Posiciones teóricas en el estudio de los diarios íntimos del siglo XX



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Posiciones teóricas en el estudio de los diarios íntimos del siglo XX1
Izabella BADIU
El diario íntimo es uno de los géneros que conoce un auge constante para el público a lo largo del siglo XX y parece haber seguido las metamorfosis tanto de los gustos de los lectores de una década a otra como de la escritura de quienes lo practican. En todo caso, el diario, por la pluralidad de formas que reviste, resulta de difícil definición, lo que vuelve imperativamente necesario el recorrido aquí propuesto, especialmente para poner al día los cuestionamientos, las definiciones y las aproximaciones que ha suscitado este género tan difícilmente clasificable. A partir de la sexta década del siglo XX y hasta hoy, el diario íntimo ha sido objeto de numerosos debates y ha sido reivindicado por diferentes disciplinas humanistas. En el disenso general, cada uno continúa sus investigaciones con los instrumentos que le son propios, y nos parece que un repaso de la crítica podría servirnos enormemente antes de lanzarnos a nuestro propio recorrido en el desciframiento de esta forma de expresión, para evitar tanto las repeticiones como para situarnos inteligentemente en relación a las normas ya bien establecidas por las voces de autoridad en este dominio.
1.1 Definición

La expresión diario íntimo da miedo. Teóricos y críticos se miran con desconfianza a la hora de hablar del género y es una práctica corriente eludir la definición o definirlo más por la negativa que por la afirmativa. Por lo general se le asigna al diario, considerado íntimo o no, el término propiamente menos incómodo y más englobante que varía entre escritos y escrituras del yo. Así, es más fácil ubicar la esfera amplia donde ese tipo de textos, ninguno parecido a otro, se incluye: “Las fronteras entre géneros literarios resultan, entonces, muy imprecisas para estas escrituras que han escapado a los teóricos clásicos y sobretodo se han desarrollado por fuera de las Artes poéticas [...] Las escrituras del yo se inflitran en todas partes y ponen en cuestión los límites —he aquí uno de sus intereses”2. Retenemos de la anotación de Béatrice Didier la ausencia de “arte poética” y, en consecuencia, de definición rigurosa del género como la variabilidad, la libertad de las formas de expresión del yo. Sin embargo, en el mismo artículo, la muy reputada crítica parece referirse más puntualmente al diario íntimo en tanto que forma privilegiada entre las escrituras del yo porque “el esquema es rico en virtualidades que el acabamiento de la obra obliga a sacrificar. Pero entonces, las notas tomadas en un cuaderno o en una hoja suelta al azar de los días es, precisamente, en lo que consiste el diario, adquiriendo derecho de ciudadanía en la República de las Letras. Por otra parte, hay siempre una relación entre expresión del yo y formas fragmentarias.”3 He aquí, entonces, una definición actualizada del diario (data de 1998) que pone en valor sus potencialidades y, sobretodo, que ofrece las dos principales llaves de su lectura: fragmento para la forma, yo para el contenido.


Esta puesta al día puede ser también útil porque delimita bien el diario en el seno de la variedad de los escritos personales y, así, nos obliga a remontar el hilo de las definiciones para investigar más puntualmente en cada uno de los sub capítulos que forman el gran número de estudios que la crítica, más bien parsimoniosamente, ha destinado a la consideración del diario íntimo.
La misma Béatrice Didier, en una obra fundadora para el estudio del diario íntimo —- Le Journal intime, PUF, 1976— prefirió a una definición de trabajo un número de cuestiones y sobretodo una clasificación del diario. Entonces faltaba comprender que, entre el diario de prisión y el diario de viaje, diario de enfermedad y diario de la droga, diario espiritual y diario filosófico, diario literario (a la manera de Léautaud) y diario de una obra (a la manera de Guide) o, incluso, diario de sueños, aunque ciertas constantes pueden ser constatadas de un autor a otro, al no existir norma el diario íntimo puro no existe.
Más recientemente, Philippe Lejeune, que no ha cesado de estudiar el fenómeno desde los años 80, siempre ha insistido, en todas sus publicaciones, sobre el diario íntimo como hecho viviente, que es, antes que nada, una práctica y una actitud de escritura ante la vida. Al solo objetivo declarado de sus investigaciones le resta “hacer ver el diario íntimo en su complejidad y su variedad, y encontrar una solución entre otras a los problemas que todos, diaristas o no, deben afrontar”4. Así, desde el inicio, su terminología juega sobre dos términos “diario íntimo” y “diario personal”, donde el segundo, menos subjetivo, engloba y precisa el primero —un poco contaminado de historia y preconceptos. A lo largo del tiempo y de las investigaciones, pasando por la situación contextualizada de las muchachas en el siglo XIX (Le Moi des demoiselles. Enquête sur le journal de jeune fille, Seuil, 1993), el diario personal se enriquece con diversas connotaciones: la de borrador y la de herbario (Les brouillons de soi, Seuil, 1998), y más recientemente sostiene, con el diario en computadora y en Internet, los medios masivos (“Cher écran...” Journal personnel, ordinateur, Internet, Seuil, 2000).
Nos parece importante retomar aquí la definición del diario-herbario no sin recordar que no es una práctica un poco obsoleta. La crítica intenta convencernos de lo contrario, de la obsolencia del momento en que numerosos diarios de hombres y mujeres de edades diferentes, todavía hoy contienen entre sus páginas elementos exteriores muy variados, fotos, cartas y otros documentos como flores secas, un pedazo de lana, o el envoltorio de un bombón. La función de un diario tal sería la de “incorporar el exterior a la intimidad reuniendo el entorno de sí [...] los elementos del mundo exterior que hemos decidido volver signos de nuestra identidad o jalones de nuestra historia”5. Metafóricamente, y ciertamente aplicable a un gran número de diarios, se puede considerar el diario como un herbario en la medida en que “la escritura quizá diseca pero conserva aquello que ha decidido ‘recoger’”6. La materia de lo cotidiano es así cuidadosamente preservada por la escritura.
1.2 Problemas y enfoques

1.2.1 Nacimiento y evolución de un género. La historia literaria.
En ningún caso queremos trazar una historia del diario íntimo, tema que alimentaría sin duda la materia de una tesis doctoral. A lo sumo, trataremos de poner en relieve un esquema del desarrollo del diario a través de la atención que los críticos han querido prestarle a los diferentes momentos de su historia.
Para empezar, es necesario tratar de comprender la posición de Roger Caillois que, en 1946, escribe dos artículos extremadamente virulentos contra el diario íntimo —“Journaux d'écrivains” et “Procès des journaux intimes” recopilados en Chronique de Babel, Denoël-Gonthier, 1981— que no sería, según él, más que la expresión de un dejarse ir imperdonable. Entre los numerosos reproches que él hace, especialmente al Diario de Guide, vamos a retener la recusación del diario como género, su falta de construcción y la ausencia de coherencia en las ideas, y el hecho de que, en general, el diario es desdeñado, visto que “esas migas innumerables no alimentan ni sacian hambre alguno”. Remitiéndose al libro de Jean Dutourd, Le Complexe de César (R. Laffont, 1946), muy crítico también, Caillois continúa sus invectivas: “ Creo que, más que arte, la vanidad y la pereza encuentran aquí su cuenta” y “El espíritu de sobrevaloración y de exhibición que preside a los diarios íntimos muere de sus propios excesos” Se ve aquí cuánto el punto de vista de Roger Caillois es todavía deudor de una imagen tradicional de la literatura que supone una ética —elección de temas dignos y esfuerzo de creación— y el trabajo de estilo. Pero no es menos cierto que este mismo testimonio negativo deja entender que el diario íntimo conoció un auge inevitable a mediados de siglo.
En consecuencia, en el siglo XX, es imperativo relevar el peso que el “género autobiográfico” en su totalidad tiene en las propuestas de los escritores así como también en la demanda del público. Nunca la necesidad de confesión ha sido tan considerable, a tal punto que, el género en cuestión, no contento con ofrecer sus mejores ejemplos y los más numerosos, también ha penetrado largamente las modas y las técnicas de creación propiamente literarias, es decir ficcionales. Verdaderamente, “no hay una escritura que no sea nacida, precisamente, de una conciencia desgraciada, de una tensión, de un íntimo conflicto o de una contradicción irresoluble, y la escritura es el lugar donde, lejos de disolverse, por el contrario se afirman estas contradicciones y esta herida esenciales, y es en la medida en que se vea más rechazado, más contestado, que el escritor de la confesión podrá encontrar una más urgente incitación”7.
La crítica anglosajona ha tomado el hábito de hablar de género autobiográfico, en el que engloba todas las especies posibles, memorias, autobiografías y autoficciones hasta el diario, esto es así porque es necesario comprender “autobiography” como un término genérico para todas las escrituras del yo. Los anglosajones toman conciencia muy tarde del estado de evolución del género diarista. “The private diary, which tends to become the favourite genre of the twentieth century, voraciously absorbing the philosophical treatise and the novel itself, was born of the rage for sincerity which causes many modern devotees of literature furiously to burn their very idol, literature.”8Queda sin decidir si el diario íntimo intercepta otros tipos de discursos, especialmente el aforístico como lo recuerda el mismo exégeta.
En un estudio sobre la confesión literaria, Marcel Lobet sitúa el giro decisivo en la historia de la literatura —cuando el diario íntimo toma ventaja por sobre los géneros de ficción— en el momento del Nouveau Roman, precisando que “desde entonces se podría decir que crece el favor de un género literario que traduce la imperfección humana con más sinceridad que la novela: el diario íntimo en su forma aguda de confesión. Porque choca, como el novelista, contra el muro de lo indecible, el autor de un diario no dice todo. Sin embargo da la impresión de alcanzar una verdad humana que la novela más profunda no puede más que rozar. Un hombre habla entonces de sí mismo sin delegar sus facultades a un héroe, sin un intérprete que deforma siempre un poco el mensaje en el que él está.”9
La relación entre ficción y diario íntimo, el préstamo que ella le da, testimonia el rol importante que el diario cumple en los modos de expresión del escritor como también en la conciencia del público. En este sentido, La náusea de Sartre parece convertirse en la más perfecta definición del fenómeno. Quizá nos aproximamos a descubrir la teoría del diario íntimo en una novela...
Es la tesis monumental de Alain Girard (Le journal intime et la notion de personne, PUF, 1963) la que, sentando las bases de la forma del diario íntimo, por una parte establece que se trata de un género literario y, por la otra, abre la puerta, o bien una pequeña caja de Pandora, a todos los métodos de aproximación que han aparecido posteriormente a propósito del diario. Desde el punto de vista histórico, en pleno S. XX, “estamos en el momento en que se pasa del Diario íntimo al Diario a secas”10 y, nosotros podríamos agregar aquí que, si la fórmula diario íntimo persiste no es por convención, sino porque es un hecho: la publicación devino moneda corriente.
Otra tesis que trata el corpus de los diarios de escritores en la primera mitad del S. XX apoya esta misma idea del pasaje del diario de dominio íntimo al dominio público: “reconciliando la confidencia y el testimonio, el diario del S. XX se ubica sucesivamente en el grupo de textos compuestos y escritos como obras literarias.”11
Elisabeth Bruss retoma los propósitos de un crítico ruso para recordar que “The very existence of a fact as literary depends on its differential quality, that is, on its interrelationship with both literary and extra-literary orders.... What in one epoch would be a literary fact would in another be a common matter of social communication.... Thus one has the literariness of memoirs and diaries in one system and their extra-literariness in another.”12 Es precisamente esto lo que Roger Caillois no había comprendido en su tentativa de situar el diario en un contexto literario que ya estaba terminado en el momento de su toma de posición. Lo hemos visto, el diario íntimo pertenecía ya al establishment de la literatura hacia el año 1950.
Más cerca nuestro, lo veremos en detalle más adelante, Philippe Lejeune extiende más el campo de estudio del diario íntimo haciéndolo salir de los encuadres restrictivos de la literatura para postular que es una práctica social y militante, en una aproximación más abierta, diremos, con un término a la moda al menos: interdisciplinaria.
Si en los primeros tiempos de la toma de conciencia del diario íntimo en tanto que género potencial —su esplendor entre los escritores del S XIX— se pudo constatar que era un lugar privilegiado para confesar la melancolía, es necesario saber que esta propensión hacia la meditación y el cuestionamiento del mundo y del ser es una constante en la temática del diario íntimo. Ella tomará otras denominaciones a medida que se avance en el siglo de la velocidad.
1.2.2. La forma del diario // La poética
Más allá de su auge en el S XIX que lo erige a rango de género, el diario íntimo es difícil de circunscribir de manera rigurosa. Sus rasgos distintivos —que se detallan más abajo— no alcanzan a describir unas normas o las condiciones necesarias y suficientes que podrían fijarlo. Dos razones principales concurren en esta indeterminación del diario como forma de escritura. Primeramente, el diario en tanto expresión de un yo tiene tantos rostros como existen diaristas, —“el género mismo del diario [...[ se descompone en tantas variedades como redactores hay”13.
La segunda razón resulta de un fascinante debate entre Georges Poulet y Jean Rousset a propósito de la tesis de Alain Girard. En la medida en que vuelve hacia la interioridad humana e intenta sorprenderla “el Diario íntimo será, en esa persecución, no un género, una forma, sino la ausencia de forma que es nuestro fondo, nuestra profundidad interior”14. O, precisamente, “este carácter informe (esta “informidad”) será por excelencia una obra literaria. Porque esta falta de forma profunda es la de nuestro espíritu”; y entonces “hay una forma de la falta de forma (de la “informidad”), esto es precisamente la que el Diario íntimo nos enseña”15. En nuestra opinión, esta cuestión revela la verdadera aporía del diario íntimo: su forma y su contenido son indisociables y no se pueden discutir separadamente. Es muy útil precisar ahora hasta qué punto la forma del diario está determinada por los “hábitos, manías, juegos...” del autor y cuánto la materia de la anotación le debe al hecho de ser encerrada en una página de diario. Al fin de cuentas, es verdad que el diario íntimo tiene la forma del informe psicológico porque él “pertenece al sujeto mismo, a la persona que escribe, hace cuerpo con ella, y no puede ser separado, no tiene nada de juego o de obra de arte”16.

Es necesario en el presente cumplir la promesa y cumplirla en lo más simple: aunque el diario sea un género desprovisto de coacciones formales y presto a recibir en sus páginas de todo un poco, se caracteriza por algunos elementos de base que son recordados en el inicio de todos los tratados que lo toman por objeto.


Como su nombre lo indica, el diario íntimo está hecho de anotaciones diarias que se presentan cronológicamente. Esta regla de lo cotidiano no puede ser tomada muy estrictamente visto que revela la imposibilidad física y lógica de cumplirse constantemente. Esto para decir que el diario comporta cortes, períodos más o menos largos de silencio. El hecho de marcar puntualmente la fecha precisa de la nota autentifica la escritura como transposición de una realidad vivida que pertenece en primer lugar a una persona que accidentalmente puede también ser escritor. De lo que resulta que no hay configuración de tiempo en el diario —“el tiempo que marca es el tiempo de la realidad, pesado, sin redención”— y todavía menos estructura narrativa —“a medida que la intimidad se profundiza, el hecho se reduce, hasta el momento en que ya no se pueden encontrar más elementos de la estructura del relato”17.
La ausencia de construcción, de toda estructura del diario va a la par con su forma discontinua, primer elemento característico constatado por el lector. “La fragmentación es la fatalidad del género”18. Nosotros ya hemos hablado de una cierta falta de forma (informidad), volveremos largamente sobre la cuestión de la escritura fragmentaria y abierta que profesa el diario.
Los discursos pertenecen al “yo” del autor y nada más que a él. El diario íntimo es, por excelencia, sin falta y sin excepción, la escritura de la primera persona del singular. “Por este ‘yo’ soberano, el diario adquiere asimismo una unidad que no tiene el yo del cual él es, sin embargo, el soporte y el inventor. Por más diversa que sea las realidad que el “yo” recubra, la palabra es siempre la misma, dotando a la individualidad del autor de una apariencia de unidad, tranquilizadora quizá, en todo caso, capaz de dotar al entorno de las otras palabras de un sentido...”19
En cuanto a las nociones de íntimo y privado que tanto han hecho glosar a los críticos, es necesario, en nuestra opinión, aceptar la idea de que, independientemente de lo que relata el diarista —cosas y hechos exteriores o incluso sensaciones e ideas todas interiores—, el filtro de su subjetividad se interpone entre la realidad y su anotación. Lo que cuenta en más alto grado es la “refracción en su conciencia” de todo lo que es para él perceptible. Ciertamente, una inclinación hacia la introversión es constatable en una abrumadora mayoría de diaristas, lo que no prohibe en absoluto a las naturalezas extrovertidas de tener uno que no resultará por esto un “diario externo”. De otro modo no se verá bien la diferencia entre un diario externo y una crónica o registro del día. La tentación, entonces es convenir con Béatrice Didier que “la palabra ‘íntimo’ casi no ha sido conservada más que para descartar todo equívoco con el periodismo, pero carga una connotación un poco desusada y un romanticismo lavado, que corresponde a un aspecto del diario, pero a un aspecto solamente”20. Se continuará hablando de diario íntimo por convención, sabiendo que la expresión puede cubrir una larga paleta de asuntos desde los íntimos a los públicos.
Otra característica, paradigmática por lo que parece, del diario íntimo es su capacidad de examinarse, como si el texto, a instancias de su autor que escruta su yo para transcribirlo, le hubiera prestado esta manera de auto-reflexión. “Parto de la hipótesis de que el diario íntimo se escribe y se lee de otro modo que cualquier otro texto y que provee una primera llave de lectura por la abundancia de sus enunciados reflexivos, esto será incluso un primer rasgo genérico: el diario es un texto que habla de sí mismo, se mira y se cuestiona, se constituye frecuentemente como diario de diario”21.
Al fin de cuentas es necesario retener que todo diario presenta una configuración que le es íntima y que las tentativas de describir una poética de este joven género, por necesarias y loables que sean, deben tener en cuenta el más alto grado.
1.2.3. Las reglas de juego. Función del diario // la poética (continuación)
Una primera cuestión que se plantea con urgencia es la de saber por qué se escriben diarios íntimos, qué es lo que los desencadena. Como se dice comúnmente “que los géneros felices no tienen historia”, se puede afirmar que no hay diario que no sea salido de una crisis, de un momento de ruptura en el largo río tranquilo de la vida. La demostración no es fácil pero se intentará. El yo es relacional, no puede definirse de otra manera, el diario íntimo es la escritura del yo. Por consecuencia, el diario se define por la relación entre el yo y el mundo, o esta relación que cada uno aprende a administrar a su manera en la necesidad de decirse, de escribirse, de transcribirse si no hay un conflicto en la base — “Normal conditions do not produce the journal intime; nor does success.”22—. Principalmente, el diario íntimo es una necesidad absoluta, el medio de liberar a la persona.
Es necesario, sin embargo, escapar a la determinación negativa —muy expandida por el modelo del humor de Amiel— del diario íntimo en tanto que exutorio (derivativo), porque la enfermedad del poder creador puede ir hacia la ausencia de obra. Haciendo uso del muy buen sentido Jones propone la solución siguiente: “If we substitute the idea of obstruction for that of affliction, we acquire a category which will cover the cases considered without being limited to their specific pathological reference”23 Pero incluso ese término de obstrucción no es suficiente para circunscribir la variedad de inadecuaciones entre el yo diarista y los otros.
Frecuentemente es mejor atenerse a lo más general. En este sentido Béatrice Didier propone como motivación de la empresa diarista, simplemente “la necesidad de escribir”. Nosotros diríamos que esta necesidad puede particularizarse según provenga de una situación específica (de crisis) de historia personal o del orden psicológico, o bien provenga de un hábito profesional para los escritores o aun del puro placer de escribir.
Se tratará ahora de descubrir, en la inmensa variedad de sinónimos que cada crítico hace el esfuerzo de dar, las funciones del diario íntimo según un esquema que sea suficientemente explícito.


Funciones no literarias

Funciones literarias

Terapia

Memoria

Reflexión

Ejercicio

Archivo

confidente

personal

sobre sí

de estilo

asuntos y motivos

refugio matricial

familiar

filosófica

croquis

anécdotas

descarga

Del entorno profesional

religiosa






En primer lugar, están las funciones no literarias, por así decir psicológicas, que se aplican a todo diario, poco importa si está escrito por un profesional o no. Salta a la vista la función terapéutica de la escritura íntima. El sólo hecho de expresarse por la escritura parece consolar al diarista fijando el desconcierto, lo que permite un cierto desapego. Philippe Lejeune insiste sobre la connotación negativa del término terapia que induce a creer que el diario sería una práctica enfermiza (idea frecuente, es cierto) y propone llamar a esta función “higiene espiritual” porque “el diario es una práctica cotidiana que ayuda a vivir, como la pira, la plegaria o la gimnasia”24. Según los autores el diario es un amigo, confidente, consolador, consejero, curandero, en todo caso interlocutor. “In all the cases we have mentioned, the Journal has become a confidant, sometimes a comforter and a consolation. This is a sentimental role, but its obscure raison d'être is remedial. [...] The keeping of an intimate diary can become a kind of catharsis.”25. Es también un refugio donde el diarista está confinado por circunstancias poco complacientes y, en este sentido, Béatrice Didier hace jugar toda una serie de metáforas del seno materno. Sea como sea, el diario termina por ser el receptáculo de todo lo que porta dificultad, dolor, mal de ser para el diarista y en este sentido deviene una descarga que libera y tranquiliza. El otro aspecto que responde a esta carga negativa del diario íntimo, bajo cierto ángulo, es el hecho de reunir todo lo que en una vida merece ser consignado para la personalidad.


Llegamos entonces a la función mnemónica. El diario es, en gran medida, un ayuda memoria, una preciosa herramienta contra el olvido. Llega a ser una funda forzada a contener la diversidad inimaginable de trazos de una vida. En este sentido, hemos precisado en el cuadro, que se puede tratar de anotaciones que van desde aspectos más personales que es necesario guardar en la memoria o incluso de momentos significativos de la historia familiar. Yendo todavía más hacia fuera, el diario llega a consignar los hechos relevantes para el desarrollo socio-profesional del diarista y una forma particularmente desarrollada de esta función se encuentra en los diarios literarios tipo el de Goncourt o el de Léautaud.
Finalmente, el diario es el lugar privilegiado de la meditación y de su expresión. En la tregua de la redacción del diario, el diarista enumera cuestiones que van desde las más íntimas a las más generalmente humanas, cubriendo las inquietudes existenciales que llegan hasta la reflexión filosófica, muchas veces sin caer en la cuenta de la amplitud de la problemática formulada. Algunos hablan en el diario de “examen de conciencia”, expresión que quizá sería necesario ampliar y ver el recorrido que lleva a la conciencia de si. A lo largo de este trayecto, inevitablemente, la mirada interior conduce las problemáticas más generales y amplía el horizonte porque “la observación interior es, en definitiva, el principio activo”26.

Además, sin necesariamente particularizarse como diario espiritual, los diarios plantean suficientemente el problema de la relación con la trascendencia. Por una parte confesor de las inquietudes más íntimas, por otra, solución de reemplazo para una ocasión perdida o jamás encontrada pero experimentada como posible y/o necesaria el diario íntimo no deja de interpelar la trascendencia.


En segundo lugar, están las funciones literarias o estéticas, las más frecuentes en los diarios de escritores, pero también, por qué no, en los diarios de artistas. Se trata aquí de lo que frecuentemente se llama, en términos generales, laboratorio de la obra. El diario es el lugar para ejercitar el estilo, especie de disciplina y de entrenamiento en los momentos de baja creatividad. “La escritura cotidiana es un ejercicio propedéutico: como las escalas del pianista preserva la ‘digitación literaria’, prepara el oficio del escritor”27. Razón para hablar negativamente de ella, como un remedio al paso ante la imposibilidad de producir otro tipo de textos.
Si del lado formal se puede hablar de croquis en las notas del diario, desde el punto de vista del contenido se puede hablar de “depósito de ideas, de proyectos; de temas que serán utilizados posteriormente”28. Los elementos reunidos pueden estar además ya formateados para una escritura por venir que los transforme o bien ser del orden de la notación cruda o de la anécdota verdadera que podrá ser posteriormente objeto de una ficcionalización. Por otra parte, con esta colección de asuntos prestos a ser desarrollados regresa la idea de registro para memoria y esta vez en el orden de la preocupación profesional al punto que se puede hablar de archivo. De este modo se cierra el círculo, a pesar de que no todo ha sido dicho, ni tampoco podría serlo.
Alain Girard prefiere una conclusión sintética a su capítulo sobre las funciones del diario íntimo subrayando que, en el fondo, todas ellas se resumen en una sola que responde a la necesidad del individuo “amenazado en sus cimientos más profundos”, y especialmente que el diario “es la creación de sí por sí”29.



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