Poblacion I: teoria de la poblacion


TEMA 3. La Teoría de la Transición Demográfica. La Segunda Transición Demográfica. La revolución reproductiva



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TEMA 3. La Teoría de la Transición Demográfica. La Segunda Transición Demográfica. La revolución reproductiva


LA TEORIA DE LA TRANSICION DEMOGRAFICA Y LA EXPERIENCIA HISTORICA

Sobre la transición demográfica se ha escrito y se sigue escribiendo. La justificación de esta enorme dedicación a escribir sobre ella no falta. Primero, según Joaquín Arango la transición demográfica es el cuerpo teórico más importante en demografía, que explica los fenómenos más trascendentales del mundo contemporáneo, y de vital importancia para la predicción de la revolución demográfica.

La segunda razón para volver a tratar de la teoría de la transacción es corporativa: la demografía no tiene muchas teorías, por lo tanto, es lógico cuidar las pocas que se tiene. Sin embargo, se debe resaltar que esta anemia teórica no implica necesariamente debilidad disciplinar. El apego de los demógrafos a la observación, medición y verificación debe ser debidamente valorado. Es en este sentido en el que Marion Levy, antropólogo, afirma que “Solo dos o tres entre las ciencias sociales han mostrado importantes progresos como ciencias en las últimas décadas. Se trata de la Lingüística, la economía y la demografía”

A pesar de estas alabanzas a la demografía, desgraciadamente, el corpus teórico de la demografía no solo es escaso y deficientemente integrado, sino también epistemológicamente dudoso. Por ejemplo, respecto a la teoría de la transición demográfica no hay acuerdo para considerarla como una teoría en el estricto sentido, tal como es considerada una teoría por los cultivadores de las ciencias naturales, especialmente la física. Esto es así debido a la imprecisión y ausencia de formulaciones cuantitativas. Lo que se denomina TTD no es más que una descripción sintética de aparentes regularidades observadas en el pasado, que sugiere algunas relaciones entre la evolución de la población y el crecimiento económico; una tipología que permite clasificar a los países según el estadio en que se encuentren.

A pesar de todo esto, muchos han sido los estudios empíricos publicados en el último cuarto de siglo que han ampliado la base de sustentación de esta gran generalización. Por ejemplo, el llamado método “de reconstrucción de familias” o la “critica de la documentación histórica”. Desde otra perspectiva cabe ver a la teoría como un campo abierto que hay que cultivar entre todos y que es susceptible de creciente flexibilidad y precisión a medida que se ensancha y enriquece la angosta base empírica sobre la que nació.

Las fuentes más importantes de oscurecimiento de la aparente claridad y unicidad de la experiencia historia afectan casi a todos los órganos vitales de la teoría de la transición demográfica: entre otros la intensidad de la asociación entre desarrollo económico y cronologías de las tasas vitales; el supuesto monopolio causal de los factores económicos en la alteración de los niveles tradicionales de natalidad y mortalidad.



Natalidad y nupcialidad en las poblaciones europeas de la era preindustrial

Lo que sabemos hoy de las poblaciones preindustriales diverge considerablemente de la versión popularizada por la TTD. Las diferencias existentes en los niveles de natalidad de unas regiones o países a otros eran a veces muy considerables, hasta el 50 %. Buena parte de la explicación de este descenso del nivel de natalidad estriba en una variable que la TTD no prestaba atención: postergar la nupcialidad. No faltan quienes afirman que una de las raíces de la moderna superioridad económica de la Europa Occidental sobre el resto del mundo se encuentra en este cauto comportamiento matrimonial.

Por otra parte, las diferencias en la fecundidad de las mujeres casadas eran también considerables, y no deben ser obviadas como como una consecuencia del uso de anticonceptivos. La fecundad natural tiene que ver con el estado de la salud de las diversas comunidades, nutrición, esterilidad, hábitos de lactancia, tabúes sexuales, etc.

Las inciertas causas de los inicios de la transición

El descubrimiento de fuertes diferencias en los niveles preindustriales de natalidad otorga acrecentada credibilidad a la posibilidad de que el crecimiento de la población durante la fase de la transición no se debiera únicamente al descenso de la tasa de mortalidad, como la TTD supone, o incluso, únicamente, a la elevación de la tasa de natalidad. H.J.Habakkuk alegó que el impulso que el impulso demográfico iniciado en las décadas centrales del siglo se debió a un descenso de la edad a la se contraía matrimonio y una reducción del porcentaje de solteros, resultante de la prosperidad agrícola y el aumento de los salarios, derivados a su vez del progreso en la agricultura y por la entrada de cohortes poco numerosas debido a la alta mortalidad del siglo XVIII.

La defensa más vigorosa de la hipótesis de que el crecimiento demográfico del siglo XVIII y principios de XIX se debió al aumento de los nacimientos y no a la disminución de las defunciones está ligada a J.T. Krause. Según este autor, el crecimiento de la población inglesa debió ser a causa de factores que operaron sobre nupcialidad y natalidad, mientras que las defunciones no cayeron hasta después de las guerras napoleónicas.

Otros historiadores sostienen que el índice de nacimientos aumento en Inglaterra por motivos fundamentalmente económicos, en los primeros cuarenta años del siglo XVIII. Si este aumento de la población no se tradujo en crecimiento demográfico fue por la altísima mortalidad de esos años, atribuida al impacto de la viruela y a los excesos en el consumo de ginebra.

Hoy en día no cabe duda de que el crecimiento moderno de la población respondido al descenso de la mortalidad. Por lo tanto, la tarea más importante es analizar las causas de ese decisivo descenso de la mortalidad.

Desarrollo económico y descenso de la natalidad: algunas irregularidades.

Varios estudios resaltan la asociación entre industrialización y drástica reducción de los niveles tradicionales de natalidad. Pero la comparación de la cronología de estas dos cruciales evoluciones por países y regiones pone de manifiesto varias irregularidades que hacen dudar la intensidad de esta correlación.

En efecto, por un lado, no existe ningún país que haya experimentado durante un periodo de tiempo suficientemente largo un proceso de crecimiento moderno y no haya vista reducida su fecundidad normalmente a la mitad de la anterior; y no hay ningún país que haya experimentado una disminución de la fecundidad de este calibre sin conocer el desarrollo económico moderno. Sin en embargo, por otro lado, nos encontramos con la paradoja de que no fueron siempre los países más avanzados económicamente, como Inglaterra, los que registraron en primer lugar el descenso secular de la natalidad. Por el contrario, fueron Francia e Irlanda (países menos industrializados en comparación de Inglaterra en la primera mitad del el siglo XIX) los pioneros de la baja natalidad en Europa.

La regionalidad del declive

Un ejemplo pertinente de débil y mediata relación entre evolución socioeconómica y declive de la natalidad es el proporcionado por el estudio de William Leasure sobre la transición demográfica en España durante el siglo XX. En su resumen de conclusiones, Leasure afirma que las pautas regionales de fecundidad son muy pronunciadas. Se descubre que dentro de una región las tasas provinciales de fecundidad matrimonial son bastante constantes, independientemente de que las provincias sean rurales o urbanas, agrícolas o industriales. En este sentido, los niveles de fecundidad matrimonial parecen ser casi independientes de la industrialización y la urbanización.

Es preciso matizar las conclusiones de Leasure sin cuestionar sus hallazgos empíricos. Los índices de fecundidad calculados por Livi Bacci de acuerdo a las propuestas de Princeton señalan varios extremos de interés. En primer lugar, que todas las capitales recogidas de España presentan tasas de fecundidad más bajas que las de sus respectivas provincias, lo que confirma la importancia de la variable de la industrialización. Segundo, que el grado de industrialización no resulta tan decisivo como suele pensarse: Vizcaya y Bilbao ofrecen las tasas de fecundidad más altas de las escogidas y, sin embargo, son las más industriales que casi todas las otras zonas. En tercer lugar, parece haber una correlación bastante acusada entre fecundidad de la capital y fecundidad provincial, lo que corrobora la importancia de la difusión. En cuarto lugar, este factor puede llegar a pesar más que otros factores, como la urbanización. Finalmente, se debe destacar la gran diferencia que separa a Barcelona y su provincia, en cuanto a niveles de fecundidad, de las principales zonas urbano-industriales del resto del país.

LA TEORIA DE LA SEGUNDA TRANSICION DEMOGRAFICA

Lesthaeghe y Van de Kaa acuñan el termino de Segunda Transición Demográfica en su trabajo ¿“Two demographic transitions? Publicado en 1986. La segunda transición demográfica se caracteriza por:



  1. Incremento de la soltería

  2. Retraso del matrimonio

  3. Postergación del primer hijo

  4. Expansión de las uniones consensuales

  5. Expansión de los nacimientos fuera del matrimonio

  6. Incremento de las rupturas matrimoniales

  7. Diversificación de las estructuras familiares

Cliquet, en su obra “La segunda transición demográfica” critica a los autores que lanzan este concepto, ya que cree que se debe hablar no de segunda transición, sino de hasta cinco transiciones demográficas. Sin embargo, cree que lo que se produce es una prolongación de la única transición demográfica, acelerada por el proceso de modernización. Por otra parte, los países supuestamente involucrados en este proceso no aceptan que existe un único modelo por el que necesariamente deberían pasar; rechazan, por tanto, como teoría universal este proceso. Otros autores critican este concepto porque no recoge el aumento de la esperanza de vida que se viene registrando en muchos países desarrollados y en vías de desarrollo.

LA TERCERA REVOLUCION DE LA MODRNIDAD; LA REVOLUCION REPRODUCTIVA

KINGSLEY DAVIS Y LA FUNCION REPRODUCTIVA

Hace setenta años que Davis publicaba un artículo en Sociological Review afirmando la contradicción entre familia y el industrialismo, que acabaría con aquella e iría mermando los niveles de fecundidad. Sin embargo, la valoración negativa del descenso de la fecundidad está ocultando un cambio del que la fecundidad es solo un componente: la transformación radical de la eficiencia con que los seres humanos consiguen remplazarse con nuevos seres humanos antes de morir. Se trata de la revolución reproductiva.

Frente al optimismo de Giddens, Davis afirmó que la decadencia de la familia y el derrumbamiento de la fecundidad iban juntos, ya que en las sociedades modernas los niños serian un estorbo para el ascenso social. Sin embargo, nuestro autor no podía imaginar que setenta años más tarde la fecundidad en Europa descendería por debajo del nivel de remplazo, 2.1, pero la familia no se marchitaría.

LA CURVA LOGISTICA DE LA EFICIENCIA REPRODUCTIVA

Los indicadores empleados en la transición demográfica son transversales, y no aciertan a revelar la auténtica transformación del sistema reproductivo humano que la provoca. Si se entiende a la población como un sistema, entonces debe aceptarse que tiene un nivel mensurable de eficiencia. La eficiencia será mayor cuanto menor sea la cantidad de nacimientos necesaria para mantener un volumen determinado de población

Habida cuenta de los límites biológicos de la vida humana, la mejor manera de representar la evolución temporal de la revolución reproductiva es una curva logística. A lo largo de toda la historia humana la eficiencia reproductiva ha sido escasa, porque la mayoría de los nacidos morían antes de llegar a edades adultas. A esto habría que añadir la sobremortalidad causada por las epidemias, las guerras o el hambre que hacían precario hasta el volumen de población previamente alcanzado. De este modo, la mayoría de las mujeres invertían la mayor parte de su vida adulta entre embarazos, lactancia y crianzas.

El salto de la eficiencia demográfica que constituye el núcleo de la revolución reproductiva tiene dos causas: el aumento en la proporción de personas que sobreviven hasta el final de las edades reproductivas y el hecho de que sus hijos tengan vidas aún más largas que sus progenitores. De ahí su forma de curva logística. En Reino Unido, según datos del año 2000, seis de cada diez nacidos vinieron al mundo en vida de sus cuatro abuelos. Lo sorprendente es que, mientras que los aumentos intergeneracionales de supervivencia continúen, el auténtico nivel de remplazo para la fecundidad puede quedar por debajo de los tan señalados 2.1 hijos por mujer.



IMPLICACIONES SOCIOLOGICAS DE LA REVOLUCION REPRODUCTIVA

Si se acepta que el nivel de eficiencia con que se reproducen las poblaciones ha experimentado un salto cualitativo que permite mantener un volumen de la población dado con una fecundidad muy inferior entonces la revolución reproductiva puede incluirse entre los ejes explicativos de la llegada de la modernidad. En este capítulo vamos a incluir algunos cambios sociales en los que las determinaciones demográficas alcanzan relevancia notable si se admite la revolución reproductiva como marco teórico plausible.



El declive del trabajo reproductivo

Según Garrido Medina el primer y principal resultado de la eficiencia reproductiva es liberar “recursos humanos”. Puesto que han sido las mujeres desde la antigüedad las cargadas con el trabajo de la reproducción. Con la revolución reproductiva las mujeres dedican su tiempo y trabajo en otras tareas: estudios, participación política, empleadas en el sector privado o público, etc.



El derrumbamiento del patriarcado

Esto es posible porque se reduce el efecto que tuvo siempre la división sexual del trabajo reproductivo sobre los ciclos vitales. En el nuevo escenario, la influencia de la antes esencial división sexual del trabajo es mucho menor, primero, por la considerable reducción de la fecundidad, y segundo, por las innovaciones tecnológicas que facilitan el trabajo doméstico a cualquier persona.



La privatización de la sexualidad

La revolución reproductiva hace posible apartar la sexualidad del ámbito público, ya que esta había sido objeto de control social a través de normas promulgadas por el Estado o la Iglesia. Por ejemplo, en España, hace treinta años, las mujeres casadas todavía necesitaban permiso de sus maridos para buscar un empleo, obtener un pasaporte o abrir una cuenta bancaria. El divorcio, los anticonceptivos y los abortos estaban prohibidos. Hoy no solo han dejado de serlo sino que también resultan legales los matrimonios gais. Desde la perspectiva de la revolución reproductiva todos estos cambios no han sido posibles por la llegada de la modernidad, sino más bien por la revolución de la supervivencia.



Del género a la generación

La reproducción está perdiendo peso por las espectaculares ganancias en la supervivencia que incrementan la coexistencia de tres y hasta cuatro generaciones, permitiendo por primera vez en la historia humana que prácticamente todos los niños sean no solo hijos sino también nietos. Y no son únicamente las abuelas las que irrumpen masivamente en las funciones reproductivas, ya que los hombres viven hasta mucho después de terminar su vida laboral, entando en una fase menos “masculina”.



Envejecimiento demográfico y madurez de masas

El efecto conjunto que tienen la mayor supervivencia y la menor fecundidad sobre la pirámide de edades recibe el tedioso nombre de “envejecimiento demográfico”. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que las personas envejecen pero no las sociedades. Este sencillo ejercicio es la prueba más rotunda del progreso asociado a la revolución reproductiva: la juventud, en las generaciones recientes, se prolonga hasta edades nunca vistas, lo que hace más justo hablar de “rejuvenecimiento demográfico”.

El debate sobre las consecuencias del envejecimiento demográfico para el sistema productivo y para el estado de bienestar se está fundamentando en unos supuestos que se enfrentan reiteradamente al desmentido de la realidad. Añádanse que, a medida que crecen en número y cambian sus funciones en las relaciones intergeneracionales, los mayores gozan cada vez mas de recursos propios y aportan una cantidad de trabajo reproductivo, cosa que facilita una incorporación creciente de las mujeres jóvenes a la actividad laboral, mejorando en vez de empeorar, las relaciones de dependencia.

Existe una conocida relación entre los recursos públicos dedicados al bienestar y la esperanza de vida de los ciudadanos, y siempre se ha supuesto unidireccional (se trata de sectores que están en contra de aumentar gastos sociales). Sin embargo, también la relación inversa es importante: la supervivencia de masas ha facilitado la dotación de recursos estatales dedicados al bienestar.



La renovada centralidad de la familia

Llevamos décadas oyendo que la familia se debilita. En su “exterior, el Estado la está sustituyendo progresivamente como garante de la subsistencia, y el mercado de trabajo la vacía de su papel productivo. “Dentro” el peligro de las fuerzas del liberalismo y de la creciente autonomía personal. Sin embargo, de la “teoría de la reproducción” se desprende que la familia se ha visto reforzada. Comprender esta paradoja pasa por una apreciación adecuada de los efectos de la revolución reproductiva en dos sentidos: primero, la familia no se ha debilitado, lo que ha ocurrido es el aumento de diferentes tipos de familias; segundo, el mayor número de hijos nacidos sigue ocurriendo en el seno de la familia.



LA VISIBILIDAD DE LA REVOLUCION REPRODUCTIVA

Resulta legítima la extrañeza por la escasa percepción existente hasta ahora de lo que se ha bautizado con el nombre “revolución reproductiva”. Las razones de esta legitimidad toman dos caras: metodológico y sustantivo.

Respecto a la metodología, la sociología se limita a medir y analizar los comportamientos y características de las personas con una óptica transversal. Con este tipo de metodología se ha descrito la modernización demográfica en términos de transición, sin conseguir jamás conseguir alcanzar un estatus explicativo. Sin embargo, La revolución reproductiva toma la perspectiva longitudinal para el análisis del cambio de las poblaciones.

Un segundo motivo es que la revolución productiva, en sí misma, tiende a ser que sus propios resultados sean difícilmente visibles. Pretender que la fecundidad disminuye por que disminuye el coste de oportunidad de los hijos (el supuesto implícito en la mayor parte de investigación actual sobre dicho descenso) podría ser una inversión real de ambas variables.







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