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LA ARGENTINA FRENTE A LA CRISIS MUNDIAL



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LA ARGENTINA FRENTE A LA CRISIS MUNDIAL
En nuestro país, es frecuente que se planteen dudas acerca del impacto que puede llegar a tener la crisis financiera desatada en los EE.UU. Crisis que hoy (en realidad desde la segunda mitad del año 2007) es también recesión económica, a pesar de los ingentes esfuerzos por evitarla que viene desplegando el gobierno de Bush.
Si la principal potencia capitalista entra en recesión, en medio de esta crisis financiera mundial, es imposible pensar que no impactará al resto del mundo, incluida la Argentina. EE.UU le viene comprando por una diferencia de alrededor de 800 mil millones de dólares anuales a otros países (es el déficit de su balanza comercial). Ha sido la ‘locomotora’ del capitalismo en las últimas dos décadas. Pero la recesión que se manifiesta cada vez más claramente, impactará en quienes colocan gran parte de sus exportaciones en ese mercado.

Ya están sucediendo los primeros efectos sobre el comercio mundial, con una fuerte caída de los precios de los productos primarios. También sobre la escasez y encarecimiento del crédito internacional. Y aunque la Argentina no muestre una exposición muy alta en sus ventas a los EE.UU, hay países que son compradores más importantes de nuestra producción que comienzan a tener inconvenientes serios. Caso Brasil y la Unión Europea.

Por otro lado, la República Popular China se verá muy afectada pues la mayor parte de sus exportaciones se dirigen a los EE.UU.


El impacto del contexto externo sobre la Argentina se sentirá primero a través del comercio. Bajan los precios de los productos que exportamos (en especial la soja), y por lo tanto bajará el valor de nuestras exportaciones. Ello afectará negativamente los ingresos del sector agropecuario, y los ingresos fiscales del Estado Nacional.

Las economías regionales verán reducida su actividad económica, por el efecto multiplicador negativo que tendrá la caída de esos ingresos en el complejo agroindustrial. Es probable que se agudice el ‘parate’ del consumo que ya se viene dando en los últimos meses, lo que producirá un agravamiento del freno del empleo (y el inicio de un período de ajuste de las empresas, que buscarán sobrevivir ‘alivianando’ sus estructuras, es decir echando gente).


La recesión y el grado de profundidad que presente, dependerá no sólo del impacto externo sino también de las medidas que se tomen a nivel gubernamental, aunque las señales de los últimos meses anticipan más ajustes.
Dado que el Estado nacional se encontrará con ingresos reducidos, en un contexto de mayores obligaciones por las amortizaciones de la deuda, es probable que acentúe su carácter concentrador, centralista y regresivo que pudo ocultar parcialmente en el período de bonanza, mientras tuvo el viento a favor del sector externo. Buscará no sólo mantener la apropiación de recursos que corresponden legítimamente a las provincias, sino que también llevará al mínimo las transferencias discrecionales que realizaba. Promoverá fuertes ajustes tarifarios y tributarios (indirectamente vía la mayor presión que harán las provincias y municipalidades por el ahogo a que son sometidas por el Estado central).
Pero el Estado, en su afán por contener el gasto público, no afectará a los receptores privilegiados del mismo (acreedores externos y grandes grupos empresarios) sino que descargará el peso sobre los más vulnerables: empleados públicos (el presupuesto 2009 no contiene aumentos salariales a pesar de la fuerte inflación) y jubilados (impactados por la criminal ley que acaban de aprobar en el Congreso Nacional, denominada paradójicamente ‘de movilidad previsional’).
Desde el punto de vista financiero, es posible que se agrave la dificultad del Estado para cumplir con los compromisos de la deuda, y que busque mayor financiamiento interno y externo, en un escenario de elevadas tasas de interés. Estas últimas jugarán como factor contractivo complementario, que disminuirá el consumo y las inversiones. Lo que alimentará el círculo vicioso de la recesión y el desempleo.
En este contexto de grandes incertidumbres, donde las decisiones políticas pueden llegar a jugar un rol importante, es prácticamente imposible prever qué puede pasar con el tipo de cambio en la Argentina, pero es de esperar que suba en forma sostenida en el futuro. Tampoco puede afirmarse que los depósitos en el sistema financiera están seguros y no sufrirán algún ‘embate’ si la situación se agrava en forma inesperada. Pero son factores que están sujetos a los coletazos del huracán externo y a las decisiones de política interna.
Creo que la crisis mundial y sus efectos en la Argentina recién están comenzando a manifestarse. Pero el impacto llegará a todos los lugares y a todas las personas. Aunque no todas sufrirán sus consecuencias de la misma manera. A nivel país o región, estará mejor preparados quienes presenten una economía más diversificada y menos dependiente del exterior (no es el caso nuestro). A nivel individual, habrá que ser muy cautos en el consumo, y buscar unirse para reclamar a nuestros gobernantes la adopción de políticas progresivas.

Luis Lafferriere - 5/10/2008





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