Práctica nº 2



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PRÁCTICA Nº 2

ELABORACIÓN DEL AUTORREGISTRO DE UNA CONDUCTA

Introducción


La autoobservación y su autorregistro es una de las técnicas por excelencia a la hora de realizar un análisis funcional. Ello es así porque, a diferencia de la entrevista, permite un registro de la conducta y demás eventos que son objeto de evaluación en el momento en el que ocurren. Asimismo, contra la dificultad de establecer frecuencias y tasas concretas que se da en la entrevista, una técnica observacional, como es el caso, permite obtener información precisa sobre tal objeto de evaluación. Imagínese la dificultad que tiene para la entrevista llegar a determinar con exactitud las veces que han aparecido dolores de cabeza en el último mes y cuáles de ellas han venido precedidas de discusiones con algún miembro de la familia o con niveles elevados de activación. En otras palabras, el dato que proporciona el autorregistro no tiene por qué estar sesgado por el recuerdo y la reconstrucción del pasado que se hiciese en el momento en el que se formula la pregunta.
Para informaciones que requieren un elevado grado de precisión, como puede ser la tasa de una conducta (cuantos cigarrillos se fuma al día, cuántas veces se arranca pelos de la cabeza), la observación de tales eventos resulta imprescindible. Ahora bien, la observación por otros es una técnica muy costosa, en tiempo y esfuerzo, además de estar sujeta a limitaciones que tienen que ver con las posibilidades de producir cambios en la conducta de quienes estamos observando (lo que se conoce como reactividad de la observación). ¿Se mordería las uñas lo mismo una persona que se sabe observada en relación a esa conducta? ¿Podríamos observarla mientras está, pongamos, acostada en su habitación para irse a dormir? Una alternativa a la observación por otros que incrementa notablemente la eficiencia y reduce la reactividad que pueden provocar esos otros sobre la conducta del observado es la autoobservación y su autorregistro.
La autoobservación y su autorregistro permiten obtener información sobre una conducta cuando ésta acontece y puede ser recogida aunque remita a conductas íntimas o contextos privados. No obstante, la autoobservación y su autorregistro no están exentos de dificultades que deben ser tenidas en cuenta cuando se diseña su aplicación. Por una parte, como ocurría con la observación por otros, la conducta a observar también es susceptible de reactividad. En este caso la reactividad viene provocada por el mismo individuo quien puede, pongamos, fumar menos de lo que fumaría por el hecho de que se está registrando el número de cigarrillos que consume. En ocasiones, la reactividad producida es en el sentido deseado (como correspondería con el ejemplo anterior). En otros, por el contrario, la reactividad puede inducir un incremento (o decremento) de la conducta en el sentido contrario al deseado, como puede pasar en un caso de rascado compulsivo.
Por otra parte, para aprovechar la ventaja que la técnica proporciona, es conveniente que el registro de la conducta o conductas se realice en el momento de acontecer1. Ello, sin embargo, requiere que el diseño del registro no interfiera con la propia ejecución de la conducta o que se convierta en un engorro resultando en un inadecuado registro o, incluso, en su abandono.
Objetivo

Aprender a diseñar un autorregistro de forma que se maximice la información de cara al análisis funcional y se minimicen las dificultades que puedan darse.


Tareas

Diseñar el autorregistro de una conducta que facilite la realización del análisis funcional, así como su aplicación para determinar las dificultades del mismo.



Desarrollo


  1. Escójase una conducta. Debe ser una conducta que figure en el repertorio del compañero que forma parte la pareja y cuya frecuencia sea superior a una vez al día. Ejemplos posibles son algunos de los mencionados (fumar cigarrillos, morderse las uñas, rascarse, arrancarse pelos), si bien caben todo tipo de alternativas (interrupciones en el tiempo dedicado al estudio, discusiones con familiares, amigos o pareja, posturas corporales inadecuadas, etc.).

  2. Defínase bien la conducta que se quiere registrar. Téngase en cuenta que hay conductas que quedan bien definidas con sólo su formulación (fumar, p.e., aunque incluso ésa podría dar pie a establecer diferencias dependiendo de si se fuma el cigarrillo completo o sólo parte de él). Por el contrario, otras exigen su operativización (en el caso del estudio, p.e., ¿debe ser registrado el tiempo o las veces que uno se pone a estudiar?, ¿debe distinguirse entre estar sentado delante de los libros y estar realmente estudiando?; en el caso de las interrupciones, ¿hay que computar el número o la duración?; ¿se debe registrar la asignatura concreta o el tiempo total de estudio?).

  3. Establézcase que parámetro o parámetros de esa conducta se quiere registrar (Número de veces, duración, intensidad...), así como otras unidades de información que quieran ser registradas (¿qué pasó antes?, ¿cómo de bien le supo?...).

  4. Confecciónese un modelo de registro. Éste debe tener un formato sencillo, que facilite el registro, a la par que exhaustivo, permitiendo obtener la máxima información de las conductas y demás eventos.

  5. Establézcanse las instrucciones. En ellas deben hacerse constar aspectos tales como cuál es la conducta a registrar, qué otras unidades de información, cuál es el intervalo temporal, cómo se debe proceder para registrar y cómo debe hacerse disponible el registro.

  6. Aplíquese. Suminístrese el autorregistro al compañero para que lo lleve a cabo durante una semana.

  7. Analícense los problemas que hayan surgido en cualquiera de los aspectos contemplados hasta el momento (definición de las conductas, procedimiento de registro, formato del mismo, etc.).

  8. Rehágase el registro atendiendo a estas consideraciones.

  9. Entréguese el registro cumplimentado, el modificado y una hoja en la que se hagan constar observaciones y dificultades surgidas, en su caso



Registro


Acorde con la conducta a evaluar. Deberá constar, en cualquier caso, de lo siguiente:

  • Definición de la conducta a registrar

  • Parámetros de la conducta a registrar

  • Otras unidades de información funcionalmente relacionadas con la conducta a registrar

  • Modelo de registro

  • Instrucciones



Ejemplo



Conducta seleccionada: fumar cigarrillos

Unidades de observación: ocurrencia del consumo de cigarrillos, momento, deseo de fumar (0-10), situación, pensamientos asociados

Registro:

Fecha: Lunes, 2006.





Hora

Deseo

Situación

Pensamientos


















































Instrucciones: Cada vez que te enciendas un cigarrillo, deberás anotar la hora del día, las ganas que tienes de fumártelo en una escala de 0 a 10 (0: ningunas; 10: muchísimas), la situación en la que te encuentras (estudiando, esperando el autobús,...) y lo que pienses en ese momento. Para que no se te olvide, guarda el registro en la funda del paquete de tabaco. Utiliza un registro para cada día de la semana.



1 Se pueden hacer registros de huella en los que la emisión de la conducta y el momento de su registro no coinciden en el tiempo. Por ejemplo, se pueden contar las colillas que aparecen en el cenicero después de acabar la reunión de trabajo o se pueden guardar trocitos de papel en un bolsillo cada vez que se enciende un cigarrillo para posteriormente contarlos y registrarlos. Estas alternativas pueden ser útiles en los casos en los que el registro en el momento no sea posible, si bien no deja de ser una forma de perder información con respecto a la que proporcionaría la técnica registrando en el momento (¿qué pasa antes?, ¿qué pasa después?, ¿cuánto llego a fumar del cigarrillo?



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