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Estanflación y liberalización del sistema mundial



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Estanflación y liberalización del sistema mundial


Entre fines de los años 60´ y comienzos de los 70´ se desarrolló en el sistema mundial y en forma conjunta un estancamiento de la economía, acompañado de la aceleración de los precios, especialmente del petróleo y los alimentos. Apareció así el término de la estanflación en el marco de una crisis del capitalismo cuyo epicentro se concentró en la disminución de la tasa de ganancia de los capitales más concentrados. La respuesta del poder económico, fue entonces, el aumento inusitado de la tasa de interés, que ya en los años 80´ y bajo la administración Reagan alcanzaron al 20%. Se agudizó así el costo financiero de los países endeudados en los 70´ y con ello la crisis de la deuda que se continúa procesando a comienzos del Siglo XXI.
Recordemos que el endeudamiento fue el mecanismo utilizado para la circulación de capitales excedentes en el capitalismo desarrollado que alimentó la crisis de endeudamiento del Sur del mundo desde los 80´ hasta nuestros días. Fue una liquidez colocada en los mercados financieros y especulativos, alentando la movilidad de capitales internacionales y que alimentó guerras como la que protagonizaron entre sí, Irak e Irán, desangrando a sus pueblos y transfiriendo la renta petrolera vía compras de armamentos y pertrechos militares a los principales proveedores de la militarización global, entre ellos EEUU. El gasto militar de las dictaduras en el cono sur, como los enfrentamientos que se potenciaron entre países vecinos (Chile y Argentina p.e.) o la guerra por Malvinas que protagonizó Argentina contra Gran Bretaña en complicidad con EEUU. Son todas partes de una misma estrategia de recuperación de la acumulación capitalista.
La guerra y el costo del dinero se acoplaron a la fuerte ofensiva del capital sobre el trabajo en escala global, instalando por doquier y hasta nuestros días la flexibilidad laboral; las reformas regresivas del Estado y la liberalización de la economía mundial, claro que acompañado del proteccionismo en los países imperialistas. El mito liberalizador se propagaba junto al mayor proteccionismo de las potencias del capitalismo central.
La inflación a escala mundial parece estar de vuelta con el encarecimiento del petróleo y los alimentos. Se repite la historia también con la desaceleración de la economía estadounidense, cuyo impacto se espera se extienda al conjunto del sistema mundial. Las proyecciones de crecimiento mundial son débiles según los distintos pronósticos de los organismos internacionales y la inflación.

Según The Economist (vol.387, nº 8581 del 24/05/08) el crecimiento será de dos dígitos promediando la primavera del sur o el otoño del norte. Según la revista, Argentina con su 23% de “inflación real” en 2007 y Venezuela con el 29% lideran las posiciones de una tendencia que muestra a China con un registro cercano al 9%, desde valores levemente superiores al 2% en los últimos tiempos. Es un guarismo similar para otros países asiáticos. Según la misma fuente, Rusia alcanza al 14% con proyección ascendente.


No resulta sorprendente ese crecimiento de los precios, especialmente si se piensa en un paradigma productivo sostenido en el petróleo, el cual parece haber alcanzado el pico de las reservas históricas, según un reciente estudio2, situación que estimula el alza del precio sin techo imaginable, más allá de las alzas y bajas en la coyuntura. Adicionemos a ello el incremento de los precios de los alimentos, motivado en una mayor demanda motorizada por China y la India, donde habita el 36% de la población mundial. Es cierto que las commodities elevan sus precios por inversiones especulativas, que incluye la compensación por las debilidades del dólar y que cualquier modificación que actúe en el fortalecimiento de la moneda estadounidense afecta a la baja de los precios, pero sin obviar las tendencias estructurales que explican la aceleración de precios de la energía, los metales y los alimentos.
China viene creciendo al 10% acumulativo por 30 años y con ello ha favorecido la expansión capitalista en su territorio y facilitado la inversión productiva con fuerza de trabajo barata para capitales ávidos de superar la crisis de rentabilidad presentada en los años 70´. El capital resuelve su crisis en este tiempo con una ofensiva contra el trabajo vivo existente, al tiempo que genera millones de nuevos puestos de trabajo en Asia en condiciones inmejorables por el bajo precio de reposición de la fuerza laboral y el carácter subordinado del mismo a las necesidades de los inversores capitalistas. Son las condiciones ideales para restablecer rentabilidad del capital afectada y reproducir las condiciones mundiales para la generación y apropiación de plusvalor, posibilitando transferir ese nivel del costo de producción como standard mundial de remuneración del trabajo.
Es un hecho que China bajó su pobreza del 80% en 1980 al 20% en 2006 (The Economist, vol. nº 387) y se manifiesta como mayor demanda de alimentos en el mercado mundial. El aumento del precio del petróleo y de los alimentos se complementan para estimular la espiral creciente de los precios de mercado que dan sustento a la inflación mundial. Ambos fenómenos disparan a su vez mecanismos especulativos, con apuestas a los mercados a futuro, que verifican con su accionar en tendencias recurrentes al alza de los precios, tal como ocurre, especialmente desde comienzos de 2007. Además, el escaso petróleo induce la generación de energía con granos, profundizando la espiral inflacionaria.
Se trata de una situación explosiva, ya que la apuesta del capital transnacional y los estados de los países capitalistas desarrollados pretenden recrear las condiciones para potenciar la salida liberalizadora ya utilizada en los 70´. Es lo que se intenta para superar la crisis financiera en EEUU y es la lectura sobre cualquier cónclave internacional, tal el caso de la reunión de la FAO en Roma a comienzos de Junio del 2008. La declaración final fue obstaculizada por la Argentina, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela que objetaron la mención crítica a las restricciones a las exportaciones enunciadas en el borrador preparado por los anfitriones y con el beneplácito del capitalismo desarrollado. En la capital italiana quedó puesto de manifiesto que los sectores dominantes del sistema mundial no reducirán su proteccionismo, al mismo tiempo que alientan el aperturismo del resto de los países. Es manifiesto el interés del capital transnacional para hacer jugar a los Estados de sus países de origen en función del interés liberalizador que empujan como salida a la crisis de los 70´ y muy especialmente luego de la ruptura de la bipolaridad en torno de 1990.
Grave sería que se repitiera la historia de “solución” a la crisis de estanflación anterior, ya que ello supone la profundización del militarismo y la agresión expansionista de las principales potencias del capitalismo, agudizando las asimetrías que se verifican en las últimas décadas entre las ostensibles riquezas de unos pocos y la miserabilización de la mayoría de la población mundial. La pérdida de soberanía alimentaria avanza a partir de la equiparación en 2008, por primera vez en la historia de la humanidad, de la población urbana y rural. Es un proceso que alcanza a los propios países productores de alimentos tal como crudamente lo expresa la Argentina que con la explosión de la soja transgénica desde mediados de los 90´ avanza hacia un país monoproductor de bienes agrícolas o agroindustriales con destino al mercado mundial. Es imperioso alertar sobre la previsible reiteración de políticas afines a las construidas en los 80´ y 90´, décadas perdidas para América Latina en la calificación que hiciera la CEPAL, especialmente para el primer decenio y la mitad del segundo.
Es cierto que junto a la crisis y la estanflación como amenaza, existe la expectativa esperanzada en procesos de cambios profundos, especialmente en la región latinoamericana y caribeña. Es un proceso que requiere ser estimulado con rupturas del modelo de producción dominante en el sistema mundial. Hoy más que nunca se requiere de modificaciones sustanciales que aseguren soberanía alimentaria y de los recursos naturales explotados en forma creciente por las transnacionales. Es imperiosa la búsqueda de un nuevo orden mundial, lo que supone voluntades políticas nacionales para avanzar en cambios en sus respectivos países, al tiempo que articulen estrategias compartidas para la sustitución del modelo productivo actual. En nuestra región es una opción reconocida en muy pocos países que anuncian rumbos anticapitalistas e incluso por el socialismo y que intentan nuevas formas de integración como en el caso de la Alternativa Bolivariana para las Américas, el ALBA.

Especificidad financiera de la crisis e hipótesis en la coyuntura

Desde la crisis de la deuda en 1982 se han sucedido multiplicidad de situaciones críticas en distintos países, pasando por los problemas bursátiles en EEUU en 1987, o las más recientes en la década del 90´ en México (94), Asia (97), Rusia (98), Brasil (99) y Argentina (01). En cada ocasión se manifestaron casos emblemáticos que anticipaban la crítica situación de las instituciones que se fueron creando para la circulación del capital en los últimos años.


Entre los casos de mayor trascendencia y visibilidad mundial aparece la quiebra en 1998 del “Hedge Fund” Long Term Capital Managment (LTCM), en cuya administración (el board de dirección) figuraban personalidades de la corriente principal, como Robert C. Merton y Myron S. Scholes, quienes compartieron en 1997 el premio Nobel de economía por sus aportes en los métodos de valuación de los derivados financieros. Se trataba de una teoría relativa a inversiones sobre inversiones en condiciones “normales”, que la devaluación rusa de 1998 puso en crisis y afectó a inversiones por 4.500 millones de dólares y la rápida intervención del sistema financiero en EEUU encabezado por la Reserva Federal de Nueva York. Una de las lecturas inmediatas que se hizo de aquella manifestación de crisis fue la necesidad de regulación de mercados financieros que empezaban a descontrolarse.
El diagnóstico señalaba a un conjunto de excepciones descontroladas, pero en la seguridad de la alquimia financiera de los derivados y otros institutos financieros para darle sustentabilidad a la euforia en ascenso de un mercado mundial de capitales. En el mismo sentido puede pensarse en la crisis de Enron, que desde su origen en la electricidad y su diversificación que incluía seguros financieros, explotó como fraude contable para ocultar grandes ganancias de sus promotores en el marco de la crisis derivada del 11S y el impacto de una crisis financiera que explicitaba la emergencia de la situación de Argentina con su cesación de pagos, la mayor de la historia contemporánea.
Es que entre los 80´ y los 90´ se dieron las condiciones para la estimulación de la “burbuja especulativa” bajo la conducción de la Reserva Federal de EEUU (FED) por Alan Greenspan entre 1987 y 2006, quién en 1997 calificó de “exuberancia irracional de los mercados” aludiendo a la vulnerabilidad del mercado mundial de capitales. Los años de Greenspan son de avance de la desregulación financiera, cuyos antecedentes provienen de las directivas de Paul Volcker, titular de la FED entre 1979 y 1987. Directivas que indujeron el alza de las tasas de interés que llevaría al extremo la hipoteca de los países endeudados, principalmente en América Latina (Argentina, Brasil y México). Si bien el neoliberalismo se ensaya bajo el comando del terrorismo de Estado en las dictaduras del Cono Sur de América, es con Ronald Reagan que adquiere carta de ciudadanía como ideología y práctica política de los gobiernos más poderosos del capitalismo mundial. El momento de Reagan es también el de Volcker como tránsito hacia la veintena de años de irracional liberalización que ahora está explotando en la cabeza del orden capitalista.
La liberalización de la economía, especialmente en las finanzas de EEUU favoreció la emergencia de un conjunto de instrumentos para disminuir el riesgo de inversión, entre los que se encuentra la división de Bancos comerciales y de inversión. En estos días, la crisis afectó a los principales bancos de inversión, con la quiebra de Lehman Brothers; la absorción de Merrill Lynch por un Banco comercial (Bank of America) y la transformación en comercial de los dos mayores: Morgan Stanley y Goldman Sachs. De este último surgió Henry Paulson, cuya presidencia ocupó hasta mayo del 2006 y actualmente es el Secretario del Tesoro de EEUU y mentor del salvataje a los bancos problemáticos, entre ellos Goldman Sachs. Entre esos instrumentos apareció un complejo entramado de opciones de inversión contra seguros cruzados que hacían aparecer como imposible la caída de un sólido sistema que enfrentaba la lógica del valor, que finalmente se impone con la destrucción de parte del capital ficticio construido a partir de la valorización dineraria del capital.
En el comienzo están los créditos hipotecarios y luego los títulos asentados en paquetes crediticios sustentados en los pagos de los acreedores hipotecarios, que en su desarrollo inducen el crecimiento del precio de las tierras y el metro cuadrado de construcción, valorizando propiedades y alentando un proceso ascendente de tasas de interés que afectó en el mediano plazo a los tomadores de préstamos. El castillo de naipes construido en el negocio inmobiliario y financiero de créditos hipotecarios se derrumba ante las variaciones en el valor de los inmuebles y la imposibilidad de atender el elevado costo de las hipotecas, situación que involucra como dijimos a más de 5 millones de personas. Crece la desconfianza y con la caída de las hipotecas se derrumban los títulos y seguros cruzados montados por la arquitectura generada por la liberalización de estos años. Se verifica así la necesaria destrucción de capital para estabilizar un nuevo ciclo de acumulación y valorización para sustentar la apropiación de ganancias, a la sazón, el objeto final del capital.
La crisis está en pleno desarrollo desde su explosión en agosto del 2007 y a más de un año no termina de hacer explícita las consecuencias en su totalidad. Es aún temprano para cualquier vaticinio y mucho menos para anticipar el fin del capitalismo o de la hegemonía estadounidense. Claro que en la crisis del 30´ EEUU emergía como potencia en expansión, imponiendo el dólar como patrón de cambio al finalizar la segunda guerra y a Washington como sede de la nueva institucionalidad de la arquitectura del poder económico y financiero del mundo, estableciendo la dominación en el FMI y el Banco Mundial. No hay dudas del papel ordenador que jugaron los organismos financieros internacionales en este tiempo bajo la batuta de EEUU.
El interrogante es cuanta capacidad de liderazgo le queda a EEUU en esta crisis y más allá, en un mundo cuya tendencia a la globalización se acrecienta como nunca antes. Más aún, resulta imprescindible interrogarse sobre la emergencia de una nueva hegemonía capitalista, y con cierta audacia la reflexión ya sugerida que nos remite a una perspectiva anticapitalista y por el socialismo.

Es una posibilidad que solo puede demostrar la práctica emancipadora de la lucha promovida por las clases subalternas. Nuestra reflexión pretende convocar a la imaginación, como siempre, de un final abierto.



IV- PROPUESTAS Y CONCLUSIONES





  • Enfoque de sistema mundial. En el marco de la ofensiva del capital, instrumentada desde la crisis de los años 70´; la reestructuración del orden capitalista mundial supone la extensión de las relaciones capitalistas. Por lo tanto la mirada para analizar la crisis tiene que ser sistémica. No puede analizarse la situación de EEUU desde un enfoque de Economía Nacional. Es necesaria una mirada que interrelacione el accionar conjunto y contradictorio de las corporaciones transnacionales, de los Estados nacionales y de la superestructura mundial que intentan conformar los organismos multilaterales (FMI, BM, OMC). Este conjunto define un sujeto de acción global para organizar el sistema mundial en beneficio de los intereses del capital más concentrado y en confrontación con las clases subalternas, las que intentan esbozar caminos de acción compartidos. Nuestra propuesta apunta a que las clases subalternas necesitan compartir el diagnóstico de la crisis para actuar en conjunto en la definición de un rumbo anticapitalista.




  • Constituir sujeto para el cambio. Las políticas hegemónicas aplicadas para superar la crisis de mediados de los 70´, que definimos como crisis de rentabilidad, supuso la destrucción de sujetos que en su accionar habían establecido límites a la apropiación de plusvalía. Esa fue la razón para la aplicación de políticas sustentadas desde el terrorismo de Estado, como ensayo en el Cono Sur de América Latina y que luego fueron asumidas desde el centro del imperialismo: Gran Bretaña y EEUU. En ese origen terrorista deben buscarse las explicaciones para la ofensiva del capital sobre el trabajo en su generalización global, tanto en el ámbito de la producción, como de la circulación. La tendencia al desarrollo de instrumentos financieros complejos operados en los últimos años tenían el fin último de la reestructuración de la relación entre el capital y el trabajo, en una lucha de clases que incluye el terrorismo de Estado a escala global, puesto de manifiesto en la tendencia a la militarización para sostener el funcionamiento del capitalismo.

La tesis conclusiva es que las políticas de liberalización necesitaron en origen del terrorismo y que ahora se sostienen apelando al armamentismo, la agresión militar y la invasión directa, malgastando trabajo social con fines improductivo para asegurar la dominación capitalista. Por ello es que la propuesta apunta a constituir un sujeto con capacidad de actuar en el ámbito mundial para hacer posible la construcción de alternativa. El otro mundo posible.




  • La lucha por los significados de la intervención pública. La profundidad de la crisis financiera y económica actual afecta al propio régimen político en EEUU, especialmente en tiempo de renovación presidencial. Es una crisis que incide en el orden económico y político global que anima a las clases en el poder a recrear las condiciones para hacer avanzar la ofensiva del capital bajo nuevas condiciones. La batalla cultural es clave, especialmente en tiempos de revolución satelital y presencia de los medios de comunicación en la construcción simbólica del imaginario social. La conclusión es que la crisis es asumida como una excusa para lograr una mayor concentración y centralización del capital, orientado por el papel del Estado capitalista para favorecer la institucionalidad capitalista en el sistema financiero y en el mercado de capitales. Se cae así el mito de la libertad de mercado, pero también la ilusión progresista de la participación del Estado en la Economía.

Ni el Estado es ausente, ni tampoco es progresista. El Estado capitalista define su participación o no, como productor directo, regulador de los negocios, o con carácter subsidiario, en función de las necesidades del capital privado. El rumbo por el capitalismo es asumido por el Estado antes de la crisis del 30´, en su resolución con paradigma keynesiano, y ahora, a pesar del discurso neoliberal sostenido por la corriente principal. La propuesta a sustentar es la necesidad de una gran batalla ideológica cultural para deslegitimar el discurso de la dominación y contribuir a reinstalar el pensamiento crítico en la tradición de Carlos Marx, quién hace 150 años contribuyó a desentrañar el mecanismo de la explotación. Es una tarea a asumir desde la crítica de la Economía Política.




  • Definir el rumbo de construcción social. La crisis puede durar mucho tiempo y de hecho, la reestructuración capitalista en curso es producto de la crisis de los 70´. El capitalismo puede sobrevivir a la crisis y en crisis. El problema es la posibilidad del anticapitalismo, del socialismo como alternativa de construcción de la civilización en nuestro tiempo. No alcanza con el diagnóstico sempiterno de crisis capitalista. Es necesario recrear la posibilidad del socialismo en el imaginario de lucha de las clases subalternas. No se trata de definir a priori la sociedad a construir, sino de estimular la lucha por su materialización. Por eso es importante el rumbo, ya que ante la generalización de la crisis, los países de todo el mundo, pero específicamente los de América Latina y el Caribe necesitan alejarse de los focos de contagio que supone el recetario promovido por los centros del poder. El programa de la apertura y la liberalización es la carta asumida por las Corporaciones Transnacionales, los Estados capitalistas desarrollados y los Organismos multilaterales.

Nuestra propuesta apunta a generar las condiciones para que los gobiernos en la región asuman un programa de fortalecimiento de las políticas nacionales para profundas transformaciones progresistas de las relaciones sociales, que alejen a nuestros países del orden en crisis y potencien articulaciones y convergencias macroeconómicas que pongan el acento en satisfacer necesidades de los pueblos: alimentación, salud, educación, producción integrada en otro modo de producir, distribuir y consumir. Se trata de profundizar en el camino que se esboza con la integración en el ALBA, la estrategia comunicacional compartida en Telesur, ó la propuesta de integración petrolera en Petroamérica, la construcción del Banco de Sur, ó la eliminación del dólar en los intercambios comerciales entre Brasil y Argentina, por mencionar algunos de los más destacados emprendimientos.



Nuestra conclusión es que no alcanza con criticar las políticas hegemónicas aplicadas en las décadas perdidas. Lo importante es poder asumir otro rumbo para la construcción social. El socialismo es un proyecto a construir, que requiere ser formulado como propósito de las sociedades para su materialización. El socialismo no es punto de llegada, sino proceso permanente de construcción de la vida cotidiana.

En síntesis:


  • La crisis tiene su historia en la reestructuración de las relaciones sociales capitalistas para enfrentar la caída de la tasa de ganancia producto de la ofensiva de los trabajadores y la perspectiva socialista construida en el imaginario popular mundial hacia los años 60´ y 70´. La respuesta del capitalismo se ensayó con terror de Estado en el Cono Sur de América y se instaló en los 80´ en el capitalismo desarrollado para generalizarse a la caída del socialismo en el Este de Europa. En la coyuntura, el capitalismo requiere del Estado terrorista para asegurar la continuidad del sistema de explotación del capital. Por eso el salvataje estatal de la crisis financiera se presenta como el mal menor, en un virtual chantaje a la sociedad en EEUU y en el mundo.




  • El proceso de salvataje de la Administración Bush hace caer dos “mitos” que obstaculizan procesos alternativos. Uno remite a la libertad de mercado y que todo lo resuelve la mano invisible del mercado. El otro es aquel que le adjudica al Estado y su intervención un carácter progresivo. El primero de los mitos se fundamenta en la tradición fisiocrática, clásica y neoclásica de la Economía política. El segundo en la concepción estatalista del socialismo construida en la experiencia del socialismo real. Existe una necesidad de recrear la crítica del pensamiento y de la práctica social y política para hacer efectivo en este siglo XXI el proyecto emancipador.




  • No existe posibilidad de retornos al capitalismo reformista del Estado Benefactor por ausencia de una construcción alternativa y anticapitalista que condicione el devenir del régimen del capital. La expectativa, en todo caso, pasa por las posibilidades de cambios radicales en los procesos en curso en América Latina y el Caribe, en tanto no se agoten en una crítica discursiva a las políticas hegemónicas de las últimas décadas. Como se formula en el FSM: otro mundo es posible si por ello se lucha.



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