV
Ha pasado ya un año,

y el puñal de Israel nos sigue todavía.

Aún continuamos, en las sombras, buscando nuestras tumbas.

Somos igual de estúpidos que ayer.

Seguimos repitiendo tonterías fantásticas:

“La paciencia es la llave de la dicha”.

Continuamos pensando que Dios, desde los cielos,

nos va a devolver a nuestras casas.

Seguimos aún pensando que el triunfo

es banquete que tiene que llegarnos... metidos en la cama.

Desde hace ya años,

sentados a la acera de la O.N.U.

seguimos mendigando de varias comisiones

la leche, las sardinas, la vileza,

los vestidos prestados y la harina.

Seguimos mascullando ingenuamente la frase favorita:

“La paciencia es la llave de la dicha”.

Pero la bala es -no la paciencia-

la llave de la dicha solamente.

V
Rechazamos, Señor, el seguir siendo buenos.

Porque todos los buenos está a medias muertos.

Nos robaron la tierra.

Nos mataron los hijos.

Permítenos, Señor, que asesinemos.

Rechazamos ser ya mansos corderos.

¡Enrábiate, verso!

¡Enrábiate, seso!

El tiempo que vivimos es para los rabiosos,

¡Quema y quema, rencor!...

Para no convertirnos

todos... en refugiados.


denuncia esta visión del limite, del haber llegado al limite de las fuerzas, del no tocar ya fondo. Habría que leer y comentar verso a verso con profundo respeto toda esta realidad que el hombre pone ante Dios, y, ante El se confiesa y humilde pide: "Permítenos, Señor, que asesinemos!"

Esta poesía tradicional en espíritu y en verdad, pero que rompe todos los cánones que la ataban formalmente a su pasado, enseña la raíz del ser antes que se traduzca en perpetuidad de forma, y es, porque el gemido no la deja, porque el grito y el aliento son antes que la palabra, son la pre-palabra que es el Todo confundido al verbo, antes que se desgarre en unidad de palabra.

Es a esta generación joven que cubre cuatro décadas, a la que le ha tocado sobrellevar la muerte a sus espaldas, ver correr la sangre como sol derramado, indetenible. A esta poesía le sobra retórica, sólo la atraviesan estertores de cielo, o repeticiones, letanías renovadas en cada sílaba y porque no pierde la paz, ni la esperanza, porque el amor no mengua, Palestina RE/siste y cantará a Kufr Qasim, Der Yasin, a Sabra y Shatila.

CANTOR DE LA SANGRE


Cincuenta cuerdas hay sobre el olivo

para este que te canta.

Tu cantor, que fue esclavo de la lluvia,

rehén del viento,

y que ya, arrepentido de dormir,

se distrajo velando.


Así, como deseas, llamará chispa al cáliz de la rosa

al olivar de tus ojos, alborada;

y llorará también, como solía,

cuando pase una brisa sobre cincuenta cuerdas.

¡Qué cincuenta sangrantes melodías!

¿Cómo pudo la alberca de sangre hacerse estrellas y árboles?

El que muere, ¡guitarra!, es el que mata,

y vence tu cantor.


Abre, ¡aldea!, tus puertas.

Ábrelas a los cuatro vientos.

Y deja que se incendien esas cincuenta heridas.

Kufr Qasim es un pueblo que sueña con espigas,

con violetas

y bodas de palomas.


¡Segadlos de una vez!

¡Segadlos!...

Los segaron...

¡Ay, espiga en el pecho de los campos!

Tu cantor dice aún:

¡Si supiera el secreto del árbol!

¡Si enterrara todas las palabras ya muertas!

¡Si tuviera la fuerza de la tumba saliente!

¡Si escribiera mi historia

-oh, mano avergonzada que pulsa esas cincuenta cuerdas!-

con la hoz,

y mi vida con hacha

y con ala de alondra!
Kufr Qasim:

Regreso de la muerte para vivir cantando.

Déjame que me preste la voz una herida luciente,

ven a mí contra el odio

que en mi corazón siembra la zarza.

Me envía la intransigencia de una llaga,

y el golpe del verdugo me ha enseñado

a andar sobre mi herida.

A andar... Y más andar...

A resistir.


En estos poemas se nos llama, se nos dice: ¡Ven! ¡Ven! ¡Ven! Palestino, llamado por tu hermano refugiado y errante al que se le ha quitado el derecho a expresarse, el de ciudadanía y toda posible igualdad con los demás hombres. Perseguido por el árabe y por el israelí, defiende hasta la muerte su libertad en esa zona que parece ser el corazón del mundo. Y así nos dicen:
Nuestra sangre es nuestro idioma

No tenemos más que nuestras quemantes, ardientes, doloridas

sangre, y por ello tenemos el derecho de convertirlas en balas o en flores.
Ese es su único, último, inalienable derecho, el del exiliado, del refugiado. Esta forma de decir la verdad, elimina toda abstracción, todo simbolismo, y el drama existencial de un hombre se universaliza y se hace el de todos. La palabra exilio resuena, se repite, deambula como un fantasma. El exilio, sin embargo, ha pasado a ser un lugar común. Un lugar común, porque todos en una o en otra forma, lo padecemos, y vivimos en trance de enterrar y desenterrar recuerdos.
“Alza el cuello hacia un sol

aledaño de sangre

no entierres a tus cuerpos

Déjalos cual columnas de luz

Déjalos cual columnas de luz...
Eso son, columnatas de luz, sosteniendo, construyendo el edificio del mañana. Vívidas realidades hechas poemas, cuando el dolor o las situaciones límite, enfrentan al hombre. Porque pareciera que todo poema, no es sino eso: Una situación límite a la que se llega, y de la cual, su única salida es el poema.
El pueblo palestino, ha decidido convertir su sangre en flores. Lo atestigua Mahmud Darwish en su poema “Las rosas y el diccionario”.

Sea.


No tengo más remedio.

El poeta ha de hacer un nuevo brindis,

entonar nuevos himnos.

Porque llevo la llave de leyendas,

la huella del esclavo:

cruzo una galería

de pimienta y del viejo verano.
Sea.

Tengo que rechazar la muerte,

aunque con ello mueran mis leyendas.

Yo busco en los escombros una luz,

un verso nuevo.

¿Percibiste, ¡ay amor!, antes de hoy,


que es inútil la letra

del diccionario?

¿Cómo van a vivir todas esas palabras?

¿Cómo van a crecer?

¿Multiplicarse?

Si aún nutriéndolas con llanto de recuerdos,

metáforas y azúcar...
Sea.

Tengo que rechazar la rosa

del diccionario

y del libro de versos.

Las rosas crecen sobre los brazos del campesino,

en el puño apretado del obrero.

Crecen sobre la herida del hombre asesinado.

Crecen sobre la frente de las rocas.

Sea, es la primera palabra del poema. El ser, el Sea del ser es el primer verso. Un “Sea” sin adjetivos, sin adverbios, ni conjunciones o cópulas en que apoyarse. Así es la soledad del ser. Este sea, es la afirmación rotunda, la conformidad y la armonía con un destino asumido sin alternativas. El segundo verso lo confirma:
No tengo más remedio

El poeta ha de hacer un nuevo brindis

entonar nuevos himnos.
En todo el poema se mantiene la forma paralelística. Cada estrofa está encabezada por el “Sea”.
Tengo que rechazar la muerte

aunque con ello mueran mis leyendas


Sea.

Tengo que rechazar la rosa

del diccionario.
Es inútil la letra del diccionario, porque no es palabra, y, por tanto, no es vida, y como no es vida, no crece ni se multiplica.

Termina la última estrofa reiterando el Sea, como el “Fiat”, el “Hágase”.


Tengo que rechazar la rosa

del Diccionario

y del libro de versos...
La rosa del diccionario, del libro de versos, sirven aquí como pretexto último para decirnos finalmente que las verdaderas rosas, las que viven, son las que crecen sobre:
los brazos del campesino

en el puño apretado del obrero

Crecen sobre la herida del

Hombre asesinado

Crecen sobre la frente de las rocas.
Así, el exiliado palestino con esa valentía a toda prueba, envía sus mensajes a su madre y seres queridos diciendo que yo me siento bien, que yo me siento bien y en un momento, se mira a sí mismo y dice:
ahora soy un joven de veinte años

piensa un poco... tengo veinte años

y soy como todos los jóvenes

oh madre


afronto la vida

y soporto la carga que lleva cada hombre.


Sí. Esto es, como nos pide el poeta, para someterse a pensar. Para pensarlo juntos. Estamos frente a una verdad: la poesía palestina de la resistencia aunque parece recordarnos que hemos vuelto a la Edad del Hierro, sin embargo, nos salva, porque ella afirma la libertad humana, va libre como los pájaros por todos los territorios, aunque se le niegue su permanencia en libros, su entrada en las escuelas, los refugiados palestinos la cantan por los caminos. Nadie puede dejar de conocerla, de verla detenerse a beber el agua de los pozos, de aliviar las llagas de los heridos, ni de quedarse balbuciendo en las bocas de los niños muertos. Y esto lo saben los judíos. Saben del poder de la poesía palestina. Por eso cuando Fadwa Tuqan difundía su poesía en Cisjordania, zona ocupada por Israel desde 1967, dijo en ella Moshe Dayán: "es más subversiva que diez atentados". Varios poetas palestinos han sido asesinados, perseguidos, encarcelados por causa de su poesía. Y a esta poesía que expresa el espíritu de la raza, no podemos llamarla, ni popular, ni culta, ni nacionalista. Rebasa las fronteras de las clasificaciones, no se encasilla en istmos ni corrientes de ninguna época. Simplemente es lo que tiene que ser, porque todas las muertes juntas no han tenido el poder de acallar esta INTIFADA poética, cuya consigna parece ser: "a más muerte, más vida". Leamos el poema Fatah, de Kabbani, algunas estrofas de este canto dice infinitamente más que las historias de todos los tiempos. Lo mismo en su poema "Carteles Comandos sobre los muros de Israel". Cada palabra, cada sílaba de estos poemas de la resistencia es la piedra, la misma tal vez que se vuelve contra los judíos, cuando ellos la tenían lista para lanzarla sobre la mujer adúltera. Cristo la pone hoy en manos del pueblo palestino, para lapidar a la raza de víboras, a la gran prostituta del sionismo que ha pretendido mancillar la tradición del limpio pueblo palestino con sus taras y sus vicios. La piedra es la única arma de esta Intifada, la piedra hecha palabra viva, piedra-símbolo en la que el tiempo y el cielo se han detenido hasta transfigurarla, hasta hacerla paisaje del corazón. La Piedra del Medio Oriente no es elemento muerto. Toda piedra es allí huella. Conserva la estampa de la hora que pasa. Entre estas piedras crece la semilla y la esperanza. La sangre sobre ellas derramada da allí sus mejores frutos. Una piedra cerró la sepultura de Cristo. Dos ángeles la removieron y Cristo resucitó glorioso. Ahora son legiones de ángeles las que en nombre de cada niño palestino asesinado, cogen piedras para hacer justicia.

Esto es la poesía palestina de la resistencia. Piedra bíblica, Gólgota, cubierto de millares de cruces. Campesinos son casi todos estos poetas. Trabajadores de la cantera. Entre sus manos, la piedra es la verdad inconmovible de los cielos. Esa es su palabra, piedra eterna de cielo presente entre nosotros.



UNA NOTA SOBRE LA MEDICINA ISLÁMICA Y SU

DECADENCIA EN ESPAÑA.
Profesor Dr. Fernando Lolas S.
El Islam, ecúmene cultural
Es conveniente pensar el Islam como una ecúmene basada en el lenguaje. Fue la lengua el elemento aglutinante de un imperio vasto y vario, una de cuyas reconocidas características fue cultivar la tolerancia. Puede decirse que no medió distancia entre amos y súbditos cuando del cultivo de las letras, las artes y las ciencias se trató y que en medio de la a veces sangrienta historia de sus reemplazos de dinastías y caídas feroces en la desgracia, fue el mérito personal valor siempre reconocido (Mahoma, 1961; Dalma, 1964).

En esta tan diversa amalgama de pueblos, costumbres y realidades, difícil resulta discernir lo “árabe” como su constituyente nuclear. Es verdad que de ese pueblo partió el estímulo germinal y que bajo la espada de los primeros sucesores del Profeta pudo expandirse la fe y con ella el espíritu del Islam. Mas éste fue su lengua y su fe, no una pretendida unidad étnica (Levi-Provencal, 1953; Berque, 1964).


Medicina islámica: Teoría y práctica, fe y ciencia.
La medicina en el Oriente y en el Occidente musulmanes estuvo siempre atenaceada por la tensión entre la teoría y la práctica. Eran los musulmanes pensadores frondosos y apasionados, que así discurrían con sutileza sobre las facultades perceptivas, al modo de Ibn-Sina (Avicena, 980-1037) como abundaban en detalles concretos, al estilo de Ibn-Khaldún (1332-1406). Los más varios estilos se confunden en las obras clásicas, junto con los consejos más sensatos y los apotegmas más precisos, como aquel de Rhazes (865-925 d.C.): “La verdad en la medicina es una meta que no se puede alcanzar y todo cuanto está escrito en los libros vale mucho menos que la experiencia de un médico que piensa y razona”. En una época en la que los límites entre las disciplinas eran borrosos, no existían o dividían el saber en parcelas diferentes de las que hoy conocemos, no debe extrañar que los escritores islámicos hayan sido, cual más cual menos, polígrafos universales y aún aquellos que llamamos médicos, incluso Abulcasís (m. circa 1013), autor del primer tratado de cirugía, hayan intercalado en sus obras manifestaciones de muy vario saber, especulaciones, descripciones, fábulas, admoniciones y poesía. Abentofail (m. circa 1185) se anticipará, con “El filósofo autodidacto” al “Emilio” de Rousseau y aún al “Robison” de Daniel Defoe. Ibn-Khaldún abordará las más intrincadas cuestiones de sociología, historia y geografía. Ibn al-Nafís anticipará, con su descripción de la circulación pulmonar, lo que después será mérito de Miguel Servet en 1546 y de Realdo Colombo en 1559.

La otra gran tensión dentro de la medicina islámica fue aquella entre la fe y la ciencia. La tradición quiere que en el año 765 ordenara el califa al-Mansur a los médicos filósofos de Gundishapur, en el sur de Persia, la traducción de las obras griegas, que de ese modo pasaron a Bagdad, al Islam y, finalmente, retraducidos en Toledo, a la Cristiandad (Babini, 1959). De entonces data la diferenciación entre los falásifa, que seguían la disciplina griega, diferente de la religiosa, y los mutazilíes, teólogos filósofos intérpretes de la tradición (Afnan, 1965). La estrecha relación entre creencia y ciencia dará el peculiar fruto de una medicina filosóficamente fundada, digna compañera de la teología, arte para la salvación del alma, así como aquella era arte para la salvación del cuerpo.

La cultura islámica dio lugar a la figura del hakim, médico y filósofo al tiempo, que ejercía la physica, que en el mundo árabe era una ciencia pura. Más que la ars honesta, que no liberal, que conociera Roma, y próximo al physicus del medioevo latino, más que al medicus, puramente empírico. Entre las virtudes que cultivaba se encontraba el adab, una mezcla de paideia y phronesis que se aprendía en la madrasa, la escuela anexa a la mezquita que era al tiempo centro de la vida intelectual y social de la comunidad. Los pensadores del siglo de oro (XII) en al-Andalus cultivan por igual el galenismo, comentan a Aristóteles y abordan la descripción de numerosas dolencias (Schipperges, 1972; Castiglioni, 1941; García Ballester, 1972). Hay quienes piensan que entre las causas de la decadencia de la medicina islámica debe contarse el retorno al fundamentalismo religioso (Dalma, 1964).

El persa Abu Bekr Mohamed ibn Zakaria, conocido como Rhazes (865-925), fue músico, químico y pensador. Entre sus obras destacadas merecen nombrarse el Kitab al-Mansur, conocido como Liber de medicina ad Almansorem, y el Al-Hawi fi-l-Tibb, conocido también como Liber Continens, el Continente de la medicina. El infolio impreso en Brescia en 1486 es el mayor incunable existente. A Rhazes se debe una monografía original sobre el sarampión y la viruela, publicado por primera vez en venecia en 1498.

Hacia fines del siglo X emerge la figura de Avicena (980-1037). Nace en la provincia persa de Jurasán, es un activo viajero, un impenitente gozador de la vida, que pese a todo se da maña para legar una obra monumental a la posteridad. Sus aportes fueron tan perdurables, que modelaron muchos siglos el saber médico. La suya es una obra heteróclita, a veces escrita en árabe, otras en persa, en la que aborda cuestiones de metafísica, de biología, de medicina, de costumbres. El Canon, su principal legado, constituirá durante muchos siglos el libro de texto de la Europa medieval. Su nombre se asociará, aún para el vulgo, a la medicina, como registra el adagio campestre: “Más mató la cena que curó Avicena”.

El Kitab al-Qanun fi-l-Tibb, traducido como Canon Medicinae, es una inmensa tentativa para ordenar sistemáticamente las doctrinas de Hipócrates y Galeno junto con las concepciones biológicas de Aristóteles. Su primer traductor fue Gerardo de Cremona.

Ya el título - Canon, regla - presagia la íntima convicción con que este libro fue escrito y reverenciado como summa del saber médico. La doctrina humoral hipocrática es su cimiento más firme, a la que no van en zaga atinadas descripciones y razonables prescripciones. Está dividido en cinco grandes libros, el primero de los cuales trata de la medicina teórica, el segundo de los medicamentos simples, el tercero de las enfermedades y de terapéutica, el cuarto de las afecciones generales, que atacan simultáneamente varias partes del cuerpo, y el quinto es un tratado de farmacología. Cada libro se divide en tratados particulares (fen), cada uno de los cuales consta de capítulos y párrafos. Los cuatro fen del primer libro serán, al menos hasta 1600, introducción obligada a los estudios médicos. La primera edición del Canon fue la hebraica de 1491, impresa en Nápoles.

Además del Canon, se han conservado el Libro de la Salvación (Kitab al sifa) y un extenso poema didáctico (Manzuma fi-l-Tibb) (Afnan, 1965).

En Córdoba escribió el filósofo y médico Averroes (1125-1198), autor de lo que Dante llamó il gran commento de Aristóteles. Su libro de medicina conocido como Colliget (Kitab-el-Kollijat) está lleno de sutiles discusiones en torno a la obra de Galeno (Torre, 1974). Su discípulo más conocido, Maimónides (1135-1204), autor de útiles aforismos y gran conocedor de los venenos, fue además un talmudista y filósofo de importancia (Schipperges, 1972; Fernández, 1936; Dalma, 1964).


La decadencia de la medicina islámica en España
El ejemplo brindado por la desarticulación de la medicina islámica en la España del siglo XVI es ilustrativo de la importancia de la urdimbre empírico-creencial para la mantención de un arte o de un oficio (Schipperges, 1972; Fernández, 1936; García Ballester, 1984; Dalma, 1964).

Tras la caída del reino de Granada, en 1492, las comunidades musulmana, judía y cristiana convivieron en la Península. Fray Hernando de Talavera, primer obispo de Toledo, imaginaba una comunidad ecuménica, en la que bajo el protector amparo del cristianismo convivieran moriscos, judíos y cristianos, mas ello no fue logrado, ni siquiera intentado por los nuevos amos. Durante todo el siglo XVI se observan las señales de una continua hostilidad hacia la minoría morisca, dispersada a todos los ámbitos de España tras la diáspora granadina. Se funda la Universidad de Granada, en 1531, entre otros, con el fin de eliminar lo arábigo en cultura, lengua y medicina. Comienza el nuevo humanismo médico a oponerse al galenismo arabizante de los sucesores de Avicena. La Inquisición persigue, tortura y ejecuta a los practicantes del oficio médico, especialmente hacia fines del siglo XVI, bajo la muy frecuente acusación de herejía y trato con demonios, cargos que cobraban sustancia al haberse bautizado muchos moriscos (“cristianos nuevos”) y al proseguir, ya casi sin conexión con el pasado más glorioso de la medicina islámica, el oficio de curar invocando demonios tutelares. Frecuentemente aparecen éstos en los procesos inquisitoriales aludidos como “el familiar”, que aconseja al médico morisco. La lengua árabe, que todavía se hablaba en algunas regiones en una proporción cercana al 25 % de la población (como en Valencia), se degraba a “algarabía” o “algaravía”. Hablarla o mantener textos escritos en ella, como jaculatorias y amuletos, se convierte en crimen.

No es de extrañar que bajo estas condiciones, desaparezca de España la impronta de la época almohade y de los reinos de taifas, alabados por su cultivo de las letras, las ciencias y las artes. La minoría morisca queda huérfana de identidad, arrinconada en un estado de primitiva dependencia, empobrecida bajo gabelas y tributos e imposibilitada de cultivar sus tradiciones.

Florece entonces una suerte de artesano del oficio de curar, semejante al de la Grecia antigua, que trashumante ofrece sus servicios de villorrio en villorrio, un empírico que a lo sumo apenas sabe leer y que, desde luego, no entiende el árabe de sus antepasados. Estos médicos son certificados a través de la ichaza, que no equivale a una acreditación; testifica, solamente, haber leído alguna obra clásica (frecuentemente el Canon de Avicena), y, como se trata de un sistema abierto, no monopolizado por instituciones académicas, basado en la eficacia de sus ministraciones curativas, declarada por pacientes satisfechos. Nada recuerda, en esos acusados de la Inquisición, al hakim, el médico-filósofo que la cultura árabe puede pregonar como una de sus creaciones más notables, excepto, tal vez, la indefinición de la profesión que tan característica fue de la intelectualidad musulmana de la época áurea. Esta vez, sin embargo, revestida de caracteres negativos, como todo lo morisco.

Los procesados por la Inquisición no han tenido, salvo excepciones, estudios formales de medicina. Pueden haber leído la traducción del Dioscórides de Andrés Laguna, que se publica en Amberes hacia mediados del siglo XVI, en 1555; pueden tener acceso a manuscritos aljamiados o arábigos, que apenas entienden; alguno habrá cursado en la Universidad cursos de medicina, que pronto son eliminados; debe cuidadosamente evitar tratar heridas frescas y cuidar a quienes morirán, por el conflicto con los médicos oficiales; a veces será llamado por algún cristiano viejo, o aún por el propio rey , pero si fracasa peligra su vida y hacienda y si tiene éxito no recibirá adecuada paga. Paradójico, el propio Felipe III, tratado de niño por un médico morisco, será quien firme, hacia 1609, el decreto que erradica a los moriscos de España. No despreciable fortaleza le vendrá a los médicos moriscos de su conocimiento de las plantas, principal elemento de terapéutica que manejan, a menudo con conocimientos adquiridos por tradición oral, de sus padres y familiares dedicados al mismo oficio. Utilizará también amuletos, conjuros, oraciones y jaculatorias, además de sahumerios. La palabra tendrá tres modalidades de uso terapéutico entre los moriscos: la religiosa en forma de plegaria, la conversación persuasiva y la mágica, de muy diverso aspecto. El complejo creencial es dinámico y demónico, como escribe Luis García Ballester (“Los moriscos y la medicina” , Labor, Barcelona, 1984).

De la obras científicas y médicas escritas en árabe, no se publica en España, durante el siglo XVI, ninguna. No así en Roma, donde la imprenta creada por el papa Pío IV (1555-1565) se mantiene activa e imprime el Canon de Avicena aún en 1593, junto a otros libros. No se trata de una edición que tenga fines científicos sino comerciales, para distribuír en el Oriente Próximo y Medio, donde Avicena aún es leído. En su revisión no participan médicos. Los manuscritos circulan en copias ruinosas, difíciles de ocultar a los esbirros inquisitoriales, y campea la tradición oral. Al desaparecer la importante minoría judaica, desparecen también activos promotores y estudiosos de la medicina islámica, cuyo exponente más conspicuo en Al-Andalus es probablemente Maimónides. El rechazo se justifica por motivos pastorales, teológicos, culturales y técnicos.

La existencia de los médicos moriscos en el siglo XVI español es, propiamente, marginal. Exhiben una doble identidad, pues por una parte gozan de cierto reconocimiento entre sus congéneres y aún entre los castellanos, aragoneses y valencianos cristianos viejos y por otra son segregados y perseguidos. El relato de uno de ellos, que huye a Túnez, permite reconstruír el doloroso desarraigo en aras de la libertad de conciencia y de palabra. Cervantes hace decir a Cide Hamete Benenjeli en el capítulo 58 del Quijote: “La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos...; por la libertad se puede y debe aventurar la vida”.
Referencias bibliográficas
Afnan, S.F. (1965) El pensamiento de Avicena, México, D.F. Fondo de Cultura Económica.

Babini, J. (1959) Historia sucinta de la ciencia. 3a.ed. Buenos Aires: Espasa Calpe.

Berque, J. (1964) Los árabes de ayer y de mañana, México, D.F. Fondo de Cultura Económica.

Castiglioni, A. (1941) Historia de la Medicina, Barcelona: Salvat.

Dalma, J. (1964) Los árabes y la medicina. Aspectos históricos y culturales. Buenos Aires: Panamericana.

Fernández, F. (1936) La medicina árabe en España, Barcelona: Editorial Juventud.

García Ballester, L. (1972) Galeno, Madrid: Guadarrama.

García Ballester, L. (1984) Los moriscos y la medicina, Barcelona: Editorial Labor.

Levi-Provencal, E. (1953) La civilización árabe en España, Buenos Aires: Espasa Calpe Argentina.

Mahoma (1961) EL KORAN, 4th edn. Madrid: Aguilar.

Schipperges, H. (1972) La medicina en el medioevo árabe. En: Laín Entralgo, P. (Ed.) HISTORIA UNIVERSAL DE LA MEDICINA, pp. 59-118. Barcelona: Salvat Editores.

Torre, E. (1974) Averroes y la ciencia médica, Madrid: Ediciones del Centro.



***

UR SALEM; ORSHLIM; JERUSALEM; Al-Quds ASHARIF Y SU ESENCIAL IMPORTANCIA PARA EL JUDAÍSMO, CRISTIANISMO E ISLAMISMO.
Hajj Shaij Taufik Muhammad Rumié D.



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