Personalidad y desarrollo del profesional de la salud



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PERSONALIDAD Y DESARROLLO DEL PROFESIONAL DE LA SALUD”

Profesora: Dra. Marisela Rodríguez Rebustillo, Ph. D.

SELECCIÓN DE LECTURAS TOMADAS DE LOS SIGUIENTES LIBROS:


  • La personalidad del adolescente: Teoría y metodología del aprendizaje”, Dra. Marisela Rodríguez Rebustillo y Dr. Rogelio Bermúdez Sarguera, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1996.

  • Psicología del pensamiento científico”, Dra. Marisela Rodríguez Rebustillo y Dr. Rogelio Bermúdez Sarguera, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2000.

  • Diagnóstico psicológico para la educación”, Dra. Marisela Rodríguez Rebustillo y Dr. Rogelio Bermúdez Sarguera, Editorial Félix Varela, La Habana, 2004.

  • ¿Cómo utilizar el método de observación?”, Dra. Marisela Rodríguez Rebustillo y Dr. Rogelio Bermúdez Sarguera, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2002.



INDICE

Titulo:



Páginas

La actuación del sujeto animal


3

La actuación contextual del adolescente


18

Métodos y técnicas en la exploración psicológica


39

Conocimiento Científico - Mapa Conceptual - Cuarto Excluido Verbal: relación ineludible en el contexto universitario.


73

Test Sociométrico: Algunas consideraciones sobre el estudio de las relaciones interpersonales en el grupo universitario


81


La actuación del sujeto animal
La Psicología Comparada o Psicología animal consideró en algunos casos la relativa identidad entre la psiquis animal y humana en lo concerniente, por ejemplo, a los mecanismos más simples de aprendizaje. Así, en las primeros experimentos realizados con animales, preponderantemente con perros, gatos, gallinas, peces y monos se intentó estudiar este proceso porque en ellos era posible hallar la explicación más sencilla y rudimentaria a la naturaleza compleja de la actuación humana. En ellos podían ser descritos los hechos básicos del aprendizaje y, en consecuencia, establecer los principios y leyes fundamentales que los regían, tanto en el animal como en el hombre.

No negamos que la estricta rigurosidad científica en el estudio de la actuación humana exija y comience, sin lugar a dudas, por el estudio de la actuación animal. Por un lado, porque la elevada complejidad de la actuación humana generalmente no permite el aislamiento y control severo de las posibles variables intervinientes en ella y, por otro, porque el estudio experimental de la actuación animal puede condicionar generalizaciones de expreso valor heurístico y metodológico para el estudio de la conducta humana.

En tercer lugar, porque no podemos obviar que al determinar las causas del surgimiento de cualquier objeto en estudio metodológicamente siempre ha de tenerse presente el principio filosófico del nominalista inglés William Occam, según el cual ningún hecho debe ser explicado por factores de órdenes superiores dentro del sistema referencial dado, si puede ser explicado como efecto de otros que se hallan a un nivel inferior dentro de ese mismo sistema. Este principio, denominado como "Cuchillas o Navajas de Occam", ha sido acertadamente aplicado a las ciencias psicológicas por el también psicólogo inglés Lloyd Morgan. Este postula que en ningún caso debemos explicarnos una acción como efecto de una función psíquica superior, si se puede interpretar como el efecto de otra que se halla en un nivel más bajo en la escala animal.

Sin embargo, es necesario advertir las tendencias que en el campo del saber psicológico han surgido y puedan desarrollarse en este sentido a tenor de las propias hipótesis y principios derivados post-facto y confirmados en el experimento.

En lo concerniente a la relación entre la psiquis animal y humana, podemos discriminar determinadas tendencias o posiciones teóricas que ponen de manifiesto la estrechez valorativa en la comprensión de la misma.

En primer lugar, podemos hacer alusión a aquella tendencia que niega la existencia de un proceso psíquico lo suficientemente complejo en los animales.

Así, Renato Descartes consideraba a los animales como autómatas sin ninguna destreza que los hiciera relevantes. Todo su comportamiento se basaba en la conducta instintiva. En la psicología comparada contemporánea se han realizado experimentos para demostrar la misma hipótesis, es decir, aquella según la cual la conducta instintiva animal es simple e implica una adaptación rígida, mecánica y automática (Ardila, R., 1981).

Una segunda tendencia sienta sus bases en la atribución de las capacidades, sentimientos, conocimientos, actitudes y cualidades psíquicas humanas a las manifestaciones conductuales de la especie animal. Por ello es denominada antropomorfista. Existen argumentos para pensar que esta tendencia surge de la interpretación de la teoría del naturalista inglés C.Darwin sobre la unidad genética de la vida en su totalidad. Contrariamente, pensamos que las caracterizaciones "humanas" de la conducta animal tiene su origen en el uso popular de ciertos términos, generados por observaciones cotidianas. De aquí que escuchemos regularmente expresiones arraigadas en el léxico popular que denotan una tendencia antropomorfista. Por ejemplo, trigre cruel, serpiente astuta, cándida paloma, etc.

¿Qué premisas naturales y psíquicas pueden justificar el carácter de sujeto de los animales?

La comparación de la psiquis animal con la humana ha condicionado, a nuestro modo de ver, lamentables conclusiones en el campo de las ciencias dedicadas al estudio comparativo de estos objetos de investigación y, especialmente, de la Psicología. En efecto, la idea generalizada concerniente a esta relación se hace evidente en el detrimento de la psiquis animal con respecto a la psiquis del hombre. Su carácter simple, rudimentario, primario, elemental, inicial, embrionario, es enfatizado por los tratadistas en la corta historia de esta especialidad.

Esto último puede considerarse lícito, mas sólo para determinados estadios del desarrollo filogenético y para especies bien definidas. Tampoco por ello podría soslayarse sus aspectos convergentes y comunes con el desarrollo de la psiquis humana en la ontogénesis. "Mientras menos edad tiene el niño, más cerca se halla de su condición natural y más se ajusta al animal en su organización mental".1

Penetrar en las esencias del funcionamiento y de la organización del psiquismo animal constituye la explicación de las causas originarias del psiquismo humano, hasta tanto la conciencia, como forma superior de existencia de la psiquis humana, no encuentre la posibilidad de expresarse. Y ella aparece luego de transcurrido un determinado período de tiempo en el desarrollo psíquico infantil. También en este sentido, la evolución marca, en la escala filogénetica, un conjunto de condiciones fisiológicas y medio-ambientales que hacen posible distinguir, aún dentro del propio reino animal, distintos estadios en el desarrollo de la psiquis. Ello nos indica que existen marcadas diferencias cualitativas entre los animales superiores y el resto de las especies en las que encontramos puntos de contacto que serán analizados a continuación.

¿Por qué dirigirnos a algunas especies de animales como individuos actuantes y, en consecuencia, como sujetos?

Primero. Por la presencia de corteza cerebral.

Cuando nos referimos al término de actuación animal, estamos aludiendo a la distinción de las especies más desarrolladas, en primer lugar, por sus potencialidades neurofisiológicas. Esto indica que en ellos existe el virtual desarrollo de la corteza cerebral que cubre la masa encefálica, lo cual puede ya ser observado en los vertebrados terrestres.

Podemos entonces llegar a una importante conclusión. No todos los animales realizan actuación. Sólo actúan los vertebrados terrestres como las aves y los mamíferos, pues la conducta de los animales inferiores responde a la información contenida en su código genético.

En segundo lugar, no podemos considerar la conducta instintiva como forma de la actuación animal, como ocurre en los insectos, peces y anfibios, pues ella está grabada en el código genético de estas especies sin los niveles de activación necesarios,capaces de responder a determinadas exigencias que implican modificación. Es por ello que en las investigaciones dirigidas al estudio de la psicología del aprendizaje se ha operacionalizado el concepto de "comportamiento específico de la especie" para en él sintetizar los mecanismos innatos de desencadenamiento de determinadas respuestas ante la presencia de estímulos diferenciados.

En estos estadios del desarrollo filogénetico, el comportamiento instintivo ocurre en secuencias inalterables, invariables y definitivas. Este algoritmo estricto y rígido se cumple en múltiples especies, donde sólo la ejecución de una fase permite el paso a la siguiente. Según Tinbergen (citado por Ardila R., 1981) el pez espinoso no comienza a construir su nido hasta que no haya defendido su territorio por cierto tiempo; y no empieza a cortejar a la hembra hasta que no ha construido el nido.

Estas cadenas motoras se forman en la subcorteza como estructuras morfofuncionales primitivas que han aparecido tempranamente en el desarrollo filogenético, conformando las conductas instintivas y que no desaparecen en los animales superiores o en el recién nacido. El cerebro del lactante ya constituye, en alguna medida, un cerebro maduro en el momento de su nacimiento, al garantizar la posibilidad de organizar reacciones de respuestas ante estímulos externos y que son excesivamente trascendentales para la realización de las funciones vitales del organismo. Lo mismo sucede en especies inferiores. Al decir esto estamos lejos de aceptar que las conductas instintivas garantizan la posibilidad de regular.

Hasta hace poco se consideraba que todas las reacciones del organismo del recién nacido estaban mediadas sólo por formaciones subcorticales (estructural y funcionalmente maduras) y que se realizaban sin la participación de los centros nerviosos superiores, situados en la corteza de los grandes hemisferios. Y en efecto, las formaciones anátomofisiológicas más viejas, a saber, las estructuras subcorticales y la vieja corteza, maduran antes que la neocorteza, filogenéticamente más joven, la cual culmina su desarrollo en las etapas más tardías de la ontogénesis (Farber, D.A., 1978). Ello puede ser una de las razones que justifiquen la similitud de las conductas instintivas en los animales y en las etapas más tempranas del desarrollo ontogenético humano.


1.2.1 Los reflejos incondicionados y la conducta instintiva
La presencia de reflejos incondicionados también advierte la comunidad de estas respuestas instintivas en animales y en el hombre. Aunque aún no existe en la literatura especializada una tipología única acerca de los reflejos incondicionados, los reflejos fundamentales de esta naturaleza son yaconocidos. I.P.Pavlov consideró los siguientes reflejos incondicionados: el alimenticio, el de defensa, el de orientación, el de reproducción y el filial (materno-paterno).

En investigaciones recientes se han tratado de sistematizar los reflejos incondicionados, pero la estructura obtenida, a nuestro juicio, está permeada por la insuficiencia conceptual de los términos que se emplean. Esta misma estructura puede considerarse incompleta al no incluir uno de los reflejos incondicionados más importantes para la vida del individuo: el reflejo de orientación.

En sentido general, la similitud de las clasificaciones que trataremos a continuación refleja la comunidad de los diferentes tipos de conductas innatas que se han observado.

Para mejor comprensión y en función del objeto de estudio deeste epígrafe,hemos generalizado los reflejos incondicionados en reflejos de activación general, de intercambio (gaseoso, alimenticio, de agua); de las relaciones entre las especies (de defensa o conservación, de agresividad, de juego, y el reflejo de reacción "suyo"-"ajeno"); de la continuidad y conservación de la especie (sexual masculino, sexual femenino, filial); reflejos ecológicos (de investigación, de climatización-migratorio, de construcción del nido, de almacenamiento de reservas e higiénicos); reflejos no conductuales (termorregulador, posicional, respiratorio, circulatorio) (N.A.Roshansc, 1979; J.Tembrok, 1979).

Todos los reflejos incondicionados que han sido mencionados poseen un significado biológico positivo o negativo en dependencia del estímulo que predomina, o sea, del estímulo de excitación o el de inhibición.

Existen también reflejos incondicionados al mantenimiento del medio interno del organismo (omeostáticos) y a la conservación de las sustancias dentro de él; reflejos al cambio del medio interno del organismo (situacionales y de defensa) (A.D.Slonim, 1979).

El etólogo J.Tembrok distingue en la conducta animal los reflejos incondicionados conductuales que definen el intercambio de sustancias y se componen por los reflejos al alcance del alimento y su ingestión, de almacenamiento del alimento. El reflejo conductual al confort, de defensa, de la multiplicación de la especie (del establecimiento de los límites territoriales, cópula y apareamiento, el cuidado de la cría, de la convivencia en grupo y los reflejos relacionados con la construcción del nido (madrigueras, guaridas y refugios).

Asimismo se han definido reflejos incondicionados de conservación (de incorporación de sustancias al organismo, aspiración y deglución; de salida de las sustancias del organismo, orina y defecación; de renovación y sueño) y reflejos de defensa (reflejos de separación del cuerpo o de sus partes de estímulos nocivos; reflejos de retiro brusco o de retroceso; reflejos de eliminación del estímulo nocivo desde la superficie del organismo o desde dentro; reflejos de destrucción o de neutralización de agentes nocivos (reflejos de ataque) (Yu.M.Konorski, 1979).

Al examinar de cerca el reflejo incondicionado de orientación se observa su gradual complejización en la filogénesis. La forma elemental de este reflejo se evidencia en la activación de los órganos de los sentidos y de todo el organismo ante la variación repentina del medio; un tipo más complejo se presenta en forma de búsqueda activa y su configuración más compleja se hace tangible en la "manipulación" de los objetos.

A la forma elemental del reflejo incondicionado de orientación I.P.Pavlov le llamó reflejo "¿qué es esto? y prestó a él una gran atención por su significado biológico, sin el cual la vida del organismo, como expresó, "pendería de un hilo". Este reflejo está compuesto de una serie de reacciones: contracción pupilar y disminución de los umbrales de sensibilidad del ojo ante la luz, contracción y relajamiento de los músculos del ojo, del oido, giro de la cabeza y del tórax en dirección a la fuente del estímulo, cambio de la actividad eléctrica del cerebro (depresión, bloqueo del ritmo-_ y el surgimiento de ondas de mayor frecuencia), aparición de reacciones galbánicas. Además, los vasos sanguíneos de la cabeza se dilatan y se contraen los de las extremidades, se observa la intensidad de la respiración.

Al complejizarse en la escala filogenética, el reflejo de orientación se presenta en forma de movimientos de búsqueda que son claramente expresados en los pájaros y en los mamíferos. Esta reacción está estrechamente ligada a otros reflejos incondicionados importantes; gracias a ella el animal encuentra el alimento, al individuo del sexo opuesto y huye de las situaciones peligrosas. La reacción de búsqueda frecuentemente tiene un carácter especializado, a diferencia del reflejo "¿qué es esto?".

Por último, la forma más compleja de este reflejo aparece en los monos como reacción investigativa, observada por los naturalistas desde hace tiempo y denominadas por ellos curiosidad, en analogía con las acciones del hombre. El mono, a diferencia de otros animales superiores, por ejemplo, del perro, al encontrar un objeto desconocido y claramente no comestible o no peligroso lo somete a un análisis detallado, a investigación. Puede manipular por largo rato un objeto que no tiene para él ninguna utilidad. Esta tendencia a manipular, investigar, descomponer los objetos desconocidos, aún sin estos desencadenar ningún reflejo incondicionado, demuestra que en los monos existe una reacción investigativa que de algún modo se diferencia de los restantes reflejos incondicionados. Esta es también una forma de presentación del reflejo "¿qué es esto?", pero de orden superior y que realmente recuerda la curiosidad en el hombre. En lo que respecta al hombre, él tiene una forma elemental de reacción de orientación, semejante al reflejo "¿qué es esto?".

En resumen, la vida del individuo sería imposible sin la relación continua entre su organismo y el medio externo. Esa relación se produce en virtud de los reflejos constantes (permanentes, congénitos, innatos, incondicionados) y la formación, sobre su base, de los reflejos temporales (variables, condicionados, adquiridos). No hay ningún fundamento, por ende, para excluir o negar la actuación en los animales, toda vez que en ellos, al igual que en el hombre, también se forman estos tipos más complejos de reflejos por su necesaria relación con el medio circundante. Aunque no sucede en todas las especies, la posibilidad que tiene el animal de actuar, como se había explicado, lo convierte, de hecho, en sujeto.

Cuando el perro se aparta bruscamente del fuego como influencia nociva y peligrosa para su existencia como individuo, si es que cae en la esfera de acción del fuego, el reflejo que le permite subsistir es el reflejo incondicionado de conservación, correspondiente a las zonas subcorticales del sistema nervioso. Pero si el perro se previene de la situación peligrosa, es decir, se anticipa al hecho mediante la imagen del fuego o del color rojo, entonces estamos hablando de una reacción aprendida, de un reflejo producido por la experiencia individual, de vida. Estamos ante un reflejo temporal, adquirido, condicionado que le permite adaptarse o ajustarse mejor a la situación. En el caso dado, el perro tendrá tiempo de "tomar medidas" antes de que caiga en las llamas.

De manera que la formación de determinados reflejos condicionados evidencia una forma superior de conducta en los individuos que los hace más o menos diestros, más o menos inteligentes, en dependencia del número de conexiones temporales que pueda establecer, parafraseando a E.Thorndike.

Permítasenos, por su estrecha relación con nuestro objeto de estudio y por constituir la base de otras ideas que se expondrán en capítulos posteriores, detenernos momentáneamente en el examen de los reflejos condicionados.


1.2.2 Los reflejos condicionados y la actuación animal
Al mostrarle el alimento a un perro hambriento, este responde precipitándose hacia él con la subsiguiente secreción salival. Tales reacciones, motoras y secretoras, pueden ser provocadas sustituyendo el alimento por cualquier estímulo casual (el sonido de un timbre, de un silbato; alzar la mano, rascar al perro o hacer cualquier otro gesto; etc.). La coincidencia reiterada de algunos de los estímulos casuales con el alimento, como estímulo vital, condiciona la misma respuesta motora o secretora sólo con la presencia de los primeros. Esta respuesta indica que se ha formado un reflejo condicionado.

¿Qué tipos de reflejos condicionados pueden formarse? ¿Cuáles son comunes a determinados animales y al hombre?

Los reflejos condicionados han sido denominados, en primer lugar, por el tipo de reflejo incondicionado sobre el cual se forma. Así existen reflejos condicionados al alimento, de defensa, sexuales, de orientación, etc. En función del analizador o del órgano en el que están los receptores del estímulo condicionado, los reflejos temporales pueden ser visuales, auditivos, olfatorios, gustativos, táctiles, estomacal, de la vejiga, etc. El reflejo luminoso, sonoro, térmico, aparece en dependencia del tipo de energía o influencia que incide sobre el organismo. Cuando los receptores se hallan en analizadores externos (ojo, oido, gusto y tacto), los reflejos condicionados se denominan exteroreceptores; propioceptores si se hallan en los músculos e interoceptores si los receptos están en órganos internos.

Asimismo losreflejos condicionados se dividen en naturales y artificiales. Las propiedades naturales de los reflejos incondicionados, por ejemplo, el olor del alimento y diferentes factores lumínicos y sonoros que los acompañan en condiciones naturales sirven de señal de los primeros. Los agentes empleados en condiciones de laboratorio, digamos, ópticos, acústicos, eléctricos, así como figuras geométricas sirven de señal a los segundos.

Por la correlación temporal de la acción del reflejo condicionado y la estimulación incondicionada, aparecen los reflejos condicionados actuales y de retardo. A estos últimos pertenecen los reflejos condicionados al tiempo, que se forman ante estímulos cotidianos como los cambios sucesivos del día y la noche, así como los relacionados con la periodización de los procesos fisiológicos dentro del organismo. Además, es conocido que muchos de los procesos períodicos del organismo (la respiración, las palpitaciones cardíacas, la periodicidad de los movimientos y secreciones de los órganos del aparato digestivo) pueden ser un "factor de orientación" del organismo en su "cálculo" del tiempo.

Existen también reflejos condicionados de diversos órdenes. Los reflejos condicionados de primer orden, de segundo orden, etc., aparecen por la relación que se establece entre el estímulo condicionado que se percibe después de 10-15 seg. tras la acción de cualquier agente indiferente sin un refuerzo incondicionado posterior.

Es importante no obviar las conclusiones de muchos zoopsicólogos, según las cuales los animales pueden captar las relaciones existentes entre los objetos e incluso imitarse unos a otros conductualmente. En las investigaciones de I.P.Pavlov se demostró que algunos animales no sólo pueden percibir cualidades absolutas o aisladas de los estímulos (frecuencia, magnitud, duración, luminosidad), sino también cualidades en relación (más frecuente-menos frecuente, más-menos, más corto-más largo, más luminoso-más oscuro) sobre las cuales pueden ser formados reflejos condicionados.

Por ejemplo, ante un conejo presentaron dos figuras: un triángulo pequeño y un segundo, mayor que el primero. Cuando el animal lograba alcanzar con los dientes el anillo colocado en el triángulo pequeño, se le dejaba caer en la artesa un pedazo de zanahoria; cuando los movimientos eran ejecutados en dirección del triángulo mayor, el conejo no recibía el alimento. Resultó que con el tiempo se elaboró una reacción positiva hacia el triángulo pequeño y negativa, hacia el mayor. Luego, se le presentó al animal un tercer triángulo, igual al segundo y menor que un cuarto triángulo. Ahora, el conejo reacciona positivamente al menor de estos dos últimos triángulos presentados y negativamente al cuarto. Por consiguiente, la señal en este experimento no estuvo representada por los parámetros absolutos (magnitud de los triángulos),sino por los parámetros de relación.

Lo mismo ocurrió al experimentar con las gallinas, respondientes a la brillantez del color gris de sus comederos.

El significado biológico del reflejo condicionado a la relación reside en que si los agentes que los provocan coinciden posteriormente con el reflejo incondicionado, ellos rápidamente se convierten en señales condicionadas, siendo un caso particular del mecanismo fisiológico de extrapolación de la actividad nerviosa superior de los animales, del mecanismo de trasmisión de la experiencia, de la previsión de los hechos que a primera vista parece como si surgieran sin formación previa.

Por otra parte, existen reflejos condicionados por imitación, cuyos mecanismos son comprendidos a la luz de la teoría del reflejo. Digamos, si se forma un reflejo condicionado en un animal a la vista de otro, el "observador" incorpora el reflejo mediante la imitación. Estos reflejos juegan un papel relevante en la vida de los animales que se agrupan en rebaños o tienen forma de vida gregaria. Por ejemplo, luego de múltiples coincidencias del ruido del timbre, de los movimientos y de los turrones de azúcar, la conexión temporal se formó en un grupo de monos. Todos los animales corrieron a la artesa tan pronto como sonaba el timbre, aunque ninguno recibía el turrón de azúcar, pues por ley en el grupo de monos el refuerzo alimenticio lo recogía el cabecilla de la manada, aún adelantándose alguno de ellos en la tarea de presionar el cierre de la puerta. Después de retirar de la manada al cabecilla, surgió en ella otro con el reflejo ya formado por haberlo adquirido por imitación con anterioridad.

Muchos animales, incorporando las acciones de los padres y de otras especies aprenden a diferenciar señales de bienestar y de peligro. Por ejemplo, el grito que emite la cotorra en presencia del cazador sirve de señal de peligro para muchos pájaros y fieras. Los animales no huyen a la profundidad del bosque porque el grito coincidió con la acción directa del arma sobre ellos, sino porque tras gritos como esos comenzaron los disparos y la huída estrepitosa de otros animales. En la mayoría de los animales, como destacan las investigaciones, la imitación como mecanismo de adquisición de los primeros hábitos posee un papel preponderante en las primeras etapas de la ontogénesis.

Un significado peculiar también lo tiene la imitación en las primeras etapas del desarrollo ontogenético humano. El niño incorpora por imitación muchas modos de actuar del adulto. Por imitación, el niño pronuncia palabras que están relacionadas con los objetos y, así, se convierten en señales de estos. Claro que a medida que se desarrolla el lenguaje, disminuye el significado de la imitación. Con ello no queremos negar que en las personas adultas generalmente se observencon claridad expresiones imitadas. Es bien conocido que en las personas que conviven juntas en matrimonio después de largos años regularmente se asemejan por las expresiones del lenguaje, por la mímica, por la gesticulación. Ocurre también que a veces los estudiantes no sólo "se parecen" a su profesor por sus ideas y conductas, sino también por sus gestos, mímicas, expresiones orales y entonación de estas.

En los vertebrados se halla enormemente difundida la propiedad de imitar. Es conocida la trasmisión de reacciones vocales mediante la imitación en aves vocíngleras y cantoras. Animales mucho más organizados como por ejemplo, el chimpancé, puede eficazmente incorporar diferentes movimientos de sus congéneres y del hombre.

El norteamericano J.Lilli (1964) observó la imitación altamente desarrollada en losdelfines. Uno de sus delfines sometido a experimento aprendió a pronunciar algunas palabras y a imitar con el sonido la risa del experimentador.

Así, la idea fundamental que debemos subrayar en lo anteriormente expuesto es que los reflejos condicionados constituyen la anticipación al desencadenamiento futuro de sucesos elementales. El reflejo condicionado constituye en sí la evidencia de que el animal anticipa el futuro a través de la señal. Nótese que hablamos de señal o del estímulo signalizador. Este hecho psíquico lo conceptualizamos como Tarea. Sobre él nos detenemos en el epígrafe 2.4.1.

Así, la Tarea constituye la condición psíquica de la Expectativa de la personalidad que permite orientar, de manera inconsciente, al sujeto en su actuación. Por lo tanto, el sujeto tiene la facultad de realizar ejecuciones simples sin que medie un tiempo más o menos prolongado ni interfiera otra estimulación entre la orden recibida y la respuesta emitida. Si esto último sucediera, se produciría la denominada por I.P.Pavlov inhibición interna, sujeta a la ley de la interferencia.

La Tarea como objeto de estudio psíquico también puede observarse en el animal, digamos, al alcanzar un objeto que se le ordena. La ejecución siempre tendrá lugar a partir de una orden (de carácter simple) que generalmente implica movimientos, producto del matiz inconsciente de la anticipación que aparece en el sujeto, pues él no puede por sí mismo proponerse o planificar la ejecución lo que trasluce sus ínfimas posibilidades de autorregulación. De ello se infiere que para el sujeto no aparece preciso el significado que tendrá la propuesta de ejecución, aunque sí logre anticipar el resultado a alcanzar.

En el caso del hombre resulta difícil lograr la ejecución por tarea, pues sus ejecuciones o su actuación tiene, en general, un carácter consciente. Así, la actuación de la persona trasciende la simple orden, al preguntar "¿para qué debo o tengo que hacer eso?".

Todos los tipos de reflejos condicionados descritos, como característica general, son comunes a los animales y al hombre. No obstante, además de estos, en el hombre existen los reflejos articulatorios del lenguaje que conforman especialmente la actividad señalizadora humana, denominada por I.P.Pavlov, segundo sistema de señales. En el se basa el mecanismo fisiológico del pensamiento en el ser humano.

La complejidad del problema concerniente a los reflejos condicionados se advierte tras la propia enumeración de los tipos hasta ahora conocidos y que no agota la formación de otros por las múltiples combinaciones que puedan tener lugar a partir de los reflejos incondicionados ya existentes.

En resumen, la vida de los seres superiores es una combinación compleja de múltiples reflejos condicionados.

El individuo animal puede presentarse en calidad de sujeto en función de su grado de activación. El grado de activación del animal está condicionado por la posibilidad de satisfacer una necesidad a partir del reflejo integral (perceptual) de las cualidades del objeto que permitirá satisfacerla. Esta activación se manifiesta a través de la ejecución de un sistema de acciones y de operaciones encaminado al logro de la interacción con el objeto (o del sujeto).

En otras palabras, el proceso de activación conductual del animal se erige sobre la base de necesidades metabólicas, sexuales, y "sociales", entre otras, que aparecen en ellos y que tienden a satisfacer.

A propósito de las denominadas necesidades "sociales" en el animal. Como bien puede apreciarse, son muchos los autores que destacan el hecho de la presencia de necesidades sociales en los animales, aún cuando lo hacen entre comillas. Al no ser considerado el animal un ser social, es obvio que sus necesidades tampoco puedan ser valoradas como sociales. Probablemente, este razonamiento ha conducido al entrecomillado de este tipo de necesidades en los animales, con lo cual los tratadistas supuestamente asumen una actitud un tanto conservadora y cuidadosa. A nuestro juicio, el hecho de no haber focalizado directamente el comportamiento de los animales en grupo como objeto de estudio en sus investigaciones y tener la necesidad de abordarlo colateralmente, ha dejado una brecha intencionada al problema de las relaciones interactivas, comunicativas, que los animales establecen entre sí. Asimismo, el seguir prisioneros de las categorías tal y como se han hallado, parafraseando a Engels por el prólogo al segundo tomo del Capital de Marx, puede ser otra razón para limitar el uso de aquellas al explicar las interacciones que tienen lugar en la convivencia gregaria de algunos animales. De aquí que seamos partidarios de admitir explícitamente el surgimiento y desarrollo de determinadas necesidades grupales en los animales, lo cual ha sido demostrado también por la investigación empírica.

A nuestro modo de ver, si el criterio que se asume para separar al reino animal de la posibilidad de establecer relaciones de índole social es la comunicación, entonces tendremos que reconsiderar el planteamiento del problema, pues el animal, al igual que el hombre no sólo la establece, sino que necesita establecerla. Por ejemplo, la función de esta necesidad "social" es tal que cuando se separan los monos (chimpancé) unos de otros, apunta W.Kölher, rechazan la comida durante días.

Es decir, el animal inexorablemente interactúa con otros animales de su especie, de otras especies y con el propio hombre. No es casual que F.Engels, al abordar el problema del origen del hombre, lo destaque como "el más social de los animales", con lo que no niega, en el sentido estricto de la palabra, la necesidad de ayuda mutua y de actividad conjunta, ventajosa para cada animal miembro del grupo, en la conquista de nuevas zonas de alimentación y resistencia en las luchas entabladas con las manadas vecinas. Otra cosa sería la asunción del modo de vida social para el que se haya facultado el ser humano. Estamos considerando, en primer término, el modo de producción y reproducción de los bienes materiales en el que las personas devienen seres sociales por la calidad de las relaciones que establecen en él.

Hay formas de conductas innatas que implican la interacción entre individuos a partir de un estímulo-señal que provoca conductas similares dentro de una especie. Pero también hay conductas de naturaleza grupal (social) que no responden a las simples asociaciones. En la actividad migratoria, reproductiva, en la defensa territorial, al formar bandadas y rebaños, algunas especies hacen ostensible su complejidad conductual. La reunión de las ovejas en rebaños exige de la impresión experiencias tempranas; si la oveja es criada por el hombre, aún por corto tiempo después de su nacimiento, no sigue a la manada normalmente.

Esto también se avisora tras el derecho al picoteo en las aves en función del orden jerárquico que ocupe en el grupo, donde el ave dominante pica al ave sometida. Las ratas más fuertes y vigorosas viven más cerca del alimento y en mejores condiciones; las sometidas a estas primeras se alimentan una sola vez y están menos resguardadas, generando incluso, cambios endocrinos en ellas y enfermedades degenerativas. Los monos se organizan en bandas alrededor de un "jefe" macho, miembro dominante del grupo, quien posee un harén de hembras que manda hasta que es retado y derrotado por otro, siendo condenado así al aislamiento.

Sobre esto volveremos posteriormente al argumentar la posibilidad comunicativa en los animales.

El reflejo por el animal del objeto de satisfacción de la necesidad se produce por el establecimiento de relaciones que logra realizar a nivel perceptual. Por ejemplo, la aprehensión de las relaciones de comparación que existen entre los objetos es un indicador de que en el animal se produce el reflejo perceptual. Además de observarse este hecho en los experimentos descritos con gallinas y chimpancés, también se hace notar en los monos macacos (macacus cynomolgos), quienes se adiestran a escoger, entre dos pesos, el más pesado, aunque estos difieran de los pesos iniciales.

G.Révesz destaca la preferencia de los monos rhesus por la forma de la figura, mientras las gallinas se deciden por el color, independientemente de que pueden ser entrenadas para responder ante la forma al constatarse que estas últimas pueden distinguir círculos de cuadrados y de triángulos. Tras esta idea subyace que los atributos o cualidades de los objetos están sujetos al desarrollo del individuo en la filogenia y ontogenia. En otras palabras, la percepción del color, del tamaño y de la forma tiene lugar en función del desarrollo alcanzado por la especie y el individuo dentro de ella. Así, se confirma que los niños menores, comprendidos entre los dos y cuatro años, son predominantemente susceptibles a la percepción del color, en tanto los de cuatro a seis años tienen preferencia por la forma (A.A.Liublinskaya, 1981; L.A.Venguer, 1981).

De esta manera, el animal puede seleccionar el objeto de satisfacción de su necesidad a partir de sus cualidades, e incluso pueden abstraer aquellas que son significativamente relevantes para él. Por ejemplo, el chimpancé puede separar el color del resto de otras cualidades. A este hecho, Koths le ha llamado "estadio primitivo de actividad abstracta en un animal".

Lo mismo sucede en el perro que se dirige específicamente a buscar la comida cuando tiene hambre o el agua al tener sed; a diferencia de la rana que envuelve con su lengua un pedazo de papel cuando éste se mueve, pues reacciona ante esa propiedad aislada, la gallina no se comporta de igual modo ante él, a pesar del constante picoteo del alimento, pues la respuesta aparece por la percepción (relación) de las cualidades del objeto.

Como habíamos apuntado con anterioridad, desde el punto de vista del desarrollo psíquico el color debe ser considerado primario con relación a la forma por lo que esta última es un indicador de la selectividad de la percepción lo que no ocurre en todos los animales. Para demostrar que las gallinas pueden responder a la forma, se cortaron en vainas de guisantes diversas figuras de áreas aproximadamente iguales. Luego, se hicieron grupos con dos de esas figuras y se pusieron delante de las gallinas bajo un cristal plano el primero y encima de éste el segundo grupo. Las gallinas aprendieron rápidamente a elegir el que está encima, de modo que las otras figuras no eran tocadas aunque se las colocaran sobre el cristal.

En los animales, como en el hombre, las necesidades se estructuran jerárquicamente.

En los animales no sólo puede hallarse el cambio de la significación de los objetos, es decir, la existencia de la parcialización del reflejo, por demás inherente a todo lo psíquico, pues para ellos los objetos (o sujetos) adquieren un determinado sentido, sino también podemos encontrar un sistema de necesidades que se configura en correspondencia con la fuerza o intensidad conque se manifiestan. Considerar la estructuración sistémica de las necesidades en el animal implica que están organizadas jerárquicamente, por lo que unas se subordinan a otras. Esto último E.Claparède lo expresa a través de la "ley del interés dominante del momento" (citado por D.Katz, 1961).

La parcialidad del reflejo psíquico de los objetos se observa, por ejemplo, en la hembra de la araña, al comerse al macho después de la copulación; de manera que el objeto sexual se ha transformado en alimento. Asimismo, para el cangrejo ermitaño, en función de la intensidad de sus necesidades, la anémora de mar puede ser alimento, casa o compañera de simbiosis en distintos momentos.

De esto mismo se infiere que la conducta animal observada en un determinado momento es el resultado de la interacción de múltiples de sus necesidades. Aparece en la literatura especializada cómo un perro atado a una cadena insiste siempre en dar un paseo alrededor de la casa antes de responder al alimento que se le ofrecía. Es muy conocido que muchos animales en período de excitación sexual renuncian a la comida durante períodos de tiempo relativamente prolongados. Los pájaros en vuelo dejan la comida aunque tengan hambre. La observación de los pingüinos revela la enorme fuerza que tiene en ellos la necesidad de conservación de la especie al continuar sobre sus huevos después de helarse. Aún más, al sustraérsele los huevos incubaban trozos de hielo. Lo mismo sucede en la gallina. Dentro de su campo perceptual visual se le puso agua y un montón del mejor grano, pero de manera tal que tenía que dejar los huevos para alcanzarlos. En estas circunstancias, los intentos de dejar los huevos se sucedieron pero no con la fuerza necesaria como para dejarlos definitivamente. Hubo gallinas que permanecieron echadas durante un tiempo relativamente largo sin comer ni beber, independientemente de que esto tuvo lugar en la época de más calor en el año.

En los experimentos de Hellwald con ratas se destaca la fuerza del instinto (de la necesidad) de conservación individual sobre la necesidad del alimento. Sucede que cada vez que el ratón tocaba el recipiente que contenía la comida sonaba una campanilla conectada a él eléctricamente. El primer efecto de la campana sobre el ratón fue asustarle tanto que emprendía la huida, permaneciendo durante horas sin atreverse a aproximarse a la comida. Una segunda tentativa, seguida del mismo sonido, tuvo el mismo resultado. El animal hambriento hizo copiosos e infructuosos intentos antes de atreverse a comer. La duración del estado de extenuación da la medida inmediata de la magnitud de la fuerza del temor sobre la magnitud de la fuerza del hambre. Ello ocurrió al colocar un conejillo de Indias cerca de un gallina que comía. Inmediatamente, ésta dejó de comer y trató de huir. Después de algunos segundos le fue retirado el conejillo, pero la gallina continuó en su estado de excitación sin reanudar la comida, aunque tenía ganas de hacerlo.

Otros de los argumentos que puede ser asumido para considerar determinada especie animal como sujeto de su actuación resulta de la idea deductiva de que el animal no sólo realiza actividad, sino también comunicación.

Aunque existe un enorme material crítico acumulado sobre las ideas cuestionables y discutibles de la comunicación animal, es, sin embargo, significativo que nadie se oponga a la admisión de que en él exista actividad. Por ello nos detendremos en el problema de la comunicación, sin considerar agotado el tema con nuestras opiniones.

¿No sería posible hablar en los animales de la comunicación emocional presente en el ser humano? ¿Del animal nos diferencia solamente el segundo sistema de señales?

Lo primero que aparece en contraposición a nuestro enfoque son las concepciones de determinados autores que niegan la posibilidad de que los animales se comuniquen por ausencia de lenguaje, por carencia de la palabra o por la falta de significado en ella. En relación con los estudios experimentales realizados al respecto, se ha inferido de la observación y se ha demostrado a través del control de variables que el chimpancé tiene un lenguaje propio bastante rico y que no sólo se asemeja al habla humana fonéticamente, sino que tiene algún significado, en el sentido de que las palabras son producidas por ciertas situaciones u objetos relacionados con el placer o el disgusto, o inspiradores de deseos, malas tendencias o miedo (Yerkes y Learned; citado por L.S.Vigotsky, 1968). Las experiencias de otros investigadores en la temática coinciden en que los chimpancés, como animales en extremo gregarios y que responden a la presencia de otros de su especie, poseen formas altamente diversificadas de comunicación lingüística entre ellos. Así, se destaca que el experimentador llega a usar modos de comunicación elementales esencialmente similares para dar a entender a los monos lo que se espera de ellos (W.Köhler, citado por L.S.Vigotsky, 1968).

Para explicar el origen del lenguaje en el hombre, F.Engels destaca: "...el ave de voz más repulsiva, el loro, es la que mejor habla. Y no importa que se nos objete diciéndonos que el loro no entiende lo que dice...dentro del marco de sus representaciones, puede también llegar a comprender lo que dice. Enseñad a un loro a decir palabrotas, de modo que llegue a tener una idea de su significación..., y veréis muy pronto que en cuanto lo irritáis hace uso de esas palabrotas con la misma corrección que cualquier verdulera de Berlín. Y lo mismo ocurre con la petición de las golosinas".2

El destacado psicólogo ruso L.S.Vigotsky, al hacer alusión a la descripción del habla de los monos, afirma al respecto: "...debe hacerse incapié nuevamente en que la descarga emocional como tal no es la única función del lenguaje en los monos. Como en otrosanimales y en el hombre también es un medio de contacto psicológico con otros de su especie"3. Los antropoides ponen de manifiesto - continúa subrayando el autor - una inteligencia semejante a la del hombre en ciertos aspectos (el uso embrionario de herramientas) y un lenguaje en parte parecido al humano en aspectos totalmente distintos (el aspecto fonético de su lenguaje, su función de descarga, los comienzos de una función social)”4.

"Como preestadios del lenguaje humano - expresa en el mismo sentido Katz - debemos considerar aquellas expresiones con las que un animal trata de insinuar a otro, o al mismo hombre, si se halla presente cierta conducta que es de significado inmediato para él mismo... Estos movimientos expresivos se han cambiado por refinamiento y abreviación en una forma de lenguaje de signos que se ha hecho convencional por repetición; por la propia experiencia del animal"5. Dentro de ciertos límites - prosigue el autor - existe un lenguaje de signos convencional; este lenguaje naturalmente se halla en relación con un estado emocional, no puede separarse de él como sucede con el hombre"6.

Nos parece suficientemente clara la concepción que sobre el particular expone F.Engels al expresar que "el contacto con el hombre ha desarrollado en el perro y en el caballo un oído tan sensible al lenguaje articulado, que estos animales pueden, dentro del marco de sus representaciones, llegar a comprender cualquier idioma...pueden llegar a adquirir sentimientos desconocidos antes por ellos, como son el apego al hombre, el sentimiento de gratitud, etc. Quien conozca bien a estos animales, - continúa expresando a favor de la comunicación - difícilmente podrá escapar a la convicción de que, en muchos casos, esta incapacidad de hablar es experimentada ahora por ellos como un defecto".7

A manera de ilustración de lo expuesto, podemos emplear otros ejemplos. W.Kölher describe como en el laboratorio dos chimpancés fueron adistrados a trabajar juntos: tirar de una tabla lastrada que contenía alimento y que era muy pesada para cualquiera de ellos halarla por separado. La comunicación manifiesta en la conducta de los animales se evidenciaba en la gesticulación recíproca para pedirse ayuda hasta lograr alcanzar el alimento.

Lo mismo se observa en la competencia por el alimento entre un macho y una hembra chimpancé. Ante la imposibilidad de la hembra de adquirir el alimento por la fuerza, esta excita al macho y cuando él se dispone a copular, ella le arrebata el alimento y huye. En ella hay necesidad de interactuar y en él de aceptar esa interacción. ¿Cómo el macho y, sobre todo, la hembra fueron capaces de emplear determinados medios para adquirir un fin, donde, incluso, las verdaderas intenciones (tareas) no se traslucían en la comunicación? Mientras para él la satisfacción de la necesidad sexual era primaria, para ella lo constituía la obtención del alimento.

Lo mismo ocurre en el hombre.

De las ideas citadas podemos inferir las conclusiones siguientes.

En primer lugar, que el animal posee necesidad de interactuar con otro animal de su misma especie o con otros de especie diferente. Esta necesidad puede incluso ser satisfecha en la interacción con el propio hombre. Y eso es comunicación. Por ejemplo, se han observado conductas neuróticas desarrolladas en los animales a causa del "aislamiento social". Sólo bastó un período de tiempo relativamente corto (una semana) para provocar fuertes tendencias a la actividad ininterrumpida y estereotipada que en mucho recuerda a los tics en el ser humano.

En segundo lugar, el animal se vale de un lenguaje emocional para satisfacer la necesidad de interacción a través de acciones y de operaciones, como ocurre en el lactante.

Hablar sobre la comunicación emocional es hacer alusión a lo que múltiples autores denominan "complejo de animación", por el que se entiende aquel comportamiento del lactante que expresa el movimiento rápido de brazos y piernas, la respiración acelerada y, a veces, el balbuceo, que empieza al término del primer mes o al comienzo del segundo.

Para una mejor comprensión de nuestras ideas, debemos partir de la propia concepción que sobre el proceso de comunicación asumimos.

¿Cuáles son las propiedades determinantes del concepto de comunicación? Entendemos por comunicación el proceso de interacción entre dos polos (sujetos) que presentan un nivel de activación (regulación) congruente, donde uno de ellos expresa la tendencia a interactuar con el otro y el otro, la de aceptar esta interacción, y viceversa, a través de acciones y operaciones. Queremos hacer notar que no compartimos la idea de L.S.Vigotsky, según la cual la verdadera comunicación requiere significado, o sea, requiere tanto de la generalización como de los signos. Dentro de las propiedades determinantes del concepto de comunicación no deben incluirse, a nuestro juicio, los medios de comunicación, pues ellos forman parte de la calidad de la comunicación y, por lo tanto, no responden a la naturaleza misma de ella. Estos pueden estar dados a través del gesto como de la palabra. El hecho de poder interactuar y que dicha interacción provoque la activación congruente entre ambos polos es la condición primigenia para que exista comunicación y el medio que se emplea.

Si aceptáramos como lícito el punto de partida de este autor, negaríamos al niño pequeño la posibilidad de comunicarse porque no posee dominio de la palabra. Es decir, que la interacción se realice mediante lo verbal o no, no significa que exista o no comunicación.

Digamos, incluso la palabra o su significado en sí mismo no garantiza el proceso de comunicación. Puede suceder que el maestro imparta su clase acerca de un conocimiento dado y, sin embargo, no exista comunicación con el alumno al éste no necesitar la interacción con él, independientemente de que decodifique el mensaje que el maestro está trasmitiendo.

Si desde el punto de vista perceptual y emocional existe convergencia entre los animales y el hombre, como hasta aquí se ha probado, entonces existen similitudes de carácter funcional y estructural entre los procesos psíquicos de ambos.

¿Cuál es la función principal del psiquismo animal?

Al igual que en el hombre, en los primeros estadios de su desarrollo ontogénico la psiquis le permite al animal la regulación de su actuación para poder adaptarse.

No perdamos de vista que al hablar de psiquismo estamos aludiendo tambien a sus propiedades inherentes como la parcialización, el sentido subjetivo y la vivencia. En esta última propiedad nos detendremos más adelante, al analizar el Estado Afectivo de la personalidad con el propósito de valorar lo que en la literatura psicológica contemporánea aparece bajo el concepto de vivencias afectivas. Aquí sólo diremos que las vivencias no pueden reducirse a lo afectivo, pues ella es sinónimo de reflejo. ¿Qué es lo reflejado, sino lo vivenciado? El conocimiento es también vivencia. Todo lo reflejado tiene un sentido personal, está parcializado. Compartimos, por ello, la idea de L.S.Vigotsky acerca de la interpretación de la vivencia, al considerarla la unidad de todo lo psíquico (L.S.Vigotsky, 1968).

En síntesis, existen especies de animales que pueden considerarse sujetos por las razones siguientes, ya fundamentadas.




  1. Presencia de corteza cerebral,

  2. posibilidad de reflejo perceptual, lo que implica el surgimiento del psiquismo,

  3. posibilidad de establecer conexiones temporales (reflejos condicionados),

  4. grado de activación de la conducta,

  5. posibilidad de realizar actividad y comunicación y

  6. semejanzas funcionales y estructurales de los procesos psíquicos del animal con respecto al hombre.



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