Período de latencia: características típicas y consideraciones sobre la latencia en la actualidad



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Ficha de Estudio.

Materia: Psicología Evolutiva Niñez


Cátedra: 2ª

Profesor Titular: Lic. Juan José Calzetta.
Autores: Lic. Lucia Bozzalla, Lic. Fabiana Naiman.
Período de latencia: características típicas

"Rubén tiene un problema y una alegría; son, en ese orden, el diente flojo que debería caerse pero no cae y Silvia, que por fin le dijo que lo quiere. El problema necesita solución más urgente que un telegrama. Nada debe oscurecer lo de Silvia.

Si no fuera por eso estaría tan contento como cuando san Lorenzo iba primero y cantaron con papá oyendo como Fioravanti dijo por la radio que el juego del ciclón brilla. (...) .

Si no fuera por el diente, la cara de Silvia, ayer, cuando dijo me gustás vos, sería lo único. Porque Silvia es la más linda y hace mucho que Rubén la busca. (....)

Ayer, en la siesta, en vez de irse cada uno con sus amigos -ella con las chicas y él con los chicos- se encontraron en el galpón de la casa de Ruibé; el galpón está en el fondo del patio, repleto e muebles inservibles y de herramientas con las que papá cultiva verduras y planta sus árboles y los poda. Entraron, cerró la puerta con la tranca, y buscó el lugar más protegido, entre .los sillones que eran de la abuela y la cama destartalada que no sabe de quién fue. Ahí, en ese escondite, hablaron. (....) y porque ya terminaba la siesta y él le dijo sin mirarla que ella le gustaba para siempre y se despidieron sin besarse, aunque ya son novios."
Edgardo Gilli
Presentación.

El período de latencia ha quedado relegado en la producción bibliográfica de nuestra disciplina, si comparamos con la abundante producción de trabajos sobre otros períodos del desarrollo.

Nos proponemos en este trabajo rastrear los principales conceptos freudianos acerca de este período y enriquecerlos con los aportes de otros autores, de manera de sacar a la luz al período de latencia, con toda la riqueza que encierra, con las transformaciones intrapsíquicas que implica, con los conflictos que la constituyen y con sus manifestaciones conductuales más características, las que se ven altamente influenciadas por factores de orden social, cultural y económico.

Realidades éstas últimas cuya influencia sobre la infancia se hacen cada vez más visibles, mostrando el temprano sufrimiento, las carencias y la precocidad sexual que rompen la concepción de una infancia monolítica asociada a la felicidad, el juego y los rituales típicos que se transmiten de generación en generación. Esperamos también entonces interrogarnos, cuestionarnos, preguntarnos, por ejemplo, si es posible en las condiciones actuales hablar de latencia y si lo es, especificar qué denominamos de esta manera.

Esperamos así acercar al alumno un material que le facilite construir una perspectiva amplia sobre esta etapa de la vida en los niños, comúnmente caracterizada de una manera simple y breve como un tiempo en el que la sexualidad no se hace ver y en el que se desarrollan aspectos fundamentalmente intelectuales (interés por el aprendizaje) y sociales (integración mayor al grupo de pares).

Nos proponemos también generar en los alumnos el interés por interrogarse sobre diferentes aspectos de la segunda infancia, especialmente en relación al momento actual y los diferentes contextos en los que transcurre.

Utilizaremos, para ejemplificar algunas de las cuestiones trabajadas, una experiencia realizada desde la cátedra en el año 2002 de observación a grupos de latentes que concurrieron al Museo de los niños ubicado en el Shopping Abasto y citaremos fragmentos de textos literarios.


Definición del período

¿Es posible hablar hoy de latencia sexual? Si es posible, ¿qué formas asume en el mundo actual? ¿Cuáles son sus características de acuerdo a la situación socioeconómica y cultural en que viven diferentes niños y niñas? Cómo impactan los cambios culturales que los exponen en la actualidad a ser partícipes de problemáticas antes reservadas exclusivamente a la vida adulta? Cómo incide, en los niños/as del periodo de latencia, la exhibición constante que hacen los medios de comunicación, tanto gráficos como audiovisuales, de temáticas sexuales? Qué consecuencia puede tener, sobre la sucesión esperable de las etapas del desarrollo, la eliminación de la diferenciación entre adultos y niños que realiza la ley del mercado al considerar a unos y otros como consumidores en igual grado?


Comenzar por revisar las definiciones y nociones que Freud desarrolla sobre el período de latencia (ver anexo final sobre distintas citas freudianas que consideran este período) es un camino necesario a recorrer para ir buscando respuestas a las preguntas planteadas. Podemos intentar definir el período de latencia, en base a diferentes criterios:

  • Por su ubicación cronológica

  • Según sus aspectos descriptivos

  • Desde una perspectiva metapsicológica

El orden planteado no implica la importancia asignada a cada uno de los criterios.

Así pues, si definimos el período de latencia por su ubicación cronológica, podemos decir que se ubica entre el Complejo de Edipo y la pubertad. Es decir que se inicia con el sepultamiento del Complejo de Edipo, la constitución del Superyó y la instalación de los diques: sentimientos de asco y pudor y barreras éticas y estéticas en el interior del yo. Se extiende hasta la metamorfosis de la pubertad, en la cual niños y niñas se encuentran con un nuevo cuerpo, con una nueva exigencia pulsional y con la reanimación de las aspiraciones e investiduras de objeto de la temprana infancia, así como las ligazones de sentimiento del Complejo de Edipo.

Esta definición se correlaciona directamente con las afirmaciones de Freud acerca de la acometida en dos tiempos de la sexualidad.

En 1925 Freud, En “Presentación autobiográfica” escribía:

"El carácter más notable de la vida sexual humana es su acometida en dos tiempos con una pausa intermedia. En el cuarto y quinto años de vida se alcanza la primera culminación, pero luego se disipa ese florecimiento temprano de la sexualidad, las aspiraciones hasta entonces vivas caen bajo la represión y sobreviene el periodo de latencia, que se extiende hasta la pubertad y en el que se instituyen las formaciones reactivas de la moral, la vergüenza y el asco. (NOTA (1935): El periodo de latencia es un fenómeno fisiológico. Empero, sólo puede provocar una interrupción completa de la vida sexual en aquellas organizaciones culturales que han incluido en su programa una sofocación de la sexualidad infantil. (No es este el caso en la mayoría de los pueblos primitivos.)"
De manera descriptiva se puede definir el período de latencia por la disminución del interés por las actividades sexuales y el ocultamiento de aquellas que permanecen. El deseo de aprender toma el lugar de los intereses y la curiosidad sexuales previos y el niño y la niña invierten su energía, ahora disponible, para descubrir aspectos del mundo en el que viven y para integrarse en nuevos grupos sociales fuera del ámbito familiar. La exclusividad de la importancia de las figuras parentales queda acotada por el conocimiento de otras familias y la relación con otras figuras de autoridad, principalmente los maestros, que heredan la historia afectiva que tenían con sus progenitores. El lenguaje se vuelve paulatinamente el principal medio de expresión y comunicación, gracias a la estabilización del proceso secundario. Los niños/as piensan, reflexionan, se ponen en el lugar de los otros, ganan en autonomía, desarrollan su propia moral.

Podemos decir que entre lo 7 y los 12 años se produce un giro decisivo en el desarrollo mental y afectivo.

Aparecen nuevos sentimientos morales como la honestidad, la camaradería, la justicia, y una organización de la voluntad. El equilibrio afectivo se hace más estable.


Desde el punto de vista metapsicológico, en la latencia el aparato psíquico sufre una transformación. Una nueva instancia, el Superyó, se incorpora con la internalización de las figuras parentales, sus prohibiciones e ideales. El Yo debe cumplir sus funciones respondiendo a esta nueva organización. La acción inmediata como respuesta a los impulsos se coarta, aumenta el fantaseo y el pensamiento reflexivo .

En este período se organiza definitivamente la heterogeneidad del Aparato Psíquico y la consecuente dinámica entre el yo y sus vasallajes respecto del Ello, el Superyó y la realidad.(2ª tópica)

Considerado desde la primera tópica podría decirse que su comienzo está marcado por la estabilización de la represión primaria y la divisoria intersistémica, es decir la consolidación de la diferencia entre el sistema Preconsciente-Consciente y el sistema Inconsciente.

La constitución del Superyó y la erección de diques: sentimientos de asco, pudor y barreras éticas y estéticas en el interior del yo son poderosas formaciones reactivas frente a la sexualidad infantil que se reprime o se sublima, mediante la derivación hacia otros fines, el cambio de objeto y la aceptación cultural de sus producciones.


Analizando estas definiciones vemos un fuerte argumento para pensar que a pesar de los contextos socioculturales cambiantes, de los posibles cambios biológicos que parecen acortar la distancia entre la declinación del Complejo de Edipo y la pubertad, existe para todos los niños/as un compás de espera, una imposibilidad estructural y biológica que sigue sosteniendo un período en el que la sexualidad, a pesar de no desaparecer totalmente sus manifestaciones, no encuentra nuevas metas ni nuevas formas organizativas que le permitan sortear la imposibilidad de la satisfacción pulsional experimentada al final del Complejo de Edipo.

No hay que desestimar el importante papel que cumple la cultura en la posibilitación del período de latencia, reforzando la represión y ofreciendo canales de derivación para la simbolización y la sublimación. Autores que trabajan sobre la situación de los niños y niñas en la actualidad se cuestionan sobre la existencia o la desaparición de la infancia en algunas situaciones actuales. Sea por las mayores posibilidades de sufrimiento, por la precoz exposición a estímulos que muestran sin velos imágenes de la vida sexual genital, por la desprotección que amplios sectores infantiles padecen, por la falta de inclusión en las instituciones sociales que significaban y daban sentido a la infancia, pareciera que ese compás de espera en algunos casos es destituido desde lo social, que no hay espera. El aumento de la pobreza, el trabajo infantil, y el desmembramiento de la familia, son ejemplos de situaciones que hacen que chicos de estas edades, lejos de gozar de la protección que aun necesitan, se encuentren en una situación de desamparo en la que deben asumir posiciones de responsabilidad que los condicionan en la estructuración de su subjetividad. Dejaremos una mayor profundización sobre estos aspectos para el desarrollo de la unidad V del programa



Origen del P. De latencia

La pregunta sobre el Origen del período de latencia que Freud se plantea en distintos momentos de su obra y que intenta responder mediante tres hipótesis complementarias nos permiten seguir buscando respuestas a los interrogantes planteados.




  1. Hipótesis fisiológica: se refiere a la disminución fisiológica de los impulsos.

Freud, en el Cap. II de "Tres ensayos para una teoría sexual", en el apartado denominado

"El periodo de latencia sexual de la infancia y su ruptura" menciona lo siguiente:

"...... Las inhibiciones sexuales. Durante este periodo de latencia total o meramente parcial se edifican los poderes anímicos que más tarde se presentarán como inhibiciones en el camino de la pulsión sexual y angostarán su curso a la manera de unos diques (el asco, el sentimiento de vergüenza, los reclamos ideales en lo estético y en lo moral). En el niño civilizado se tiene la impresión de que el establecimiento de esos diques es obra de la educación, y sin duda alguna ella contribuye mucho. Pero en realidad este desarrollo es de condicionamiento orgánico, fijado hereditariamente, y llegado el caso puede producirse sin ninguna ayuda de la educación. Esta última se atiene por entero a la esfera de competencia que se le ha asignado cuando se limita a marchar tras lo prefijado orgánicamente, imprimiéndole un cuño algo más ordenado y profundo."
Algunos autores, como Uribarri1 cuestionan la hipótesis de la disminución fisiológica de los impulsos basándose en los siguientes argumentos:


  • no se registra disminución de los niveles hormonales o de los ritmos de crecimiento en esas edades

  • no se podía explicar la intensa actividad de que son capaces los latentes

  • existe una lucha constante contra la masturbación, los deseos incestuosos y las ocasionales prácticas genitales en los latentes




  1. Hipótesis psicológica: su origen estaría vinculado a la declinación del Complejo de Edipo cuando el aumento de la angustia de castración, se resuelve con la concomitante identificación con los padres, la instauración del SY y el desarrollo gradual de la sublimación y la simbolización.




  1. Hipótesis Filogenética: esta hipótesis estaría vinculada a la idea de que el complejo de Edipo es también un fenómeno determinado por la herencia.

En el Sepultamiento del Complejo de Edipo, Freud plantea estas dos últimas hipótesis: “El complejo de Edipo.............cae sepultado, sucumbe a la represión y es seguido por el periodo de latencia. Así el complejo de Edipo se iría al fundamento a raíz de su fracaso, como resultado de su imposibilidad interna.

Otra concepción dirá que el complejo de Edipo tiene que caer porque ha llegado el tiempo de su disolución, así los dientes de leche se caen cuando salen los definitivos. Es verdad que el complejo de Edipo es vivenciado de manera individual por la mayoría de humanos pero es también un fenómeno determinado por la herencia, dispuesto por ella, que tiene que desvanecerse de acuerdo con el programa cuando se inicia la fase evolutiva siguiente, predeterminada.”

Y continúa: “No puede negarse el derecho que asiste a ambas concepciones, pues las dos lo tienen. Pero además son compatibles entre sí; queda espacio para la ontogenética junto a la filogenética, de miras más vastas.”
El período de latencia no es uniforme

Si bien el final del Complejo de Edipo es un momento de grandes transformaciones, los procesos de complejización psíquica no se dan de manera lineal ni inmediata.



Siguiendo la propuesta de B. Bornstein, se pueden diferenciar dos subperíodos: latencia temprana y latencia tardía o primera y segunda latencia. El cambio se sitúa alrededor de los 8 años, edad que coincide aproximadamente con el momento en el que según Piaget se organizan las estructuras de las operaciones concretas..
a)Primer subperíodo. Latencia temprana

En este subperíodo la nueva organización psíquica aún no está consolidada. El nuevo funcionamiento es precario y frágil. La represión se va instalando lentamente y por lo tanto el control sobre los impulsos es inestable. Es frecuente la emergencia de angustia y la necesidad de presencia del adulto como reaseguro afectivo.

Esto se observa fácilmente en los grupos de niños que aún cuando están realizando y participando de actividades de su interés requieren reiteradamente de la intervención del adulto ante desbordes emocionales que se suscitan como consecuencia de conflictos entre pares, que ellos no pueden resolver por sí mismos, es decir con sus propios recursos psíquicos.
En la observación realizada en el Museo de los niños del Shopping Abasto dos nenes querían realizar una actividad al mismo tiempo y comienzan a pelear a las piñas, tirándose bruscamente del pelo. Una chica sale corriendo a dar aviso de la pelea a la señorita: -“¡Seño, seño, se agarraron a piñas!. Uno de los nenes implicados se acerca a la maestra y la abraza.
En la latencia se produce un gran desarrollo del yo que comienza en este subperíodo. Siendo característica principal de esta instancia la demora de la descarga inmediata, los niños y niñas de estas edades mostrarán conductas de postergación y control de la satisfacción de los impulsos, que durante este primer subperíodo se centrarán principalmente en intentar controlar la motricidad. Esta nueva posibilidad va a permitirle al niño acceder al aprendizaje, facilitándole prestar mayor atención a la transmisión de diferentes tipos de información. Sin embargo, si bien es el momento de inicio del aprendizaje de la lectura y la escritura (si entendemos a éstas en su sentido más amplio, extenso y complejo), muchas veces los niños no cuentan con los niveles de autonomía interior que son requeridos para esta tarea y es por éste y otros factores que involucran aspectos histórico- libidinales que niños de distintos niveles socioculturales suelen presentar sus principales dificultades escolares en el acceso al código de la lectura y la escritura, ya que se encuentra comprometida su actividad simbólica.

Frecuentemente en este subperíodo no logran “quedarse quietos”, al menos por mucho tiempo. La enorme diferencia que existía (y aún perdura) entre las propuestas educativas de nivel inicial (hasta los 5 años) y de comienzo de la escolaridad primaria (a partir de los 6 años aproximadamente), exigían a los niños una fuerte y brusca adaptación. De un modelo centrado en el juego con intensa participación del cuerpo, los afectos y la motilidad, los niños se veían incluidos en un modelo de participación en el aula basada en la permanencia en el banco y en la posibilidad de quedarse quietos. Actualmente existen propuestas que contemplan un pasaje gradual de un ciclo educativo al otro, incluyendo el juego como motor del aprendizaje.

Los chicos en esta subetapa siguen disfrutando intensamente del despliegue de la actividad motriz como descarga que le ofrece gratificaciones libidinales y agresivas a la vez que es una contención de las fantasías masturbatorias e incestuosas.

La actividad motriz también permite el incremento de la capacidad para hacer prueba de realidad, facilitando el aprendizaje por la experiencia. Los niños que realizan experiencias participativas de aprendizaje, por ejemplo cuando participan en un taller de papel reciclado, utilizan la actividad motora al servicio de descubrir y comprobar cómo es el proceso de elaboración del mismo. Hemos escuchado una niña en el Museo de los niños, que, finalizada la actividad decía: "Yo no pensaba que se hacía así".

Asimismo la actividad motriz se despliega en el marco de juegos reglados y actividades deportivas que la regulan y evitan los desbordes. La espontánea separación por sexos que predomina en las actividades durante esta etapa está también al servicio del control impulsivo.

Otra característica propia de este subperíodo es la ambivalencia del niño frente a mandatos del superyo y la imposibilidad por determinar si los imperativo categóricos provienen de una voz interior o exterior. Las conductas manifiestas que se observan frente a las prescripciones y prohibiciones en estas edades son también ambivalentes pues van desde la obediencia complaciente hasta la rebeldía, aunque culposa.

La siguiente secuencia observada en una actividad realizada en un espacio del museo de los niños que reproduce un supermercado da cuenta de ambas opciones:

El guía llama al grupo. La niña que hacía de “cajera” abre la caja registradora y le hace un gesto a la “clienta” (otra niña): -“Shhhh”, le dice. Saca una cantidad de billetes y se va. En el camino a reunirse con el grupo se cruza con otra nena y le muestra los billetes. Repite el gesto: -“Shhh. Todos se llevan”, le aclara.

El coordinador explica la tarea del repositor que consistía en guardar cada cosa en su lugar. Mientras tanto un chico ve que otro se ha acercado a la caja registradora y retiraba billetes. Se levanta corriendo a su encuentro gritando: -“¡No te los lleves!”. La maestra se da cuenta que estos dos niños se han dispersado y los hace volver con el grupo. Una vez que el guía termina con la explicación. El nene que había dicho que no se lleve los billetes, sale corriendo primero que todos, se acerca a la caja y se lleva todos los billetes que encontró. Luego se los muestra a su compañero con risa maliciosa.


b) Segundo subperiodo. Latencia tardía

En él se plasman las características que se conocen como propias del período de latencia

Está caracterizado por un mayor equilibrio y una mayor estabilidad de las diferentes instancias. En esta etapa, tanto como en la anterior, no aparecen nuevas metas instintivas y se consolidan el desarrollo del yo y del superyo, ejerciendo un control más eficaz y autónomo sobre los impulsos. La maduración neurobiológica producida entre los 6 y los 8 años colabora en este proceso.

Los logros obtenidos durante este subperíodo terminan de conformar el plafond psíquico que permitirá a niños y niñas afrontar los aumentos de tensión sexual y agresiva propios de la pubertad y los procesos de cambio adolescente.

El superyo se afianza como instancia interior fortaleciéndose los procesos de abandono de las investiduras libidinales y su sustitución por identificaciones.

Se desarrolla claramente un sentido de autovaloración, que se apoya en los logros y el autocontrol. Estos son reconocidos con valor positivo por el entorno escolar y familiar. Al volverse gradualmente más autocríticos, su autoestima se vuelve más vulnerable ya que empieza a verse en forma más realista, con sus debilidades y sus fortalezas, lo que impacta sobre el sentimiento de omnipotencia.

Los niños de esta edad se evalúan comparando sus habilidades y sus logros con los de los demás. En grupos de pares, miden por ejemplo quien salta más lejos, quien es la estrella del partido de fútbol, etc. El equilibrio narcisista es mantenido en forma más o menos independiente de las figuras parentales y con una cierta dependencia de la aprobación del grupo de pares.

Adquieren una perspectiva de sí mismos más integrada y compleja al reconocer y diferenciar los roles que desempeñan en distintos espacios sociales (miembros de una familia, integrantes de una clase, de un club, etc.) y sus distintas habilidades (para los deportes, para la música, etc). Van afianzando un sentido de identidad. Pueden pensarse a sí mismos y relacionar sus acciones con sus rasgos de personalidad y con sus sentimientos. Alcanzan mayor estabilidad en los estados afectivos.

Separan su pensamiento racional y su fantasía, la conducta pública y la privada. En este mismo sentido de la progresiva capacidad de diferenciación la capacidad para discriminar entre diferentes espacios, diferentes tiempos, y entre el yo y el objeto, contribuye a su creciente capacidad para la autonomía y la historización de sí, que se expresaría en términos de Piera Aulagnier, en la posibilidad de enunciación de "un proyecto identificatotio" que preservando aspectos del pasado ofrece al yo una imagen futura que lo orienta y le otorga sentidos.

A partir de los 8 años niños y niñas van logrando una mayor concentración cuando trabajan de manera individual y una colaboración más efectiva cuando participan en actividades de grupo.

El niño pasa de un egocentrismo social e intelectual a nuevas coordinaciones que le van a permitir otras formas de organización, mayor autonomía y procesos complejos de reflexión.

El inicio de construcciones lógicas en lo intelectual le permite comprender los sistemas de relaciones, la coordinación de distintos puntos de vista, un sistema de valores, lograr una moral de cooperación y autonomía personal. Aparecen nuevos sentimientos morales como la honestidad, la camaradería, la justicia, y una organización de la voluntad. El equilibrio afectivo se hace más estable. Se atenúa la ambivalencia.

El juego cambia: se complejiza y mediatiza ya que se combinan habilidades con el azar, se inventan reglas o se modifican las transmitidas de generación en generación como una forma de expresar la verdadera comprensión del consenso que subyace a las mismas. Se juega cooperativamente, se reparten roles.

El desarrollo del lenguaje, que deja de ser egocéntrico, da cuenta de las justificaciones lógicas utilizadas para la conexión entre ideas. Las posibilidades de discusión, la comprensión de distintos puntos de vista y valores y la justificación de las propias afirmaciones, hacen que las explicaciones entre los niños se den en el plano de la palabra y del pensamiento y no tanto en la acción. El cuerpo deja de ser un instrumento privilegiado para la expresión de los estados internos, en la medida que se han incrementado las posibilidades de expresión verbal. También logran mayores posibilidades de expresión artística. Como concreción de las posibilidades de sublimación.

El incremento de las posibilidades de sublimación y esta capacidad de organización y mediatización en la que se ponen en juego las habilidades que se van adquiriendo, se pone claramente de manifiesto en las actividades que se observaron en el museo de los niños

Si bien la sobreestimulación que ofrece el contexto sigue favoreciendo la tendencia a la descarga motriz, en este subperíodo, sólo se observan conductas de este tipo de manera aislada, ya que los niños cuentan con más recursos simbólicos para participar y mantenerse interesados en las propuestas.



Ejemplo del estudio de Tv (Se trata de un espacio equipado con los instrumentos básicos de un estudio de TV: tres cámaras - dos móviles y una fija - que pueden “mezclarse” en un monitor, una escenografía, micrófonos y disfraces.

Los chicos están sentados en una tarima, muy atentos a lo que les explica la guía. Frente a los efectos de cámara que ésta les enseña, ríen y aplauden. Al interrogar si saben cómo funcionan los efectos, la mayoría de los chicos levanta la mano para manifestar sus diferentes opiniones (sobre cuestiones técnicas de la televisión).

Frente a la tarea de realizar un programa de TV, deben repartirse los roles. Las nenas prefieren actuar, hablar y bailar (salir en cámara), mientras que los nenes eligen manejar la consola y ser camarógrafos. Las nenas se muestran muy entusiasmadas en disfrazarse. Una propone hacer de Susana Giménez , otra de Natalia Graziano.

Se dividen los roles dentro del grupo de las nenas: presentadora, invitada, bailarina.

Los nenes practican diferentes planos con las cámaras. Un nene sube al escenario y canta “Dale Boca!”.

Cuando comienza el programa, hacen silencio y después aplauden..

Recordemos que el núcleo del superyo, constituido por la prohibición del incesto, interdicta una conducta que es imposible de realizar por el niño, pues éste no posee la maduración biológica suficiente. Los sueños diurnos, como formación sintomática evolutivamente adaptativa, es una transacción entre los mandatos superyoicos y los impulsos. Estos son concientes para el yo del latente pero se ocultan a la percepción del adulto. Constituyen un recurso eficaz para lucha contra las fantasías masturbatorias, que amenazan con su tendencia autoerótica la investidura del conocimiento necesaria para el aprendizaje.

Las formaciones reactivas, que tiñen las conductas y actitudes del latente deben entenderse como la inversión con respecto a los impulsos que se desean realizar.

El cuestionamiento de las normas en este subperíodo continúa encontrando sus fuentes en las luchas conectadas con el conflicto edípico, de las cuales constituyen un desplazamiento.

En términos generales podemos decir que a lo largo de este periodo la relación entre las instancias se irá modificando: el superyo deberá ir haciéndose cada vez más permisivo ante la pujanza de las fuerzas impulsivas y el yo irá contando cada vez con más mecanismos y recursos para domeñar las pulsiones de manera operativa. Como resultado, la angustia como señal ganará escena paulatinamente, reemplazando a los desbordes habituales del subperíodo anterior.

A modo de síntesis, y citando a Peter Blos, mencionaremos sintéticamente los principales logros del período de latencia



  • "La inteligencia debe desarrollarse a través de una franca diferenciación entre el proceso primario y el secundario del pensamiento, y a través del empleo del juicio, la generalización y la lógica.

  • La comprensión social, la empatía y los sentimientos de altruismo deben de haber adquirido una estabilidad considerable

  • La estructura física debe permitir independencia y control del ambiente

  • Las funciones del yo deben haber adquirido una mayor resistencia a la regresión y desintegración bajo el impacto de la vida cotidiana.

  • La capacidad sintética del yo debe ser efectiva y compleja

  • El yo debe ser capaz de defender su integridad con menos ayuda del mundo exterior."


El mundo social del latente:
Freud en 1914, en Psicología del colegial, afirma que las actitudes afectivas se establecen en forma definitiva en los primeros seis años de vida. Esto es que la forma y el tono afectivo que se ha fijado en la relación con los padres y hermanos van a ser transferidas a todas las relaciones que en el futuro establezca con otros adultos y niños; podrá desarrollarlas y orientarlas en otros sentidos pero ya nunca abandonarlas.

“Todos los hombres que haya de conocer posteriormente serán para él personajes sustitutivos de estos primeros objetos afectivos (quizá, junto a los padres, también los personajes educadores), y los ordenará en series que parten todas de las denominadas imagos del padre, de la madre, de los hermanos, etc. Estas relaciones ulteriores asumen pues, una especie de herencia afectiva, tropiezan con simpatías y antipatías en cuya producción escasamente han participado; todas las amistades y vinculaciones amorosas ulteriores son seleccionadas sobre la base de las huellas mnemónicas que cada uno de aquellos modelos primitivos haya dejado.”

En la etapa de la segunda infancia el niño amplía sus relaciones, se vincula con otros pares y conoce otras familias. Las observaciones que realiza del mundo, lo llevan a comparar a sus padres con otros, y la imagen idealizada que de ellos tiene comienza a vacilar.

En el campo de la intersubjetividad, pueden diferenciarse las características del vínculo



  • con los padres o sustitutos diversos

  • con los integrantes de la escuela (adultos y pares)

  • con el grupo de pares

Señalaremos algunas características de cada uno de acuerdo a lo descrito por Gela Rosenthal, desde una perspectiva psicoanalítica.

En el vínculo con los padres o sustitutos diversos el niño pone en evidencia principalmente las defensas frente a los impulsos. En la fantasía inconsciente del latente estas figuras mantienen su carácter incestuoso, a la vez que representan las amenazas de castración. La represión se va estableciendo con el transcurso del tiempo y no de manera instantánea. La misma se refuerza por medio de mecanismos obsesivos: la formación reactiva, la anulación, la magia del pensamiento y de la palabra, por ejemplo.

La latencia no es un período de estabilidad y tranquilidad en cuanto a la fuerza de los impulsos. Existe un permanente conflicto ya que la sexualidad infantil reprimida sigue siendo una fuerza pulsionante aunque se encuentra contenida por las nuevas estructuras. Si bien frente a los adultos, la vida impulsiva del latente queda oculta, no ocurre lo mismo frente a los grupos de pares. Con los adultos, el ocultamiento y los secretos se hacen frecuentes. Los niños experimentan aventuras y dificultades que muchas veces éstos desconocen.

De todas maneras, la posibilidad creciente de establecer una demora en la satisfacción impulsiva, el atractivo que ejerce el mundo social extrafamiliar y el gusto por la actividad del pensamiento y la producción de símbolos permiten la expansión del deseo de aprender y la ampliación del mundo de pertenencia.

Toda la conducta de los niños en la escuela, tanto con los adultos como con sus pares, debe ser comprendida a la luz de las relaciones establecidas durante la primera infancia dentro del ámbito familiar. Ante los maestros y figuras de autoridad escolar los niños también ponen en juego las defensas obsesivas y el ocultamiento. Les trasladan la ambivalencia correspondiente a la temprana relación con sus progenitores o cuidadores. De este modo, la escuela, con su oferta de conocimientos y de ideales, puede constituirse al mismo tiempo para el latente en un atractivo y un nuevo campo de lucha, desplazamiento de las rivalidades y luchas conectadas con el conflicto edípico. Asimismo, la diferencia existente entre el medio familiar y este espacio de inscripción en lo social/cultural ampliado permite confrontar la propia imagen conformada "en casa" con la que le devuelven sus maestros y compañeros. El aprendizaje resultará facilitado o perturbado por la calidad de estas relaciones.

El grupo de convivencia entre pares en la escuela, está caracterizado por un intenso intercambio afectivo entre los compañeros que se caracteriza por: competencia por lograr la atención y la satisfacción de los adultos, solidaridad y cooperación, pactos secretos, exclusiones, envidia, celos, todo ello se entrelaza con la función formal de la escuela.

El grupo de compañeros tiene una gran influencia en la constitución de la autoestima. Para el niño/a, ser aceptado por el grupo es de fundamental importancia en la construcción de la autovaloración positiva. Como dijimos anteriormente, los niños se hacen cada vez más dependientes de sus compañeros ya que necesitan de su compañía para disfrutar de actividades de juego o de aprendizaje pero también para la aprobación y para recibir consejos. En esos vínculos, aprenden a resolver conflictos, asumir compromisos, compartir y defender puntos de vista e intereses como iguales.

El vínculo del latente con los pares (sin supervisión del adulto) se caracteriza por la búsqueda de lealtad. Se establece una identidad, basado ya no en la pertenencia familiar, ni en la aprobación o desaprobación de los adultos sino en la inserción en un grupo de sujetos de la misma edad, con un conjunto de normas y costumbres diferentes de los de la cultura general del entorno.

Estos grupos van constituyendo formas propias de comportamiento con un vocabulario especial, códigos en el vestir y formas de conducta que se desarrollan muchas veces sin la aprobación, ni el conocimiento de los adultos. Esto se va acentuando a medida que avanzan en este periodo.

Asimismo, esta nueva subcultura, intenta establecer una mayor independencia de los adultos. Comienzan a aparecer el rechazo a las demostraciones de afecto en público, ciertas conductas agresivas, burlonas, sarcásticas, sobre todo hacia aquellos que se muestran “débiles” o con necesidad de atención del adulto.

Presentan liderazgos marcados (con reconocimiento y valoración del líder) y también suelen destinar a algun/a compañero/a roles desprestigiados, facilitando la depositación en ellos de los propios aspectos desvalorizados.

Estos grupos permiten un primer nivel de socialización distinto del de la familia y diferente del de la escuela.


Algunas reflexiones e interrogantes que siguen abiertos.
Si bien hemos descrito características generales del período de latencia, no queremos , menos desde el psicoanálisis, generar la ilusión de un niño universal y teórico, sino dejar en claro que siempre nos vamos a encontrar con niños e historias particulares, que discurren en contextos familiares / sociales que los constituyen en únicos. Obviedad, o no tanto, que van a poder constatar en el trabajo práctico que desarrollarán en la materia, al observar a un niño en particular y al realizar la Historia Vital Evolutiva.

Los procesos descritos, se encuentran inscriptos en condiciones de época. Nos habíamos preguntado si en los contextos actuales, podemos seguir hablando de la misma "latencia", tal como se la ha descrito en épocas no tan lejanas, en los ámbitos científicos.

Desde hace varias décadas, pero de manera más marcada en los últimos años con el auge de las políticas neoliberales, los niños de estas edades se han constituido en importantes destinatarios del interés de los mercados. Conferido el lugar de plausibles consumidores, los ideales internalizados se han imbuido de aspiraciones materiales, tanto para los que son posibles y efectivos consumidores como para aquellos que están excluidos de tal condición. Para ambas situaciones, en la medida en que se cree que se "es" en tanto se "tiene", es en la relación con el objeto (a consumir) y no con el sujeto donde se espera alcanzar la satisfacción. En este marco, la posibilidad de acercamiento a los ideales "consagrados" desde distintos ámbitos (entre los cuales los medios de comunicación ocupan un importante papel), se vuelve nula para una gran mayoría, que no encuentra un lugar en la sociedad "legitimada" y se ve anulada y/o intenta existencia y expresión de maneras violentas o consideradas marginales y delictivas por el discurso dominante. ¿Función materna deficitaria?, ¿función paterna no ejercida?, ¿fallas tempranas en la narcisización? ¿subjetividades desdibujadas y sin reconocimiento social? ¿obstáculos en las posibilidades de simbolización? ¿formas sociales cada vez más injustas? ¿Instituciones en crisis?

Otra pregunta nos habíamos formulado, acerca de si es posible seguir hablando de un período de latencia sexual, gira en torno al hecho de estar participando niños y niñas de un contexto cultural en el cual la sexualidad adulta es exhibida en los medios gráficos y sobre todo en los audiovisuales (televisión, internet). ¿Hasta dónde estos estímulos pueden perturbar la latencia sexual?2

Mantenemos en pie los interrogantes, a la vez que señalamos que aún siendo cada vez más difícil desde el punto de vista integral arribar a generalizaciones válidas, la falta de maduración de la función genital sigue siendo un elemento por ahora inamovible en cuanto a la falta de nuevas metas sexuales durante este período.

Bibliografía

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1 Uribarri,R Replanteos sobre el periodo de latencia. CEP.

2 Freud, Sigmund “Presentación autobiográfica” 1925. Nota agregada en 1935: "El periodo de latencia es un fenómeno fisiológico. Empero, sólo puede provocar una interrupción completa de la vida sexual en aquellas organizaciones culturales que han incluido en su programa una sofocación de la sexualidad infantil. (No es este el caso en la mayoría de los pueblos primitivos.)"






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