Perspectivas de juventud en el imaginario de la política pública



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c) El derecho a pasarla bien

La valoración de la juventud como etapa de estudio y preparación para la vida adulta se complementa con la idea de que se trata de una etapa de recreación y abandono al placer (Contreras, 2001). Se habla del derecho de los jóvenes a «pasarla bien», lo que contribuye mantener la visión de que los jóvenes son sujetos sin mayores responsabilidades (Baeza, 2006). Esto a su vez coloca a las políticas públicas ante la necesidad de incluir esta demanda en su oferta programática.

Desde el punto de vista de algunos de los expertos consultados, la oferta de actividades de tiempo libre y recreación constituye parte del desarrollo integral de un joven. Sin embargo, especialmente los sectores políticos más conservadores ven este tipo de acciones con cierto escepticismo.
Y una cuestión que nos cuesta mucho aquí en Chile, por nuestro conservadurismo y nuestra entropía, es el derecho a vivir la vida plenamente, y pasarla bien, que desde mi punto de vista es fundamental en la formación de un adulto, de un adulto mayor como tú; la dimensión cultural, la dimensión ocio, como tú la vives a plenitud para que tus años de juventud sean los mejores de tu vida, y que te marquen tu vida futura. No sólo en términos de ir a conciertos, obras de teatro, sino también en términos de calidad de vida en términos de prácticas deportivas, etc. Todo lo que involucra aquello, que te forjan valor para tu construcción como adulto, como adulto mayor que después tú la reproduces con las generaciones de descendencia. Ése es el concepto más claro, y eso nos ha costado mucho en nuestro país. O sea los recursos que yo me he conseguido asociado a cultura, recreación, rock, teatro, cine, en una política pública liderada por una clase antigua, por decirlo menos, y donde incluyo los de mi gobierno y los de afuera, ojo, los meto a todos en el mismo saco, cuesta entender que invertir en ocio, al final es una inversión que tiene rentabilidad en el mediano y largo plazo. Entonces en eso estamos trabajando (Experto injuv, 35).
La identificación de lo juvenil y lo recreativo también genera dudas entre algunos expertos en temas de juventud, aunque no tanto frente a las actividades recreativas en sí, sino más bien con respecto al riesgo de reducir lo juvenil exclusivamente a lo recreativo. Es justamente ese temor el que aparece en las críticas realizadas a la creación del nuevo Ministerio de Juventud y Deportes.
No, yo creo que detrás está el hecho o la visión que mezclar juventud es sinónimo de deporte o cosas por el estilo, y que es una visión —incluso esta iniciativa— absolutamente irreflexiva (Experto cidpa, 99).
La identificación de lo juvenil con la educación y el tiempo libre es concordante con la idea de que ser joven significa encontrarse en la condición de moratoria social, es decir en un período de preparación, experimentación, reflexión y espera, durante el cual el joven se encuentra liberado de asumir responsabilidades adultas hasta el momento en que cruce el umbral que separa el ser joven del ser adulto.

Sin embargo, esta concepción de juventud implica una noción lineal de la trayectoria biográfica lo que actualmente está siendo ampliamente discutido, fundamentalmente debido a los cambios socioculturales que se pueden observar en distintas partes del mundo y que afectan las transiciones a la vida adulta en varios sentidos. Entre estos cabe mencionar la ya señalada prolongación del período juvenil, la aceptación de la necesidad de aprendizaje continuo a través de todo el ciclo vital, la progresiva disolución de los límites entre lo que es ser adulto y lo que es ser joven, la des-estandarización e incluso reversibilidad de las trayectorias, etc. (Walther et al., 2002).



Los cambios en las trayectorias juveniles suponen entonces un cuestionamiento de la viabilidad del concepto de moratoria social, ya que éste representa una preparación para un mundo adulto cada vez menos cierto (Walther et al., 2002; Krauskopf, 2008). A su vez, implica una visión normativa de la juventud en que son los adultos quienes definen lo que se considera adecuado para los jóvenes (Sandoval, 2002).

Consecuentemente surge la necesidad de modificar los enfoques de juventud y de dejar de pensar en los sujetos jóvenes en términos de moratoria social, sino más bien de promover el desarrollo de su autonomía y su capacidad autorreflexiva. Esto significa, por un lado, no infantilizar a los jóvenes, reduciendo lo juvenil exclusivamente a la educación y el tiempo libre. Por otro lado, también implica dejar de lado la perspectiva adultocéntrica de que sólo el mundo adulto es valioso, no tomando con ello en serio a los jóvenes y sus necesidades particulares. En este sentido se vuelve cada vez más relevante complejizar los enfoques de juventud, otorgándole una mayor relevancia a la inclusión laboral juvenil y su compatibilización con los desafíos que impone la educación a lo largo de la vida, buscando con ello asegurar no sólo la participación simbólica sino que también material (Rodríguez, 2003) de las nuevas generaciones.



3. Juventud y política pública

Hasta el momento hemos podido revisar y reflexionar sobre los principales ejes a partir de los cuales se construyen las diversas miradas sobre la juventud chilena y que tienen relevancia en el ámbito de la política pública del país. No obstante, se trata de una aproximación a la conceptualización del sujeto joven que no resulta exclusiva al ámbito específico de la acción pública, por lo que creemos que es necesario analizar más de cerca los distintos matices que adquiere el concepto de juventud en el imaginario de la política de juventud nacional.



a) Definición de juventud desde la política pública

Uno de los primeros aspectos que debemos considerar al analizar las perspectivas sobre juventud al interior de la política pública es la definición legal del sujeto joven, con lo cual ya nos topamos con el primer obstáculo y que es que en Chile no existe tal categoría. Ante este vacío legal el injuv ha resuelto proponer una Ley de Juventud cuyo objetivo central es justamente llegar a definir al sujeto joven.


En Chile, la categoría Joven no existe por ley, no existe una ley de juventud. Existen los niños, los adolescentes, los adultos y los adultos mayores. El joven no existe, y para eso nosotros tenemos un borrador, que es una ley de juventud. Súper amplia, abstracta, que estamos esperando el momento propicio para dar el vamos (Experto injuv, 66).
Muy probablemente, la definición del sujeto joven se orientará según criterios de edad.
Los jóvenes en Chile son entre 15 y 29 años. No me gusta la definición de Naciones Unidas de 15 y 24 años, te digo de inmediato. Entre 15 y 29 años, eso es lo principal para iniciar el debate, bueno, qué son los jóvenes (Experto injuv, 68).
La definición de Juventud mediante límites de edad es bastante común en el ámbito de las políticas públicas (Biggart et al., 2002; Bendit, 2006). Es así como las Naciones Unidas determina que el período de juventud se extiende desde los 15 hasta los 24 años de edad (oij, 2005). Por supuesto, esta norma no excluye el hecho de que cada país tenga reglamentaciones propias al respecto y de que incluso al interior de un mismo estado se establezcan diversos límites de edad para la categoría joven de acuerdo con las normas, intereses y necesidades de los diversos sectores. Para efectos del contexto chileno se ha logrado imponer la definición de los límites de edad propuesta por el injuv que abarca a individuos desde los 15 hasta los 29 años de edad (injuv, 2006).

A pesar de que resulta común recurrir a los límites de edad para definir lo que entendemos por juventud, se trata de una definición frecuentemente criticada por investigadores de juventud ya que resulta insuficiente, sobre todo si se considera que en sociedades modernas la condición juvenil parece extenderse a la vez que la transición a la vida adulta se vuelve cada vez más compleja e incierta (Biggart et al., 2002; Baeza, 2006; Bendit 2006). Lo anterior ha llevado a la necesidad de replantear y ampliar el tramo etáreo juvenil, ya sea hacia edades más tempranas o edades más tardías (Ravinet, 2008).

Una forma de resolver este dilema sería comprender la juventud como una fase del ciclo vital con características propias, es decir como una condición juvenil. El concepto de condición juvenil trasciende los límites de edad y permite reconocer a los jóvenes como sujetos autónomos que crean su propia cultura juvenil (Biggart et al., 2002; Baeza, 2006; Bendit, 2006). De acuerdo con esta perspectiva, si bien es cierto que el período de juventud necesariamente implica adquirir y desarrollar conocimientos y habilidades así como tomar importantes decisiones para la vida posterior, ya no se evalúa al joven exclusivamente a partir del ideal adulto, sino que se lo acepta como individuo pleno, lo cual resulta concordante con la visión del joven como un sujeto de derecho.




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