PerversióN, ¿cuestión de moral y/o de nivel de desarrollo? Marisa Alcázar Escobar



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“PERVERSIÓN, ¿CUESTIÓN DE MORAL Y/O DE NIVEL DE DESARROLLO?

Marisa Alcázar Escobar

Me parece que al ir escudriñando la respuesta a la pregunta con la que se titula el presente trabajo, se pueden entender los linderos entre perversión, rasgos, soluciones neosexuales y lo que es “normalidad”; así mismo, contestar a las preguntas ¿qué pasó con el perverso que no logró la simbolización?, ¿es la perversión una conducta anormal? Qué puntos deben tenerse presentes para comprender las perversiones.

Me gustaría iniciar con la definición que Laplanche y Pontalis (1993), plasman en su Diccionario de Psicoanálisis, él dice, perversión, “es la desviación con respecto al acto sexual normal, definido como coito dirigido a obtener el orgasmo por penetración genital, con una persona del sexo opuesto”. En este sentido existe perversión, cuando el orgasmo se obtiene con otros objetos corporales (por ejemplo, coito anal) o cuando se subordina a condiciones como en el fetichismo, transvestismo, voyerismo, exhibicionismo y sadomasoquismo; éstas pueden incluso proporcionar por sí solas el placer sexual. En este sentido y siguiendo el concepto que da Laplanche, todo lo que se sale del orgasmo por penetración genital, es perversión.

Es importante recordar que una de las formulaciones de Freud, 1905 (citado en Chasseguet-Smirgel, 1984), en Los Tres Ensayos sobre una Teoría Sexual fue que la neurosis es el negativo de la perversión, esto es; una persona neurótica reprime y puede gratificar sólo simbólicamente a través de síntomas, en cambio, el perverso lo expresa directamente en su conducta sexual. En Dora (1905) (p.36, citado en Chasseguet-Smirgel, 1984) Freud escribe: “Los psiconeuróticos son seres con tendencias perversas muy desarrolladas, pero reprimidas y mantenidas inconscientes a lo largo de su evolución. Sus fantasmas inconscientes presentan, consecuentemente, el mismo contenido que los actos perversos auténticos”. Como consecuencia, los fines de la sexualidad perversa son idénticos a los de la sexualidad infantil, se da la posibilidad de que todo ser humano pueda transformarse, en determinadas circunstancias en perverso, esto radica en el hecho de haber sido niños alguna vez. En este punto, me gustaría detenerme y hacer una reflexión; para así entender el por qué se puede “gozar” tanto del arte: ya sea a través de la literatura como las Obras del Marqués de Sade, o en la pintura, por mencionar un título la obra El Jardín de las Delicias, del Bosco.

Sin embargo, como punto de diagnóstico entre la perversión y la neurosis estaría el hecho de que en la perversión hay una fijación y en la neurosis, hay una regresión y progresión; reflejando así una fortaleza a nivel estructural de una de las funciones del yo: la regresión al servicio del yo.

No de en balde, el marcado acento que pone McDougall (1998), al hablar de soluciones neosexuales, más que de “perversión”. En este mismo año dice lo siguiente; “El carácter yo sintónico o yo distónico de las elecciones objétales y de las prácticas sexuales revelan que estamos ante un sistema poderoso de identificaciones y contraidentificaciones con objetos introyectados de una gran complejidad; las representaciones internas de los objetos y su constelación introyectiva dan lugar a diferencias significativas en las relaciones sexuales y amorosas de innovadores neosexuales” (pp232). McDougall en 1998, menciona que la palabra perversión tiene una connotación peyorativa, en cuanto evoca la perversidad una inclinación al mal y agrega, “Más allá de esta connotación moral, no es pertinente designar a una persona (con su singularidad propia) como neurótica, psicótica, psicosomática o perversa, pues cada una de estas categorías clínicas encierran un número infinito de variantes” (McDougall, 1998 pp.224).

Para ella la “perversión” son soluciones que un ser humano pone a sus conflictos infantiles, a sus confusiones y al dolor mental; inclusive también a los conflictos inconscientes de los progenitores, que también carga con ellos; en este sentido es lo que “mejor” pudo hacer el individuo.

Menciona que una actitud terapéutica que tratara de llevar a un homosexual a la heterosexualidad, podría resultar catastrófica. El analista no tiene ninguna razón para preferir que el paciente abandone sus prácticas amorosas, sólo porque él se permite considerar sintomáticas sus preferencias, en contraste con otros autores como Socarides, que incluso creen poder cambiar la identidad sexual, sin tomar en cuenta la estructura de personalidad.

En este sentido, lo que esta autora puntualiza, es la importancia de un pensar psicodinámico, sin meta ni deseo por parte del analista; además de una continua revisión de nuestra propia contratransferencia; inclusive que nos lleve a replantarnos nuestras propias perversiones y lo que nos “mueven” de nuestro pacientes.

Se ha de entender a la perversión desde muchos ángulos: se han diseñado escalas de conducta sexual (Kinsey, 1948 pp.2, citado en Wiedeman, 1974) se han integrado clasificaciones de grupos de homosexuales, buscando la etiología en enfoques biológicos y psico hormonales. Fridman y Downey en 1993, intentan aclarar el concepto de series complementarias y consideran que la bioquímica determina la estructura psíquica; incluso plantean que hay un amplio espectro, en donde se puede ubicar la perversión. Asumen que la homosexualidad es fija e intratable; y que lo que se puede tratar en la manera en que el homosexual se adapta a su entorno social. Otra manera de enfocar la perversión es a través de las soluciones neosexuales, arriba mencionada.

Sin embargo, el punto de partida y coincidente casi en todos los autores es el de Freud, éste dice que hay perversión cuando las pulsiones parciales no alcanzan el estadio en el cual se subordina a la primacía genital, lo que significa que la sexualidad infantil y la sexualidad perversa están íntimamente relacionadas. En Introducción al psicoanálisis (1971), Freud apunta: “La sexualidad perversa no es más que la sexualidad infantil aumentada y descompuesta en sus tendencias particulares” (p.290, citado en Chasseguet-Smirgel,1984). Por lo tanto, la perversión manifiesta una fijación a tempranas formas pregenitales de gratificación.

Kernberg, en1994 traza un bosquejo de las teorías psicoanalíticas de la perversión y distingue 3 grupos de formulaciones:

La primera corresponde básicamente a las conclusiones de Freud que define la perversión como una desviación permanente y obligatoria respecto de lo normal en la meta y/o el objeto sexual necesarios para lograr el orgasmo. En donde un impulso sexual parcial infantil sirve como defensa contra un conflicto neurótico subyacente, es decir, el complejo de Edipo irresuelto. Esto es, la perversión es la defensa contra la angustia de castración y el complejo de Edipo.

La segunda es la formulada por los teóricos británicos de las relaciones objetales, Fairbairn, Klein y Winnicott, quienes subrayan los aportes preedípicos, la psicopatología en la relación madre-infante y el rol central de la agresión preedípica. Para ellos la agresión es proyectada sobre las figuras parentales, en especial la madre determinando de ese modo una distorsión paranoide de las imágenes parentales tempranas, la madre es experimentada como potencialmente peligrosa. El odio a la madre se amplía después a ambos progenitores, que el niño en su fantasía inconsciente, experimenta como una unidad. En este sentido la escena primaria adquiere características particularmente peligrosas y aterradoras, y el niño la percibe con distorsiones sadomasoquistas severas.

Lo típico es que la imagen dl rival edípico adquiera características terribles, peligrosas y destructivas; la angustia de castración y la envidia se vuelven exageradas y abrumadoras y las prohibiciones superyoicas contra todas las relaciones sexuales adquieren una calidad salvaje, primitiva, que refleja tendencias masoquistas severas o proyecciones paranoides de los precursores del superyó. Este enfoque subraya la contribución crucial de los conflictos preedípicos, en particular, la agresión preedípica; pero continúa enfatizando la importancia de la angustia de castración en el bloqueo del desarrollo de la sexualidad genital.

La teoría explica la angustia de castración intensa, la incapacidad para una identificación normal con el progenitor edípico del mismo sexo y con la inhibición del acercamiento sexual a un objeto del sexo opuesto, como derivadas de la transformación agresiva de la relación edípica positiva y negativa y de la acentuación fantástica del miedo a la castración mientras la sexualidad genital se vuelve receptora de la agresión preedípica desplazada.

Y el tercer enfoque es el que representa las formulaciones de la escuela psicoanalítica francesa, cuyas representes las revisamos en el seminario: Chasseguet-Smirgel y McDougall.

Chasseguet-Smirgel (1985) (citada en Kernberg, 1994) considera a la perversión como una regresión o una fijación a una función componente pregenital parcial, en sustitución de una sexualidad genital bloqueada por la angustia de castración; además subraya la regresión a la fase sádica-anal, esta regresión anal transforma la relación simbólica con el falo genital en una relación con un falo seudogenital fecal que permite negar la diferencia entre los sexos (“igualdad” anal de los sexos, en contraste con la diferenciación genital); y también implica la abolición de los límites generacionales, esto debido a que el falo fecal borra las diferencias entre el pene del niño pequeño y el pene del padre, y le permite al niño eliminar su conciencia de la vagina como órgano genital femenino.

Chasseguet-Smirgel (1981) también ha concebido a la perversión como una defensa secundaria contra la regresión anal, que, para enmascararla, se produce una idealización de la analidad, con una aceptación simbólica de los aspectos estéticos, la cual se da para negar lo “asqueroso! De las heces, por ello la exaltación de lo brillante y colorido. Al mismo tiempo se da una idealización de la perversión como enormemente superior a las relaciones genitales. Chasseguet- Smirgel (1984), también, menciona que, en el caso del fetichismo perverso, la parte o el objeto inanimado sustituye en todos los sentidos al objeto. Sólo el fetiche es objeto de una sobreestimación, el objeto total no es sobreestimado, al contrario, su presencia puede sentirse como molesta para la satisfacción del objetivo sexual.

El repudio de las diferencias entre los sexos y la idealización de la pulsión perversa pregenital están acompañados por la escisión, que al mismo tiempo permite que subsista el reconocimiento de la realidad.

Chasseguet-Smirgel piensa que la perversión deriva en última instancia, de la necesidad de negar la realidad de la vagina de la madre y del desconocimiento del interior del vientre materno; también la genera la agresión inconsciente contra la madre, expresada en la fantasía arcaica de destruir los contenidos del cuerpo materno; la agresión proyectada sobre la madre como figura genital primitiva engolfadora, la necesidad de renegar la conciencia de la vagina y la agresión contra el contenido de los genitales materno sirven de base y refuerzan la angustia de castración de las etapas edípicas ulteriores en ambos sexos.

Se dice que la seducción de la madre predispone a la perversión. La madre coloca al hijo en el lugar de un objeto sexual; la función del padre es desligar al niño de la madre, para que el niño acepte la castración simbólica.

Uno de los méritos principales de Chasseguet-Smirgel radica en haber observado que las perversiones poseen una serie de mecanismos de defensa (escisión, renegación, idealización).

En cuanto a Técnica en el tratamiento de perversiones, sería importante tener en mente los siguientes aspectos:


  1. Lo que se trata en el perverso, no es la desviación en sí, sino la personalidad subyacente, el tratamiento debe ir de “lado”, no ir directo al grano; es más efectivo entrar colateralmente que el ataque directo.

  2. No olvidar, la actitud de reto que el homosexual tiene frente al analista, pues viene de otros rechazos percibidos.

  3. Analizar internamente la contratransferencia del analista, ya que el discurso de un paciente es al mismo tiempo un anzuelo, y una invitación, “invitación” a cumplir la fantasía perversa” (complementarse).

  4. Debe haber un pensar psicodinámico (sin meta ni deseo).

Para finalizar, y concluir, se podría decir que hay autores que ponen énfasis en la fijación de la etapa genital como Freud y Kohon, que basan su comprensión desde el complejo de Edipo; para Kohon (1987), el fetichismo emerge como una manera de negar la fase fálica; en cambio, para Chasseguet-Smirgel, la fijación es más a nivel pregenital, para ella la perversión es esencialmente anal-sádica. Para otros autores, como Kernberg, 1994, hay una gama que van desde el nivel neurótico de la personalidad hasta el nivel límite de la personalidad expresado en formas extremas de daño. Por lo tanto y retomando a J. McDougall (1998), podríamos concluir que estamos frente a un sistema de una franca complejidad que da lugar a diferencias significativas en las relaciones sexuales y amorosas.

Bibliografía

Chasseguet-Smirgel, J. (1984): Los trabajos de Freud sobre la perversión: algunas consideraciones, en Ética y Estética de la Perversión, Editorial Laia, Primera edición, pp. 15-70, Barcelona, 1987.

Chasseguet-Smirgel, J. (1981): Loss of Reality in Perversions with Special reference to Fetishism; J. Am. Psychoanal. Ass. 29:511.

Friedman, R.c. y Downey, J. (1993): Psychoalalysis, Psychobiology, and Homosexuality. J. Amer. Psycho-Anal, 68:213.

Kerngber, O. (1994): Un marco teórco para el studio de las perversions seuxales, en La agresión en las perversiones y en los desórdenes de la personalidad, Editorial Paidos. Primera edición, pp. 417-438, Argentina, 1994.

Kohon, G. (1987): Fetishism Revisited; Int. J. Psyc., 68:213.

Laplanche, J. (1993): Diccionario de Psicoanálisis, Editorial Labor, Primera Edición, pp. 272, Barcelona, 1993.



McDougall, J. (1998): Las soluciones neosexuales, en las mil y una cada de Eros, Editorial Paidos, pp. 223-237, Buenos Aires.

Wiedeman, G. (1974): Homosexuality, a Survey; J. Amer. Psychoanal. Assn, 22:651.


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